El hombre solamente puede caminar seguro cuando pierde toda confianza en sí mismo y la deposita en el Salvador. (HA, 411)

Cuanto mas nos acerquemos a Jesús y cuanto mas claramente discernamos la pureza de su carácter, tanto mas claramente veremos la extraordinaria gravedad del pecado y tanto menos nos sentiremos tentados a exaltarnos a nosotros mismos. (HA, 448)

Cuando uno se rige por los principios religiosos,…, el sincero deseo de hacer el bien a otros, predomina de tal manera que se olvida el yo. (Testimonios T1, 201)

El pecado mas difundido que nos separa de dios y provoca tantos trastornos espirituales contagiosos, es el egoísmo. (…) Debemos olvidar el yo por el deseo de hacer el bien a otros. (Testimonios T1, 204)

Es la muerte diaria al yo en las pequeñas transacciones de la vida lo que nos hace vencedores. Debemos olvidar el yo por el deseo de hacer bien a otros. (T2, 120)

Los que ensalzan el yo, se colocan bajo el poder de Satanás y se preparan para recibir sus engaños. (T2, 547)

Muchos están física, mental, y moralmente enfermos, porque su atención está casi exclusivamente concentrada en ellos mismos. (T2, 572)

Si no hay cruz, no hay corona. (T3, 77)

Someter al yo y colocar las pasiones bajo el control de la voluntad, es la conquista más grande que los hombres y las mujeres pueden lograr. (T3, 203)

Los que profesan amar a Dios y guardar sus mandamientos, deben renunciar a la exaltación propia, o no pueden esperar ser bendecidos por su favor divino. (…)
Cuando manifestamos la disposición a disminuir el respeto e influencia de otros para elevarnos a nosotros mismos, agradamos al enemigo y agraviamos a Aquel a quien profesamos seguir. (Testimonios para la Iglesia t4, 219)

Negarnos a nosotros mismos es hacer bien a otros cuando nuestra inclinación nos induciría a servirnos y agradarnos a nosotros mismos. Aun cuando nuestros semejantes no hayan de apreciar nunca nuestros esfuerzos, ni reconocerlos, debemos seguir trabajando. (Testimonios para la Iglesia t4, 513)

Será únicamente obteniendo la ayuda de Dios como podremos obtener la victoria sobre nosotros mismos. (Testimonios, t7, 46)

Los colaboradores de Dios…no se ensalzan a si mismos. (TM, 215-216)

No tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo el yo a un lado, da lugar a que obre el espíritu santo en su corazón, y vive una vida completamente consagrada a Dios. (Consejos Maestros, 394; Testimonios T3, 209; )

Hay una guerra permanente que debe mantenerse contra los males y las inclinaciones de nuestros propios corazones naturales. (The Youth´s Instructor, 22 diciembre 1886)

Un corazón que no ha sido subyugado, que sensibiliza tanto al yo, se irrita con frecuencia. (PE, 113)

Cuando uno comienza a considerarse exaltado y piensa que puede hacer algo, el Espíritu de Dios se retira. (PE, 120)

El que vive para sí no es cristiano. (DMJ, 29)

Cuando hayamos hecho del servicio de Dios nuestro primer interés, podremos pedir que nuestras propias necesidades sean suplidas y tener la confianza de que lo serán. Si hemos renunciado al yo y nos hemos entregado a Cristo, somos miembros de la familia de Dios, y todo cuanto hay en la casa del Padre es nuestro. Se nos ofrecen todos los tesoros de Dios, tanto en el mundo actual como en el venidero. (DMJ, 94)

No puede haber crecimiento o fructificación en la vida que se centraliza en el yo. Si habéis aceptado a Cristo como a vuestro Salvador personal, habéis de olvidar vuestro yo, y tratar de ayudar a otros. (PVGM, 47)

Es espíritu de ensalzamiento propio es el espíritu de Satanás. (PP. 126)

No hemos de vivir para nosotros mismos, sino para los demás. (PP. 155)

El que se encierra en sí mismo no desempeña bien la misión que Dios le ha encargado. (…) dependemos unos de otros para ser felices.
(PP., 583)

Cuando el hombre dedica muchos pensamientos a sí mismo, se aleja de Cristo.
(Camino a Cristo, p.71)

Vi que muchos se alaban a si mismos porque eran buenos cristianos, y sin embargo no tenían ni un solo rayo de luz de Jesús. No sabían lo que era ser renovado por la gracia de Dios. (Testimonies, t1, 190)

El objeto de todo ministerio es mantener oculto el yo y hacer que aparezca Cristo. (Mensajes Selectos, t1, 182)

Muchos sostienen la verdad sólo con la punta de los dedos. Han tenido gran luz y muchos privilegios. En este respecto han sido exaltados hasta los cielos como Capernaúm. En el tiempo de prueba que se acerca, se convertirán en apóstatas a menos que desechen su orgullo y confianza propia, a menos que pasen por una total transformación de carácter. (Mensajes Selectos, t3, 474-475)

Cuando uno comienza a considerarse exaltado y piensa que puede hacer algo, el Espíritu de Dios se retira, y esa persona sigue avanzando en su propia fuerza, hasta que es derribada. (PE, 120)

En el cielo, Lucifer deseó ser el primero. (Consejos Maestros, 32)

Nuestro gran conflicto lo tenemos con nuestro yo no consagrado. (…) Nuestro tiempo de prueba no está en el futuro, sino en el momento presente. (CMC, 24)

El ministro de Dios debe poseer humildad en un grado eminente. Aquellos que tienen la experiencia más profunda de las cosas de Dios son los que más se alejan del orgullo y ensalzamiento propio.  (OE, 150)

Un cristiano no puede exaltarse a si mismo, porque no es propio de la semejanza con Cristo. (…) Cuando se vea expuesto a las diversas circunstancias de la vida, y se hablen palabras que están calculadas para zaherir y lastimar el alma, dígase a si mismo: “Soy un hijo de Dios, un heredero de Cristo, un colaborador de Dios. No debo tener, por lo tanto, una mente vulgar que se ofende fácilmente, no debo pensar siempre en mi, porque esto producirá un carácter falto de armonía. (ATO, 34)

Si ustedes son fieles a Dios, el yo será crucificado, morirá, y Cristo Jesús vivirá en nosotros, y El será la esperanza de nuestra vocación; (…) No necesitan estar pensando que llegará un momento especial cuando serán crucificados. El tiempo de serlo es justamente ahora. Cada día, cada hora el yo ha de morir; ha de ser crucificado; y entonces, cuando llegue el momento y sobrevenga la prueba en serio al pueblo de Dios, los brazos eternos los rodearán. Los ángeles del Señor formarán un muro de fuego en torno de ustedes y los liberarán. (ATO, 281)

El problema más difícil es crucificar el yo… (MCP, t1, 13)

Cuando el yo muera, la paz de Cristo tomará posesión del alma. (La Voz, 335)

El remedio para el mal se encuentra en Cristo como el Salvador que habita en nosotros. Pero para que él more en el creyente, primero debe ser expulsado el yo. Entonces habrá un lugar completamente limpio que el Espíritu Santo llenará totalmente. (Recibiréis Poder, 295)

El corazón en el cual mora Cristo, estará tan lleno, tan satisfecho de su amor, que no se consumirá anhelando atraer simpatía y atención a sí mismo. (RH 10-12-1908)

No deis gusto al enemigo refiriéndoos al lado sombrío de vuestra experiencia (MGD, 184)

Es una gran calamidad ser un incrédulo crónico, manteniendo la vista y los pensamientos sobre el yo. Mientras se contempla a sí mismo, no puede esperar ser conformado a la imagen de Cristo. (Manuscript Releases, t21, p24; Ser Semejantes a Jesús, 343)

Dios sabe muy bien que si el yo no muere, será un poder controlador en el alma.(Manuscrito 92 a, 1898)

En el día del juicio, algunos invocarán esta buena acción y aquella otra como una razón por la cual deberían recibir consideración. Dirán: “Ayudé a jóvenes a establecerse en los negocios; Di dinero para fundar hospitales, alivié las necesidades de las viudas y llevé a los pobres a mi hogar.” Si, pero sus motivos estaban tan contaminados de egoísmo que la acción no era aceptable a la vista del Señor. En todo lo que hicieron, el yo figuró en forma prominente.
(Manuscrito 53, 1906)

No hay límite para la utilidad del que, poniendo a un lado el yo, permita que se realice la obra del Espíritu Santo en su corazón y viva totalmente consagrado a Dios. (Promesas, 74)

El yo se irrita cada vez que se lo toca. (2 MCP, 756; 4T, 22)

Cuando el Espíritu de Cristo conmueve el corazón con su maravilloso poder despertador, hay un sentido de deficiencia en el alma que lleva a la contrición de la mente y a la humillación del yo, antes que a la orgullosa jactancia de lo que se ha logrado. (…) El alma que es así tocada nunca se envolverá en justicia propia o en una pretenciosa apariencia de santidad; antes odiará su egoísmo, aborrecerá su amor a sí misma y buscará, por medio de la justicia de Cristo, esa pureza de corazón que está en armonía con la ley de Dios y el carácter de Cristo… (RH 16-10-1888; Dios nos cuida, 318)