Tentación

Se puede resistir y vencer

El escudo de la gracia puede preservar a todos sin que sean vencidos por las tentaciones del enemigo, aunque estén rodeados por las influencias más corruptas. Mediante firmes principios y una confianza inmutable en Dios, pueden brillar su virtud y nobleza de carácter, y aunque estén rodeados por el mal, ninguna mancha debe quedar necesariamente sobre su virtud e integridad. Spiritual Gifts, Tomo III, pág. 145

Nadie, sin su propio consentimiento, puede ser vencido por Satanás. El tentador no tiene el poder de gobernar la voluntad o de obligar al alma a pecar. Puede angustiar, pero no contaminar. Puede causar agonía pero no, corrupción. El hecho de que Cristo venció debería inspirar valor a sus discípulos para sostener denodadamente la lucha contra el pecado y Satanás”. Conflicto de los Siglos, pág. 500

Por medio de la fe en Jesucristo la verdad es aceptada en el corazón y el ser humano es purificado y limpiado… Dispone de un principio permanente en el alma que lo capacita para vencer la tentación. “Todo aquel que permanece en Él no peca.” Dios tiene poder para guardar el alma que está en Cristo, que sufre tentación… El corazón debe ser purificado de toda contaminación. Carta 13 de 1893

Los que ceden a la tentación

Por doquiera nos encontramos con quienes no tienen principios firmes. Les es difícil resitir la tentación. Venga de cualqueir dirección, y en la forma que fuere, debe emplearse toda la precaución para rodearlos con influencias que  fortalezcan su poder moral. Si son separados de estas compañías e influencias benéficas, si son relacionados con quienes son irreligiosos, pronto mostrarán que no están realmente aferrados de lo alto; confiaban  en su propia fortaleza. Han sido alabados y exaltados cuando sus pies estaban posados en arena resbaladiza. Son como Rubén, inestables como el agua, no tienen rectitud interior y como Rubén nunca sobresaldrán. Lo que Ud. necesita es comprender su dependencia de Dios y tener un corazón resuelto. Pórtese como hombre donde está; muestre fortaleza de carácter donde está; mediante Jesucristo, sea capaz de decir “No, no cometeré esa gran impiedad, y pecaré contra Dios.” Esa clase de naturaleza endeble que no tiene espina dorsal para rehusar decididamente cualquier propuesta que dañe su influencia moral y religiosa a la vista de Dios y del hombre, siempre está bajo el control de Satanás mucho más que bajo el control del Espíritu de Dios. Son inducidos al mal fácilmente porque tienen una disposición muy acomodaticia y les duele dar un no rotundo y decir “No cometeré esa impiedad y pecaré contra Dios.” Si son invitados a tomar una copa con hombres o mujeres alegres, son conducidos como un buey al matadero, se unen con los impíos que después se ríen de su pronta complacencia. No tienen fortaleza interior en la cual apoyarse. No ponen su confianza en Dios. No tienen elevados principios en cuanto a su deber. Carta 48 de 1887.