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La resurrección

Creemos que existen en el final de los tiempos tres resurrecciones:

La resurrección especial
El profeta Daniel nos habla de una resurrección especial, en la que se levantan tanto justos como impíos al mismo tiempo Daniel 12:1, 2.

Creemos que los que han muerto fieles bajo el tercer ángel, desde 1844, como uno de los 144000, serán levantados en esta resurrección. (Apocalipsis 14:13) A estos, Pablo les llama las primicias. (1 Corintios 15:23)

Asimismo, en cumplimiento de las palabras de Cristo, los que le traspasaron Apocalipsis 1:7, le verán venir en gloria y majestad.

“‘Los que le traspasaron’ (Apocalipsis 1: 7), los que se mofaron y se rieron de la agonía de Cristo y los enemigos más acérrimos de su verdad y de su pueblo, son resucitados para mirarle en su gloria y para ver el honor con que serán recompensados los fieles y obedientes” (El Conflicto de los Siglos, pág. 694).
Creemos que esta resurrección especial, sucede entre la sexta y la séptima plaga y es realizada por el Padre Apocalipsis 16:17

“Nubes negras y pesadas se levantan y chocan unas con otras. En medio de los cielos conmovidos hay un claro de gloria indescriptible, de donde baja la voz de Dios semejante al ruido de muchas aguas, diciendo: ‘Hecho es.’ (Apocalipsis 16: 17.)…

“Los sepulcros se abren y ‘muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.’ (Daniel 12: 2.) Todos los que murieron en la fe del mensaje del tercer ángel, salen glorificados de la tumba, para oír el pacto de paz que Dios hace con los que guardaron su ley” (El Conflicto de los Siglos, pág. 694).

Posterior a esto, el Padre, le anuncia a los 144000 el día y la hora de la venida de Cristo.

“Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús…” (El Conflicto de los Siglos, pág. 698).

La Biblia nos dice que hay resurrección de vida y resurrección de condenación: Juan 5:28-29

La resurrección de vida
Creemos que en la segunda venida de Cristo los muertos justos resucitarán en un estado inmortal, y juntamente con los santos vivos serán arrebatados al encuentro del Señor Jesús. 1 Tesalonicenses 4:13-18; Romanos 6:5; 1 Corintios 15:51-53; Apocalipsis 20:6.

Esta resurrección es hecha por Jesús.
“Entre las oscilaciones de la tierra, las llamaradas de los relámpagos y el fragor de los truenos, el Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos…” (El Conflicto de los Siglos, pág. 698)

“Cuando Cristo venga para reunir consigo a los que han sido fieles, resonará la última trompeta y toda la tierra la oirá, desde las cumbres de las más altas montañas hasta las más bajas depresiones de las minas más profundas. Los muertos justos oirán el sonido de la última trompeta, y saldrán de sus tumbas para ser revestidos de inmortalidad y para encontrarse con su Señor.

“Me explayo con placer en la resurrección de los justos, quienes saldrán de todas partes de la tierra, de las cavernas rocosas, de los calabozos, de las cuevas de la tierra, de la profundidad de las aguas. Nadie es pasado por alto. Todos oirán su voz. Se levantarán con triunfo y victoria.” Eventos de los Últimos Días, pág. 282

La resurrección de condenación
Los impíos resucitarán mil años después para recibir su sentencia final. Apocalipsis 20:5 primera parte.

“Al fin de los mil años vendrá la segunda resurrección. Entonces los impíos serán resucitados, y comparecerán ante Dios para la ejecución del ‘juicio decretado.’ Así el escritor del Apocalipsis, después de haber descrito la resurrección de los justos, dice: ‘Los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años.’ (Apocalipsis 20: 5.)” (El Conflicto de los Siglos, pág. 719).

Creemos que el acto de destrucción de los malvados, es un acto de amor.

“¿Podrían acaso aquellos cuyos corazones están llenos de odio hacia Dios y a la verdad y a la santidad alternar con los ejércitos celestiales y unirse a sus cantos de alabanza? ¿Podrían soportar la gloria de Dios y del Cordero? No, no; años de prueba les fueron concedidos para que pudiesen formar caracteres para el cielo; pero nunca se acostumbraron a amar lo que es puro; nunca aprendieron el lenguaje del cielo, y ya es demasiado tarde. Una vida de rebelión contra Dios los ha inhabilitado para el cielo. La pureza, la santidad y la paz que reinan allí serían para ellos un tormento; la gloria de Dios, un fuego consumidor. Ansiarían huir de aquel santo lugar. Desearían que la destrucción los cubriese de la faz de Aquel que murió para redimirlos. La suerte de los malos queda determinada por la propia elección de ellos. Su exclusión del cielo es un acto de su propia voluntad y un acto de justicia y misericordia por parte de Dios.— ” Seguridad y Paz en el Conflicto de los Siglos, 598

 

El misterio de la inmortalidad

estado de los muertosDesde los tiempos más remotos de la historia del hombre, Satanás se esforzó por engañar a nuestra raza. El que había promovido la rebelión en el cielo deseaba inducir a los habitantes de la tierra a que se uniesen con él en su lucha contra el gobierno de Dios. Adán y Eva habían sido perfectamente felices mientras obedecieron a la ley de Dios, y esto constituía un testimonio permanente contra el aserto que Satanás había hecho en el cielo, de que la ley de Dios era un instrumento de opresión y contraria al bien de sus criaturas. Además, la envidia de Satanás se despertó al ver la hermosísima morada preparada para la inocente pareja. Resolvió hacer caer a ésta para que, una vez separada de Dios y arrastrada bajo su propio poder, pudiese él apoderarse de la tierra y establecer allí su reino en oposición al Altísimo.
Si Satanás se hubiese presentado en su verdadero carácter, habría sido rechazado en el acto, pues Adán y Eva habían sido prevenidos contra este enemigo peligroso; pero Satanás trabajó en la obscuridad, encubriendo su propósito a fin de poder realizar mejor sus fines. Valiéndose de la serpiente, que era entonces un ser de fascinadora apariencia, se dirigió a Eva, diciéndole: “¿Conque Dios os ha dicho: no comáis de todo árbol del huerto?” Génesis 3:1. Si Eva hubiese rehusado entrar en discusión con el tentador, se habría salvado; pero ella se aventuró a alegar con él y entonces fué víctima de sus artificios. Así es como muchas personas son aún vencidas. Dudan y discuten respecto a la voluntad de Dios, y en lugar de obedecer sus mandamientos, aceptan teorías humanas que no sirven más que para encubrir los engaños de Satanás.
“Y respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del jardín bien podemos comer: mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis. Entonces dijo la serpiente a la mujer: De seguro que no moriréis; antes bien, sabe Dios que en el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.” Vers. 2-5 (VM). La serpiente declaró que se volverían como Dios, que tendrían más sabiduría que antes y que serían capaces de entrar en un estado superior de existencia. Eva cedió a la tentación, y por influjo suyo Adán fué inducido a pecar. Ambos aceptaron la declaración de la serpiente de que Dios no había querido decir lo que había dicho; desconfiaron de su Creador y se imaginaron que les estaba coartando la libertad y que podían ganar gran caudal de sabiduría y mayor elevación quebrantando su ley.
Pero ¿cómo comprendió Adán, después de su pecado, el sentido de las siguientes palabras: “En el día que comieres de él de seguro morirás”? ¿Comprendió que significaban lo que Satanás le había inducido a creer, que iba a ascender a un grado más alto de existencia? De haber sido así, habría salido ganando con la transgresión, y Satanás habría resultado en bienhechor de la raza. Pero Adán comprobó que no era tal el sentido de la declaración divina. Dios sentenció al hombre, en castigo por su pecado, a volver a la tierra de donde había sido tomado: “Polvo eres, y al polvo serás tornado.” Vers. 19. Las palabras de Satanás: “Vuestros ojos serán abiertos” resultaron ser verdad pero sólo del modo siguiente: después de que Adán y Eva hubieron desobedecido a Dios, sus ojos fueron abiertos y pudieron discernir su locura; conocieron entonces lo que era el mal y probaron el amargo fruto de la transgresión.
En medio del Edén crecía el árbol de la vida, cuyo fruto tenía el poder de perpetuar la vida. Si Adán hubiese permanecido obediente a Dios, habría seguido gozando de libre acceso a aquel árbol y habría vivido eternamente. Pero en cuanto hubo pecado, quedó privado de comer del árbol de la vida y sujeto a la muerte. La sentencia divina: “Polvo eres, y al polvo serás tornado,” entraña la extinción completa de la vida.
La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había perdido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía; y no habría quedado esperanza para la raza caída, si Dios, por el sacrificio de su Hijo, no hubiese puesto la inmortalidad a su alcance. Como “la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron,” Cristo “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.” Romanos 5:12; 2 Timoteo 1:10. Y sólo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad. Jesús dijo: “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida.” Juan 3:36. Todo hombre puede adquirir un bien tan inestimable si consiente en someterse a las condiciones necesarias. Todos “los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,” recibirán “la vida eterna.” Romanos 2:7.
El único que prometió a Adán la vida en la desobediencia fué el gran seductor. Y la declaración de la serpiente a Eva en Edén—“De seguro que no moriréis”—fué el primer sermón que haya sido jamás predicado sobre la inmortalidad del alma. Y sin embargo, esta misma declaración, fundada únicamente en la autoridad de Satanás, repercute desde los púlpitos de la cristiandad, y es recibida por la mayoría de los hombres con tanta prontitud como lo fué por nuestros primeros padres. A la divina sentencia: “El alma que pecare, ésa morirá” (Ezequiel 18:20), se le da el sentido siguiente: El alma que pecare, ésa no morirá, sino que vivirá eternamente. No puede uno menos que extrañar la rara infatuación con que los hombres creen sin más ni más las palabras de Satanás y se muestran tan incrédulos a las palabras de Dios.
Si al hombre, después de su caída, se le hubiese permitido tener libre acceso al árbol de la vida, habría vivido para siempre, y así el pecado se habría inmortalizado. Pero un querubín y una espada que arrojaba llamas guardaban “el camino del árbol de la vida” (Génesis 3:24), y a ningún miembro de la familia de Adán le ha sido permitido salvar esta raya y participar de esa fruta de la vida. Por consiguiente no hay ni un solo pecador inmortal.
Pero después de la caída, Satanás ordenó a sus ángeles que hicieran un esfuerzo especial para inculcar la creencia de la inmortalidad natural del hombre; y después de haber inducido a la gente a aceptar este error, debían llevarla a la conclusión de que el pecador viviría en penas eternas. Ahora el príncipe de las tinieblas, obrando por conducto de sus agentes, representa a Dios como un tirano vengativo, y declara que arroja al infierno a todos aquellos que no le agradan, que les hace sentir eternamente los efectos de su ira, y que mientras ellos sufren tormentos indecibles y se retuercen en las llamas eternas, su Creador los mira satisfecho.
Así es como el gran enemigo reviste con sus propios atributos al Creador y Bienhechor de la humanidad. La crueldad es satánica. Dios es amor, y todo lo que él creó era puro, santo, y amable, hasta que el pecado fué introducido por el primer gran rebelde. Satanás mismo es el enemigo que tienta al hombre y lo destruye luego si puede; y cuando se ha adueñado de su víctima se alaba de la ruina que ha causado. Si ello le fuese permitido prendería a toda la raza humana en sus redes. Si no fuese por la intervención del poder divino, ni hijo ni hija de Adán escaparían.
Hoy día Satanás está tratando de vencer a los hombres, como venció a nuestros primeros padres, debilitando su confianza en el Creador e induciéndoles a dudar de la sabiduría de su gobierno y de la justicia de sus leyes. Satanás y sus emisarios representan a Dios como peor que ellos, para justificar su propia perversidad y su rebeldía. El gran seductor se esfuerza en atribuir su propia crueldad a nuestro Padre celestial, a fin de darse por muy perjudicado con su expulsión del cielo por no haber querido someterse a un soberano tan injusto. Presenta al mundo la libertad de que gozaría bajo su dulce cetro, en contraposición con la esclavitud impuesta por los severos decretos de Jehová. Es así como logra sustraer a las almas de la sumisión a Dios.
¡Cuán repugnante a todo sentimiento de amor y de misericordia y hasta a nuestro sentido de justicia es la doctrina según la cual después de muertos los impíos son atormentados con fuego y azufre en un infierno que arde eternamente, y por los pecados de una corta vida terrenal deben sufrir tormentos por tanto tiempo como Dios viva! Sin embargo, esta doctrina ha sido enseñada muy generalmente y se encuentra aún incorporada en muchos de los credos de la cristiandad. Un sabio teólogo sostuvo: “El espectáculo de los tormentos del infierno aumentará para siempre la dicha de los santos. Cuando vean a otros seres de la misma naturaleza que ellos y que nacieron en las mismas circunstancias, cuando los vean sumidos en semejante desdicha, mientras que ellos estén en tan diferente situación, sentirán en mayor grado el goce de su felicidad.” Otro dijo lo siguiente: “Mientras que la sentencia de reprobación se esté llevando a efecto por toda la eternidad sobre los desgraciados que sean objeto de la ira, el humo de sus tormentos subirá eternamente también a la vista de los que sean objeto de misericordia, y que, en lugar de compadecerse de aquéllos, exclamarán: ¡Amén! ¡Aleluya! ¡Alabad al Señor!”
¿En qué página de la Palabra de Dios se puede encontrar semejante enseñanza? ¿Los rescatados no sentirán acaso en el cielo ninguna compasión y ni siquiera un leve asomo de humanidad? ¿Habrán quedado esos sentimientos por ventura substituídos por la indiferencia del estoico o la crueldad del salvaje?—No, mil veces no. No es ésa la enseñanza del Libro de Dios. Los que presentan opiniones como las expresadas en las citas anteriores pueden ser sabios y aun hombres honrados; pero han sido engañados por los sofismas de Satanás. El es quien los induce a desnaturalizar las enérgicas expresiones de las Sagradas Escrituras, dando al lenguaje bíblico un tinte de amargura y malignidad que es propio de él, Satanás, pero no de nuestro Creador. “¡Vivo yo! dice Jehová el Señor, que no me complazco en la muerte del inicuo, sino antes en que vuelva el inicuo de su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros caminos malos, pues ¿por qué moriréis?” Ezequiel 33:11 (VM).
¿Qué ganaría Dios con que creyéramos que él se goza en contemplar los tormentos eternos, que se deleita en oír los gemidos, los gritos de dolor y las imprecaciones de las criaturas a quienes mantiene sufriendo en las llamas del infierno? ¿Pueden acaso esas horrendas disonancias ser música para los oídos de Aquel que es amor infinito? Se alega que esas penas sin fin que sufren los malos demuestran el odio de Dios hacia el pecado, ese mal tan funesto a la paz y al orden del universo. ¡Oh, qué horrible blasfemia! ¡Como si el odio que Dios tiene al pecado fuese motivo para eternizar el pecado! Pues según las enseñanzas de esos mismos teólogos, los tormentos continúos y sin esperanza de misericordia enfurecen sus miserables víctimas, que al manifestar su ira con juramentos y blasfemias, aumentan continuamente el peso de su culpabilidad. La gloria de Dios no obtiene realce con que se perpetúe el pecado al través de los siglos sin fin.
Es incalculable para el espíritu humano el daño que ha producido la herejía de los tormentos eternos. La religión de la Biblia, llena de amor y de bondad, y que abunda en compasión, resulta empañada por la superstición y revestida de terror. Cuando consideramos con cuán falsos colores Satanás pintó el carácter de Dios, ¿podemos admirarnos de que se tema, y hasta se aborrezca a nuestro Creador misericordioso? Las ideas espantosas que respecto de Dios han sido propagadas por el mundo desde el púlpito, han hecho miles y hasta millones de escépticos e incrédulos.
La teoría de las penas eternas es una de las falsas doctrinas que constituyen el vino de las abominaciones de Babilonia, del cual ella da de beber a todas las naciones. Apocalipsis 14:8; 17:2. Es verdaderamente inexplicable que los ministros de Cristo hayan aceptado esta herejía y la hayan proclamado desde el púlpito. La recibieron de Roma, como de Roma también recibieron el falso día de reposo. Es cierto que dicha herejía ha sido enseñada por hombres piadosos y eminentes, pero la luz sobre este asunto no les había sido dada como a nosotros. Eran responsables tan sólo por la luz que brillaba en su tiempo; nosotros tenemos que responder por la que brilla en nuestros días. Si nos alejamos del testimonio de la Palabra de Dios y aceptamos falsas doctrinas porque nuestros padres las enseñaron, caemos bajo la condenación pronunciada contra Babilonia; estamos bebiendo del vino de sus abominaciones.
Muchos a quienes subleva la doctrina de los tormentos eternos se lanzan al error opuesto. Ven que las Santas Escrituras representan a Dios como un ser lleno de amor y compasión, y no pueden creer que haya de entregar sus criaturas a las llamas de un infierno eterno. Pero, como creen que el alma es de por sí inmortal, no ven otra alternativa que sacar la conclusión de que toda la humanidad será finalmente salvada. Muchos son los que consideran las amenazas de la Biblia como destinadas tan sólo a amedrentar a los hombres para que obedezcan y no como debiendo cumplirse literalmente. Así el pecador puede vivir en placeres egoístas, sin prestar atención alguna a lo que Dios exige de él, y esperar sin embargo que será recibido finalmente en su gracia. Semejante doctrina que así especula con la misericordia divina, pero ignora su justicia, agrada al corazón carnal y alienta a los malos en su iniquidad.
Para muestra de cómo los que creen en la salvación universal tuercen el sentido de las Escrituras para sostener sus dogmas deletéreos para las almas, basta citar sus propias declaraciones. En los funerales de un joven irreligioso, muerto instantáneamente en una desgracia, un ministro universalista escogió por texto de su discurso las siguientes palabras que se refieren a David: “Ya estaba consolado acerca de Amnón que era muerto.” 2 Samuel 13:39.
“A menudo me preguntan—dijo el orador—cuál será la suerte de los que mueren en el pecado, tal vez en estado de embriaguez, o que mueren sin haber lavado sus vestiduras de las manchas ensangrentadas del crimen, o como este joven, sin haber hecho profesión religiosa ni tenido experiencia alguna en asuntos de religión. Nos contentamos con citar las Sagradas Escrituras; la contestación que nos dan al respecto ha de resolver tan tremendo problema. Amnón era pecador en extremo; era impenitente, se embriagó y fué muerto en ese estado. David era profeta de Dios; debía saber si Amnón se encontraba bien o mal en el otro mundo. ¿Cuáles fueron las expresiones de su corazón?—‘El rey David deseó ver a Absalom: porque estaba consolado acerca de Amnón que era muerto.’
¿Y qué debemos deducir de estas palabras? ¿No es acaso que los sufrimientos sin fin no formaban parte de su creencia religiosa?—Así lo entendemos nosotros; y aquí encontramos un argumento triunfante en apoyo de la hipótesis más agradable, más luminosa y más benévola de la pureza y de la paz finales y universales. Se había consolado de la muerte de su hijo. ¿Y por qué?—Porque podía con su ojo de profeta echar una mirada hacia el glorioso estado, ver a su hijo muy alejado de todas las tentaciones, libertado y purificado de la esclavitud y corrupciones del pecado, y, después de haber sido suficientemente santificado e ilumínado, admitido a la asamblea de espíritus superiores y dichosos. Su solo consuelo consistía en que su hijo amado al ser recogido del presente estado de pecado y padecimiento, había ido adonde el soplo sublime del Espíritu Santo sería derramado sobre su alma obscurecida; adonde su espíritu se desarrollaría con la sabiduría del cielo y con los dulces transportes del amor eterno, a fin de ser así preparado para gozar con una naturaleza santificada del descanso y de las glorias de la herencia eterna.
“Con esto queremos dar a entender que creemos que la salvación del cielo no depende en nada de lo que podamos hacer en esta vida, ni de un cambio actual de corazón, ni de una creencia actual ni de una profesión de fe religiosa.”
Así es como este profeso ministro de Cristo reitera la mentira ya dicha por la serpiente en Edén: “De seguro que no moriréis.” “En el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios.” Afirma que los más viles pecadores—el homicida, el ladrón y el adúltero—serán preparados después de la muerte para gozar de la eterna bienaventuranza. {CS54 594.1}
¿Y de dónde saca sus conclusiones este falseador de las Sagradas Escrituras?—De una simple frase que expresa la sumisión de David a la dispensación de la Providencia. Su alma “deseó ver a Absalom: porque estaba consolado acerca de Amnón que era muerto.” Al mitigarse con el andar del tiempo la acrimonia de su aflicción, sus pensamientos se volvieron del hijo muerto al hijo vivo que se había desterrado voluntariamente por temor al justo castigo de su crimen. ¡Y esto es una evidencia de que el incestuoso y ebrio Amnón fué al morir llevado inmediatamente a la morada de los bienaventurados, para ser purificado y preparado allí para la sociedad de los ángeles inmaculados! ¡Fábula amena, por cierto, muy apropiada para satisfacer el corazón carnal! Es la doctrina del mismo Satanás y produce el efecto que él desea. ¿Es entonces de extrañar que con tales enseñanzas la iniquidad abunde?
La conducta de este falso maestro ilustra la de otros muchos. Desprenden de sus contextos unas cuantas palabras de las Sagradas Escrituras, por más que en muchos casos aquéllos encierren un significado contrario al que se les presta; y esos pasajes así aislados se tuercen y se emplean para probar doctrinas que no tienen ningún fundamento en la Palabra de Dios. El pasaje citado para probar que el borracho Amnón está en el cielo, no pasa de ser una mera conjetura, a la que contradice terminantemente la declaración llana y positiva de las Santas Escrituras de que los dados a la embriaguez no poseerán el reino de Dios. 1 Corintios 6:10. Y así es como los que dudan, los incrédulos y los escépticos convierten la verdad en mentira. Y con tales sofismas se engaña a muchos y se los arrulla en la cuna de una seguridad carnal.
Si fuese cierto que las almas de todos los hombres van directamente al cielo en la hora de la disolución, entonces bien podríamos anhelar la muerte antes que la vida. Esta creencia ha inducido a muchas personas a poner fin a su existencia. Cuando está uno anonadado por los cuidados, por las perplejidades y los desengaños, parece cosa fácil romper el delgado hilo de la vida y lanzarse hacia la bienaventuranza del mundo eterno.
Dios declara positivamente en su Palabra que castigará a los transgresores de su ley. Los que se lisonjean con la idea de que es demasiado misericordioso para ejecutar su justicia contra los pecadores, no tienen más que mirar a la cruz del Calvario. La muerte del inmaculado Hijo de Dios testifica que “la paga del pecado es muerte,” que toda violación de la ley de Dios debe recibir su justa retribución. Cristo, que era sin pecado, se hizo pecado a causa del hombre. Cargó con la culpabilidad de la transgresión y sufrió tanto, cuando su Padre apartó su faz de él, que su corazón fué destrozado y su vida aniquilada. Hizo todos esos sacrificios a fin de redimir al pecador. De ningún otro modo habría podido el hombre libertarse de la penalidad del pecado. Y toda alma que se niegue a participar de la expiación conseguida a tal precio, debe cargar en su propia persona con la culpabilidad y con el castigo por la transgresión.
Consideremos lo que la Biblia enseña además respecto a los impíos y a los que no se han arrepentido, y a quienes los universalistas colocan en el cíelo como santos y bienaventurados ángeles.
“Al que tuviere sed, le daré a beber de la fuente del agua de la vida de balde.” Apocalipsis 21:6 (VM). Esta promesa es sólo para aquellos que tuvieren sed. Sólo aquellos que sienten la necesidad del agua de la vida y que la buscan a cualquier precio, la recibirán. “El que venciere heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo.” Vers. 7 (VM). Aquí también, las condiciones están especificadas. Para heredar todas las cosas, debemos resistir al pecado y vencerlo.
El Señor declara por el profeta Isaías: “Decid al justo que le irá bien.” “¡Ay del impío! mal le irá porque según las obras de sus manos le será pagado.” Isaías 3:10, 11. “Pero aunque el pecador haga mal cien veces—dice el sabio,—y con todo se le prolonguen los días, sin embargo yo ciertamente sé que les irá bien a los que temen a Dios, por lo mismo que temen delante de él. Al hombre malo empero no le irá bien.” Eclesiastés 8:12, 13 (VM). Y San Pablo declara que el pecador se atesora “ira para el día de la ira de la manifestación del justo juicio de Dios; el cual pagará a cada uno conforme a sus obras;” “tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo.” Romanos 2:5, 6, 9.
“Ningún fornicario, ni persona impúdica, u hombre avaro, el cual es idólatra, tiene herencia alguna en el reino de Cristo y de Dios.” Efesios 5:5 (VM). “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14. “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, y los disolutos, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira.” Apocalipsis 22:14, 15.
Dios ha hecho a los hombres una declaración respecto de su carácter y de su modo de proceder con el pecador: “¡Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente, lento en iras y grande en misericordia y en fidelidad; que usa de misericordia hasta la milésima generación; que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al rebelde!” Éxodo 34:6, 7 (VM). “Destruirá a todos los inicuos.” “Los transgresores ¡todos a una serán destruidos; el porvenir de los malos será cortado!” Salmos 145:20; 37:38 (VM). El poder y la autoridad del gobierno de Dios serán empleados para vencer la rebelión; sin embargo, todas las manifestaciones de su justicia retributiva estarán perfectamente en armonía con el carácter de Dios, de un Dios misericordioso, paciente y benévolo.
Dios no fuerza la voluntad ni el juicio de nadie. No se complace en la obediencia servil. Quiere que las criaturas salidas de sus manos le amen porque es digno de amor. Quiere que le obedezcan porque aprecian debidamente su sabiduría, su justicia y su bondad. Y todos los que tienen justo concepto de estos atributos le amarán porque serán atraídos a él por la admiración de sus atributos.
Los principios de bondad, misericordia y amor enseñados y puestos en práctica por nuestro Salvador son fiel trasunto de la voluntad y del carácter de Dios. Cristo declaró que no enseñaba nada que no hubiese recibido de su Padre. Los principios del gobierno divino se armonizan perfectamente con el precepto del Salvador: “Amad a vuestros enemigos.” Dios ejecuta su justicia sobre los malos para el bien del universo, y hasta para el bien de aquellos sobre quienes recaen sus juicios. El quisiera hacerlos felices, si pudiera hacerlo de acuerdo con las leyes de su gobierno y la justicia de su carácter. Extiende hasta ellos las manifestaciones de su amor, les concede el conocimiento de su ley y los persigue con las ofertas de su misericordia; pero ellos desprecian su amor, invalidan su ley y rechazan su misericordia. Por más que reciben continuamente sus dones, deshonran al Dador; aborrecen a Dios porque saben que aborrece sus pecados. El Señor soporta mucho tiempo sus perversidades; pero la hora decisiva llegará al fin y entonces su suerte quedará resuelta. ¿Encadenará él entonces estos rebeldes a su lado? ¿Los obligará a hacer su voluntad?
Los que han escogido a Satanás por jefe, y que se han puesto bajo su poder, no están preparados para entrar en la presencia de Dios. El orgullo, el engaño, la impureza, la crueldad se han arraigado en sus caracteres. ¿Pueden entonces entrar en el cielo para morar eternamente con aquellos a quienes despreciaron y odiaron en la tierra? La verdad no agradará nunca al mentiroso; la mansedumbre no satisfará jamás a la vanidad y al orgullo; la pureza no puede ser aceptada por el disoluto; el amor desinteresado no tiene atractivo para el egoísta. ¿Qué goces podría ofrecer el cielo a los que están completamente absorbidos en los intereses egoístas de la tierra?
¿Acaso podrían aquellos que han pasado su vida en rebelión contra Dios ser transportados de pronto al cielo y contemplar el alto y santo estado de perfección que allí se ve, donde toda alma rebosa de amor, todo semblante irradia alegría, la música arrobadora se eleva en acordes melodiosos en honor a Dios y al Cordero, y brotan raudales de luz del rostro de Aquel que está sentado en el trono e inundan a los redimidos? ¿Podrían acaso aquellos cuyos corazones están llenos de odio hacia Dios y a la verdad y a la santidad alternar con los ejércitos celestiales y unirse a sus cantos de alabanza? ¿Podrían soportar la gloria de Dios y del Cordero?—No, no; años de prueba les fueron concedidos para que pudiesen formar caracteres para el cielo; pero nunca se acostumbraron a amar lo que es puro; nunca aprendieron el lenguaje del cielo, y ya es demasiado tarde. Una vida de rebelión contra Dios los ha inhabilitado para el cielo. La pureza, la santidad y la paz que reinan allí serían para ellos un tormento; la gloria de Dios, un fuego consumidor. Ansiarían huir de aquel santo lugar. Desearían que la destrucción los cubriese de la faz de Aquel que murió para redimirlos. La suerte de los malos queda determinada por la propia elección de ellos. Su exclusión del cielo es un acto de su propia voluntad y un acto de justicia y misericordia por parte de Dios.
Del mismo modo que las aguas del diluvio, las llamas del gran día proclamarán el veredicto de Dios de que los malos son incurables. Ellos no tienen ninguna disposición para someterse a la autoridad divina. Han ejercitado su voluntad en la rebeldía; y cuando termine la vida será demasiado tarde para desviar la corriente de sus pensamientos en sentido opuesto, demasiado tarde para volverse de la transgresión hacia la obediencia, del odio hacia el amor.
Al perdonarle la vida a Caín el homicida, Dios dió al mundo un ejemplo de lo que sucedería si le fuese permitido al pecador seguir llevando una vida de iniquidad sin freno. La influencia de las enseñanzas y de la conducta de Caín arrastraron al pecado a multitudes de sus descendientes, hasta “que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” “Y corrompióse la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.” Génesis 6:5, 11.
Fué por misericordia para con el mundo por lo que Dios barrió los habitantes de él en tiempo de Noé. Fué también por misericordia por lo que destruyó a los habitantes corrompidos de Sodoma. Debido al poder engañador de Satanás, los obreros de iniquidad se granjean simpatía y admiración y arrastran a otros a la rebelión. Así sucedió en días de Caín y de Noé, como también en tiempo de Abraham y de Lot; y así sucede en nuestros días. Por misericordia para con el universo destruirá Dios finalmente a los que rechazan su gracia.
“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6:23. Mientras la vida es la heredad de los justos, la muerte es la porción de los impíos. Moisés declaró a Israel: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal.” Deuteronomio 30:15. La muerte de la cual se habla en este pasaje no es aquella a la que fué condenado Adán, pues toda la humanidad sufre la penalidad de su transgresión. Es “la muerte segunda,” puesta en contraste con la vida eterna.
A consecuencia del pecado de Adán, la muerte pasó a toda la raza humana. Todos descienden igualmente a la tumba. Y debido a las disposiciones del plan de salvación, todos saldrán de los sepulcros. “Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.” Hechos 24:15. “Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.” 1 Corintios 15:22. Pero queda sentada una distinción entre las dos clases que serán resucitadas. “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz [del Hijo del hombre]; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal a resurrección de condenación.” Juan 5:28, 29. Los que hayan sido “tenidos por dignos” de resucitar para la vida son llamados “dichosos y santos.” “Sobre los tales la segunda muerte no tiene poder.” Apocalipsis 20:6 (VM). Pero los que no hayan asegurado para sí el perdón, por medio del arrepentimiento y de la fe, recibirán el castigo señalado a la transgresión: “la paga del pecado.” Sufrirán un castigo de duración e intensidad diversas “según sus obras,” pero que terminará finalmente en la segunda muerte. Como, en conformidad con su justicia y con su misericordia, Dios no puede salvar al pecador en sus pecados, le priva de la existencia misma que sus transgresiones tenían ya comprometida y de la que se ha mostrado indigno. Un escritor inspirado dice: “Pues de aquí a poco no será el malo: y contemplarás sobre su lugar, y no parecerá.” Y otro dice: “Serán como si no hubieran sido.” Salmos 37:10; Abdías 16. Cubiertos de infamia, caerán en irreparable y eterno olvido.
Así se pondrá fin al pecado y a toda la desolación y las ruinas que de él procedieron. El salmista dice: “Reprendiste gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre jamás. Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos.” Salmos 9:5, 6. San Juan, al echar una mirada hacia la eternidad, oyó una antífona universal de alabanzas que no era interrumpida por ninguna disonancia. Oyó a todas las criaturas del cielo y de la tierra rindiendo gloria a Dios. Apocalipsis 5:13. No habrá entonces almas perdidas que blasfemen a Dios retorciéndose en tormentos sin fin, ni seres infortunados que desde el infierno unan sus gritos de espanto a los himnos de los elegidos.
En el error fundamental de la inmortalidad natural, descansa la doctrina del estado consciente de los muertos, doctrina que, como la de los tormentos eternos, está en pugna con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, con los dictados de la razón y con nuestros sentimientos de humanidad. Según la creencia popular, los redimidos en el cielo están al cabo de todo lo que pasa en la tierra, y especialmente de lo que les pasa a los amigos que dejaron atrás. ¿Pero cómo podría ser fuente de dicha para los muertos el tener conocimiento de las aflicciones y congojas de los vivos, el ver los pecados cometidos por aquellos a quienes aman y verlos sufrir todas las penas, desilusiones y angustias de la vida? ¿Cuánto podrían gozar de la bienaventuranza del cielo los que revolotean alrededor de sus amigos en la tierra? ¡Y cuán repulsiva es la creencia de que, apenas exhalado el último suspiro, el alma del impenitente es arrojada a las llamas del infierno! ¡En qué abismos de dolor no deben sumirse los que ven a sus amigos bajar a la tumba sin preparación para entrar en una eternidad de pecado y de dolor! Muchos han sido arrastrados a la locura por este horrible pensamiento que los atormentara. ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras a este respecto? David declara que el hombre no es consciente en la muerte: “Saldrá su espíritu, tornaráse en su tierra: en aquel día perecerán sus pensamientos.” Salmos 146:4. Salomón da el mismo testimonio: “Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben.” “También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.” “Adonde tú vas no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.” Eclesiastés 9:5, 6, 10.
Cuando, en respuesta a sus oraciones, la vida de Ezequías fué prolongada por quince años, el rey agradecido, tributó a Dios loores por su gran misericordia. En su canto de alabanza, dice por qué se alegraba: “No te ha de alabar el sepulcro; la muerte no te celebrará; ni esperarán en tu verdad los que bajan al hoyo. El viviente, el viviente sí, él te alabará, como yo, el día de hoy.” Isaías 38:18, 19 (VM). La teología de moda presenta a los justos que fallecen como si estuvieran en el cielo gozando de la bienaventuranza y loando a Dios con lenguas inmortales, pero Ezequías no veía tan gloriosa perspectiva en la muerte. Sus palabras concuerdan con el testimonio del salmista: “Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿Quién te loará en el sepulcro?” Salmos 6:5. “No son los muertos los que alaban a Jehová, ni todos los que bajan al silencio.” Salmos 115:17 (VM).
En el día de Pentecostés, San Pedro declaró que el patriarca David “murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.” “Porque David no subió a los cielos.” Hechos 2:29, 34. El hecho de que David permanecerá en el sepulcro hasta el día de la resurrección, prueba que los justos no van al cielo cuando mueren. Es sólo mediante la resurrección, y en virtud y como consecuencia de la resurrección de Cristo por lo cual David podrá finalmente sentarse a la diestra de Dios.
Y San Pablo dice: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos.” 1 Corintios 15:16-18. Si desde hace cuatro mil años los justos al morir hubiesen ido directamente al cielo, ¿cómo habría podido decir San Pablo que si no hay resurrección, “también los que durmieron en Cristo, son perdidos”? No habría necesidad de resurrección.
El mártir Tyndale, refiriéndose al estado de los muertos, declaró: “Confieso francamente que no estoy convencido de que ellos gocen ya de la plenitud de gloria en que se encuentran Dios y los ángeles elegidos. Ni es tampoco artículo de mi fe; pues si así fuera, entonces no puedo menos que ver que sería vana la predicación de la resurrección de la carne.”—Guillermo Tyndale, en el prólogo de su traducción del Nuevo Testamento, reimpreso en British Reformers—Tindal, Frith, Barnes, 349.
Es un hecho incontestable que la esperanza de pasar al morir a la felicidad eterna ha llevado a un descuido general de la doctrina bíblica de la resurrección. Esta tendencia ha sido notada por el Dr. Adán Clarke, quien escribió: “¡La doctrina de la resurrección parece haber sido mirada por los cristianos como si tuviera una importancia mucho mayor que la que se le concede hoy! ¿Cómo es eso? Los apóstoles insistían siempre en ella y por medio de ella incitaban a los discípulos de Cristo a que fuesen diligentes, obedientes y de buen ánimo. Pero sus sucesores actuales casi nunca la mencionan. Tal la predicación de los apóstoles, y tal la fe de los primitivos cristianos; tal nuestra predicación y tal la fe de los que nos escuchan. No hay doctrina en la que el Evangelio insista más; y no hay doctrina que la predicación de nuestros días trate con mayor descuido.”—[Commentary on the New Testament, tomo II, comentario general de (1 Corintios 15), pág. 3.]
Y así siguieron las cosas hasta resultar en que la gloriosa verdad de la resurrección quedó casi completamente obscurecida y perdida de vista por el mundo cristiano. Es así que un escritor religioso autorizado, comentando las palabras de San Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13-18, dice: “Para todos los fines prácticos de consuelo, la doctrina de la inmortalidad bienaventurada de los justos reemplaza para nosotros cualquier doctrina dudosa de la segunda venida del Señor. Cuando morimos es cuando el Señor viene a buscarnos. Eso es lo que tenemos que esperar y para lo que debemos estar precavidos. Los muertos ya han entrado en la gloria. Ellos no esperan el sonido de la trompeta para comparecer en juicio y entrar en la bienaventuranza.”
Pero cuando Jesús estaba a punto de dejar a sus discípulos, no les dijo que irían pronto a reunírsele. “Voy a prepararos el lugar—les dijo.—Y si yo fuere y os preparare el lugar, vendré otra vez, y os recibiré conmigo.” Juan 14:2, 3 (VM). Y San Pablo nos dice además que “el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” Y agrega: “Por tanto, consolaos los unos a los otros en estas palabras.” 1 Tesalonicenses 4:16-18. ¡Cuán grande es el contraste entre estas palabras de consuelo y las del ministro universalista citadas anteriormente! Este último consolaba a los amigos en duelo con la seguridad de que por pecaminoso que hubiese sido el fallecido, apenas hubo exhalado su último suspiro, debió ser recibido entre los ángeles. San Pablo recuerda a sus hermanos la futura venida del Señor, cuando las losas de las tumbas serán rotas y “los muertos en Cristo” resucitarán para la vida eterna.
Antes de entrar en la mansión de los bienaventurados, todos deben ser examinados respecto a su vida; su carácter y sus actos deben ser revisados por Dios. Todos deben ser juzgados con arreglo a lo escrito en los libros y recompensados según hayan sido sus obras. Este juicio no se verifica en el momento de la muerte. Notad las palabras de San Pablo: “Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” Hechos 17:31. El apóstol enseña aquí lisa y llanamente que cierto momento, entonces por venir, había sido fijado para el juicio del mundo.
San Judas se refiere a aquel mismo momento cuando dice: “A los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día.” Y luego cita las palabras de Enoc: “¡He aquí que viene el Señor, con las huestes innumerables de sus santos ángeles, para ejecutar juicio sobretodos!” Judas 6, 14, 15 (VM). San Juan declara que vió “a los muertos, pequeños y grandes, estar en pie delante del trono; y abriéronse los libros; … y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los libros.” Apocalipsis 20:12 (VM).
Pero si los muertos están ya gozando de la bienaventuranza del cielo o están retorciéndose en las llamas del infierno, ¿qué necesidad hay de un juicio venidero? Las enseñanzas de la Palabra de Dios respecto a estos importantes puntos no son obscuras ni contradictorias; una inteligencia mediana puede entenderlas. ¿Pero qué espíritu imparcial puede encontrar sabiduría o justicia en la teoría corriente? ¿Recibirán acaso los justos después del examen de sus vidas en el día del juicio, esta alabanza: “¡muy bien, siervo bueno y fiel, … entra en el gozo de tu Señor!” cuando ya habrán estado habitando con él tal vez durante siglos? ¿Se sacará a los malos del lugar de tormento para hacerles oír la siguiente sentencia del juez de toda la tierra: “¡Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno!”? Mateo 25:21, 41 (VM). ¡Burla solemne! ¡Vergonzosa ofensa inferida a la sabiduría y justicia de Dios!
La teoría de la inmortalidad del alma fué una de aquellas falsas doctrinas que Roma recibió del paganismo para incorporarla en el cristianismo. Martín Lutero la clasificó entre “las fábulas monstruosas que forman parte del estercolero romano” de las decretales. (E. Petavel, Le Problème de l’lmmortalité, tomo 2, pág. 77.) Comentando las palabras de Salomón, en el Eclesiastés, de que los muertos no saben nada, el reformador dice: “Otra prueba de que los muertos son … insensibles… Salomón piensa que los muertos están dormidos y no sienten absolutamente nada. Pues los muertos descansan, sin contar ni los días ni los años; pero cuando se despierten les parecerá como si apenas hubiesen dormido un momento.”—[Lutero, Exposition of Solomon’s Booke Called Ecclesiastes, pág. 152.
En ningún pasaje de las Santas Escrituras se encuentra declaración alguna de que los justos reciban su recompensa y los malos su castigo en el momento de la muerte. Los patriarcas y los profetas no dieron tal seguridad. Cristo y sus apóstoles no la mencionaron siquiera. La Biblia enseña a las claras que los muertos no van inmediatamente al cielo. Se les representa como si estuvieran durmiendo hasta el día de la resurrección. 1 Tesalonicenses 4:14; Job 14:10-12. El día mismo en que se corta el cordón de plata y se quiebra el tazón de oro (Eclesiastés 12:6), perecen los pensamientos de los hombres. Los que bajan a la tumba permanecen en el silencio. Nada saben de lo que se hace bajo el sol. Job 14:21. ¡Descanso bendito para los exhaustos justos! Largo o corto, el tiempo no les parecerá más que un momento. Duermen hasta que la trompeta de Dios los despierte para entrar en una gloriosa inmortalidad. “Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles… Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción, y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad. Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorrupción, y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces será verificado el dicho que está escrito: ¡Tragada ha sido la muerte victoriosamente!” 1 Corintios 15:52-54 (VM). En el momento en que sean despertados de su profundo sueño, reanudarán el curso de sus pensamientos interrumpidos por la muerte. La última sensación fué la angustia de la muerte. El último pensamiento era el de que caían bajo el poder del sepulcro. Cuando se levanten de la tumba, su primer alegre pensamiento se expresará en el hermoso grito de triunfo: “¿Dónde está, oh Muerte, tu aguijón? ¿dónde está, oh Sepulcro, tu victoria?” Vers. 55 (VM).

El texto anterior corresponde al capítulo 34 del libro El Conflicto de los Siglos, escrito por Elena G. de White.

La resurrección especial

resurrecciónVersículo de memoria

“…Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” Apocalipsis 14:13.

La Resurrección Especial

1. ¿Qué resurrección menciona Daniel? Daniel 12:1, 2.

“Los sepulcros se abren y ‘muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.’ (Daniel 12: 2.) Todos los que murieron en la fe del mensaje del tercer ángel, salen glorificados de la tumba, para oír el pacto de paz que Dios hace con los que guardaron su ley” (El Conflicto de los Siglos, pág. 694).

2. ¿Cuándo resucitarán los que atravesaron a Jesús? Apocalipsis 1:7. ¿Cuándo resucitarán el resto de los impíos? Apocalipsis 20:7, 13, 14.

“‘Los que le traspasaron’ (Apocalipsis 1: 7), los que se mofaron y se rieron de la agonía de Cristo y los enemigos más acérrimos de su verdad y de su pueblo, son resucita­dos para mirarle en su gloria y para ver el honor con que serán recompensados los fieles y obedientes” (El Conflicto de los Siglos, pág. 694).

“Cristo volverá en su gloria, en la gloria de su Padre y en la gloria de los santos ángeles. Miríadas y miríadas, y miles de miles de ángeles, hermosos y triunfantes hijos de Dios que poseen una belleza y gloria superiores a todo lo que conocemos, le escoltarán en su regreso. Entonces se sentará sobre el trono de su gloria y delante de Él se congregarán todas las naciones. Entonces todo ojo le verá y también los que le traspasaron” (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 688, 689).

“Al fin de los mil años vendrá la segunda resurrección. Entonces los impíos serán resucitados, y comparecerán ante Dios para la ejecución del ‘juicio decretado.’ Así el escri­tor del Apocalipsis, después de haber descrito la resurrección de los justos, dice: ‘Los otros muertos no tornaron a vivir hasta que sean cumplidos mil años.’ (Apocalipsis 20: 5.)” (El Conflicto de los Siglos, pág. 719).

 

Los que Mueren en el Señor de Aquí en Adelante

3. Considerando el hecho que la obra del sellamiento del tercer ángel ya se ha iniciado, ¿hay personas que mueren después de haber recibido el sello del Dios vivo? Apocalipsis 14:13.

“Viven en nuestra tierra quienes han pasado de los noventa años de edad. En su debi­lidad se ve el resultado natural de la vejez; pero creen en Dios, y Dios los ama. El sello de Dios está sobre ellos, y estarán en el número de quienes ha dicho el Señor: ‘Bienaventu­rados… los muertos que mueren en el Señor’” (Comentario Bíblico Adventista, tomo 7, pág. 992).

“Me resulta difícil saber qué decirle. Quedé abrumada con la noticia de la muerte de su esposa. Me resultaba difícil creerlo… El sábado pasado por la noche, Dios me dio una visión que ahora se la transmito. . . . Vi que ella estaba sellada, que se levantaría y se pondría en pie sobre la tierra, y estaría con los ciento cuarenta y cuatro mil” (Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 301).

4. ¿Cómo sabemos que aquellos que resucitan en la resurrección especial no sólo están con los 144,000 pero también están incluidos con ellos? Apocalip­sis 7:4.

Consideremos dos referencias:

El número de los sellados es 144.000; y en la carta citada de 1850 refiriéndose a la her­mana Hastings se declara que “estaba sellada,” así pues tiene que ser una de los 144.000–una de las que “se levantarán a la voz de Dios” (Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 263) en la resurrección especial, pues la primera resurrección tendrá lugar a la voz de Cristo. (Veáse Juan 5:25; El Conflicto de los Siglos, pág. 644).

En 1899, había personas de más de 90 años, y se testificó “el sello de Dios está sobre ellos” (Comentario Bíblico Adventista, tomo 7, pág. 982). Ya que sólo los 144.000 tienen el sello del Dios vivo, deben ser parte de ellos.

Privilegio de Aquellos que Duermen

5. ¿Cuál es el tiempo “de aquí en adelante,” y cuáles son las bendiciones pro­metidas a aquellos que mueren durante ese tiempo? Apocalipsis 14:13.

“Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apoc. 14: 13). Maravillosas son estas palabras y especialmente cuando se las considera a la luz del marco en que están colocadas, al final de la profecía concerniente al triple mensaje que ha de resonar en preparación para el fin del mundo y la segunda venida de Cristo” (Notas Biográficas de Elena G. de White, pág. 522).

“Las evidencias son claras y conclusivas acerca de los 144,000 como aquellos que son reunidos de la última generación antes de la venida de Cristo; que han sido llamados por el tercer mensaje angélico; pues aún aquellos que pertenecen a éstos que murieron en el mensaje son bendecidos, siendo añadidos al número por resurrección antes de la aparición de Cristo; y que todos al fin son coronados con el privilegio peculiar de componer el gabinete del Rey de reyes y Señor de señores y seguir al Cordero a donde Él va (Apocalipsis 14:4), felices en su constante presencia y sostenidos por su gracia imperecedera. (Apocalipsis 7:15,17)” (Urías Smith, A Study of the 144.000, pág. 8).

6. ¿Cuándo ocurrirá la resurrección especial? ¿Qué acontecimientos le seguirán? Apocalipsis 16:17; Daniel 12:1, 2.

a) Resurrección Especial

“Nubes negras y pesadas se levantan y chocan unas con otras. En medio de los cielos conmovidos hay un claro de gloria indescriptible, de donde baja la voz de Dios semejante al ruido de muchas aguas, diciendo: ‘Hecho es.’ (Apocalipsis 16: 17.)…

“Los sepulcros se abren y ‘muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.’ (Daniel 12: 2.) Todos los que murieron en la fe del mensaje del tercer ángel, salen glorificados de la tumba, para oír el pacto de paz que Dios hace con los que guardaron su ley” (El Conflicto de los Siglos, pág. 694).

b) Aparición de las dos tablas de la ley de Dios

“Entonces aparece en el cielo una mano que sostiene dos tablas de piedra puestas una sobre otra…

“Reconocen demasiado tarde que el día de reposo del cuarto mandamiento es el sello del Dios vivo” (El Conflicto de los Siglos, págs. 696, 698).

c) Anuncio del día y hora de la venida de Jesús

“Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús…” (El Conflicto de los Siglos, pág. 698).

d) Venida de Jesús

“Entre las oscilaciones de la tierra, las llamaradas de los relámpagos y el fragor de los truenos, el Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos…” (El Conflicto de los Siglos, pág. 698).

 

7. ¿Qué esperanza tenía la hermana Elena G. de White desde que durmió en Jesús? Apocalipsis 14:13. 

“En estos últimos días, se ha dado luz abundante a nuestro pueblo. Ya sea que mi vida sea preservada o no, mis escritos hablarán constantemente, y su obra irá adelante mientras dure el tiempo. Mis escritos son guardados en los archivos en la oficina y aunque yo no viviera, esas palabras que me han sido dadas por el Señor todavía tendrán vida y hablarán a la gente. Pero mi vigor todavía está preservado, y espero continuar para hacer mucha obra útil. Quizá viva hasta la venida del Señor, pero si no fuera así, confío en que se diga de mí: ‘Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen’ (Apoc. 14: 13). …” (Mensajes Selectos, tomo 1, págs. 63, 64).

“Supliqué a mi ángel acompañante que me dejara permanecer allí. No podía sufrir el pensamiento de volver a este tenebroso mundo. El ángel me dijo entonces: ‘Debes volver, y si eres fiel, tendrás, con los 144.000, el privilegio de visitar todos los mundos y ver la obra de las manos de Dios’” (Primeros Escritos, págs. 39, 40).

Repaso y Meditación

  • ¿Si la obra del sellamiento se inició con el tercer mensaje angélico, en qué grupo estarán incluidos aquellos que murieron creyendo en el día santo del Señor?
  • ¿Se cancela el sello del Dios vivo por la muerte?
  • ¿Quién resucitará de los muertos en la resurrección especial?
  • Se encuentran a disposición para estudio dos panfletos: Urías Smith, Un Estudio de los 144.000, publicado en 1897, y Preguntas sobre el Mensaje del Sellamiento, John N. Loughborough, publicado en 1916.

La muerte

  • Job 4:17. El hombre es mortal (debe morir).
  • 1 Timoteo 1:17; 6:15, 16. Sólo Dios es inmortal (vive eternamente).
  • Romanos 2:7. El hombre busca la inmortalidad.
  • Génesis 2:7. El polvo más el aliento de Dios (Espíritu de Dios) es igual a un alma viviente.
  • Génesis 3:19; Eclesiastés 12:7. El hombre regresa al polvo. Un alma viviente menos el aliento de Dios (el Espíritu de Dios) es igual a la muerte.

EL HOMBRE MUERTO NO ES CONSCIENTE

  • Salmo 146:4. Sus pensamientos perecen.
  • Eclesiastés 9:5. Los muertos no saben nada.
  • Eclesiastés 9:6. El amor, el odio y la envidia perecen.
  • Salmo 115:17. Los muertos no alaban a Dios.

LA MUERTE – UN SUEÑO

  • Salmo 13:3. El sueño de la muerte.
  • 1 Reyes 11:43. Salomón durmió con sus padres.
  • Mateo 27:52. Muchos santos que dormían resucitaron.
  • Juan 11:11-14. Lázaro duerme. Lázaro está muerto.

UNA ADVERTENCIA CONTRA EL ESPIRITISMO

  • Deuteronomio 18:9-12. Dios condena la comunicación con el espíritu de los «muertos.»
  • 1 Timoteo 4:1; Apocalipsis 16:14. Los muertos duermen, así es que esa comunicación es con los demonios. Esto es espiritismo.

LA RESURRECCIÓN –  LA ÚNICA ESPERANZA DEL HOMBRE

  • 1 Tesalonicenses 4:15, 16. Los muertos en Cristo resucitarán primero.
  • 2 Timoteo 1:10. Jesús abolió la muerte.
  • 1 Corintios 15:51-53. Los muertos resucitan incorruptibles y vestidos de inmortalidad.
  • Juan 5:28, 29. Los que están en la tumba oirán su voz y los justos se alzarán en la primera resurrección, a la segunda venida de Cristo.
  • Apocalipsis 22:12. Se dará la recompensa.
  • 1 Corintios 15:35-38. La muerte y la resurrección se comparan con la siembra de una semilla.

«La voz que clamó desde la cruz: “Consumado es”, fue oída entre los muertos. Atravesó las paredes de los sepulcros y ordenó a los que dormían que se levantasen… En ocasión de la resurrección de Cristo, unas pocas tumbas fueron abiertas; pero en su segunda venida, todos los preciosos muertos oirán su voz y surgirán a una vida gloriosa e inmortal.» El Deseado de Todas las Gentes, pág. 733

¿No murió Jesús en miércoles?

Quien haya tenido contacto alguna vez con algún miembro de alguna de las muchas divisiones de la iglesia de Dios del séptimo día, habrá tenido que enfrentarse a una de sus creencias distintivas: la muerte de Jesús en miércoles.

Sea de paso, ellos consideran que el don profético  en nuestro medio es falso y como una de las supuestas evidencias, usan la siguiente cita de la mensajera del Señor sobre este tema:

“El Salvador fué sepultado el viernes, o sea el sexto día de la semana. Las mujeres prepararon las especias y los ungüentos con que embalsamar a su Señor y los pusieron aparte hasta que terminó el sábado. Ni siquiera el trabajo de embalsamar el cuerpo de Jesús quisieron hacerlo en sábado.” Cristo Nuestro Salvador, pág. 145

Al preguntársele, por qué eso es falso, rápidamente, citan los siguientes textos:

Mateo 12:40, ‘Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.’”  Al preguntárseles: ¿Qué día cree usted que murió Cristo? Ellos citan Juan 19:31 “Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el gran día del sábado, rogaron a Pilatos que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.’”

De tal manera, que ellos razonan, no pudo haber sido la preparación para el Sábado del séptimo día, porque el Sábado era un día “Grande”, así que era la preparación para la pascua – Miércoles. Entonces comienzan a contar, “Jueves (1), Viernes (2), Sábado (3); la noche del Miércoles (1), la noche del Jueves (2), la noche del Viernes (3). Así son tres días y tres noches”

Una lectura superficial, les daría la razón, pero hay abundante evidencia bíblica que contradice dichas conclusiones y confirman plenamente lo expresado por la hermana White y como ha sido enseñado por nosotros desde siempre.

  1. Note que Cristo murió a la novena hora, sólo tres horas antes del fin del día (Mateo 27:46-50) y fue sepultado a la puesta del sol – las 12 en punto. (Lucas 23:52-56). Si fue sepultado el Miércoles, él habría estado tres días completos y cuatro noches completas en la tumba, porque la Biblia claramente dice: “Pasado el sábado, al amanecer [al romper el día] el primer día de la semana, [Domingo A.M.] vinieron María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro” (Mateo 28:1). De nuevo citamos de Marcos 16:9, “Mas como Jesús resucitó por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena”.
  2. Jesús dijo: “Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado” (Mateo 26:2). “Entonces [después de dos días] los príncipes de los sacerdotes se juntaron … Y tuvieron consejo para prender por engaño a Jesús, y matarle” (Mateo 26:3, 4). Cuando Cristo dijo las palabras: “Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua”, no pudo haber sido después del comienzo del Martes, si la fiesta de la pascua era el Jueves. Entonces todo lo que tomó lugar en conexión con su juicio, crucifixión, muerte y sepultura, tuvo que llevarse a cabo desde la mañana del Martes hasta la puesta del sol del Miércoles, lo cual habría sido imposible.
  3. Note las siguientes Escrituras: “Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para que comas la Pascua? Esto fue el día de la preparación para la Pascua. “Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa haré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como les mandó, y aderezaron la Pascua. Y como fue la tarde del día, se sentó a la mesa con los doce. Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar” (Mateo 26:17-21).
  4. La Pascua sólo puede ser observada después de la puesta del sol al comienzo del primer día de los panes sin levadura: “En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, Pascua es de Jehová” (Levítico 23:5). Este es el último día de preparación para la pascua. Por tanto, Jesús todavía no estaba en las manos de los sacerdotes en la preparación para la fiesta de la pascua, y mucho menos crucificado. Además, Mateo es totalmente claro en el tema y no deja lugar para disputar: “Y comiendo ellos, [la pascua] dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar” (Mateo 26:21). ¿Cómo podría comer Jesús la pascua con los doce si hubiera sido crucificado y sepultado?
  5. Permítanos aclarar la controversia con hechos que pueden soportar la prueba. Que el lector tenga en mente que la pascua es un asunto de siete días, o lo que se llama la “semana de la pascua”. Citamos Levítico 23:4-8: “Estas son las solemnidades de Jehová, las santas convocaciones, a las cuales convocaréis en sus tiempos. En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, Pascua es de Jehová. Y a los quince días de este mes es la solemnidad de los ázimos a Jehová, siete días comeréis ázimos. El primer día tendréis santa convocación, ninguna obra servil haréis. Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda encendida, el séptimo día será santa convocación, ninguna obra servil haréis”.
  6. Ahora note, el Sábado del séptimo día es controlado por el ciclo semanal, y la pascua por el calendario mensual. Por tanto, en cada semana de pascua hay un sábado del séptimo día, y puede caer en cualquiera de los siete días pascuales. De nuevo, note que el día catorce es llamado el día de la “Pascua”, pero el día quince es la “Fiesta” de la Pascua. (Véase Números 28:17; Josué 5:11). El sábado del séptimo día es llamado, “El Sábado”. La ofrenda de la gavilla era las primicias de la cosecha y debía ser ofrecida delante del Señor la mañana después del sábado; es decir, en el primer día de la semana, comúnmente llamado Domingo. (Véase Levítico 23:11). La ofrenda de la gavilla era un tipo de la resurrección – los primeros frutos. Dice el apóstol: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20; también Mateo 27:52, 53)

Con esto, creemos que queda clara la verdad sobre el tema, sin embargo, si desea un estudio mas profundo, puede contactarnos.

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