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La iglesia y el conflicto: cuidado y reprensión

Texto de meditación: “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.” – I Tesalonicenses 5:14

DE PARTE DE DIOS

Mencione dos características de Dios. Deuteronomio 4:24 ¿Qué hace Dios con sus hijos? Apocalipsis 3:19

“Nuestro Dios es un Dios celoso. Es algo terrible jugar con él.” –  Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 132

“Nuestro Dios es un Dios celoso, que tendrá un pueblo limpio, puro y santo” – Review and Herald, 12 de junio de 1855

¿Cuál debe ser la actitud del cristiano verdadero, cuando Dios lo disciplina? Hebreos 12:5-11

“Dios permite que las pruebas asedien a los suyos, para que mediante su constancia y obediencia puedan enriquecerse espiritualmente, y para que su ejemplo sea una fuente de poder para otros. “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal.” Jeremías 29:11. Los mismos sufrimientos que prueban más severamente nuestra fe, y que nos hacen pensar que Dios nos ha olvidado, sirven para llevarnos más cerca de Cristo, para que echemos todas nuestras cargas a sus pies, y para que sintamos la paz que nos ha de dar en cambio.

“Dios probó siempre a su pueblo en el crisol de la aflicción. Es en el fuego del crisol donde la escoria se separa del oro puro del carácter cristiano. Jesús vigila la prueba; él sabe qué se necesita para purificar el precioso metal, a fin de que refleje la luz de su amor. Es mediante pruebas estrictas y reveladoras cómo Dios disciplina a sus siervos.” – Patriarcas y profetas, pág. 122

POR NOSOTROS MISMOS

¿Qué se nos pide? Romanos 12:1-2

“El Señor no aceptará un sacrificio a medias. Todo, todo, todo es de Dios, y se nos exige rendir un servicio perfecto. Dice Pablo: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo [no moribundo], santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:1, 2. ¡Qué privilegio se nos depara, de probar por nosotros mismos, experimentalmente, la mente del Señor y su voluntad para con nosotros!” – Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 600

¿Qué debemos hacer? II Corintios 13:5; I Corintios 9:27

“Nunca podremos ver a nuestro Señor en paz, a menos que nuestra alma esté inmaculada. Debemos llevar la perfecta imagen de Cristo. Cada pensamiento debe ser puesto en sujeción a la voluntad de Cristo. Como lo expresa el gran apóstol, debemos alcanzar “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Nunca llegaremos a esta condición sin un esfuerzo ferviente. Debemos luchar diariamente contra el mal externo y el pecado interior, si queremos alcanzar la perfección del carácter cristiano.” — Mensajes Selectos, tomo 3, pág. 167

“Hay muchos que no se dan cuenta de su situación; están ciegos espiritualmente. “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” 2 Corintios 13:5. Confío en que ninguno de nosotros será reprobado. ¿Está Cristo habitando por la fe en sus corazones? ¿Su Espíritu está en ustedes? Si así fuera, tendríamos ansias de salvar a los perdidos por los cuales Cristo murió; nuestro orgullo se ahogaría en la insignificancia, y únicamente él sería exaltado. Hermanos y hermanas, hay una gran necesidad de que nos humillemos en la presencia de Dios para que el Espíritu pueda venir sobre nosotros.” Recibiréis poder, pág. 172

DE LOS PADRES

¿Qué grave daño pueden hacer los padres con sus hijos? Proverbios 13:24

“El pecado del descuido paternal es casi universal. Con demasiada frecuencia existe un ciego afecto hacia los que están relacionados con nosotros por vínculos naturales. Ese afecto se lleva al extremo; no está equilibrado por la sabiduría ni por el temor de Dios. El ciego afecto paternal es el mayor obstáculo en el sendero de la debida educación de los hijos. Impide la disciplina y la educación que requiere el Señor. Debido a ese afecto, a veces los padres parecen estar desprovistos de razón. Es como las tiernas misericordias de los impíos, cruelmente disfrazadas con el atavío de un falso amor. Esta peligrosa contracorriente es la que lleva a los hijos a la ruina” – Conducción del niño, pág. 219

 “Si el padre y la madre, como maestros del hogar, permiten que sus hijos dominen la situación y se descarríen, son responsables por lo que esos hijos podrían haber sido de otra manera.” — The Review and Herald, 15 de septiembre de 1904.

¿Qué ejemplo de fidelidad, nos muestran las Escrituras? Éxodo 2: 1-10

“Jocabed era mujer y esclava. Su destino en la vida era humilde y su carga pesada. Sin embargo, el mundo no ha recibido beneficios mayores mediante ninguna otra mujer, con excepción de María de Nazaret. Sabiendo que su hijo había de pasar pronto de su cuidado al de aquellos que no conocían a Dios, se esforzó con más fervor aún para unir su alma con el cielo.” — La Educación, pág. 58.

“La madre retuvo a Moisés tanto tiempo como pudo, pero se vio obligada a entregarlo cuando tenía como doce años de edad. De su humilde cabaña fue llevado al palacio real, y la hija de Faraón lo prohijó. Pero en Moisés no se borraron las impresiones que había recibido en su niñez. No podía olvidar las lecciones que aprendió junto a su madre. Le fueron un escudo contra el orgullo, la incredulidad y los vicios que florecían en medio del esplendor de la corte.

“¡Cuán extensa en sus resultados fue la influencia de aquella sola mujer hebrea, a pesar de ser una esclava desterrada! Toda la vida de Moisés y la gran misión que cumplió como caudillo de Israel dan fe de la importancia de la obra de una madre piadosa. Ninguna otra tarea se puede igualar a ésta. En un grado sumo, la madre modela con sus manos el destino de sus hijos. Influye en las mentes y en los caracteres, y obra no sólo para el presente sino también para la eternidad. Siembra la semilla que germinará y dará fruto, ya sea para bien o para mal. La madre no tiene que pintar una forma bella sobre un lienzo, ni cincelarla en un mármol, sino que tiene que grabar la imagen divina en el alma humana…

“Comprenda toda madre que su tiempo no tiene precio; su obra ha de probarse en el solemne día de la rendición de cuentas.” — Patriarcas y Profetas, 249, 250.

DE LOS DIRIGENTES

¿Qué importante misión se ha encomendado a los dirigentes de la iglesia?  Hechos 20:28 ¿Cuál debe ser nuestra actitud cuando somos reprendidos?

“Los ministros de Cristo debieran levantarse y dedicarse con todas sus energías a llevar a cabo la obra de Dios. No se excusa a los siervos de Dios si ellos retienen los testimonios directos. Debieran censurar y desaprobar el mal y no permitir que un hermano viva en pecado.” –  Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 196

“Dios no envía mensajeros para que adulen al pecador. No da mensajes de paz para arrullar en una seguridad fatal a los que no están santificados. Impone pesadas cargas a la conciencia del que hace mal, y atraviesa el alma con flechas de convicción. Los ángeles ministradores le presentan los temibles juicios de Dios para ahondar el sentido de su necesidad, e impulsarle a clamar: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Entonces la mano que humilló en el polvo, levanta al penitente. La voz que reprendió el pecado, y avergonzó el orgullo y la ambición, pregunta con la más tierna simpatía: “¿Qué quieres que te haga?” –   Deseado de todas las gentes, pág. 79

“El Señor viene pronto. Los centinelas que están sobre los muros de Sión reciben la orden de despertar para asumir las responsabilidades que Dios les ha impuesto. Dios llama a centinelas que, en el poder del Espíritu, den al mundo el último mensaje de advertencia y le digan qué hora es de la noche. Quiere a centinelas que despierten a los hombres y mujeres de su letargo, no sea que duerman el sueño de la muerte. La mente maestra de la confederación del mal está siempre ocupada en esconder las palabras de Dios y poner de relieve las opiniones de los hombres. Él se empeña en que no escuchemos la voz de Dios que dice: “Este es el camino. Andad por él”. Por medio de procesos educacionales hace todo lo que está a su alcance para eclipsar la luz del cielo.” –  Testimonios para la iglesia, tomo 8, pág. 319

Sin embargo, ¿qué sucede con muchos? Isaías 56: 10-11

“Aquí vemos que la iglesia, el santuario del Señor, era la primera en sentir los golpes de la ira de Dios. Los ancianos, aquellos a quienes Dios había brindado gran luz, que se habían destacado como guardianes de los intereses espirituales del pueblo, habían traicionado su cometido. Habían asumido la actitud de que no necesitamos esperar milagros ni la señalada manifestación del poder de Dios como en tiempos anteriores. Los tiempos han cambiado. Estas palabras fortalecen su incredulidad, y dicen: El Señor no hará bien ni mal. Es demasiado misericordioso para castigar a su pueblo. Así el clamor de paz y seguridad es dado por hombres que no volverán a elevar la voz como trompeta para mostrar al pueblo de Dios sus transgresiones y a la casa de Jacob sus pecados. Estos perros mudos que no querían ladrar, son los que sienten la justa venganza de un Dios ofendido. Hombres, jóvenes y niñitos, todos perecen juntos.” –   Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 196

¿Qué dos clases de creyentes, se muestran a la hora de recibir corrección?

 “Los que son reprendidos por el Espíritu de Dios no deben levantarse contra el humilde instrumento. Es Dios, y no un mortal sujeto a error, quien ha hablado para salvarlos de la ruina. Los que desprecian la amonestación serán dejados en las tinieblas y se engañarán ellos mismos. Pero los que la escuchen y se dediquen celosamente a la obra de apartar sus pecados de sí a fin de tener las gracias necesarias, estarán abriendo la puerta de su corazón para que el amado Salvador pueda entrar y morar con ellos. Esta clase de personas se encontrará siempre en perfecta armonía con el testimonio del Espíritu de Dios.

“Los ministros que predican la verdad presente no deben descuidar el solemne mensaje dirigido a los laodicenses. El testimonio del Testigo Fiel no es un mensaje suave. El Señor no nos dice: “Estáis más o menos bien; habéis soportado castigos y reproches que nunca merecisteis; habéis sido innecesariamente desalentados por la severidad; no sois culpables de los males y pecados por los cuales se os reprendió…

“Yo reprendo y castigo a todos los que amo”. Pero muchos no quieren recibir el mensaje que el cielo les manda gracias a su misericordia. No pueden soportar que se les hable de su negligencia en el cumplimiento del deber, ni de sus malas acciones, de su egoísmo, orgullo y amor al mundo.” –  Testimonios para la iglesia, tomo 3, págs. 285

DE LOS HERMANOS

¿Qué pregunta se hacen muchos siguiendo el ejemplo de Caín? Génesis 4:9  

“Pregunté al ángel por qué la sencillez había desaparecido de la iglesia, y por qué habían entrado en ella el orgullo y el ensalzamiento. Vi que ésta es la razón por la cual hemos sido casi entregados en manos del enemigo. Dijo el ángel: “Mira, y verás que este sentimiento prevalece: ‘¿Soy yo guarda de mi hermano?’” Volvió a decir el ángel: “Eres guarda de tu hermano. Tu profesión y tu fe exigen de ti que te niegues a ti mismo y que te ofrendes a Dios, o serás indigno de la vida eterna; porque fue comprada para ti a gran precio, a saber, por la agonía, los sufrimientos y la sangre del amado Hijo de Dios.” – Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 31

“En la iglesia existen pecados que Dios odia, pero, rara vez se mencionan por temor de crear enemigos” – Spiritual Gifts, tomo 2, págs. 283-284

¿En qué peligro podemos caer, si no, velamos? Lucas 6:39

“Se me ha mostrado que la mayor razón por la cual los hijos de Dios se encuentran ahora en este estado de ceguera espiritual, es que no quieren recibir la corrección.” — Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 329

“El pecado ha raído el amor que Dios implantó en el corazón del hombre. La obra de la iglesia es volver a encender este amor. La iglesia debe cooperar con Dios en desarraigar el egoísmo del corazón humano, estableciendo en su lugar la caridad que estaba en el corazón del hombre en su estado original de perfección. — Carta 134, 1902

Mencione un caso de negligencia de parte de la iglesia en aplicar disciplina. I Corintios 5

LA NEGLIGENCIA ES MORTAL

¿Cómo considera Dios, al que excusa el pecado del hermano? Ezequiel 33:6; Romanos 1:32

“Habrá hombres y mujeres que desprecien la reprensión y que siempre se rebelarán contra ella. No es agradable que se nos presenten las cosas malas que hacemos. En casi cualquier caso en que sea necesaria la reprensión, habrá quienes pasen completamente por alto el hecho de que el Espíritu del Señor ha sido contristado y su causa cubierta de oprobio. Estos se compadecerán de los que merecían reprensión, porque se han herido sus sentimientos personales. Toda esta simpatía no santificada hace que los simpatizantes participen de la culpa del que fué reprendido. En nueve casos de cada diez, si se hubiese permitido que la persona reprendida comprendiese su mala conducta, se le habría ayudado a reconocerla y por lo tanto se habría reformado. Pero los simpatizantes entrometidos y no santificados atribuyen falsos motivos al que reprende y a la naturaleza del reproche, y, simpatizando con la persona reprendida, la inducen a pensar que realmente se la maltrató y sus sentimientos se rebelan contra el que no ha hecho sino cumplir con su deber. Los que cumplen fielmente sus deberes desagradables, conociendo su responsabilidad ante Dios, recibirán su bendición. Dios exige que sus siervos estén siempre dispuestos a hacer su voluntad con fervor.” – Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 343

¿Cómo podemos demostrar amor verdadero por los hermanos? Gálatas 6:1; Isaías 35:3-4

“Si Dios aborrece un pecado más que otro, del cual su pueblo es culpable, es el de no hacer nada en caso de una emergencia. La indiferencia y la neutralidad en una crisis religiosa son consideradas por Dios como un grave delito, igual al peor tipo de hostilidad contra Dios.” – Testimonios para la iglesia, tomo 3, pág. 281

“La amonestación divina se hace sentir sobre la falsa simpatía hacia el pecador, que trata de excusar su pecado. El pecado adormece la percepción moral, de tal manera que el pecador no comprende la enormidad de su transgresión; y sin el poder convincente del Espíritu Santo permanece parcialmente ciego en lo referente a su pecado. Es deber de los siervos de Cristo enseñar a estos descarriados el peligro en que están. Los que destruyen el efecto de la advertencia, cegando los ojos de los pecadores para que no vean el carácter y los verdaderos resultados del pecado, a menudo se lisonjean de que en esa forma demuestran su caridad; pero lo que hacen es oponerse directamente a la obra del Espíritu Santo de Dios e impedirla; arrullan al pecador para que se duerma al borde de la destrucción, se hacen partícipes de su culpa, y asumen una terrible responsabilidad por su impenitencia. Muchísimos han descendido a la ruina como resultado de esta falsa y engañosa simpatía.” – Patriarcas y profetas, pág. 376

Y el verbo se hizo carne

Texto de meditación: “y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” – Filipenses 2:8

UNA HUMILLACIÓN
¿Cuál era la posición del Verbo en la eternidad? Juan 1:1-2

“Cristo, el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno solo con el Padre eterno, uno solo en naturaleza, en carácter y en propósitos; era el único ser que podía penetrar en todos los designios y fines de Dios.”– Patriarcas y Profetas, pág. 12.

“Desde los días de la eternidad, el Señor Jesucristo era uno con el Padre; era ‘la imagen de Dios,’ la imagen de su grandeza y majestad, ‘el resplandor de su gloria.’ Vino a nuestro mundo para manifestar esta gloria.”– El Deseado de Todas las Gentes, pág. 11.

“Al hablar de su preexistencia, Cristo transporta la mente al pasado de las edades sin fin. Nos ofrece la certeza de que nunca hubo un tiempo cuando él no estuviera en compañerismo eterno con Dios.”– Exaltad a Jesús, pág. 11.

En cumplimiento del plan de redención ¿qué hizo por rescatarnos? Filipenses 2: 5-7; Juan 1:14

“La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo, con Dios. Esto ha de ser nuestro estudio. Cristo fue un verdadero hombre. Dio prueba de su humildad al convertirse en hombre.” – Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 286 

“Jesús aceptó la ley de su Padre, cuyos principios puso en práctica en su vida, manifestó su espíritu, y demostró su poder benéfico en el corazón del hombre. Dice Juan: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros lleno de gracia y de verdad; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre”. Juan 1:14. Los seguidores de Cristo deben participar de su experiencia. Deben recibir y asimilar la Palabra de Dios para que se convierta en el poder que impulse su vida y sus acciones. Mediante el poder de Cristo, deben ser transformados a su imagen, y deben reflejar los atributos divinos. Necesitan comer la carne y beber la sangre del Hijo de Dios, o no habrá vida en ellos. El espíritu y la obra de Cristo deben convertirse en el espíritu y la obra de sus discípulos.” – Patriarcas y profetas, pág. 250

EL ESPÍRITU DEL ANTICRISTO

¿Cómo llama la Biblia a los que niegan que Jesús fue un verdadero hombre? II Juan 7 

 “Me han llegado cartas que afirman que Cristo no podría haber tenido la misma naturaleza que el hombre, pues si la hubiera tenido, habría caído bajo tentaciones similares. Si no hubiera tenido la naturaleza del hombre, no podría ser nuestro ejemplo. Si no hubiera sido participante de nuestra naturaleza, no podría haber sido tentado como lo ha sido el hombre. Si no le hubiera sido posible rendirse ante la tentación, no podría ser nuestro ayudador. Fue una solemne realidad que Cristo vino para reñir las batallas como hombre, en lugar del hombre.” –Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 286 

¿Por qué odia Satanás, el hecho de que Cristo se haya hecho hombre? Romanos 8:3; Mateo 1: 21

“Cristo llevó los pecados y las debilidades de la raza humana tal como existían cuando vino a la tierra para ayudar al hombre.  Con las debilidades del hombre caído sobre él, en favor de la raza humana había de soportar las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los que pudiera ser atacado el hombre.” – Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 314

“Estuvo sometido a las debilidades y flaquezas por las cuales está rodeado el hombre, “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.  Él se compadeció de nuestras debilidades, y en todo fue tentado como lo somos nosotros, pero “sin pecado”.” – Comentario Bíblico Adventista, tomo V, p. 1105 (Comentario de EGW).

NO EN APARIENCIA  

¿Tomó realmente nuestra naturaleza? Hebreos 2: 14;

“Cristo no tomó la naturaleza humana en forma aparente. La tomó de verdad. En realidad, poseyó la naturaleza humana. “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo” (Heb.2:14). Era el hijo de María; era de la simiente de David de acuerdo con la ascendencia humana. Se declara de él que era hombre, el hombre Cristo Jesús.” – Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 290

¿Por su encarnación, qué importante rol desempeña en favor de sus hermanos? I Timoteo 2:5

“Debemos centralizar nuestras esperanzas del cielo únicamente en Cristo, pues Él es nuestro Sustituto y Garante. Hemos transgredido la ley de Dios, y por las obras de la ley ninguna carne será justificada. Los mejores esfuerzos que pueda hacer el hombre con su propio poder son inútiles para responder ante la ley santa y justa que ha transgredido, pero mediante la fe en Cristo puede demandar la justicia del Hijo de Dios como plenamente suficiente. Cristo satisfizo las demandas de la ley en su naturaleza humana. Llevó la maldición de la ley en lugar del pecador, hizo expiación por él, a fin de que “todo aquel que en El cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo y el pecador es hecho vencedor con Cristo, pues se lo hace participante de la naturaleza divina, y así se combinan la divinidad y la humanidad.” – Fe y obras, pág. 97

EN NUESTRA NATURALEZA CAÍDA

¿Dado que su misión era rescatar a la humanidad, qué naturaleza tomó sobre sí? Hebreos 2: 16-17

“En nuestra humanidad, Cristo había de resarcir el fracaso de Adán.  Pero cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado.  Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad, así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo.  Estaba rodeado por las glorias del Edén, y se hallaba en comunión diaria con los seres celestiales.  No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para luchar con Satanás.  Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada.  Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de su degradación.” –  Deseado de todas las gentes, págs. 91-92.

 “Habría sido una humillación casi infinita para el Hijo de Dios revestirse de la naturaleza humana, aun cuando Adán poseía la inocencia del Edén. Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado. Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal para compartir nuestras penas y tentaciones, y darnos el ejemplo de una vida sin pecado.” –  Deseado de todas las gentes, pág. 32

¿Cómo le llaman las Escrituras a la encarnación? I Timoteo 3:16

“Este es el misterio de la piedad. Que Cristo haya tomado la naturaleza humana, y que por una vida de humillación eleve al hombre en la escala del valor moral junto a Dios; que pueda llevar la naturaleza que adoptó junto al trono de Dios, y que allí presente a sus hijos al Padre, confiriéndoles un honor que excede al que les ha otorgado a los ángeles, es la maravilla del universo celestial, el misterio que los ángeles desean contemplar. Este es el amor que quebranta el corazón del pecador.” —Hijos e Hijas de Dios, 24.

FUE TENTADO EN TODO, PERO NO PECÓ

¿Fue realmente tentado Cristo? Hebreos 4:15

“Cristo fue tentado en todo como nosotros; pero jamás contestó al tentador en una manera injuriosa.  A cada tentación, opuso la Palabra de Dios: “¡Escrito está!” Tal fue su arma infalible.  De la misma manera, nosotros, como representantes de Cristo, debemos contestar a cada golpe del adversario con la Palabra del Dios vivo.” – Testimonios Selectos, tomo V, pág. 182.

“Cristo fue tentado en todo como nosotros, pero no pecó.”­ A Fin de Conocerle, pág. 281.

“Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue ‘tentado en todo punto, así como nosotros.’  Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente. Como hombre, hizo frente a la tentación, y venció en la fuerza que Dios le daba.” –  Deseado de todas las gentes, págs. 15­16.

¿Podía haber caído? Hebreos 2:18

“Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la tentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición de Adán; no podría haber obtenido la victoria que Adán dejó de ganar. Si en algún sentido tuviésemos que soportar nosotros un conflicto más duro que el que Cristo tuvo que soportar, él no podría socorrernos. Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo. Se vistió de la naturaleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación. No tenemos que soportar nada que él no haya soportado.” –  Deseado de todas las gentes, pág. 92

“Si no hay una posibilidad de ceder, la tentación no es tentación. La tentación se resiste cuando el hombre se ve poderosamente persuadido a cometer la acción errónea; y, sabiendo que él puede cometerla, resiste por la fe, aferrándose firmemente del poder divino. Esta fue la prueba por la cual Cristo pasó. No podía haber sido tentado en todos los puntos como el hombre es tentado, si no existiera la posibilidad de fallar. Él era un agente libre, puesto a prueba, como lo fue Adán, y como lo es todo hombre. En sus horas finales, mientras colgaba en la cruz, experimentó en mayor grado lo que el hombre debe experimentar al luchar contra el pecado.” –  The Youth’s Instructor, 20 de julio de 1899.

NUESTRO EJEMPLO

¿Qué distingue a un verdadero cristiano? 1 Juan 2:6

“El ideal del carácter cristiano es la semejanza con Cristo. Como el Hijo del hombre fue perfecto en su vida, los que le siguen han de ser perfectos en la suya. Jesús fue hecho en todo semejante a sus hermanos. Se hizo carne, como somos carne. Tuvo hambre y sed, y sintió cansancio. Fue sostenido por el alimento y refrigerado por el sueño. Participó de la suerte del hombre, aunque era el inmaculado Hijo de Dios. Era Dios en la carne. Su carácter ha de ser el nuestro. El Señor dice de aquellos que creen en él: “Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo. II Corintios 6:16”  – Deseado de todas las gentes, pág. 278

Mediante su vida y ministerio en el santuario celestial ¿a qué naturaleza nos da acceso el Redentor? II Pedro 1:4

“Tomó nuestra naturaleza y venció, a fin de que nosotros, tomando su naturaleza, pudiésemos vencer. Hecho “en semejanza de carne de pecado,” Romanos 8:3 vivió una vida sin pecado. Ahora, por su divinidad, echa mano del trono del cielo, mientras que por su humanidad llega hasta nosotros. Él nos invita a obtener por la fe en él la gloria del carácter de Dios. Por lo tanto, hemos de ser perfectos, como nuestro “Padre que está en los cielos es perfecto.” – Deseado de todas las gentes, pág. 278

¿Estamos obligados a pecar? I Corintios 10:13

“Ningún hombre puede ser obligado a pecar.  Primeramente, debe ser ganado su propio consentimiento; el alma debe proponerse el acto pecaminoso antes de que la pasión pueda dominar a la razón o la iniquidad triunfar sobre la conciencia.  La tentación, por fuerte que sea, no es nunca excusa para pecar.” ­ Mensajes para los Jóvenes, pág.65.

“No tenemos motivo para conservar nuestras tendencias pecaminosas… A medida que nos hagamos partícipes de la naturaleza divina, se irán eliminando del carácter las tendencias al mal hereditarias y cultivadas, y nos iremos transformando en un poder viviente para el bien. Al aprender constantemente del Maestro divino, al participar diariamente de su naturaleza, cooperamos con Dios en vencer las tentaciones de Satanás.  Dios y el hombre obran de común acuerdo a fin de que éste pueda ser uno con Cristo, así como Cristo es uno con Dios.  Entonces nos sentaremos juntamente con Cristo en los lugares celestiales, y nuestra mente reposará en paz y seguridad en Jesús.” – Maranata, pág. 223.

Rebelión en la tierra

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Texto de meditación: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.” – Génesis 1:31

Identificando al Creador

¿Quiénes emprendieron la obra de la creación de la tierra? Génesis 1:1; Colosenses 1:15-17

“El padre y el Hijo emprendieron la grandiosa y admirable obra que habían proyectado: la creación del mundo. La tierra que salió de las manos del Creador era sumamente hermosa. Había montañas, colinas y llanuras, y entre medio había ríos, lagos y lagunas. La tierra no era una vasta llanura; la monotonía del paisaje estaba interrumpida por colinas y montañas, no altas y abruptas como las de ahora, sino de formas hermosas y regulares. No se veían las rocas escarpadas y desnudas, porque yacían bajo la superficie, como si fueran los huesos de la tierra. Las aguas se distribuían con regularidad. Las colinas, montañas y bellísimas llanuras estaban adornadas con plantas y flores, y altos y majestuosos árboles de toda clase, muchísimo más grandes y hermosos que los de ahora. El aire era puro y saludable, y la tierra parecía un noble palacio. Los ángeles se regocijaban al contemplar las admirables y hermosas obras de Dios.” – Historia de la redención, pág. 20

¿Cuánto tiempo les llevó esta tarea? Génesis 1:31; Éxodo 20:11 primera parte; Salmo 33:6,9

Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca…. Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.” Salmos 33:6, 9. La Sagrada Escritura no reconoce largos períodos en los cuales la tierra fue saliendo lentamente del caos. Acerca de cada día de la creación, las Santas Escrituras declaran que consistía en una tarde y una mañana, como todos los demás días que siguieron desde entonces. Al fin de cada día se da el resultado de la obra del Creador. Y al terminar la narración de la primera semana se dice: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron criados.” Génesis 2:4. Pero esto no implica que los días de la creación fueron algo más que días literales. Cada día se llama un origen, porque Dios originó o produjo en él una parte nueva de su obra.” – Patriarcas y profetas, pág. 103

“Aquí se expone con claridad el origen de la raza humana; y el relato divino está tan claramente narrado que no da lugar a conclusiones erróneas. Dios creó al hombre conforme a su propia imagen. No hay en esto misterio. No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas bajas de la vida animal o vegetal. Tales enseñanzas rebajan la obra sublime del Creador al nivel de las mezquinas y terrenales concepciones humanas.” – Patriarcas y profetas, pág. 25

¿Qué características tuvieron los primeros padres? Génesis 1:27

“Cuando Adán salió de las manos de su Creador era de noble talla y hermosamente simétrico. Era bien proporcionado y su estatura era un poco más del doble de la de los hombres que hoy habitan la tierra. Sus facciones eran perfectas y hermosas. Su tez no era blanca ni pálida, sino sonrosada, y resplandecía con el exquisito matiz de la salud. Eva no era tan alta como Adán. Su cabeza se alzaba algo más arriba de los hombros de él. También era de noble aspecto, perfecta en simetría y muy hermosa.” –  Historia de la redención, pág. 21

La tierra el dominio del hombre

¿Qué regalo les fue dado? Génesis 2:1-3

“Después que Dios hubo hecho el mundo en seis días, reposó y luego santificó y bendijo el día en que había reposado de todas sus obras que había creado y hecho. Puso aparte ese día especial para que el hombre descansase en él de su trabajo, a fin de que mientras mirase la tierra y los cielos, pudiese reflexionar que Dios había hecho todo esto en seis días y reposado en el séptimo, y que al contemplar las pruebas tangibles de la sabiduría infinita de Dios, su corazón se llenase de amor y reverencia hacia su Creador.” – Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 276

¿Qué mandato recibieron del Creador? Génesis 1:26

“Una vez creada la tierra con su abundante vida vegetal y animal, fue introducido en el escenario el hombre, corona de la creación para quien la hermosa tierra había sido aparejada. A él se le dio dominio sobre todo lo que sus ojos pudiesen mirar; pues, “dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree … en toda la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, varón y hembra los creó.” Génesis 1:26, 27…

“Adán fue colocado como representante de Dios sobre los órdenes de los seres inferiores. Estos no pueden comprender ni reconocer la soberanía de Dios; sin embargo, fueron creados con capacidad de amar y de servir al hombre. El salmista dice: “Hicístelo enseñorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: … asimismo las bestias del campo; las aves de los cielos, … todo cuanto pasa por los senderos de la mar.” Salmos 8:6-8.” – Patriarcas y profetas, pág.  25

Una prueba de fidelidad

¿Qué alimento le fue dado a Eva y a Adán? Génesis 1:29; 2:9,16 ¿Qué les fue prohibido comer? Génesis 2:17

“Para saber cuáles son los mejores comestibles tenemos que estudiar el plan original de Dios para la alimentación del hombre. El que creó al hombre y comprende sus necesidades indicó a Adán cuál era su alimento. “He aquí—dijo—que os he dado toda planta que da semilla…, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os será para comer”. Génesis 1:29. Al salir del Edén para ganarse el sustento labrando la tierra bajo el peso de la maldición del pecado, el hombre recibió permiso para comer también “plantas del campo” – Ministerio de Curación, pág. 227

“En medio del huerto, cerca del árbol de la vida, se alzaba el árbol del conocimiento del bien y del mal, destinado especialmente por Dios para ser una prenda de la obediencia, la fe y el amor de Adán y Eva hacia él. Refiriéndose a este árbol, el Señor ordenó a nuestros primeros padres que no comieran de él, ni lo tocaran, porque si lo hacían morirían. Les dijo que podían comer libremente de todos los árboles del huerto, menos de éste, porque si comían de él seguramente morirían.” – Historia de la redención, pág. 24

¿Pasaron la prueba? Génesis 3:1-6 primera parte

 “No siéndole posible continuar con su rebelión en el cielo, Satanás halló un nuevo campo de acción para su enemistad contra Dios, al tramar la ruina de la raza humana. Vio en la felicidad y en la paz que la santa pareja gozaba en el Edén el deleite que él había perdido para siempre. Estimulado por la envidia, resolvió inducirlos a desobedecer y atraer sobre sí la culpa y el castigo del pecado. Trataría de cambiar su amor en desconfianza, y sus cantos de alabanza en oprobio para su Creador. De esta manera no sólo arrojaría a estos inocentes seres en la desgracia en que él mismo se encontraba, sino que también ocasionaría deshonra para Dios y pesar en los cielos.” – Patriarcas y profetas, pág. 34

“A Adán y Eva se les permitió comer de todos los árboles de su hogar edénico, con excepción de uno. El Señor dijo a la santa pareja: El día que coman del árbol del bien y del mal, ciertamente morirán. Eva fue seducida por la serpiente y creyó que Dios no actuaría con ellos como había dicho.” – Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 103

¿Quién fue un instrumento en las manos de Satanás para el mal? Génesis 3:6 última parte ¿Qué le sucede a muchos hoy día? Mateo 10:37-38

“Y ahora, habiendo pecado, ella se convirtió en el agente de Satanás para labrar la ruina de su esposo. Con extraña y anormal excitación, y con las manos llenas del fruto prohibido, lo buscó y le relató todo lo que había ocurrido…

“Adán comprendió que su compañera había violado el mandamiento de Dios, menospreciando la única prohibición que les había sido puesta como una prueba de su fidelidad y amor. Se desató una terrible lucha en su mente. Lamentó haber dejado a Eva separarse de su lado. Pero ahora el error estaba cometido; debía separarse de su compañía, que le había sido de tanto gozo. ¿Cómo podría hacer eso?

“El amor, la gratitud y la lealtad al Creador, todo fue sofocado por amor a Eva. Ella era parte de sí mismo, y Adán no podía soportar la idea de una separación. No alcanzó a comprender que el mismo Poder infinito que lo había creado del polvo de la tierra y hecho de él un ser viviente de hermosa forma y que, como demostración de su amor, le había dado una compañera, podía muy bien proporcionarle otra. Adán resolvió compartir la suerte de Eva; si ella debía morir, él moriría con ella. Al fin y al cabo, se dijo Adán, ¿no podrían ser verídicas las palabras de la sabia serpiente? Eva estaba ante él, tan bella y aparentemente tan inocente como antes de su desobediencia. Le expresaba mayor amor que antes. Ninguna señal de muerte se notaba en ella, y así decidió hacer frente a las consecuencias. Tomó el fruto y lo comió apresuradamente.” – Patriarcas y profetas, págs. 39-40

Pérdidas dolorosas 

¿Qué llegó a ser Satanás para este mundo? Juan 12:3; 2 Corintios 4:4

 “La tierra originalmente dada al hombre como reino suyo, entregada alevosamente por él a las manos de Satanás, y durante tanto tiempo dominada por el poderoso enemigo, será recobrada por el gran plan de redención.”  – Patriarcas y profetas, pág. 16

¿Qué sucedió con el acceso al árbol de la vida? Génesis 3:22-24

“Adán y Eva y su posteridad perdieron el derecho al árbol de la vida a causa de su desobediencia. “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado”. Adán y Eva transgredieron la ley de Dios. Esto hizo necesario que fueran alejados del Edén y separados del árbol de la vida, pues al comer de él después de su transgresión, hubieran perpetuado el pecado. “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”. El hombre dependía del árbol de la vida para la inmortalidad, y el Señor tomó estas precauciones para que los hombres no comieran de ese árbol y vivieran para siempre, llegando a ser pecadores inmortales.” – Testimonios para los ministros, págs. 133-134

¿Qué lamentable consecuencia nos alcanza hasta hoy por causa del pecar? Romanos 6:23; 5:12

“La advertencia hecha a nuestros primeros padres: “Porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2:17), no significaba que morirían el mismo día en que comiesen del fruto prohibido, sino que ese día sería dictada la irrevocable sentencia. La inmortalidad les había sido prometida bajo condición de que fueran obedientes; pero mediante la transgresión perderían su derecho a la vida eterna. El mismo día en que pecaran serían condenados a muerte.” – Patriarcas y profetas, pág. 44

“La ley que fue dada al hombre en el Edén está registrada juntamente con la penalidad que la acompañaría en caso de que fuese desobedecida. Luego sigue la historia de la tentación y la caída, y el castigo infligido a nuestros padres cuando cayeron. Su ejemplo nos es dado como advertencia en lo que respecta a la desobediencia, a fin de que sepamos con seguridad que la paga del pecado es la muerte, que la justicia retributiva de Dios no se elude, y que él exige de los seres que ha creado una estricta obediencia a sus mandamientos.” – Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 438-439

Consecuencias en el matrimonio

¿Cuál era el propósito original de Dios, para la familia? Génesis 2:21-23

“Dios mismo dio a Adán una compañera. Le proveyó de una “ayuda idónea para él,” alguien que realmente le correspondía, una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría ser una sola cosa con él en amor y simpatía. Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía dominarle como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus plantas como un ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él. Siendo parte del hombre, hueso de sus huesos y carne de su carne, era ella su segundo yo; y quedaba en evidencia la unión íntima y afectuosa que debía existir en esta relación.” – Patriarcas y profetas, págs. 26-27

¿Qué sucedió después? Génesis 3:16; Efesios 5:22-24

“El esposo es la cabeza de la familia, como Cristo es la cabeza de la iglesia, y cualquier actitud asumida por la esposa que pueda disminuir la influencia y degradar su posición digna y responsable, desagrada a Dios. Es deber de la esposa renunciar a sus deseos y voluntad, en favor de su esposo. Ambos deben saber renunciar a sus gustos, pero la Palabra de Dios da la preferencia al criterio del esposo. Y la esposa no perderá dignidad al ceder así a aquel a quien ella eligió por consejero y protector. El esposo debe mantener su posición en la familia, con toda mansedumbre, y sin embargo con decisión.” – Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 276

Esclavos de Satanás y del pecado

¿Qué terrible condición posee el ser humano no redimido? Juan 8:34; Romanos 6:16

“No solo el ser humano sino también la tierra había caído por el pecado bajo el dominio del maligno, y había de ser restaurada mediante el plan de la redención. Al ser creado, Adán recibió el señorío de la tierra. Pero al ceder a la tentación, cayó bajo el poder de Satanás. Y “el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”. 2 Pedro 2:19. Cuando el hombre cayó bajo el cautiverio de Satanás, el dominio que antes ejercía pasó a manos de su conquistador. De esa manera Satanás llegó a ser “el dios de este siglo”. 2 Corintios 4:4. Él había usurpado el dominio que originalmente fue otorgado a Adán.” – Patriarcas y profetas, pág. 47

“La influencia de Satanás se ejerce constantemente sobre los hombres para enajenar los sentidos, dominar la mente para el mal e incitar a la violencia y al crimen. El debilita el cuerpo, obscurece el intelecto y degrada el alma… Mediante sus especiosas tentaciones, Satanás induce a los hombres a cometer males siempre peores, hasta provocar completa degradación y ruina.” –  Deseado de todas las gentes, pág. 308

Pecado, cómo tratar con el

“Ya basta con la actitud servil de los ministros nominales, y con suavizar las verdades definidas que reprochan el pecado.” (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 227)

“Si la gente está mal, y los dirigentes no levantan su voz contra esos males, los condenan; y en ese caso el pecado se carga tanto en la cuenta de ellos como en la de los ofensores.” (Testimonios para la iglesia, tomo 2, pág. 35)

“Algunos ministros e iglesias están tan ansiosos de tener un aumento en números que no dan su testimonio fielmente en contra de hábitos y prácticas no cristianas. No se enseña a los que aceptan la verdad que no pueden hallar seguridad en ser mundanos en su comportamiento y cristianos de nombre.” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 161)

“Los ministros de Cristo debieran levantarse y dedicarse con todas sus energías a llevar a cabo la obra de Dios. (…) Debieran censurar y desaprobar el mal y no permitir que un hermano viva en pecado.” (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 196)

Satanás engaña a muchos con la plausible teoría de que el amor de Dios hacia sus hijos es tan grande que excusará el pecado de ellos; (…) Nunca existió el perdón incondicional del pecado, ni existirá jamás.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 560)

La desconfianza en la bondad de Dios, la falta de fe en su palabra, el rechazo de su autoridad, fue lo que convirtió a nuestros primeros padres en transgresores, e introdujo en el mundo el conocimiento del mal.
(Educación, 25)

El pecado no sólo nos aparta de Dios, sino que destruye en el alma humana el deseo y la aptitud para conocerlo. La misión de Cristo consiste en deshacer toda esta obra del mal. El tiene poder para vigorizar y restaurar las facultades del alma paralizadas por el pecado, la mente oscurecida, y la voluntad pervertida.
(Educación, 29)

Toda vida tiene que sobrellevar sufrimientos, penas y preocupaciones como resultado del pecado.
(Educación, 295)

En Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiéramos pecado.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.17)

Cristo separa siempre del pecado al alma contrita. Vino para destruir las obras del diablo, y ha hecho provisión para que el Espíritu Santo sea impartido a toda alma arrepentida, para guardarla de pecar.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.277)

Y únicamente aquellos que vivan la vida de Cristo son sus colaboradores. Si se conserva un pecado en el alma, o se retiene una mala práctica en la vida, todo el ser queda contaminado. El hombre viene a ser un instrumento de iniquidad.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.279-280)

Si uno descuida el deber que Cristo ordenó en cuanto a restaurar a quienes están en error y pecado, se hace partícipe del pecado.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.408)

El que lavó los pies de Judas anhela lavar de cada corazón la mancha de pecado.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.613)

Se me ha mostrado que mucho pecado es resultado de la ociosidad. Las manos y las mentes activas no encuentran tiempo para ceder a toda tentación que el enemigo sugiere; pero las manos y los cerebros ociosos están totalmente preparados para ser dominados por Satanás. (Testimonios T1, 145)

No hay mayor engaño que pueda seducir a la mente humana que aquel de hacer creer a los hombres que están perfectamente bien y que Dios acepta sus obras cuando están pecando contra Él.
(Testimonios T1, 158)

Resulta imposible seguir una conducta errónea sin hacer sufrir a otros. (Testimonios T1, 183)

Como la enfermedad es el resultado de la violación de las leyes naturales, la decadencia espiritual es el resultado de una continua transgresión de la ley de Dios. Sin embargo, los mismos transgresores pueden profesar que guardan todos los mandamientos del Señor.
(Testimonios T1, 464)

Para cada trasgresión hay una sanción establecida.
(T2, 62)

No todos los pecados son delante de Dios de igual magnitud; hay diferencia de pecados a su juicio, como la hay a juicio de los hombres; sin embargo, aunque éste o aquel acto malo pueda parecer frívolo a los ojos de los hombres, ningún pecado es pequeño a la vista de Dios.
(Camino a Cristo, 28)

Si hay pecados evidentes entre su pueblo y los siervos de Dios permanecen indiferentes a ellos, están virtualmente apoyando y justificando al pecador; son igualmente culpables y recibirán seguramente el desagrado de Dios pues serán hechos responsables por los pecados del culpable.
(Testimonios para la iglesia, tomo TOMO 3, PÁG. p.265-266)

La idolatría del yo, es la fuente de todo pecado.
(Testimonios TOMO 3, PÁG. 296)

Nunca consideréis ni aun al pecador más empedernido fuera del alcance de Dios.
(Testimonios para la Iglesia tomo 4, pág. 528)

Los que estén dispuestos a morir antes que cometer un mal acto, son los únicos que serán hallados fieles.
(T5, 50)

Prefiramos la pobreza, el oprobio, la separación de nuestros amigos o cualquier sufrimiento, antes que contaminar el alma con el pecado. La muerte antes que el deshonor o la trasgresión de la ley de Dios, debiera ser el lema de todo cristiano. Como pueblo que profesa ser constituido por reformadores que atesoran las más solemnes y purificadoras verdades de la palabra de Dios, debemos elevar la norma mucho más alto de lo que está actualmente. El pecado y los pecadores que hay en la iglesia deben ser eliminados prestamente, a fin de que no contaminen a otros. La verdad y la pureza requieren que hagamos una obra más cabal para limpiar de de Acanes el campamento. No toleren en un hermano los que tienen cargos de responsabilidad. Muéstrenle que debe dejar sus pecados o ser separado de la iglesia.
(T5, 137)

El pecado de la calumnia comienza cuando se acarician malos pensamientos. (…)
Para no cometer pecado, tenemos que resistir sus mismos comienzos. Todo afecto y pasión han de sujetarse a la razón y a la conciencia. Todo pensamiento no santificado debe ser repelido inmediatamente.
(T5, 165)

Mis hermanos, os digo que un gran número de los que profesan creer, y aún enseñar la verdad, son esclavos del pecado.
(T5, 204)

Debéis siempre sentir que es pecado actuar en base a impulsos.
(T5, 395)

Cuando el error es evidente entre los hijos de Dios y sus servidores los consideran con indiferencia, implícitamente están apoyando y justificando al pecador, y son igualmente culpables, y lo mismo que ellos serán objeto del desagrado divino; además serán considerados responsables de los pecados de los culpables.
(T5, 633)

En la iglesia existen pecados que Dios odia, pero rara vez se mencionan por temor de crear enemigos.
(Spiritual Gifts, T2, p. 283-284)

Hay muchas cosas que nunca sabremos; pero lo que ha sido revelado responsabiliza y culpa a la iglesia a menos que haga un decidido esfuerzo para erradicar el mal. Limpiad el campamento, porque hay anatema en él…
(TESTIMONIOS PARA LOS MINISTROS, PÁG.428)

Jesús murió para hacernos un camino de salida, a fin de que pudiésemos vencer todo mal genio, todo pecado, toda tentación y sentarnos al fin con él.
(1JT, 43)

Aquellos que no sienten pesar por su propia decadencia espiritual ni lloran por los pecados ajenos quedarán sin el sello de Dios.
(2JT, 65)

No puede existir amor profundo por Jesús en el corazón que no comprende su propia perversidad. El alma que se haya transformado por la gracia de Cristo, admirará su divino carácter. Pero el no ver nuestra propia deformidad moral, es una prueba inequívoca de que no hemos llegado a ver la belleza y excelencia de Cristo.
(CC, 65)

La muerte antes que la deshonra o la trasgresión de la ley de Dios: Este debería ser el lema de todo cristiano.
(C.P. Jóvenes, 78)

Es mejor morir que pecar; es mejor padecer necesidad que defraudar; es mejor pasar hambre que mentir.
(EUD, 146 y 495)

Se han acariciado pecados que sin embargo no se han llevado a cabo por falta de oportunidad. La ley de Dios los registra todos ellos. Esos pecados ocultos, secretos forman el carácter.
(The Ellen G. White Materials, p. 374)

Los libros del cielo registran los pecados que se hubieran cometido si hubiese habido oportunidad.
(Signs of Times 31-7-1901; 5 CBA, 1061)

Cristo imputa su perfección y justicia al pecador creyente que no continúa en el pecado, sino que se aparta de la trasgresión para obedecer los mandamientos.
(Review & Herald 23-05-1899)

El único remedio contra el vicio es la gracia y el poder de Cristo.
(Temperancia, 94)

La ociosidad es pecado.
(Notas Biográficas, 96)

Nuestro Salvador enseñó que no se debe recibir en la iglesia a los que pecan voluntariamente; no obstante, unió consigo mismo a hombres de carácter defectuoso y les concedió el beneficio de sus enseñanzas y de su ejemplo, para que tuviesen oportunidad de ver sus faltas y enmendarlas.
(Cristo Triunfante, 323)

El pecado y los pecadores que hay en la iglesia deben ser eliminados prestamente, a fin de que no contaminen a otros.
(C. Salud, 628)

Si abrigáramos habitualmente la idea de que Dios ve y oye todo lo que hacemos y decimos, y que conserva un fiel registro de nuestras palabras y acciones, a las que deberemos hacer frente en el día final, temeríamos pecar.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 217)

En el tiempo de la angustia que vendrá inmediatamente antes de la venida de Cristo, los justos serán resguardados por el ministerio de los santos ángeles; pero no habrá seguridad para el trasgresor de la ley de Dios. Los ángeles no podrán entonces proteger a los que estén menospreciando uno de los preceptos divinos.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 261)

Antes que el cristiano peque abiertamente, se verifica en su corazón un largo proceso de preparación que el mundo ignora. La mente no desciende inmediatamente de la pureza y la santidad a la depravación, la corrupción y el delito. Se necesita tiempo para que los que fueron formados en semejanza de Dios se degraden hasta llegar a lo brutal o satánico.
(PP ,490)

Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de maldad a otro. (PP, 428)

La iniquidad del pueblo que profesa creer en Dios no quedará impune.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. ,632)

El pecado de David representaba mal el carácter de Dios, y echaba oprobio sobre su nombre.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. p. 779)

El alimento que Dios dio a Adán en su estado sin pecado es el mejor para el consumo del hombre que procura recuperar ese estado sin pecado. (JT, t1. 139)

Por el deseo de exaltación propia entró el pecado en el mundo.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 20)

A medida que una persona se siente persuadida a mirar a Cristo levantado en la cruz, percibe la pecaminosidad del ser humano. Comprende que es el pecado lo que azotó y Crucificó al Señor de la gloria. Reconoce que aunque se lo amó con cariño indecible, su vida ha sido un espectáculo continuo de ingratitud y rebelión Abandonó a su mejor Amigo y abusó del don más precioso del cielo. El mismo crucificó nuevamente al Hijo de Dios y traspasó otra vez su corazón sangrante y agobiado. Lo separa de Dios un abismo ancho, negro y hondo, y llora con corazón quebrantado.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 17)

No es la magnitud del acto de desobediencia lo que constituye el pecado, sino el desacuerdo con la voluntad expresa de Dios en el detalle más mínimo, porque demuestra que todavía hay comunión entre el alma y el pecado.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 48)

Dios no utiliza medidas coercitivas; el agente que emplea para expulsar el pecado del corazón es el amor. Mediante él, convierte el orgullo en humildad, y la enemistad y la incredulidad, en amor y fe.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 67)

Cuando sentimos que hemos pecado y no podemos orar; ese es el momento de orar.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 98)

La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y que ese vacío sea llenado por la gracia del Espíritu Santo.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 345)

Cualesquiera que sean las tendencias al mal, que hayamos heredado o cultivado, podemos vencerlas mediante la fuerza que Dios está pronto a darnos.
(Temperancia, 100)

Hay muchos que pretenden servir a Dios, pero que no lo conocen por experiencia. Su deseo de hacer la voluntad divina se basa en su propia inclinación, y no en la profunda convicción impartida por el Espíritu Santo. Su conducta no armoniza con la ley de Dios. Profesan aceptar a Cristo como su Salvador, pero no creen que él quiere darles poder para vencer sus pecados. No tienen una relación personal con un Salvador viviente, y su carácter revela defectos así heredados como cultivados.
Una cosa es manifestar un asentimiento general a la intervención del Espíritu Santo, y otra cosa aceptar su obra como reprendedor que nos llama al arrepentimiento. Muchos sienten su lejanía de Dios, comprenden que están esclavizados por el yo y el pecado; hacen esfuerzos por reformarse; pero no crucifican el yo. No se entregan enteramente en las manos de Cristo, buscando el poder divino que los habilite para hacer su voluntad. No están dispuestos a ser modelados a la semejanza divina. En forma general reconocen sus imperfecciones, pero no abandonan sus pecados particulares. Con cada acto erróneo se fortalece la vieja naturaleza egoísta.
(PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO, PÁG.. 29)

Cuando estemos revestidos por la justicia de Cristo, no tendremos ningún gusto por el pecado, pues Cristo obrará dentro de nosotros. Quizá cometamos errores, pero aborreceremos el pecado que causó los sufrimientos del Hijo de Dios.
(Mensajes Selectos, t1, 422)

No se debe hacer ninguna concesión a los malos hábitos o prácticas pecaminosas ni se debe transigir con ellos.
(Mensajes Selectos, t1, 445)

La religión liviana que hace del pecado algo de poca gravedad y que constantemente se detiene en el amor de Dios hacia el pecador, anima a éste a creer que Dios lo salvará mientras continúa en el pecado, sabiendo que es pecado.
(Mensajes Selectos, tomo 3, pág. 175)

Tan pronto como cometéis un pecado debéis correr al trono de gracia y contarle todo a Jesús. Debéis llenaros de dolor por el pecado, porque con el pecado habéis debilitado vuestra propia espiritualidad, agraviado a los ángeles del cielo y herido el amante corazón de vuestro Redentor.
(Mensajes Selectos, tomo 3, pág. 223)

La belleza de la naturaleza por si misma, aparta al alma del pecado y de las atracciones mundanas.
(Consejos Maestros, 178)

Cuando se estaba juzgando al Hijo de Dios, los judíos clamaron: “Quítale, crucifícale”; porque su vida pura y su enseñanza santa los convencían de pecado y los condenaban; y por la misma razón muchos claman en su corazón contra la Palabra de Dios. Muchos, aun entre los niños y jóvenes, han aprendido a amar el pecado.
(Consejos Maestros, 410)

La iniquidad que prevalece extensamente hoy puede atribuirse en cierta medida al hecho de que no se estudian ni se obedecen las Escrituras; porque cuando la Palabra de Dios es desechada, se rechaza su poder para refrenar las malas pasiones del corazón natural.
(PR. 460)

Muchos deciden servirse a si mismos y a Satanás al no hacer un esfuerzo decidido para superara sus defectos de carácter. Mientras muchos se lamentan de sus propensiones pecaminosas, esperando dominarlas en un tiempo futuro, están decidiéndose para la perdición.
(4 Testimonies for the Church, 343:02-344:0.)

Las iglesias nominales están llenas de fornicación y adulterio, crimen y asesinato, como resultado de la pasión licenciosa: pero estas cosas se mantienen cubiertas. Los ministros en altas posiciones son culpables; a pesar de que un manto de santidad cubre sus oscuras hazañas, y dejan pasar año tras año en su actitud hipócrita. Los pecados de las iglesias nominales han alcanzado el cielo, y el honesto de corazón será llevado a la luz y saldrá de ellos.
(2 Testimonies for the Church, 449)

Por medio del poder de Cristo, los hombres y mujeres han roto las cadenas de los hábitos pecaminosos.
(HA, 379)

Ningún hombre puede cubrir su alma con el manto de justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos o descuide deberes conocidos.
(Fe por la Cual Vivo, 117)

Cuanto más fervientes sean nuestros esfuerzos para alcanzar la santidad del corazón y la vida, tanto más aguda será nuestra percepción del pecado, y más decididamente lo desaprobaremos. Debemos ponernos en guardia contra la indebida severidad hacia el que hace mal; pero también debemos cuidar de no perder de vista el carácter excesivamente pecaminoso del pecado.
(OE, 30-31)

Si Cristo está en nosotros crucificaremos la carne con sus pasiones y concupiscencias.
(OE, 48)

La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce obediencia. La presunción se apoya también en las promesas, pero las emplea como las empleó Satanás, para disculpar la trasgresión. (…)
La presunción indujo a nuestros primeros padres a violar su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado.
(OE, 274)

Cristo prometió que el Espíritu Santo habitaría en aquellos que luchasen para obtener la victoria sobre el pecado.
(OE, 303)

La ley de Dios condena no solamente lo que hemos hecho, sino lo que dejamos de hacer.
(Manuscrito 30, 1889)

Los que estén dispuestos a morir antes que cometer un acto malo, serán los únicos a quienes se considerará fieles.
(MAR, 80)

La experiencia incierta de muchos profesos cristianos-que pecan y se arrepienten y continúan en esa condición espiritual empequeñecida- es el resultado de la mundanalidad y la impiedad en la vida. Se provee gracia salvadora de Cristo para la vida diaria. Cristo no vino a salvar a los hombres en sus pecados sino de sus pecados.
(ATO, 20)

La religión que hace del pecado un asunto liviano, espaciándose en el amor de Dios hacia el pecador sin tener en cuenta sus acciones, estimula al pecador a creer que Dios lo salvará mientras continúa en lo que sabe que es pecado.
(Cristo Triunfante, 83)

Satanás engaña a muchos con la sugestiva teoría de un amor divino tan grande que excusará todos sus pecados.
(Cristo Triunfante, 141)

Cristo puede salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a él con fe. Si se lo permiten, los limpiará de toda contaminación; pero si se aferran a sus pecados no hay posibilidad de ser salvos, pues la justicia de Cristo no cubre los pecados por los cuales no ha habido arrepentimiento. Dios ha declarado que aquellos que reciben a Cristo como a su Redentor, aceptándolo como Aquel que quita todo pecado, recibirán el perdón de sus transgresiones.
(MS 142, 1899; CBA7, 942)

Por causa del pecado, Satanás fue expulsado del cielo; y ningún hombre que consienta o fomente el pecado puede ir al cielo, porque entonces Satanás tendría nuevamente entrada allí.
(4T, 346; La Segunda Venida y el Cielo, 179)

La iglesia es en gran medida responsable por los pecados cometidos por sus miembros. Presta apoyo al mal si no alza su voz contra él.
(Southern Watchman, 10 de mayo 1904)

El acto de tentar es de Satanás, pero el de ceder es vuestro. Toda la hueste de Satanás no tiene poder para forzar al tentado a ceder. No hay excusa para el pecado.
(MENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 428)

Sólo Dios pone enemistad contra el pecado en el corazón humano.
(Manuscrito 5, 5 enero 1904)

Para el pecado, dondequiera que se encuentre, “nuestro Dios es fuego consumidor.” En todos los que se someten a su poder, el Espíritu de Dios consumirá el pecado. Pero si los hombres se aferran al pecado, llegan a identificarse con él. Entonces la gloria de Dios que destruye el pecado, debe destruirlos a ellos también.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.82,83)

Si cerramos nuestros ojos a la luz por temor a ver nuestros errores, que no estamos dispuestos a abandonar, nuestros pecados no resultan disminuidos, sino aumentados.
(CONSEJOS SOBRE EL RÉGIMEN ALIMENTICIO, PÁG. 51)

Un solo descuido de las elevadas exigencias del deber, puede ser el comienzo de un proceder engañoso que os puede llevar a las filas de Satanás, aunque profeséis todo el tiempo amar a Dios y su causa.
(Evangelismo, 494)

Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativamente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial.
(EL CONFLICTO DE LOS SIGLOS, PÁG.474)

El poder que tenemos para vencer a Satanás es el resultado de que Cristo more en nosotros para así hacer su voluntad y las cosas que le agradan.
(Testimonios para la iglesia, tomo 6, pág.  399)

Si albergáis o excusáis el pecado, estáis sellando el destino de vuestra alma.
(Testimonios para la iglesia, tomo 6, pág.  405)

La historia de Acán enseña la solemne lección de que por el pecado de un hombre, el desagrado de Dios recaerá sobre un pueblo o una nación hasta que la transgresión sea descubierta y castigada. El pecado es corruptor por naturaleza. Un hombre infectado de esa lepra mortal puede transmitir la mancha miles. Los que ocupan posiciones de responsabilidad como guardianes del pueblo, traicionan la confianza depositada en ellos si no son fieles en buscar, descubrir y reprender el pecado. . .
(Conflicto y Valor, 120)

La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y el llenado del vacío con los dones del Espíritu Santo.
(PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO, PÁG., 345)

Es el Espíritu Santo el que convence de pecado, y con el consentimiento del ser humano, lo expele del corazón.
(Our High Calling, 152)

El olvido es pecado. (ver párrafo)
(Testimonios para la iglesia, tomo 3, pág.18)

Dios considera a su pueblo como un cuerpo, responsable por los pecados que existen en los individuos que están entre ellos. Si los dirigentes de la iglesia descuidan la investigación diligente de los pecados que traen el desagrado de Dios sobre el cuerpo, llegan a ser responsables por estos pecados.
(Testimonios para la Iglesia TOMO 3, PÁG. 298)

La compasión ciega transige con el pecado y permite que el mal obrar acarree oprobio a la causa de Dios.
(Testimonios para la Iglesia TOMO 4, PÁG. 222)

La eliminación de las manchas del pecado requiere la obra de toda una vida. Cada día se necesita hacer esfuerzos renovados para refrenar el yo y negarlo. Cada día hay nuevas batallas que pelear y victorias que ganar. Cada día el alma debe ejercitarse en fervientes súplicas ante Dios por las grandes victorias de la cruz.
(Testimonios para la Iglesia, TOMO 4, PÁG. 421,422)

Cada indulgencia en el pecado debilita el alma; y abre la puerta para que Satanás entre y tome el control de la mente, haciendo del individuo su siervo efectivo.
(Signs of Times, 27 marzo, 1884)

El ojo del Señor está sobre toda la obra, todos los planes, todas las imaginaciones de toda mente; él ve debajo de la superficie de las cosas, discierne los pensamientos y las Intenciones del corazón. No hay un hecho de tinieblas, no hay un plan, no hay una imaginación del corazón, no hay un pensamiento de la mente, que él no lea como un libro abierto. Todo hecho, toda palabra, todo motivo, es fielmente registrado en los libros por el gran Escudriñador del corazón que dijo: “Yo conozco tus obras”.
(TESTIMONIOS PARA LOS MINISTROS, PÁG.471,472)

Todo hábito que destruye las energías físicas, mentales o espirituales, es pecado.
(MINISTERIO DE CURACIÓN, PÁG.76-77)

Satanás está trabajando con todo su poder engañador para entrampar al mundo. Los hace creer que el gran sacrificio hecho por el Hijo fue hecho para abolir la Ley de Dios. Él representa a Cristo como opuesto a la Ley del gobierno de Dios en el cielo y en la tierra. (…) La muerte del amado Hijo de Dios muestra la inmutabilidad de La ley. Su muerte magnifica la Ley y la hace más honorable, y da evidencia a los hombres de su carácter inmutable. De sus propios labios se escuchan las palabras, “No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas; No he venido a destruir sino a cumplir.” La muerte de Cristo justifica las demandas de la ley.
Pero la doctrina de los Nicolaitas se ha extendido diciendo que el Evangelio de Cristo ha dejado sin efecto la Ley de Dios; que “creyendo” somos librados de la necesidad de ser hacedores de la palabra. Pero esta es la doctrina de los Nicolaitas, la cual Cristo condenó tan severamente. Aquellos que enseñan esta doctrina tienen mucho que decir sobre la fe y la justificación de Cristo; pero ellos pervierten la verdad, y la hacen servir para la causa del error.
Declaran que nosotros sólo tenemos que creer en Jesucristo, y que la fe es suficiente; que la justicia de Cristo es la credencial del pecador; que esta justicia imputada cumple la ley por nosotros, y que no estamos en la obligación de obedecer la ley de Dios.
(Signs of Times, 25 febrero, 1897)

Cometer actos que desagradan a Dios, a no ser que haya un arrepentimiento y un abandono en vez de tartar de justificarlos, lleva al transgresor paso a paso al engaño hasta que se cometan muchos pecados con impunidad.
(Manuscrito Liberado, 1305)

La mente se educa en la familiaridad con el pecado.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 490,491)

El arrepentimiento, la confesión de los pecados y el nuevo nacimiento

Creemos que por la influencia de la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo, el ser humano llega al reconocimiento de su condición perdida. Salmos 32:1-5; 51:3, 4; Juan 16:7, 8.

“El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado, y abandono del mismo. … Pero cuando el corazón cede a la influencia del Espíritu de Dios, la conciencia se vivifica y el pecador discierne algo de la profundidad y santidad de la sagrada ley de Dios, fundamento de su gobierno en los cielos y la tierra. … No renunciamos al pecado a menos que veamos su pecaminosidad. Mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en nuestra vida.” –El Camino a Cristo, págs. 23, 24. Ver 2 Corintios 7:10.

No podemos ni siquiera arrepentirnos sin que el Espíritu Santo despierte nuestra conciencia, así como tampoco podemos recibir perdón de nuestros pecados sin Cristo.

Confesión de los pecados
Creemos que todos los que confiesan su iniquidad, reciben perdón y justificación, pues Jesús por medio de su sangre ruega en favor de cada alma arrepentida. 1 Juan 1:9; 2:1.

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

“El Señor no nos exige que hagamos alguna cosa penosa para obtener el perdón de nuestros pecados. No necesitamos hacer largas y cansadoras peregrinaciones, ni ejecutar duras penitencias, para encomendar nuestras almas al Dios de los cielos o para expiar nuestras transgresiones, sino que todo aquel que confiese su pecado y se aparte de él alcanzará misericordia. … La verdadera confesión es siempre de un carácter específico y reconoce pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que sólo puedan presentarse delante de Dios. Pueden ser males que deban confesarse individualmente a los que hayan sufrido daño por ellos; pueden ser de un carácter público, y en ese caso deberán confesarse públicamente. Pero toda confesión debe hacerse definida y directa, para reconocer en forma definida los pecados de los que uno sea culpable.” –El Camino a Cristo, págs. 37, 38.

Nuevo nacimiento
Creemos que un ser humano que entrega su vida a Jesucristo y le acepta como su Salvador personal experimentará el nuevo nacimiento. Juan 1:12-13.

“Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida. Los pensamientos pecaminosos son puestos a un lado, las malas acciones son abandonadas; el amor, la humildad y la paz, reemplazan a la ira, la y las contenciones. La alegría reemplaza a la tristeza, y el rostro refleja la luz del cielo. … La bendición viene cuando por la fe el alma se entrega a Dios. Entonces ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios.” -El Deseado de Todas las Gentes, pág. 144.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“El contraste entre lo que eran antes y lo que son ahora será muy claro e inequívoco. … “En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones.” –El Camino a Cristo, págs. 58, 59.

“En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y rebelión a la obediencia y a la lealtad. Terminó su antigua vida de separación con Dios; y comenzó la nueva vida de reconciliación, fe y amor.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 521.

“La regeneración es el único sendero que da acceso a la ciudad de Dios.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 292. (Juan 3:3-8; 1:12, 13; 1 Pedro 1:23; Santiago 1:18; 2 Pedro 1:3, 4.)

“Cuando estemos revestidos por la justicia de Cristo, no tendremos ningún gusto por el pecado, pues Cristo obrará dentro de nosotros. Quizá cometamos errores, pero aborreceremos el pecado que causó los sufrimientos del Hijo de Dios.” Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 422

El cristiano nacido de nuevo, no sigue pecando voluntariamente, porque Cristo lo ha libertado (Romanos 8:2) y le ayuda a ser vencedor (Filipenses 4:13)

El estado del hombre y el ofrecimiento de la gracia

Creemos que en su estado natural sin Cristo, y por su desobediencia, el ser humano se encuentra separado de Dios (Isaías 59:2) y ha sido destituido de su gloria (Romanos 3:23) y convertido en esclavo del pecado (Romanos 6:17), sujeto a la muerte (Romanos 6:23)

“Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión, que ya no pudo -por su propia fuerza- resistir el poder del mal. … Por su caída el hombre se enajenó de Dios y la tierra quedó separada del cielo. A través del abismo existente entre ambos no podía haber comunión alguna.” –El Camino a Cristo, págs. 23, 26.

“Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 559.

“El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por sí mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza es bondad y pureza.” –Patriarcas y Profetas, pág. 49.

Por lo cual la situación de todas las personas se ha tornado desesperada. Romanos 5:12; 3:10-12; 6:23; Salmo 51:5; Mateo 15:18-20; Gálatas 5:19-21; Romanos 7:18-20.

Sin embargo, negamos la doctrina católica del pecado original. Creemos que se nace con tendencia al mal, mas no, en pecado.

“Hay muchos que en su corazón murmuran contra Dios. Dicen: “Hemos heredado la naturaleza caída de Adán, y no somos responsables por nuestras imperfecciones naturales”. Ven falta en los requerimientos divinos, y se quejan de que Dios demanda aquello que ellos no tienen el poder para dar. Satanás hizo la misma queja en el cielo, pero esos pensamientos deshonran a Dios.” (Signs of the Times, 29 agosto 1892)

El ofrecimiento de la gracia
Creemos que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo a este mundo para salvar a la humanidad, y aunque por doquier reinaba la corrupción y la rebeldía, ya había sido previsto un camino para salvar al hombre. Efesios 1:4; 2:8; 1 Pedro 1:19, 20.

Jesucristo nació como hombre y fue obediente a su Padre en todas las cosas. Por su vida y su muerte vicaria fue creada la base de la reconciliación y redención. Fue resucitado para nuestra justificación, y ascendió al cielo para reconciliar al pecador arrepentido con Dios y justificarlo en el Santuario celestial, por medio de su sangre derramada y su justicia. Por su gracia, como regalo inmerecido, el perdona nuestros pecados y nos restaura a su reino (Juan 1:17; Hebreos 4:16)

A través de esta acción salvadora se muestra la justicia y la bondad de Dios. Nuestro pecado fue condenado en Cristo, y al mismo tiempo nos fue mostrado el camino del perdón. Romanos 3:24.

“Lo que Dios nos indica y concede es ilimitado. El trono de la gracia es en sí mismo la atracción más elevada, porque está ocupado por Uno que nos permite llamarle Padre. … Tan pronto como un hijo de Dios se acerca al propiciatorio, llega a ser cliente del gran Abogado. Cuando pronuncia su primera expresión de penitencia y súplica de perdón, Cristo acepta su caso y lo hace suyo, presentando la súplica ante su Padre como su propia súplica. A medida que Cristo intercede en nuestro favor, el Padre abre los tesoros de su gracia para que nos los apropiemos, para que los disfrutemos y los comuniquemos a otros.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, págs. 29, 30.

Creemos que por medio de la gracia nos convertimos en hijos de Dios, y que ésta obra nuestra redención, nuevo nacimiento y aceptación como coherederos con Cristo. Tito 2:11; Juan 1:16; 1 Pedro 1:13.

La gracia es un favor inmerecido. Consiste en que Dios entregó a su Hijo a la muerte en lugar nuestro, para que por su sangre derramada y su justicia, el pecador penitente pueda subsistir ante Dios. Juan 1:7.

Cristo nuestra Justicia
Creemos que sin la justicia de Jesucristo ningún ser humano mortal puede subsistir ante el Dios santo. El profeta Isaías se expresa del siguiente modo: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; …” (Isaías 64:6).

Para aclarar este asunto importante en nuestra vida de fe, citamos a continuación algunos Testimonios:

“Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley santa. No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. Pero Cristo nos preparó una vía de escape. Vivió en esta tierra en medio de pruebas y tentaciones como las que nosotros tenemos que arrostrar. Sin embargo, su vida fue impecable. Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar nuestros pecados y vestirnos de su justicia.” –El Camino a Cristo, pág. 62. Romanos 5:1; 1:16, 17; 3:23, 24.

“’¿Qué es justificación por la fe? Es la obra de Dios de echar al polvo la gloria del hombre y hacer por él lo que no está en su poder hacer por sí mismo. Cuando los hombres reconocen entonces su propia nulidad, están preparados para ser revestidos con la justicia de Cristo.’ Review and Herald, 16 de septiembre de 1902.” .

“Así tienen remisión de los pecados pasados, por la paciencia de Dios. Más que esto, Cristo imparte a los hombres atributos de Dios. Edifica el carácter humano a la semejanza del carácter divino y produce una hermosa obra espiritualmente fuerte y bella. Así la misma justicia de la ley se cumple en el que cree en Cristo.” –El Deseado de Todas las Gentes, págs. 710-711.

“Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.” –Palabras de Vida del Gran Maestro, págs. 253-254.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. … ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:1, 34; Jeremías 33:15,16)

.“’La justicia por la cual somos justificados se nos atribuye. La justicia por la cual seremos santificados nos será concedida. La primera nos hace pretendientes del cielo y la segunda nos hace apropiados para entrar en él.’ Review and Herald, 4 de junio de 1895.” –Cristo Nuestra Justicia, por A.G. Daniells, pág. 82.

¿Cuál es nuestra condición espiritual natural?

Qué hay dentro de nosotros que nos lleva a pecar?

condicion“Porque el ocuparse de la carne es muerte . . . Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:6-8; comparar con Tito 1:15; Isaías 55:7-8).

Como seres humanos, preferimos hacer las cosas a nuestra manera. A consecuencia de ello, fácilmente podemos adquirir, ya sea conscientemente o no, un resentimiento hacia la autoridad de Dios sobre nosotros (Colosenses 1:21). Esto es especialmente cierto cuando sus instrucciones nos prohíben hacer lo que queremos.

Es fácil, generalmente sin darnos cuenta, convertir estos resentimientos —nuestra hostilidad subyacente hacia lo que podemos percibir como una injerencia desconsiderada de Dios en nuestros asuntos— en una resistencia activa contra sus mandamientos. Simplemente comenzamos a hacer caso omiso de algunas de sus leyes o a reinterpretarlas de tal forma que se ajusten a nuestra propia perspectiva. Así es cómo funciona nuestra naturaleza pecaminosa,más comúnmente llamadanaturaleza humana. Estas actitudes erróneas comienzan en nuestra mente.

Generalmente nuestras actitudes de resentimiento o desobediencia pasan inadvertidas para nosotros hasta el punto en que nos engañamos diciéndonos que no existen. Jeremías comentó: “Nada hay tan engañoso y perverso como elcorazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo?” (Jeremías 17:9, Versión Popular). Fácilmente nos engañamos y creemos que no estamos haciendo nada malo. Esto es lo que las Escrituras nos dicen: “Cada hombre tiene ante sí un amplio y agradable camino que parece bueno, pero que termina en muerte” (Proverbios 14:12, La Biblia al Día). Nos cegamos ante la gravedad de nuestros propios pecados.

Cada uno de nosotros tiene que enfrentarse con el problema de una mente pecaminosa y engañosa. No hay excepciones. La resistencia a las instrucciones de Dios comienza en nuestros pensamientos y actitudes. Todos hemos pecado. Todos somos culpables.

¿Reconoció Pablo su naturaleza pecaminosa?

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí” (Romanos 7:14-17).

Pablo entendía muy bien su naturaleza humana y lo engañosa que podía ser. Siendo judío, desde niño se le había enseñado a hacer lo que era correcto. Era consecuente con la educación que había recibido. Sin embargo, cuando Jesucristo le abrió el entendimiento para que se viera a sí mismo como era en realidad, reconoció que estaba engañado con respecto a su propia justicia. Podía ver que había pecado en muchas formas, tanto en acción como en actitud.

Así que concluyó: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (vv. 18-21).

Pablo no se había propuesto pecar deliberadamente. Sin embargo, podía mirar hacia atrás en su vida y reconocer que muchas cosas que había hecho eran de verdad pecaminosas, aunque en aquel tiempo no había entendido que eran erróneas y contrarias a la voluntad de Dios. Al describir su ceguera ante sus propias acciones pecaminosas y su debilidad para resistir al pecado, también estaba describiendo a cada uno de nosotros.

¿Debemos reconocer nuestros pecados y afrontarlos?

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8-10; comparar con Santiago 1:13-15).

Una de nuestras grandes dificultades es reconocer que nuestras actitudes y acciones con frecuencia no son correctas a los ojos de Dios. Podemos convencernos que nuestros propios caminos son buenos y justos. Pero para convertirnos verdaderamente —volvernos a Dios con todo el corazón— debemos examinar cuidadosa y concienzudamente nuestros verdaderos motivos. Debemos reconocer que todos somos susceptibles a deseos que encuentran cabida en nuestro pensamiento y nos incitan al pecado.

Jesús explicó que lo que es más importante para nosotros es lo que suele determinar nuestras acciones. Para dar un ejemplo habló acerca de la codicia: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:13-15).

Lo que más apreciamos determina la forma en que nos comportamos. Cuando nuestro juicio está errado tratamos de justificar nuestra perspectiva y comportamiento, engañándonos a nosotros mismos (Santiago 1:22-24).

¿Cuál es una forma común de autoengaño?

“Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres . . . Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:6-9; comparar con Colosenses 2:8).

Las tradiciones que no están sólidamente afirmadas en los principios y las leyes de Dios, con frecuencia nos dan excusas para pecar. Ya que parece que todos los demás las practican, tendemos a preguntarnos: ¿Cómo pueden ellos estar equivocados?

Pero en muchas ocasiones sí están equivocados. Jesús mostró que las tradiciones religiosas más populares, que bien pueden tener apariencia justa, pueden realmente disimular el pecado. “Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mateo 15:4-6).

Una de las razones por las cuales murió Jesucristo por nosotros fue para pagar la pena que merecíamos por seguir tradiciones contrarias a las Escrituras. El apóstol Pedro lo confirma: “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados devuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:17-19). Es importante que examinemos las tradiciones que seguimos para que estemos seguros de que no están en conflicto con la palabra de Dios.

¿Cuál es nuestra condición espiritual natural?

Qué hay dentro de nosotros que nos lleva a pecar?

“Porque el ocuparse de la carne es muerte . . . Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:6-8; comparar con Tito 1:15; Isaías 55:7-8).

Como seres humanos, preferimos hacer las cosas a nuestra manera. A consecuencia de ello, fácilmente podemos adquirir, ya sea conscientemente o no, un resentimiento hacia la autoridad de Dios sobre nosotros (Colosenses 1:21). Esto es especialmente cierto cuando sus instrucciones nos prohíben hacer lo que queremos.

Es fácil, generalmente sin darnos cuenta, convertir estos resentimientos —nuestra hostilidad subyacente hacia lo que podemos percibir como una injerencia desconsiderada de Dios en nuestros asuntos— en una resistencia activa contra sus mandamientos. Simplemente comenzamos a hacer caso omiso de algunas de sus leyes o a reinterpretarlas de tal forma que se ajusten a nuestra propia perspectiva. Así es cómo funciona nuestra naturaleza pecaminosa,más comúnmente llamadanaturaleza humana. Estas actitudes erróneas comienzan en nuestra mente.

Generalmente nuestras actitudes de resentimiento o desobediencia pasan inadvertidas para nosotros hasta el punto en que nos engañamos diciéndonos que no existen. Jeremías comentó: “Nada hay tan engañoso y perverso como elcorazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo?” (Jeremías 17:9, Versión Popular). Fácilmente nos engañamos y creemos que no estamos haciendo nada malo. Esto es lo que las Escrituras nos dicen: “Cada hombre tiene ante sí un amplio y agradable camino que parece bueno, pero que termina en muerte” (Proverbios 14:12, La Biblia al Día). Nos cegamos ante la gravedad de nuestros propios pecados.

Cada uno de nosotros tiene que enfrentarse con el problema de una mente pecaminosa y engañosa. No hay excepciones. La resistencia a las instrucciones de Dios comienza en nuestros pensamientos y actitudes. Todos hemos pecado. Todos somos culpables.

¿Reconoció Pablo su naturaleza pecaminosa?

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí” (Romanos 7:14-17).

Pablo entendía muy bien su naturaleza humana y lo engañosa que podía ser. Siendo judío, desde niño se le había enseñado a hacer lo que era correcto. Era consecuente con la educación que había recibido. Sin embargo, cuando Jesucristo le abrió el entendimiento para que se viera a sí mismo como era en realidad, reconoció que estaba engañado con respecto a su propia justicia. Podía ver que había pecado en muchas formas, tanto en acción como en actitud.

Así que concluyó: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (vv. 18-21).

Pablo no se había propuesto pecar deliberadamente. Sin embargo, podía mirar hacia atrás en su vida y reconocer que muchas cosas que había hecho eran de verdad pecaminosas, aunque en aquel tiempo no había entendido que eran erróneas y contrarias a la voluntad de Dios. Al describir su ceguera ante sus propias acciones pecaminosas y su debilidad para resistir al pecado, también estaba describiendo a cada uno de nosotros.

¿Debemos reconocer nuestros pecados y afrontarlos?

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8-10; comparar con Santiago 1:13-15).

Una de nuestras grandes dificultades es reconocer que nuestras actitudes y acciones con frecuencia no son correctas a los ojos de Dios. Podemos convencernos que nuestros propios caminos son buenos y justos. Pero para convertirnos verdaderamente —volvernos a Dios con todo el corazón— debemos examinar cuidadosa y concienzudamente nuestros verdaderos motivos. Debemos reconocer que todos somos susceptibles a deseos que encuentran cabida en nuestro pensamiento y nos incitan al pecado.

Jesús explicó que lo que es más importante para nosotros es lo que suele determinar nuestras acciones. Para dar un ejemplo habló acerca de la codicia: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:13-15).

Lo que más apreciamos determina la forma en que nos comportamos. Cuando nuestro juicio está errado tratamos de justificar nuestra perspectiva y comportamiento, engañándonos a nosotros mismos (Santiago 1:22-24).

¿Cuál es una forma común de autoengaño?

“Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres . . . Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:6-9; comparar con Colosenses 2:8).

Las tradiciones que no están sólidamente afirmadas en los principios y las leyes de Dios, con frecuencia nos dan excusas para pecar. Ya que parece que todos los demás las practican, tendemos a preguntarnos: ¿Cómo pueden ellos estar equivocados?

Pero en muchas ocasiones sí están equivocados. Jesús mostró que las tradiciones religiosas más populares, que bien pueden tener apariencia justa, pueden realmente disimular el pecado. “Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mateo 15:4-6).

Una de las razones por las cuales murió Jesucristo por nosotros fue para pagar la pena que merecíamos por seguir tradiciones contrarias a las Escrituras. El apóstol Pedro lo confirma: “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados devuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:17-19). Es importante que examinemos las tradiciones que seguimos para que estemos seguros de que no están en conflicto con la palabra de Dios.

¿Qué es el arrepentimiento?

¿Qué es lo que a los ojos de Dios demuestra que nuestro arrepentimiento es genuino?

“Y [Juan el Bautista] decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento . . . todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego” (Lucas 3:7-9).

“Sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20).

El arrepentimiento genuino produce un cambio en nuestra forma de vida, aun la forma en que pensamos. Aquellos que dicen que se arrepienten, pero no producen “frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8), se engañan a sí mismos. “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan . . .” (Tito 1:16). “Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:23-25).

¿Cuál es la actitud de una persona que se ha arrepentido verdaderamente?

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).

“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

El verdadero arrepentimiento es algo más que sólo reconocer que hemos estado errados. Aun el deseode obrar mal debe volverse algo repugnante para nosotros. Dios quiere que aborrezcamos el mal (Proverbios 8:13), especialmente el mal que hemos llegado a reconocer en nosotros.

Debemos desear con todas las fuerzas que Dios cambie nuestros corazones. Al igual que el antiguo rey David, debemos pedirle a Dios que cree en nosotros un corazón limpio y un espíritu recto (Salmos 51:10). Debemos vernos como pecadores y sentir genuino remordimiento. Debemos reconocer que nuestros pecados se originan en los pensamientos, con frecuencia motivados por orgullo y egoísmo, ira y celos, o lujuria y codicia, es decir, por nuestra naturaleza humana.

¿Confirmó Jesús que el pecado comienza en el corazón?

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23).

Algunas de estas características propias de la naturaleza humana pueden resaltar más que otras. Sin embargo, si le pedimos a Dios sinceramente que abra nuestros ojos para vernos como somos, podremos reconocer en nosotros muchas actitudes y comportamientos que las Escrituras definen como pecaminosos. Luego, debemos ir a Dios en oración, pidiéndole el poder que necesitamos para volvernos de esos caminos y reemplazarlos con su naturaleza y su carácter tal como están definidos en las Sagradas Escrituras.

¿Incluye el arrepentimiento un cambio en nuestra actitud hacia los pecados que otros cometen en contra nuestra?

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas” (Marcos 11:25-26).

“Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:3-4).

Debido a que las leyes de Dios están basadas en amarlo a él y amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos (Marcos 12:30-31), el perdonar a otros es una parte importante de nuestro arrepentimiento. Jesús enseñó: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28).

La importancia del arrepentimiento

Ya hemos aprendido que el arrepentimiento consiste en volvernos del pecado y rendir nuestras vidas a Dios. El arrepentimiento comienza con el llamado de Dios, cuando nos abre la mente para que podamos entender correctamente las Sagradas Escrituras. Luego debemos pedirle su ayuda y comenzar a estudiarlas para darnos cuenta de qué es lo que necesitamos cambiar. Hacemos esto al comparar nuestras creencias, conducta, tradiciones y pensamientos con la Santa Biblia. La palabra de Dios es el único parámetro confiable por el que podemos medir nuestras actitudes y comportamiento.

Es necesario que nos examinemos a nosotros mismos para que nuestro arrepentimiento sea genuino, y eso puede tomar bastante tiempo, especialmente si no estamos familiarizados con las Escrituras. Veamos lo que la Biblia dice acerca del verdadero arrepentimiento y su importancia en nuestra relación con Dios.

¿Enfatizó Jesús la importancia del arrepentimiento?

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32).

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15; comparar con Mateo 4:17).

Jesús enseñó que lo más importante para nosotros debe ser entrar en el Reino de Dios (Mateo 6:33). Desde el principio de su ministerio hizo énfasis en que el arrepentimiento es indispensable para alcanzar esta meta.

¿Predicaron el arrepentimiento los antiguos profetas de Dios?

“Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras . . .”(Jeremías 25:4-5).

¿Debe seguirse predicando este mismo mensaje al mundo entero?

“Y les dijo . . . era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos . . . Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:44-47).

Las Escrituras muestran que desde el principio Dios ha enviado a sus siervos con el mismo mensaje: “Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 18:30-31).

¿Debemos arrepentirnos todos?

“Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis . . .”(Lucas 13:3; comparar con Hechos 17:30 y 2 Pedro 3:9).

¡La vida eterna en el Reino de Dios sólo está disponible para aquellos que se arrepientan de sus pecados! No hay excepciones, porque “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

¿Qué es el pecado?

Texto de meditación: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).

La ley de Dios define la diferencia entre el bien y el mal, entre el pecado y la justicia. Como Pablo lo explicó, “por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).

¿Cuál es el meollo de la ley de Dios?

“Y [Dios] escribió en las tablas . . . los diez mandamientos que el Eterno os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio el Eterno” (Deuteronomio 10:4).

Todos los mandamientos y otras leyes de las Escrituras están basados en los principios que se encuentran en el Decálogo, y éste a su vez está basado en dos grandes principios de amor que reflejan el carácter de Dios (Mateo 22:37-40; comparar con 1 Juan 4:8, 16; Romanos 13:9-10).

Cometer pecado es comportarse de una manera que no muestra amor por Dios o por el prójimo. Daña a otros, así como a nosotros mismos. (Si desea una explicación más detallada acerca del daño que causa quebrantar los mandamientos de Dios, y los beneficios que podemos cosechar cuando los guardamos, no vacile en solicitarnos un ejemplar gratuito del folleto Los Diez Mandamientos; o si prefiere, puede descargarlo directamente de nuestro portal en Internet.)

Para llegar a ser convertidos, ¿qué es lo que tenemos que hacer primero?

“Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá” (Ezequiel 18:21).

Para convertirnos —volvernos del pecado y recibir el perdón de Dios y su santo Espíritu— debemos dejar de transgredir sus leyes y empezar a cultivar el hábito de la justicia por medio de la obediencia. “Y cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la justicia, si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá. No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; hizo según el derecho y la justicia; vivirá ciertamente” (Ezequiel 33:14-16).

¿Cuán extendido está el pecado?

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12; comparar con v. 23).

La Biblia dice que todos hemos cedido a los deseos y sentimientos egocéntricos de la naturaleza humana y hemos violado las leyes de Dios.

Analicemos ahora cómo la Biblia describe varios aspectos del pecado, y al mismo tiempo nos explica por qué pecamos.

¿Son más obvios algunos pecados que otros?

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21).

Casi cualquier persona entiende que un comportamiento extremadamente hostil, agresivo o desenfrenado es algo dañino. Pero no todos reconocen tan claramente cuál es el origen de semejante comportamiento. Por lo tanto, algunos aspectos del pecado no son tan obvios como aquellos que Pablo describe en su carta a los gálatas.

¿En dónde comienza el pecado?

“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos . . .” (Mateo 15:18-19).

El pecado comienza en la mente; comienza con pensamientos, actitudes y deseos nocivos. Pablo nos dice que “todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:3; comparar con Romanos 1:28-32; Gálatas 5:24; Colosenses 3:5-9).

¿Dio Jesús ejemplos claros de esa clase de pecados?

“Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego” (Mateo 5:22).

“Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí” (Marcos 7:6).

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28).

La desobediencia a las leyes de Dios siempre comienza en la mente. Para ilustrar este principio Jesús citó los peligros de la ira, la hipocresía y la lujuria. El apóstol Pedro también entendió que el pecado es el producto del pensamiento corrompido. Cuando reprendió a Simón el mago, lo exhortó: “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón”(Hechos 8:22; comparar con Salmos 81:11-13).

¿Es pecado obrar en contra de nuestra conciencia?

“Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1 Timoteo 1:5).

“. . . Todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Romanos 14:23).

Nuestra conciencia es simplemente lo que creemos que está bien o mal, ya sea cierto o no. Cuando obramos en contra de nuestra conciencia hacemos algo que pensamos que no deberíamos hacer, y así nos acomodamos a lo que pensamos que está mal. Pablo dice que hacer esto también es pecado.

Enfatizamos que nadie tiene discernimiento innato del bien y del mal. Como hemos visto en este curso, el verdadero entendimiento del bien y del mal proviene del conocimiento de la ley de Dios. Este conocimiento se convierte en parte de nuestra conciencia. Si actuamos de manera contraria a este conocimiento, bien sea en el espíritu o en la letra, pecamos. Pablo también nos advirtió: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia” (1 Timoteo 4:1-2). Si continuamos pecando después de conocer y entender la verdad, corremos el riesgo de “cauterizar” nuestra conciencia volviéndonos insensibles al pecado y endureciéndonos hacia Dios.

¿Es posible que pensemos que somos más justos de lo que somos?

“A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros . . .”(Lucas 18:9).

En la parábola que comienza en el versículo siguiente, Jesús describe a dos hombres, cada uno de los cuales se veía a sí mismo de una manera diferente. Jesús muestra lo fácil que es creerse justo cuando en realidad no lo es. “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador” (vv. 10-13).

El fariseo, miembro de una respetada institución religiosa, guardaba los requerimientos externos de la ley. Parecía justo ante los demás, pero no captaba el propósito fundamental de las leyes de Dios: amar y respetar al prójimo. En su corazón aún despreciaba a otras personas. Señalaba su obediencia externa para exaltarse sobre los demás, en lugar de cultivar el amor genuino hacia ellos.

En cambio, el publicano, quien ejercía una profesión despreciada que era notoria por engañar a la gente, podía entender que era pecador. Vino delante de Dios arrepentido, buscando su misericordioso perdón de tal forma que pudiera comenzar una nueva vida. Jesús concluyó la parábola diciendo: “Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (v. 14). Sólo aquellos que se humillan lo suficientemente como para reconocer sus actitudes, deseos y motivos pecaminosos pueden encontrar el arrepentimiento verdadero. Aquellos que se consideran justos ante sus propios ojos seguirán espiritualmente ciegos.

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