Etiqueta: Diez Mandamientos (Página 1 de 2)

La ley de Dios, el centro del conflicto

Texto de meditación: “Tu justicia es justicia eterna, y tu ley la verdad.” – Salmo 119:142

ETERNA

¿Desde cuándo existía la santa Ley de Dios? Salmo 111:7-8

“La ley de Dios existía antes que el hombre fuera creado. Los ángeles eran gobernados por ella.” – The Spirit of Prophecy, tomo 1, pág. 261.

“Los ángeles fueron creados llenos de bondad y amor. Ellos tenían un amor supremo a su Dios y desinteresado entre sí, y eran impulsados a complacerlo mediante este amor. La ley de Dios no era un yugo penoso para ellos, sino que se deleitaban cumpliendo sus mandamientos, escuchando la voz de su Palabra.”–The Signs of the Times, 28 de abril de 1890.

“La ley de Dios es inmutable; y aunque los seres humanos la han despreciado, desdeñado y rechazado, estará por siempre tan firme como el trono de Jehová.” – The Review and Herald, 24 de septiembre de 1901.

¿Cómo se define el pecado? I Juan 3:4 ¿Cuál fue el origen del pecado en el enemigo de Dios?

“El mal se originó con la rebelión de Lucifer. Se introdujo en el cielo cuando él rehusó lealtad a la ley de Dios. Satanás fue el primer transgresor de la ley.”– The Review and Herald, 4 de junio de 1901.

¿Cómo define Dios mismo su santa ley? Salmo 19:7

“Como Creador de todo, Dios gobierna, sobre todo, y sin duda, hace cumplir su ley a lo largo del universo. Exigir de sus criaturas algo menos que la obediencia a su ley sería abandonarlas a la ruina. No castigar la transgresión de su ley sería dejar el universo en confusión. La ley moral es una barrera de Dios entre el agente humano y el pecado. De ese modo, la sabiduría infinita ha puesto ante los hombres la distinción entre el bien y el mal, entre el pecado y la santidad.”– The Signs of the Times, 5 de junio de 1901.

“Por su propio curso de acción Satanás ha forjado una cadena con la cual será sujetado. Los habitantes del universo celestial serán testigos de la justicia de Dios en su destrucción. El cielo ha visto por si mismo qué cielo habría, si se le permitiera permanecer en él. Todos los seres no caídos están ahora unidos: que la ley de Dios es inmutable.”– The Signs of the Times, 27 de agosto de 1902.

DADA AL HOMBRE

¿Quiénes fueron un claro ejemplo de obediencia a los mandamientos de Dios, antes del Sinaí? Génesis 7:5; 26:5

“Cada paso que Noé y Abrahán alcanzaron en la obediencia a la palabra de Dios fue un paso de victoria. Un ‘Así dice el Señor’ fortaleció a Noé haciendo su obra de advertir al mundo. El testimonio con respecto a Noé es: ‘E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová’ (Génesis 7:5). El camino de la obediencia es el camino en que se halla nuestra seguridad; porque son los de buena voluntad y los obedientes que comerán el bien de la tierra. Si guardamos los mandamientos de Dios, podemos reclamar sus promesas en toda su plenitud.” – The Signs of the Times, 31 de marzo de 1890.

¿Quiénes proclamaron la ley en el Sinaí? Éxodo 19:20; 20:1

“Cuando fue promulgada la ley, el Señor el Creador del cielo y de la tierra, estuvo al lado de su Hijo, rodeado por el fuego y el humo del monte. No fue aquí donde la ley fue dada primero, sino que fue proclamada para que los hijos de Israel, cuyas ideas se habían vuelto confusas en su relación con los idólatras de Egipto, pudieran recordar sus términos y entender lo que constituye el verdadero culto de Jehová.”— La Fe Por la Cual Vivo, pág. 204.

¿Qué obra no permitió Dios, hacer a ningún hombre? Éxodo 24:12; 31:18; Deuteronomio 4:13.

“[El Señor] no confió… sus preceptos a la memoria de un pueblo inclinado a olvidar sus requerimientos, sino que los escribió sobre tablas de piedra. Quiso alejar de Israel toda posibilidad de mezclar las tradiciones paganas con sus santos preceptos, o de confundir sus mandamientos con costumbres o reglamentos humanos…

“Si el hombre hubiera guardado la ley de Dios, tal como le fue dada a Adán después de su caída, preservada por Noé y observada por Abrahán, no habría habido necesidad del rito de la circuncisión. Y si los descendientes de Abrahán hubieran guardado el pacto del cual la circuncisión era una señal, jamás habrían sido inducidos a la idolatría, ni habría sido necesario que sufrieran una vida de esclavitud en Egipto; habrían conservado el conocimiento de la ley de Dios y no habría sido necesario proclamarla desde el Sinaí, o grabarla sobre tablas de piedra.” – Patriarcas y Profetas, pág. 379.

UNA PRUEBA DE AMOR

¿Cómo demostramos nuestro amor por Dios? Juan 14:15

“El camino de la obediencia es el camino en que se halla nuestra seguridad; porque son los de buena voluntad y los obedientes que comerán el bien de la tierra. Si guardamos los mandamientos de Dios, podemos reclamar sus promesas en toda su plenitud. Muchos se sienten tan indignos que no se atreven siquiera a elevar sus ojos al cielo, como el pobre publicano. Deben reanimar la fe. Debemos tener una fe inteligente; no sólo debemos decir que creemos, sino que con mansedumbre y confianza debemos ser capaces de definir qué creemos, y por qué lo hacemos. Debemos ejercer una fe viva, no una ciega credulidad. Todo el cielo está a disposición de los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús.

“Necesitamos ascender a una norma más elevada, ir hacia adelante y reclamar nuestros elevados privilegios. Debemos caminar humildemente con Dios, sin jactarnos orgullosamente de la perfección de carácter, reclamando con fe sencilla cada promesa de la palabra de Dios; porque ellas no son para los transgresores de la ley de Dios, sino para los obedientes. Debemos creer sencillamente el testimonio de Dios y tener completa dependencia de Él, y cualquier posibilidad de ensalzamiento u orgullo será quitada. Indudablemente somos salvos por la fe, no por una fe pasiva, sino por la fe que obra por el amor, y purifica el alma. La mano de Cristo puede alcanzar al mayor pecador y devolverlo de la transgresión a la obediencia; pero ningún cristianismo es tan elevado que pueda superar los requisitos de la santa ley de Dios. Esto estaría más allá del poder de Cristo para ayudar, estaría fuera de sus enseñanzas y de su ejemplo; porque Él dice: ‘yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor’ (Juan 15:10), y todos los que siguen a Cristo rendirán obediencia a la santa ley de Dios.”– The Signs of the Times, 31 de marzo de 1890.

¿Qué se puede ver fácilmente? Malaquías 3:18; I Juan 2:3-6

“La ley de Dios es la gran norma de justicia, y medirá la profesión y el progreso de cada hombre. Es un espejo que descubre los defectos de nuestros caracteres y nos muestra los requerimientos de Dios. Es santa, justa y buena.” – The Signs of the Times, 30 de marzo de 1888.

¿Cómo se reconoce al verdadero cristiano? I Juan 5:2-3

“Los que deshonran a Dios transgrediendo su ley pueden hablar de santificación; pero es del mismo valor, y tan aceptable, como lo fue la ofrenda de Caín. La obediencia a los mandamientos de Dios es la única verdadera señal de santificación… Nuestro Salvador habla tan sencillamente que nadie puede dejar de entender que el verdadero amor siempre producirá obediencia. La obediencia es la señal del verdadero amor. Cristo y el Padre son uno y los que en verdad reciben a Cristo amarán a Dios como el gran centro de su adoración y también se amarán unos a otros; y haciendo así guardarán la ley.” – The Review and Herald, 26 de octubre de 1897.

“La religión que proviene de Dios es la única que conducirá a Dios. A fin de servirle debidamente, debemos nacer del Espíritu divino. Esto purificará el corazón y renovará la mente, dándonos una nueva capacidad para conocer y amar a Dios. Nos inspirará una obediencia voluntaria a todos sus requerimientos. Tal es el verdadero culto.”– El Deseado de Todas las Gentes, pág. 159.

SIERVOS DE SATANÁS

 ¿Cómo llaman las Escrituras a la iglesia desobediente? Apocalipsis 3:9; Efesios 2:2; 2 Timoteo 3:13.

 “Satanás tiene una gran confederación, su iglesia. Cristo la llama la sinagoga de Satanás, porque sus miembros son los hijos del pecado. Los miembros de la iglesia de Satanás han estado constantemente trabajando para desechar la ley divina, y confundir la distinción entre el bien y el mal. Satanás está trabajando con gran poder en los hijos de desobediencia y por medio de ellos para exaltar la traición y la apostasía como verdad y lealtad.” – Testimonios para los Ministros, pág. 16.

 “La obra de Satanás en nuestro mundo actual es destruir la imagen moral de Dios en el hombre, invalidando la ley divina; y nuestros enemigos son inspirados por su espíritu. Al desechar la gran norma del carácter de Dios, puede pervertir la naturaleza humana y conquistar a hombres y mujeres bajo su estandarte; porque ‘donde no hay ley, tampoco hay transgresión’ (Romanos 4:15). Con qué triunfo, mira entonces, al profeso mundo cristiano, cuando hacen con empeño la misma obra que él está haciendo.” – The Review and Herald, 26 de enero de 1897.

¿Qué grave equivocación comenten muchos líderes religiosos? Isaías 4:1; Mateo 5:19

“Hay muchos que dicen: ‘Denme a Cristo, pero no quiero saber nada de la ley.’ Hablan de la gracia de Cristo, pero no conocen el significado de gracia; porque Dios no usa su gracia para invalidar la ley. Satanás ha confundido sus mentes, llevándolos a mirar a la ley como un yugo de esclavitud, un obstáculo a la espiritualidad. Hablan de fe, pero no distinguen el significado de la palabra; porque la fe nunca es hallada prescindiendo de la verdad. La paz de la cual se jacta su fe es impartida por la confianza de su justicia propia. Nadie puede afirmar que ha sido acepto por Cristo y vive sin pecado, mientras al mismo tiempo está, como Lucifer, emprendiendo la guerra contra la ley de Dios, ayudando al enemigo en la misma obra que él comenzó en el cielo y lleva adelante en esta tierra.

“Millares están transgrediendo hoy la ley de Dios, defendiendo ideas que por generaciones Satanás ha estado elaborando. A semejanza de los orgullosos fariseos, son ignorantes tanto de las Escrituras como del poder de Dios.”– The Signs of the Times, 31 de julio de 1901.

UNA NORMA VIGENTE

¿Qué rol a determinado Dios para su santa ley? Eclesiastés 12:13-14; Santiago 2:12

“Dios tiene una ley, y ésta es la gran norma de justicia. Todo el que ha abusado de la misericordia de Dios, y ha practicado la iniquidad, será juzgado de acuerdo con sus obras. Dios nos ha amonestado a apartarnos de toda iniquidad. Él os ha ordenado individualmente que resistáis al diablo, no que lo alojéis como un huésped honrado.” –Testimonios para los Ministros, pág. 448.

“Los hombres pueden cerrar sus ojos a las claras verdades de la Palabra de Dios, pueden pisotear su ley bajo sus pies; pero la ley, instituida al principio, proclamada desde el Sinaí y grabada en las tablas de piedra, los juzgará en el día final.” –The Signs of the Times, 5 de agosto de 1886.

“La ley de Dios es la regla por la cual los caracteres y las vidas de los hombres serán probados en el juicio.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 536.

¿Cómo sabemos que la ley no fue abolida? Romanos 3:31; Lucas 16:17

“Satanás declaró que la misericordia destruía la justicia, que la muerte de Cristo abrogaba la ley del Padre. Si hubiese sido posible que la ley fuera cambiada o abrogada, Cristo no habría necesitado morir. Pero abrogar la ley sería inmortalizar la transgresión y colocar al mundo bajo el dominio de Satanás. Porque la ley era inmutable, porque el hombre podía ser salvo únicamente por la obediencia a sus preceptos, fue levantado Jesús en la cruz.” – El Deseado de Todas las Gentes, pág. 711.

“Si Dios pudiera cambiar una jota de su ley, no hubiera sido necesario que Jesús viniera a nuestro mundo para morir. Pero nuestro Salvador, que era igual que el mismo Dios, vino a nuestro mundo y sufrió la muerte en la cruz, para dar al hombre otra oportunidad.” – The Review and Herald, 10 de junio de 1890.

“Cristo depuso su vida para expiar la transgresión que el hombre hiciera de la ley. Si la ley pudiera haber sido cambiada o puesta a un lado, entonces Cristo no habría necesitado ser muerto. Por su vida sobre la tierra, Él honró la ley de Dios. Por su muerte, la estableció. Él dio su vida como sacrificio, no para destruir la ley de Dios, no para crear una norma inferior, sino para que la justicia pudiera ser mantenida, para demostrar la inmutabilidad de la ley, para que permaneciera para siempre.” –Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 255.

UN ASUNTO DE VIDA ETERNA

¿Podemos salvarnos siendo desobedientes? Mateo 19:16-17; Lucas 18:18-20
“La condición para alcanzar la vida eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el paraíso antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia. Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a ésta, peligraría la felicidad de todo el universo.” – El Camino a Cristo, pág. 62.

“Hemos de buscar la perla de gran precio, pero no en los emporios del mundo y por medio de los métodos mundanos. El precio que se nos exige no es oro ni plata, porque estas cosas pertenecen a Dios. Abandonad la idea de que las ventajas temporales o espirituales ganarán vuestra salvación. Dios pide vuestra obediencia voluntaria. Él os pide que abandonéis vuestros pecados.” – Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 89.

¿Qué siente el enemigo por los hijos de Dios obedientes? Apocalipsis 12:17

“Satanás, con todo su poder magistral, se ha interpuesto entre el hombre y la ley de Dios, a fin de poder inspirar en los hombres mediante la falsedad y los sofismas la misma rebelión contra Dios y su ley que le motivó a él. Odia a quienes no puede engañar.” – The Signs of the Times, 14 de noviembre de 1895.

“Hay enemistad contra los mandamientos de Dios en los corazones de los que pretenden la santificación y se niegan a reconocer la fuerza obligatoria de la ley. Se levanta el odio en sus corazones en cuanto se menciona la ley. Profesan creer que la ley fue abolida. Pero si la ley fue abolida, ¿cuál es la norma por la cual seremos juzgados ante el trono de juicio de Cristo? Esta obra de empequeñecer la ley es la obra del gran engañador. Si Satanás puede persuadir a los hombres que el Dios del universo no tiene ley alguna por la cual gobernarlos, entonces puede establecer una norma propia y convertir a los hombres al camino de la transgresión y destrucción.” – The Signs of the Times, 10 de febrero de 1888.

El santo sábado

¿Sabe usted que hay un día sumamente importante que casi todo el mundo ha olvidado? ¡Es sorprendente que sólo pocas personas estén al tanto de esto, porque es uno de los días más importantes en la historia de la humanidad! No es tan sólo un día en el pasado, sino que tiene vigencia en el presente y en el futuro. Es más, lo que sucedió en ese olvidado día puede tener un profundo impacto en su vida. ¿Desea conocer algunos asombrosos datos acerca de este día perdido en la historia? Entonces, lea cuidadosamente esta Guía de Estudio.

1. ¿Qué día de la semana observó Cristo?

“Vino [Cristo] a Nazaret, donde se había criado; y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer” (Lucas 4:16).

Respuesta:   Jesús guardó el Sábado como día santo.

2. ¿Qué día de la semana es el Sábado?

“El séptimo día será reposo para Jehová tu Dios” (Exodo 20:10). “Y como pasó el sábado… muy de mañana, el primer día de la semana, vienen al sepulcro” (Marcos 16:1-2).

Respuesta:   El día de reposo es el séptimo día de la semana, no el primer día (Domingo), como muchos creen. Nótese que en los pasajes mencionados el Sábado es el día que viene precisamente antes del primer día de la semana.

Dios estableció el Sábado en la Semana de la Creación.

3. ¿Quién hizo el Sábado y cuándo?

“En el principio crió Dios los cielos y la tierra”. “Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo y santificólo porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho” (Génesis 1:1; 2:2-3).

Respuesta:   Dios apartó el Sábado en la creación, cuando hizo el mundo. Descansó el Sábado, y bendijo ese día y lo santificó [lo apartó para un uso santo].

4. ¿Qué dice Dios en los DiezMandamientos (que escribió con su propio dedo), acerca de la observancia del Sábado ?

“Acordarte has del día del reposo para santificarlo: seis días trabajarás, y harás toda tu obra mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó” (Exodo 20:8-11). “Y dióme Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios” (Deuteronomio 9:10).

Respuesta:   En el cuarto de los Diez Mandamientos, Dios nos ordena observar el séptimo día como descanso santo. Dios sabía que los hombres olvidarían Su Sábado, de manera que él comenzó el mandamiento con la expresión “acordarte has”. El no ha ordenado a nadie, en ninguna parte, observar ningún otro día.

5. ¿Pero no ha habido cambios en los Diez Mandamientos?

Jesús dice: “Más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley” (Lucas 16:17). Dios dice: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (Salmos 89:34). Los Diez Mandamientos salieron de sus labios. Exodo 20:1 dice: “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo…” [y entonces siguen los Diez Mandamientos en los versículos 2-17].

Respuesta:   ¡Claro que no! Es totalmente imposible que cambie una parte de la Ley de Dios. Todos los Diez Mandamientos están en vigencia hoy.

Pablo y los otros líderes apostólicos guardaron el séptimo día como el día santo de reposo.

6. ¿Observaron el Sábado los apóstoles?

“Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras” (Hechos 17:2). “Ellos [Pablo y Bernabé]… entrando en la sinagoga un día de sábado, sentáronse” (Hechos 3:14). “Y un día de sábado salimos de la puerta junto al río, donde solía ser la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían juntado” (Hechos 16:13). “Y disputaba en la sinagoga todos los sábados y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4).

Respuesta:   Sí, el libro de los Hechos afirma claramente que los apóstoles y la iglesia primitiva guardaban el Sábado.

Los apóstoles enseñaron a los gentiles a observar la santidad del Sábado.

7. ¿Adoraban también los gentiles en el día Sábado?

Dios lo ordenó:
“Bienaventurado el hombre… que guarda el sábado de profanarlo… “Y el hijo del extranjero, allegado a Jehová… todos los que guardaren el sábado de profanarlo… yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración… porque mi casa, casa de oración será llamada de“todos los pueblos” (Isaías 56:2-7), [el énfasis es nuestro]

Los gentiles lo guardaron:
“Y saliendo ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras” “Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad a oír la Palabra de Dios” (Hechos 13:42, 44), [el énfasis es nuestro]. “Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4).

Respuesta:   Sí. Los apóstoles, en la iglesia del Nuevo Testamento, obedecían los mandamientos de Dios y se reunían con los gentiles convertidos a adorar a Dios en Sábado. Nunca jamás se refieren al Domingo como día santo.

8. Pero, ¿no fue la observancia del Sábado, transferida al Domingo en ocasión de la muerte o resurrección de Cristo?

Respuesta:   No. No existe ni siquiera el más remoto rastro de que el Sábado fuera cambiado en ocasión de la muerte o de la resurrección de Cristo. La Biblia enseña precisamente lo opuesto. Revise cuidadosamente las siguientes evidencias:

A. Dios bendijo el Sábado.
“Jehová bendijo el día del reposo” (Exodo 20:11). “Y bendijo al día séptimo, y lo santificó” (Génesis 2:3).

B. Cristo esperaba que su pueblo continuara guardando el Sábado para el año 70 d.C., cuando Jerusalén fue destruida.
Sabiendo que Jerusalén sería destruida en el año 70 d.C., Jesús amonestó a sus seguidores de ese tiempo, diciendo: “Orad, pues, que vuestra huida [de Jerusalén] no sea en invierno ni en sábado.” (Mateo 24:20). Jesús expresó claramente que él esperaba que el Sábado fuera guardado aun cuarenta años después de su resurrección. De hecho, ninguna insinuación de un cambio se hace en ningún lugar de las Escrituras.

C. Las mujeres que vinieron a ungir el cuerpo de Cristo a su muerte guardaron el Sábado. Jesús murió “la víspera del sábado” (Marcos 15:37, 42), este es el día que hoy se denomina “Viernes Santo”.
Las mujeres prepararon especias y ungüentos para ungir su cuerpo entonces “reposaron el sábado, conforme al mandamiento” (Lucas 23:56). Sólo cuando “pasó el sábado” (Marcos 16:1), vinieron las mujeres, ya en “el primer día de la semana” (Marcos 16:2), para continuar su triste tarea. Ellas se enteraron que “Jesús había resucitado temprano en la mañana del primer día de la semana” (vers. 9).Este día es comúnmente llamado Domingo de Resurrección. Note el día que antecede al Domingo de Resurrección es el día que hoy llamamos Sábado de Gloria o Sábado Santo.

D. San Lucas, el seguidor de Cristo, escribió dos de los libros de la Biblia, el Evangelio que lleva su nombre y Hechos de los Apóstoles.
El dice en Hechos 1:1-3, que en el libro de Lucas, él escribió acerca de “todas las cosas” que Jesús enseñó. Pero él nunca escribió nada acerca de la observancia del domingo o de algún cambio respecto al Sábado.

En el reino eterno de Dios todos guardarán el Sábado.

9. Algunos dicen que el Sábado será observado en el cielo. ¿Es cierto esto?

“Como los cielos nuevos y la nueva tierra, que yo hago, permanecen delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra simiente y vuestro nombre. Y será que de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrá toda carne a adorar delante de mí, dijo Jehová” (Isaías 66:22-23).

Respuesta:   Sí, la Biblia dice que en la nueva tierra los redimidos de todas las edades guardarán el Sábado.

10. ¿Pero no es el Domingo el día del Señor?

“Si retrajeres del sábado tu pie [si lo dejares de pisotear], de hacer tu voluntad en mi día santo…” (Isaías 58:13). “Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre” (Mateo 12:8).

Respuesta:   La Biblia habla del “día del Señor” en Apocalipsis 1:10. De manera que el Señor tiene un día especial. Pero ningún versículo de las Escrituras dice que el domingo es el día del Señor. En realidad la Biblia llama al Sábado el día del Señor. El único día que bendijo el Señor, el único día reclamado por él como su día, es el sábado, el séptimo día.

11. ¿No debería yo guardar el Domingo en honor a la resurrección?

“No sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo: para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, así también lo seremos a la de su resurrección… a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:3-6).

Respuesta:   ¡No! Así como Usted no está obligado a guardar el viernes en honor a la crucifixión, tampoco tiene la obligación de guardar el domingo en honor a la resurrección. Cristo estableció el precepto del bautismo en honor a su muerte, su sepultura y su resurrección. La Biblia en ninguna parte sugiere santificar el domingo en honor a la resurrección. Honramos a Cristo obedeciéndole (Juan 14:15) y no sustituyendo sus mandatos por requisitos establecidos por los hombres.

12. Si la santificación del Domingo no está en la Biblia, ¿de dónde viene?

“Pensará en mudar los tiempos y la ley” (Daniel 7:25). “Habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición”. “En vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres” (Mateo 15:6, 9). “Diciendo: Así ha dicho el Señor Jehová; y Jehová no había hablado” (Ezequiel 22:28).

Respuesta:   En tiempos pasados hubo hombres extraviados que se arrogaron el derecho de modificar la santa ley, y anunciaron que el día sagrado de Dios había sido cambiado del Sábado al Domingo. Dios predijo que eso ocurriría, y ocurrió. Este error fue pasado a nuestra incauta generación como una verdad del Evangelio. La santificación del Domingo es una tradición de hombres no inspirados, y quebranta la ley de Dios, que ordena la observancia del Sábado. Sólo Dios puede convertir un día determinado en santo. Dios bendijo el sábado, y cuando él bendice, ningún hombre puede revocar esa bendición (Números 23:20).

Cambiar la observancia del Sábado al Domingo es un insulto a Dios porque intenta alterar su divina ley.

Cambiar la observancia del Sábado al Domingo es un insulto a Dios porque intenta alterar su divina ley.

13. ¿Acaso no es muy peligroso manipular indebidamente la ley de Dios para intentar cambiarla?

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Deuteronomio 4:2). “No añadas a sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30:6).

Respuesta:   Dios ha prohibido en forma específica y positiva que se cambie su ley quitando o añadiendo algo. Intentar cambiar la ley de Dios es una de las cosas más terribles y peligrosas que alguien puede hacer.

14. ¿Por qué hizo Dios el Sábado?

A. Como señal de la creación
“Acordarte has del día del reposo para santificarlo… Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó” (Exodo 20:8-11).

B. Como señal de la redención y la santificación.
“Diles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Ezequiel 20:12).

Respuesta:   Dios dio el Sábado como una doble señal: (1) Es una señal de que él creó el mundo en seis días literales de 24 horas cada uno y (2) es también una señal del gran poder de Dios para redimir y santificar a los seres humanos. Seguramente que todo cristiano amará el Sábado como una señal preciosa de la creación y de la redención (Exodo 31:13, 17 Ezequiel 20:12, 20). Es un gran insulto para Dios que los hombres pisoteen el Sábado. En Isaías 58:13-14, Dios nos dice que todos los que esperan ser bendecidos por él deberan dejar de pisotear el Sábado.

15. ¿Cuán importante es la observancia del Sábado?

“El pecado es transgresión de la ley” (1 Juan 3:4). “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). “Cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos” (Santiago 2:10). “Cristo padeció… dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). “[Cristo] vino a ser causa de eterna salud [salvación] a todos los que le obedecen” (Hebreos 5:9).

Respuesta:   Es un asunto de vida o muerte. La santificación del Sábado se ordena en el cuarto mandamiento de la ley de Dios. ¡La violación deliberada de alguno de los Diez Mandamientos es pecado! Los cristianos seguirán gozosamente el ejemplo de Cristo en la observancia del Sábado. Nuestra única seguridad reside en estudiar cuidadosamente las Escrituras para conocer “bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Debemos tener el apoyo positivo de las Escrituras para toda práctica cristiana que sigamos.

Dios derramará su ira sobre los líderes religiosos que a sabiendas ignoren Su Sábado.

16. ¿Qué siente Dios con respecto a los dirigentes religiosos que pasan por alto el Sábado?

“Sus sacerdotes violentaron mi ley y contaminaron mis santuarios: entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis sábados escondieron sus ojos, y yo era profanado en medio de ellos”. “Por tanto, derramé sobre ellos mi ira” (Ezequiel 22:26, 31).

Respuesta:   Al pretender desconocer el verdadero Sábado de Dios, los dirigentes religiosos ofenden al gran Dios del cielo. Dios promete un seguro castigo para tales falsos pastores. El no puede tartar este tema livianamente. Jesús condenó a los fariseos por pretender amar a Dios, mientras violaban uno de los mandamientos. Véase: Marcos 7:7-13.

17. ¿Me afecta a mí personalmente la observancia del Sábado?

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí” (Romanos 14:12). “El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace” (Santiago 4:17). “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad [de Dios]” (Apocalipsis 22:14). “Aquí está la paciencia de los santos aquí están los que guardan los mandamientos de Dios” (Apocalipsis 14:12).

Respuesta:   Sí, positivamente, el Sábado debe ser su día de reposo. Dios lo hizo para Usted, y si usted lo ama a él, lo guardará, porque es uno de sus
mandamientos. Amor sin cumplimiento de los mandamientos de Dios no es de ninguna manera amor (1 Juan 2:4). Usted tendrá que hacer una decisión, no podrá evitarlo. Nadie puede excusarlo de ese deber. Personalmente tendrá que dar cuenta delante de Dios. Dios le pide que lo ame y lo obedezca ahora.


Preguntas Para Meditar

1. ¿No es el sábado solamente para los judíos?
No. Jesús dijo: “El sábado por causa del hombre es hecho” (Marcos 2:27). No es para los judíos solamente, sino para el hombre en general: para todos los hombres y todas las mujeres sin distinción. Los judíos no existieron hasta 2,500 años después que se estableció el sábado.

2. ¿No es el texto encontrado en Hechos 20:7-12 una prueba de que los discípulos guardaban el domingo como día santo?
De acuerdo con la Biblia, cada día empieza a la puesta del sol y termina cuando el sol se pone al día siguiente. (Véase Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31 Levítico 23:32), y la parte oscura del día viene primero. De manera que el sábado empieza el viernes a la puesta de sol y termina el sábado a la puesta de sol. Esta reunión de Hechos 20 se realizaba en la parte oscura del domingo, o como ahora diríamos, el sábado de noche. (En la versión New English Bible,* Hechos 20:7 aparece así: “El sábado de noche, en nuestra asamblea…”).

Era pues una reunión del sábado de noche, y duró hasta la medianoche. Pablo realizaba una gira de despedida y sabía que él no volvería a ver a estas personas antes de su muerte (vers. 25). No es extraño que él predicara tan largo. (Ningún servicio semanal regular hubiera durado toda la noche.) Esta reunión tuvo lugar en la parte oscura del primer día de la semana, lo que en términos modernos diríamos el sábado de noche, porque Pablo estaba listo para partir al día siguiente. El partimiento del pan no tiene ningún significado referente a un día santo, porque “partían el pan en las casas… cada día” (Hechos 2:46). No existe en este pasaje de las Escrituras, la menor indicación de que el primer día fuera santo ni que estos cristianos primitivos lo consideraban así. Ni existe la más remota evidencia de que el sábado fue cambiado. Probablemente se menciona esta reunión sólo por causa del milagro de la resurrección de Eutico. La Biblia se refiere al domingo como a “uno de los seis días de trabajo” en Ezequiel 46:1..”

*(C) Los Delegados de la Oxford University Press y el Sindicato de la Cambridge University Press, 1961, 1970. Usado con permiso.

3. ¿No habla 1 Corintios 16:1-2 de ofrendas en la escuela dominical?
No. No hay en ese pasaje ninguna referencia a una reunión pública. El dinero debía de apartarse privadamente en casa. Se produjo un hambre en Judea (Romanos 15:26 Hechos 11:26-30) y Pablo escribió para pedir que las iglesias del Asia Menor ayudaran. Todos estos cristianos santificaban el sábado, de manera que San Pablo sugirió que todos los domingos de mañana (que era el tiempo en que arreglaban y pagaban las cuentas), después que hubiera pasado el sábado, apartaran algo para sus hermanos necesitados, de manera que pudieran tenerlo a mano cuando él llegara. Esto había de hacerse privadamente, “en casa”, como dice la Biblia de Jerusalén. Aquí tampoco la Biblia se refiere al domingo como un día santo.

4. ¿Pero no se ha perdido el cómputo del tiempo y no se han cambiado los días de la semana desde el tiempo de Cristo?
No. Las enciclopedias y las fuentes fidedignas atestiguan que nuestro séptimo día es el mismo que Jesús santificó. Es un asunto fácil de comprobar a través de una sencilla investigación.

5. ¿Pero no encontramos en Juan 20:19 el relato en los discípulos aparecen instituyendo la observancia del domingo en honor a la resurrección?
Al contrario. Los discípulos todavía no creían que la resurrección hubiera ocurrido (Marcos 16:14). Se habían reunido allí “por temor a los judíos” y tenían las puertas cerradas. Cuando Jesús apareció, “les reprochó… porque no habían creído a los que le habían visto resucitado”. No hay ninguna insinuación de que consideraran el domingo como día santo. Hay solamente 8 versículos en el Nuevo Testamento que mencionan el primer día de la semana. Ninguno de ellos sugiere que ese día es santo, mucho menos que ese día se deba observar como tal.

6. ¿No anula el sábado el texto que encontramos en Colosenses 2:14-17?
De ningún modo. Se refiere solamente a los sábados que eran “la sombra de lo por venir”, y no al Sábado del séptimo día. Había siete días santos anuales que también se llamaban “sábados”, o sea fiestas, en el antiguo Israel. Estos existían “además de los sábados de Jehová” (Levítico 23:38), o sea los Sábados semanales del séptimo día. Todos estos prefiguraban la cruz y terminaron en la cruz, pero el Sábado semanal de Dios fue establecido antes que entrara el pecado, y por lo tanto no podía prefigurar nada relativo a la liberación del pecado. Es por eso que Colosenses 2 establece una diferencia y específicamente menciona, los sábados que eran “una sombra”. Estos siete sábados anuales que fueron abolidos se mencionan en el libro de Levítico capítulo 23.

7. De acuerdo con Romanos 14:5, el día que guardamos es un asunto de opinión personal, ¿no es así?
Note que todo el capítulo trata acerca de juzgar a otros (versículo 4, 10, 13). El punto no es el sábado semanal, que era parte de la ley moral, sino los días de fiesta anuales de la ley ceremonial. Los cristianos judíos estaban criticando a los cristianos gentiles porque no los observaban. Pablo sencillamente les dice que no deben juzgarse el uno al otro. La ley ceremonial ya no está vigente.


Otros temas relacionados:

Declaraciones católicas sobre el sábado.  “Es bueno recordarle a los presbiterianos, bautistas, metodistas y todos los demás cristianos, que la Biblia no los apoya en ningún lugar en su observancia del domingo. El domingo es una institución de la Iglesia Católica Romana, y aquellos que observan el día observan un mandamiento de la Iglesia Católica. “Sacerdote Brady, en un discurso, reportado en el Elizabeth, NJ” Noticias “el 18 de marzo de 1903. Leer más…


 Declaraciones bautistas sobre el sábado.  “Había y hay un mandato para santificar el día del sábado, pero ese día sábado no era domingo. Sin embargo, será fácil, dijo, y con muestra de triunfo, que el sábado fue transferido del séptimo al primer día de la semana, con todos sus deberes, privilegios y sanciones. Si desean ansiosamente información sobre este tema, que he estudiado durante muchos años, me pregunto, dónde puede encontrarse el registro de dicha transacción: No en el Nuevo Testamento… Leer más…


Declaraciones metodistas sobre el sábado. “Esta “acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,” (Colosenses 2: 14.) Pero la ley moral contenida en los Diez Mandamientos y ejecutadas por los profetas, Él no quitó…. La ley moral se encuentra en una fundación completamente distinta de la ley ceremonial o ritual. … Cada parte de esta ley, debe seguir aplicándose a toda la humanidad y en todas las edades.” John Wesley,” Sermones en varias ocasiones, ” Edición vol. 2, vol. I, páginas 221, 222. Leer más…


La santa Ley de Dios

Hace muchos siglos, Dios escribió su ley en tablas de piedra, ¡y todavía esa ley está vigente! Es absolutamente cierto que desobedecer cualquier parte de esa ley siempre tendrá consecuencias negativas. Ante la ola de criminalidad que nos azota, pensamos que obedecer las leyes del país ayudaría al mantenimiento de la paz y el orden. ¡El mismo principio se puede también aplicar a la observancia de la Ley de Dios—los Diez Mandamientos—en nuestras vidas! Por algo no se los llama las diez sugerencias, las diez recomendaciones, o las diez ideas más brillantes. Ya que hay tanto en juego, usted debería tomar unos minutos para considerar seriamente sus obligaciones.

“Y las tablas eran la obra de Dios”.

1. ¿En realidad escribió Dios mismo los Diez Mandamientos?

“Y dio Dios a Moisés dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios”. “Y las tablas eran obra de Dios y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas” (Éxodo 31:18; 32:16).

Respuesta:   Sí, el gran Dios del cielo escribió los Diez Mandamientos con su propio dedo en tablas de piedra.

2. ¿Cómo define Dios el pecado?

“El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).

Respuesta:   El pecado es la infracción o el quebrantamiento de la ley divina de los Diez Mandamientos. Y puesto que la ley de Dios es perfecta (Salmos 19:7) abarca todo pecado concebible. Es imposible cometer un pecado que no esté condenado a lo menos por uno de los Diez Mandamientos de Dios.

3. ¿Por qué nos dio Dios los Diez Mandamientos?

“El que guarda la ley es bienaventurado [feliz]” (Proverbios 29:18). “Tu corazón guarde mis mandamientos; tus días seran largos y los años de vida serán llenos de paz y te aumentarán” (Proverbios 3:1-2).

Respuesta:   A. Como una guía para tener una vida feliz y abundante.
Dios creó al hombre para que gozara de felicidad, paz y larga vida. La ley de Dios es el mapa que señala los caminos verdaderos que deben seguirse para encontrar la felicidad auténtica y suprema.

“Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20). “Yo no conocí el pecado sino por la ley porque tampoco conociera la codicia si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7).

B. Para mostrar la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto.
Los Diez Mandamientos de la ley de Dios son el perfecto código de ética y moralidad para esta hora de perplejidad y confusión. La ley de Dios es como un espejo (Santiago 1:23-25). Señala la mala conducta de mi vida, así como un espejo señala la suciedad de mi cara. La única manera en que una persona puede saber que está pecando es sometiendo su vida al escrutinio de la ley, mirándose en el espejo de la ley.

“Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos [mandamientos]… para que nos vaya bien” (Deuteronomio 6:24). “Sosténme y seré salvo [estaré seguro]. Y me regocijaré siempre en tus estatutos. Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos” (Salmos 119:117-118).

C. Para protegerme de todo peligro y tragedia.
La ley de Dios se puede comparar a una fuerte jaula, como las que hay en el zoológico para protegernos de las fieras que podrían causarnos daño. La ley de Dios nos protege de la impureza, la falsedad, el asesinato, la idolatría, el robo y muchos otros males destructores de la vida, la paz y la felicidad. Todas las buenas leyes protegen, y la ley de Dios no es la excepción.

Nota Especial: Estos eternos principios de la ley de Dios fueron escritos profundamente en la naturaleza de cada persona por Dios que nos creó. Cuando decidimos ignorarlos, el resultado es siempre desgracia, tensión, desasosiego y tragedia, así como ignorar las reglas para conducir nuestro automóvil nos trae serios problemas.

4. ¿Por qué la ley de Dios es sumamente importante para mí como persona?

“Así hablad y así haced como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:12).

Respuesta:   !Porque los Diez Mandamientos son la norma por la cual Dios examinará a los hombres en el juicio celestial. ¿Qué relación tiene usted con la ley? ¡Es un asunto de vida o muerte!

5. ¿Podrá la ley de Dios (los Diez Mandamientos) ser cambiada o abolida?

“Más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley” (Lucas 16:17). “No olvidaré mi pacto, ni me retractare de lo que ha salido de mis labios” (Salmos 89:34). “Fieles [seguros] son todos sus mandamientos, afirmados eternamente y para siempre” (Salmos 111:7-8).

Respuesta:   ¡Absolutamente no! La Biblia es muy clara en este punto. Si la ley hubiera podido ser cambiada, Dios habría hecho ese cambio inmediatamente cuando Adán y Eva pecaron. En vez de eso envió a su propio Hijo a morir en lugar del pecador a fin de pagar la penalidad de la ley quebrantada. Pero el cambio de la Ley era imposible porque los mandamientos no eran leyes similares a las que los hombres promulgan, sino principios eternos reveladores del santo carácter de Dios, principios que estarán siempre vigentes mientras Dios exista.

Note en el cuadro superior que Dios y su ley tienen las mismas características. ¿Comprende lo que esto significa? La ley de Dios (los Diez Mandamientos) es el carácter de Dios expresado mediante una fórmula escrita, de manera que podamos comprenderlo. Es tan imposible cambiar la ley de Dios como bajar a Dios desde su morada para hacer que él cambe. Jesús vino para mostrarnos lo que es la ley (que es la pauta para una vida santa) cuando se la reduce a términos humanos. El carácter de Dios no puede cambiar, tampoco puede cambiar su ley, porque ésta es el carácter de Dios expresado en palabras.

DIOS ES LA LEY ES
BUENO S. Lucas 18:19 1 Timoteo 1:8
SANTO Isaías 5:16 Romanos 7:12
PERFECTO S. Mateo 5:48 Salmos 19:7
PURO 1 Juan 3:2,3 Salmos 19:8
JUSTO Deuteronomio 32:4 Romanos 7:12
VERDAD S. Juan 3:33 Salmos 19:9
ESPIRITUAL 1 Corintios 10:4 Romanos 7:14
JUSTICIA Jeremíass 23:6 Salmos 119:172
FIEL 1 Corintios 1:9 Salmos 119:86
AMOR 1 Juan 4:8 Romanos 13:10
INMUTABLE Santiago 1:17 Mateo 5:18
ETERNO Génesis 21:33 Salmos 111:7, 8
6. ¿Abolió Jesús la ley de Dios mientras vivía aquí en la tierra?

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:17-18).

Respuesta:   ¡Por cierto que no! Jesús específicamente aseguró que él no vino para destruir la ley, sino a cumplirla o sea, a guardarla. En lugar de descartar la ley, Jesús amplió su significado o sea, la magnificó (lsaías 42:21), mostrando que ella es una guía perfecta para la vida. Ella abarca todo pecado. Por ejemplo, Jesús señaló que el mandamiento “No matarás” condena el enojo sin control (Mateo 5:21-22) y el odio (1 Juan 3:15), y que los pensamientos impuros son adulterio (Mateo 5:27-28). El dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

7. ¿Pueden salvarse las personas que a sabiendas insisten en violar aunque sea uno de los Diez Mandamientos?

“La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). “Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, es hecho culpable de todos” (Santiago 2:10).

Respuesta:   ¡No! Se perderán. La ley de los Diez Mandamientos es la guía que debemos usar para encontrar el camino hacia Dios y a una vida santa. Si ignoro uno de los mandamientos, estoy descuidando una parte del divino patrón o plan maestro. La Biblia dice que cuando quebrantamos a sabiendas cualquier mandamiento de Dios, estamos pecando (Santiago 4:17), porque ello equivale a rechazar su voluntad para nosotros. Sólo aquellos que hacen su voluntad podrán entrar en el reino de los cielos. Los pecadores se perderán.

La salvación que proviene de Jesús es un don tan real como los obsequios que se reciben en alguna fecha especial o cumpleaños. Es gratuita, preparada especialmente para nosotros por Jesús.

8. ¿Puede alguien salvarse por guardar la ley?

“Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [de Dios]” (Romanos 3:20). “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Respuesta:   ¡No! La respuesta es demasiado sencilla para no entenderla. Nadie puede salvarse por guardar la ley. La salvación se recibe solamente por gracia, como un don gratuito de Cristo Jesús. Recibimos este dón gratuito por la fe y no debido a nuestras obras. La ley sirve únicamente como un espejo para señalar el pecado en nuestras vidas. La limpieza o el perdón del pecado se recibe sólo de Cristo.

Nuestras propias normas nunca son<br /><br /> seguras. No puedo saber si soy un<br /><br /> pecador a menos que me mire cuidadosamente en la norma perfecta<br /><br /> de Dios: su ley es un espejo.

9. ¿Por qué, entonces, la ley es esencial para perfeccionar un carácter cristiano?

“Teme a Dios y guarda sus mandamientos: porque esto es todo para el hombre” (Eclesiastés 12:13). “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).

Respuesta:   Porque la pauta o norma total, “el todo del hombre”, o sea, la suma del deber humano para una vida cristiana, está contenida en la ley.Recordamos a un niño de seis años que hizo su propia regla de medir, se midió a sí mismo y le dijo a su madre que él tenía 4 metros de altura. Asimismo nuestras propias normas nunca son seguras. Yo no puedo saber si soy pecador a menos que me compare cuidadosamente con la norma perfecta: la ley de Dios, que es un espejo espiritual. Millones de personas que han echado demonios, han profetizado y han realizado muchos y maravillosos milagros en el nombre de Jesús se perderán (Mateo 7:21-23) porque no se molestaron en comparar su vida con el gran modelo o pauta de la ley. “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Juan 2:3).

Cuando Jesús vive al corazón, el pasado oscuro y desagradable es reemplazado por su victoriosa presencia.

10. ¿Qué es lo que capacita a un cristiano verdaderamente convertido para seguir la norma de la ley de Dios?

“Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré” (Hebreos 8:10). “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Respuesta:   Cristo no sólo perdona a los pecadores arrepentidos, sino que también restaura en ellos la imagen de Dios poniéndolos en armonía con su ley mediante el poder de su presencia en el corazón. “No harás” se convierte entonces en una promesa de que el cristiano no robará, no mentirá, no matará. Esto se entiende porque Jesús vive dentro de él y domina sus palabras y sus actos. Dios no podía cambiar su ley, pero hizo una bendita provisión por medio de Jesús para cambiar al pecador de manera que pudiera estar a tono con la ley..

El indulto de un gobernador perdona a<br /><br /> un prisionero, pero no le da la libertad<br /><br /> para quebrantar ninguna ley.

11. ¿Es cierto que el cristiano que tiene fe y vive bajo la gracia, ha sido liberado de la observancia de la ley?

“El pecado no se enseñoreará de vosotros: pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera” (Romanos 6:14-15). “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Romanos 3:31).

Respuesta:   ¡No! La gracia es como el perdón que otorga un gobernador o presidente a un reo. Lo perdona, pero no le da la libertad de violar una sola ley del código. La persona perdonada, que vive bajo la gracia, tiene una doble obligación de cumplir la ley. La persona que rehúsa guardar la ley y dice que vive bajo la gracia está equivocada.

12. ¿Están los diez mandamientos de Dios reafirmados en el Nuevo Testamento?

Respuesta:   Sí, y en forma muy clara. Examine con cuidado lo que sigue.

LA LEY DE DIOS EN EL NUEVO TESTAMENTO LA LEY DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
1. “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” Mateo 4:10. 1. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” Exodo 20:3.
2. “Hijitos, guardaos de los ídolos” 1 Juan 5:21. “Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, o escultura de arte y de imaginación de hombres” Hechos 17:29. 2. “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra no te inclinarás a ellas, ni las honrarás porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y que hago misericordia a millares, a los que me aman, y guardan mis mandamientos” Exodo 20:4-6..
3. “Que no sea blasfemado el nombre de Dios” 1 Timoteo 6:1.. 3. “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” Exodo 20:7..
4. “Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día”. “Por lo tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo [el de Dios], también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” Hebreos 4:4,9-10.. 4. “Acuértate del día de reposo para santificarlo, seis días trabajarás, y harás toda tu obra mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día para tanto Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” Exodo 20:8-11..
5. “Honra a tu padre y a tu madre” Mateo 19:19. 5. “Honra a tu padre y a tu madre, por que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” Exodo 20:12..
6. “No matarás” Romanos 13:9. 6. “No matarás” Exodo 20:13..
7. “No adulterarás” Mateo 19:18.. 7. “No cometerás adulterio” Exodo 20:14..
8. “No hurtarás” Romanos 13:9. 8. “No hurtarás” Exodo 20:15..
9. “No dirás falso testimonio” Romanos 13:9.. 9. “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” Exodo 20:16..
10. “No codiciarás” Romanos 7:7. 10. “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” Exodo 20:17.

Los sacrificios ceremoniales y los ritos prefiguraban el futuro sacrificio de Jesús.

13. ¿Es la ley de Dios y la ley de Moisés una misma ley?

Respuesta:   No. No es la misma. Estudie las siguientes notas y compárelas cuidadosamente.

Nota: La ley de Moisés fue una ley temporal y ceremonial del Antiguo Testamento que regulaba entre otros, el sacerdocio, los sacrificios, el ritual, las ofrendas de comidas y bebidas. Todo esto prefiguraba la cruz. Los ritos y ceremonias de la ley de Moisés señalaban de antemano el sacrificio de Cristo. Cuando él murió, esta ley caducó. Pero los Diez Mandamientos la ley de Dios permanecen para siempre jamás. Véase Salmos 111:7-8. El hecho de que existan dos leyes aparece muy claro en Daniel 9:10-11.

Nota Especial: Tome nota de que la ley de Dios ha existido por lo menos todo el tiempo en que ha existido el pecado porque la Biblia dice que “donde no hay ley, tampoco hay transgresión [o pecado]” Romanos 4:15. De manera que la ley de los Diez Mandamientos de Dios existió desde el principio. Los seres humanos violaron esa ley. Debido al pecado, o sea a la violación de la ley, la ley de Moisés fue dada, o “añadida” Gálatas 3:16, 19 hasta que Cristo viniera y muriera. Entonces se trata de dos leyes: la ley de Dios y la ley de Moisés.

LEY DE MOISÉS
LEY DE DIOS
Llamada la “ley de Moisés” Lucas 2:22. Llamada la “ley de Jehová” Isaías 5:24.
Llamada “la ley … en orden a ritos” Efesios 2:15. Llamada la “ley real” Santiago 2:8.
Escrita por Moisés en un libro 2 Crónicas 35:12. Escrita por Dios sobre piedra Exodo 31:18 32:16.
Colocada a un lado del arca Deuteronomio 31:26. Colocada dentro del arca Exodo 40:20.
Terminó en la cruz Efesios 2:15. Permancecerá para siempre S. Lucas 16:17.
Añadida por causa del pecado Gálatas 3:19. Señala el pecado Romanos 7:7 3:20.
Contraria a nosotros Colosenses 2:14. No es penosa 1 Juan 5:3.
No juzga a nadie Colosenses 2:14-16. Juzga a todo el mundo Santiago 2:10-12.
Carnal Hebreos 7:16. Espiritual Romanos 7:14.
No perfeccionó a nadie Hebreos 7:19. Perfecta Salmos 19:7.

14. ¿Qué siente el diablo con respecto a los que guardan los Diez Mandamientos?

“El dragón [el diablo] se llenó de ira contra la mujer [la verdadera iglesia], y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios” (Apocalipsis 12:17). “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12).

Respuesta:   El diablo odia a los que respetan la Ley de Dios, porque ésta es la pauta para una vida recta. Si usted resuelve seguir la norma presentada en la Ley de Dios, sentirá la ira del diablo. No es de sorprenderse que el diablo odie y se oponga a los que sostienen la ley de Dios. Pero resulta sorprendente y pasmoso oír a dirigentes de religión que niegan la vigencia de los Diez Mandamientos y menosprecian o disminuyen su importancia mientras al mismo tiempo respetan las tradiciones de los hombres. No es extraño que Cristo dijera: “¿Por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestras tradiciones?” (Mateo 15:3, 9). Y David dijo: “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley” (Salmos 119:126). Es hora de que la sociedad restaure la ley de Dios al lugar que le corresponde. Es insensato que esta generación indisciplinada presuma que puede violar impunemente la ley de Dios.


Preguntas Para Meditar

1. ¿No dice la Biblia que la ley era (o es) “defectuosa”?
No. La Biblia explica que el pueblo era el que tenía defectos (Hebreos 8:7, 8). Y en Romanos 8:3 dice que la ley “era débil por la carne”. Siempre el problema es el mismo. La ley es perfecta, pero el pueblo tenía defectos o debilidades. De manera que Dios hizo posible que su Hijo habitara en sus hijos, “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros” (Romanos 8:4), a través de la presencia de Cristo en nuestras vidas.

2. Gálatas 3:13 dice que somos redimidos de la maldición de la ley. Explique en qué forma se produce esaredención.
La maldición de la ley es la muerte (Romanos 6:23). Cristo gustó la muerte por todos (Hebreos 2:9). Por lo tanto, él nos redimió de la maldición de la ley (la muerte), y en su lugar nos proporciona vida eterna.

3. ¿No nos enseñan Colosenses 2:14-17 y Efesios 2:15, que la ley de Dios quedó abolida en la cruz?
No. Estos dos pasajes se refieren a la ley “de los decretos” o de las “ordenanzas” o sea la ley de Moisés, que era la ley ceremonial que gobernaba el sistema de sacrificios y el sacerdocio. Todas estas ceremonias y este ritual prefiguraban la cruz y dejaron de tener vigencia en ocasión de la muerte de Cristo, pues Dios había añadido la ley de Moisés “hasta que viniese la simiente [Cristo]” (Gálatas 3:19, 16). Aquí no podía estar envuelta la ley de Dios, pues Pablo habló de ella como santa, justa y buena, muchos años después de la cruz (Romanos 7:7, 12).

4. La Biblia dice: “El cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). Además, en Mateo 22:37-40 se nos ordena amar a Dios y a nuestro prójimo, y termina con las palabras: “De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. ¿No reemplazan estos preceptos a los Diez Mandamientos?
No. Los Diez Mandamientos dependen de estos dos mandamientos como nuestros diez dedos cuelgan de nuestras manos. Son inseparables. El amor a Dios hace que la observancia de los primeros cuatro mandamientos (que se refieren a nuestra relación con Dios) sea un placer. Y el amor a nuestro prójimo hace que observar los últimos seis (que conciernen a nuestros semejantes), sea un gozo. Cuando en realidad amamos a una persona, cumplir con sus órdenes nos resulta un gozo. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Es imposible amar al Señor y no guardar sus mandamientos, porque la Biblia dice: “Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (l Juan 2:4).

5. ¿No dice 2 Corintios 3:7, que la ley grabada en piedra “habrá de perecer”?
El pasaje dice que lo que había de perecer es la gloria del rostro de Moisés, y no la ley grabada en piedra. Vuelva a leer con cuidado todo el pasaje de 2 Corintios 3:3-9. El tema del contexto no es la anulación o el establecimiento de la ley, sino el cambio de ubicación de la ley, que debe ser transferida de las tablas de piedra a las tablas del corazón. Bajo el ministerio de Moisés, la ley estaba en tablas. Bajo el ministerio del Espíritu Santo, por medio de Cristo, la ley es escrita en el corazón (Hebreos 8:10). La ministración que Cristo hace de la ley es eficaz, porque él transfiere esa ley al corazón del cristiano. Así, la observancia de la ley llega a ser una delicia y una manera gozosa de vivir, porque el cristiano tiene verdadero amor tanto hacia Dios como hacia el hombre.

6. Romanos 10:4 dice que “el fin de la ley es Cristo”. Quiere decir que la ley ha tenido su fin, ¿no es así?
“Fin”, en este versículo, quiere decir “propósito” u “objeto, objetivo”, así como en Santiago 5:11. El significado es claro: conducir a los hombres a Cristo—donde encuentran justicia—este es el objetivo, el propósito, o fin de la ley.

7. ¿Por qué tantas personas niegan la vigencia de la ley de Dios y de sus requisitos?
“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Romanos 8:7-9).

8. ¿Las personas justas del Antiguo Testamento, se salvaron por guardar la ley ?
No. Nadie se ha salvado por guardar la ley. Todos los que se salvaron través de las edades, se salvaron por gracia. Esta “gracia… nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9). La ley sólo señala el pecado. Solamente Cristo puede salvar. Noé encontró gracia (Génesis 6:8). Moisés halló gracia (Éxodo 33:17). Los israelitas en el desierto hallaron gracia (Jeremías 31:2), Abel, Enoc, Abrahán, Isaac, Jacob, José, y muchos otros conocidos personajes del Antiguo Testamento fueron salvados por la fe, de acuerdo con Hebreos capítulo 11. Se salvaron porque miraron hacia el futuro y pusieron su fe y esperanza en la cruz. Nosotros nos salvamos al mirar hacia atrás, a la cruz. La ley es necesaria porque, como un espejo, revela la “suciedad” en nuestra vida. Sin ella, las personas siguen siendo pecadoras, pero no lo advierten. La ley no tiene poder salvador. Sólo puede señalar el pecado. Sólo Jesús puede salvar a una persona de sus pecados. Esto ha sido siempre cierto, aun en los días del Antiguo Testamento (Hechos 4:12; 2 Timoteo 1:9).

9. ¿Por qué preocuparse por la ley? ¿No es la conciencia una guía segura?
¡No! La Biblia habla de una mala conciencia, una conciencia contaminada, una conciencia cauterizada, y ninguna de éstas es segura. “Hay camino que al hombre parece derecho, empero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Dios dice: “El que confía en su propio corazón es necio” (Proverbios 28:26).

La ley de Dios: Los diez mandamientos

  • Jeremías 10:6, 7. Dios es el Rey y Gobernante de las naciones.
  • Salmo 103:19. Él es el Regente del universo.
  • Salmo 89:14. La justicia y el amor son el fundamento de su trono.

LA LEY DE DIOS ERA EVIDENTE EN SINAÍ

  • Génesis 2:16, 17; 3:1, 4, 6. Eva codició y robó la fruta prohibida.
  • Génesis 4:8, 9. Caín mató a su hermano y mintió para encubrir su culpa.
  • Génesis 39:16-19. José se negó a cometer adulterio y a pecar contra Dios.
  • Génesis 2:1, 3. Éxodo 16:22-30. Se observaba el sábado.

DIOS PROCLAMÓ SU LEY

  • Éxodo 19:16-19. El hecho más espectacular en toda la historia fue cuando Dios declaró su ley desde el monte Sinaí.
  • Deuteronomio 5:22. El público más grande que se haya registrado jamás fue cuando Dios declaró los diez mandamientos y no agregó nada más.
  • Éxodo 12:37, 38. El público llegaba a las 600.000 hombres a lo que se sumaban las mujeres y los niños; una multitud heterogénea.
  • Deuteronomio 4:12, 13. Dios escribió los diez mandamientos.
  • Éxodo 31:18; Deuteronomio 9:12. Consistían en dos tablas de testimonios escritos con el dedo de Dios.
  • Deuteronomio 9:11. Dios dio a Moisés las dos tablas de la ley.
  • Éxodo 32:7, 15, 16, 19. Las primeras dos tablas del testimonio escritas por Dios fueron rotas por Moisés.
  • Deuteronomio 10:1-4. Moisés preparó las segundas dos tablas y por segunda vez Dios escribió los Diez Mandamientos con su propio dedo.
  • Deuteronomio 10:5. Las dos tablas fueron colocadas dentro del arca del pacto.
  • 1 Reyes 20:2-17. Las dos tablas estaban en el arca.

CARACTERÍSTICAS DE LOS DIEZ MANDAMIENTOS

  • Éxodo 20:2-17; Deuteronomio 5:6-21. La lista con los diez mandamientos.
  • Romanos 7:12. La ley es santa y justa.
  • Romanos 7:14. Es una ley espiritual.
  • Santiago 2:8. Es llamada la ley real.
  • Santiago 1:25. Es llamada la perfecta ley de la libertad.
  • Santiago 111:7, 8. La ley existirá siempre.

«La muerte del amado Hijo de Dios en la cruz revela la inmutabilidad de la ley de Dios.» Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 218.

RELACIÓN DEL HOMBRE CON LA LEY DE DIOS

  • Santiago 2:10. La transgresión de un mandamiento corresponde a la transgresión de todos.
  • 1 Juan 2:4. El hombre es un mentiroso si declara conocer a Dios pero no observa sus mandamientos.
  • Mateo 7:21. No todos los que dicen «Señor, Señor» entrarán en el reino, sino el que hace la voluntad de Dios.
  • Mateo 5:17-19. Cristo magnificó la ley. En Mateo 5:21-48 se ve cómo lo hizo.
  • Juan 14:15. Si amamos a Cristo observaremos sus mandamientos.
  • Juan 15:10. Cristo permaneció en el amor del Padre observando sus mandamientos.
  • Romanos 3:31. La fe establece la ley.
  • Eclesiastés 12:13, 14. El deber del hombre: temer a Dios y observar sus mandamientos.
  • Romanos 2:12, 13. Si un hombre peca sin la ley perecerá sin la ley; si peca conociendo la ley, será juzgado según la ley.
  • Daniel 3. Los tres jóvenes hebreos obedecían la ley de Dios.
  • Hechos 5:29. El cristiano debe obedecer a Dios ante que a los hombres.
  • Hechos 4:18-20. Hablamos lo que hemos visto y oído.
  • Mateo 22:21. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
  • Apocalipsis 12:17. La última iglesia de Dios observará su ley durante la persecución.

«El pueblo remanente de Dios, los que se destacan delante del mundo como reformadores, deben demostrar que la ley de Dios es el fundamento de toda reforma permanente… » Patriarcas y Profetas, pág. 502.

«Siendo la ley del amor el fundamento del gobierno de Dios, la felicidad de todos los seres inteligentes depende de su perfecto acuerdo con los grandes principios de justicia de esa ley. Dios desea de todas sus criaturas el servicio que nace del amor, de la comprensión y del aprecio de su carácter. No se halla placer en una obediencia forzada, y otorga a todos libre albedrío para que puedan servirle voluntariamente.» Patriarcas y Profetas, pág. 13, 14.

  • Éxodo 20:8. Acuérdate del día de reposo para santificarlo.

«Se me mostró que la ley de Dios permanecerá inalterable por siempre y regirá en la nueva tierra por toda la eternidad. Cuando en la creación se echaron los cimientos de la tierra, los hijos de Dios contemplaron admirados la obra del Creador, y la hueste celestial prorrumpió en exclamaciones de júbilo. Entonces se echaron también los cimientos del sábado. Después de los seis días de la creación, Dios reposó el séptimo, de toda la obra que había hecho, y lo bendijo y santificó, porque en dicho día había reposado de toda su obra, El sábado fue instituido en el Edén antes de la caída, y lo observaron Adán y Eva y toda la hueste celestial. Dios reposó en el séptimo día, lo bendijo y lo santificó. Vi que el sábado nunca será abolido, sino que los santos redimidos y toda la hueste angélica lo observarán eternamente en honra del gran Creador.» Primeros Escritos, pág. 218.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS COMO FUERON DADOS POR DIOS

Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

I

No tendrás dioses ajenos delante de mí.

II

No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo enla tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

III

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.

IV

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

V

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.

VI No matarás.

VII

No cometerás adulterio.

VIII

No hurtarás.

IX

No hablarás contra tu prójimo  falso testimonio.

X

No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo.

Éxodo 20:2-17.

COMO FUERON CAMBIADOS POR EL HOMBRE

I

Yo soy Jehová tu Dios; no tendrás dioses ajenos delante de mí.

II

No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano.

III

Santificarás las fiestas. (Así lo aprendí yo de niña en la iglesia católica, no como dice en este libro)

IV

Honra a tu padre y a tu madre.

V

No matarás.

VI

No cometerás adulterio.

VII

No hurtarás.

VIII

No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

IX

No codiciarás a la mujer de tu prójimo.

X.

No codiciarás los bienes de tu prójimo.

Catequismo Convert de la doctrina católica., ed. 1921, pág. 37.

Cristo, el Legislador

“Porque el Eterno es nuestro Juez, el Señor es nuestro Legislador, el Eterno es nuestro Rey; él mismo nos salvará” (Isa. 33:22).

Consideremos ahora a Cristo en otro aspecto distinto, aunque en realidad no sea realmente diferente. Se trata de la consecuencia natural de su posición como Creador, porque el que crea -de crear- debe ciertamente tener autoridad para guiar y controlar. Leemos en Juan 5:22 y 23 las palabras de Cristo: “El Padre a nadie juzga, sino que confió todo el juicio al Hijo; para que todos honren al Hijo como honran al Padre”. Tal como Cristo es la manifestación del Padre en la creación, así es también la manifestación del Padre legislando y ejecutando la ley. Unos pocos textos de la Escritura bastarán para probarlo.

En Números 21:4-6 tenemos el relato parcial de un incidente sucedido mientras los hijos de Israel estaban en el desierto. Es éste: “Después partieron del monte Hor, camino del Mar Rojo, para rodear el país de Edom. Y el pueblo se impacientó por el camino. Y hablaron contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para morir en este desierto, donde no hay pan ni agua? Ya estamos cansados de este pan tan liviano. Y el Eterno envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo y murió mucha gente de Israel”. El pueblo habló en contra de Dios y en contra de Moisés, diciendo: ‘¿Por qué nos has traído al desierto?’ Encontraron defecto en su dirigente. Es por ello que fueron atacados por las serpientes. Ahora leamos las palabras del apóstol Pablo referentes al mismo evento:

“Ni tentéis a Cristo, como algunos de ellos lo tentaron, y perecieron por las serpientes” (1 Cor. 10:9). ¿Qué prueba esto? -Que Cristo era el dirigente contra quien estaban murmurando. Eso queda aún más claro por el hecho de que Moisés se puso del lado de Israel, rehusando ser llamado el hijo de la hija del Faraón, y estimó el reproche de Cristo mayor riqueza que los tesoros de Egipto (Heb. 11:26). Lee también 1 Cor. 10:4, donde Pablo dice que los padres “todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la Roca espiritual que los seguía, y la Roca era Cristo”. Así pues, Cristo era el dirigente de Israel desde Egipto.

El tercer capítulo de Hebreos da fe del mismo hecho. Allí se nos invita a considerar al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús, quien fue fiel en toda su casa, no como un sirviente, sino como Hijo sobre su propia casa (vers. 1 al 6). Se nos dice a continuación que nosotros somos su casa, si retenemos nuestra confianza firme hasta el fin. Por lo tanto, el Espíritu Santo nos exhorta a oír su voz y a no endurecer nuestros corazones, tal como hicieron los padres en el desierto. “Porque hemos llegado a ser participantes de Cristo, si retenemos firme el principio de nuestra confianza hasta el fin. Entre tanto que se dice: ‘Si hoy oís su voz, [la de Cristo], no endurezcáis vuestro corazón como en la provocación’”. ¿Quienes fueron los que, habiendo oído, lo provocaron? ¿No fueron todos los que habían salido de Egipto con Moisés? ¿Con quiénes estuvo Dios [Cristo] enojado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? (vers. 14 al 17). Se presenta aquí nuevamente a Cristo como el dirigente y comandante de Israel en sus cuarenta años de peregrinación por el desierto.

Vemos lo mismo en Josué 5:13 al 15, donde leemos que aquel hombre a quien Josué vio cerca de Jericó blandiendo una espada desenvainada en su mano, en respuesta a la pregunta de Josué, “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?”, dijo: “No. Yo Soy el Príncipe del ejército del eterno, que he venido.” En verdad, nadie se atreverá a discutir que Cristo fue el auténtico dirigente de Israel, aunque invisible. Moisés, el dirigente visible de Israel, “se sostuvo como quien ve al Invisible”. Fue Cristo quien comisionó a Moisés a ir y libertar a su Pueblo. Leamos ahora Éxodo 20:1 al 3:

“Entonces Dios habló estas palabras: ‘Yo Soy el Eterno tu Dios, que te saqué de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás otros dioses fuera de mí'”. ¿Quién habló estas palabras? -Aquel que los sacó de Egipto. Y ¿quién era el dirigente de Israel desde Egipto? Era Cristo. Entonces, ¿quién pronunció la ley desde el Sinaí? -Cristo, el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su ser real, quien es la manifestación de Dios al hombre. Fue el Creador de todo cuanto haya sido creado, y Aquel a quien se encomendó todo el juicio.

Hay otra forma de llegar a la demostración de este punto: Cuando el Señor venga, será con aclamación (1 Tes. 4:16). Su voz penetrará las tumbas y resucitará a los muertos (Juan 5:28 y 29). “El Eterno bramará desde lo alto, desde su santa morada dará su voz. Bramará con fuerza contra su tierra. Canción de lagareros cantará contra todos los habitantes de la tierra. El estruendo llegará hasta el fin de la tierra; porque el Eterno tiene juicio contra las naciones. Él es el Juez de toda carne, y entregará a los impíos a espada -dice el Eterno” (Jer. 25:30 y 31). Comparando esto con Apocalipsis 19:11 al 21, donde Cristo como Comandante de los ejércitos celestiales, el Verbo de Dios, Rey de reyes, Señor de señores, sale a pisar el lagar del vino del furor de la ira del Dios Todopoderoso, destruyendo a todos los impíos, reconocemos que es Cristo quien “brama” desde su morada contra todos los habitantes de la tierra, al entrar en controversia con las naciones. Joel añade algo más, al decir, “El eterno bramará desde Sión, tronará desde Jerusalén, y temblarán el cielo y la tierra” (Joel 3:16).

A partir de estos textos, a los que cabría añadir otros, vemos que en la venida del Señor a libertar a su pueblo, él habla con una voz que hace temblar la tierra y el cielo: “vacilará la tierra como un borracho, será removida como una choza” (Isa. 24:20), y “los cielos desaparecerán con gran estruendo” (2 Ped. 3:10). Leamos ahora Hebreos 12:25 y 26:

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos que desecharon al que hablaba en la tierra, no escaparon; mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla desde el cielo. En aquel entonces, su voz sacudió la tierra. Pero ahora prometió: Aún una vez, y sacudiré no sólo la tierra, sino aun el cielo”.

La ocasión en la que la voz sacudió la tierra fue al promulgar la ley al pie del Sinaí (Éx. 19:18-20; Heb. 12:18-20), un acontecimiento sobrecogedor sin paralelo hasta hoy, y que no lo tendrá hasta que el Señor venga con todos los ángeles del cielo a salvar a su pueblo. Pero observemos: la misma voz que entonces sacudió la tierra, sacudirá en el tiempo venidero, no solamente la tierra sino también el cielo; y hemos visto que es la voz de Cristo que atronará hasta el punto de hacer temblar el cielo y la tierra, en el desenlace de su controversia con las naciones. Por lo tanto, queda demostrado que fue la voz de Cristo la que se hizo oír en el Sinaí, proclamando los diez mandamientos. Esto coincide exactamente con la conclusión lógica de lo ya comentado a propósito de Cristo como Creador y Hacedor del sábado.

En efecto, el hecho de que Cristo sea parte de la divinidad, poseyendo todos los atributos de ella, igual al Padre a todo respecto como Creador y Legislador, es la razón básica del poder de la expiación. Solamente así es posible la redención. Cristo murió “para llevarnos a Dios” (1 Ped. 3:18); pero si le hubiera faltado un ápice para ser igual a Dios, no nos hubiera podido traer a Dios. La divinidad significa la posesión de los atributos de la Deidad. Si Cristo no hubiese sido divino, entonces habríamos tenido solamente un sacrificio humano. Poco importa que se conceda el que Cristo fuese la más grande inteligencia creada en el universo; en ese caso hubiera sido meramente un ser en obligación de lealtad a la ley, sin posibilidad de mayor virtud que la de cumplir su propio deber. No habría podido tener justicia que impartir a otros. Hay una distancia infinita entre el más exaltado ángel que jamás haya sido creado, y Dios; por lo tanto, el ángel más exaltado que quepa imaginar no podía levantar al hombre caído y hacerlo partícipe de la naturaleza divina. Los ángeles pueden ministrar, pero sólo Dios puede redimir. A Dios sean dadas gracias por salvarnos “por la redención que hay en Cristo Jesús,” en quien habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente, y quien es en consecuencia capaz de salvar hasta lo sumo a los que vienen a Dios por él.

Esta verdad contribuye a un más perfecto entendimiento de la razón por la que se denomina a Cristo “el Verbo de Dios”. Es por medio de él como la voluntad y el poder divinos se dan a conocer a los hombres. Él es –por así decirlo– el portavoz de la divinidad, la manifestación de Dios. Es él quien declara –da a conocer– a Dios al hombre. Plugo al Padre que en él morara toda plenitud; y así, el Padre no es relegado a una posición secundaria, como algunos imaginan, cuando Cristo es exaltado como Creador y Legislador; ya que la gloria del Padre brilla precisamente a través del Hijo. Siendo que Dios se da a conocer solamente a través de Cristo, es evidente que el Padre no puede ser honrado como debiera serlo, por aquellos que dejan de exaltar a Cristo. Como él mismo dijo, “El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió” (Juan 5:23).

Te preguntas cómo puede Cristo ser el Mediador entre Dios y el hombre, y también el Legislador. No hemos de explicar el cómo, sino aceptar el relato de las Escrituras de que es así. Y el que sea así es lo que da solidez a la doctrina de la expiación. La garantía que tiene el pecador del perdón completo y gratuito, descansa en el hecho de que el Legislador mismo, Aquel contra quien se ha rebelado y ha desafiado, es el que se dio por nosotros. ¿Cómo es posible que alguien ponga en duda la honestidad del propósito de Dios, o su voluntad perfecta para con los hombres, cuando se dio a sí mismo por su redención? Porque no hay que imaginar que el Padre y el Hijo estuviesen separados en esta obra. Fueron Uno en esto, como en todo lo demás. El consejo de paz fue entre los dos (Zac. 6:12 y 13), y aun estando aquí en la tierra, el Hijo unigénito estaba en el seno del Padre.

¡Qué maravillosa manifestación de amor! El Inocente sufrió por el culpable; el Justo por el injusto; el Creador por la criatura; el Hacedor de la ley, por el transgresor de la ley; el Rey, por sus súbditos rebeldes. Puesto que Dios no eximió ni aun a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él gratuitamente todas las cosas? El Amor infinito no pudo encontrar mayor manifestación de sí. Bien puede decir el Señor, “¿Que más se había de hacer a mi viña, que yo no haya hecho?”

¿Se cambió en el Nuevo Testamento el sábado por el domingo?

No hay evidencia en el Nuevo Testamento de que el sábado haya sido cambiado por el domingo. Hay en cambio una evidencia consistente de la continuidad del séptimo día, el sábado.

 

Desde el principio de la creación (Génesis 2:1-3), el sábado fue establecido como un día especial en beneficio de toda la humanidad. Dios descansó en el séptimo día de la semana y lo santificó (lo apartó para un propósito divino) como una bendición para el mundo entero. Más tarde, el sábado fue confirmado por Dios como parte de su pacto con el pueblo de Israel (del cual los judíos eran tan solo una tribu), lo cual se relata en Éxodo 20:8-11 y Deuteronomio 5:12-15.

En Mateo 5:17-18, Jesús dijo que no vino a la tierra “para abrogar [disolver, deponer o echar abajo] la ley o los profetas”. Jesús dijo que venía para cumplir su propósito de convertirse en nuestro Salvador y no para cambiar o anular ninguna de las leyes que regulan nuestra relación con Dios y nuestra convivencia unos con otros. Es más, Cristo enfatizó en que ni siquiera una letra de la ley (jota o tilde) pasaría antes de que su plan se cumpliese.

En Marcos 2:27, Jesús se refirió nuevamente a la creación del sábado, diciéndoles a los fariseos: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo”. Es claro que el sábado fue hecho (creado o establecido) para el beneficio de toda la humanidad, no sólo para los judíos. Y ya que el sábado fue hecho para el hombre, mientras haya seres humanos, el sábado seguirá siendo parte de la creación y de nuestra conexión con Dios.

El versículo 28 dice: “Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo [sábado]”. En otras palabras, el sábado es el verdadero “Día del Señor”.

Lucas 4:16 demuestra que Jesús acostumbraba (era su hábito o costumbre) observar el sábado. A pesar de las constantes acusaciones de los fariseos por lo que hacía en sábado, Cristo nunca dejó de guardar el día de reposo, ni manifestó la necesidad o intención de cambiar su observancia al domingo.

El Nuevo Testamento cubre seis décadas de la Iglesia después de la muerte de Jesús. No menciona por ninguna parte que se hubiera cambiado el día de adoración para el primer día de la semana.

Los seres humanos no tienen autoridad para “santificar” un día, ni para determinar qué día es santo; sólo Dios puede hacer esto. Y, según las Sagradas Escrituras, el único día apartado por Dios para descansar y adorarle es el séptimo día de la semana (Génesis 2:2-3).

Ejemplo de Pablo predicando en sábado

El apóstol Pablo viajaba constantemente a lo largo del mundo gentil predicando el Evangelio. Debido a esto, a menudo se encontraba con judíos y gentiles y les instruyó sobre el Evangelio de Cristo los días sábado.

En Hechos 13 encontramos un ejemplo de esto. “Ellos [Pablo y sus compañeros, v. 13], pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron. Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad. Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dijo: Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd” (vv. 14-16). Luego, Pablo les predicó a cerca de Jesucristo (vv. 17-41).

Note el versículo 42: “Cuando salieron ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el siguiente día de reposo [sábado] les hablasen de estas cosas”. Si la Iglesia del Nuevo Testamento guardaba el domingo en lugar del sábado, ¿por qué Pablo no les dijo que podían reunirse al día siguiente, que era domingo (el primer día de la semana), en lugar de esperar una semana? Claramente, el apóstol Pablo seguía respetando la observancia del séptimo día, sábado, aun entre los gentiles. El versículo 44 relata que “El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios”. Por lo tanto, este pasaje no presenta evidencia de que Pablo quisiera cambiar el día de reposo a domingo, lo cual es consistente en referencias similares.

Otros relatos de Pablo predicando en la sinagoga en día sábado se encuentran en Hechos 14:1; 17:2, 10 y 18:4. Algunas personas dicen que Pablo iba a la sinagoga porque la gente se reunía ahí para adorar a Dios, y están en lo correcto. Sin embargo, el apóstol seguía asistiendo a las reuniones en sábado. Además, no existe evidencia de que Pablo enseñara que ya no era necesario observar el sábado y que en adelante tendrían servicios en el primer día de la semana.

No obstante, hay algunos pasajes bíblicos que a menudo se usan como supuesta prueba de que el día de adoración fue cambiado a domingo.

Sabado o domingo: ¿qué podemos decir de Hechos 20:7?

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche”.

Con frecuencia se piensa que este versículo detalla una reunión de comunión de la Iglesia llevada a cabo en el primer día de la semana.

El significado de “partir el pan”

Lo primero que se asume es que “partir el pan” significa hacer una reunión de comunión. Pero, si bien el partimiento del pan es un acto relacionado con la Pascua (1 Corintios 10:16; 11:23-24), cuando se habla de “partir el pan” en las Escrituras, esto normalmente significa realizar una comida.

En Hechos 20:9-11, podemos leer que, durante esa comida en particular, un joven fue resucitado milagrosamente luego de haber caído por la ventana de un tercer piso. Luego vemos que Pablo, “Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió” (v. 11). Esto no significa que hizo otro servicio de comunión pocas horas después del primero, sino que volvió a comer luego de la primera comida que se relata en el versículo 7.

Otro ejemplo que ilustra el significado de “partir el pan” se encuentra en Hechos 27:27-37. En este episodio, Pablo se encontraba en un barco que pasó por una tormenta de dos semanas (v. 27) durante las cuales los marineros no comieron por tratar de mantener la nave a flote. Debido a esto, Pablo les aconsejó que comieran para reponer sus fuerzas:

“Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también” (vv. 33-36).

“Partir el pan” significa participar de una comida, no realizar un servicio religioso. Pablo dio gracias, los hombres comieron y quedaron satisfechos.

No fue un servicio de adoración en domingo

Analicemos la hora en que se realizó la reunión relatada en Hechos 20. ¿Acaso el apóstol Pablo comenzó un servicio de adoración el domingo por la mañana y predicó hasta la media noche (v. 7)? Hay una respuesta más lógica que esta.

Según la tradición judía, un día comienza a la puesta de sol, por lo que la frase “primer día de la semana” podría referirse al comienzo de este día, o lo que nosotros conocemos como la noche del sábado. En el versículo 8, leemos que “había muchas lámparas en el aposento alto”, dado que estaba oscuro.

Pablo se reunió con ellos para comer todos juntos y, sabiendo que se iría del lugar a la mañana siguiente, aprovechó la oportunidad de hablar al grupo hasta la media noche. Luego de que el joven cayera del tercer piso (vv. 9-10), tomaron un descanso, volvieron a comer y Pablo siguió hablando con ellos hasta el amanecer del domingo. Posteriormente, inició su viaje (v. 11).

Es claro que esta reunión ocurrió entre un sábado y un domingo y no fue un servicio de comunión en domingo.

¿Se refiere al sábado Romanos 14?

Romanos 14 se utiliza con frecuencia para decir que la Iglesia del Nuevo Testamento enseñaba que el sábado era igual que cualquier otro día: “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente” (v. 5). Un análisis cuidadoso de este capítulo demuestra que el apóstol Pablo no estaba reduciendo el estatus del sábado al de un día cualquiera de la semana.

En el versículo 1 se declara el tema principal de todo el capítulo, “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones”.

Tal como sucede en cualquier congregación, la Iglesia en Roma estaba compuesta tanto por personas experimentadas y fuertes en la fe como por personas menos experimentadas y más débiles. Pablo estaba instruyendo a las personas de más experiencia sobre ser pacientes y comprensivas con quienes eran más inmaduros espiritualmente. En este capítulo, el apóstol aborda tres temas que podían ser controversiales y los describe como “opiniones”. Pablo explica que las decisiones con respecto a estos eran de índole personal y advierte que no debían juzgar severamente a otros por diferencias de opinión.

El resto de este capítulo se desarrolla en el mismo contexto. En el versículo 10, Pablo escribe “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”. Más adelante reitera, “Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano” (v. 13). Y luego, en Romanos 15:1, continúa, “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos”.

El primer tema que el apóstol Pablo trata en este capítulo es qué comer y qué no en los días de ayuno (Romanos 14:2-3). Luego, Pablo se refiere a ciertos días que habían sido elegidos para realizar festividades o ayunar en base a razones personales o tradición (vv. 5-6). Es probable que algunos creyentes que habían sido fariseos en el pasado tuvieran la costumbre de ayunar una o dos veces a la semana (Lucas 18:12) y, aparentemente, había polémica con respecto a qué día era el más apropiado para festejar o ayunar. Pablo les explicó que esto también era un tema personal y no algo en lo que pudieran juzgarse entre sí. Este dilema tenía que ver solo con festejar o ayunar; el apóstol Pablo no menciona el día sábado en ningún momento.

El tercer debate estaba relacionado con el consumo de animales que habían sido sacrificados a los ídolos (v. 14). Sabiendo que era un tema delicado, Pablo se preocupaba de que los miembros no ofendieran a quienes pensaban que la carne de animales sacrificados a los ídolos era impura. También parece ser que algunas personas pensaban que no debían tomar vino (v. 21). Pablo recordó a quienes comprendían la trivialidad de estas cosas que no debían alardear de su entendimiento para no ofender a quienes no lo tenían. En el versículo 23, se habla de la importancia de una consciencia limpia “Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado”.

Las palabras de Pablo a lo largo de este capítulo advierten a la congregación sobre no juzgarse entre sí en cuanto a temas subjetivos. El día sábado, séptimo día de la semana, nunca es mencionado en el pasaje, pues se sabía que este era un mandamiento indiscutible.

¿Qué podemos decir de 1 Corintios 16:1-2?

“En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas”.

A menudo se piensa que estos versículos hablan de la recolección de ofrenda durante un servicio de adoración en domingo. Sin embargo, esta Escritura no hace referencia a un servicio de adoración.

En este pasaje vemos que el apóstol Pablo solicita a los miembros recolectar la ofrenda en el primer día de la semana, pero esta ofrenda no era para la Iglesia local, sino para “los santos” que tenían necesidad. La situación se describe en Hechos 11:28-30 “Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo”.

En Romanos 15:25-26, vemos otro ejemplo en que Pablo solicitó la recolección de ayuda, esta vez a la congregación de Macedionia y Acaya: “Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén”.

Un año después de haber pedido esta ofrenda de ayuda especial en Corinto, el apóstol Pablo instó a la Iglesia a seguir ayudando a quienes lo necesitaban:

“Cuanto a la ministración para los santos, es por demás que yo os escriba; pues conozco vuestra buena voluntad, de la cual yo me glorío entre los de Macedonia, que Acaya está preparada desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a la mayoría. Pero he enviado a los hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que como lo he dicho, estéis preparados; no sea que si vinieren conmigo algunos macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza. Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra” (2 Corintios 9:1-5).

Pablo nuevamente les pide preparar la ofrenda con anticipación para que pueda ser enviada.

Una vez que comprendemos el contexto de 1 Corintios 16, es claro que la Iglesia no realizaba servicios de adoración semanales en domingo ni recolección de ofrenda todas las semanas. Además, no existe ninguna instrucción para la Iglesia de hacer estas cosas.

El sábado no fue remplazado

Jesucristo guardó el séptimo día de la semana, el sábado, como día de reposo. Luego de su muerte, Sus discípulos y la Iglesia del Nuevo Testamento siguieron observándolo. No existe evidencia bíblica de que el día de adoración haya sido cambiado al domingo.

¿Quebrantó Jesús el sábado?

Texto de meditación: “También les dijo: El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado. Así, el Hijo del Hombre es también Señor del sábado” (Mateo 2:27-28).

El sábado es mencionado cerca de 50 veces en los cuatro evangelios (más de lo que se menciona en los cinco primeros libros de la Biblia), así que contamos con datos históricos muy amplios sobre la actitud que Jesús tuvo hacia ese día. Para entender acertadamente lo que los evangelios nos dicen acerca del sábado, es necesario que tengamos en cuenta que la manera de guardarlo había cambiado (o más correctamente, había sido cambiada) desde que fue creado y, posteriormente, codificado en el Decálogo.

El sábado en la historia

En los siglos anteriores al nacimiento de Jesús, la observancia del sábado sufrió una transformación masiva. Israel llegó incluso a olvidarse de Dios y se desintegró como nación, dividiéndose en los reinos de Israel y Judá. Luego, las dos naciones fueron llevadas en cautiverio por los invasores de Asiria y Babilonia respectivamente, en los siglos octavo y sexto antes de Cristo.

Uno de los pecados más flagrantes de Israel, el cual contribuyó enormemente a que la nación fuera llevada en cautiverio, fue la violación del sábado de Dios. Aun en medio de la autodestrucción de Judá, provocada por el comportamiento pecaminoso de sus habitantes, Dios continuó advirtiéndoles por medio del profeta Jeremías: “Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el sábado . . . Ni hagáis trabajo alguno, sino santificad el sábado, como mandé a vuestros padres . . . Pero si no me oyereis para santificar el sábado . . . yo haré descender fuego en sus puertas, y consumirá los palacios de Jerusalén, y no se apagará” (Jeremías 17:21-22, 27).

Hallándose en Babilonia, en cautiverio con el reino de Judá, el profeta Ezequiel habló de parte de Dios: “Les di también mis sábados, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy el Eterno que los santifico. Mis sábados profanaron en gran manera . . . desecharon mis decretos, y no anduvieron en mis estatutos, y mis sábados profanaron” (Ezequiel 20:12-13, 16).

También Dios le dijo a la nación de Judá: “Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis sábados apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos” (Ezequiel 22:26).

Más tarde, muchos judíos regresaron de la cautividad de Babilonia y se establecieron en su antiguo territorio; esto sucedió siglos antes del nacimiento de Jesucristo. Ellos sabían por los mensajes de Jeremías y Ezequiel que su nación había sido destruida por el quebrantamiento de la ley de Dios, y que violar el sábado fue uno de sus principales pecados.

Una vez que fueron restablecidos como nación, resolvieron no volver a cometer el mismo error. En consecuencia, con el correr de los años las autoridades religiosas judías impusieron una serie de normas meticulosas que detallaban las actividades que ellos consideraban que eran permitidas y prohibidas en el sábado. Así, fueron de un extremo al otro; de profanar el sábado y hacer caso omiso de su observancia, pasaron a guardarlo de una manera opresiva y legalista.

Regulaciones añadidas al sábado

El Zondervan Pictorial Bible Dictionary (“Diccionario bíblico ilustrado de Zondervan”), en su artículo referente al sábado, nos describe cuán rígidas habían llegado a ser las regulaciones sobre la observancia del sábado en los tiempos de Jesús. El código religioso tocante al sábado enumeraba “39 categorías principales de acciones prohibidas: sembrar, arar, cosechar, juntar gavillas, trillar, aventar, limpiar, moler, tamizar, amasar, hornear . . . Cada uno de estos enunciados principales se ampliaba detalladamente de tal forma que llegaron a definirse cientos de prohibiciones que un judío celoso de la ley jamás debía violar. Por ejemplo, la prohibición concerniente a hacer nudos era algo tan general que fue necesario entrar a definir qué clase de nudos podían hacerse y cuáles no, hasta que se llegó a la conclusión de que podrían hacerse los nudos que se deshicieran con una sola mano . . .

”La prohibición referente a escribir en el sábado fue ampliada así: ‘Aquel que escriba dos letras con la mano derecha o con la mano izquierda, no importa que sean iguales o diferentes . . . es culpable. Aunque lo haga por haberse olvidado de esta ordenanza, es culpable . . . Si al escribir en dos paredes que forman un ángulo, o en las dos tablas de su libro de contabilidad de tal manera que puedan leerse juntas, también es culpable . . .’” (1967, p. 736).

Jesús predica en el sábado: Lucas 4:16-30

La primera vez que se menciona el sábado en la vida de Jesús está en Lucas 4:16: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el sábado entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer”. En la primera mención que encontramos acerca del sábado, cuando estaba comenzando su ministerio, se nos dice que la costumbre, la actividad normal de Jesús, era “entrar en la sinagoga”. No fue un incidente aislado, pues él continuaría yendo a enseñar a la sinagoga (Marcos 6:2; Lucas 13:10).

Continuando en el relato de Lucas, leemos: “Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro . . . comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:17-21).

Jesús citó Isaías 61:1-2, que en la sinagoga era reconocida como una profecía acerca de la época mesiánica. Cuando les dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”, estaba implicando con ello que él estaba cumpliéndola; por lo tanto, ¡se proclamó a sí mismo como el Mesías que ellos esperaban! Jesús continuó comparando su ministerio con el ministerio de Elías y el de Eliseo. Sus oyentes, que entendieron claramente lo que les decía, de inmediato se enfurecieron y quisieron matarlo, pero él logró escapárseles (vv. 23-30).

En esta primera mención del sábado durante el ministerio de Jesús, él proclamó ser el Mesías que todos esperaban, dando a conocer su misión como el Salvador del mundo. Esto fue un acontecimiento importante. Él se había criado en la ciudad de Nazaret, y fue la gente de Nazaret la primera en oír que él era el Mesías. Jesús les dio a conocer la esperanza de su reinado futuro —el evangelio, las buenas nuevas— tanto en su aspecto presente como en el cumplimiento futuro.

Jesús echa fuera demonios y sana en el sábado: Lucas 4:31-39

Enseguida, Jesús comenzó a proclamar el futuro Reino de Dios y a manifestar el poder milagroso que Dios le había dado en virtud de ser el Mesías (Hechos 2:22). “Descendió Jesús a Capernaum, ciudad de Galilea; y les enseñaba en los sábados. Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad” (Lucas 4:31-32). Luego, cuando echó un demonio fuera de una persona, “todos se quedaron asombrados y se decían unos a otros: ‘¿Qué enseñanza es ésta? ¡Con autoridad y poder les da órdenes a los espíritus malos, y salen!’” (v. 36, Nueva Versión Internacional).

Luego Jesús fue a la casa de Pedro y allí sanó a su suegra, que tenía mucha fiebre. Finalmente, “al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. También salían demonios de muchos, dando voces y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él los reprendía y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo” (vv. 38-41).

Como el Salvador, Jesús entendía el propósito del sábado y sabía que era un tiempo apropiado para llevar su mensaje de sanidad, esperanza y redención para la humanidad, y proclamar ese mensaje con sus acciones. Aun los demonios reconocieron en él al Mesías profetizado (Cristo significa “Mesías”, como dice en Juan 1:41). Jesús se valió del sábado para señalar su papel como Sanador y Salvador de la humanidad.

Jesús confronta a los fariseos al defender la forma de actuar de los discípulos: Mateo 12:1-8; Marcos 2:23-28; Lucas 6:1-5

Los pasajes de Mateo 12, Marcos 2 y Lucas 6 son comúnmente interpretados de tal manera que sirvan para implicar que Jesús quebrantó el mandamiento del sábado. Pero analicemos lo que sucedió en realidad. Según el relato de Marcos: “Aconteció que al pasar él por los sembrados un día de reposo, sus discípulos, andando, comenzaron a arrancar espigas. Entonces los fariseos le dijeron: Mira, ¿por qué hacen en el sábado lo que no es lícito?” (Marcos 2:23-24).

Los fariseos eran una de las ramas más estrictas del judaísmo y tenían una considerable autoridad religiosa en la época de Jesús; eran muy radicales en cuanto a la observancia del sábado. Su pregunta podría hacernos pensar que los discípulos estaban trabajando arduamente al cosechar grano en el sábado, y que los fariseos tuvieron que reprenderlos por su transgresión. Sin embargo, el relato de Lucas nos sirve para aclarar lo que en realidad estaban haciendo los discípulos: “Aconteció en un sábado, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos” (Lucas 6:1). Lo hicieron así porque tenían hambre (Mateo 12:1), no porque estuvieran segando el campo.

No quebrantaron el mandamiento del sábado

Las acciones de los discípulos estaban en perfecto acuerdo con las leyes que Dios había dado a la nación de Israel. De hecho, Dios había permitido el tomar espigas del campo de otra persona (Deuteronomio 23:25); incluso había ordenado que se dejaran sin segar algunas partes del terreno para que los pobres y los extranjeros tuvieran qué comer (Levítico 19:9-10; 23:22).

Mientras los discípulos caminaban a través del sembrado, iban tomando las espigas y con las manos separaban los granos de la cáscara para poder comérselos. Los fariseos, siendo una de las sectas más estrictas en cuanto a la observancia del sábado, denominaban estas acciones como “cosechar” y “trillar”, que estaban incluidas en las 39 categorías de acciones prohibidas en ese día. Aunque con sus acciones los discípulos no estaban violando el mandamiento del sábado, sí violaban las restricciones impuestas por los fariseos. Desde el punto de vista de los fariseos, lo que hacían los discípulos “no era lícito”, y por eso los criticaban.

La ley permite misericordia

Jesús explicó cómo David y sus soldados, mientras huían del rey Saúl, comieron del pan que normalmente estaba reservado sólo para los sacerdotes, y al hacerlo no cometieron ninguna falta delante de Dios (Marcos 2:25-26). También les recalcó cómo aun los sacerdotes en el templo, al conducir los servicios y realizar los sacrificios, trabajaban y no eran culpados por Dios (Mateo 12:5).

Jesús dijo que en ambos casos no se había violado ni el espíritu ni la intención de la ley y que tales actos habían sido permitidos por Dios específicamente, para el bien de su pueblo. Hizo resaltar el principio de la misericordia de la ley de Dios y que los fariseos estaban errados al poner por encima de todo lo demás, incluso de la misericordia, sus normas y regulaciones humanas.

Jesús explicó cómo los fariseos, debido a su punto de vista desvirtuado, habían llegado a tergiversarlo todo. “El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado”, les dijo (Marcos 2:27, Nueva Reina-Valera). Debido a la mentalidad estrecha de los fariseos y a su perspectiva legalista, el séptimo día de la semana se había transformado en una carga, con cientos de reglas y prohibiciones acerca de qué era y qué no era permitido hacer en ese día.

Jesús resumió el propósito del sábado volviendo al origen, a los comienzos: Dios lo creó como una bendición, un tiempo de verdadero descanso de todas las labores rutinarias, y no como una carga pesada. Era un tiempo para ser disfrutado, no para ser soportado. Afirmó además que el sábado no fue creado solamente para la nación de Israel, sino para toda la humanidad.

Las enseñanzas de Jesús en estos versículos son resumidas por el Anchor Bible Dictionary de la siguiente manera: “En algunas ocasiones se afirma que Jesús abrogó o anuló el sábado; esta aseveración se basa en las controversias que surgieron por las curaciones que efectuó y otros hechos que realizó en el sábado. Pero un análisis cuidadoso de estas situaciones no parece apoyar esta interpretación. El hecho de que los discípulos hayan arrancado espigas en el sábado es particularmente importante, y la forma en que Jesús se pronunció al respecto es fundamental . . . ‘El sábado fue hecho para el hombre, no el hombre para el sábado’ (Marcos 2:27). La acción de los discípulos de arrancar espigas violaba el rabínico halakhah [el conjunto de los reglamentos judíos] de la minuta casuística en el cual estaba prohibido cosechar, trillar, aventar grano y moler en el sábado . . . Jesús reformó el sábado y lo volvió a ubicar en el sitio correcto, con la perspectiva con que había sido creado: El sábado había sido hecho para toda la humanidad, no solamente para Israel, que era lo que argumentaba el judaísmo . . . El propósito que Dios tenía con la creación del sábado era que sirviera como descanso y bendición” (“Diccionario Anchor de la Biblia”, 1992, 5:855).

En este ejemplo vemos que Jesús entendió y explicó el verdadero propósito del sábado. Fue creado como un día de descanso y de reposo de las labores rutinarias, una gran bendición para la humanidad.

Otra curación en el sábado: Mateo 12:9-14; Marcos 3:1-6; Lucas 6:6-11

Inmediatamente después de la discusión con los fariseos acerca de por qué los discípulos recogían espigas en el sábado, los evangelios nos muestran cómo Jesús tuvo otro enfrentamiento acerca de lo que se debía y no se debía hacer en ese día. Las regulaciones de los fariseos habían llegado hasta el extremo de prohibir darle ayuda a un enfermo en el sábado a menos que la enfermedad pusiera en peligro su vida.

Un sábado en la sinagoga, Jesús se encontró con un hombre que tenía la mano seca; era una persona seriamente impedida, pero su vida no se encontraba en peligro. “Levántate y ponte en medio”, le dijo Jesús (Marcos 3:3). Enojado y entristecido por la dureza de sus corazones, incapaces de comprender el principio más fundamental de la ley de Dios, Jesús les preguntó a los que miraban: “¿Es lícito en los sábados hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?” (v. 4).

Incapaces de responder, callaron. Delante de todos Jesús sanó la mano del hombre y la restauró completamente. En lugar de alegrarse y de regocijarse por el feliz acontecimiento, los fariseos “tomaron consejo con los herodianos contra él, para destruirle” (vv. 4-6).

En lugar de aprender una lección espiritual vital acerca del propósito del sábado y el ministerio de Jesús, los fariseos se sintieron injuriados porque él había hecho caso omiso de sus estrictas directrices. En lugar de entender el mensaje de misericordia y compasión, conspiraron para matar al Mensajero.

Lejos de anular el sábado, lo que Jesús demostró era que el sábado es un día apropiado para ayudar y consolar a aquellos que están en necesidad. El mandamiento del sábado no especificaba lo que las personas debían hacer, sino lo que no debían hacer. Jesús entonces aclaró lo que era correcto hacer a los ojos de Dios: “Es lícito [según la ley de Dios] hacer el bien en los sábados” (Mateo 12:12).

El legalismo de los fariseos, yendo más allá del mandato de Dios de no trabajar, había creado una miríada de reglas que restringían aun lo más fundamental de la actividad humana, algo que Dios nunca pretendió. Sin embargo, aun en el reglamento de los fariseos había soluciones para emergencias, como era el caso de poder rescatar una oveja si caía en un hoyo (v. 11). Jesús afirmó que el sábado era un día en el que era permitido y deseable hacer el bien.

Aquellos que se oponen al sábado como día de reposo argumentan que cuando Jesús dijo: “Es lícito hacer el bien en los sábados” estaba con ello dando a conocer que ya no existía diferencia alguna entre los días que Dios había santificado y los demás días. Sin embargo, concluir que la naturaleza única del sábado había sido anulada con la enseñanza de que era “lícito hacer el bien” en ese día, implica que anteriormente era prohibido hacerlo, ¡y esto en ninguna manera es cierto! Jesús reprendió continuamente a quienes lo criticaban, diciéndoles que hacer el bien estaba permitido específicamente en el sábado (Mateo 12:12; Marcos 3:4; Lucas 6:9). El sábado es el día dado por Dios para la instrucción religiosa y como un tiempo de reposo, pero el mandamiento del sábado no prohíbe hacer el bien.

Los actos de curación que Jesús realizó en el sábado fueron precursores de las milagrosas curaciones que están aún por venir con la era mesiánica. Isaías profetizó acerca de ese tiempo: “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo” (Isaías 35:5-6).

Lo que el Salvador hizo en el sábado nos recuerda que vendrá un tiempo de paz, sanidad y restauración para toda la humanidad.

Jesús sana a una mujer encorvada: Lucas 13:10-17

Lucas relata otro caso de una persona que padecía de una enfermedad crónica y que fue sanada por Jesús el día sábado en la sinagoga. Era “una mujer que desde hacía dieciocho años tenía espíritu de enfermedad, y andaba encorvada, y en ninguna manera se podía enderezar” (Lucas 13:11). Llamándola para que se le acercara, Jesús puso las manos sobre la mujer, “y ella se enderezó luego, y glorificaba a Dios” (v. 13).

Los espectadores, sabiendo que Jesús había violado la prohibición estrecha que negaba la oportunidad de ayudar a quien no estuviera en peligro de muerte, esperaron a ver qué iba a pasar. No tuvieron que esperar mucho tiempo. “El principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el sábado, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en sábado” (v. 14).

Jesús, empero, no compartía esta actitud: “Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el sábado su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el sábado? Al decir él estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él” (vv. 15-17).

Jesús destacó el hecho de que el sábado representa un tiempo de liberación, de desatar las ligaduras, para ayudarnos a comprender cómo Dios quería que guardáramos el sábado. Aun las estrictas normas de los fariseos permitían dar de comer y de beber a los animales en el sábado. Si satisfacer las necesidades básicas de los animales no violaba el cuarto mandamiento, ¿cuánto más apropiada era la liberación de un ser humano mediante la curación en el sábado?

Este ejemplo de Jesús nos recuerda que está bien visitar a los ancianos y enfermos en el día sábado, ayudándoles a disfrutar el día como un tiempo de liberación. Como lo anunció Jesús, él vino a “pregonar libertad a los cautivos” y a “poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18), refiriéndose a la gloriosa liberación de la esclavitud espiritual que se hará realidad bajo su futuro gobierno como el Mesías.

Jesús sana a un hombre en el sábado: Lucas 14:1-6

La siguiente mención que encontramos del sábado durante el ministerio de Jesús está en Lucas 14. Este incidente no ocurrió en la sinagoga, sino en la casa de un fariseo eminente a donde Jesús había ido el sábado para comer.

Un hombre que tenía un problema crónico de salud acudió a él. “¿Es lícito sanar en el sábado?”, preguntó Jesús a los intérpretes de la ley y a los fariseos. Ninguno respondió. Jesús sanó al hombre, y éste se fue (vv. 2-4).

Entonces Jesús les preguntó a las personas reunidas: “¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en sábado? Y no le podían replicar a estas cosas” (vv. 5-6). Esta clase de preguntas habían sido debatidas entre los maestros religiosos judíos por años, y ellos reconocían que en el mandamiento de descansar no se hablaba de pasar por alto las situaciones de emergencia en que la vida o el bienestar de una persona o un animal estuviera en peligro.

El enfoque y el ejemplo de Jesús nos enseñan que debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente para aliviar el sufrimiento. El propósito del mandamiento de guardar el sábado nunca ha sido impedirnos hacer el bien en ese día. Jesús conocía muy bien el meollo y la esencia de la ley de Dios: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19:18). Los apóstoles Santiago y Pablo entendieron que el amor era el propósito y el cumplimiento de la ley (Santiago 2:8; Gálatas 5:14).

El ejemplo de Jesús nos muestra que debemos vivir cada día en amor, que es el espíritu y el propósito de la ley de Dios.

Jesús sana a un paralítico en el sábado: Juan 5:1-18

En el capítulo 5 del Evangelio de Juan encontramos el relato de una curación que no se menciona en ningún otro evangelio, lo que añade una nueva dimensión a lo que sabemos acerca de las actividades que Jesús realizaba en el sábado. En este caso sanó a un hombre que había estado enfermo por espacio de 38 años. “¡Levántate, toma tu lecho, y anda!”, le dijo (v. 8).

Al instante, el hombre fue sanado, tomó la camilla en la cual había yacido y caminó hasta ser confrontado por otros judíos que le reprochaban porque estaba llevando su camilla. “Es sábado; no te es lícito llevar tu lecho”, le advirtieron. Mas él replicó: “El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda” (vv. 10-11).

Después de comprobar que había sido Jesús quien sanó al hombre y le dio la orden de llevar su camilla, ellos “perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el sábado” (v. 16). El punto de vista que tenían acerca del sábado estaba tan desvirtuado que les importaban más sus triviales reglas acerca de lo que no se debía llevar a cuestas el sábado, ¡que la maravillosa curación de una persona que había estado afligida durante 38 años!

La respuesta que Jesús dio a quienes lo acusaban de estar quebrantando el sábado los contrarió aún más: “‘Mi Padre siempre está en su obra, y yo también’. Entonces, tanto más procuraban los judíos matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (vv. 17-18, Nueva Reina-Valera).

Lo que Jesús quebrantó no fue el mandato divino del sábado, sino las estrictas normas de los fariseos, basadas en lo que ellos consideraban permisible hacer en este día. Él no pudo haber violado el sábado, ya que anteriormente había pronunciado una maldición sobre cualquiera “que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres” (Mateo 5:19).

¿Qué fue lo que en realidad quiso decir Jesús cuando declaró: “Mi Padre siempre está en su obra, y yo también” (o como lo expresa la versión Reina-Valera, revisión de 1960: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo”)? En su comentario acerca de este versículo, The Life Application Bible (“La Biblia del diario vivir”) nos dice: “Si Dios dejara de trabajar completamente en el sábado, la naturaleza llegaría al caos y el pecado dominaría al mundo. Génesis 2:2 nos dice que Dios descansó en el séptimo día, pero esto no significa que dejó de hacer el bien. La enseñanza de Jesús nos permite entender que cuando se presente la oportunidad de hacer el bien, debemos hacerlo, aunque ésta se nos presente en el sábado”.

Dios creó el sábado como un día de reposo para el hombre —la humanidad entera—, no para sí mismo. Él descansó del trabajo de crear la tierra para mostrarnos que nosotros deberíamos descansar de nuestro trabajo rutinario. Pero Dios continúa realizando cierto tipo de trabajo sin descansar nunca: Día y noche, siete días a la semana, él está trabajando para llevar a la humanidad a su reino. Trabaja cada sábado para hacer que las personas crezcan espiritualmente, y trabaja constantemente para cultivar una relación íntima con cada uno de sus hijos.

A juzgar por lo que leemos en los evangelios, Jesús sanó más personas en el sábado que en cualquier otro día. También enseñó y predicó en el sábado. ¿Estaba pecando al hacerlo? No. Sus actividades eran parte de la obra de Dios y tenían como propósito ayudar a las personas a entender y, finalmente, entrar a formar parte del Reino de Dios. Por lo tanto, esas actividades eran perfectamente aceptables a los ojos de Dios.

El sábado y la circuncisión: Juan 7:21-24

En Juan 7:24 Jesús resumió lo que debería haber sido obvio para aquellos que lo criticaban por sanar a los enfermos en el sábado: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”. El punto de vista estrecho e intolerante de los fariseos hacía más énfasis en la apariencia exterior que en todo lo demás. Jesús les reprochó el que dieran tanta importancia a las cosas físicas y fueran negligentes con lo más importante: la justicia, la misericordia y la fe (Mateo 23:23).

Para ilustrar los extremos a los que los fariseos habían llegado en sus puntos de vista, Jesús se valió del ejemplo de la circuncisión. Les hizo notar que la circuncisión, señal del pacto entre Dios y la nación de Israel, podía ser realizada en el sábado sin que con ello se quebrantara el día de reposo. Si esta alteración de una de las 248 partes del cuerpo humano (según el cálculo de los judíos) podía hacerse en el sábado, Jesús les preguntó por qué “os irritáis contra mí porque he curado a un hombre entero en sábado” (Juan 7:22-23, Biblia de Jerusalén).

Las autoridades religiosas permitían el rito de la circuncisión mientras les negaban la misericordia a los enfermos. Esto no sólo era ilógico, sino que fríamente pasaba por alto el verdadero propósito de la ley de Dios. “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”, les advirtió Jesús a sus acusadores (v. 24).

Según Jesús, en lugar de hacer respetar la ley de Dios con sus normas y reglas añadidas, los judíos tenían un concepto tan desvirtuado de la ley que lo que hacían en realidad era quebrantarla e invalidarla (Mateo 23:3, 28; Marcos 7:6-9). “Ninguno de vosotros cumple la ley”, les dijo Jesús, reprendiéndolos por su tergiversada interpretación de los preceptos de Dios (Juan 7:19). No estaban cumpliendo realmente la ley, y tanto las enseñanzas como el ejemplo de Jesús tenían como propósito restablecer el entendimiento y la práctica correctos.

Jesús sana a un ciego en el sábado: Juan 9:1-34

Jesús se valió del incidente en que sanó a un ciego en el día sábado para proclamar doblemente su identidad como el Mesías. Hablando a sus discípulos dijo: “Me es necesario hacer las obras del que me envío, entre tanto que el día dura . . . Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo” (Juan 9:4-5). Enseguida sanó al hombre de su ceguera.

Más tarde, los fariseos encontraron al que había sido sanado y procuraron intimidarlo. “Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el sábado”, argumentaron (v. 16). Él les respondió: “Esto es lo maravilloso . . . a mí me abrió los ojos . . . Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer” (vv. 30, 33). Furiosos porque su autoridad había sido desafiada y sus opiniones puestas en tela de juicio, “le expulsaron”, excomulgándolo de la sinagoga (v. 34). Lo condenaron como hereje, aislándolo así de sus familiares y amigos.

Más tarde Jesús halló al hombre y le preguntó: “¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados” (vv. 35-39).

Jesús aclaró nuevamente que él era el Mesías, el Hijo mismo de Dios. En este episodio, tal como lo hizo en muchas ocasiones en el sábado, continuó enseñando acerca de su labor redentora.

¿Cambió Jesús la ley?

Estos relatos, consignados en los cuatro evangelios, resumen las actividades específicas de Jesucristo en el sábado. Como dijimos antes, algunos ven en estos pasajes solamente lo que quieren ver: la supuesta prueba de que Jesús quebrantó el cuarto mandamiento. Pero como las Escrituras nos lo comprueban, esto jamás sucedió. Él hizo a un lado las restricciones equivocadas que fueron impuestas por los dirigentes religiosos, pero jamás violó los mandamientos de Dios. Si lo hubiera hecho, hubiera pecado (1 Juan 3:4), y Jesús nunca pecó. Vivió una vida sin pecado para poder ser un sacrificio perfecto, el Salvador de toda la humanidad (1 Pedro 2:22; Efesios 5:2; 1 Juan 4:14).

Es inimaginable que a Jesús le hubiera pasado por la mente el desobedecer los mandamientos de Dios. Hablando de sí mismo, dijo: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). ¿Qué hizo Jesús? En sus propias palabras, hizo exactamente lo que el Padre hacía. Y todavía algunos afirman que él vino para abrogar la ley de Dios y quitarla como guía de conducta para el hombre.

“No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”, dijo Jesús (v. 30). Su motivación era la de complacer a su Padre en todo momento. Les dijo a sus discípulos: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34). Hacer la voluntad de su Padre era su motivación y su razón de ser. Por medio de las enseñanzas que Jesús dio los sábados, reveló la voluntad de su Padre. Siempre estuvo decidido a terminar la obra de Dios, a pesar de la oposición y persecución, las cuales lograron finalmente su cruel tortura y su muerte.

La clara afirmación de Jesús

Jesús mismo negó que él pretendiera cambiar o abolir el sábado o cualquier otro precepto de la ley de Dios: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17).

Según el Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, de W.E. Vine, la voz griega pleroo, traducida como “cumplir”, significa “llenar”, “atestar”, “suplir”, “completar”, “rellenar”, “(hacer o ser) perfecto” (Libros CLIE, 1984, 1:358; 3:165). En otras palabras, Jesús dijo que había venido para perfeccionar la ley y hacerla completa. ¿Cómo? Mostrando la intención espiritual y la aplicación correcta de la ley de Dios. Su significado es evidente en el contexto del capítulo, donde claramente explica la aplicación espiritual de varios mandamientos específicos.

Algunos tergiversan el significado de cumplir porque afirman que Jesús quería decir: “No he venido para abrogar la ley, sino para cumplirla y de esta manera ponerle fin”. Sin embargo, esto es absolutamente contrario a sus propias palabras. En todo el resto del capítulo explicó que la aplicación espiritual de la ley la hacía más completa aún y más difícil de guardar; nunca dijo que había sido anulada o que ya no era necesario guardarla.

Jesús puso de manifiesto que no estaba aboliendo la ley de Dios: “De cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (v. 18). La voz griega traducida como “cumplido” esginomai que, según el Diccionario expositivo de palabras del Nuevo Testamento, significa “acontecer”, “venir a ser”, “suceder” (1:357). Así, las palabras de Jesús indican que sólo después de que todo lo necesario llegue a suceder podrá pasar alguna parte de la ley de Dios.

Para evitar cualquier posible malentendido, él advirtió a los que tratarían de abolir la ley de Dios: “Cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (v. 19).

Cuando Jesús explicó, amplió y ejemplificó la ley de Dios, estaba cumpliendo una profecía referente al Mesías que encontramos en Isaías 42:21: “El Eterno se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla”. Jesús hizo precisamente eso al mostrar el verdadero propósito y el alcance de las leyes de Dios, incluso la del sábado.

El ejemplo de Jesús

Cuando le preguntaron: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos?”, Jesús respondió: “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:28-30).

Aquí vemos que Jesús reafirmó el mandamiento mayor del Antiguo Testamento (Deuteronomio 6:4-5). Aquellos que se esfuerzan por obedecer este mandamiento ponen a Dios primero en sus vidas y respetan todos sus preceptos, incluso el de guardar el sábado, tal como se ordena en la Biblia. También tienen presente este principio expresado por Jesús: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama” (Juan 14:21).

Jesucristo es nuestro Amo y Señor (Filipenses 2:9-11). Él afirmó ser Señor del sábado (Marcos 2:28) y debemos seguir su ejemplo guardando el sábado —y todos los mandamientos de Dios— en la forma en que él lo enseñó y lo vivió.

¿A qué hora inicia y termina el sábado?

La costumbre de comenzar un nuevo día a la  medianoche es una práctica humana arbitraria. Dios, quien es el Creador de los cuerpos celestes y quien los puso en movimiento para marcar el paso del tiempo (Génesis 1:14), cuenta los días de una manera diferente: de tarde a tarde.

Esto se ve en el relato de la creación. Después que Dios hubo separado el día de la noche, leemos estas palabras: “Y fue la tarde y la mañana un día” (Génesis 1:5). “La tarde” se menciona primero, seguida por “la mañana”. Dios describe de una manera similar los demás días de la creación (vv. 8, 13, 19, 23, 31).

En la Biblia, la tarde comienza a la puesta del sol (Josué 8:29; 2 Crónicas 18:34; Nehemías 13:19; Marcos 1:32) y en ese momento comienza un nuevo día. Hablando de las fiestas ceremoniales, Dios estableció que debían celebrarse “de tarde a tarde” (Levítico 23:32). Esta fue la forma usual de calcular el principio y el final de los días (Éxodo 12:18).

En el Nuevo Testamento, los días eran calculados de la misma manera. En Marcos 1:32 leemos que en cuanto se puso el sol al terminar el sábado, las multitudes traían a los enfermos para que Jesús los sanara. En otra ocasión, José de Arimatea envolvió el cuerpo de Jesús y lo puso en el sepulcro cuando “estaba para comenzar el sábado” (Lucas 23:50-54). Su propósito era terminar antes de que cayera la noche, para no trabajar en el día de fiesta que estaba por comenzar. La Nueva Reina-Valera nos dice que José hizo esto “cerca del atardecer” (Mateo 27:57) o “al atardecer” (Marcos 15:42).

Dios, el Creador del sábado, es quien determina cuándo comienza y cuándo termina; según la Biblia, se guarda “de tarde a tarde”. El sábado de Dios comienza el viernes a la puesta del sol y termina 24 horas más tarde, a la puesta del sol.

¿Qué enseñó Jesús sobre la Ley de Dios?

Texto de meditación: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17).

Una contundente afirmación en el Sermón del Monte

El Sermón del Monte es el registro más largo de las enseñanzas de Jesús. En él, deberíamos esperar encontrar en ello su perspectiva acerca de las leyes de Dios tal como están registradas en el Antiguo Testamento. Y así sucede, de hecho.

Debido a que las enseñanzas de Jesús eran tan diferentes de las de los fariseos y los saduceos, algunas personas creían que su intención era socavar la autoridad de las Escrituras y sustituirla con la suya. Por lo tanto, el propósito de algunas de sus afirmaciones en el Sermón del Monte era demostrar que muchas de las cosas que enseñaban los fariseos y los saduceos eran en realidad contrarias a las enseñanzas originales de la Torá (ley) de Moisés, los primeros cinco libros de la Biblia.

Jesús refutó las ideas erróneas que las personas tenían con respecto a él haciendo tres contundentes afirmaciones acerca de la ley.

“No he venido para abrogar, sino para cumplir”

Jesús explicó su perspectiva de la ley muy claramente en el Sermón del Monte: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mateo 5:17).

Inmediatamente vemos que Jesús no tenía ninguna intención de destruir la ley. Incluso nos dice explícitamente que ni siquiera debemos pensar algo parecido. Lejos de estar en contra de las Escrituras del Antiguo Testamento, dijo que había venido a cumplirlas y procedió a confirmar la autoridad de ellas. “La ley y los profetas” era un término usado comúnmente para referirse al Antiguo Testamento (ver Mateo 7:12).

“La ley” se refiere a los cinco primeros libros de la Biblia, los libros de Moisés en los cuales las leyes de Dios estaban escritas. “Los profetas” no se refería tan sólo a los escritos de los profetas bíblicos, sino también a los libros históricos de lo que hemos llegado a conocer como el Antiguo Testamento.

¿Qué quiso decir Jesús cuando habló de cumplir la ley? Desafortunadamente, el significado de “cumplir la ley” ha sido tergiversado por aquellos que invocan el nombre de Jesús pero en realidad no entienden lo que enseñó. Ellos dicen que ya que Jesús afirmó que cumpliría la ley, ya no necesitamos guardarla más.

Otra forma de interpretar el significado de “cumplir la ley” es que Jesús “llenó” lo que le faltaba a la ley; o sea, que él la completó, en parte cancelándola y en parte añadiendo, para formar lo que a veces se denomina “la ley de Cristo” o “enseñanza del Nuevo Testamento”. La implicación de esta perspectiva es que el Nuevo Testamento trajo un cambio en los requisitos para la salvación y que las leyes dadas en el Antiguo Testamento son obsoletas. Pero ¿reflejan estas teorías realmente lo que Jesús quiso decir?

 La perspectiva de Jesús acerca de cumplir la ley

La palabra griega pleroo, traducida por “cumplir” en Mateo 5:17, significa: “hacer lleno, llenar . . . llenar completamente, dejar lleno, esto es, completar” (Thayer’s Greek-English Lexicon of the New Testament [“Thayer: Diccionario griego-inglés del Nuevo Testamento”], 2002).

En otras palabras, Jesús dijo que vino para cumplir la ley y hacerla perfecta. ¿Cómo? Mostrando la intención y la aplicación espiritual de la ley de Dios. Su significado es claro al leer todo el resto del capítulo, donde Jesús mostró la intención espiritual de ciertos mandamientos específicos.

Algunos interpretan el significado de “cumplir” como si Jesús hubiera dicho: “No he venido para abrogar la ley, sino para finalizarla por medio del cumplimiento”. Pero esto no concuerda con sus propias palabras. En el resto del capítulo él mostró que el espíritu de la ley la hacía aún más extensamente aplicable, nunca que la anulaba o la hacía innecesaria.

Cuando Jesús explicó y amplió la ley de Dios, y mostró por su ejemplo cómo obedecerla, cumplió la profecía que en Isaías 42:21 habla del Mesías: “El Eterno se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla”. Jesús mostró la santidad, la intención espiritual, el propósito y el alcance de la ley de Dios por medio de sus enseñanzas y su forma de vivir. Cumplió los requisitos de la ley obedeciéndola de una manera perfecta en pensamiento y obra, tanto en la letra como en la intención del corazón.

Todo será cumplido

La segunda gran declaración que Jesús hizo en el Sermón del Monte, en el mismo contexto, hace aún más claro que él no destruyó, rescindió, anuló ni abrogó la ley: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18).

Con estas palabras Jesús vinculó la continuidad de la ley con la permanencia del cielo y de la tierra. Estaba diciendo que las leyes de Dios son inmutables, inviolables e indestructibles. Sólo pueden ser cumplidas, nunca abrogadas.

Debemos notar que en este versículo se utiliza una palabra griega diferente para “cumplir”: ginomai, que significa “volverse, es decir, venir a existir . . . pasar, suceder” o “ser hecho, completado, terminado” (Thayer, ob. cit.).

Hasta que se cumpla totalmente el plan de Dios de glorificar a la humanidad en su reino —esto es, en tanto que todavía haya seres humanos físicos— la codificación física de la ley en la Escritura es necesaria. Esto, explicó Jesús, es tan cierto como la continuidad de la existencia del universo.

Sus siervos deben guardar la ley

La tercera declaración de Jesús, declara que nuestro destino final descansa en nuestra actitud hacia la santa ley de Dios y nuestro comportamiento respecto a ella. “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado [por los que estén] en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande [por los que estén] en el reino de los cielos” (Mateo 5:19).

En este versículo agregamos, a manera de aclaración, la frase “por los que estén” porque, como se explica en otros pasajes, aquellos que persistan en quebrantar la ley de Dios y enseñen a otros a hacerlo no van a estar en el Reino de Dios.

Jesús aclara que aquellos que lo sigan a él y aspiren a estar en su reino, tienen una obligación perpetua de obedecer y vivir de acuerdo con la ley de Dios. Está diciendo que no debemos quitarle a la ley “ni una jota ni una tilde”; el equivalente en nuestro alfabeto sería el cruce de una “t” o el punteado de una “i”.

El valor que les concede a los mandamientos de Dios no deja lugar a dudas, así como el alto respeto de la ley que requiere de aquellos que enseñan en su nombre. Él desaprueba completamente a aquellos que se atreven a desdeñar el más pequeño de los mandamientos de Dios, pero su honra estará con aquellos que los enseñan y obedecen.

Ya que Jesús obedeció los mandamientos de Dios, es lógico que sus siervos también deben guardar los mismos mandamientos y enseñar a otros a hacer lo mismo (1 Juan 2:2-6). Esta es la forma en que los verdaderos siervos de Cristo se identifican: si siguen el ejemplo que él les dio (Juan 13:15).

Debemos sobrepasar a los escribas y fariseos

Con la siguiente frase del Sermón del Monte Jesús no deja lugar a dudas de lo que quiso decir en las tres declaraciones anteriores. Afirmó claramente que sus discípulos debían obedecer la ley de Dios, y que él requería de ellos una obediencia mayor que los patrones que habían oído anteriormente. “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20).

¿Quiénes eran los escribas y fariseos? Los escribas eran los más reconocidos maestros de la ley: los intérpretes de la ley, los eruditos, los expertos.

Los fariseos, un grupo relacionado con ellos, eran considerados comúnmente como uno de los modelos más ejemplares del judaísmo. Formaron una secta del judaísmo que estableció un código moral y ritual más riguroso de lo que se desprendía de la ley de Moisés, y basaron muchas de sus prácticas en años de tradiciones. Tanto los escribas como los fariseos fueron muy estrictos y muy respetados en el judaísmo (Hechos 26:5).

En tanto que los escribas eran expertos, los fariseos profesaban la más pura práctica de la justicia. Así que cuando Jesús afirmó que la justicia nuestra debe ser mayor que la de los escribas y los fariseos, ¡era una declaración monumental!

Los fariseos eran considerados como los que habían alcanzado el pináculo de la rectitud personal, y la gente común y corriente pensaba que eran tales pilares de espiritualidad que nunca podrían estar a su altura. Pero Jesús aseguró que la justicia de los escribas y los fariseos no era suficiente para asegurarles la entrada en el reino del cual estaba hablando. Entonces, ¿qué esperanza tenían los demás?

Jesús condenó la hipocresía religiosa

En realidad existía un problema con la justicia de los escribas y los fariseos. El meollo del asunto era que su justicia tenía el defecto de que sólo era externa. Para aquellos que los observaban, parecían obedecer la ley de Dios, pero la quebrantaban internamente, donde los demás no lo podían ver.

Veamos la dura denuncia que Jesús les hizo por hacer de la religión un asunto de apariencias: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia . . . porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23:25-28).

Esos maestros religiosos autonombrados hacían énfasis en aspectos mínimos de la ley, pero que descuidaban cosas mucho más importantes. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello” (v. 23).

A Jesús le desagradaba que ellos se preocuparan tanto por obedecer las cosas más mínimas y al mismo tiempo descuidaran los asuntos más importantes: los aspectos fundamentales de la ley.

En tanto que eran escrupulosos con las tradiciones ceremoniales, al mismo tiempo se daban muchas libertades para desobedecer ciertos mandamientos específicos de Dios. En algunos casos llegaban a poner sus tradiciones por encima de los claros mandatos de Dios (Mateo 15:1-9).

Detrás de sus acciones estaban los motivos despreciables del egoísmo y las pretensiones. Hacían públicamente lo que debía ser una devoción privada hacia Dios —oración, ayuno y dar diezmos— todo de tal forma que podían ser vistos y considerados por otros como justos (Mateo 6:1-6; 23:5-7).

Los dirigentes religiosos no guardaban el espíritu de la ley

Inmediatamente después de afirmar que no tenía ninguna intención de anular la ley de Dios, Jesús procedió a dar ejemplos de las tradiciones y enseñanzas de los dirigentes religiosos judíos que pasaban totalmente por alto o aun iban en contra de la intención espiritual de las leyes de Dios.

El primer ejemplo que dio fue con el sexto mandamiento: “No matarás”. Lo único que entendían los fariseos era que el acto de matar estaba prohibido. Jesús enseñó lo que debía haber sido obvio, que la intención del sexto mandamiento no era tan sólo prohibir el acto literal de matar, sino toda actitud mala y perversa en el corazón y en la mente que condujera al asesinato, incluidas la ira injusta y las palabras contenciosas (Mateo 5:21-26).

Luego hizo algo similar con su perspectiva estrecha del séptimo mandamiento: “No cometerás adulterio”. Los fariseos de la época entendían que el acto físico de tener relaciones sexuales con una mujer fuera del matrimonio era pecado. Pero también deberían haber sabido que, al igual que sucedía con el sexto mandamiento, codiciar a una mujer era pecado porque al desearla ya se había quebrantado el mandamiento en el corazón.

Estos son ejemplos de “la justicia de los escribas y los fariseos” que Jesús describió como limpiar lo de fuera del vaso, en tanto que el interior estaba lleno “de robo y de desenfreno” (Mateo 23:25, NVI).

Jesús instruyó a sus discípulos que, de hecho, la ley de Dios debe ser obedecida de una forma externa, pero también debe ser obedecida en el espíritu y la intención del corazón. Cuando Jesús enseñó semejante obediencia interna a las leyes de Dios, fue fiel a lo que el Antiguo Testamento enseñó: “El Eterno no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Eterno mira el corazón” (1 Samuel 16:7).

El profeta Jeremías anhelaba la época en la que Dios establecería un nuevo pacto en el cual había prometido: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33). La intención original que Dios tenía con su ley era que las personas la guardaran desde lo más profundo de su corazón (Deuteronomio 5:29). El hecho de que no obedecieron la ley de Dios desde “lo íntimo” (Salmos 51:6), inevitablemente las condujo a una desobediencia externa.

Jesús no cambió la ley

Jesús introdujo su contraste entre la estrecha interpretación de la ley que tenían los escribas y los fariseos, y su verdadera intención espiritual, utilizando las palabras: “Oísteis que fue dicho . . . Pero yo os digo . . .” (Mateo 5:21-22, 27-28).

Algunos piensan, erróneamente, que el propósito de Jesús era establecer un contraste entre su propia enseñanza y la de Moisés a fin de declararse como la única autoridad verdadera. Suponen que Jesús o se oponía a la ley mosaica o la estaba modificando de alguna forma.

Pero es difícil imaginar cómo Jesús, después de proclamar de una forma tan enfática y contundente que la ley de Dios era algo permanente, y de expresar su gran estima y respeto por ella, rebajaría ahora la autoridad de esta ley con declaraciones contrarias. Jesús no se contradecía, sino que honraba y respaldaba la ley en todas sus enseñanzas.

En este pasaje no está hablando en contra de la ley mosaica ni está diciendo que él sea superior espiritualmente. Lo que estaba haciendo era refutar las interpretaciones erróneas perpetuadas por los escribas y los fariseos.

Por esto es que declaró que la justicia de uno debe exceder la de los escribas y los fariseos. Jesús estaba restaurando, en las mentes de sus oyentes, los preceptos mosaicos a su lugar, pureza y poder originales.

También debiera ser obvio que debido a que el mismo Dios es el autor tanto del antiguo pacto como del nuevo, no debe existir un conflicto sustancial entre ambos, y que las leyes fundamentales de moralidad presentes en ambos están completamente de acuerdo. Dios nos dice en Malaquías 3:6: “Yo el Eterno no cambio . . .”.

Jesús y el sábado

Entre aquellos que afirman seguir a Jesús, no existe un precepto bíblico que suscite tanta controversia como el que dice: “Acuérdate del sábado, para consagrarlo . . .” (Éxodo 20:8-11, NVI). Aquí en especial encontramos que las interpretaciones que se dan acerca de las enseñanzas de Jesús varían completamente.

Algunos argumentan que Jesús anuló todos los Diez Mandamientos, pero que hay nueve que han sido restituidos en el Nuevo Testamento: todos excepto el del sábado. Algunos creen que Jesús reemplazó el sábado consigo mismo, y que él es ahora nuestro “descanso”. Algunos creen que no hay ningún día de reposo que se necesite ahora, que podemos descansar o adorar en cualquier día o en cualquier momento que queramos.

Sin importar cuál argumento esgrima uno, la arrolladora mayoría de la cristiandad tradicional cree que el domingo, el primer día de la semana, ha reemplazado el sábado, el séptimo día de la semana, como día de adoración.

¿Podemos encontrar respaldo para estos puntos de vista en las enseñanzas o en las vivencias de Jesús? Si tomamos en cuenta sus claras enseñanzas acerca de la vigencia de las leyes de Dios, ¿qué encontramos cuando analizamos su actitud hacia el sábado?

Al estudiar los cuatro evangelios, una de las primeras cosas que vemos es que Jesús iba a la sinagoga los sábados para adorar a Dios (Lucas 4:16). Esta era su costumbre.Incluso en una de estas ocasiones anunció su misión como Mesías, para todos aquellos que asistían a la sinagoga en ese día.

Es interesante notar que más tarde el apóstol Pablo también tenía la misma costumbre de ir a adorar y a enseñar en la sinagoga los sábados (Hechos 17:2-3). ¡Ni él ni Jesús les dieron el menor indicio a sus oyentes que ellos no necesitaban estar allí o que debían adorar en un día diferente!

Contiendas sobre cómo —no si se debía— guardar el sábado

Muchas personas sacan conclusiones erróneas acerca de Jesús y el sábado al leer acerca de sus confrontaciones con los escribas y los fariseos. Sin embargo, esas confrontaciones nunca fueron acerca de la vigencia del sábado, sino solamente sobre cómo debía guardarse. ¡Hay una diferencia crucial entre los dos!

Por ejemplo, Jesús confrontó a los judíos con respecto a su interpretación de la observancia del sábado al realizar milagros de sanidad en ese día (Marcos 3:1-6; Lucas 13:10-17; 14:1-6). Según los fariseos, prestarle atención médica a alguien, a menos que fuera cuestión de vida o muerte, era prohibido en sábado. Y ya que ninguno de esos casos de sanidad era una situación de vida o muerte, ellos pensaron que Jesús estaba quebrantando el sábado.

Pero como el Salvador, él entendía el propósito del sábado, que era un día perfectamente apropiado para traer su mensaje de sanidad, esperanza y redención a la humanidad, y para vivir ese mensaje por medio de sus acciones.

Para aclarar este punto, Jesús les preguntó a los fariseos: “¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?” (Marcos 3:4). Él puso de manifiesto su hipocresía porque ellos no veían nada malo en rescatar en sábado un animal que hubiera caído en un hoyo, o darles agua a sus animales. Sin embargo, a él lo condenaban por ayudar a un ser humano —que vale mucho más que cualquier animal— en ese mismo día (Lucas 13:15-17; Mateo 12:10-14).

Él estaba justamente indignado por su incapacidad de reconocer que habían puesto sus propias tradiciones e interpretaciones por encima del verdadero propósito de guardar el sábado (Marcos 3:5). Mas ellos estaban tan ciegos espiritualmente que querían matarlo porque exponía su tergiversación de los mandamientos de Dios (v. 6).

En cierta ocasión los discípulos de Jesús tomaron espigas a medida que caminaban por los sembrados, porque querían algo de comer. No estaban segando el campo; solamente estaban tomando un bocado rápido para mitigar su hambre. Pero los fariseos insistían en que eso no era legítimo. Jesús utilizó un ejemplo de la Escritura para mostrar que el espíritu y la intención de la ley no habían sido violados y que en la ley de Dios había lugar para la misericordia (Marcos 2:23-26).

En este contexto Jesús les habló acerca del verdadero propósito del sábado. “El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado” (v. 27, NVI). Los fariseos habían invertido las prioridades de la ley de Dios. Habían agregado tantas regulaciones y tradiciones meticulosas al mandamiento del sábado, que al tratar de obedecerlo se había convertido en una carga en lugar de ser una bendición, como Dios quería que fuera (ver Isaías 58:13-14).

Jesús afirmó tener autoridad para decir cómo debía guardarse el sábado: “Así que el Hijo del hombre es Señor incluso del sábado” (v. 28, NVI).

El judaísmo olvidó a Moisés, el cristianismo olvidó a Cristo

Cuando hablamos de Jesús y la ley, tenemos que concluir que la religión “cristiana” nos ha decepcionado al no mantener las enseñanzas originales de Cristo, quien a su vez siempre se ciñó a las enseñanzas originales de las Escrituras del Antiguo Testamento. Así como los dirigentes religiosos judíos corrompieron las enseñanzas de Moisés, de igual forma los maestros de Cristo —esto es, los falsos maestros que afirman representarlo a él— corrompen sus enseñanzas. En realidad, Jesús y Moisés estaban de acuerdo.

Aquí es importante preguntarnos algo. Si Jesús viviera en esta época, ¿qué día guardaría como día de reposo? Sería el día ordenado en los Diez Mandamientos: el séptimo día.

Jesús guardó la ley de Dios y esperaba que sus discípulos hicieran lo mismo. Dejó muy clara su actitud acerca de quienes le quitaran una jota o una tilde de la ley. Cualquiera que no la guarde sólo está invocando el buen nombre de Cristo, pero no está haciendo lo que dijo. Él nos advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).

¿Hacia dónde nos conduce todo esto? Nos lleva a concluir que no todas las iglesias que afirman representar a Cristo lo representan fielmente. Al igual que muchos de los antiguos fariseos, han acumulado tradiciones que los hacen errar.

Jesús con frecuencia señaló que su enseñanza estaba basada en las Escrituras del Antiguo Testamento. Cuando otros lo desafiaban con respecto a sus enseñanzas, respondía: “¿No habéis leído . . . ?” antes de dirigir a sus oponentes a los pasajes que respaldaban lo que había dicho (Mateo 12:3, 5; 19:4; 22:31).

Aquellos que dicen que Jesús se apartó de la autoridad de las Escrituras del Antiguo Testamento están sencillamente equivocados. En este capítulo hemos demostrado que los dirigentes religiosos judíos de su propia época malinterpretaron las enseñanzas de Jesús, y la mayoría de los que profesan ser cristianos en la actualidad cometen el mismo error. Él enseñó fielmente la palabra escrita del Antiguo Testamento. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). ¡Él no ha cambiado su perspectiva de la ley de Dios!

Página 1 de 2

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén