Creemos que Dios desea nuestra santificación completa, interna y externa. (1 Tesalonicenses 5:23)

Como parte de ese proceso de santidad, el asunto de la vestimenta cristiana, es un tema de tal importancia, que Dios ha dado instrucciones definidas sobre lo que debe o no debe vestir su pueblo. Al antiguo Israel, se le pidió cargar un listón azul en su vestimenta, para distinguirlos de los paganos. (Núm.15:37-40.)

“Los hijos de Israel, después que fueron sacados de Egipto, recibieron la orden de colocar una sencilla cinta azul en el borde de sus vestiduras, para distinguirlos de las naciones circundantes y para dar a entender que eran el pueblo peculiar de Dios.” Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 538.
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Lo mismo sucedió con los miembros del sacerdocio Aarónico

“Fueron muy específicas las instrucciones dadas acerca de las vestiduras de Aarón, porque eran simbólicas. Así la indumentaria de los que siguen a Cristo, debe ser simbólica. En todas las cosas, hemos de ser representantes de él.” Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 393-394.

Hoy día, de igual manera, Dios ha dado la reforma en el vestido, para conservar nuestra salud y mantenernos como un pueblo distinto, una nación santa.

“La reforma en la manera de vestir se introdujo entre nosotros con el fin de proteger al pueblo de Dios de la influencia corruptora del mundo, como también para promover la salud física y moral. No tenía el propósito de ser un yugo esclavizador sino una bendición, ni de aumentar el trabajo sino de disminuirlo, tampoco de añadir al costo de la vestimenta sino de ahorrar en el gasto. Distinguiría del mundo al pueblo de Dios y así serviría como barrera contra sus modas y locuras.” Consejos sobre la Salud, págs. 600-601.

“En la actualidad no se requiere que el pueblo de Dios coloque un distintivo especial sobre sus vestiduras. Pero en el Nuevo Testamento con frecuencia se nos señala el Israel de la antigüedad como ejemplo. Si Dios dio instrucciones tan definidas a su pueblo de la antigüedad concernientes a su manera de vestir, ¿no tomará en cuenta el vestido de su pueblo en esta época? ¿No debería distinguirse del mundo por su manera de vestir? ¿No debería el pueblo de Dios, que es su especial tesoro, procurar glorificar a Dios aun en su vestimenta? ¿Y no deberían sus hijos ser ejemplos en lo que concierne a su manera de vestir, y con su estilo sencillo reprochar el orgullo, la vanidad y la extravagancia de los profesos cristianos que son mundanos y amantes del placer? Dios requiere esto de su pueblo. El orgullo es censurado en su Palabra.” Mensajes Selectos, tomo 2, pág. 538-539

Por lo tanto, nos abstenemos del uso de: joyas (incluido el anillo de matrimonio), maquillajes, tintes de cabello, sacada de cejas, zapatos de tacón, ropa ajustada o transparente. Las hermanas no usarán pantalones ni los hermanos ropa de mujer. (1 Timoteo 2:9, 10; 1 Pedro 3:3-5; Isaías 3:16-24; Deuteronomio 22:5)

La Biblia nos enseña que mujeres de poca reputación, son las que usaban esas cosas. (2 Reyes 9:30; Jeremías 2:33; 4:30; Apocalipsis 17:4.) Y tenemos ejemplos, del cambio de vestimenta, de aquellos que quisieron hacer la voluntad de Dios. (Gén.35:1-4; Exo.33:1-6.)

Es un privilegio para las hermanas dejar crecer el cabello, por el contrario, para los hombres es una vergüenza. En los servicios religiosos (cultos, estudios bíblicos o donde se ore y enseñe temas espirituales), las hermanas deben usar un velo. (1 Corintios 11:1-16)

El largo de las faldas de las hermanas debe ser a unos cinco centímetros del piso, más o menos a la altura del tobillo.

“Si las mujeres usan vestidos cuyo extremo quede de tres a cinco centímetros del suelo, para no tocar la suciedad, estos serán modestos y podrán mantenerse limpios con más facilidad que si fueran excesivamente largos. Esa clase de vestidos estarían de acuerdo con nuestra fe.” 1 Test., 424 (1864).

Estamos totalmente en contra del uso de trajes de baño, camisetas sin mangas o la exhibición pública sin camisa. Los hermanos, no usarán pantalonetas cortas.

Quienes no vivan conforme a estos principios, no pueden ser miembros de nuestra iglesia.

“Nuestra única seguridad es mantenernos como un pueblo peculiar de Dios. No debemos ceder una pulgada a las costumbres y usos de esta era degenerada, sino mantenernos en independencia moral, sin comprometernos con sus prácticas corruptas e idólatras.” Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 708.

“No juguéis más, hermanas mías, con vuestras propias almas y con Dios. Se me ha mostrado que la causa principal de vuestra apostasía es vuestro amor por el vestido. Os induce a descuidar graves responsabilidades, y tenéis apenas una chispa del amor de Dios en vuestro corazón. Sin demora, renunciad a la causa de vuestra apostasía, porque es un pecado contra vuestra propia alma y contra Dios.” 1 J.T., 600.