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Motivos para separarse de una iglesia

(Isa.52:11-12)

1- ¿Qué diferencia hay entre división y separación en muchas citas de los Testimonios?

Mayormente la sierva del Señor usa la palabra división para referirse a los desacuerdos que existen entre los hermanos de una misma iglesia, una misma organización; y separación para referirse a la salida de un grupo de esa iglesia o de esa organización. Y muchas veces la división es seguida por una separación.

Ejemplos:

“Durante algún tiempo, los descendientes de Noé continuaron habitando en las montañas donde el arca se había detenido.  A medida que se multiplicaron, la apostasía no tardó en causar división entre ellos.  Los que deseaban olvidar a su Creador y desechar las restricciones de su ley, tenían por constante molestia las enseñanzas y el ejemplo de sus piadosos compañeros; y después de un tiempo decidieron separarse de los que adoraban a Dios.  Para lograr su fin, emigraron a la llanura de Sinar, que estaba a orillas del río Eufrates.” P.P., 111-112.

“Los que predicaron el primer mensaje no tenían ni el propósito ni el deseo de causar división en las iglesias o de formar organizaciones separadas.” H.R., 383.

2- ¿Qué dice la Biblia concerniente a la división y la separación?

a) La Biblia condena la división entre los creyentes: 1:10.

b) Pero invita a los creyentes a separarse de los mundanos y de las iglesias caídas: 6:17;

 Apo.18:4.

“Como en días de Noé y Lot, es necesario separarse decididamente del pecado y de los pecadores. P.P., 163.

Nota: La iglesia ASD se formó por la separación de los fieles de las iglesias protestantes.

“Muchos de los que profesan esperar la pronta venida de Cristo se están conformando con este mundo y buscan más fervorosamente los aplausos en derredor suyo que la aprobación de Dios.  Son fríos y formalistas, como las iglesias nominales de las cuales se separaron hace poco.  Las palabras dirigidas a la iglesia de Laodicea describen perfectamente su condición actual.” P.E., 107.

3- ¿Sobre qué base existirá unidad o no en el pueblo de Dios?

1Tim.3:15; Amós 3:3.

“Cristo demanda unidad. Pero no nos demanda que nos unamos en prácticas erróneas. El Dios del cielo traza un nítido contraste entre las puras, elevadoras y ennoblecedoras verdades y las falsas doctrinas que descarrían. Da al pecado y a la impenitencia el nombre adecuado. No recubre el error con una capa de argamasa deleznable. Insto a nuestros hermanos a que se unifiquen en una base verdadera y bíblica.1 M.S., 206.

“Dios pide a sus seguidores que se unan en los puros principios del Evangelio que están claramente revelados en la Palabra de Dios.” O.E., 406.

“Dios despertará a su hijos, si fracasan los otros medios, surgirán herejías entre ellos, que los zarandearán y separarán el tamo del trigo.” O.E., 313.

4- ¿Por cuáles motivos entonces uno puede separarse de su organización religiosa?

a) Si la iglesia abandona la fe o la doctrina antigua dada una vez para siempre: 11:3; Jud.1:3.

“Desde el comienzo de la guerra ha habido una división entre el pueblo adventista. Durante la existencia de la guerra la mayoría quería que las enseñanzas fundamentales fueran puestas a un lado, aún por fuerza, si fuera necesario. Los demás pidieron que les permitiesen la santificación del sábado aún en ese tiempo de estrés. La facción opositora resultó en la exclusión, de la organización, los defensores de los principios originales de su fe.” Koelniche Zeitung, 21 de septiembre de 1915.

b) Si la iglesia rechaza la luz enviada por Dios:1:11-12.

 “Así como la luz y la vida de los hombres fue rechazada por las autoridades eclesiásticas en los días de Cristo, ha sido rechazada en toda generación sucesiva. Vez tras vez, se ha repetido la historia del retiro de Cristo de Judea. Cuando los reformadores predicaban la palabra de Dios, no pensaban separarse de la iglesia establecida; pero los dirigentes religiosos no quisieron tolerar la luz, y los que la llevaban se vieron obligados a buscar otra clase, que anhelaba conocer la verdad. En nuestros días, pocos de los que profesan seguir a los reformadores están movidos por su espíritu. Pocos escuchan la voz de Dios y están listos para aceptar la verdad en cualquier forma que se les presente.” D.T.G., 199.

c) Si le impide a uno bajo amenaza recibir estudios de otras congregaciones y presentar la verdad estudiada: 7:13; 9:22; 12:42-43.

“Cuando los ministros y los directores de aquéllas [iglesias] se declararon contra la doctrina del advenimiento y quisieron sofocar el nuevo movimiento, no sólo se opusieron a ella desde el púlpito, sino que además negaron a sus miembros el derecho de asistir a predicaciones sobre ella y hasta de hablar de sus esperanzas en las reuniones de edificación mutua en la iglesia. Así se vieron reducidos los creyentes a una situación crítica que les causaba perplejidad. Querían a sus iglesias y les repugnaba separarse de ellas; pero al ver que se anulaba el testimonio de la Palabra de Dios, y que se les negaba el derecho que tenían para investigar las profecías, sintieron que la lealtad hacia Dios les impedía someterse. No podían considerar como constituyendo la iglesia de Cristo a los que trataban de rechazar el testimonio de la Palabra de Dios, “columna y apoyo de la verdad.” De ahí que se sintiesen justificados para separarse de la que hasta entonces fuera su comunión religiosa. En el verano de 1844 cerca de cincuenta mil personas se separaron de las iglesias.” C.S., 425-426.

d) Para poder obedecer la verdad y proclamarla cuando la iglesia la rechaza:

“Tras largo y tenaz conflicto, los pocos que permanecían fieles resolvieron romper toda unión con la iglesia apóstata si ésta rehusaba aún desechar la falsedad y la idolatría. Y es que vieron que dicho rompimiento era de todo punto necesario si querían obedecer la Palabra de Dios. No se atrevían a tolerar errores fatales para sus propias almas y dar así un ejemplo que ponía en peligro la fe de sus hijos y la de los hijos de sus hijos. Para asegurar la paz y la unidad estaban dispuestos a cualquier concesión que no contrariase su fidelidad a Dios, pero les parecía que sacrificar un principio por amor a la paz era pagar un precio demasiado alto. Si no se podía asegurar la unidad sin comprometer la verdad y la justicia, más valía que siguiesen las diferencias y aun la guerra.” C.S., 49.

“Con frecuencia, los que siguen los pasos de los reformadores están obligados a apartarse de las iglesias que aman, para proclamar la clara enseñanza de la palabra de Dios. Y muchas veces, los que buscan la luz se ven obligados por la misma enseñanza a abandonar la iglesia de sus padres para poder obedecer.” D.T.G., 199. 

e) Si la iglesia procura la muerte del mensajero divino:

El Sanedrín había rechazado el mensaje de Cristo y procuraba su muerte; por tanto, Jesús se apartó de Jerusalén, de los sacerdotes, del templo, de los dirigentes religiosos, de la gente que había sido instruida en la ley, y se dirigió a otra clase para proclamar su mensaje, y congregar a aquellos que debían anunciar el Evangelio a todas las naciones.” D.T.G., 198.

f) Si la iglesia se somete o se compromete ilícitamente al gobierno o a las iglesias caídas:

“Entre los que resistieron las intrusiones del poder papal, los valdenses fueron los que más sobresalieron. En el mismo país en donde el papado asentara sus reales fue donde encontraron mayor oposición su falsedad y corrupción. Las iglesias del Piamonte mantuvieron su independencia por algunos siglos, pero al fin llegó el tiempo en que Roma insistió en que se sometieran. Tras larga serie de luchas inútiles, los jefes de estas iglesias reconocieron aunque de mala gana la supremacía de aquel poder al que todo el mundo parecía rendir homenaje. Hubo sin embargo algunos que rehusaron sujetarse a la autoridad de papas o prelados. Determinaron mantenerse leales a Dios y conservar la pureza y sencillez de su fe. Se efectuó una separación. Los que permanecieron firmes en la antigua fe se retiraron; algunos, abandonando sus tierras de los Alpes, alzaron el pendón de la verdad en países extraños; otros se refugiaron en los valles solitarios y en los baluartes peñascosos de las montañas, y allí conservaron su libertad para adorar a Dios.” C.S., 69.

5- ¿Debe uno separarse de una vez de su iglesia por la apostasía o los pecados que hay en ella? ¿Cuál es su primer deber?

Isa.52:12; Mat.18:15-17; Ose.4:17-18.

Nota: Cuando una iglesia local está en apostasía los miembros fieles deben primero dar los pasos siguientes:

a) Presentar el caso al comité de la iglesia o en una asamblea de iglesia para que se corija lo defectuoso y se exhorte o se tome una decisión contra los culpables de la apostasía reinante. Si se haga eso, los fieles pueden seguir en unidad con la iglesia local; pues no está tolerando al pecado y a los pecadores. Pero, si se tolera el pacado y los pecadores, deben dar otro(s) paso(s)

  1. Presentar el caso a la instancia superior: la Asociación. Si los dirigentes de la Asociación no toman las medidas necesarias, deben presentar el caso a la Unión y de la Unión a la Conferencia General en caso de ninguna medida de la Unión.
  2. Si aún la Conferencia General no quiere reconocer el pecado y la apostasía, ni quiere tomar ninguna medida disciplinaria, entonces lo mejor que hay que hacer es separarse de esa organización religiosa; porque es una tolerancia o aprobación oficial al pecado y a la apostasía.

Tras largo y tenaz conflicto, los pocos que permanecían fieles resolvieron romper toda unión con la iglesia apóstata si ésta rehusaba aún desechar la falsedad y la idolatría. Y es que vieron que dicho rompimiento era de todo punto necesario si querían obedecer la Palabra de Dios. No se atrevían a tolerar errores fatales para sus propias almas y dar así un ejemplo que ponía en peligro la fe de sus hijos y la de los hijos de sus hijos.” C.S., 49.

6- ¿Por qué uno tiene que separarse de las iglesias apóstatas y caídas?

  1. Para no participar de sus pecados: 18:4; Pro.22:24-25; Isa.52:11; 1Cor.15:33; 2Cor.6:17 (Apo.14:4).

No debemos confederarnos con los mundanos, no sea que lleguemos a imbuirnos de su espíritu, y, que nuestro discernimiento espiritual se vuelva confuso y veamos a aquellos que tienen la verdad y llevan el mensaje del Señor desde el punto de vista de las iglesias cristianas nominales.” E.Ú.D., 86.

“Los hombres y mujeres vacilantes son los mejores aliados de Satanás. Son hipócritas, no importa cuán favorable sea la opinión que tengan de sí mismos. Todos los que son leales a Dios y a la verdad deben mantenerse firmemente de parte de lo correcto porque es correcto. Juntarse con los que no son consagrados, y aún ser leales a la verdad, es sencillamente imposible. No podemos unirnos con los que se complacen a sí mismos, que se ocupan de planes mundanales, sin perder nuestra relación con el Consejero celestial. Podemos recuperarnos de la trampa del enemigo, pero quedamos lastimados y heridos, y se ha empequeñecido nuestra vida espiritual.” 5 C.B. [Elena G.W.], 1062.

“Se os exhorta a que no toquéis lo inmundo, pues al vosotros tocarlo quedaréis inmundos. Es imposible que os unáis con los que son corruptos, y que permanezcáis puros. “¿Qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial?” Dios y Cristo y la hueste celestial quieren que el hombre sepa que si se une con lo corrupto, se volverá corrupto. Se han preparado muchos medios para que podamos elevarnos de las bajezas terrenales, y para que nuestro amor esté firmemente en Dios y en las cosas celestiales.” 6 C.B. [Elena G.W.], 1102.

  1. Para no participar de su castigo: 18:4; Gén.19:15; Núm.16:22,26; Jos.22:20; Jer.6:1-2.

“Vi que Dios tiene hijos sinceros entre los adventistas nominales y las iglesias caídas, y antes que sean derramadas las plagas, los ministros y la gente serán invitados a salir de esas iglesias y recibirán gustosamente la verdad.  Satanás lo sabe; y antes que se dé el fuerte pregón del tercer ángel, despierta excitación en aquellas organizaciones religiosas, a fin de que los que rechazaron la verdad piensen que Dios los acompaña.  Satanás espera engañar a los sinceros e inducirlos a creer que Dios sigue obrando en favor de las iglesias.  Pero la luz resplandecerá, y todos los que tengan corazón sincero dejarán a las iglesias caídas, y se decidirán por el residuo.” P.E., 261.

7- A pesar de que uno sale físicamente de la organización apóstata, ¿quién, a la vista de Dios, ha abandonado la fe?

“Los romanistas se han empeñado en acusar a los protestantes de herejía y de haberse separado caprichosamente de la verdadera iglesia. Pero estos cargos recaen más bien sobre ellos mismos. Ellos son los que arriaron la bandera de Cristo y se apartaron de “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (S. Judas 3.)” C.S., 55.

“Algunos se han apartado del mensaje de la justicia de Cristo para criticar a las personas… El triple mensaje angélico no será comprendido, la luz que quiere iluminar la tierra con su gloria será tildada de luz falsa por aquellos que se niegan a andar en su hermosura que va en aumento. La obra que podía haber sido hecha, será dejada sin hacer por los que rechazan la verdad, a causa de su incredulidad. Buscamos a vosotros los que lucháis contra la luz de la verdad y estáis fuera del camino del pueblo de Dios.” R.H., 27 de May. de 1890.

8– ¿Cómo muchas veces es la iglesia infiel que excluye a los miembros fieles?

En los días de Cristo: 16:1-3.

Se había declarado que cualquiera que reconociese a Jesús como el Cristo, fuese echado “de la sinagoga”; es decir, excluido de la sinagoga por treinta días. Durante ese tiempo ningún hijo sería circuncidado o ningún muerto sería lamentado en el hogar ofensor. La sentencia era considerada como una gran calamidad; y si no mediaba arrepentimiento, era seguida por una pena mucho mayor.” D.T.G., 438.

En el movimiento de Guillermo Miller:

“Se encendió la ira de las iglesias, que estaban resueltas a no recibir la evidencia y a no permitir el testimonio en sus congregaciones a fin de que los demás no pudieran oírlo.  Quienes no se avinieron a privar a los demás de la luz que Dios les había dado fueron expulsados de las iglesias; pero Jesús estaba con ellos y se regocijaban a la luz de su faz.  Estaban dispuestos a recibir el mensaje del segundo ángel.” P.E., 237.

En el movimiento adventista del 7° día:

“En el comienzo de la guerra habían algunos miembros, como también hay en otros lugares, que no querían tomar parte en el servicio de la guerra, ya sea por falta de espíritu de unión o por fanatismo. Empezaron a esparcir sus ideas en la congregación por palabras y por escrito, buscando a convencer a otros que hagan lo mismo. Ellos fueron exhortados por la iglesia, pero por causa de su actitud obstinada tuvieron que ser excluídos porque se constituyeron una amenaza para la paz interna y externa.” Stutgarter Neues Tageblatt, 26 de septiembre de 1918.

9- ¿Le resulta fácil a uno separarse de su iglesia querida?

a) Moisés el día de su muerte:

“La prueba más severa consistió en separarse del pueblo que estaba bajo su cuidado y al cual amaba, el pueblo con el cual había identificado todo su interés durante tanto tiempo.” P.P., 504.

b) Lutero de la iglesia católica romana:

“No fue sino después de haber sostenido una terrible lucha en su propio corazón, cuando se decidió finalmente Lutero a separarse de la iglesia.  En aquella época de su vida, escribió lo siguiente:  “Cada día comprendo mejor lo difícil que es para uno desprenderse de los escrúpulos que le fueron imbuídos en la niñez. ¡Oh! ¡cuánto no me ha costado, a pesar de que me sostiene la Santa Escritura, convencerme de que es mi obligación encararme yo solo con el papa y presentarlo como el Anticristo! ¡Cuántas no han sido las tribulaciones de mi corazón! ¡Cuántas veces no me he hecho a mí mismo con amargura la misma pregunta que he oído frecuentemente de labios de los papistas! ‘¿Tú solo eres sabio? ¿Todos los demás están errados? ¿Qué sucederá si al fin de todo eres tú el que estás en error y envuelves en el engaño a tantas almas que serán condenadas por toda la eternidad?’ Así luché yo contra mí mismo y contra Satanás, hasta que Cristo, por su Palabra infalible, fortaleció mi corazón contra estas dudas.” -Martyn, págs. 372, 373.” C.S., 153.

c) Los adventistas de las iglesias protestantes:

“Por algún tiempo muchas iglesias aceptaron su obra [de Miller], pero cuando rechazaron la verdad del advenimiento intentaron eliminar toda disensión al respecto. Los que habían abrazado la doctrina fueron puestos de esa manera en una situación de gran prueba y perplejidad.  Amaban sus iglesias y no querían separarse de ellas; pero cuando se los ridiculizó y se los oprimió, y se les negó el privilegio de hablar de su esperanza, o de asistir a las reuniones donde se predicaba acerca de la venida del Señor, muchos finalmente se levantaron y se liberaron del yugo que se les había impuesto.” H.R., 383-384.

d) Los reformadores de la iglesia adventista:

“Cuando fuimos excluidos de la Iglesia Adventista en Rumanía, ignorábamos que hermanos fieles en otros países europeos habían pasado por experiencias similares. Tan pronto como recibimos información acerca de los hermanos de la Reforma en Alemania, les escribimos. Como resultado de contactos recíprocos entre los reformistas de diversos países, se hicieron arreglos para celebrar una reunión en Suiza a fines del 1919… Durante esa reunión… no se discutió el asunto de la organización, porque los hermanos de la reforma abrigaban la esperanza de una reconciliación con la Iglesia Adventista. No estábamos interesados en absoluto en una separación, sino en la unidad, y esperábamos que nuestros hermanos adventistas abrirían la puerta para una discusión oficial con algunos de los representantes de la Conferencia General.”

 10- ¿Cuándo uno puede o no debe asociarse con los miembros de las iglesias caídas?

1Cor.5:9-11.

 “Los que siguen a Cristo deben separarse de los pecadores y buscar su compañía tan sólo cuando haya oportunidad de beneficiarlos.  No podemos ser demasiado firmes en la decisión de evitar la compañía de aquellos cuya influencia tiende a alejarnos de Dios.  Mientras oramos: “No nos dejes caer en tentación,” debemos evitar la tentación en todo lo posible.” P.P., 490.

“Los diferentes grupos de quienes profesan ser creyentes adventistas tienen cada uno un poco de la verdad, pero Dios dio todas estas verdades a sus hijos que están recibiendo preparación para el día de Dios.  También les ha dado verdades que ninguno de aquellos grupos conoce, ni quiere comprender.  Las cosas que están selladas para ellos, el Señor las abrió ante aquellos que quieran ver y estén dispuestos a comprender.  Si Dios tiene alguna nueva luz que comunicar, permitirá que sus escogidos y amados la comprendan, sin necesidad de que su mente sea iluminada oyendo a aquellos que están en tinieblas y error.

“Me fueron mostrados aquellos que creen poseer el último mensaje de misericordia y la necesidad que tienen de estar separados de los que están bebiendo diariamente nuevos errores. Vi que ni los jóvenes  ni los ancianos debían asistir a sus reuniones; porque es malo alentarlos así mientras enseñan el error que es veneno mortal para el alma, y mientras presentan como doctrinas los mandamientos de los hombres.  La influencia de tales reuniones no es buena.  Si Dios nos ha librado de tales tinieblas y error, debemos destacarnos firmemente en la libertad con que nos emancipó y regocijarnos en la verdad.  Dios siente desagrado hacia nosotros cuando vamos a escuchar el error, sin estar obligados a ir; porque a menos que nos mande a aquellas reuniones donde se inculca el error a la gente por el poder de la voluntad, no nos guardará.  Los ángeles dejan de ejercer su cuidado vigilante sobre nosotros; y quedamos expuestos a los golpes del enemigo, para ser entenebrecidos y debilitados por él y por el poder de sus malos ángeles, y la luz que nos rodea se contamina con las tinieblas.” P.E.,124-125.

 11- ¿Ha presentado la sierva del Señor la posibilidad de una separación en la iglesia ASD?

“Recibí confirmación acerca de todo lo que había declarado en Minneápolis, en cuanto a que debe realizarse una reforma en las iglesias. Deben producirse reformas, porque ha habido debilidad y ceguera espirituales en el pueblo que fue bendecido con gran luz y preciosas oportunidades y privilegios. Como reformadores, habían salido de las iglesias denominacionales, pero ahora juegan un papel semejante al que habían desempeñado las iglesias. Esperábamos que no habría necesidad de otra salida [separación].”  Eventos Finales, 49 (1889).

 “A medida que  nos apremien las pruebas, se efectuará en nuestras filas una obra de separación y también de unión.  Algunos que en la actualidad están dispuestos a tomar armas de guerra, en tiempos de verdadero peligro pondrán de manifiesto que no han edificado sobre un fundamento sólido: Cederán a la tentación. Los que han tenido gran luz y disfrutado de inestimables privilegios pero no los han perfeccionado, se apartarán de nosotros justificándose con diversos pretextos. Al no haber recibido el amor de la verdad, aceptarán los errores del enemigo. Prestarán atención a espíritus seductores y doctrinas de demonios y se apartarán de la fe.” Maranata, 200.

“Es una solemne declaración la que hago a la iglesia, de que ni uno de cada veinte de aquellos cuyos nombres están registrados en los libros de la iglesia se halla preparado para terminar su historia terrenal, y que estaría tan ciertamente sin Dios y sin esperanza en el mundo como el pecador común.  Profesan servir a Dios, pero están sirviendo fervientemente a Mammón.  Esta obra que se hace a medias es una negación constante de Cristo, más bien que una confesión de Jesús.  Muchos han traído a la iglesia su propio espíritu insubordinado, carente de refinamiento.  Su gusto espiritual está pervertido por sus propias corrupciones inmorales y degradantes, y simbolizan al mundo en espíritu, en corazón y en propósito, confirmándose a sí mismos en prácticas lujuriosas, completamente llenos de engaño en su profesa vida cristiana. ¡Viven como pecadores, y pretenden ser cristianos!  Los que pretenden ser cristianos y confesar a Cristo deben salir de entre ellos, y no tocar cosa inmunda, y separarse.” S.C., 52-53.

Informe de las Experiencias de los Adventistas del Séptimo Día, Movimiento de Reforma, antes y durante la Segunda Guerra Mundial: 1936-1945

En los años 1919-1926-1927 se trasladó la oficina central de los Adventistas del “Movimiento de Reforma” en Alemania a Isernhagen, cerca de Hannover. La obra se abrió camino dentro y fuera del país. Cuando el poder del estado totalitario del nacionalismo entró en vigencia en el año 1933 comenzó para nuestra vida de fe un tiempo muy difícil. La igualdad exigida en el servicio de los intereses internacionales y nacionales nos colocó ante decisivos problemas de conciencia. Los dirigentes de los Adventistas del Séptimo Día, “Movimiento de la Reforma”, del país y también del exterior alegaron en base a experiencias personales y luchas en la fe, durante y después de la primera guerra mundial a la convicción de que no podemos participar en las luchas políticas de los partidos ni en ningún asunto nacional o internacional y esto a base de la Biblia y de los Testimonios.

Por lo tanto no pasó mucho tiempo hasta que hermanos dirigentes de la Reforma, tuvieron que dar testimonio delante de partidos y organismos del estado. En especial manera por la desconsiderada propaganda para las elecciones, por la obligación a participar e incorporarse en gremios, etc., todo bajo el estandarte del arco del sol, casi nadie quedó perdonado en declararse partidario. Para muchos Adventistas había llegado el tiempo que nos diera un gusto anticipado en las luchas futuras de las cuales dice un testimonio: “En este tiempo de lucha la verdadera bandera flameará en el viento y entonces los portaestandartes tendrán que estar firmes y hacer ver su verdadera posición- Entonces será
probada la capacidad de cada luchador que pelea en pro del bien. Los indecisos no llevarán nunca los laureles del triunfo- Los que son fieles y honrados no lo ocultarán, sino que su corazón y toda su fuerza será puesta a disposición de la obra y arriesgarán todo en la lucha, salga  como salga”. (Test. Vol. 3, pág. 271-272).

Nuestro anciano hermano Otto Welp (ya fallecido) que durante la primera guerra mundial ya había sufrido persecución, fue uno de los primeros que dio un claro testimonio de que no tomamos parte en la política ni en cualquier asunto relacionado con la guerra sea directa o
indirectamente porque las doctrinas de Cristo lo prohíben, también que  los miembros y creyentes son instruidos en este particular”. “En todas partes dan este mismo testimonio oral o escrito los dirigentes del “Movimiento de Reforma”.

Ya el 29 de Abril de 1936 fue prohibido el “Movimiento de Reforma” de los adventistas del Séptimo Día. A continuación publicamos el siguiente escrito.

El comandante político de la policía del país.
Berlín SW 11, 29 de Abril de 1936
Policía secreta de Prusia
B. — Nr. II 1 B 1—S. 213/36

Al señor Otto Welp
Bad Godesberga
Rheinalle 5611.

En base del Párr. 1 de la VO del presidente del Reich para protección del pueblo y del estado, del 28.2.1933 (boletín de la ley del Imperio del Reich) queda abolida y prohibida en todo el reino la secta de los Adventistas del Séptimo Día, “Movimiento de Reforma”. Los bienes serán confiscados. Acciones contrarias a esta resolución serán castigadas a base del párr. Nº 4 de la Vo del 28.2.1933. Motivos: Los “Adventistas del Séptimo Día, Movimiento de Reforma” persiguen fines contrarios a la ideología del nacionalismo, bajo un manto de actuación religiosa. Los partidarios de esta secta se niegan al militarismo y al saludo alemán de Hitler. Declaran públicamente que no reconocen ninguna patria sino que su posición es internacional y que consideran a todas las personas como hermanos. Como esta secta está capacitada para provocar confusión entre el pueblo fue necesaria su disolución para la protección del pueblo y del estado. En representación: Gez. Heydrich

El jefe de la asociación del este de Alemania, nuestro hermano Johann Hanselmann que vivía entonces en Sajonia cerca de Dresden, fue arrestado. Bajo resolución del 29 de Septiembre de 1939 dispuso el fiscal superior que el proceder forzado contra él sea puesto a cargo de la
caja del estado. A pesar de todo fue encerrado nuevamente en la cárcel de la policía de Dresden.

La policía secreta dispuso con fecha 27 de enero de 1937, lo siguiente:

En la sucesión de las acciones en contra de los dirigentes y pastores como también colportores de la iglesia Reformista de los Adventistas del Séptimo Día fue arrestado también el dirigente de Alemania del Este, hasta ahora el pastor Johannes Hanselmann, nacido el 1.5.1892 en Franquenberg (Wüttemberg) que vivía últimamente en Langebrück, distrito de Dresden y en la calle Adolf Hitler, 9, estando actualmente en investigación en 16 Js 2796/36.

Con fecha 23 de Marzo de 1937 dispuso el procurador general y jefe del fiscal del juicio especial de Sajonia, distrito de Freiberg, la orden de arresto de Hanselmann, Johan Georg, pastor a.D. y fue acusado de la siguiente manera:

“El viajaba por los lugares nombrados, Sajonia, Brandenburg, Pommern, Silesia, Prusia Oriental con su coche visitando a los adeptos de esta secta, dando estudios bíblicos, dando la santa cena según el rito de la secta prohibida y llevaba los dineros recolectados”.

“También confiesa el acusado que evita de todos modos las conversaciones mundanas de acuerdo a su fe religiosa y que aprovecha toda oportunidad para dar testimonio de la Palabra de Dios tal cual está en la Biblia”.

Esto era pues la ‘falta” de que se acusaba al hermano Hanselmann. Por tal motivo estuvo hasta el 2 de octubre de 1937 en la  cárcel de Dresden. El pastoreó como fiel pastor el  rebaño que le fue confiado bajo grandes peligros y obstáculos, también les impartía “el pan de vida” y los fortalecía en la fe, asegurando que “por muchas tribulaciones se entra en el reino de los cielos”. Poco después fue arrestado nuevamente. En Halle Saale fue hecho el segundo proceso en su contra. El escrito acusador dice:

“El acusado fue anteriormente pastor de la secta de los Adventistas del Séptimo Día, “Movimiento de Reforma” que por disposición del jefe suplente de la policía secreta fue abolida y prohibida en todo el territorio del Reich, el 29 de abril de 1936. Esta secta que tenía su sede en Isernhagen se separó en el año 1914 de la grande iglesia Adventista porque ellos dieron libertad a sus miembros a prestar servicio en la guerra, en pugna con sus principios religiosos. Los Reformistas opinaron que los Adventistas no deberían haber dado este permiso a sus adeptos. Este contraste entre Adventistas y Reformistas se agudizó aún más después del levantamiento nacional. Mientras que los miembros de la iglesia de los Adventistas del Séptimo Día se pusieron a favor del gobierno nacionalista, saludaban con el saludo alemán, de Hitler, incorporaron a sus hijos en sus sindicatos nacionalistas y prestaron servicio militar sin reserva, los adeptos del “Movimiento de Reforma” permanecieron firmes a sus principios antiguos de los Adventistas de 1844. Fueron acusados y las autoridades dijeron: “Bajo el mandato del movimiento religioso persiguen fines que están en pugna con la opinión mundial del nacional-socialismo. Se niegan en todo
tiempo a prestar servicio con armas, no saludan con el saludo alemán de Hitler y no apoyan a las instituciones nacional-socialistas como ser NSV, RLB y WHW y son internacionales, no reconocen patria alguna sino que consideran a todos como hermanos. Los Reformistas defienden el punto de vista de respetar una ley solamente si no está en pugna con la Biblia, porque tienen que obedecer a Dios más que a los hombres”.

Los motivos citados en esta carta acusadora demuestran claramente que los dirigentes de los Adventistas del Séptimo Día, “Movimiento de Reforma”, no estaban dispuestos a negar la doctrina de paz del evangelio de Cristo, dada a todos los hombres, ni tampoco en tiempo de persecución cuando se los arrestaba y hasta mataba. El buen pastor va delante de sus ovejas con buen ejemplo, pues qué sería del rebaño si quedara solo en medio de lobos rapaces. Justamente en esto fracasó la dirección espiritual de los profesos cristianos y de las
personas responsables entre la gran iglesia Adventista como lo muestra claramente el escrito acusador recientemente citado.

En el juicio principal que tuvo lugar más tarde ante el tribunal especial en Halle Saale fueron presentados más hermanos y hermanas de los Adventistas del Séptimo día, “Movimiento de Reforma”, también como acusados o hasta como testigos en contra del hermano Hanselmann. El hermano Hanselmann fue condenado a dos años de prisión. También fueron recargando a él los gastos de este proceder. Cuando se había cumplido la condena de dos años enviaron a su esposa su reloj de bolsillo y otros objetos personales. Hermano Hanselmann escribió muy breve: “Ahora viene lo peor; me llevan al campo de concentración a Sachsenhausen”

Más o menos a mediados de mayo de 1942 recibió su esposa la participación de que su esposo se había enfermado de diarrea y que murió en el campo de concentración. Esta fue la última noticia oficial. Un prisionero que se encontraba en aquel tiempo también en el campo de concentración de Sachsenhausen informó más tarde que el hermano Hanselmann se negó a trabajar un sábado por la mañana y seguidamente le ataron las manos atrás a la espalda lo tiraron hacia arriba y que murió por asfixia.

Así terminó su vida este fiel siervo del evangelio en la lucha por “la verdad presente”. No abandonó las almas que le habían sido confiadas sino que las pastoreó rodeado de peligro y sufrimientos y fue fiel hasta la muerte. Nosotros debemos estar agradecidos al Señor que como ejemplo nos ha dado hombres tan cumplidores de su deber como pastores de su rebaño.

A continuación siguen otros informes de mártires del siglo veinte qué sellaron su fe con la muerte.

Preguntas Sobre el Mensaje del Sellamiento

I ¿Cuándo obtuvieron los adventistas la luz sobre el mensaje del sellamiento?
II ¿Cuándo comenzó la obra del sellamiento?
III Cualquiera que haya muerto en la fe desde 1848,
Cuando el mensaje fue recibido, ¿será contado con
los 144.000?
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También
Un Sueño Impresionante y una Descripción de un Tribulum con explicaciones, etc.
1916
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J. N. L O U G H B O R O U G H
Impreso en los E.E.U.U.

Dedicación 

John_Norton_LoughboroughA aquellos que, creyendo sólo en la ayuda divina, están procurando obtener la condición descrita en Apoc.14:5, “En sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios”, se dedican las siguientes páginas.

Como fue reimpreso por LEAVES-OF-AUTUMN BOOKS Payson, Arizona Diciembre de 1988.

PREFACIO

La presentación de las páginas siguientes a nuestro pueblo, juzgo que están en armonía con lo que está declarado en los Testimonies for the Church volumen 7, página 288: “Como aquellos que han gastado sus vidas en el servicio de Dios al acercarse al fin de su historia terrenal, serán impresionados por el Espíritu Santo para relatar la experiencia que ellos han tenido en relación con su obra. El registro de sus maravillosos cuidados para con su pueblo”, etc.

Del beneficio que se deriva de traer tales cosas a la atención de nuestro pueblo, leemos de la pluma de la hermana E. G. White, en el South African Missionary de 20 de febrero de 1911, “No tenemos nada que temer del futuro, excepto que olvidemos la manera como el Señor nos ha conducido, y sus enseñanzas en nuestra historia pasada”.

En referencia al tema tratado en este libro — Los 144.000 sellados — He sido movido grandemente por el Espíritu de Dios a escribir y publicar los hechos de como el mensaje del sellamiento fue obtenido — no sólo de la Biblia, sino por instrucción directa en las visiones de E. G. de White; así también cómo el mensaje fue recibido y enseñado por nuestros ministros y pueblo antes del año 1894, cuando la teoría de “la nueva luz” halló su defensor en uno que después de todo apostató de la fe, y murió sin ver el cumplimiento de su expectación, de que él viviría hasta el fin del tiempo, y de esta manera sería uno de los 144.000. Su pretensión era que testimonios posteriores de la hermana White, enseñaron que todos los 144.000 estarían compuestos de aquellos que nunca murieron.

Cuando encontré que algunos estuvieron enseñando que “todos los 144.000, que serán sellados están viviendo ahora”, pensé que es el momento de que alguien deba hablar, y mostrar que ésta no es la manera de los profetas de Dios, de hacer declaraciones positivas en un tiempo, y después enseñar lo completamente contrario a ello. Este no fue seguramente el curso de los profetas bíblicos. El conjunto de esta “nueva luz” se produce por tomar palabras fuera de sus contextos, y lejos de las cosas de las cuales ellas están hablando, y dándole una aplicación general, como ustedes verán cuando empecemos el análisis del asunto.

Yo presenté la esencia de este tratado en dos discursos en el campamento de Stockton. Aquellos que escucharon los discursos solicitaron que debían ser publicados, de modo que ellos pudiesen tener las disertaciones de ellos. Como el tema es uno de los cuales hay alguna controversia, pensé que nuestros publicadores no desearían imprimir el tema en sus periódicos, o llevar la responsabilidad de publicarlos de cualquier forma. Así he decidido presentarlos como un libreto que se pueda obtener del autor, por correo.

Primero pensé, podría hacerlo en un folleto de cinco centavos; pero desde su revisión para ser impreso, y ampliado, encontré que cinco centavos no pagarían los gastos de impresión y correo. Así he establecido el precio de diez centavos, con la promesa al Señor de que todo lo que pueda recaudar de las ventas, después de diezmadas, sería dividido entre la obra en las ciudades del Este y las misiones extranjeras. Quiera el Señor hacer de la lectura de este libro una bendición, así como la pesquisa de la copia del mismo, como ha sido para el autor, en los meses pasados.

J. N. Loughborough
Lodi, California, Julio 1, 1916.

“No está lejano el tiempo cuando la prueba vendrá a toda alma. La marca de la bestia será
impuesta sobre nosotros… Muchas estrellas que hemos admirado por su brillo, entonces
se sumergirán en las tinieblas. El tamo será aventado por el viento, aún de los lugares
donde sólo vemos suelo de ricos trigales”. Testimonies for the Church, vol. 5, p. 81.

El Mensaje del Sellamiento

Delante de mí están las tres preguntas a las cuales se me ha solicitado que responda: Primera: ¿Cuándo obtuvieron los adventistas la luz sobre el mensaje del sellamiento? Segunda: ¿Cuándo comenzó la obra del sellamiento? Tercera: Cualquiera, del pueblo de Dios, que ha muerto desde 1848 en el mensaje, ¿será contado con los 144.000?

De la primera pregunta, notamos que en 1845, algunos de los adventistas empezaron el estudio del mensaje del tercer ángel de Apoc. 14:9-12. Ellos vieron claramente que la observancia del séptimo día de sábado estaba incluida en la observancia de todos los mandamientos, como se expone en ese mensaje. Del estudio del mensaje, leemos en una declaración de la hermana E. G. de White, en Testimonies for the Church, vol. 1, páginas 78, 79. La declaración que relata la situación en 1846, y en adelante, y leemos:

“Cuando empezamos a presentar la luz de la cuestión del sábado, no teníamos una idea clara y definida del mensaje del tercer ángel de Apoc. 14:9-12. La carga de nuestro testimonio cuando íbamos delante del pueblo era, que el gran movimiento adventista era de Dios, que los mensajes primero y segundo se habían dado, y que el tercero debía ser proclamado. Vimos que el mensaje del tercer ángel finaliza con las palabras: ‘Aquí está la paciencia de los santos: aquí están los que guardan los mandamientos de Dios, y la fe de Jesús.’ Y tan claramente como vimos, vemos ahora (el ahora era en 1868, cuando el volumen 1 fue publicado por primera vez), que estas palabras proféticas sugirieron la reforma del sábado; pero lo que era la adoración de la bestia mencionada en el mensaje, o lo que era la imagen y la marca de la bestia, no teníamos una posición definida.

“Dios por su Espíritu Santo permitió que la luz brillase sobre sus siervos, y el tema fue abierto gradualmente a nuestras mentes. Requirió mucho estudio y ansioso cuidado escudriñarlo, línea tras línea. Con cuidado, ansiedad, e incesante labor la obra ha avanzado hasta las grandes verdades de nuestro mensaje, claro, relacionado, y un todo perfecto, ha sido dado al mundo”.

Aunque, antes del año 1848, nuestro pueblo tuvo luz clara sobre los diferentes aspectos del mensaje del tercer ángel, su atención no había sido especialmente llamada al mensaje del sellamiento. Ellos no creían que, de acuerdo a Apoc. 14:1-5, habrían 144.000 en pie, redimidos, sobre el Monte de Sión. Esta compañía fue también mencionada por la hermana White en su primera visión, página 15. Pero ellos no habían estudiado todavía la luz sobre el sellamiento de los 144.000.

Como veremos, fue la época del conflicto de las naciones de Europa, en los primeros meses de 1848, que la luz al respecto del mensaje del sellamiento vino a este pueblo. En una breve consideración de ese conflicto, su causa y desarrollo, veremos como la luz sobre el mensaje fue obtenida. En el Library of Universal Knowledge, página 536, leemos de ese conflicto en 1848: “La revolución fue provocada por el pueblo francés, demandando una forma de gobierno republicano bajo Luis Felipe I; y por un tiempo, hubo forma de gobierno republicana, la contagiosa revolución se esparció temporalmente sobre la mayor parte del continente europeo”.

Desde el tiempo del régimen del Terror en Francia, el deseo de las masas fue, asegurar para el pueblo un gran control del gobierno, y satisfacer las ansias del pueblo de una vida nacional — de hecho, tener un verdadero gobierno del pueblo, para el pueblo, y por el pueblo. A través de la obra del papado, un Borbón, Luis Felipe I, había sido puesto sobre el trono, y parecía ser una imposibilidad inducir al papa a someterse a cualquier gobierno sino aquel de sus propias ideas. Ver el Western Europe de Robinson.

La situación causó animosidad no sólo contra Luis Felipe I, sino también contra el papa, que era apoyado por las reglas del Borbón. Al fin, los sentimientos reprimidos estallaron en un conflicto, tan repentino en su desarrollo como el estallido de un volcán. De los hechos declarados en la prensa pública de la época, parecía que Luis no estaba enterado de la intensidad de los sentimientos en contra de su gobierno; pues el veintiuno de febrero de 1848, él dijo a su gabinete: “Yo nunca estuve más firmemente establecido en el imperio de Francia de lo que lo estoy esta noche”. Al día siguiente él pasó revista a sus soldados. Después de la parada militar, los soldados, con los fusiles amontonados, estaban descansando en el suelo, cuando un chico pequeño con una bandera tricolor en sus manos subió sobre un cañón. El ondeó la bandera en el aire, gritando: “¡Abajo el papa! ¡ABAJO EL PAPA!”. Probablemente esto fue lo que él escuchó, que fue hablado en su casa. Los soldados se contagiaron de lo mismo, lo cual, con vigor creciente, pasó arriba y abajo de la formación, y finalmente con la adición, “y abajo el rey”.

Concerniente el repentino estallido de esa rebelión, leemos en el Western Europe, de Robinson, capítulo cuarenta:

“El congregado descontento, y la demanda de una reforma, repentinamente mostró su plena fortaleza y extensión. Pareció, por un momento como si todo el oeste de Europa estaba cerca de sumergirse en una completa revolución como la que Francia experimentó en 1789. Con un acuerdo, y como obedeciendo a una señal previamente acordada, los partidos liberales en Francia, Italia, Alemania, y Austria, durante los primeros meses de 1848, destronaron u obtuvieron el control del gobierno, y procedieron a llevar adelante sus programas de reforma en la misma forma cabal en la cual la Asamblea Nacional en Francia hizo su obra en 1789. El movimiento general afectó casi a todos los estados centrales de Europa.

“El 24 de febrero de 1848, el populacho atacó la Tuileries. El rey abdicó en favor de su nieto. Pero fue muy tarde. La multitud invadió la asamblea, así como en el régimen del Terror, gritando: ‘¡Abajo los Borbones, viejos y jóvenes!, ¡viva la república!’ ”. De esta revolución en 1848, y su repentina comprobación, Horacio Greeley dijo, en el New York Tribune: “Fue una gran sorpresa para nosotros, los políticos, que esa gran confusión en Europa comenzara tan repentinamente; pero mayor sorpresa fue que se detuviera repentinamente”.

Yo tengo una copia de un testimonio dado a la hermana White en 1852, en el cual se hace referencia a la guerra de 1848. Este fue hallado entre los papeles del hermano Bates, después de su muerte. En el están estas palabras: “Que el deseo fue, destronar reyes; pero eso no podía ser, porque los reyes deben reinar hasta que Cristo comience su reino. Vi en Europa, justo como las cosas se movieron para ejecutar sus designios, habría una inactividad por una o dos veces. Así, el corazón de los impíos sería muy afectado. Pero la obra no estará concluida (sólo parecía), para la mente de sus reyes y legisladores que estuvieron intentando derrocarse uno al otro, y las mentes del pueblo obteniendo dominio. Vi todas las mentes buscando y espaciando sus pensamientos en la crisis inminente delante de ellos”.

Hubo una recesión después de la revolución de 1848. En la presente guerra, que comenzó en 1914, es manifiesto todavía en una mayor escala la determinación de derrocar reyes y gobernadores, y todavía con una mayor intensidad a la espera de la oportunidad, que en aquella revolución de 1848. El testimonio parece indicar una segunda recesión antes de que venga el conflicto final de las naciones. De aquel estallido en París, ya hemos leído que Luis Felipe y su familia entera huyeron de Francia. La furia de la turba fue tal que temieron por sus vidas, y realizó su fuga poniendo a su familia en un coche, mientras él mismo se disfrazó de cochero, y en las penumbras, pasó irreconocido a través de las puertas de París, de esta forma efectuaron su fuga a Inglaterra.

De un panfleto titulado The Seal of the Living God, publicado por el pastor José Bates, con fecha del 1o. de enero de 1849, obtenemos algunos hechos como ese de la revolución de 1848, y la recepción de aquella luz sobre el mensaje del sellamiento. En la página 45 leemos, “La prensa pública ha declarado que el veintidós de febrero pasado, Francia se desorganizó, depuso su rey, e incendió su trono, y él mismo y su familia huyó a Inglaterra en búsqueda de seguridad”. En la página 49, leemos de la furia de aquel conflicto. “Visto que tumultos y luchas han estado y están sucediendo entre los pueblos para derrocar a los potentados de Europa; nombrados: Prusia, Hanover, Sicilia, Nápoles, Venecia, Lombardía, Tuscany, Roma, etc. Ver el relato del Boston Times, del 28 de octubre de 1848, acerca de la fuga del emperador de Austria desde Viena, la capital de sus vastos dominios, y de la insurrección y el cerco de aquella ciudad por ocho días, desde el nueve de octubre; como ellos, en su obra de exterminio, cuando se tornaron victoriosos, destrozaron vías férreas, demolieron puentes, para detener además toda comunicación. Ver también el estado similar de cosas en Berlín, bajo el rey de Prusia”.

Esto nos proporciona alguna idea de la revuelta que estalló en el continente europeo el 22
de febrero de 1848. En el mes de marzo del mismo año, en Hydesville, Condado de Wayne, New York, los golpes de espíritus empezaron en la casa de las familias Fox y Fish, las cuales se habían mudado a Rochester, New York, para una investigación más pública. Por un tiempo, estos golpes fueron llamados “los golpes de Rochester”. Los adventistas del primer día entonces dijeron, con gran celo: “Este conflicto en Europa culminará en la batalla de Armagedón, y el Señor está cerca en venir. Estos golpes de los espíritus son los espíritus de demonios, que van a reunir a las naciones para la batalla del gran día del Dios Todopoderoso”. Así como nuestro pueblo tuvo la luz del mensaje del tercer ángel y el Sábado, y estuvieron seguros de que esta verdad debía ser proclamada al mundo, no podían aceptar la fe afirmada por los adventistas del primer día, de que el Señor estaba a punto de venir. Aquellas personas dirían a los guardadores del sábado: “Sería mejor que ustedes desistan de su mensaje del sábado. Están muy retrasados con él. Sígannos en advertir al mundo que se prepare para la venida inmediata de Cristo”.

Tal fue la situación en el verano de 1848. Esto guió a los adventistas de séptimo día al sincero estudio con oración en búsqueda de luz. El Señor dirigió sus mentes a la retención de los vientos (las guerras) y la obra del sellamiento, con una determinación de encontrar el significado de la situación. Ellos encontraron, en sus estudios de las Escrituras, que el sábado del séptimo día era la señal del Dios vivo, y el sello de su ley. Esta luz nuevamente recibida de la Palabra de Dios dio aún mayor fuerza al mensaje del sábado, y doblemente les aseguró que esto, como el mensaje del sellamiento, debía ser proclamado al mundo antes de la actual venida de Cristo [proclamada por los Adventistas del primer día].

En el libro del hermano Bates, él se refiere a una reunión celebrada en la casa del hermano Otis Nichols, en Dorchester, cerca de Boston, Massachusetts, el 18 de noviembre de 1848, y dice: “Un pequeño grupo de hermanos y hermanas estuvieron congregados en una reunión cerca de Boston, Massachusetts… Nosotros habíamos hecho la manera de publicar el mensaje el tema de oración en la conferencia de Topsham reunidos un poco antes, y la manera de publicar no aparecía clara, nosotros ahora resolvimos unánimemente, por lo tanto, referirle todo a Dios. Después de dedicar un tiempo a la oración en procura de luz e instrucción, Dios dio una visión a la hermana White”.

Entonces él dio las palabras que ella habló en la visión, las cuales él copió abajo lo que ella les habló. De esas palabras citamos lo siguiente: “Él (Dios) se agradó cuando su ley comenzó a levantarse en fortaleza. Esa verdad (la verdad del Sábado) se levanta, y está en aumento, más fuerte y más fuerte. ¡Es el sello! ¡Está viniendo! Se levanta, viniendo del nacimiento del sol, como el sol, primero frío, crece más cálido, y envía sus rayos. Cuando esa verdad se levantó, hubo una pequeña luz en ella; pero ha estado creciendo. ¡Oh, el poder de estos rayos!”

En seguida vinieron palabras que inutilizaron las afirmaciones de los adventistas del primer día de que “los ángeles no retenían más los vientos de la guerra y la lucha, sino los estaban dejando soplar”. Las palabras habladas en la visión fueron: “Los ángeles están reteniendo los vientos. Es Dios que retiene los poderes. Los ángeles no los han soltado, porque los santos no están todos sellados. El tiempo de angustia ha comenzado. Empezó. La razón por la cual los cuatro vientos no se han soltado, es porque los santos no están todos sellados. (La angustia) va en aumento más y más; nunca finalizará hasta que la tierra sea librada de los impíos. Porque, ellos (los vientos) están listos para soplar. Hay una cubierta puesta, porque los santos no están todos sellados. Sí, publica las cosas que has visto y escuchado, y la bendición de Dios les acompañará”.

Después de salir de esta visión, la hermana White dijo a su marido: “Jaime, tengo un mensaje para ti. Comienza a imprimir un pequeño periódico, pequeño al principio. Envíalo gratis. Los lectores te enviarán dinero para imprimirlo. Será un éxito desde el principio. Vi que este pequeño inicio, fue como rayos de luz que han rodeado claramente al mundo”.

En una visión dada a la hermana White en Rocky Hill, Connecticut, el 5 de Enero de 1859, ella tuvo otra visión de la obra del sellamiento. Esta visión, escrita por ella misma, está en Primeros Escritos, páginas 37, 38, y se lee lo siguiente: “Vi cuatro ángeles que habían de hacer una labor en la tierra y andaban en vías de realizarla. Jesús vestía ropas sacerdotales. Miró compasivamente al pueblo remanente, y alzando las manos exclamó con voz de profunda compasión: ‘¡Mi sangre, Padre, mi sangre, mi sangre, mi sangre!’; entonces vi que de Dios, sentado en el gran trono blanco, salía una luz en extremo refulgente que derramaba sus rayos en derredor de Jesús. Después vi un ángel comisionado por Jesús para ir rápidamente a los cuatro ángeles que tenían una determinada labor que cumplir en la tierra, y agitando de arriba abajo algo que llevaba en la mano, clamó en alta voz: ‘¡Retened! ¡Retened! ¡Retened! hasta que los siervos de Dios estén sellados en la frente’ ”.

La explicación dada a ella por su ángel asistente fue “que Dios era quien refrenaba las potestades y que encargaba a sus ángeles de todo lo relativo a la tierra; que los cuatro ángeles tenían poder de Dios para retener los cuatro vientos, y que estaban ya a punto de soltarlos, pero mientras aflojaban las manos y cuando los cuatro vientos iban a soplar, los misericordiosos ojos de Jesús vieron al pueblo remanente que todavía no estaban todos sellados, y alzando las manos hacia su Padre intercedió con él, recordándole que había derramado su sangre por ellos. En consecuencia se le mandó a otro ángel que fuera velozmente a decir a los cuatro que retuvieran los vientos hasta que los siervos de Dios fuesen sellados en la frente con el sello de Dios”.

Siendo fortificados así con la luz de las escrituras, y el testimonio del Espíritu de Dios, aquellos que tuvieron la luz del mensaje del tercer ángel fueron protegidos de estas afirmaciones de los adventistas del primer día, con su “mensaje del nuevo tiempo”, y fueron llenos de energía para continuar imprimiendo el mensaje del tercer ángel, estando seguros de que el Dios en quien ellos confiaban esclarecería el camino para esto, el último mensaje al mundo, para cumplir su propósito.

SEGUNDA PREGUNTA

¿CUANDO COMENZÓ LA OBRA DEL SELLAMIENTO?

Los testimonios ya citados acerca de la recepción del mensaje del sellamiento por los adventistas del séptimo día es también una buena prueba, al respecto del tiempo cuando el sellamiento comenzó. Los cuatro vientos de guerra estuvieron a punto de soplar cuando aquella conmoción entre las naciones de Europa estalló. Los cuatro ángeles tuvieron la comisión de retener esos vientos de guerra, para que la obra del sellamiento no fuera obstruida. “Una cubierta fue puesta”, de modo que el sellamiento pudiese avanzar.

Tomaremos nota de otros testimonios mostrando que la obra del sellamiento estaba ocurriendo en aquel tiempo. En Experiencias y visiones, “Primeros escritos”, edición antigua, página 43, hablando de qué estaba ocurriendo entonces, leemos: “En este tiempo de sellamiento Satanás está valiéndose de todo artificio para desviar de la verdad presente el pensamiento del pueblo de Dios y para hacerlo vacilar. Vi una cubierta que Dios extendía sobre su pueblo para protegerlo en tiempo de aflicción; y toda alma que se hubiese decidido por la verdad y fuese de corazón puro había de ser cobijada por la cubierta del Todopoderoso”.

Del mismo testimonio, en la página PE 44, leemos: “Vi que Satanás obraba así para enajenar, engañar y desviar a los hijos de Dios precisamente ahora en el tiempo del sellamiento… Satanás probaba cada una de sus artes para sujetarlos donde estaban hasta que hubiese pasado el sellamiento, hasta que la cubierta se hubiese corrido sobre el pueblo de Dios, y ellos hubiesen quedado sin refugio que los protegiera de la ira ardiente de Dios en las siete últimas plagas. Dios ha comenzado a correr esta cubierta sobre su pueblo, y será extendida sobre todos los que han de tener refugio en el día de la matanza”.

Citaré de un tratado publicado en 1852, una visión dada a la hermana White, en el hogar del hermano Harris, en Centerport, New York, el 24 de agosto de 1850: “Vi que Satanás obrará ahora con mayor poder que antes, porque él sabe que este tiempo es corto, y que el sellamiento pronto culminará. Y él obrará ahora con toda insinuación para conseguir que los santos desistan de su vigilancia, y hacerlos dudar, y dormir acerca de la verdad presente, de manera de evitar así, que ellos sean sellados con el sello del Dios vivo”. Leemos en Primeros escritos, Experiencias y visiones, página 49, edición antigua:

“El tiempo del sellamiento es muy corto, y pronto terminará. Ahora, mientras los cuatro ángeles están reteniendo los cuatro vientos, es el momento en que debemos asegurar nuestra vocación y elección”.

Fue por causa de estas claras declaraciones, que nuestros ministros y nuestro pueblo, antes de 1894, creyeron y enseñaron que la obra del sellamiento había comenzado desde 1848, y que los 144.000 estaban siendo sellados. No puedo ver como podríamos extraer cualquier otra idea, de los testimonios que hemos citado, sino que la obra del sellamiento ha empezado en 1848-1850.

TERCERA PREGUNTA

EL QUE HA MUERTO EN LA FE DESDE 1848, CUANDO ESE MENSAJE FUE RECIBIDO, ¿SERÁ CONTADO CON LOS 144.000?

Algunas personas, más especialmente desde 1894, han afirmado que ninguno será contado entre los 144.000, sino aquellos que vivieron hasta la segunda venida de Cristo; y que esto debe ser así, pues de acuerdo con Apoc. 14:3, 4, ellos son “redimidos de entre los hombres”, y “de la tierra”. De acuerdo con Daniel 12, hay una resurrección parcial en el “tiempo de angustia”, justo antes de la segunda venida de Cristo. Leemos: “En aquel tiempo se levantará Miguel… Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”.

Seguramente aquellos que se levantan para vida eterna estarán vivos y “entre los hombres”, cuando Cristo venga. Si en 1848—1850 personas estuvieron siendo selladas, esperaríamos naturalmente que ellos sean de aquellos levantados para vida eterna, y así estar con los 144.000. De esta resurrección leemos en Primeros escritos, Spiritual Gifts, edición antigua, página 285: “Pero había un claro de persistente esplendor de donde salía la voz de Dios como el sonido de muchas aguas estremeciendo los cielos y la tierra. Sobrevino un tremendo terremoto. Abriéronse los sepulcros y los que habían muerto teniendo fe en el mensaje del tercer ángel y guardando el sábado se levantaron, glorificados, de sus polvorientos lechos para escuchar el pacto de paz que Dios iba a hacer con quienes habían observado su ley”.

En Spiritual Gifts, páginas 145, 146, leemos: “Al declarar Dios el día y la hora de la venida de Jesús y conferir el sempiterno pacto a su pueblo, pronunciaba una frase y se detenía mientras las palabras de la frase retumbaban por toda la tierra. El Israel de Dios permanecía con la mirada fija en lo alto, escuchando las palabras según iban saliendo de
labios de Jehová y retumbaban por toda la tierra con el estruendo de horrísonos truenos. Era un espectáculo pavorosamente solemne. Al final de cada frase los santos exclamaban: ‘¡Gloria! ¡Aleluya!’ Estaban sus semblantes iluminados por la gloria de Dios, y refulgían como el rostro de Moisés al bajar del Sinaí. Los malvados no podían mirarlos porque los ofuscaba el resplandor. Y cuando Dios derramó la sempiterna bendición sobre quienes le habían honrado santificando el sábado, resonó un potente grito de victoria sobre la bestia y su imagen”.

De lo mismo leemos en Testimonies for the Church, volumen 1, página 59: “Pronto oímos la voz de Dios como el sonido de muchas aguas, dándonos el día y la hora de la venida de Jesús. Los santos vivos, en número de 144.000 (recuerde que los observadores del sábado resucitados, están entonces entre los santos vivos), conocieron y entendieron la voz, mientras que los impíos pensaron que era el sonido de truenos y terremoto. Cuando Dios pronunció el tiempo, derramó sobre nosotros el Espíritu Santo, y nuestros rostros comenzaron a iluminarse y a brillar con la gloria de Dios, como Moisés cuando descendió del Monte Sinaí.

“Los 144.000 estaban todos sellados y perfectamente unidos. En sus frentes estaban las palabras ‘Dios, Nueva Jerusalén’, y una estrella gloriosa conteniendo el nuevo nombre de Jesús. En nuestro feliz y santo estado, los impíos estaban enfurecidos, y se precipitarían violentamente a colocar las manos sobre nosotros para introducirnos en prisión, cuando extendimos hacia delante las manos en el nombre del Señor, y ellos cayeron desvalidos en la tierra”.

Si es afirmado que ninguno será numerado entre los 144.000 sino aquellos que viven hasta la segunda venida de Cristo, sin probar la muerte, ¿qué podemos decir acerca de aquellos observadores del sábado que en 1848 a 1850 estaban siendo sellados? Ahora no hay una media docena de aquellos, vivos, que estuvieron entonces guardando el sábado. Si entonces ellos fueron sellados, estarán entre aquellos que serán resucitados para vida eterna a la voz de Dios. Hay algunas cosas relacionadas con la hermana White que tienen una relación sobre la cuestión de los 144.000. Ella está en el descanso ahora.

Pero como informó en su primera visión, Experiences and Views, es un recuento de lo que ocurre en el reino: “El monte de Sión estaba delante de nosotros, y sobre el monte había un hermoso templo. Lo rodeaban otros siete montes donde crecían rosas y lirios.

Los pequeñuelos trepaban por los montes o, si lo preferían, usaban sus alitas para volar hasta la cumbre de ellos y recoger inmarcesibles flores. Toda clase de árboles hermoseaban los alrededores del templo: el boj, el pino, el abeto, el olivo, el mirto, el granado, y la higuera doblegada bajo el peso de sus higos maduros, todos embellecían aquel paraje. Cuando íbamos a entrar en el santo templo, Jesús alzó su melodiosa voz y dijo: ‘Únicamente los 144.000 entran en este lugar’. Y exclamamos: ‘¡Aleluya!’ ”. Parece, sin embargo, que en esta visión de las cosas que ocurren en la nueva tierra, ella entró en aquel templo; porque dijo: “Este templo estaba sostenido por siete columnas de oro transparente, con engastes de hermosísimas perlas. No me es posible describir las maravillas que vi… Vi tablas de piedra en que estaban esculpidos en letras de oro los nombres de los 144.000. Después de admirar la gloria del templo, salimos y Jesús nos dejó para ir a la ciudad”. De esto concluimos con seguridad que en la nueva tierra, la hermana White será una de los 144.000.*

En la página 33 de Experiencias y visiones, edición antigua, ella habla de lo que el ángel le dijo mientras estaba viendo Saturno: “Supliqué a mi ángel acompañante que me dejara permanecer allí. No podía sufrir el pensamiento de volver a este tenebroso mundo. El ángel me dijo entonces: ‘Debes volver, y si eres fiel, tendrás, con los 144.000, el privilegio de visitar todos los mundos y ver la obra de las manos de Dios’ ”. Seguramente parece que algunos de los 144.000 son de aquellos que han sido levantados de los muertos.

A pesar de estos hechos en los testimonios presentados, es instado todavía por algunos, que lo que se dice en El conflicto de los siglos, página 707, muestra que los 144.000 estarán compuestos completamente de aquellos que nunca han muerto. Vamos a ver lo que es dicho, y la condición bajo la cual la declaración mencionada ocurre. Aquí está: “Habiendo sido trasladados de la tierra, de entre los vivos, son contados por ‘primicias para Dios y para el Cordero’. (Los guardadores del sábado resucitados para vida eterna estarán seguramente entre los vivos en la segunda venida de Cristo.) ‘Estos son los que han venido de grande tribulación;’ han pasado por el tiempo de angustia cual nunca ha sido desde que ha habido nación”. Esa angustia de las naciones será bajo la sexta plaga; y es en ese tiempo, de acuerdo con Dan. 12:1, que la resurrección parcial ocurrirá, sacando de sus tumbas los observadores del sábado sellados.* Esto será cuando la séptima plaga está a punto de venir. De la situación de aquel tiempo, leemos en Expirience and Views, página 29: “Estas plagas enfurecieron a los malvados contra los justos, pues los primeros pensaron que habíamos atraído los juicios de Dios sobre ellos, y que si podían raernos de la tierra las plagas se detendrían. Se promulgó un decreto para matar a los santos, lo cual los hizo clamar día y noche por su libramiento. Este fue el tiempo de la angustia de Jacob. Entonces todos los santos clamaron en angustia de ánimo  y fueron libertados por la voz de Dios. Los 144.000 triunfaron. Sus rostros quedaron iluminados por la gloria de Dios”. Ya hemos visto que esta glorificación con los observadores del sábado resucitados, así como también con aquellos que no han muerto, será cuando Dios pronuncia el pacto sempiterno sobre aquellos que le han honrado guardando su santo sábado.

De esta escena leemos en Spiritual Gifts, página 143: “Vi un edicto del que se repartieron ejemplares por distintas partes de la tierra, el cual ordenaba que si dentro de determinado plazo no renunciaban los santos a su fe peculiar y prescindían del sábado para observar el primer día de la semana, quedaría la gente en libertad para matarlos… Satanás quería tener el privilegio de exterminar a los santos del Altísimo; pero Jesús ordenó a sus ángeles que velaran por ellos. Dios tendría a honra hacer un pacto con quienes habían guardado su ley a la vista de los paganos circundantes; y Jesús recibiría honra al trasladar sin que vieran la muerte a los fieles expectantes que durante tanto tiempo le habían aguardado”. Guardando la ley “a la vista de los paganos”, era a la vista de estos inquisidores que tenían el decreto de hacerlos morir, y no morir en un sentido ordinario, bajo calmadas condiciones.

Es de este testimonio, “sin que vieran la muerte”, que la exposición ha sido hecha de que ninguno estará entre los 144.000 sellados, sino aquellos que viven hasta la actual segunda venida de Cristo. Vemos que la muerte de la cual ellos son salvados es la muerte permitida por el “edicto del que se repartieron ejemplares”. Tened en mente que los observadores del sábado resucitados están incluidos entre los pactantes. Así ellos deben ser trasladados en la segunda venida de Cristo, sin sufrir la amenaza de muerte. Por este decreto, entran en “el tiempo de angustia de Jacob”. Su angustia fue la noticia de que Esaú venía con cuatrocientos hombres armados. A menos que el Señor le hubiera ayudado, pareció que perecería él y toda su familia.

Hay otro testimonio del Conflicto de los siglos, en la página 707, usado por aquellos que sostienen que ninguno que haya muerto en el mensaje estará entre los 144.000: “Ellos han permanecido…” Esto es lo que se dice de todos los 144.000, y en parte será verdadero de los guardadores del sábado resucitados; ellos enfrentan el tiempo de angustia de Jacob, son levantados bajo la sexta plaga,* y ven el derramamiento final de los juicios de Dios bajo la séptima plaga, y están entre aquellos librados de este decreto de muerte.

En Spiritual Gifts, páginas 146, 147, todavía leemos más de lo que ocurrirá con los observadores del sábado resucitados y con los guardadores del sábado que están vivos, después de que la voz de Dios declara el pacto sempiterno, cuando los malvados estaban enfurecidos contra ellos: “Pronto apareció la gran nube blanca sobre la que venía sentado el Hijo del hombre. Al vislumbrarse a la distancia, parecía muy pequeña. El ángel dijo que era la señal del Hijo del hombre. Cuando se acercó a la tierra, pudimos contemplar la excelsa gloria y majestad de Jesús al avanzar como vencedor… Su aspecto era tan brillante como el sol de mediodía, sus ojos como llama de fuego, y sus pies parecían de fino bronce. Resonaba su voz como un concierto armónico de instrumentos músicos. La tierra temblaba delante de él; los cielos se apartaron como arrollado pergamino; y las montañas e islas se descuajaron de su asiento… Los que poco antes hubieran exterminado de la tierra a los fieles hijos de Dios, presenciaban ahora la gloria de Dios que sobre éstos reposaba. Y en medio de su terror, los impíos oían las voces de los santos que en gozosas estrofas decían: ‘He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará.’ La tierra se estremeció violentamente cuando la voz del Hijo de Dios llamó a los santos que dormían, quienes respondieron a la evocación y resurgieron revestidos de gloriosa inmortalidad, exclamando: ‘¡Victoria! ¡Victoria! sobre la muerte y el sepulcro. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?’

Entonces los santos vivientes y los resucitados elevaron su voces en un prolongado grito de triunfo. Aquellos cuerpos que habían bajado a la tumba con los estigmas de enfermedad y la muerte resucitaron inmortalmente sanos y vigorosos. Los santos vivientes fueron transmutados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, y arrebatados con los salidos del sepulcro, fueron todos juntos a encontrar a su Señor en el aire. ¡Oh! ¡cuán glorioso encuentro fue ese! Los amigos separados por la muerte volvieron a unirse para no separarse más”.

Si todavía hay alguna duda de que los observadores del sábado resucitados son numerados con los 144.000, considere las palabras siguientes de la hermana White en 1909. En la  Asociación General en 1909, el anciano Irwin portaba un estenógrafo en una visita a la hermana White. El deseaba hacerle algunas preguntas, y tener una copia exacta de las palabras de las preguntas, y las palabras exactas de las respuestas. Entre otras preguntas estaba ésta: “¿Estarán entre los 144.000 aquellos que han muerto en el mensaje?” En respuesta, la hermana White dijo: “Oh, sí, aquellos que han muerto en la fe estarán entre los 144.000. Estoy clara en ese asunto”. Estas fueron las palabras exactas de  la pregunta y de la respuesta, como el hermano Irwin me las permitió copiar del reporte de su estenógrafo. 

EL NÚMERO DE LOS SELLADOS

La pregunta puede levantarse ahora: “Si el mensaje del sellamiento ha de ir a todo el mundo con un poder pentecostal, y la tierra será iluminada con su gloria, y si, como lo declaró recientemente el hermano _______, resultará en ‘millones’ que serán preparados para la segunda venida de Cristo, ¿no son los 144.000 un número pequeño a ser sellado?

Es solamente una fracción de un millón”. En su palabra el Señor ha hablado de aquellos que han de ser salvos en su venida como una “manada pequeña”. Lucas 12:32. Son también un pueblo que ha estado sujeto a una prueba muy severa. El profeta Daniel habla de ellos: “muchos serán lavados, y emblanquecidos y purificados”. Dan. 12:10. Algunos traducen esto como “completamente probados”. Debe ser verdad en este caso, “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”. Mat. 22:14. En Joyas de los testimonios, tomo 2, página 31, leemos: “Muchos de aquellos que ahora parecen ser sinceros y fieles resultarán ser vil metal”. En la página 68, del mismo libro, leemos: “No todos los que profesan observar el sábado serán sellados. Aun entre los que enseñan la verdad a otros hay muchos que no recibirán el sello de Dios en sus frentes. Tuvieron la luz de la verdad, conocieron la voluntad de su Maestro, comprendieron todo punto de nuestra fe, pero no hicieron las obras correspondientes… Por su falta de devoción y piedad, por no haber alcanzado una alta norma religiosa, contribuyen a que otras almas se conformen con su situación… Ninguno de nosotros recibirá jamás el sello de Dios mientras nuestros caracteres tengan una mancha. Nos toca a nosotros remediar los defectos de nuestro carácter, limpiar el templo del alma de toda contaminación. Entonces la lluvia tardía caerá sobre nosotros como cayó la lluvia temprana sobre los discípulos en el día de Pentecostés”.

En la página 31 del mismo tomo leemos: “Pronto los hijos de Dios serán probados por intensas pruebas, y muchos [en el original inglés: ‘la gran proporción’] de aquellos que ahora parecen ser sinceros y fieles resultarán ser vil metal. En vez de ser fortalecidos y confirmados por la oposición, las amenazas y los ultrajes, se pondrán cobardemente del lado de los opositores”. En Spirit of Prophecy, vol. 4, p. 426, leemos:

“Conforme vaya acercándose la tempestad, una clase numerosa que profesaron fe en el mensaje del tercer ángel, pero que no fueron santificados por la obediencia a la verdad, abandonarán su fe, e irán a engrosar las filas de la oposición. Uniéndose con el mundo y participando de su espíritu, llegarán a ver las cosas casi bajo el mismo aspecto; así que cuando llegue la hora de prueba estarán preparados para situarse del lado más fácil y de mayor popularidad. Hombres de talento y de elocuencia, que se gozaron un día en la verdad, emplearán sus facultades para seducir y descarriar almas”. Lo mismo se lee en El conflicto de los siglos, p. 666.

En Joyas de los testimonios, tomo 2, pág. 71, leemos: “El sello de Dios no será nunca puesto en la frente de un hombre o una mujer que sean impuros. Nunca será puesto sobre la frente de seres humanos ambiciosos y amadores del mundo. Nunca será puesto sobre la frente de hombres y mujeres de corazón falso o engañoso. Todos los que reciban el sello deberán estar sin mancha delante de Dios y ser candidatos para el cielo”. En Maranata: el Señor viene!, pág. 198, leemos: “Más de una estrella que hemos admirado por su brillo, se apagará entonces en las tinieblas. Como una nube, el tamo será llevado por el viento, aun en lugares donde vemos sólo eras de rico trigo”.

En ¡Maranata: el Señor viene!, pág. 200, leemos: “A medida que nos apremien las pruebas, se efectuará en nuestras filas una obra de separación y también de unión. Algunos que en la actualidad están dispuestos a tomar armas de guerra, en tiempos de verdadero peligro pondrán de manifiesto que no han edificado sobre un fundamento sólido: Cederán a la tentación. Los que han tenido gran luz y disfrutado de inestimables privilegios pero no los han perfeccionado, se apartarán de nosotros justificándose con diversos pretextos. Al no haber recibido el amor de la verdad, aceptarán los errores del enemigo. Prestarán atención a espíritus seductores y doctrinas de demonios y se apartarán de la fe”.

Cualquiera que pueda ser la verdad a respecto de los millones que escucharán el mensaje del tercer ángel, los 144.000 parecen ser un grupo peculiar, con características peculiares, reunidos en grupos de 12,000, llevando los nombres de las doce tribus del Israel espiritual, “y en sus bocas no fue hallada mentira”, “sin mancha delante del trono de Dios”. Ellos no son todos americanos, ni todos usuarios de la lengua inglesa; pero son “sin mancha ni arruga ni cosa semejante”.

Si lo expresado anteriormente por el anciano_____, de que la predicación del mensaje “prepara a millones para ser salvos en la venida de Cristo”, y el Señor en su compasión perdona los pecados de ignorancia en los paganos convertidos que no tuvieron las oportunidades de aquellos más iluminados, que su nombre sea alabado. Eso no nos excusa, a quienes hemos tenido gran luz y que debemos alcanzar uno de los doce grupos de los 144.000 sellados.

En ¡Maranata: el Señor viene!, en la pág. 209, la hermana White dice: “De aquí a poco todo hijo de Dios llevará su sello. ¡Oh, si pudiéramos recibirlo en nuestra frente! ¿Quién puede soportar la idea de ser pasado por alto por el ángel que sale para sellar a los siervos de Dios en sus frentes?’ Entre las faltas de la parte de los profesos guardadores del sábado, leemos en Testimonios para los ministros, en la pág. 312: “Se pronuncia una maldición sobre todos los que retienen sus diezmos. Dios dice: ‘¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa…’ Dios nos ayude a arrepentirnos. ‘Volveos a mí — dice él — y yo me volveré a vosotros’. Los hombres que quieran cumplir su deber lo encuentran expresado con toda claridad en este capítulo. Nadie puede dar excusas para no volver su diezmo y dar sus ofrendas al Altísimo”. Acerca de los que no pagan los diezmos leemos en Testimonies for the Church, volumen 2, página 199:

“Ellos están reteniendo, y robando a Dios… Esta es una razón por la cual, como pueblo, somos muy enfermizos, y muchos están descendiendo a sus sepulturas. El codicioso está entre nosotros”. En Joyas de los testimonios, volumen 1, en la pág. 378, leemos: “Sólo unos pocos consideran las obligaciones que Dios les ha impuesto de hacer que su principal ocupación consista en suplir las necesidades de su causa, y de atender sus propios deseos en último término. Son pocos los que invierten dinero en la causa de Dios en proporción a sus recursos”.

“Pero”, tu puedes decir, “hace algún tiempo que esos testimonios fueron escritos.  ¿No se han corregido estos asuntos desde aquel tiempo?” Durante el año 1915, cuando a  los tesoreros de la iglesia se les preguntó: “¿Qué proporción de vuestros miembros paga los diezmos?” (La respuesta fue, “No más que la mitad”.) ¿Concluiremos ahora que la mitad no tiene ninguna cosa durante todo el año, o son ellos como un granjero rico que me dijo, “Cuando halla cercado y pagado mi granja, sufragado los gastos de mi familia, halla comprado una segadora nueva y una máquina de trillar nueva; no habrá quedado mucho sobre lo cual pague los diezmos”. En respuesta a esto, un hermano que se había convertido de la infidelidad a la verdad, y que pensaba “bien” del sistema del diezmo, dijo: “Ustedes los granjeros trabajarán la granja por la mitad o por un tercio de la cosecha por el uso de la tierra. Ahora que tienes vida, tierra, y todo, de parte del Señor, a quien pertenecen tu mismo y todas las cosas, piensas que una décima parte de tus ingresos es un impuesto pesado. Ustedes deben ser unos arrendatarios muy pobres”. ¿Esperaremos que aquellos que retienen los diezmos, a quienes el Señor dice “me robáis”, tengan el sello del Dios vivo puesto sobre ellos?

UN SUEÑO IMPRESIONANTE

La primera obra del anciano D. T. Bordeau y yo en California, en 1868 y 1869, fue en Petaluma, Windsor, y en el Distrito de Piner, ocho kilómetros al oeste de Santa Rosa. Los ministros predicaban contra nosotros en todos esos lugares. Finalmente un notable ministro cristiano desafiantemente nos retó para un debate sobre la cuestión del sábado. Este debate ocurrió el 29 de marzo de 1869, en Piner.

Nosotros habíamos estado muy ansiosos de empezar la obra en Santa Rosa, la localidad del distrito en el condado de Sonoma, y oramos encarecidamente para que el debate pudiera abrir el camino. El primer día del debate, hubo una asistencia a la feria de la ciudad, pero el segundo día, como fue declarado por el redactor del Sonoma Democrat, “todas las cosas que podrían ir sobre ruedas fueron al debate”. Después del primer día del debate, el hermano Bordeau y yo tuvimos un tiempo serio de oración para que el Señor nos hiciese hablar poderosamente, al día siguiente, en favor de su causa en California. Y así fue. En la noche del veintinueve, le agradó al Señor darme un sueño muy impresionante. En el sueño nos parecía estar escalando para atravesar una montaña, y estuvimos haciendo algunos progresos en el ascenso. Tras haber andado algunos cientos de metros del valle, estuvimos confrontados con un levantamiento abrupto de altas rocas ante nosotros, de aparentemente quince metros de alto, y tan recto como el lado de una casa. Vimos de una vez que no había forma de escalar la obstrucción. Miramos hacia la izquierda. Había una pendiente inclinada, pero muy lisa y vidriosa, concluimos que si intentábamos ir por ese camino sería un duro emprendimiento, y un fracaso. Justo después un mensajero apareció, y nos informó que habíamos alcanzado la altura que debíamos ascender, y que encontraríamos un sendero a la vuelta de esta dificultad y que descenderíamos al valle por el cual deseábamos ir.

Seguimos las orientaciones, y encontramos que la roca perpendicular era como una pared alta a nuestra izquierda, extendiéndose alrededor de la roca, y que a nuestra derecha había un profundo precipicio. El sendero sobre el cual debíamos ir, a la vez que descendía gradualmente, se tornaba más estrecho y todavía más estrecho a medida que avanzábamos, demandando cuidado constante y vigilancia para no dar un paso errado, y así ser sumergidos dentro del abismo a nuestra derecha. También parecía haber una nube brumosa delante de nosotros, la cual imposibilitaba nuestra mirada más de quince metros

al frente. Así como avanzábamos, la nube se movía, de manera que nuestro camino
inmediato era claro y nuestro progreso tranquilo.

Poco a poco, como es el caso frecuentemente en un sueño, hubo un repentino cambio en el escenario. Estábamos abajo en el valle, y la brumosa nube estaba sobre la montaña, sobre el camino por el cual habíamos venido. Cuándo y cómo pasamos a través de la nube, no lo supe; pero la interpretación dada a nosotros fue, que el Señor había venido, y su pueblo había sido resucitado. Había una vasta compañía de personas en el valle, y estuvieron abordando un largo tren de coches, en los cuales todo el armazón parecía ser de la más brillante placa de níquel, más hermoso que cualquier coche de millonario que jamás había visto.

Nuestro tren se deslizó gentilmente fuera del valle con su feliz carga de pasajeros. Habíamos recorrido solamente una distancia corta cuando llegamos a un valle más extenso, un ferrocarril con cuatro vías. Sobre tres de esos carriles habían trenes que se extendían tan lejos como los ojos podían alcanzar, cargados de personas cuyos rostros brillaban con la gloria del Señor. Los trenes estaban muy cerca juntos de manera que uno podría caminar de un tren a otro mientras pasaban, pues todos ellos se mantenían exactamente uno con el otro. Vi al hermano y a la hermana White pasando desde un tren a otro, saludando a los santos redimidos de diferentes estados. Así como nuestro tren se balanceó al entrar en el cuarto carril, y en línea con los otros, el hermano White exclamó:

“¡Y aquí viene el tren de California! ¡Todos vamos a la ciudad!” En ese momento desperté, emocionado de los pies a la cabeza por el pensamiento de que esta fue una señal de victoria para California. No fue únicamente aquel debate el punto decisivo en nuestros esfuerzos en California, pero desde que las enfermedades de la edad me sobrecogieron, han habido muchos pensamientos acerca de lo que fue mencionado por el hermano Bordeau y yo yendo inconscientemente a través de aquella nube, y viniendo del lado de la resurrección.

Ahora, una pequeña historia de mi caso: Dos años atrás, estuve bajo los cuidados  de doctores y enfermeras por cinco días aquejado con neumonía; el año pasado con neumonía otra vez, bajo los cuidados de doctores y enfermeras once días, este año, con un ataque severo de la gripe, bajo los cuidados de doctores y enfermeras cinco semanas, y quedé en una condición tan endeble que me aventuré a asistir sólo a una reunión campal este año, la que justo pasó, en Stockton.

Un día en el campamento, una hermana vino a mí, diciendo: “Usted vivirá hasta la venida del Señor; pues una hermana me dijo que en una ocasión, cuando la hermana White estaba hablando en el tabernáculo de Battle Creek, Michigan, un número de ministros estaban en la plataforma, y usted entre ellos, cuando la hermana White dijo, ‘Algunos de ustedes, ministros, vivirán hasta la venida del Señor,’ y señalándole, dijo, ‘Y usted, hermano Loughborough, será uno de ellos’ ”. Respondí a la hermana, “Es la primera vez que lo escucho”. Ella se retiró diciendo, “¡Oh, estos chismosos!” Frecuentemente me vienen a la mente las palabras que la hermana White me habló en el verano de 1858. El hermano White tenía un carruaje de dos asientos y una envergadura de caballos que él usó en sus visitas a las iglesias de Michigan. Él estuvo detenido necesariamente por deberes en la oficina de la Review and Herald, y me dijo, “Toma el carruaje y los caballos, y tu esposa y la mía, y visita las iglesias en Michigan”.

Así que viajamos de lugar en lugar, hubo oportunidad para muchas conversaciones religiosas. En un momento, la conversación fue sobre la situación cuando la guerra contra los observadores del sábado sería tal que tendrían que esconderse lejos en lugares desolados. Ella me miró seriamente por un minuto o más, y después dijo, “Hermano Juan, el Señor me ha mostrado que estos obreros pioneros (refiriéndose a los ministros) que han trabajado y se han sacrificado por la edificación de la causa todos serán llevados al descanso antes de ese tiempo, cuando la gente tendrá que huir”, o palabras para ese efecto.

Desde entonces todos los ministros ya yacen en sus sepulcros, excepto J. N. Loughborough. Cuando pienso que “todos” no significa todos menos uno, y recuerdo la seria mirada que ella me dio cuando hablaba esas palabras, parece desprenderse la idea de que viviré a través de los decretos que serán dictados contra los observadores del sábado. Sin embargo, espero estar entre aquellos que serán levantados para vida eterna (Dan. 12:2), y verán al Señor venir, según lo expuesto en este pequeño libro.

EL TIEMPO DE LAS PLAGAS

Se hace la pregunta: “¿Cuánto tiempo duran las siete postreras plagas?” La fe y las enseñanzas de los adventistas del séptimo día siempre ha sido que sería por espacio de un año. Ellos basaron su fe en tales textos de Apoc. 14:19, 20, donde esto es semejante a una bodega de vino prensado, comparando esto con el lagar como está expuesto en Isa. 61:2; 63:3, 4. Es llamado allí “el día de la venganza” y el año de los redimidos. Tomando la regla conocida, el día sería un año. Algunas personas toman la posición de que el derramamiento de las plagas cubrirá un período de varios años. Esto parece ser refutado por el hecho de que bajo la quinta plaga, la gente todavía está sufriendo los dolores de la primera plaga. Apoc. 16:10, 11.

Durante el tiempo de estas plagas, de acuerdo con Apoc. 15:6-8, no hay intercesor en el templo celestial. La condición del pueblo de Dios en aquel tiempo es tal como está expuesta en El conflicto de los siglos, página 678: “En el tiempo de angustia, si el pueblo de Dios conservase pecados aún inconfesos cuando lo atormenten el temor y la angustia, sería aniquilado; la desesperación acabaría con su fe y no podría tener confianza para rogar a Dios que le librase. Pero por muy profundo que sea el sentimiento que tiene de su indignidad, no tiene culpas escondidas que revelar. Sus pecados han sido examinados y borrados en el juicio; y no puede recordarlos”. Difícilmente parecería que la gracia del Señor proceda con su pueblo sujetándolos a un tal estado por una serie de años. La hermana White relaciona este período sin intercesor con aquellos textos que hablan de ello como el día y el año; y frecuentemente, en sus exhortaciones a nosotros, ella ha hablado del año en que debemos permanecer sin intercesor.

EL TRIBULUM

Hemos dicho que la palabra “tribulación” es derivada de la palabra “tribulum”, un instrumento para trillar el grano, algo así como un mayal. Cuando he escuchado que la palabra “mayal” usa en conexión con textos tales como 2 Cor. 1:3, 4, “Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios”.

Y relacionado con el golpear de un hombre con un mayal, conocí lo que justo deseaba, lo que era un tribulum. El veinticuatro de agosto de 1909 vi dos de esos antiguos instrumentos. Estuve asistiendo a la reunión campal francesa en Vergese, veinticuatro kilómetros al oeste de Nimes, Francia.

Así como el hermano Bond y yo estuvimos caminando hacia el lado de la villa, llegamos a una pieza circular de tierra muy pulida, de algunos quince metros de diámetro. El dijo, “Ese es un antiguo suelo de trillar, preservado todavía aunque no utilizado”. En el suelo yacía una piedra, como el granito, de algunos cerca de 1.2 metros de largo, perfectamente circular en toda su extensión. El fin de una era cerca de 60 centímetros de diámetro, la otra finalizaba probablemente 70 centímetros menos en tamaño. El hermano Bond dijo, “Eso es un tribulum”. Había un hueco profundo en cada final de la piedra, en donde habían estado adheridos los hierros conectados con la lengüeta para hacerlos girar alrededor del suelo de trillar, como lo mostrado en la fotografía. Un final de la piedra siendo más largo que el otro provocaría que la piedra gire en círculo cuando pasa sobre el terreno. Yendo a otra parte de las inmediaciones del pueblo, vi una segunda piedra, similar a la primera; pero el antiguo suelo de trillar era un terreno cultivado. Así no pienso más del Señor como yendo tras los cristianos con un mayal. Un hombre podía ser amarrado de pies y manos, de tal manera bajo el tribulum, y no ser herido por un golpe con un mayal.