Santidad

Ser santos

Por lo tanto, debemos nosotros acercarnos más y más al Señor y buscar anhelosamente la preparación necesaria que nos habilite para permanecer firmes en la batalla, el día del Señor. Recuerden todos que Dios es santo y que únicamente seres santos podrán morar alguna vez en su presencia.”— Dios nos cuida, pág. 348

“Desde la eternidad Dios escogió para el hombre la opción de la santidad. “La voluntad de Dios es vuestra santificación”. El eco de su voz llega hasta nosotros, diciéndonos: “Más santo, aún más santo”. Nuestra respuesta siempre debería ser: “Sí, Señor, más santo todavía”. — Recibiréis poder, pág. 98

“Como Dios es santo en su esfera, seamos santos en la nuestra.” — Fe y Obras, pág. 81

“Dios hace una apelación a los que se dicen ser cristianos para que eleven la norma de justicia, y se purifiquen como él es puro. “Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”. “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, … poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia.” — El Ministerio Médico, pág. 192

“Él ha provisto lo necesario para que todos puedan ser santos y felices si así lo desean. Se le ha dado suficiente luz a esta generación para que podamos saber cuáles son nuestros deberes y privilegios y disfrutar de la sencillez y el poder de las preciosas y solemnes verdades.” — Testimonios para la iglesia, tomo 2, pág. 611

Justicia impartida

“La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda, nuestra idoneidad para el cielo.—The Review and Herald, 4 de junio de 1895.

“La justicia imputada de Cristo significa santidad, rectitud y pureza. A menos que la justicia de Cristo nos haya sido imputada, nuestro arrepentimiento no podrá ser aceptado. La justicia que mora en nosotros por la fe consiste en amor, paciencia, mansedumbre y las demás virtudes cristianas. Nos tomamos de la justicia de Cristo y ella llega a ser parte de nuestro ser. Todos los que posean esa justicia obrarán las obras de Dios…

Pero la justicia de Cristo jamás cubrirá pecados acariciados. Nadie podrá participar de la cena de las bodas del Cordero sin el vestido de bodas, que es la justicia de Cristo. Sin santidad, nadie verá al Señor. Dios está deseoso de conferir a cada alma su poder divino para que lo combine con el esfuerzo humano. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Filipenses 2:12, 13.”

“Ningún pecado puede tolerarse en aquellos que andarán con Cristo en ropas blancas. Las vestiduras sucias han de ser sacadas, y ha de ponerse sobre nosotros el manto de la justicia de Cristo. Por el arrepentimiento y la fe, somos habilitados para prestar obediencia a todos los Mandamientos de Dios, y somos hallados sin culpa delante de él.” – Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 447

Santidad

“La verdadera santificación es armonía con Dios, unidad con él en carácter. Se recibe obedeciendo a los principios que son el trasunto de su carácter.” – Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 17

“La verdadera santificación es progresiva. Si crecen en la gracia y el conocimiento de Jesucristo, aprovecharán todo privilegio y oportunidad de obtener más conocimiento de la vida y el carácter de Cristo.” –  Mensajes para los jóvenes, pág. 84

“Educad el alma en la alegría, la gratitud y la expresión de gracias a Dios por el gran amor con que nos ha amado… La alegría cristiana es la belleza misma de la santidad.” — The Youth’s Instructor, 11 de julio de 1895.

“La justicia de Cristo no es un manto para cubrir pecados que no han sido confesados ni abandonados; es un principio de vida que transforma el carácter y rige la conducta. La santidad es integridad para con Dios: es la entrega total del corazón y la vida para que revelen los principios del cielo.” – El Deseado de Todas las Gentes, pág. 509.

“Las personas que se asemejan se aprecian entre sí. La santidad se asocia con la santidad, la fe con la fe. Para el corazón humilde y el intelecto sincero e investigador, la Biblia está llena de luz y conocimiento. Los que acuden a las Escrituras con ese espíritu, se ponen en comunión con los profetas y los apóstoles. Su espíritu se adapta al de Cristo y anhelan llegar a ser uno con él.” — Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 660

Una tarea permanente

“No hay santificación según la Biblia para los que desechan tras sí una parte de la verdad… La santificación no es obra de un momento, de una hora o de un día. Es un continuo crecimiento en la gracia. No hay un día en el cual sepamos cuan violento será nuestro conflicto al día siguiente. Satanás vive y está activo y cada día necesitamos clamar fervientemente a Dios en busca de ayuda y fortaleza para resistirlo. Miestra reine Satanás tendremos qye subyugar el yo, que vencer obstáculos y esto sin tregua. No hay un punto al cual podamos llegar y decir que hemos triunfado plenamente. Review and Herald, 6 de mayo de 1862

Símbolos de santidad

“La mitra del sumo sacerdote consistía en un turbante de lino blanco que tenía una plaquita de oro, sostenida por una cinta azul, con la inscripción: “Santidad a Jehová”. Todo lo relacionado con la indumentaria y la conducta de los sacerdotes debía de ser tal naturaleza que impresionara al espectador con un sentido de la santidad de Dios, de lo sagrado de su culto y de la pureza que se exigía de quienes se allegaran a su presencia.” —  Cristo en su santuario, pág. 33

“Sobre todos los demás pueblos del mundo, los adventistas del séptimo día debieran ser modelos de piedad, santos de corazón y conducta… el pueblo escogido por Dios como su tesoro peculiar, se requería que fuese elevado, refinado y santificado, partícipe de la naturaleza divina, habiendo escapado a la corrupción que está en el mundo por la concupiscencia.” — Testimonios para la Iglesia, tomo 2, pág. 401-402