imagesAlgunos de los enemigos del pueblo de Dios siempre andan buscando textos para tratar de desmeritar la obediencia a la santa Ley de Dios. Uno de sus textos preferidos es el de Romanos 10:4, que según ellos enseña que con Cristo se terminó la necesidad de obedecer la santa ley de Dios.

EL FIN

Originalmente, Pablo escribió el libro de Romanos en griego, lo cual a veces dificulta realizar una traducción clara en las lenguas modernas. Lamentablemente, la palabra griega tellos a menudo se traduce como “fin”, dando a este pasaje una connotación diferente de la que tenía en ese entonces.

La palabra tellos puede traducirse de diversas formas según el contexto.; puede significar “resultado final o destino definitivo” (Mounce’s Complete Expository Dictionary of Old and New Testament Words [Diccionario expositivo completo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento de Mounce], “fin”), u “objetivo o propósito de algo” (Vine’s Complete Expository Dictionary of Old and New Testament Words [Diccionario expositivo completo de palabras del Antiguo y Nuevo Testamento de Vine], “fin, final”).

Es interesante notar como traduce este texto la Biblia de la Américas: “Porque Cristo es el fin[a] de la ley para justicia a todo aquel que cree.” a. Romanos 10:4 O, la meta, o, el objetivo.

  • La terminación o conclusión de algo.
  • El propósito o meta al que se desea llegar.

Veamos dos ejemplos:

  • El escándalo le llevó al fin de su carrera como abogado. Esto significa que su carrera terminó, ya no existe más.
  • El fin es graduarme. Esto significa que la meta o propósito es llegar a la graduación y empezar ejercer lo estudiado.

Entonces, la palabra “fin” utilizada en los pasajes anteriores puede significar “cumplimiento”—lo cual implicaría que Cristo cumple todos los requisitos de la ley—o “propósito”—dando a entender que Cristo es el objetivo hacia el cual nos guía la ley.

La posibilidad de traducir telos como “objetivo” es aun más evidente en La Biblia de las Américas donde 1 Timoteo 1:5 se traduce como: “Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor nacido de un corazón puro…” (énfasis añadido). Como vemos, aquí la traducción de telos es directamente “propósito”.

LA ENSEÑANZA DE CRISTO Y PABLO

Teniendo esto en cuenta, hay que determinar cuál de los sentidos es el que utiliza Pablo en el texto en mención.

Si Pablo quisiera decir que Cristo acabó, terminó, abolió la ley, se contradeciría a sí mismo y al mismo Señor Jesucristo:

Mateo 5:17-18: No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.”

La palabra “cumplir” del versículo 17 proviene del griego pleroo, que significa “completar, colmar”. Entonces, Jesucristo no estaba diciendo que anularía la ley, sino que sus pensamientos y acciones representaban el cumplimiento perfecto de esa ley. Es decir, que Él “completaba” la ley de Dios.

Por otro lado, la palabra “cumplir” que encontramos en el versículo 18 proviene de la palabra ginomai, que quiere decir “llegar a ser”, “hecho” o “acabado”. En otras palabras, ¡este versículo implica que la ley de Dios permanecerá vigente durante todo el desarrollo su plan para la humanidad! Por lo tanto, la ley no fue abolida hace 2.000 años.

Además, Jesús mismo explicó que su venida no anularía la ley y, de hecho, reprendió a todo el que osara enseñar algo que no estuviera en acuerdo con esta: “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (Mateo 5:19).

Pablo mismo nos enseña sobre la vigencia de la Ley divina:

Romanos 3:31: “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.”

Romanos 7:12: “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.”

En Romanos 7: 7, dice que no habría sabido que la codicia era pecado “si la ley no dijera: No codiciarás”. En Romanos 13: 9, 10 afirma que el amor al prójimo conduce a la obediencia de la ley de Dios, y cita cinco mandamientos: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio y no codiciarás; o sea, cita del sexto al décimo mandamiento. Y como para indicar que había otros que no mencionó, dijo: ”y cualquier otro mandamiento … “

En efecto, hay otros cinco. En el capítulo 2: 17-23, del mismo libro, vuelve a reconocer la existencia de la ley al citar el pecado del adulterio y la idolatría, pecados señalados por el séptimo y el segundo mandamiento, respectivamente. En otras declaraciones de esta misma epístola, el apóstol Pablo demuestra que para él la ley de Dios seguía existiendo.

En Romanos 3: 20 dice que “por la ley es el conocimiento del pecado”. También afirma, dos veces, que donde no hay ley no puede haber pecado (Rom. 4: 15; 5: 13).

Al notar con tanta claridad que Pablo reconoce definidamente la existencia de la ley de Dios en ésta y en todas sus epístolas, no podríamos admitir que en Romanos 10: 4 dijera que la ley había terminado con Cristo. Por lo tanto, concluimos que en este pasaje la palabra “fin” tiene el sentido de “objetivo o propósito”. “Porque el fin (propósito) de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”. En efecto, advertidos por la ley de Dios, descubrimos que somos pecadores, o sea, desobedientes a los Diez Mandamientos.

Al comprenderlo, encontramos que “la paga del pecado es la muerte” (Rom. 6: 23), por lo cual sabemos que estamos perdidos. La ley nada puede hacer para perdonar esos pecados, pero cumple su propósito: hacernos entender que necesitamos a Cristo, quien salvará a todo el que cree. (Juan 3:16)

 EN RESUMEN

¿Qué significa que “el fin de la ley sea Cristo”? Jesucristo es el objetivo final o propósito de la ley en por lo menos dos formas:

  • La ley de Dios define el pecado (Romanos 7:7; 1 Juan 3:4). La ley nos muestra qué es la justicia—lo opuesto al pecado. Y, dado que todos hemos quebrantado la ley, cada uno de nosotros merece la pena de muerte (Romanos 3:23; 6:23), de la cual nuestra propia justicia no puede salvarnos (Gálatas 2:16). En otras palabras, la ley nos acusa de ser culpables de pecado, pues nos hace ver cuán lejos estamos de cumplir las expectativas de Dios. De esta manera, la ley nos enseña que necesitamos un Salvador, que es Jesucristo, el objetivo final o propósito de la ley.
  • La ley de Dios nos lleva a pensar y actuar como Jesucristo. Por sorprendente que parezca para quienes siempre han oído que la ley fue abolida, la Biblia demuestra claramente que Jesús sí guardó los mandamientos de Dios. Y, como escribió Juan: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6). Dios nos dio sus leyes para que aprendamos a ser como Él. Dios es amor, y todo lo que hace está motivado por el amor. Sus mandamientos nos enseñan a demostrar amor hacia Él y hacia los demás. Si queremos aprender a ser como como Jesucristo, debemos preguntarnos qué haría Él en nuestro lugar y hacerlo.