Plan de redención

Se planeó en la eternidad

“La redención es parte de la naturaleza divina. Es prerrogativa de Dios reconstruir, no destruir. El Hijo de Dios fue entregado a la muerte antes de la fundación del mundo. La existencia del pecado es inexplicable; por lo tanto, ni una sola alma sabe quién es Dios antes que se vea a sí misma iluminada por la luz que refleja la cruz del Calvario, y se deteste a sí misma con amargura de alma, considerándose pecadora. Cuando clame en su gran necesidad de un Salvador que perdona el pecado, entonces Dios se le revelará lleno de gracia, compasión, perdón y amor, longánime y paciente.” – Testimonios para los Ministros, págs. 264-265

Cristo se ofrece por el hombre

“Cristo intercedió ante el Padre en favor del pecador, mientras la hueste celestial esperaba los resultados con tan intenso interés que la palabra no puede expresarlo. Mucho tiempo duró aquella misteriosa conversación, el “consejo de paz” (Zacarías 6:13) en favor del hombre caído. El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es “el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo.” Apocalipsis 13:8. Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable. Pero, “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16. ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no le amaba!” – Patriarcas y profetas, págs. 48-49

Por la fe en Jesús, podemos ser perdonados

“Cuando el pecador penitente, contrito delante de Dios, comprende el sacrificio de Cristo en su favor y acepta este sacrificio como su única esperanza en esta vida y en la vida futura, sus pecados son perdonados. Esto es justificación por la fe. Cada alma creyente debe conformar enteramente su voluntad a la voluntad de Dios y mantenerse en un estado de arrepentimiento y contrición, ejerciendo fe en los méritos expiatorios del Redentor y avanzando de fortaleza en fortaleza, de gloria en gloria.

“El perdón y la justificación son una y la misma cosa. Mediante la fe, el creyente pasa de la posición de un rebelde, un hijo del pecado y de Satanás, a la posición de un leal súbdito de Jesucristo, no en virtud de una bondad inherente, sino porque Cristo lo recibe como hijo suyo por adopción. El pecador recibe el perdón de sus pecados, porque estos pecados son cargados por su Sustituto y Garante” – Fe y obras, pág. 107

Cristo hizo posible ser hijos de Dios

“Dios se iba a manifestar en Cristo, “reconciliando el mundo a sí.” 2 Corintios 5:19. El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por sí mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza es bondad y pureza. Pero después de haber redimido al mundo de la condenación de la ley, Cristo podría impartir poder divino al esfuerzo humano. Así, mediante el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo, los caídos hijos de Adán podrían convertirse nuevamente en “hijos de Dios.” 1 Juan 3:2. El único plan que podía asegurar la salvación del hombre afectaba a todo el cielo en su infinito sacrificio.” – Patriarcas y profetas, pág. 49

Por ÉL podemos obedecer la ley

“La muerte entró en el mundo a causa de la transgresión. Pero Cristo dio su vida para que el hombre tuviera otra oportunidad. El no murió en la cruz para abolir la ley de Dios, sino para asegurarle al hombre un segundo tiempo de gracia. No murió para que el pecado llegara a ser un atributo inmortal; murió para asegurar el derecho a destruir a aquel que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Sufrió plenamente la sanción que merecía el quebrantamiento de la ley por parte del mundo entero. Esto lo hizo, no para que los hombres continuaran en la transgresión, sino para que reanudaran su lealtad y guardaran los mandamientos de Dios y su ley como la niña de su ojo.” – Testimonios para los ministros, pág. 134

También redimió la tierra

“El propósito que Dios tenía originalmente al crear la tierra se cumplirá cuando llegue a ser la morada eterna de los redimidos. “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.” Habrá llegado el tiempo hacia el cual los santos miraban con anhelo desde que la espada flamígera echó del Edén a la primera pareja, el tiempo de “la redención de la posesión adquirida.” La tierra originalmente dada al hombre como reino suyo, entregada alevosamente por él a las manos de Satanás, y durante tanto tiempo dominada por el poderoso enemigo, será recobrada por el gran plan de redención”  El Hogar Adventista, pág. 489