Partícipes de la naturaleza divina

Ver también: carácter

“Debemos aprender de Cristo. Debemos saber lo que Él es para los que ha rescatado. Debemos comprender que creyendo en él, tenemos el privilegio de participar de la naturaleza divina y huir así de la corrupción que hay en el mundo a causa de la conscupicencia. Entonces quedamos limpios de todo pecado, de todo defecto de carácter. No debemos retener una sola tendencia pecaminosa… (Se cita Efesios 2:1-6) Las tendencias al mal, hereditarias y cultivadas, son eliminadas del carácter a medida que participamos de la naturaleza divina, y somos convertidos en un poder viviente para el bien. Cooperamos con Dios en el triunfo sobre las tentaciones de Satanás aprendiendo siempre del Divino Maestro, participando diariamente de su naturaleza. Dios actúa y el hombre actúa para que este pueda ser uno con Cristo como Cristo es uno con Dios. Entonces nos sentamos con Cristo en lugares celestiales.” Review and Herald 24 de abril de 1900

“Dios revela en su palabra lo que puede hacer por los seres humanos. Amolda y adapta de acuerdo con la semejanza divina los caracteres de aquellos que quieran llevar el yugo de Cristo. Por medio de su gracia son hechos participantes de la naturaleza divina y así se los capacita para vencer la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Dios es quien nos da poder para vencer. Los que oyen su voz y obedecen sus mandamientos recibern el poder para formar caracteres rectos.” Carta 44 de 1903

“Lo que hace accesible para nosotros la comunión con Dios es el conocimiento de la perfección del carácter  divino manifestado a nosotros en Jesucristo. Apropiándonos de las grandes y preciosas promesas llegamos a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia… El ser humano que diariamente presta obediencia a Dios, que llega a ser participante de la naturaleza divina , diariamente se complace en guardar los mandamientos de Dios, pues es uno con Dios. Es esencial que mantenga una relación tan vital con Dios como el Hiujo la mantiene con el Padre. ” Carta 43 de 1895