Nombre de Dios

Debe ser santificado

“Vi una luz que irradiaba del resplandor que circuía al Padre, y al acercarse a mí la luz, se estremeció mi cuerpo y temblé como las hojas. Creí que si se me acercaba perdería la existencia; pero la luz pasó de largo. Entonces tuve algún concepto del grande y terrible Dios con quien hemos de tratar. Entonces comprendí cuán débil idea tienen algunos de la santidad de Dios, y cuán mucho toman su santo y venerado nombre en vano, sin advertir que hablan de Dios, del grande y terrible Dios. Mientras oran, emplean algunas expresiones irreverentes y descuidadas que agravian al tierno Espíritu del Señor y motivan que sus peticiones no lleguen al cielo.” — Testimonios Selectos, tomo 1, pág. 110

“En todo acto de la vida, debemos manifestar el nombre de Dios. Esta petición exige que poseamos su carácter. No podemos santificar su nombre ni representarlo ante el mundo, a menos que en nuestra vida y carácter representemos la vida y el carácter de Dios.”— El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 92.

En la oración

“La oración es el ejercicio más santo del alma. Debe ser sincera, humilde y ferviente: los deseos de un corazón renovado, exhalados en la presencia de un Dios santo. Cuando el suplicante sienta que está en la presencia divina, se olvidará de sí mismo. No tendrá deseo de ostentar talento humano, no tratará de agradar al oído de los hombres, sino de obtener la bendición que el alma anhela.” —  Testimonios para la Iglesia, tomo 5, pág. 188

“Se debería manifestar reverencia hacia el nombre de Dios. Nunca se lo debiera pronunciar a la ligera o con indiferencia. Hasta en la oración habría que evitar su repetición frecuente o innecesaria.”— La Educación, pág. 243.

“Los que se arrodillan alrededor del altar familiar, cuando oren a Dios no deben poner la cara entre las manos, o cerca de las sillas. Deben alzar las cabezas y con santo recogimiento hablar con su Padre celestial, pronunciando sus palabras en tonos que puedan ser escuchados.”—Testimonios para la Iglesia, tomo 6, pág. 381.

Reverencia al pronunciarlo

“Los ángeles se velan el rostro cuando pronuncian ese nombre. ¡Con qué reverencia debieran pronunciarlo nuestros labios, puesto que somos seres caídos y pecaminosos!”—Profetas y Reyes, pág. 34.

“Nunca debemos mencionar con liviandad los títulos ni los apelativos de la Deidad.”—El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 91.

“Mantengan una conciencia limpia delante de Dios. Glorifiquen su nombre en todo. Despójense del egoísmo.”— Testimonios para la Iglesia, tomo 2, pág. 66.