Multitud mixta

Los que salieron de Egipto

Por las manifestaciones de señales y maravillas mostradas en Egipto, hubo un buen número de egipcios que fueron inducidos a reconocer que el Dios de los hebreos era el único Dios verdadero. Suplicaron que se les permitiera ir con sus familias a las casas de los israelitas, esa terrible noche cuando el ángel de Dios iba a matar a los primogénitos de Egipto. Estaban convencidos que sus dioses, a los que habían rendido culto, no tenían conocimiento ni poder para salvar o destruir. Y prometieron que de allí en adelante el Dios de Israel sería su Dios. Decidieron salir de Egipto e ir con los hijos de Israel para adorar a su Dios. Los israelitas dieron la bienvenida a los egipcios creyentes en sus hogares. Spiritual Gifts, Tomo III, págs. 224-225

LLevo a la rebelión a los pies del Sinaí

Durante este período de espera, tuvieron tiempo para meditar acerca de la ley de Dios que habían oído, y preparar sus corazones para recibir las futuras revelaciones que Moisés pudiera hacerles. Pero no dedicaron mucho tiempo a esta obra. Si se hubieran consagrado a buscar un entendimiento más claro de los requerimientos de Dios, y hubieran humillado sus corazones ante él, habrían sido escudados contra la tentación. Pero no obraron así y pronto se volvieron descuidados, desatentos y licenciosos. Esto ocurrió especialmente entre la “multitud mixta.” (V.M.) Sentían impaciencia por seguir hacia la tierra prometida, que fluía leche y miel. Les había sido prometida a condición de que obedecieran; pero habían perdido de vista ese requisito. Algunos sugirieron el regreso a Egipto; pero ya fuera para seguir hacia Canaán o para volver a Egipto, la masa del pueblo resolvió no esperar más a Moisés.

Sintiéndose desamparados debido a la ausencia de su jefe, volvieron a sus antiguas supersticiones. La “multitud mixta” fué la primera en entregarse a la murmuración y la impaciencia, y de su seno salieron los cabecillas de la apostasía que siguió. Entre los objetos considerados por los egipcios como símbolos de la divinidad estaba el buey, o becerro; y por indicación de los que habían practicado esta forma de idolatría en Egipto, hicieron un becerro y lo adoraron. El pueblo deseaba alguna imagen que representara a Dios, y que ocupara ante ellos el lugar de Moisés. Patriarcas y Profetas, págs 325-326

Siempre en rebelión

El pueblo de Israel, especialmente la “multitud mixta”, estaba siempre dispuesto a rebelarse contra Dios. También murmuraban contra Moisés y le afligían con su incredulidad y testarudez, por lo cual iba a ser una obra laboriosa y aflictiva conducirlos hasta la tierra prometida. Sus pecados ya les habían hecho perder el favor de Dios, y la justicia exigía su destrucción. El Señor, por lo tanto, dispuso destruirlos, y hacer de Moisés una nación poderosa. La Oración, pág. 156

La “multitud mixta” que acompañaba a los israelitas desde Egipto daba continuamente origen a dificultades y tentaciones. Los que la componían decían haber renunciado a la idolatría y profesaban adorar al Dios verdadero; pero su educación y disciplina anteriores habían moldeado sus hábitos y sus caracteres, de modo que en mayor o menor medida estaban corrompidos por la idolatría y la irreverencia hacia Dios. Ellos eran los que más a menudo suscitaban contiendas; eran los primeros en quejarse, y corrompían el campamento con sus prácticas idólatras y sus murmuraciones contra Dios. Poco después del regreso al desierto, ocurrió un ejemplo de violación del sábado, en circunstancias que dieron especial culpabilidad al caso. Al anunciar el Señor que desheredaría a Israel, se despertó un espíritu de rebelión. Un hombre del pueblo, airado por haber sido excluido de Canaán, decidió desafiar abiertamente la ley de Dios, y se atrevió a violar públicamente el cuarto mandamiento, saliendo a recoger leña en sábado. Se había prohibido terminantemente encender fuego el séptimo día durante la permanencia en el desierto. La prohibición no había de extenderse a la tierra de Canaán, donde la severidad del clima haría a menudo necesario que se encendiera fuego; pero este no se necesitaba en el desierto para calentarse. El acto llevado a cabo por este hombre era una violación voluntaria y deliberada del cuarto mandamiento. Era un pecado, no de negligencia, sino de presunción. Patriarcas y Profetas, págs 383- 384

Inducían a desear carne y las ollas de Egipto

Dios continuó alimentando a la hueste de los hebreos con el pan que llovía del cielo; pero ellos no estaban satisfechos. Su apetito depravado exigía imperiosamente carne, que Dios en su sabiduría no les había provisto… Satanás, el autor de la enfermedad y la aflicción, se acercará al pueblo de Dios por donde pueda tener mayor éxito. El ha controlado el apetito en gran medida, desde el tiempo en que logró el éxito en el experimento que hizo con Eva, al inducirla a comer de la fruta prohibida. El primeramente se dirigió con sus tentaciones a la multitud mixta, a los egipcios creyentes, y los indujo a quejarse sediciosamente. No querían contentarse ellos con los alimentos saludables que Dios les había provisto. Su apetito depravado exigía una mayor variedad, especialmente carne.

ste descontento pronto infectó casi la totalidad del pueblo. Al comienzo, Dios no complació su apetito pecaminoso, sino que hizo que sus juicios cayeran sobre ellos, y consumió a los más culpables por medio de rayos procedentes del cielo. Este castigo, en lugar de humillarlos, al parecer tan sólo aumentó sus quejas. Cuando Moisés oyó que el pueblo lloraba a la puerta de sus tiendas, y que se quejaba por sus familias, quedó muy disgustado. Presentó delante del Señor las dificultades de esta situación, y el espíritu revoltoso de los israelitas, y la posición en la cual Dios lo había colocado ante el pueblo: la de un padre protector, quien debía sentir en carne propia los sufrimientos del pueblo… Consejos sobre el Régimen Alimenticio, págs 448-449

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