Moisés

Su preparación

Dios trasladó a Moisñes de los palacios del lujo-donde le era complacido cada deseo- a una escuela más privada. Allí el Señor podía comunicarse con Moisés y educarlo para que se familiarizara con las penalidades, pruebas y peligros del desierto. Youth Instructor, 13 de diciembre de 1900

La fortaleza de Moisés radicaba en su relación con la Fuente de todo poder, el Señor Dios de los ejércitos. Moisés se levantó muy por encima de todo atractivo terrenal y confió plenamente en Dios. Consideró que pertenecía al Señor. Mientras tuvo que ver con los intereses oficiales del rey de Egipto, estudió constantemente las leyes del gobierno de Dios, y con eso su fe fue creciendo. Esa fe resultó valiosa para él. Estaba profundamente arraigado en el terremo de sus primeras enseñanzas y la cultura de su vida debía prepararlo para la gran obra de librar a Israel de la opresión. Meditaba en esas cosas, constantemente prestaba oídos a su misión divina. Después de dar muerte al egipcio comprendió que no había entendido el plan de Dios y huyó de Egipto para convertirse en pastor de ovejas. Ya no pensaba en realizar una gran obra, lo que le permitió alcanzar gran humildad; se disipó la bruma que nublaba su mente y disciplinó su intelecto para buscar su refugio en Dios. Carta 21a de 1893

Moisés era un hombre inteligente. En la providencia de Dios, se le dio la oportunidad de capacitarse para una gran obra. Fue cabalmente educado como general. Cuando marchaba para hacer frente al enemigo tenía éxito; y al volver de la batalla todo el ejército le cantaba alabanzas. A pesar de esto, constantemente recordaba que mediante él,  Dios se proponía librar a los hijos de Israel. Youth Instructor, 29 de enero de 1903

Su llamado

Desconcertará al intelecto más perspicaz interpretar la manifestación divina de la zarza ardiente. No fue un sueño, no fue una visión, fue una realidad viviente, algo que Moisés vio con sus ojos. Oyó la voz de Dios que lo llamaba desde la zarza y se cubrió el rostro comprendiendo que estaba en la presencia inmediata de Dios. Dios estaba conversando con la humanidad. Nunca pudo describir Moisés la impresión hecha sobre su mente por el espectáculo que entonces vio y por el sonido de la voz que le hablaba; pero nunca se desvaneció esa impresión. El cielo se le aproximó muchísimo cuando con temor reverente escuchó las palabras: ” Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.” Que maravillosa condescendencia que Dios dejara las cortes celestiales y se manifestara a Moisés, hablando con él cara a cara “como cualquiera a su compañero.” Youth Instructor, 20 de diciembre de 1900