Los ciento cuarenta y cuatro mil

N. Loughborough

Review and Herald, 14 y 21 de junio de 1906

 Habiendo recibido la siguiente pregunta, para la cual preparé una respuesta, se me ha ocurrido el pensamiento de que lo mismo podría ser de interés para los lectores de la REVIEW, así que avancé a publicarlo.

 “Por algún tiempo, de hecho por muchos años, he estado incapacitado para ver como los ciento y cuarenta y cuatro mil podrían ser compuestos en parte de aquellos que han muerto durante el mensaje del tercer ángel. Una posición tal parece ser contraria a las enseñanzas del Espíritu de Profecía. De este número favorecido, la hermana White ha escrito que ellos son trasladados ‘de entre los vivos’. ¿Cómo puede ser esto, si una parte de ellos es tomada de ‘entre los muertos?’ De nuevo, ella dice que ellos ‘han resistido la angustia de Jacob’, han pasado ‘a través del derramamiento final de los juicios de Dios’. ¿Cómo podrían todos cantar una canción de una experiencia tal, si una parte, quizás cientos, nunca han tenido la experiencia? ¿Cómo podrían las ciento cuarenta y cuatro mil queridas almas cantar que ellas han pasado el tiempo de angustia cual nunca ha sido desde que ha habido nación’, y haber soportado la angustia, el hambre, el calor del sol, y el panorama de las siete postreras plagas, si ellas estuvieron durmiendo, o al menos una parte de ellas? ¿Sería incapaz, una parte de esta compañía, de hablar y cantar una parte de esa canción?

 “Podría ser dicho que la hermana White, en uno de sus escritos, se hizo a sí misma una de los ciento y cuarenta y cuatro mil, pero Ezequiel también lo hace. Hablando de los últimos siete juicios, él se representa a sí mismo como presente en el derramamiento de estos, y dice, ‘y yo quedé’.

 “Soy un firme creyente en el Espíritu de Profecía. Yo creo lo que dice. Por esto procuro, que cuando viene contra mi camino, creo que Dios, a través de su profeta, me ha mostrado mi error. No tengo una nueva luz. Mi mensaje es el antiguo, las doctrinas antiguas enseñadas en los primeros días de esta verdad. Pero no he comprendido el tema mencionado arriba, y así no he tenido nada que decir acerca de él. Te escribo, conociendo la forma que tu lo visualizas, pero no conociendo las razones que tienes para verlo así.

Quizás podrás ayudarme. No hay controversia en este campo acerca del tema”.

 Antes de dar una respuesta directa a sus preguntas, quizás sea de interés mencionar los hechos del modo como los adventistas del séptimo día fueron guiados al mensaje del sellamiento de Apocalipsis siete, y como ellos abrazaron la doctrina cuando la recibieron. El anciano José Bates empezó a enseñar la verdad del séptimo día del sábado, de la manera como se relaciona con el mensaje del tercer ángel de Apocalipsis catorce, en 1845. Pero los creyentes no descubrieron la luz sobre el mensaje del sellamiento hasta 1848. Ellos fueron guiados a él en esta forma:

 El 22 de febrero de 1848, Francia se desorganizó, depuso su rey, y quemó su trono, y en el crepúsculo de aquella tarde él huyó en un carruaje de caballos, siendo él mismo el cochero, disfrazado con el vestuario de un “mayoral de caballos de alquiler”. Siguiendo cercanamente el motín de París, el tumulto se extendió a otras ciudades, hasta treinta y seis reinos, principales, y los pequeños estados fueron envueltos en la refriega. Justo en ese tiempo los golpes de los espíritus comenzaron en las familias Fox y Fish, en Hydesville, Condado de Wayne, N. Y. (Esto fue cerca de veintisiete kilómetros de mi lugar de nacimiento, y sólo a pocos kilómetros de donde José Smith afirmó que encontró sus planchas de oro del libro del Mormón.) Los adventistas del primer día de la Nueva Inglaterra dicen, “Esta lucha entre las naciones de Europa es la marcha de las naciones hacia la batalla del gran día de Dios. El Señor viene ahora. Estos golpes de los espíritus son los espíritus de demonios yendo a reunir las naciones para esa batalla”.

 En ese tiempo los adventistas del séptimo día recibieron la luz sobre el mensaje del sellamiento. Su respuesta al pueblo del primer día fue: “No. Esta no es la marcha hacia la última gran batalla. Antes de que ese evento ocurra, ciento y cuarenta y cuatro mil deben ser sellados con el sello del Dios vivo. Hay un mensaje para ir adelante portando el sello, y hemos descubierto ese mensaje en el séptimo capítulo de Apocalipsis, y estamos prosiguiendo a dar ese mensaje”.

 El anciano Bates, en un tratado, hizo mención de una reunión de unos pocos de aquellos que habían aceptado el mensaje del sellamiento. La reunión fue celebrada el 18 de noviembre de 1848. De esta reunión él dice: “Una pequeña compañía de hermanos y hermanas estuvieron congregados en una reunión en Dorchester, cerca de Boston, Mass. Hicimos de la publicación del mensaje un tema de oración. La manera de publicarlo no nos parecía suficientemente clara. Resolvimos unánimemente referirlo todo a Dios en oración. Después de pasar algún tiempo en ferviente oración buscando luz e instrucción, Dios le dio a la hermana White lo siguiente, en visión:

 Hablando acerca de la verdad del sábado, ella dijo: “Esa verdad se levanta y está en crecimiento, más fuerte y más fuerte. ¡Es el sello! ¡Está viniendo! Se levanta, viniendo del nacimiento del sol. Como el sol, primero frío, luego aumenta en calor, y envía sus rayos.

 “Los ángeles están reteniendo los cuatro vientos. Es Dios que retiene los poderes. Los ángeles no los sueltan, pues los santos no están todos sellados.

 “El tiempo de angustia ha comenzado. Este empezó. La razón por la cual los cuatro vientos no han sido soltados, es porque los santos no están todos sellados.  “Cuando Miguel se levante esta angustia será sobre toda la faz de la tierra. Porque, los vientos están listos para soplar. Hay una cubierta puesta sobre los santos porque no están todos sellados”.

 Percátese que el Testimonio dice, en 1848, “los santos no están todos sellados”. La posición de nuestro pueblo entonces era que la obra del sellamiento estaba aconteciendo en aquel tiempo, y que algunos de los ciento y cuarenta y cuatro mil entonces estaban siendo sellados.

 Usted notará como esta idea fue confirmada por otros testimonios que pronto siguieron después. En Primeros escritos, página 43, es una visión dada el 24 de marzo de 1849, la cual se lee: “En este tiempo de sellamiento Satanás está valiéndose de todo artificio para desviar de la verdad presente el pensamiento del pueblo de Dios y para hacerlo vacilar. Vi una cubierta que Dios extendía sobre su pueblo para protegerlo en tiempo de aflicción; y toda alma que se hubiese decidido por la verdad y fuese de corazón puro había de ser cobijada par la cubierta del Todopoderoso”. En la página 44 del mismo volumen leemos: “Vi que Satanás obraba así para enajenar, engañar y desviar a los hijos de Dios precisamente ahora en el tiempo del sellamiento”.

 “Satanás probaba cada una de sus artes para sujetarlos donde estaban hasta que hubiese pasado el sellamiento, hasta que la cubierta se hubiese corrido sobre el pueblo de Dios, y ellos hubiesen quedado sin refugio que los protegiera de la ira ardiente de Dios en las siete últimas plagas. Dios ha comenzado a correr esta cubierta sobre su pueblo, y ella será extendida sobre todos los que han de tener refugio en el día de la matanza”.

 De esto usted puede ver algunas de las razones por las cuales, aquellos que aceptaron la fe original sobre el tema de los ciento y cuarenta y cuatro mil creyeron que algunos fueron entonces sellados, y que serían de aquellos resucitados en el tiempo de angustia, y serán de los ciento y cuarenta y cuatro mil.

 En la página 38 del mismo libro leemos, “Los cuatro ángeles tenían poder de Dios para retener los cuatro vientos, y que estaban ya a punto de soltarlos, pero mientras aflojaban las manos y cuando los cuatro vientos iban a soplar, los misericordiosos ojos de Jesús vieron al pueblo remanente todavía sin sellar, y alzando las manos hacia su Padre intercedió con él, recordándole que había derramado su sangre por ellos. En consecuencia se le mandó a otro ángel que fuera velozmente a decir a los cuatro que retuvieran los vientos hasta que los siervos de Dios fuesen sellados en la frente con el sello de Dios”.

 De nuevo leemos: “Vi que los cuatro ángeles iban a retener los vientos hasta que estuviese hecha la obra de Jesús en el santuario, y que entonces caerían las siete postreras plagas. Estas plagas enfurecieron a los malvados contra los justos; ellos pensaron que habíamos atraído sobre ellos los juicios de Dios, y que si podían raernos de la tierra, las plagas se detendrían. Se promulgó un decreto para matar a los santos, lo cual hizo que éstos clamaran día y noche por su libramiento. Este fue el tiempo de la angustia de Jacob. Entonces todos los santos clamaron con angustia de ánimo, y fueron libertados por la voz de Dios. Los ciento cuarenta y cuatro mil triunfaron. Sus rostros quedaron iluminados por la gloria de Dios”. NB 128, 129.

 ¿Quiénes estuvieron incluidos en esta compañía que son los que escuchan la voz de Dios? Leemos en Primeros escritos, página 285: “Aparecieron densas y tenebrosas nubes que entrechocaban unas con otras. Pero había un claro de persistente esplendor de donde salía la voz de Dios como el sonido de muchas aguas estremeciendo los cielos y la tierra. Sobrevino un tremendo terremoto. Abriéronse los sepulcros y los que habían muerto teniendo fe en el mensaje del tercer ángel y guardando el sábado se levantaron, glorificados, de sus polvorientos lechos para escuchar el pacto de paz que Dios iba a hacer con quienes habían observado su ley”.

 La fe de los observadores del sábado de aquel tiempo hasta que algunas de las “luces” modernas llegaron, era que aquellos que morían en la fe estaban entre los sellados, y constituirían una parte de los ciento y cuarenta y cuatro mil.

 Justo cuando ocurre esta resurrección parcial, puede ser visto comparando Dan.

11:45; 12:1, 2, y Apoc. 16:12. Es cuando Miguel se “levanta”, en el tiempo de angustia, pero en aquel tiempo Turquía vendrá a su fin, sin tener quien le ayude: o, como está expresado en Apocalipsis 16, cuando aquel poder se “seque”. Pero cuando se “seque” ese poder, cinco de las siete plagas han sido derramadas. Los impíos se han tornado enfurecidos por esas plagas, y procuran matar a los santos, lo cual trae a los vivos y a los resucitados el tiempo de angustia de Jacob. La angustia de Jacob en el tiempo antiguo fue cuando Esaú venía con cuatrocientos hombres armados para quitarle la vida. Los resucitados participan en este clamor por liberación, y ellos escuchan la voz de Dios que pronuncia el pacto sempiterno sobre aquellos que lo honraron observando su sábado.  En Primeros escritos, página 34, leemos: “Vi guerra, hambre, pestilencia y grandísima confusión en la tierra. Los impíos pensaron que nosotros había-mos acarreado el castigo sobre ellos, y se reunieron en consejo para raernos de la tierra, creyendo que así cesarían los males”.

 “En el tiempo de angustia, huimos todos de las ciudades y pueblos, pero los malvados nos perseguían y entraban a cuchillo en las casas de los santos; pero al levantar la espada para matarnos, se quebraba ésta y caía tan inútil como una brizna de paja. Entonces clamamos día y noche por la liberación, y el clamor llegó a Dios. Salió el sol y la luna se paró. Cesaron de fluir las corrientes de las aguas. Aparecieron negras y densas nubes que se entrechocaban unas con otras. Pero había un espacio de gloria fija, del que, cual estruendo de muchas aguas, salía la voz de Dios que estremecía cielos y tierra. El firmamento se abría y cerraba en honda conmoción. Las montañas temblaban  como cañas agitadas por el viento y lanzaban peñascos en su derredor. El mar hervía como una olla y despedía piedras sobre la tierra. Y al anunciar Dios el día y la hora de la venida de Jesús, cuando dio el sempiterno pacto a su pueblo, pronunciaba una frase y se detenía de hablar mientras las palabras de la frase rodaban por toda la tierra. El Israel de Dios permanecía con los ojos en alto, escuchando las palabras según salían de labios de Jehová y retumbaban por la tierra como fragor del trueno más potente. El espectáculo era pavorosamente solemne, y al terminar cada frase, los santos exclamaban: ‘¡Gloria! ¡Aleluya!’ Sus rostros estaban iluminados con la gloria de Dios, y resplandecían como el de Moisés al bajar del Sinaí. A causa de esta gloria, los impíos no podían mirarlos. Y cuando la bendición eterna fue pronunciada sobre quienes habían honrado a Dios santificando su sábado, resonó un potente grito por la victoria lograda sobre la bestia y su imagen”.

 De acuerdo con Apoc. 15:2, 3, vemos que aquellos que cantan el cántico de victoria sobre la imagen, etc., también cantan el cántico de Moisés. Pero en el capítulo 14:3 aprendemos que nadie puede aprender ese canto sino los ciento y cuarenta y cuatro mil. En el Conflicto de los siglos, página 707, leemos: “Ninguno sino los ciento cuarenta y cuatro mil pueden aprender aquel cántico, pues es el cántico de su experiencia—una experiencia que ninguna otra compañía ha conocido jamás. Son ‘éstos los que siguen al Cordero por donde quiera que fuere’. Habiendo sido trasladados de la tierra, de entre los vivos, son contados por ‘primicias para Dios y para el Cordero’. ‘Estos son los que han venido de grande tribulación;’ han pasado por el tiempo de angustia cual nunca ha sido desde que ha habido nación [el clímax de esa angustia entre las naciones es cuando, bajo la sexta plaga, las naciones son reunidas para la gran batalla. Seguramente la parte que compone los 144.000, que ha resucitado, eso lo verán]; han sentido la angustia del tiempo de la aflicción de Jacob [permítase recordar que estos resucitados vieron el tiempo de angustia de Jacob]; han estado sin intercesor durante el derramamiento final de los juicios de Dios. Pero han sido librados, pues ‘han lavado sus ropas, y las han blanqueado en la sangre del Cordero’. [El fin de los juicios de Dios es en la sexta y séptima plagas, y estos resucitados, contemplarán eso]. Han visto la tierra asolada con hambre y pestilencia, al sol que tenía el poder de quemar a los hombres con un intenso calor, y ellos mismos han soportado padecimientos, hambre y sed”. Ellos, aún los resucitados [que forman parte de los 144.000], ven la tierra, como ha sido llevada a esa condición por las cosas mencionadas, y de hecho han experimentado una parte de las mismas cosas que son mencionadas.

 De la trasladación final del pueblo de Dios leemos en el Conflicto de los siglos, página 703: “A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir a Cristo su Señor en los aires”. Fue verídico que los resucitados (en la resurrección parcial) en el tiempo de angustia a la voz de Dios fueron glorificados; pero en la venida de Cristo, ellos, con aquellos que entonces son resucitados [por ocasión de la primera gran resurrección que ocurre a la voz de Cristo], son arrebatados para encontrarse con el Señor en el aire. Así en su liberación final son “redimidos de la tierra”, y “redimidos de entre los hombres”.  Del Testimonio citado en este escrito, vemos que en 1849 la obra del sellamiento se estaba efectuando. Las personas entonces estaban siendo selladas, y Satanás estaba tratando de impedir la obra. Luchas nacionales comenzaron allí donde pronto habría de producirse el conflicto final, pero los cuatro ángeles tenían su comisión de “retener los vientos” hasta que los siervos de Dios sean sellados. ¿Cómo podemos reconciliar eso con la idea (que algunos han enseñado) de que nadie sería sellado hasta que el último decreto de la imagen de la bestia — de que los santos deben ser muertos — haya pasado?

 Nuevamente la expresión relacionada con el mensaje del tercer ángel,

“Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen” (Apoc. 14:13), es algo más que ordinario, pues se aplica especialmente a aquellos que mueren en el

Señor, bajo ese mensaje. De la expresión, “sus obras con ellos siguen”, alguien ha dicho, “Significa que si ellos han vivido una vida santa, y han procurado hacer el bien, la influencia de esto permanece tras ellos”. Esa ha sido la verdad del pueblo de Dios. Pero [aquí] hay una bendición especial sobre aquellos que mueren bajo el mensaje del tercer ángel. Dejémoslos inquirir, ¿en qué obras se han empeñado? ¿Y cuál ha sido su esperanza? ¿No fue que ellos podrían estar vivos para saludar al Maestro en su venida? Si son levantados en el tiempo de angustia, glorificados a la voz de Dios, y trasladados con los santos en la segunda venida de Cristo, como santos vivientes, ¿no le siguen sus obras? ¿No obtienen aquello por lo cual emprendieron el camino?

 Ahora el propio caso de la hermana White. Es verdad que ella ha anunciado muchas veces, en sus discursos en [las asambleas de] la Asociación General, que sería llamada al descanso antes del fin, pero permítasenos ver que es dicho de su caso como relacionado con los ciento y cuarenta y cuatro mil. En Primeros escritos, página 19, leemos de su visión de la nueva tierra, etc.: “El monte de Sión estaba delante de nosotros, y sobre el monte había un hermoso templo. Lo rodeaban otros siete montes donde crecían rosas y lirios… Cuando íbamos a entrar en el santo templo, Jesús alzó su melodiosa voz y dijo: ‘Únicamente los 144.000 entran en este lugar’. Y exclamamos: ‘¡Aleluya!’ ”. Parece por el contexto que sigue que ella entró al lugar mencionado, pues dio una descripción de lo que vió en él, en estas palabras: “Este templo estaba sostenido por siete columnas de oro transparente, con engastes de hermosísimas perlas. No me es posible describir las maravillas que vi… Vi tablas de piedra en que estaban esculpidos en letras de oro los nombres de los 144.000. Después de admirar la gloria del templo, salimos y Jesús nos dejó para ir a la ciudad”. Ella dice: “salimos”. Entonces, como se observa en la visión, ella entró en aquel templo. Y recuerde [las palabras de Jesús], “únicamente los 144.000 entran en este lugar”.

 En la página 40 del mismo libro, mientras estaba viendo a Saturno, ella dijo: “Supliqué a mi ángel acompañante que me dejara permanecer allí. No podría sufrir el pensamiento de volver a este tenebroso mundo. El ángel me dijo entonces: ‘Debes volver, y si eres fiel, tendrás, con los 144.000, el privilegio de visitar todos los mundos y ver la obra de las manos de Dios’ ”.

 Nunca he supuesto que, la decisión de quien debería constituir los ciento y cuarenta y cuatro mil depende de la posesión de vitalidad física suficiente para vivir sin ver la muerte hasta que el Señor deba hacer su segunda aparición. Más bien, parecería estar más en harmonía con los designios del Señor para con su pueblo, que aquellos que se sacrificaron y trabajaron fervientemente en el comienzo de la obra, tales como los pastores Bates, White, Andrews, y la hermana White, cuyas labores han estado entretejidas con la misma vida y el progreso del mensaje, deberían ser una parte de la compañía cuyas obras les siguen, y que serán una parte de aquella gran compañía triunfal de los ciento y cuarenta y cuatro mil.

 Entonces de nuevo, a lo que usted dice de Ezequiel esto es plenamente suficiente claro para mí. Así como usted citó, que él dijo: “y yo quedé” salvaguardado de los hombres con las armas destructoras. Si algunos de diferentes épocas del mundo están en la compañía levantada en la resurrección parcial, ¿cómo podemos saber si Ezequiel, el hombre que predijo la restauración de la brecha [en la ley] y las siete postreras plagas, pueda estar entre aquellos que permanecerán en la última gran prueba en el tiempo de angustia de Jacob, ver el clímax de las plagas, y “escapar” él mismo?