Ley de Dios, Diez Mandamientos

Existía antes de la creación del hombre

“La ley de Dios existía antes que el hombre fuera creado. Los ángeles eran gobernados por ella.” – The Spirit of Prophecy, tomo 1, pág. 261.

“Los ángeles fueron creados llenos de bondad y amor. Ellos tenían un amor supremo a su Dios y desinteresado entre sí, y eran impulsados a complacerlo mediante este amor. La ley de Dios no era un yugo penoso para ellos, sino que se deleitaban cumpliendo sus mandamientos, escuchando la voz de su Palabra.”–The Signs of the Times, 28 de abril de 1890.

“La ley de Dios es inmutable; y aunque los seres humanos la han despreciado, desdeñado y rechazado, estará por siempre tan firme como el trono de Jehová.” – The Review and Herald, 24 de septiembre de 1901.

Lucifer fue el primer transgresor

“El mal se originó con la rebelión de Lucifer. Se introdujo en el cielo cuando él rehusó lealtad a la ley de Dios. Satanás fue el primer transgresor de la ley.”– The Review and Herald, 4 de junio de 1901.

Es santa y pura

“La ley de Dios, que es perfecta santidad, es la única verdadera norma de carácter. El amor se expresa en la obediencia, y el amor perfecto echa fuera el temor. Los que aman a Dios, tienen el sello de Dios en la frente, y obran las obras de Dios. Ojalá que todos los que profesan el cristianismo conocieran lo que significa amar a Dios prácticamente… Tendrían cierta comprensión de la santidad de Dios; sabrían que ocupa un lugar exaltado, y que la estela de su gloria llena el templo. Tendrían una influencia poderosa sobre la vida y el carácter de los que los rodean, obrarían como la levadura en la masa de la humanidad, transformando a otros por medio del poder de Jesucristo. Relacionados con la fuente del poder, nunca perderían su influencia vital, sino que crecerían siempre en eficiencia, abundando continuamente en la obra del Señor.” — Hijos e hijas de Dios, pág. 53

“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. Salmos 19:7. Sin la ley, los hombres no pueden formarse un justo concepto de la pureza y santidad de Dios ni de su propia culpabilidad e impureza. No tienen verdadera convicción de pecado, y no sienten necesidad de arrepentirse. Como no ven su condición perdida como violadores de la ley de Dios, no se dan cuenta tampoco de la necesidad que tienen de la sangre expiatoria de Cristo. Aceptan la esperanza de salvación sin que se realice un cambio radical en su corazón ni una reforma en su vida. Así abundan las conversiones superficiales, y multitudes se unen a la iglesia sin haberse unido jamás con Cristo… Por la Palabra y el Espíritu de Dios quedan de manifiesto ante los hombres los grandes principios de justicia encerrados en la ley divina.” — Reflejemos a Jesús, pág. 39

Conocida por Adán y Eva en el Edén

Cuando fueron creados Adán y Eva tenían un conocimiento de la ley original de Dios. Estaba impresa en sus corazones y conocían las exigencia de la ley sobre ellos. Cuando trasgredieron la ley de Dios, cayeron de su estado de feliz inocencia y se convirtieron en pecadores, el futuro de la raza caída no quedó aliviadopor un solo rayo de esperanza. Review and Herald, 29 de abril de 1875

Fue dada en el Sinaí por el Padre y el Hijo

“Cuando fue promulgada la ley, el Señor el Creador del cielo y de la tierra, estuvo al lado de su Hijo, rodeado por el fuego y el humo del monte. No fue aquí donde la ley fue dada primero, sino que fue proclamada para que los hijos de Israel, cuyas ideas se habían vuelto confusas en su relación con los idólatras de Egipto, pudieran recordar sus términos y entender lo que constituye el verdadero culto de Jehová.”— La Fe Por la Cual Vivo, pág. 204.

Es la única parte de la Biblia escrita por Dios mismo en piedra

“[El Señor] no confió… sus preceptos a la memoria de un pueblo inclinado a olvidar sus requerimientos, sino que los escribió sobre tablas de piedra. Quiso alejar de Israel toda posibilidad de mezclar las tradiciones paganas con sus santos preceptos, o de confundir sus mandamientos con costumbres o reglamentos humanos…

“Si el hombre hubiera guardado la ley de Dios, tal como le fue dada a Adán después de su caída, preservada por Noé y observada por Abrahán, no habría habido necesidad del rito de la circuncisión. Y si los descendientes de Abrahán hubieran guardado el pacto del cual la circuncisión era una señal, jamás habrían sido inducidos a la idolatría, ni habría sido necesario que sufrieran una vida de esclavitud en Egipto; habrían conservado el conocimiento de la ley de Dios y no habría sido necesario proclamarla desde el Sinaí, o grabarla sobre tablas de piedra.” – Patriarcas y Profetas, pág. 379.

Está vigente

“Satanás declaró que la misericordia destruía la justicia, que la muerte de Cristo abrogaba la ley del Padre. Si hubiese sido posible que la ley fuera cambiada o abrogada, Cristo no habría necesitado morir. Pero abrogar la ley sería inmortalizar la transgresión y colocar al mundo bajo el dominio de Satanás. Porque la ley era inmutable, porque el hombre podía ser salvo únicamente por la obediencia a sus preceptos, fue levantado Jesús en la cruz.” – El Deseado de Todas las Gentes, pág. 711.

“Si Dios pudiera cambiar una jota de su ley, no hubiera sido necesario que Jesús viniera a nuestro mundo para morir. Pero nuestro Salvador, que era igual que el mismo Dios, vino a nuestro mundo y sufrió la muerte en la cruz, para dar al hombre otra oportunidad.” – The Review and Herald, 10 de junio de 1890.

“Cristo depuso su vida para expiar la transgresión que el hombre hiciera de la ley. Si la ley pudiera haber sido cambiada o puesta a un lado, entonces Cristo no habría necesitado ser muerto. Por su vida sobre la tierra, Él honró la ley de Dios. Por su muerte, la estableció. Él dio su vida como sacrificio, no para destruir la ley de Dios, no para crear una norma inferior, sino para que la justicia pudiera ser mantenida, para demostrar la inmutabilidad de la ley, para que permaneciera para siempre.” –Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 255.

Tomando posición

“David vio que se ponían de lado los preceptos divinos y que aumentaban las obstinación y la rebelión ¿Fue arrastrado él por la apostasía prevaleciente? La mofa y el desprecio hacia la ley ¿lo indujeron a retraerse cobardemente y a no hacer un esfuerzo para defender la ley? Al contrario, su reverencia por la ley de Jehová aumentó cuando vio el desdén y el despreciocon que otros la consideraban (se cita Salmo 119:126-130,165) Manuscrito 27 de 1899

“¿Qué posición tomará la Iglesia? Los que en el pasado han respetado la ley de Dios ¿serán arrastrados por la corriente del mal? La transgresión y el desprecio de la ley de Dios, que son casi generales, ¿oscurecerán la atmósfera espiritual de todas las almas por igual? La falta de respeto por la ley de Dios ¿derribará  las barreras protectoras? A causa de que prevalecen la impiedad y la desobediencia ¿se menoscabará la alta estima por la ley de Dios? Dado que es quebrantada por la gran mayoría de los que viven en la tierra, los pocos que son fieles ¿se harán semejantes a todos los desleales y procederán igual que los impíos? Por el contrario, ¿no elevarán la oración de David: Tiempo es de actuar, oh Jehová porque han invalidado tu ley? Manuscrito 15 de 1906

“Son pocos los que comprenden el tema de la responsabilidad personal del hombre. Sin embargo, es un asunto de máxima importancia. Todos podemos obedecer y vivir, o podemos transgredir la ley de Dios, desafiar su autoridad y recibir el castigo consiguiente. De modo que a cada alma le incumbe decididamente la pregunta: ¿Obedeceré la voz del cielo, las diez palabras pronunciadas en el Sinaí, o iré con la multitud que pisotea esta ígnea ley? Para los que aman a Dios, será la máxima delicia observar los mandamientos divinos y hacer aquellas cosas que son agradables a la vista de Dios. Pero el corazón natural odia la ley de Dios y lucha contra sus santas demandas.” – Reavivamientos modernos, pág. 30

“Mientras una clase pervierte la doctrina de la justificación por la fe y deja de cumplir con las condiciones formuladas en la Palabra de Dios –“Si me amáis, guardad mis mandamientos”-, igualmente cometen un error semejante los que pretenden creer y obedecer los mandamientos de Dios pero se colocan en oposición a los preciosos rayos de luz -nuevos para ellos- que se reflejan de la cruz del Calvario. La primera clase no ve las cosas maravillosas que tiene la ley de Dios para todos los que son hacedores de su Palabra. Los otros cavilan sobre trivialidades y descuidan las cuestiones de más peso -la misericordia y el amor de Dios.”  – Fe y obras, pág. 12

Su obediencia es requerida para la vida eterna

“La condición para alcanzar la vida eterna es ahora exactamente la misma de siempre, tal cual era en el paraíso antes de la caída de nuestros primeros padres: la perfecta obediencia a la ley de Dios, la perfecta justicia. Si la vida eterna se concediera con alguna condición inferior a ésta, peligraría la felicidad de todo el universo.” – El Camino a Cristo, pág. 62.

Seremos juzgados por ella

“La ley de Dios es la gran norma de justicia, y medirá la profesión y el progreso de cada hombre. Es un espejo que descubre los defectos de nuestros caracteres y nos muestra los requerimientos de Dios. Es santa, justa y buena.” – The Signs of the Times, 30 de marzo de 1888.

“Dios tiene una ley, y ésta es la gran norma de justicia. Todo el que ha abusado de la misericordia de Dios, y ha practicado la iniquidad, será juzgado de acuerdo con sus obras. Dios nos ha amonestado a apartarnos de toda iniquidad. Él os ha ordenado individualmente que resistáis al diablo, no que lo alojéis como un huésped honrado.” –Testimonios para los Ministros, pág. 448.

“Los hombres pueden cerrar sus ojos a las claras verdades de la Palabra de Dios, pueden pisotear su ley bajo sus pies; pero la ley, instituida al principio, proclamada desde el Sinaí y grabada en las tablas de piedra, los juzgará en el día final.” –The Signs of the Times, 5 de agosto de 1886.

“La ley de Dios es la regla por la cual los caracteres y las vidas de los hombres serán probados en el juicio.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 536.

Satanás odia a los que la obedecen

“Satanás, con todo su poder magistral, se ha interpuesto entre el hombre y la ley de Dios, a fin de poder inspirar en los hombres mediante la falsedad y los sofismas la misma rebelión contra Dios y su ley que le motivó a él. Odia a quienes no puede engañar.” – The Signs of the Times, 14 de noviembre de 1895.

“Hay enemistad contra los mandamientos de Dios en los corazones de los que pretenden la santificación y se niegan a reconocer la fuerza obligatoria de la ley. Se levanta el odio en sus corazones en cuanto se menciona la ley. Profesan creer que la ley fue abolida. Pero si la ley fue abolida, ¿cuál es la norma por la cual seremos juzgados ante el trono de juicio de Cristo? Esta obra de empequeñecer la ley es la obra del gran engañador. Si Satanás puede persuadir a los hombres que el Dios del universo no tiene ley alguna por la cual gobernarlos, entonces puede establecer una norma propia y convertir a los hombres al camino de la transgresión y destrucción.” – The Signs of the Times, 10 de febrero de 1888.

Promesas para los obedientes

“El camino de la obediencia es el camino en que se halla nuestra seguridad; porque son los de buena voluntad y los obedientes que comerán el bien de la tierra. Si guardamos los mandamientos de Dios, podemos reclamar sus promesas en toda su plenitud. Muchos se sienten tan indignos que no se atreven siquiera a elevar sus ojos al cielo, como el pobre publicano. Deben reanimar la fe. Debemos tener una fe inteligente; no sólo debemos decir que creemos, sino que con mansedumbre y confianza debemos ser capaces de definir qué creemos, y por qué lo hacemos. Debemos ejercer una fe viva, no una ciega credulidad. Todo el cielo está a disposición de los que guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús.

“Necesitamos ascender a una norma más elevada, ir hacia adelante y reclamar nuestros elevados privilegios. Debemos caminar humildemente con Dios, sin jactarnos orgullosamente de la perfección de carácter, reclamando con fe sencilla cada promesa de la palabra de Dios; porque ellas no son para los transgresores de la ley de Dios, sino para los obedientes. Debemos creer sencillamente el testimonio de Dios y tener completa dependencia de Él, y cualquier posibilidad de ensalzamiento u orgullo será quitada. Indudablemente somos salvos por la fe, no por una fe pasiva, sino por la fe que obra por el amor, y purifica el alma. La mano de Cristo puede alcanzar al mayor pecador y devolverlo de la transgresión a la obediencia; pero ningún cristianismo es tan elevado que pueda superar los requisitos de la santa ley de Dios. Esto estaría más allá del poder de Cristo para ayudar, estaría fuera de sus enseñanzas y de su ejemplo; porque Él dice: ‘yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor’ (Juan 15:10), y todos los que siguen a Cristo rendirán obediencia a la santa ley de Dios.”– The Signs of the Times, 31 de marzo de 1890.

Quienes la quebrantan no son cristianos

“Los que deshonran a Dios transgrediendo su ley pueden hablar de santificación; pero es del mismo valor, y tan aceptable, como lo fue la ofrenda de Caín. La obediencia a los mandamientos de Dios es la única verdadera señal de santificación… Nuestro Salvador habla tan sencillamente que nadie puede dejar de entender que el verdadero amor siempre producirá obediencia. La obediencia es la señal del verdadero amor. Cristo y el Padre son uno y los que en verdad reciben a Cristo amarán a Dios como el gran centro de su adoración y también se amarán unos a otros; y haciendo así guardarán la ley.” – The Review and Herald, 26 de octubre de 1897.

“Hay muchos que dicen: ‘Denme a Cristo, pero no quiero saber nada de la ley.’ Hablan de la gracia de Cristo, pero no conocen el significado de gracia; porque Dios no usa su gracia para invalidar la ley. Satanás ha confundido sus mentes, llevándolos a mirar a la ley como un yugo de esclavitud, un obstáculo a la espiritualidad. Hablan de fe, pero no distinguen el significado de la palabra; porque la fe nunca es hallada prescindiendo de la verdad. La paz de la cual se jacta su fe es impartida por la confianza de su justicia propia. Nadie puede afirmar que ha sido acepto por Cristo y vive sin pecado, mientras al mismo tiempo está, como Lucifer, emprendiendo la guerra contra la ley de Dios, ayudando al enemigo en la misma obra que él comenzó en el cielo y lleva adelante en esta tierra.

“Millares están transgrediendo hoy la ley de Dios, defendiendo ideas que por generaciones Satanás ha estado elaborando. A semejanza de los orgullosos fariseos, son ignorantes tanto de las Escrituras como del poder de Dios.”– The Signs of the Times, 31 de julio de 1901.

Odiada por Satanás y sus mensajeros

“Satanás tiene una gran confederación, su iglesia. Cristo la llama la sinagoga de Satanás, porque sus miembros son los hijos del pecado. Los miembros de la iglesia de Satanás han estado constantemente trabajando para desechar la ley divina, y confundir la distinción entre el bien y el mal. Satanás está trabajando con gran poder en los hijos de desobediencia y por medio de ellos para exaltar la traición y la apostasía como verdad y lealtad.” – Testimonios para los Ministros, pág. 16.

“La obra de Satanás en nuestro mundo actual es destruir la imagen moral de Dios en el hombre, invalidando la ley divina; y nuestros enemigos son inspirados por su espíritu. Al desechar la gran norma del carácter de Dios, puede pervertir la naturaleza humana y conquistar a hombres y mujeres bajo su estandarte; porque ‘donde no hay ley, tampoco hay transgresión’ (Romanos 4:15). Con qué triunfo, mira entonces, al profeso mundo cristiano, cuando hacen con empeño la misma obra que él está haciendo.” – The Review and Herald, 26 de enero de 1897.