Creemos que la severa advertencia que Dios hizo a Israel cuando conquistó las naciones paganas de la tierra prometida: “Guárdate que no tropieces yendo en pos de ellas, después que sean destruidas delante de ti; no preguntes acerca de sus dioses, diciendo: De la manera que servían aquellas naciones a sus dioses, yo también les serviré. No harás así al Eterno tu Dios; porque toda cosa abominable que el Eterno aborrece, hicieron ellos a sus dioses” (Deuteronomio 12.30-31). Se aplican a nosotros también.

Por lo tanto, nos abstenemos de celebrar, fiestas de origen pagano o nacionalista, tales como: la navidad, año nuevo, semana santa, día de la madre, día de padre, día de los enamorados, el día de la independencia, o cualquier fiesta patria. Tampoco cantamos los himnos nacionales ni saludamos la bandera, porque reconocemos que somos peregrinos y extranjeros sobre esta tierra y que nuestra ciudadanía está en el cielo. (Deuteronomio 14:2; Filipenses 3:20; 1 Pedro 2:10-11; Colosenses 1:12-14)

“Se dice que el 25 de diciembre es el día en que nació Jesucristo, y la observancia de ese día se ha hecho costumbre popular. Sin embargo, no hay seguridad de que estemos guardando el día preciso en que nació nuestro Salvador. La historia no nos da pruebas ciertas de ello. La Biblia no señala la fecha exacta. Si el Señor hubiese considerado tal conocimiento como esencial para nuestra salvación, habría hablado de ello por sus profetas y apóstoles, a fin de dejarnos enterados de todo el asunto. Por lo tanto, el silencio de las Escrituras al respecto nos parece evidencia de que nos fue ocultado con el más sabio de los propósitos.” El Hogar cristiano, pág. 434

No usamos árboles de navidad, portales, ni adornos alusivos a ninguna de esas fechas.