La ley y la gracia

Romanos 3:23. Todos pecaron.

DESCRIPCIÓN DE LA LEY MORAL

  • Romanos 7:12, 14. Es santa, justa, buena y espiritual.
  • Santiago 2:8. Es la ley real.
  • Salmo 19:7. Es perfecta.
  • Santiago 1:15. Santiago la llama la perfecta ley de la libertad.
  • Salmo 111:7, 8. Los diez mandamientos permanecen para siempre.

QUÉ HACE LA LEY POR EL PECADOR

  • Romanos 3:23, 19. La ley nos da, como pecadores, conocimiento del pecado y nos condena.
  • Santiago 1:23-25. Actúa como un espejo espiritual.
  • Santiago 2:10-12. Juzga al hombre.
  • Gálatas 3:24. Actúa como ayo que nos conduce a Cristo.

LO QUE LA LEY NO PUEDE HACER POR EL PECADOR

  • Romanos 3:20. La ley no puede juzgar o justificar al pecador.
  • Romanos 8:7. No puede hacer que una mente carnal se sujete a la ley.

LO QUE HACE CRISTO POR EL PECADOR

  • Juan 3:17, 18. Cristo no condena al pecador pues está ya condenado.
  • Hechos 13:38, 39. Cristo lo perdona o justifica.
  • Mateo 1:21. Jesús nos salva del pecado.
  • 1 Corintios 1:30. Él es nuestra justicia y santificación.
  • Efesios 2:8-10. La salvación es obra de la gracia, por medio de la fe.
  • Romanos 1:16, 17. El evangelio de Cristo es el poder de Dios para salvación.

LO QUE HACE LA LEY POR EL PECADOR SALVADO POR GRACIA

  • Romanos 8:1-4. La justicia de la ley se cumple en él.
  • Hebreos 8:10. Escrita en el corazón, no protege del pecado.

RELACIÓN ENTRE LA GRACIA, LA FEEL AMOR Y LA LEY 

GRACIA – FAVOR INMERECIDO

  • Romanos 6:1, 2, 15, 16. La gracia no permite la continua transgresión.
  • Efesios 2:8-10. La gracia da como don la salvación, por medio de la fe.

LA FE

  • Romanos 3:31. La fe no invalida la ley, sin que la confirme.
  • 1 Juan 5:4. La fe vence al mundo.

EL AMOR

  • Romanos 13:10. El amor es el cumplimiento de la ley.
  • 1 Juan 5:3. El que ama de verdad observa los mandamientos.
  • 1 Juan 2:3, 4. El que no observa los mandamientos es mentiroso.

«Es nuestro privilegio ir a Jesús para que nos limpie, y estar en pie delante de la ley sin confusión ni remordimiento.» El Camino a Cristo, pág. 52.