Creemos que la Iglesia del Señor debe mantenerse pura. Algunas razones para aplicar la disciplina a miembros indignos son:
– El Señor mismo disciplina sus hijos (Hebreos 12:6) y ha dado autoridad a la iglesia para hacerlo (1 Corintios 5:12-13; 2 Corintios 2:6)
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– El carácter santo de Dios (1 Pedro 1:16; Hebreos. 12:11) requiere sacar la levadura de sus filas (1 Corintios 5:6-8)
– Es un mandamiento de la Escritura (1 Corintios 4:6) El no hacerlo es desobediencia (1 Corintios 5:1-13; Mateo 18:17-18; Tito 3:10; 2 Tesalonicenses 3:6-15; 1 Timoteo 5:20; Gálatas 6:1).
– El testimonio de la iglesia en el mundo (1 Pedro 4:13-19) si la iglesia vive como el mundo pierde su credibilidad y autenticidad (1 Pedro 2:11-18; 3:8-16; 4:1-4).

El Propósito de la Disciplina Eclesiástica
– Restaurar, sanar, y edificar creyentes pecadores (Mateo 18:15; 2 Tesalonicenses 3:14-15; Hebreos 12:10-13; Gálatas 6:1-2; Santiago 5:20).
– Producir una fe saludable, una sana doctrina (Tito 1:13; 1 Timoteo 1:19-20).
– Ganar un alma para Cristo (2 Timoteo 2:24-26).
– Silenciar los falsos profetas y su influencia en la iglesia (Tito 1:10-11).
– Proteger la iglesia de las destructivas consecuencias que ocurren cuando se fracasa en llevar a cabo la disciplina eclesiástica.

Una iglesia que falla en ejercer la disciplina sufre perdidas en cuatro áreas:
a. Perdida de Pureza (1 Corintios 5:6-7)
b. Perdida de Poder (Josué 7)
c. Perdida de Progreso (Apocalipsis 2:5 y 3:16)
d. Perdida de Propósito (1 Pedro 1:14-16; 2:9-15).

Prestamos atención seriamente a las siguientes citas:
“A la iglesia ha sido conferido el poder de actuar en lugar de Cristo. Es instrumento de Dios para la conservación del orden y la disciplina entre su pueblo. En ella ha delegado el Señor el poder para arreglar todas las cuestiones relativas a su prosperidad, pureza y orden. A ella le incumbe la responsabilidad de excluir de su comunión a los que no son dignos de ella, a los que por su conducta anticristiana deshonrarían la verdad. Cuanto haga la iglesia que esté de acuerdo con las indicaciones dadas en la Palabra de Dios será ratificado en el cielo.” Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 203.

“El pecado y los pecadores que hay en la iglesia deben ser eliminados prestamente, a fin de que no contaminen a otros. La verdad y la pureza requieren que hagamos una obra más cabal para limpiar de Acanes el campamento. No toleren el pecado en un hermano los que tienen cargos de responsabilidad. Muéstrenle que debe dejar sus pecados o ser separado de la iglesia.” Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 38

“Limpiad el campo de esta corrupción moral, si ella aqueja a los hombres más encumbrados en las más altas posiciones. Dios no jugará con ellos. La fornicación está en nuestras filas. Lo sé, porque me fue mostrado que está fortaleciendo y extendiendo su contaminación. Hay mucho que jamás sabremos; pero aquello que es revelado hace a la iglesia responsable y culpable a menos que se muestre esfuerzo determinado para erradicar el mal. Limpiad el campamento, porque hay algo maldito en él.” Testimonios para los ministros, págs. 427-428 (435 ed. 1961).

“El verdadero pueblo de Dios, que toma a pecho el espíritu de la obra del Señor y la salvación de las almas, verá siempre al pecado en su verdadero carácter pecaminoso. Estará siempre de parte de los que denuncian claramente los pecados que tan fácilmente asedian a los hijos de Dios. Especialmente en la obra final que se hace en favor de la iglesia, en el tiempo del sellamiento de los ciento cuarenta y cuatro mil que han de subsistir sin defecto delante del trono de Dios, sentirán muy profundamente los yerros de los que profesan ser hijos de Dios. Esto lo expone con mucho vigor la ilustración que presenta el profeta acerca de la última obra, bajo la figura de los hombres que tenían sendas armas destructoras en las manos. Entre ellos había uno vestido de lino que tenía a su lado un tintero. “Y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella”. Ezequiel 9:4.

“¿Quiénes siguen el consejo de Dios en este tiempo? ¿Son los que excusan virtualmente los yerros de entre el profeso pueblo de Dios, y quienes murmuran en su corazón, si no abiertamente, contra los que quisieran reprender el pecado? ¿Son aquellos que se les oponen y simpatizan con los que contemporizan con el mal? No, en verdad. A menos que se arrepientan, y dejen la obra satánica de oprimir a los que tienen la preocupación de la obra, y de dar la mano a los pecadores de Sion, nunca recibirán el sello de la aprobación de Dios. Caerán en la destrucción general de los impíos, representada por la obra de los hombres que llevaban armas.” Testimonios para la Iglesia, tomo 3, página 295

Dios nos toma como responsables cuando no reprendemos el pecado. (Números 16:22; Josué 7:11; 22:20.)

“La instrucción de Cristo en cuanto al trato con los que yerran repite en forma más específica la enseñanza dada a Israel por Moisés: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón: ingenuamente reprenderás a tu prójimo, y no consentirás sobre él pecado.” Es decir, que si uno descuida el deber que Cristo ordenó en cuanto a restaurar a quienes están en error y pecado, se hace partícipe del pecado. Somos tan responsables de los males que podríamos haber detenido como si los hubiésemos cometido nosotros mismos.” DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG. 409:1.

“Si los que ocupan puestos de responsabilidad pasan por alto los pecados del pueblo, su desagrado pesará sobre ellos, y el pueblo de Dios será tenido en conjunto por responsable de esos pecados. En su trato con su pueblo en lo pasado, el Señor reveló la necesidad de purificar la iglesia del mal. Un pecador puede difundir tinieblas que privarán de la luz de Dios a toda la congregación.” Joyas de los Testimonios, tomo 1 334:2.

La forma de aplicarla
– Debe ser ejercida por aquellos que son espirituales, quienes caminan verdaderamente por el el Espíritu Santo y quienes crecen en el Señor (Gálatas 6:1) – estos son por lo general los líderes de la iglesia, aunque debe consultarse con la iglesia.
– Debe ser hecha con humildad, gentileza y paciencia, considerándonos a nosotros mismos (Gálatas 6:1-2; 2 Timoteo 2:24-25).
– Debe ser hecha sin acepción de personas, sin parcialidad (1 Timoteo 5:21).
– Aquellos que andan desordenadamente deben ser amonestados, advertidos y ganados en amor. (1 Tesalonicenses 5:14-15; 1 Timoteo 5:1-2; Efesios 4:15; 2 Timoteo 4:2). Esta amonestación no está limitada a los líderes de la iglesia.

Cualquier miembro puede hacerlo siempre y cuando sus intenciones sean motivadas y controladas por el Espíritu Santo (ver 1 Tesalonicenses 5:14 – Gálatas 6:1).

– Si no hay arrepentimiento y obediencia, el pecador creyente debe ser reprendió en público y los miembros del cuerpo deben apartarse de ellos y no mantener relaciones con ellos. La separación social tal como será prescrita en la siguiente sección tiene dos propósitos principales:
a. Indicar al ofensor que su acción ha deshonrado al Señor y ha causado rotura en la armonía del cuerpo. La meta es siempre la restauración y la persona debe ser contada como un hermano (2 Tesalonicenses 3:14-15)
b. Para crear respeto en el resto del rebaño como advertencia contra el pecado (1 Timoteo 5:20)

– Si no hay respuesta en arrepentimiento y obediencia, la iglesia debe aplicar el procedimiento de ex comunicación como se dirige en Mateo 18:17.
a. Ejemplos de la disciplina eclesiástica se hallan descritos en la Biblia. Los Corintios debían “reunirse” para tomar acción contra el hermano ofensor. (1 Corintios 5:4-5; Romanos 16:17; 2 Tesalonicenses 3:6-15; Filipenses 3:17-19).
b. Esto era, como Pablo indica “castigo por la mayoría” (2 Corintios 2:6) Como medida protectora, también vemos el caso de la iglesia de Roma y en Tesalónica donde se debía tomar acción con respecto a la conducta divisora y desobediente de no pocos (2 Tesalonicenses 3:6-15; Romanos 16:17).

Finalmente, la disciplina en el nombre del Señor siempre incluye la disponibilidad para perdonar. La mayoría quienes disciplinan deben también estar dispuestos a perdonar, confortar, y reafirmar su amor a la persona que ha pecado (2 Corintios 2:6-8)

Debe seguirse el procedimiento del folleto: Disciplina y exclusión en la iglesia del Señor, preparado por nuestro ministerio.