Creemos que la concepción de la trinidad católica y del protestantismo apóstata es un adefesio teológico; sin embargo, igualmente, creemos que la posición de algunos ministerios adventistas independientes antitrinitarios, es igualmente dañina y peligrosa.

La Mensajera del Señor nos señala:

“He sido instruida para que diga: No hay que confiar en las opiniones de los que buscan ideas científicas avanzadas. Se han hecho exposiciones como la siguiente: “El Padre es como la luz invisible; el Hijo es como la luz encarnada; y el Espíritu es como la luz derramada”. “El Padre es como el rocío, vapor invisible; el Hijo es como el rocío reunido en bellísimas gotas; el Espíritu es como el rocío derramado en el asiento de la vida”. Otra exposición es ésta: “El Padre es como el vapor invisible; el Hijo es

 como la nube plomiza; el Espíritu es la lluvia que cae y obra con poder refrescante”.

“Todas estas representaciones espiritistas no son absolutamente nada. Son imperfectas y falsas. Debilitan y disminuyen la Majestad que no puede compararse a ninguna cosa de origen terrenal. Dios no puede compararse con las cosas que sus manos han creado. Estas no son más que cosas terrenales, que sufren bajo la maldición de Dios a causa de los pecados del hombre. El Padre no puede describirse mediante las cosas de la tierra. El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales. El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada…

“El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo.—Special Testimonies, Serie B, 7:62, 63 (1905).” El evangelismo, págs. 445-446

De esta cita podemos sacar varios conceptos importantes:

  • Las explicaciones trinitarias de la cristiandad apóstata y del adventismo nominal, son opiniones humanas, un intento “científico” de describir a Dios, pero resultan en
  • Las explicaciones trinitarias son imperfectas y falsas, debilitan y disminuyen la Majestad que no puede compararse a ninguna cosa de origen
  • “El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales. El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada… El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad.” Por lo tanto, las enseñanzas del adventismo antitrinitario, también son erradas y peligrosas al quitarle la divinidad a uno o más de los integrantes de la Deidad.
  • “Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”

Nótese que se describe a la Deidad como: tres personas, un trío, tres grandes poderes En ningún lado, se dice que los tres sean uno solo. Tres personas son tres personas, un trío son tres, tres grandes poderes son tres grandes poderes.

Las Escrituras, nos señalan que existe un solo Dios, ELOHIM, que es una palabra hebrea que da el sentido de pluralidad, tal y como lo sería la palabra equipo en español. La palabra “uno” del texto de Deuteronomio 6:4 es traducida del hebreo “ekjad”, la cual indica “unidad”. No se refiere a un solo individuo. Este es usado cuando más de una persona o cosa están unidas. “Ekjad” es diferente de la palabra hebrea “yachid” que se refiere a una sola cosa o persona.

Sobre el Espíritu Santo, creemos que el silencio es sabiduría. “Necesitamos comprender que el Espíritu Santo, que es una persona así como Dios es persona.” Evangelismo, pág. 447.

Sin embargo, debemos tomar en serio la advertencia divina:

“No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo. Cristo nos dice que el Espíritu es el Consolador, “el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre.” (Juan 15: 26.) Se asevera claramente tocante al Espíritu Santo, que en su obra de guiar a los hombres a toda verdad, “no hablará de sí mismo.” (Juan 16:13)

“La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres de conceptos fantásticos pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.” Hechos de los Apóstoles, pág. 42-43.