Identificando la tentación

Además de los deseos de la carne, ¿qué es lo que más influye para tentarnos a pecar?

“Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo . . . ?” (Hechos 5:3).

“Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones” (Marcos 4:15).

“Porque ya algunas se han apartado en pos de Satanás” (1 Timoteo 5:15).

En algunas ocasiones las Escrituras se refieren a Satanás como el “tentador” (Mateo 4:3). Nos tienta muy hábilmente para que cedamos a nuestras debilidades y a nuestros deseos egoístas (Efesios 2:1-3).

Pablo advirtió a los cristianos, quienes ya se habían escapado de la influencia de Satanás, que no volvieran a sujetarse a ella. Sabía que esto era un peligro muy real (2 Corintios 11:3). Escribió: “Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano” (1 Tesalonicenses 3:5).

¿Cuál es una de las estrategias principales que Satanás utiliza para inducir a las personas a pecar?

“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Corintios 11:13-15).

Pocos entienden el alcance de la influencia de Satanás en las instituciones y prácticas religiosas del mundo. Ha tenido éxito al ofrecerles a las personas toda preferencia religiosa que uno se pueda imaginar. El resultado es la confusión religiosa. Sólo después de estudiar y seguir cuidadosamente las Escrituras (2 Timoteo 3:13-17) puede uno salirse de esta terrible confusión y engaño que vive el mundo.

Debido al engaño religioso tan difundido, es esencial que oremos a Dios para que nos ayude a entender correctamente su palabra y así poder arrepentirnos de nuestras transgresiones. Cuando deseamos cambiar nuestras vidas y de todo corazón rendir nuestra voluntad a Dios, él ha prometido escucharnos y responder. “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7:7-8). “Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él” (1 Juan 3:22).

Dios utilizó al profeta Natán para reprender al rey David por haber cometido adulterio con Betsabé y por haber arreglado las cosas para que mataran a su esposo en la guerra (2 Samuel 12:7-9). David reconoció humildemente sus pecados y se arrepintió en oración delante de Dios. No deje de leer y meditar en la plegaria de arrepentimiento de David, que se encuentra en Salmos 51:1-3; 6-10. Dios preservó la oración de arrepentimiento de David para darnos un ejemplo de la actitud que debemos tener al pedirle perdón.