¿Existía la ley de Dios antes del Sinaí?

Muchas personas dan por sentado que los Diez Mandamientos y el pacto que Dios estableció con la antigua Israel son exactamente lo mismo, y que ambos quedaron abolidos con la muerte de Jesucristo. Creen que el pacto del Sinaí y los mandamientos de Dios llegaron a existir juntos y dejaron de existir también simultáneamente.

¿Tiene algún fundamento bíblico este razonamiento? La realidad es que no. Las Escrituras nos revelan que violar los Diez Mandamientos era pecado antes de establecer el pacto en el monte Sinaí, de manera que los argumentos que afirman que éstos llegaron a existir junto con el pacto y se terminaron con él, no pueden ser verdad. Veamos la prueba en las Escrituras.

La Biblia define el pecado como “infracción de la ley” (1 Juan 3:4). Por lo tanto, “donde no hay ley, tampoco hay transgresión” (Romanos 4:15). Esto es lo que dice claramente la Biblia. Así que, ¿encontramos infracciones de los Diez Mandamientos clasificadas como pecado antes del monte Sinaí? Claro que sí.

Por ejemplo, Génesis 13:13 nos dice: “Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra el Eterno en gran manera”. Ya que el pecado es la transgresión de la ley, los habitantes de Sodoma no podían haber sido castigados por ser malos y pecadores si no existía una ley que condenara lo que estaban haciendo. Debemos concluir, por lo tanto, que Dios les había hecho saber lo que era pecaminoso.

Hay otro ejemplo claro. En Génesis 20:3-9 y en 39:7-9 se describe el adulterio como “grande pecado” y un pecado “contra Dios”. El adulterio es una violación del séptimo mandamiento.

En Génesis 3:6 y 17 Dios castigó a Adán y Eva por codiciar y robar, que son violaciones del décimo y octavo mandamientos respectivamente. Ellos además lo deshonraron como padre, transgresión del quinto mandamiento.

En Génesis 4:9-12 Dios castigó a Caín por matar y mentir, violaciones del sexto y noveno mandamientos respectivamente.

En Éxodo 16:4, varios días y semanas antes de que Dios estableciera su pacto con el pueblo de Israel en el monte Sinaí, le puso una prueba para ver “si anda en mi ley, o no”. La prueba era si ellos iban a descansar en el séptimo día, el sábado, según el cuarto mandamiento de su ley, con la cual estaban familiarizados por lo menos en parte. El séptimo día había sido santificado, apartado como santo por Dios, desde el tiempo de Adán y Eva (Génesis 2:1-3).

La reacción de Dios ante su desobediencia nos dice mucho. Exclamó: “¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Éxodo 16:28). Dios claramente menciona sus “mandamientos” y “leyes” como algo que estuviera vigente antes de que enunciara verbalmente los Diez Mandamientos en el monte Sinaí (tal como se registra cuatro capítulos más adelante). Por lo tanto, en el monte Sinaí el Decálogo fue codificado únicamente, es decir, escrito en piedra como parte de un pacto formal. Las Escrituras muestran claramente que estas leyes existían y estaban vigentes desde hacía mucho tiempo.

Esto es algo que se declara específicamente en Génesis 26:5, donde Dios le dijo a Isaac que había bendecido a su padre Abraham, “por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”. ¡Eso fue siglos antes del pacto en el monte Sinaí, siglos antes de Moisés y dos generaciones antes de que naciera Judá, progenitor de la tribu que sería conocida como los judíos!

En Levítico 18:21 y 27 Dios afirmó que las prácticas idolátricas de los habitantes de la tierra de Canaán eran “abominaciones”, acciones tan bajas y degradantes que comparó su expulsión con ser vomitados de la tierra (v. 28). ¿Cuál fue su pecado? Entre otras cosas, idolatría (adoración de falsos dioses) y sacrificios humanos (lo que viola el primero, segundo y sexto mandamientos).

La Biblia nos muestra que los Diez Mandamientos no se originaron con Moisés ni por esa época. No estaban de ninguna manera limitados a los judíos. Estaban vigentes y se conocían mucho antes de que existieran los judíos o Moisés. Son el fundamento de las leyes de Dios y nos muestran cómo debemos amar a Dios (definido por los cuatro primeros mandamientos) y cómo debemos amar al prójimo (definido por los últimos seis).

Por esto es que después de que Jesucristo regrese a establecer su glorioso reino en la tierra, Isaías 2:3 nos dice que “vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Eterno”.

En aquella época, ¡a toda la humanidad por fin se le enseñará a vivir de acuerdo con todas las leyes y mandamientos de Dios!

¿Guardó Abraham los mandamientos de Moisés?

Muchos maestros religiosos dicen que los mandamientos dados por medio de Moisés se aplicaban únicamente a la antigua Israel y no a nosotros en la actualidad. Pero al llegar a esta conclusión, la mayoría pasa por alto el significado de lo que Dios dijo acerca de la obediencia de Abraham cientos de años antes de que hablara con Moisés en el monte Sinaí: “Por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26:5).

Las palabras hebreas que Dios utiliza en este versículo son muy importantes, como lo explica el Expositor’s Bible Commentary [“Comentario bíblico del expositor”]: “El Señor luego agregó un comentario muy relevante: Abraham ‘guardó mi precepto [mismarti], mis mandamientos [miswotay], mis estatutos [huqqotay] y mis leyes [wetorotay]’ (v. 5). Lo impresionante es que esta es precisamente la forma en que se expresa la obediencia al pacto del Sinaí en Deuteronomio 11:1: ‘Amarás, pues, al Eterno tu Dios, y guardarás sus ordenanzas [mismarto], sus estatutos [huqqotayw], sus decretos [mispatayw] y sus mandamientos [miswotayw], todos los días’ . . .

“Así, Abraham es un ejemplo de uno que demuestra que tiene la ley escrita en su corazón(Jeremías 31:33). El escritor lo muestra como el ejemplo máximo de verdadera obediencia a la ley, aquel del cual el Señor pudo decir: ‘Abraham obedeció mi voz’ (v. 5). Al mostrarnos a Abraham como un ejemplo de alguien que ‘guardó la ley’, el escritor nos ha mostrado la naturaleza de la relación que existe entre la ley y la fe.Abraham, un hombre que vivió por fe, podría ser descrito como aquel que guardó la ley” (1990, 2:186-187, énfasis añadido).

Abraham obedeció las mismas leyes espirituales fundamentales que le fueron dadas más tarde a Israel. Sin embargo, las ceremonias y ritos simbólicos que se llevaban a cabo en el tabernáculo, y las leyes administrativas nacionales de Israel, no se aplicaban en la época de Abraham. Tampoco son necesarios para los cristianos en la actualidad, porque un templo físico no es ya el centro de nuestra adoración como lo fue en la antigua nación de Israel (Juan 4:19-21; Hebreos 9:9-10).

Así, Abraham sabía mucho más acerca de lo que define y cuáles son los requisitos de Dios para un comportamiento justo, de lo que muchos maestros religiosos reconocen en la actualidad. También significa que las leyes que definen las actitudes y el comportamiento justos que fueron dadas a Israel, eran conocidas y practicadas por los siervos de Dios mucho antes de que se celebrara el pacto del Sina