En lsaías 1: 10-15 y Oseas 2: 11, ¿no se preanuncia que el sábado iba a ser abolido?

Si aceptáramos que en estos pasajes se preanuncia la abolición del sábado como día de reposo, lógicamente debemos aceptar que las demás cosas allí mencionadas iban a dejar de tener importancia. Además del sábado, Isaías incluye las fiestas, los sacrificios, las ofrendas, el incienso, las asambleas y la oración. Oseas hace una enumeración semejante, agregando que Dios haría cesar el gozo. ¿Es que también las asambleas, la oración y el gozo concluirían para el pueblo de Dios?

Sin duda que se ha llegado a una conclusión errónea, pues tal cosa no es admisible. Para interpretar correctamente un pasaje bíblico es necesario tener en cuenta el contexto; es decir, lo que se dice antes y después del texto. Con sabiduría se dice que “un texto sin su contexto, es apenas un pretexto”.
lsaías reclama a su pueblo por su vida pecaminosa. Lo señala como “cargado de maldad”, “generación de malignos”, “hijos depravados”.

Espiritualmente enfermos “desde la planta del pie hasta la cabeza” (vers .4, 6). Esa vida pecaminosa era la causa por la que Dios señaló la inutilidad de sacrificios, ofrendas, incienso, sábados y aun la oración. Oseas, contemporáneo de Isaías, encaró el mismo problema. Compara al pueblo de Dios con una ramera, adúltero espiritual, pues va detrás de dioses ajenos y vive en pecado pretendiendo ser pueblo de Dios.

¿Qué puede valer cualquier acto de adoración o culto de Dios, si se vive en pecado? ¿Cómo podríamos engañar a Dios ofreciéndole un culto hipócrita? Para que nuestras expresiones de adoración a Dios, inclusive en el día de reposo, sean aceptables, debemos reconocer nuestros pecados, arrepentirnos de ellos y aceptar el perdón ofrecido (Isa. 1: 16-19). De le contrario, la duplicidad hipócrita colocará fuera de lugar aún lo correcto.