Creemos que la Biblia describe dos clases de redimidos, es decir, la gran multitud que comienza con Adán y llega hasta el fin del fuerte pregón y un grupo de 144.000 literal en número desde 1844 hasta el fin de la gracia. Esta es una verdad de suma importancia para las almas.

“El Señor me ha mostrado que preciosas almas están hambrientas, y muriendo por falta de la presente verdad del sellamiento, el alimento a su tiempo, y que los veloces mensajeros deben ir rápido por sus caminos, y alimentar el rebaño con la verdad presente. Yo escuché un ángel decir, ‘rápido veloces mensajeros, rápido veloces mensajeros; porque el caso de toda alma pronto será decidido, sea para vida, o para muerte’ ”. The Present Truth, Vol. 1, Nº 4.

La obra del sellamiento de los 144.000 comenzó con el anuncio del tercer mensaje angélico en 1844. Los sellados prueban su fidelidad por su obediencia a los Diez Mandamientos. Se distinguen por la observancia del sábado, el cual constituye el sello de Dios. Creemos que el sellamiento durará hasta la conclusión del tiempo de gracia y el Israel espiritual será reunido de todos los pueblos, tribus y lenguas. Apocalipsis 7:2-8; 14:1-5.

“Vi una compañía pequeña que viajaba por una senda angosta. Todos parecían estar firmemente unidos, vinculados por la verdad, en agrupaciones o compañías. Dijo el ángel: ‘El tercer ángel está atándolos o sellándolos en gavillas para el granero celestial’ ”. Primeros Escritos, págs. 88-89.

Es nuestro privilegio, ser parte de los 144000 si queremos ser salvos.

“Esforcémonos con todo el poder que Dios nos ha dado para hallarnos entre los ciento cuarenta y cuatro mil. Únicamente los que reciban el sello de Dios vivo obtendrán el salvoconducto para entrar por las puertas de la Santa Ciudad”. Maranatha el Seños Viene, pág. 239.

El sello de Dios es una señal de la redención. Todos aquellos que eligen a Jesucristo como su Salvador y se someten a su dirección experimentarán un cambio en su carácter. Recibirán su justicia y bajo la influencia del
Espíritu Santo serán cada vez más semejantes a Cristo y llevarán los frutos de la obediencia. Uno de los frutos es la observancia del santo sábado, el cual es denominado sello o señal de vinculación entre Dios y los creyentes. Ezequiel 20:12, 20.

“Tan pronto como el pueblo de Dios sea sellado en la frente (no se trata de un sello o marca visible, sino de una afirmación intelectual y espiritual en la verdad, de la cual será imposible desviarlos), tan pronto como el pueblo de Dios sea sellado y preparado para el zarandeo, éste se producirá”. Maranatha el Seños Viene, pág. 198

Los sellados que han muerto serán resucitados mediante una resurrección especial poco antes del regreso de Cristo, y se unirán con los sellados vivos. Juntos oirán la voz de Dios proclamar el pacto de paz con su pueblo.
Como “primicias” de la redención atestiguarán la segunda venida de Cristo y verán resucitar la gran multitud junto con quienes ascenderán para ser recibidos por Cristo. Daniel 12:1, 2; Apocalipsis 1:7.

“La señal o sello de Dios se revela en la observancia del séptimo día, monumento recordativo de la creación por el Señor. … La marca de la bestia es lo opuesto a esto: la observancia del primer día de la semana. … De los diez mandamientos, sólo el cuarto contiene el sello del gran Legislador, Creador del cielo y de la tierra.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, págs. 232, 17.

Creemos que únicamente los vencedores, recibirán el sello.

“Ninguno de nosotros recibirá jamás el sello de Dios mientras nuestros caracteres tengan una mancha. Nos toca a nosotros remediar los defectos de nuestro carácter, limpiar el templo del alma de toda contaminación”. Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 69.

“El sello de Dios no será nunca puesto en la frente de un hombre o una mujer que sean impuros. Nunca será puesto sobre la frente de seres humanos ambiciosos y amadores del mundo. Nunca será puesto sobre la frente de hombres y mujeres de corazón falso o engañoso”. Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 71.

“La clase que no siente pesar por su propia decadencia espiritual ni llora por los pecados ajenos quedarán sin el sello de Dios”. Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 211