Creemos que después de la creación en seis días de la tierra y de todo lo que en ella hay, Dios escogió un día, al que bendijo y santificó para que se le adorara: el séptimo día o sábado. (Génesis 2:1-3)

El Señor Jesucristo, declaró que el sábado se hizo para la humanidad y no solo, para los judíos (Marcos 2:27-28)

Este día es tan especial que Dios lo incluyó en el corazón de los Diez Mandamientos, y al igual que los otros nueves, el cuarto mandamiento es inmutable, y es válido para todos los seres humanos.

Dios nos ordena santificar este día por medio del descanso del trabajo, empleando su tiempo en la adoración y el servicio religioso. El sábado es al mismo tiempo símbolo de salvación, una señal de santificación, un testimonio de obediencia y una anticipación de lo que será la vida eterna en el reino de Dios. El día de reposo divino es la señal especial de sus hijos obedientes en el tiempo del fin. (Éxodo 20:8-11; 31:15; Levítico 23:3; Lucas 16:17).

El día de preparación
Las Escrituras llaman al día viernes, el día de preparación. En el, deben terminarse todos los preparativos para el séptimo día. A él pertenecen entre otros, la preparación de la comida para el sábado, la limpieza de la vivienda, la preparación de la ropa y bañarse, para que así podamos entrar en el sábado con tranquilidad y recogimiento. Éxodo 16:23.

“Hay otra obra que debe recibir atención en el día de preparación. En ese día deben ponerse a un lado todas las divergencias entre hermanos, ora sea en la familia o en la iglesia. Expúlsese del alma toda amargura, ira y malicia. Con espíritu humilde, ‘confesaos vuestras faltas unos a otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos’ (Santiago 5:16).” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 22.

“Muchos necesitan instrucción en cuanto a cómo deben presentarse en la asamblea para adorar en sábado. No han de entrar en la presencia de Dios con las ropas que llevan comúnmente durante la semana. Todos deben tener un traje especial para el sábado, para llevarlo cuando asistan al culto en la casa de Dios. Aunque no debemos conformarnos a las modas mundanales, no debemos ser indiferentes acerca de nuestra apariencia exterior. Debemos ser aseados y estar bien arreglados, aunque sin adornos. Los hijos de Dios deben ser limpios en su interior y exterior.

“Termínense el viernes los preparativos para el sábado. Cuidad de que toda la ropa esté lista y que se haya cocinado todo lo que debe cocinarse, que se hayan lustrado los zapatos y tomado los baños. Es posible lograr esto. Si lo establecéis como regla, podéis hacerlo. El sábado no debe destinarse a reparar ropas, a cocinar alimentos, a los placeres, o a otra ocupación mundanal. Antes de que se ponga el sol, debe ponerse a un lado todo trabajo secular, y guardarse fuera de la vista todas las revistas seculares. Padres, explicad a vuestros hijos lo que hacéis y os proponéis, y dejadlos participar en vuestra preparación para guardar el sábado según el mandamiento.
“Debemos cuidar celosamente los extremos del sábado. Recordemos que cada momento del mismo es un tiempo santo y consagrado. Siempre que se pueda los patrones deben dejar en libertad a sus obreros desde el viernes al medio día hasta el principio del sábado. Dadles tiempo para la preparación, a fin de que puedan dar la bienvenida al día del Señor con espíritu tranquilo. Una conducta tal no os infligirá pérdidas, ni aun en las cosas temporales.” Testimonios para la iglesia, tomo 6, págs. 356-357

Conforme a este testimonio, somos contrarios al baño en sábado, aunque creemos que debemos presentarnos lo mejor posible delante de la presencia de Dios, para esto, podemos lavarnos la cara y peinarnos adecuadamente.
Concerniente a los viajes, leemos: “A fin de alcanzar las iglesias que necesitan nuestra ayuda y darles el mensaje que Dios desea que oigan, puede sernos necesario viajar en sábado; pero hasta donde podamos debemos conseguir nuestros pasajes y hacer todos los arreglos necesarios en algún otro día. Cuando emprendemos un viaje, debemos hacer todo esfuerzo para evitar que nuestra llegada a destino sea en sábado.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 26.

En sábado hay que abstenerse de todos los viajes seculares o comerciales, y también de conversaciones y actividades de la misma índole. Los temas de conversación deben tener un carácter espiritual, de manera que sean para la gloria de Dios y la edificación del espíritu. Tampoco compramos ni vendemos. (Isaías 58:13, 14; Nehemías 13:15-22)

“Dios ha mandado que se atienda a los que sufren y a los enfermos; el trabajo necesario para darles bienestar es una obra de misericordia, y no es una violación del sábado; pero todo trabajo innecesario debe evitarse.” –Patriarcas y Profetas, pág. 302.

También requerimos que nuestros hijos sean eximidos de la asistencia a la escuela secular en sábado. Según el orden de la creación el día empieza y concluye a la puesta del sol. Así pues, el sábado se inicia el viernes por la tarde con la puesta del sol y finaliza el sábado por la tarde con la puesta del sol. (Génesis 1:5; Levítico 23:32; Lucas 4:31, 40.)