Creemos que por su desobediencia al mandamiento divino el ser humano introdujo el pecado en el mundo (Génesis 2:16, 17; 3:6), y por ello su naturaleza se hizo mala. La consecuencia del pecado es la muerte. (Romanos 5:12; 6:23; Salmo 14:3; Job 14:4)

“Dios es amor”. Este amor insondable había previsto un camino de salvación para la humanidad perdida. No existía otra posibilidad, sino que Jesús tomase sobre sí la culpa y el castigo del pecado. (1 Juan 4:16; Juan 3:16; Isaías 53:4-6; 1 Pedro 2:24.)

Sólo mediante la muerte vicaria de Jesús y su vida justa, es posible obtener el perdón de los pecados y la justificación. (Romanos 4:25; 5:1; 3:24.) Jesucristo es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, ya previsto por Dios antes que el mundo fuese. (Juan 1:29; 1 Pedro 1:18-20.)

Creemos que “El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es “el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”. Apocalipsis 13:8. Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable. Pero, “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:16. ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no lo amaba! ¿Quién puede comprender la profundidad de ese amor “que excede a todo conocimiento”? A través de los siglos sin fin, las mentes inmortales, tratando de entender el misterio de ese incomprensible amor, se maravillarán y adorarán a Dios.” Patriarcas y profetas, pág. 44

“La Divinidad se conmovió de piedad por la humanidad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a sí mismos a la obra de formar un plan de redención. Con el fin de llevar a cabo plenamente ese plan, se decidió que Cristo, el Hijo unigénito de Dios, se entregara a sí mismo como ofrenda por el pecado.”Consejos Sobre la Salud, pág. 219.

Mediante la fe en Jesús como Salvador personal, la cual se revela en la fiel obediencia, el pecador recibe la vida eterna. La obediencia es el verdadero fruto de la salvación. Romanos 8:1-4; Juan 14:15, 21. Por amor y agradecimiento al inconmensurable don de Dios el creyente es obediente a todos sus requerimientos mediante el poder del Espíritu Santo. (Efesios 2:8, 9; Juan 15:10; 1 Juan 5:3.)