Creemos que los mil años forman el período de tiempo entre la primera y la segunda resurrección generales.

“A la venida de Cristo los impíos serán borrados de la superficie de la tierra, consumidos por el espíritu de su boca y destruidos por el resplandor de su gloria.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 715. 2 Tesalonicenses 1:6-8; 2:8; Isaías 24:12, 22.

En este tiempo no existirá vida humana sobre nuestra tierra. Debido a poderosas catástrofes naturales la tierra se encuentra en una condición de absoluta devastación. Jeremías 4:23, 24; 25:32, 33.

Durante los mil años los santos vivirán y gobernarán con Cristo en el cielo y llevarán a cabo el juicio sobre los ángeles caídos y los impíos. La tierra se encontrará en una condición desolada. Sólo Satanás y sus ángeles vivirán allí. (–El Conflicto de los Siglos, pág. 717; Apocalipsis 20:1-3).

Al final de los mil años vendrá Jesús con todos los santos a esta tierra. Entonces los impíos serán resucitados de la muerte. Luego la santa ciudad, Dios dejará caer fuego del cielo y los pecadores y el pecado serán destruidos eternamente, con lo cual la tierra será purificada. Apocalipsis 20:4, 5 primera parte, 7-10; Malaquías 4:1, 3.

Creemos que después de los mil años, la tierra será el hogar eterno de los redimidos. El Señor renovará el cielo y la tierra, y esta nueva tierra será la patria de los salvados. La nueva Jerusalén será la capital de este reino eterno y el Rey de Reyes tendrá su trono en ella. Isaías 45:18; 65:17; Apocalipsis 21:1-3.
Por el sabiamente establecido plan de salvación, fundado sobre el amor eterno de Dios, todos los redimidos, libres de la amenaza de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, podrán gozar ante la eterna presencia de Dios. Isaías 65:25; 2 Pedro 3:13.

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Apocalipsis 21:3-5).