Creemos que el Señor Jesucristo, nos dio un ejemplo de humildad que debe ser practicado en la iglesia de Dios: el lavamiento de los pies. (Juan 13:1-17.) El mismo, debe ser practicado entre los miembros bautizados y en plena comunión con nuestro ministerio, de la siguiente manera: hombres con hombres y mujeres con mujeres, en recintos separados, para evitar toda apariencia de maldad (1 Tesalonicenses 5:22).

“Estas palabras significaban más que la limpieza corporal. Cristo estaba hablando todavía de la purificación superior ilustrada por la inferior. … Cuando Jesús se ciñó con una toalla para lavar el polvo de sus pies, deseó por este mismo acto lavar el enajenamiento, los celos y el orgullo de sus corazones. Esto era mucho más importante que lavar sus polvorientos pies. Con el espíritu que entonces manifestaban, ninguno de ellos estaba preparado para tener comunión con Cristo. Hasta que fuesen puestos en un estado de humildad y amor, no estaban preparados para participar en la cena pascual o del servicio recordativo que Cristo estaba por instituir.” –El Deseado de Todas las Gentes, págs. 602, 603.

La Santa Cena
Creemos que además, el Hijo de Dios, dejó la ordenanza a su iglesia, de recordar sus sufrimientos y su muerte, mediante la Santa Cena. El pan simboliza el cuerpo de Jesucristo, y el vino sin fermentar es símbolo de su sangre derramada. (Mateo 26:26-28; 1 Corintios 10:16, 17; 11:23-26.)

“Mientras comía la pascua con sus discípulos, instituyó en su lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio. … Delante de él estaban los panes sin levadura que se usaban en ocasión de la Pascua. El vino de la Pascua, exento de toda fermentación, estaba sobre la mesa. Estos emblemas empleó Cristo para representar su propio sacrificio sin mácula. Nada que fuese corrompido por la fermentación, símbolo de pecado y muerte, podía representar al ‘Cordero sin mancha y sin contaminación’. “ –El Deseado de Todas las Gentes, págs. 608, 609.

“Los ritos del bautismo y de la cena del Señor son dos columnas monumentales, una fuera de la iglesia y la otra dentro de ella. Sobre estos ritos, Cristo ha inscrito el nombre del verdadero Dios.” –Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 389.

Solo puede participar quien ha hecho el pacto con Dios por medio del bautismo y ha llegado a ser miembro de iglesia. “Y Jehová dijo a Moisés y Aarón: Esta es la ordenanza de la pascua; ningún extraño comerá de ella” (Éxodo 12:43).

Antes de participar, debe existir una obra de reconciliación entre los hermanos, si hubiere problemas y un escrutinio personal, de sí mismo, para no tomar indignamente parte de este memorial (1 Corintios 11:17-34)

Conforme a la Escritura, creemos que se debe usar una sola copa para todos los hermanos. En caso, de que exista un miembro enfermo, por su condición, se le dará la santa cena, de manera privada.

El ósculo santo

Creemos que después de la santa cena y cuando han pasado largos periodos sin que los hermanos se vean, se deben saludar con el ósculo santo. (Romanos 16.16; 1 Tesalonicenses 5.26; 1 Pedro 5.14).

“El saludo santo mencionado en el Evangelio de Jesucristo por el apóstol Pablo debe considerarse siempre en su verdadero carácter. Es un beso santo. Debe ser tenido por señal de compañerismo con amigos cristianos cuando ellos se separan, y cuando se vuelven a encontrar después de una separación de semanas o meses. En (1 Tesalonicenses 5:26) Pablo dice: “Saludad a todos los hermanos con ósculo santo.” En el mismo capítulo nos recomienda que nos abstengamos de toda apariencia de mal. No puede haber apariencia de mal cuando el “ósculo santo” se da en el momento y el lugar apropiados.” Primeros Escritos, pág. 117

Este saludo, es una característica de la verdadera iglesia remanente.

“Los 144.000 estaban todos sellados y perfectamente unidos. En su frente llevaban escritas las palabras: “Dios, nueva Jerusalén”, y además una brillante estrella con el nuevo nombre de Jesús. Los impíos se enfurecieron al vernos en aquel santo y feliz estado, y querían apoderarse de nosotros para encarcelarnos, cuando extendimos la mano en el nombre del Señor y cayeron rendidos al suelo. Entonces conoció la sinagoga de Satanás que Dios nos había amado, a nosotros que podíamos lavarnos los pies unos a otros y saludarnos fraternalmente con ósculo santo, y ellos adoraron a nuestras plantas.” Consejos para la Iglesia, pág. 59