Creemos que en su estado natural sin Cristo, y por su desobediencia, el ser humano se encuentra separado de Dios (Isaías 59:2) y ha sido destituido de su gloria (Romanos 3:23) y convertido en esclavo del pecado (Romanos 6:17), sujeto a la muerte (Romanos 6:23)

“Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión, que ya no pudo -por su propia fuerza- resistir el poder del mal. … Por su caída el hombre se enajenó de Dios y la tierra quedó separada del cielo. A través del abismo existente entre ambos no podía haber comunión alguna.” –El Camino a Cristo, págs. 23, 26.

“Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 559.

“El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por sí mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza es bondad y pureza.” –Patriarcas y Profetas, pág. 49.

Por lo cual la situación de todas las personas se ha tornado desesperada. Romanos 5:12; 3:10-12; 6:23; Salmo 51:5; Mateo 15:18-20; Gálatas 5:19-21; Romanos 7:18-20.

Sin embargo, negamos la doctrina católica del pecado original. Creemos que se nace con tendencia al mal, mas no, en pecado.

“Hay muchos que en su corazón murmuran contra Dios. Dicen: “Hemos heredado la naturaleza caída de Adán, y no somos responsables por nuestras imperfecciones naturales”. Ven falta en los requerimientos divinos, y se quejan de que Dios demanda aquello que ellos no tienen el poder para dar. Satanás hizo la misma queja en el cielo, pero esos pensamientos deshonran a Dios.” (Signs of the Times, 29 agosto 1892)

El ofrecimiento de la gracia
Creemos que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo a este mundo para salvar a la humanidad, y aunque por doquier reinaba la corrupción y la rebeldía, ya había sido previsto un camino para salvar al hombre. Efesios 1:4; 2:8; 1 Pedro 1:19, 20.

Jesucristo nació como hombre y fue obediente a su Padre en todas las cosas. Por su vida y su muerte vicaria fue creada la base de la reconciliación y redención. Fue resucitado para nuestra justificación, y ascendió al cielo para reconciliar al pecador arrepentido con Dios y justificarlo en el Santuario celestial, por medio de su sangre derramada y su justicia. Por su gracia, como regalo inmerecido, el perdona nuestros pecados y nos restaura a su reino (Juan 1:17; Hebreos 4:16)

A través de esta acción salvadora se muestra la justicia y la bondad de Dios. Nuestro pecado fue condenado en Cristo, y al mismo tiempo nos fue mostrado el camino del perdón. Romanos 3:24.

“Lo que Dios nos indica y concede es ilimitado. El trono de la gracia es en sí mismo la atracción más elevada, porque está ocupado por Uno que nos permite llamarle Padre. … Tan pronto como un hijo de Dios se acerca al propiciatorio, llega a ser cliente del gran Abogado. Cuando pronuncia su primera expresión de penitencia y súplica de perdón, Cristo acepta su caso y lo hace suyo, presentando la súplica ante su Padre como su propia súplica. A medida que Cristo intercede en nuestro favor, el Padre abre los tesoros de su gracia para que nos los apropiemos, para que los disfrutemos y los comuniquemos a otros.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, págs. 29, 30.

Creemos que por medio de la gracia nos convertimos en hijos de Dios, y que ésta obra nuestra redención, nuevo nacimiento y aceptación como coherederos con Cristo. Tito 2:11; Juan 1:16; 1 Pedro 1:13.

La gracia es un favor inmerecido. Consiste en que Dios entregó a su Hijo a la muerte en lugar nuestro, para que por su sangre derramada y su justicia, el pecador penitente pueda subsistir ante Dios. Juan 1:7.

Cristo nuestra Justicia
Creemos que sin la justicia de Jesucristo ningún ser humano mortal puede subsistir ante el Dios santo. El profeta Isaías se expresa del siguiente modo: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; …” (Isaías 64:6).

Para aclarar este asunto importante en nuestra vida de fe, citamos a continuación algunos Testimonios:

“Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley santa. No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. Pero Cristo nos preparó una vía de escape. Vivió en esta tierra en medio de pruebas y tentaciones como las que nosotros tenemos que arrostrar. Sin embargo, su vida fue impecable. Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar nuestros pecados y vestirnos de su justicia.” –El Camino a Cristo, pág. 62. Romanos 5:1; 1:16, 17; 3:23, 24.

“’¿Qué es justificación por la fe? Es la obra de Dios de echar al polvo la gloria del hombre y hacer por él lo que no está en su poder hacer por sí mismo. Cuando los hombres reconocen entonces su propia nulidad, están preparados para ser revestidos con la justicia de Cristo.’ Review and Herald, 16 de septiembre de 1902.” .

“Así tienen remisión de los pecados pasados, por la paciencia de Dios. Más que esto, Cristo imparte a los hombres atributos de Dios. Edifica el carácter humano a la semejanza del carácter divino y produce una hermosa obra espiritualmente fuerte y bella. Así la misma justicia de la ley se cumple en el que cree en Cristo.” –El Deseado de Todas las Gentes, págs. 710-711.

“Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.” –Palabras de Vida del Gran Maestro, págs. 253-254.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. … ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:1, 34; Jeremías 33:15,16)

.“’La justicia por la cual somos justificados se nos atribuye. La justicia por la cual seremos santificados nos será concedida. La primera nos hace pretendientes del cielo y la segunda nos hace apropiados para entrar en él.’ Review and Herald, 4 de junio de 1895.” –Cristo Nuestra Justicia, por A.G. Daniells, pág. 82.