Creemos que Dios es el dueño de todas las cosas. “De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan” (Salmo 24:1). En su grande amor, nuestro Padre Celestial, nos bendice de manera abundante y nos ha dado el privilegio de contribuir al avance la obra, mediante la devolución del diezmo y las ofrendas.

El diezmo sirve para el sostenimiento de los mensajeros que se encuentran al servicio de la obra de Dios y para la difusión del Evangelio. Ya que el diezmo es propiedad de Dios, el Señor considera la retención del mismo como robo. (Génesis 28:22; Nehemías 13:10-12; Malaquías 3:6-12; Mateo 23:23; Hebreos 7:4-9; 1 Corintios 9:13, 14.)

“El plan de Dios en el sistema del diezmo es bello en su sencillez y equidad. Todos pueden aceptarlo con fe y valor, porque su origen es divino. En él se combinan la sencillez y la utilidad, y no requiere profundo saber para comprenderlo y ejecutarlo. Todos pueden sentir que les es posible hacer una parte en promover la preciosa obra de salvación. Cada hombre, mujer y joven puede hacerse tesorero del Señor, y puede ser un agente para suplir las demandas hechas a la tesorería.” –Obreros Evangélicos, pág. 235.

“Además del diezmo, el Señor exige las primicias de todas nuestras ganancias.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 35.
Creemos que debemos contribuir con ofrendas, tales como: literatura, pobres, jóvenes y otras que determine la iglesia local. La fidelidad y exactitud en la entrega de los diezmos y ofrendas nos da la posibilidad de crecer en el amor, nos ayuda a vencer el egoísmo y la codicia, y serán recompensadas con la bendición del cielo. 2 Corintios 9:6, 7; Hechos 20:35.