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No bajo la ley, bajo la gracia

NO BAJO LA LEY, PERO BAJO LA GRACIA

bajo la graciaUno de los argumentos preferidos por los dominicales es el decir, no estamos bajo la ley, si no, bajo la gracia. Para poder responder a este argumento, efectivamente, debemos reconocer que esa es una verdad bíblica: “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” Romanos 6:14

Este texto nos indica claramente que estar bajo la gracia significa haber sido librado del pecado (Romanos 6:16) Esto representa un problema para la argumentación de ellos. En su afán de despreciar la ley, dan a entender que Cristo la clavó  en la cruz y que ahora somos libres de hacer lo que queramos.

Veamos lo que enseña Pablo al respecto:

La FE NO invalida la ley: Romanos 3:31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

La LEY NO justifica: Romanos 3:28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

La ley sirve para mostrar el pecado: Romanos 3:20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Ver I Juan 3:4

Pero si no hay ley, tampoco hay pecado: Romanos 4:15 Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.

El no estar bajo la ley, no nos excluye de obedecer Romanos 6:15  ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.

Hemos sido librados del pecado (no solo de la paga del pecado) Romanos 6:18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

Hemos muerto al pecado: Romanos 6:1-2 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

Libertados del pecado, debemos procurar la santidad: Romanos 6:22  Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

Obedecer la ley entera: Santiago 2:10-12 Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás.Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley.  Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.

¿A qué hora inicia y termina el sábado?

relojLa costumbre de comenzar un nuevo día a la  medianoche es una práctica humana arbitraria. Dios, quien es el Creador de los cuerpos celestes y quien los puso en movimiento para marcar el paso del tiempo (Génesis 1:14), cuenta los días de una manera diferente: de tarde a tarde.

Esto se ve en el relato de la creación. Después que Dios hubo separado el día de la noche, leemos estas palabras: “Y fue la tarde y la mañana un día” (Génesis 1:5). “La tarde” se menciona primero, seguida por “la mañana”. Dios describe de una manera similar los demás días de la creación (vv. 8, 13, 19, 23, 31).

En la Biblia, la tarde comienza a la puesta del sol (Josué 8:29; 2 Crónicas 18:34; Nehemías 13:19; Marcos 1:32) y en ese momento comienza un nuevo día. Hablando de las fiestas ceremoniales, Dios estableció que debían celebrarse “de tarde a tarde” (Levítico 23:32). Esta fue la forma usual de calcular el principio y el final de los días (Éxodo 12:18).

En el Nuevo Testamento, los días eran calculados de la misma manera. En Marcos 1:32 leemos que en cuanto se puso el sol al terminar el sábado, las multitudes traían a los enfermos para que Jesús los sanara. En otra ocasión, José de Arimatea envolvió el cuerpo de Jesús y lo puso en el sepulcro cuando “estaba para comenzar el sábado” (Lucas 23:50-54). Su propósito era terminar antes de que cayera la noche, para no trabajar en el día de fiesta que estaba por comenzar. La Nueva Reina-Valera nos dice que José hizo esto “cerca del atardecer” (Mateo 27:57) o “al atardecer” (Marcos 15:42).

Dios, el Creador del sábado, es quien determina cuándo comienza y cuándo termina; según la Biblia, se guarda “de tarde a tarde”. El sábado de Dios comienza el viernes a la puesta del sol y termina 24 horas más tarde, a la puesta del sol.

¿Qué es el arrepentimiento?

arrepentimiento¿Qué es lo que a los ojos de Dios demuestra que nuestro arrepentimiento es genuino?

“Y [Juan el Bautista] decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento . . . todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego” (Lucas 3:7-9).

“Sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hechos 26:20).

El arrepentimiento genuino produce un cambio en nuestra forma de vida, aun la forma en que pensamos. Aquellos que dicen que se arrepienten, pero no producen “frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8), se engañan a sí mismos. “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan . . .” (Tito 1:16). “Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:23-25).

¿Cuál es la actitud de una persona que se ha arrepentido verdaderamente?

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).

“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:5-6).

El verdadero arrepentimiento es algo más que sólo reconocer que hemos estado errados. Aun el deseode obrar mal debe volverse algo repugnante para nosotros. Dios quiere que aborrezcamos el mal (Proverbios 8:13), especialmente el mal que hemos llegado a reconocer en nosotros.

Debemos desear con todas las fuerzas que Dios cambie nuestros corazones. Al igual que el antiguo rey David, debemos pedirle a Dios que cree en nosotros un corazón limpio y un espíritu recto (Salmos 51:10). Debemos vernos como pecadores y sentir genuino remordimiento. Debemos reconocer que nuestros pecados se originan en los pensamientos, con frecuencia motivados por orgullo y egoísmo, ira y celos, o lujuria y codicia, es decir, por nuestra naturaleza humana.

¿Confirmó Jesús que el pecado comienza en el corazón?

“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23).

Algunas de estas características propias de la naturaleza humana pueden resaltar más que otras. Sin embargo, si le pedimos a Dios sinceramente que abra nuestros ojos para vernos como somos, podremos reconocer en nosotros muchas actitudes y comportamientos que las Escrituras definen como pecaminosos. Luego, debemos ir a Dios en oración, pidiéndole el poder que necesitamos para volvernos de esos caminos y reemplazarlos con su naturaleza y su carácter tal como están definidos en las Sagradas Escrituras.

¿Incluye el arrepentimiento un cambio en nuestra actitud hacia los pecados que otros cometen en contra nuestra?

“Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas” (Marcos 11:25-26).

“Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale” (Lucas 17:3-4).

Debido a que las leyes de Dios están basadas en amarlo a él y amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos (Marcos 12:30-31), el perdonar a otros es una parte importante de nuestro arrepentimiento. Jesús enseñó: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28).

La importancia del arrepentimiento

Ya hemos aprendido que el arrepentimiento consiste en volvernos del pecado y rendir nuestras vidas a Dios. El arrepentimiento comienza con el llamado de Dios, cuando nos abre la mente para que podamos entender correctamente las Sagradas Escrituras. Luego debemos pedirle su ayuda y comenzar a estudiarlas para darnos cuenta de qué es lo que necesitamos cambiar. Hacemos esto al comparar nuestras creencias, conducta, tradiciones y pensamientos con la Santa Biblia. La palabra de Dios es el único parámetro confiable por el que podemos medir nuestras actitudes y comportamiento.

Es necesario que nos examinemos a nosotros mismos para que nuestro arrepentimiento sea genuino, y eso puede tomar bastante tiempo, especialmente si no estamos familiarizados con las Escrituras. Veamos lo que la Biblia dice acerca del verdadero arrepentimiento y su importancia en nuestra relación con Dios.

¿Enfatizó Jesús la importancia del arrepentimiento?

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32).

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15; comparar con Mateo 4:17).

Jesús enseñó que lo más importante para nosotros debe ser entrar en el Reino de Dios (Mateo 6:33). Desde el principio de su ministerio hizo énfasis en que el arrepentimiento es indispensable para alcanzar esta meta.

¿Predicaron el arrepentimiento los antiguos profetas de Dios?

“Y envió Jehová a vosotros todos sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar cuando decían: Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras . . .”(Jeremías 25:4-5).

¿Debe seguirse predicando este mismo mensaje al mundo entero?

“Y les dijo . . . era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos . . . Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:44-47).

Las Escrituras muestran que desde el principio Dios ha enviado a sus siervos con el mismo mensaje: “Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ezequiel 18:30-31).

¿Debemos arrepentirnos todos?

“Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis . . .”(Lucas 13:3; comparar con Hechos 17:30 y 2 Pedro 3:9).

¡La vida eterna en el Reino de Dios sólo está disponible para aquellos que se arrepientan de sus pecados! No hay excepciones, porque “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

¿Cuál es nuestra condición espiritual natural?

Qué hay dentro de nosotros que nos lleva a pecar?

condicion“Porque el ocuparse de la carne es muerte . . . Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8:6-8; comparar con Tito 1:15; Isaías 55:7-8).

Como seres humanos, preferimos hacer las cosas a nuestra manera. A consecuencia de ello, fácilmente podemos adquirir, ya sea conscientemente o no, un resentimiento hacia la autoridad de Dios sobre nosotros (Colosenses 1:21). Esto es especialmente cierto cuando sus instrucciones nos prohíben hacer lo que queremos.

Es fácil, generalmente sin darnos cuenta, convertir estos resentimientos —nuestra hostilidad subyacente hacia lo que podemos percibir como una injerencia desconsiderada de Dios en nuestros asuntos— en una resistencia activa contra sus mandamientos. Simplemente comenzamos a hacer caso omiso de algunas de sus leyes o a reinterpretarlas de tal forma que se ajusten a nuestra propia perspectiva. Así es cómo funciona nuestra naturaleza pecaminosa,más comúnmente llamadanaturaleza humana. Estas actitudes erróneas comienzan en nuestra mente.

Generalmente nuestras actitudes de resentimiento o desobediencia pasan inadvertidas para nosotros hasta el punto en que nos engañamos diciéndonos que no existen. Jeremías comentó: “Nada hay tan engañoso y perverso como elcorazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo?” (Jeremías 17:9, Versión Popular). Fácilmente nos engañamos y creemos que no estamos haciendo nada malo. Esto es lo que las Escrituras nos dicen: “Cada hombre tiene ante sí un amplio y agradable camino que parece bueno, pero que termina en muerte” (Proverbios 14:12, La Biblia al Día). Nos cegamos ante la gravedad de nuestros propios pecados.

Cada uno de nosotros tiene que enfrentarse con el problema de una mente pecaminosa y engañosa. No hay excepciones. La resistencia a las instrucciones de Dios comienza en nuestros pensamientos y actitudes. Todos hemos pecado. Todos somos culpables.

¿Reconoció Pablo su naturaleza pecaminosa?

“Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí” (Romanos 7:14-17).

Pablo entendía muy bien su naturaleza humana y lo engañosa que podía ser. Siendo judío, desde niño se le había enseñado a hacer lo que era correcto. Era consecuente con la educación que había recibido. Sin embargo, cuando Jesucristo le abrió el entendimiento para que se viera a sí mismo como era en realidad, reconoció que estaba engañado con respecto a su propia justicia. Podía ver que había pecado en muchas formas, tanto en acción como en actitud.

Así que concluyó: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (vv. 18-21).

Pablo no se había propuesto pecar deliberadamente. Sin embargo, podía mirar hacia atrás en su vida y reconocer que muchas cosas que había hecho eran de verdad pecaminosas, aunque en aquel tiempo no había entendido que eran erróneas y contrarias a la voluntad de Dios. Al describir su ceguera ante sus propias acciones pecaminosas y su debilidad para resistir al pecado, también estaba describiendo a cada uno de nosotros.

¿Debemos reconocer nuestros pecados y afrontarlos?

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Juan 1:8-10; comparar con Santiago 1:13-15).

Una de nuestras grandes dificultades es reconocer que nuestras actitudes y acciones con frecuencia no son correctas a los ojos de Dios. Podemos convencernos que nuestros propios caminos son buenos y justos. Pero para convertirnos verdaderamente —volvernos a Dios con todo el corazón— debemos examinar cuidadosa y concienzudamente nuestros verdaderos motivos. Debemos reconocer que todos somos susceptibles a deseos que encuentran cabida en nuestro pensamiento y nos incitan al pecado.

Jesús explicó que lo que es más importante para nosotros es lo que suele determinar nuestras acciones. Para dar un ejemplo habló acerca de la codicia: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16:13-15).

Lo que más apreciamos determina la forma en que nos comportamos. Cuando nuestro juicio está errado tratamos de justificar nuestra perspectiva y comportamiento, engañándonos a nosotros mismos (Santiago 1:22-24).

¿Cuál es una forma común de autoengaño?

“Respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres . . . Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” (Marcos 7:6-9; comparar con Colosenses 2:8).

Las tradiciones que no están sólidamente afirmadas en los principios y las leyes de Dios, con frecuencia nos dan excusas para pecar. Ya que parece que todos los demás las practican, tendemos a preguntarnos: ¿Cómo pueden ellos estar equivocados?

Pero en muchas ocasiones sí están equivocados. Jesús mostró que las tradiciones religiosas más populares, que bien pueden tener apariencia justa, pueden realmente disimular el pecado. “Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente. Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” (Mateo 15:4-6).

Una de las razones por las cuales murió Jesucristo por nosotros fue para pagar la pena que merecíamos por seguir tradiciones contrarias a las Escrituras. El apóstol Pedro lo confirma: “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; sabiendo que fuisteis rescatados devuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:17-19). Es importante que examinemos las tradiciones que seguimos para que estemos seguros de que no están en conflicto con la palabra de Dios.

¿Creen en la trinidad?

Sobre el asunto de la Deidad, la Iglesia de los Reformadores ASD tiene una posición claramente definida en la Biblia y en los Testimonios. Creemos que la concepción de la trinidad católica y del protestantismo apóstata es un adefesio teológico; sin embargo, igualmente, creemos que la posición de algunos ministerios adventistas independientes antitrinitarios es igualmente dañina y peligrosa.

La Mensajera del Señor nos señala:

“He sido instruida para que diga: No hay que confiar en las opiniones de los que buscan ideas científicas avanzadas. Se han hecho exposiciones como la siguiente: “El Padre es como la luz invisible; el Hijo es como la luz encarnada; y el Espíritu es como la luz derramada”. “El Padre es como el rocío, vapor invisible; el Hijo es como el rocío reunido en bellísimas gotas; el Espíritu es como el rocío derramado en el asiento de la vida”. Otra exposición es ésta: “El Padre es como el vapor invisible; el Hijo es como la nube plomiza; el Espíritu es la lluvia que cae y obra con poder refrescante”. Todas estas representaciones espiritistas no son absolutamente nada. Son imperfectas y falsas. Debilitan y disminuyen la Majestad que no puede compararse a ninguna cosa de origen terrenal. Dios no puede compararse con las cosas que sus manos han creado. Estas no son más que cosas terrenales, que sufren bajo la maldición de Dios a causa de los pecados del hombre. El Padre no puede describirse mediante las cosas de la tierra. El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales. El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada… El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo.—Special Testimonies, Serie B, 7:62, 63 (1905).” El evangelismo, págs. 445-446

De esta cita podemos sacar varios conceptos importantes:

  • Las explicaciones trinitarias de la cristiandad apóstata y del adventismo nominal, son opiniones humanas, un intento “científico” de describir a Dios, pero resultan en nada.
  • Las explicaciones trinitarias son imperfectas y falsas, debilitan y disminuyen la Majestad que no puede compararse a ninguna cosa de origen terrenal.
  •  “El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales. El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada… El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad.” Por lo tanto, las enseñanzas del adventismo antitrinitario, también son erradas y peligrosas al quitarle la divinidad a uno o más de los integrantes de la Deidad.
  • “Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo” Nótese que se describe a la Deidad como: tres personas, un trío, tres grandes poderes En ningún lado, se dice que los tres sean uno solo. Tres personas son tres personas, un trío son tres, tres grandes poderes son tres grandes poderes.

I-      ASPECTOS GENERALES SOBRE LA DEIDAD

 UN DIOS

 ¿Cuántos dioses hay?

1Tim.2:5; 1Cor.8:4­6 (cf. Efe.4:6; Isa.43:10­11; 44:6,8).

 Pero, ¿cómo se sabe que en la Deidad hay más que un ser divino?

Gén.1:26­27; 3:22; 11:5­9.

Nota: La palabra “Dios” es traducida del hebreo “Elohim”.  Esta palabra da lugar a la pluralidad, como también la palabra en inglés “team” (equipo).  Esto demuestra que Dios es más que un solo ser.

“Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo”­Ev., pág. 446.

 Entonces, ¿en qué sentido la Biblia dice que Jehová Dios es Uno?

Deu.6:4; Jn.10:30; 1Jn.5:7 (Cf.Gál.3:20; Mar.12:29,32) Comparar con Gén.2:24; 11:6; Jn.17:11,20­23 (Cf.Gál.3:28).

La palabra “uno” del texto de Deu.6:4 es traducida del hebreo “ekjad”, la cual indica “unidad”. No se refiere a un solo individuo. Este es usado cuando más de una persona o cosa están unidas. “Ekjad” es diferente de la palabra hebrea “yachid” que se refiere a una sola cosa o persona.

“Cristo, el Verbo, el Unigénito de Dios, era uno solo con el Padre eterno, uno solo en naturaleza, en carácter y en propósitos; era el único ser que podía penetrar en todos los designios y fines de Dios.”Patriarcas y Profetas, pág. 12.

“La personalidad del Padre y del Hijo, como también la unidad que existe entre ambos, aparecen en el capítulo décimo séptimo de Juan en la oración de Cristo por sus discípulos: ‘Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.  Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste.’(Vers. 20, 21.) La unidad que existe entre Cristo y sus discípulos no destruye la personalidad de uno ni de otros.  Son uno en propósito, en espíritu, en carácter, pero no en persona.  Así es como Dios y Cristo son uno.Ministerio de Curación, pág. 329.

 LA MENCIÓN DE LAS TRES PERSONAS DE LA DEIDAD

 ¿Cómo la Biblia demuestra que las tres personas de la Deidad participaron de la creación de los cielos y de la tierra?

  • El Padre: Apo.4:10­11.
  • El Hijo: Jn.1:1­3,10; Col.1:15­17.
  • El Espíritu Santo: Gén.1:1­2; Job 26:13; 33:4.

“El soberano del universo no estaba solo en su obra benéfica.  Tuvo un compañero, un colaborador que podía apreciar sus designios, y que podía compartir su regocijo al brindar felicidad a los seres creados.  ‘En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.  Este era en el principio con Dios.’ (Juan 1: 1, 2.)”­ Patriarcas y Profetas, págs. 11­12.

“Cuando Dios dijo a su Hijo: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen,’ Satanás sintió celos de Jesús.  Deseó que se le consultase acerca de la formación del hombre, y porque esto no se hizo, se llenó de envidia, celos y odio.  Deseó recibir los más altos honores después de Dios, en el cielo.”­ Primeros Escritos, pág.145.

 ¿Cómo se menciona a los tres dignatarios divinos en la obra de redención?

“Las Escrituras indican con claridad la relación entre Dios y Cristo, y manifiestan con no menos claridad la personalidad y la individualidad de cada uno de ellos.”­ M.C., pág. 329.

a)      Cuando Jesús iba a ser enviado: Isa.48:16­17; Heb.10:5­7.

“La Divinidad se conmovió de piedad por la humanidad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a sí mismos a la obra de formar un plan de redención.  Con el fin de llevar a cabo plenamente ese plan, se decidió que Cristo, el Hijo unigénito de Dios, se entregara a sí mismo como ofrenda por el pecado.”­  Consejos Sobre la Salud, pág. 219.

b)     En el bautismo de Jesús y de nosotros: Mat.3:16­17; 28:19.

“Los ángeles de Dios acudieron al lugar de su bautismo, el Espíritu Santo descendió en forma de paloma y reposó sobre él, y mientras la gente permanecía presa de gran asombro, con los ojos fijos en él, se oyó la voz del Padre, procedente del cielo, que decía: ‘Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco’.”­ Historia de la Redención, pág. 201.

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo el hombre es sepultado con Cristo en el bautismo y se levanta del agua para vivir una nueva vida de lealtad a Dios. Los tres grandes poderes del cielo son testigos del acto, invisibles pero presentes.”- Comentario Bíblico ASD [Comentarios de Elena G. de White], tomo 6, pág. 1074.

“El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, poderes infinitos y omnisapientes, reciben a los que entran verdaderamente en una relación de pacto con Dios.  Están presentes en cada bautismo.”­ Comentario Bíblico ASD [Comentarios de Elena G. de White], tomo 6, pág. 1075.

c)      En la promesa de enviar al Consolador: Jn.14:26; 15:26; Gál.4:6.

“El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero despojado de la personalidad humana e independiente de ella.  Estorbado por la humanidad, Cristo no podía estar en todo lugar personalmente.  Por lo tanto, convenía a sus discípulos que fuese al Padre y enviase el Espíritu como su sucesor en la tierra.”­ Deseado de Todas las Gentes, págs. 622-­623.

d)     Para acercarse al Padre: Efe.2:13,18.

Podemos llegar hasta Dios por medio de los méritos de Cristo, y Dios nos invita a que le llevemos nuestras pruebas y tentaciones, pues él las comprende todas. El no quiere que digamos nuestras aflicciones a oídos humanos. Mediante la sangre de Cristo podemos llegar al trono de la gracia para el oportuno socorro. Podemos acercarnos con seguridad, diciendo: ‘Soy acepto en el Amado’. ‘Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. . . En quien tenemos seguridad y acceso con confianza por medio de la fe en él’.”­ Comentario Bíblico ASD [Comentarios de Elena G. de White], tomo VI, pág. 1116.

e)      En la oración: Jn.14:13­14; Rom.8:26­27.

“Presentad, pues, vuestra petición ante el Padre en el nombre de Jesús.  Dios honrará tal nombre.”­P.V.G.M., págs. 113­114.

“Mis hermanos y hermanas, orad por el Espíritu Santo.  Dios respalda toda promesa que ha hecho…”­Joyas, tomo III, pág. 213.

“Cristo, nuestro Mediador, y el Espíritu Santo, constantemente están intercediendo en favor del hombre; pero el Espíritu no ruega por nosotros como lo hace Cristo, quien presenta su sangre derramada desde la fundación del mundo; el Espíritu actúa sobre nuestros corazones extrayendo oraciones y arrepentimiento, alabanza y agradecimiento.  La gratitud que fluye de nuestros labios es el resultado de que el Espíritu hace resonar las cuerdas del alma con santos recuerdos que despiertan la música del corazón.”­ Comentario Bíblico ASD [Comentarios de Elena G. de White], tomo VI, pág. 1077.

Debemos pues orar al Padre, en el nombre de Jesús, y por medio del Espíritu Santo.

 LOS ATRIBUTOS DE LA DEIDAD

1­ Atributos Naturales

  • Eterno : Gén.21:33; Deu.33:27; Jer.10:10.
  • Inmortal : 1Tim.1:17; 6:15­16.
  • Invisible : Col.1:15; Heb.11:27.
  • Inmutable : Mal.3:6; Sant.1:17; Núm.23:19.
  • Inescrutable : Rom.11:33; Isa.40:28; Job 11:7­9.
  • Incomparable : Isa.40:18; 46:9.
  • Infinito : 1Rey.8:27; Isa.44:6; 48:12.
  • Omnipotente ( Todopoderoso) : Gén.17:1; 28:3; Exo.6:3.
  • Omnipresente : Sal.139:7­12; Pro.15:3.
  • Omnisciente : Sal.139:1­6; 1Jn.3:20.
  • Presciencia : Isa.46:9­10; 48:3,5.

 2­ Atributos Espirituales

  • Santo : Lev.11:44; 19:2.
  •  Justo : Sal.119:137.
  • Misericordioso : Sal.103:17; Lam.3:22­23.
  • Verdad : Jer.10:10; Deu.32:4; Isa.65:16.
  • Amor : 1Jn.4:7­8,16.
  • Fiel : Deu.7:9; 1Cor.10:13.
  • Benigno : Sal.145:9; Rom.2:4.
  • Imparcial : Deu.10:17; Hech.10:34­35.
  • Paciente : Exo.34:6­7; 1Ped.3:9.

¿Sientes que estás muy lejos de Dios?

Muchos sienten que el pecado, les ha llevado muy lejos de Dios y que nuestro Padre Celestial, los considera un caso perdido y que deben conformarse con seguir con su estilo de vida y esperar su condenación. Pero hay buenas noticias, Dios te ama y desea que regreses a su lado.

Dios es un Dios de amor y un Dios justo a la vez.

Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Usted y yo, merecemos morir, porque pecamos y deshonramos a Dios. Pero, nuestro Padre celestial nos ama tanto, que buscó una manera de que pudiéramos a la vez, cumplir con el pago por la transgresión de las leyes divinas y tuviéramos un mecanismo de escape.

Juan 3:16, 17: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

“El plan de la redención supera en mucho la comprensión de la mente humana. La gran condescendencia de Dios es un insondable misterio para nosotros. No puede comprenderse completamente la grandeza del plan [de redención], ni la Sabiduría infinita podía idear un plan que lo superara…. Por medio de este plan el grande y terrible Dios puede ser justo, y ser aún el que justifica a todo el que cree en Jesús y que lo recibe como a su Salvador personal.”—Comentario Bíblico ASD [Comentarios de E. G. de White], tomo 5, pág. 1107.

Cristo nuestro Hermano Mayor, se entregó para que pudiéramos regresar al hogar.

Juan 15:13: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Romanos 5:6–8: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Efesios 2:12-13: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

“¡Oh, admirable condescendencia! La Majestad del cielo, por amor y compasión hacia el hombre caído, propuso ser su sustituto y garante. Él llevaría la culpa del hombre. Tomaría sobre sí la ira de su Padre, que de otro modo habría caído sobre el hombre a causa de su desobediencia.”—The Review and Herald, 24 de febrero de 1874.

¿Deseas responder a Su amor?

¿No murió Jesús en miércoles?

Quien haya tenido contacto alguna vez con algún miembro de alguna de las muchas divisiones de la iglesia de Dios del séptimo día, habrá tenido que enfrentarse a una de sus creencias distintivas: la muerte de Jesús en miércoles.

Sea de paso, ellos consideran que el don profético  en nuestro medio es falso y como una de las supuestas evidencias, usan la siguiente cita de la mensajera del Señor sobre este tema:

“El Salvador fué sepultado el viernes, o sea el sexto día de la semana. Las mujeres prepararon las especias y los ungüentos con que embalsamar a su Señor y los pusieron aparte hasta que terminó el sábado. Ni siquiera el trabajo de embalsamar el cuerpo de Jesús quisieron hacerlo en sábado.” Cristo Nuestro Salvador, pág. 145

Al preguntársele, por qué eso es falso, rápidamente, citan los siguientes textos:

Mateo 12:40, ‘Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.’”  Al preguntárseles: ¿Qué día cree usted que murió Cristo? Ellos citan Juan 19:31 “Entonces los Judíos, por cuanto era la víspera de la Pascua, para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, pues era el gran día del sábado, rogaron a Pilatos que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados.’”

De tal manera, que ellos razonan, no pudo haber sido la preparación para el Sábado del séptimo día, porque el Sábado era un día “Grande”, así que era la preparación para la pascua – Miércoles. Entonces comienzan a contar, “Jueves (1), Viernes (2), Sábado (3); la noche del Miércoles (1), la noche del Jueves (2), la noche del Viernes (3). Así son tres días y tres noches”

Una lectura superficial, les daría la razón, pero hay abundante evidencia bíblica que contradice dichas conclusiones y confirman plenamente lo expresado por la hermana White y como ha sido enseñado por nosotros desde siempre.

  1. Note que Cristo murió a la novena hora, sólo tres horas antes del fin del día (Mateo 27:46-50) y fue sepultado a la puesta del sol – las 12 en punto. (Lucas 23:52-56). Si fue sepultado el Miércoles, él habría estado tres días completos y cuatro noches completas en la tumba, porque la Biblia claramente dice: “Pasado el sábado, al amanecer [al romper el día] el primer día de la semana, [Domingo A.M.] vinieron María Magdalena, y la otra María, a ver el sepulcro” (Mateo 28:1). De nuevo citamos de Marcos 16:9, “Mas como Jesús resucitó por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena”.
  2. Jesús dijo: “Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado” (Mateo 26:2). “Entonces [después de dos días] los príncipes de los sacerdotes se juntaron … Y tuvieron consejo para prender por engaño a Jesús, y matarle” (Mateo 26:3, 4). Cuando Cristo dijo las palabras: “Sabéis que dentro de dos días se hace la pascua”, no pudo haber sido después del comienzo del Martes, si la fiesta de la pascua era el Jueves. Entonces todo lo que tomó lugar en conexión con su juicio, crucifixión, muerte y sepultura, tuvo que llevarse a cabo desde la mañana del Martes hasta la puesta del sol del Miércoles, lo cual habría sido imposible.
  3. Note las siguientes Escrituras: “Y el primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para que comas la Pascua? Esto fue el día de la preparación para la Pascua. “Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa haré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como les mandó, y aderezaron la Pascua. Y como fue la tarde del día, se sentó a la mesa con los doce. Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar” (Mateo 26:17-21).
  4. La Pascua sólo puede ser observada después de la puesta del sol al comienzo del primer día de los panes sin levadura: “En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, Pascua es de Jehová” (Levítico 23:5). Este es el último día de preparación para la pascua. Por tanto, Jesús todavía no estaba en las manos de los sacerdotes en la preparación para la fiesta de la pascua, y mucho menos crucificado. Además, Mateo es totalmente claro en el tema y no deja lugar para disputar: “Y comiendo ellos, [la pascua] dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar” (Mateo 26:21). ¿Cómo podría comer Jesús la pascua con los doce si hubiera sido crucificado y sepultado?
  5. Permítanos aclarar la controversia con hechos que pueden soportar la prueba. Que el lector tenga en mente que la pascua es un asunto de siete días, o lo que se llama la “semana de la pascua”. Citamos Levítico 23:4-8: “Estas son las solemnidades de Jehová, las santas convocaciones, a las cuales convocaréis en sus tiempos. En el mes primero, a los catorce del mes, entre las dos tardes, Pascua es de Jehová. Y a los quince días de este mes es la solemnidad de los ázimos a Jehová, siete días comeréis ázimos. El primer día tendréis santa convocación, ninguna obra servil haréis. Y ofreceréis a Jehová siete días ofrenda encendida, el séptimo día será santa convocación, ninguna obra servil haréis”.
  6. Ahora note, el Sábado del séptimo día es controlado por el ciclo semanal, y la pascua por el calendario mensual. Por tanto, en cada semana de pascua hay un sábado del séptimo día, y puede caer en cualquiera de los siete días pascuales. De nuevo, note que el día catorce es llamado el día de la “Pascua”, pero el día quince es la “Fiesta” de la Pascua. (Véase Números 28:17; Josué 5:11). El sábado del séptimo día es llamado, “El Sábado”. La ofrenda de la gavilla era las primicias de la cosecha y debía ser ofrecida delante del Señor la mañana después del sábado; es decir, en el primer día de la semana, comúnmente llamado Domingo. (Véase Levítico 23:11). La ofrenda de la gavilla era un tipo de la resurrección – los primeros frutos. Dice el apóstol: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20; también Mateo 27:52, 53)

Con esto, creemos que queda clara la verdad sobre el tema, sin embargo, si desea un estudio mas profundo, puede contactarnos.

¿Habrá un día de descanso en el paraíso restaurado?

La respuesta es un rotundo e inequívoco sí. El profeta Isaías nos predice: ” Porque como los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra descendencia y vuestro nombre. Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar delante de mí, dijo Jehová.” Isaías 66:23-23

Diez-mandamientos-y-el-sello-de-Dios“Se me mostró que la ley de Dios permanecerá inalterable por siempre y regirá en la nueva tierra por toda la eternidad. . . . Dios reposó en el séptimo día, lo bendijo y lo santificó. Vi que el sábado nunca será abolido, sino que los santos redimidos y toda la hueste angélica lo observarán eternamente en honra del gran Creador.” –Primeros Escritos, pág. 217.

Nuestro tema de estudio cada sábado, será: “ para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios.” Efesios 3:17-19

“Y a medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo. Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán en aumento. Cuanto más sepan los hombres acerca de Dios, tanto más admirarán su carácter.” –El Conflicto de los Siglos, págs. 736, 737.

¿Es cierto que en la eternidad podremos visitar otros mundos?

Por la luz que tenemos en la Biblia y en los Testimonios, sabemos que existen otros mundos habitados por seres no caídos. La Palabra de Dios nos dice que antes de la caída del hombre, Adán era llamado “hijo de Dios.” Lucas 3:38 A Adán le fue dado el dominio de la tierra y era su representante. (Ver Gén 2-3)

Posteriormente, dicho dominio le fue quitado por sus transgresión y Satanás, se apoderó del mismo, llegando a ser considerado como “el dios de este mundo” II Corintios 4:4.

La Biblia, registra que existen concilios celestiales, donde asisten representantes de los planetas habitados. “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.  Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella.” Job 1: 6-7

“El Señor me mostró en visión otros mundos. Me fueron dadas alas y un ángel me acompañó desde la ciudad a un lugar brillante y glorioso. La hierba era de un verde vivo y las aves gorjeaban un dulce canto. Los moradores de aquel lugar eran de todas estaturas, eran nobles, majestuosos y hermosos. Llevaban la manifiesta imagen de Jesús, y su semblante refulgía de santo júbilo, como expresión de la libertad y dicha que en aquel lugar disfrutaban. Pregunté a uno de ellos por qué eran mucho más bellos que los habitantes de la tierra, y me respondió: ‘Hemos vivido en estricta obediencia a los mandamientos de Dios, y no incurrimos en desobediencia como los habitantes de la tierra’. –Primeros Escritos, págs. 39, 40.

enocEl Registro sagrado nos informa de que Enoc fue trasladado de la tierra. “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios.” Génesis 5:24

Sabemos por los testimonios, que Enoc fue llevado a otro planeta. “Después me transportaron a un mundo que tenía siete lunas; donde vi al anciano Enoc, que había sido trasladado. Llevaba en su brazo derecho una esplendente palma, en cada una de cuyas hojas se leía escrita la palabra: ‘Victoria’. Ceñía sus sienes una brillante guirnalda blanca con hojas, en el centro de cada una de las cuales se leía: ‘Pureza’. Alrededor de la guirnalda había piedras preciosas de diversos colores que resplandecían más vivamente que las estrellas y, reflejando su fulgor en las letras, las magnificaban. En la parte posterior de la cabeza llevaba un moño que sujetaba la guirnalda, y en él estaba escrita la palabra: ‘Santidad’. Sobre la guirnalda ceñía Enoc una corona más brillante que el sol. Le pregunté si aquel era el lugar adonde lo habían transportado desde la tierra. Él me respondió: ‘No es éste. Mi morada es la ciudad, y he venido a visitar este sitio’. Andaba por allí como si estuviese en casa.” –Primeros Escritos, pág. 40.

Existen una serie de promesas para los hijos de Dios redimidos. Entre ellas: “antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” I Corintios 2:9 También nos dice que “el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos” Colosenses 1:26

El apóstol Pablos nos habla de su propia experiencia y comenta: ” Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.” II Corintios 12:2-4

 “Todos los tesoros del universo se ofrecerán al estudio de los redimidos de Dios. Libres de las cadenas de la mortalidad, se lanzan en incansable vuelo hacia los lejanos mundos –mundos a los cuales el espectáculo de las miserias humanas causaba estremecimiento de dolor, y que entonaban cantos de alegría al tener noticia de un alma redimida. Con indescriptible dicha los hijos de la tierra participan del gozo y de la sabiduría de los seres que no cayeron. Comparten los tesoros de conocimientos e inteligencia adquiridos durante siglos y siglos en la contemplación de las obras de Dios. Con visión clara consideran la magnificencia de la creación –soles y estrellas y sistemas planetarios que en el orden a ellos asignado circuyen el trono de la Divinidad.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 736.

Se nos invita, en vista de tan hermosas promesas a  que “alcemos los ojos y dejemos que nuestra fe aumente de continuo. Dejemos que esta fe nos guíe a lo largo de la senda estrecha que ha de llevarnos por las puertas de la ciudad al gran más allá, al amplio e ilimitado futuro de gloria que espera a los redimidos. ‘Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened también vosotros paciencia: confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca’ (Santiago 5:7, 8).” –Profetas y Reyes, pág. 541

¿Qué cosas harán los redimidos en la eternidad?

La Biblia, claramente nos enseña que el ser humano restaurado al estado edénico, no estará desocupado. Por ejemplo el libro de Isaías, relata: “Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.” 66:21

Nos continúa diciendo el mismo profeta: “Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo.” 32:18

edificaran casaComentando al respecto, el Espíritu de Profecía indica: “En la tierra renovada, los redimidos participarán en las ocupaciones y los placeres que daban felicidad a Adán y Eva en el principio. Se vivirá la existencia del Edén, en huertos y campos. ‘Y edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas. No edificarán, y otro morará; no plantarán, y otro comerá: porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos perpetuarán las obras de sus manos’ (Isaías 65:21, 22).” –Profetas y Reyes, pág. 540.

Sin embargo, el mayor deleite de los redimidos, será el adquirir constantemente conocimiento del Redentor y del plan de redención que Dios trazó para la humanidad.

Zacarías, nos presenta una escena conmovedora: “Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos.” Zacarías 13:6

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios… El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.” Apocalipsis 21:3,7

“[En la Nueva Jerusalén los] intelectos inmortales contemplarán con eterno deleite las maravillas del poder creador, los misterios del amor redentor. Allí no habrá enemigo cruel y engañador para tentar a que se olvide a Dios. Toda facultad será desarrollada, toda capacidad aumentada. La adquisición de conocimientos no cansará la inteligencia ni agotará las energías. Las mayores empresas podrán llevarse a cabo, satisfacerse las aspiraciones más sublimes, realizarse las más encumbradas ambiciones; y sin embargo surgirán nuevas alturas que superar, nuevas maravillas que admirar, nuevas verdades que comprender, nuevos objetos que agucen las facultades del espíritu, del alma y del cuerpo.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 736.

“[En la tierra hecha nueva] toda facultad será desarrollada, toda capacidad aumentada. Las mayores empresas podrán llevarse a cabo, satisfacerse las aspiraciones más sublimes, realizarse las más encumbradas ambiciones. Y sin embargo surgirán nuevas alturas que superar, nuevas maravillas que admirar, nuevas verdades que comprender, nuevos objetos de estudio que agucen las facultades del espíritu, del alma y del cuerpo.

“Los profetas a quienes fueron reveladas estas grandiosas escenas anhelaron comprender todo su significado. ‘Han inquirido y diligentemente buscado, escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos. . . . A los cuales fue revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas’ (1 Pedro 1:10–12). A nosotros que estamos a punto de ver su cumplimiento, ¡de cuánto significado, de cuán vivo interés, son estos delineamientos de las cosas por venir, acontecimientos por los cuales, desde que nuestros primeros padres dieron la espalda al Edén, los hijos de Dios han estado velando y aguardando, anhelando y orando!” –Profetas y Reyes, pág. 540.

Cuán grande privilegio nos espera… si somos fieles hasta el fin.

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