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Cuidado con el ecumenismo

ecumenismo1Los protestantes consideran hoy al romanismo con más favor que años atrás. En los países donde no predomina y donde los partidarios del papa siguen una política de conciliación para ganar influjo, se nota una indiferencia creciente respecto a las doctrinas que separan a las iglesias reformadas de la jerarquía papal; entre los protestantes está ganando terreno la opinión de que, al fin y al cabo, en los puntos vitales las divergencias no son tan grandes como se suponía, y que unas pequeñas concesiones de su parte los pondrían en mejor inteligencia con Roma. Tiempo hubo en que los protestantes estimaban altamente la libertad de conciencia adquirida a costa de tantos sacrificios. Enseñaban a sus hijos a tener en aborrecimiento al papado y sostenían que tratar de congeniar con Roma equivaldría a traicionar la causa de Dios. Pero ¡cuán diferentes son los sentimientos expresados hoy!
Los defensores del papado declaran que la iglesia ha sido calumniada, y el mundo protestante se inclina a creerlo. Muchos sostienen que es injusto juzgar a la iglesia de nuestros días por las abominaciones y los absurdos que la caracterizaron cuando dominaba en los siglos de ignorancia y de tinieblas. Tratan de excusar sus horribles crueldades como si fueran resultado de la barbarie de la época, y arguyen que las influencias de la civilización moderna han modificado los sentimientos de ella.
¿Habrán olvidado estas personas las pretensiones de infalibilidad sostenidas durante ochocientos años por tan altanero poder? Lejos de abandonar este aserto lo ha afirmado en el siglo XIX de un modo más positivo que nunca antes. Como Roma asegura que la iglesia “nunca erró; ni errará jamás, según las Escrituras” [(Juan L. von Mosheim, Institutes of Ecclesiastical History, libro 3, siglo XI, parte 2, cap. 2, nota 17)], ¿cómo podrá renunciar a los principios que amoldaron su conducta en las edades pasadas?
La iglesia papal no abandonará nunca su pretensión a la infalibilidad. Todo lo que ha hecho al perseguir a los que rechazaban sus dogmas lo da por santo y bueno; ¿y quién asegura que no volvería a las andadas siempre que se le presentase la oportunidad? Deróguense las medidas restrictivas impuestas en la actualidad por los gobiernos civiles y déjesele a Roma que recupere su antiguo poder y se verán resucitar en el acto su tiranía y sus persecuciones. {CS54 620.1}
Un conocido autor[Josiah Strong, D.D., In “Our Country,” pp. 46-48.] dice, acerca de la actitud de la jerarquía papal hacia la libertad de conciencia y acerca de los peligros especiales que corren los Estados Unidos si tiene éxito la política de dicha jerarquía:{CS54 620.2}
“Son muchos los que atribuyen al fanatismo o a la puerilidad todo temor expresado acerca del catolicismo romano en los Estados Unidos. Los tales no ven en el carácter y actitud del romanismo nada que sea hostil a nuestras libres instituciones, y no ven tampoco nada inquietante en el incremento de aquél. Comparemos, pues, primero, algunos de los principios fundamentales de nuestro gobierno con los de la iglesia católica. {CS54 620.3}
“La Constitución de los Estados Unidos garantiza la libertad de conciencia. Nada hay más precioso ni de importancia tan fundamental. El papa Pío IX, en su encíclica del 15 de agosto de 1854, dice: ‘Las doctrinas o extravagancias absurdas y erróneas en favor de la libertad de conciencia, son unos de los errores más pestilentes: una de las pestes que más se debe temer en un estado.’ El mismo papa, en su encíclica del 8 de diciembre de 1864, anatematizó ‘a los que sostienen la libertad de conciencia y de cultos’ como también ‘a cuantos aseveran que la iglesia no puede emplear la fuerza.’ {CS54 620.4}
“El tono pacifico que Roma emplea en los Estados Unidos no implica un cambio de sentimientos. Es tolerante cuando es impotente. El obispo O’Connor dice: ‘La libertad religiosa se soporta tan sólo hasta que se pueda practicar lo opuesto sin peligro para el mundo católico.’ … El arzobispo de Saint Louis dijo un día: ‘La herejía y la incredulidad son crímenes; y en los países cristianos como Italia y España, por ejemplo, donde todo el pueblo es católico y donde la religión católica es parte esencial de la ley del país, se las castiga como a los demás crímenes.’ … {CS54 621.1}
“Todo cardenal, arzobispo y obispo de la iglesia católica, presta un juramento de obediencia al papa, en el cual se encuentran las siguientes palabras: “Me opondré a los herejes, cismáticos y rebeldes contra nuestro señor (el papa), o sus sucesores y los perseguiré con todo mi poder.’ ”—[Josías Strong, Our Country, cap. 5, párrs. 2-4.] {CS54 621.2}
Es verdad que hay verdaderos cristianos en la iglesia católica romana. En ella, millares de personas sirven a Dios según las mejores luces que tienen. Les es prohibido leer su Palabra, * debido a lo cual no pueden discernir la verdad. Nunca han visto el contraste que existe entre el culto o servicio vivo rendido con el corazón y una serie de meras formas y ceremonias. Dios mira con tierna misericordia a esas almas educadas en una fe engañosa e insuficiente. Hará penetrar rayos de luz a través de las tinieblas que las rodean. Les revelará la verdad tal cual es en Jesús y muchos se unirán aún a su pueblo. {CS54 621.3}
Pero el romanismo, como sistema, no está actualmente más en armonía con el Evangelio de Cristo que en cualquier otro período de su historia. Las iglesias protestantes se hallan sumidas en grandes tinieblas, pues de lo contrario discernirían las señales de los tiempos. La iglesia romana abarca mucho en sus planes y modos de operación. Emplea toda clase de estratagemas para extender su influencia y aumentar su poder, mientras se prepara para una lucha violenta y resuelta a fin de recuperar el gobierno del mundo, restablecer las persecuciones y deshacer todo lo que el protestantismo ha hecho. El catolícismo está ganando terreno en todas direcciones.[(véase el Apéndice)] Véase el número creciente de sus iglesias y capillas en los países protestantes. Nótese en Norteamérica la popularidad de sus colegios y seminarios, tan patrocinados por los protestantes. Piénsese en la extensión del ritualismo en Inglaterra y en las frecuentes deserciones a las filas católicas. Estos hechos deberían inspirar ansiedad a todos los que aprecian los puros principios del Evangelio. {CS54 621.4}
Los protestantes se han entremetido con el papado y lo han patrocinado; han hecho transigencias y concesiones que sorprenden a los mismos papistas y les resultan incomprensibles. Los hombres cierran los ojos ante el verdadero carácter del romanismo, ante los peligros que hay que temer de su supremacía. Hay necesidad de despertar al pueblo para hacerle rechazar los avances de este enemigo peligrosísimo de la libertad civil y religiosa. {CS54 622.1}
Muchos protestantes suponen que la religión católica no es atractiva y que su culto es una serie de ceremonias áridas y sin significado. Pero están equivocados. Si bien el romanismo se basa en el engaño, no es una impostura grosera ni desprovista de arte. El culto de la iglesia romana es un ceremonial que impresiona profundamente. Lo brillante de sus ostentaciones y la solemnidad de sus tiros fascinan los sentidos del pueblo y acallan la voz de la razón y de la conciencia. Todo encanta a la vista. Sus soberbias iglesias, sus procesiones imponentes, sus altares de oro, sus relicarios de joyas, sus pinturas escogidas y sus exquisitas esculturas, todo apela al amor de la belleza. Al oído también se le cautiva. Su música no tiene igual. Los graves acordes del órgano poderoso, unidos a la melodía de numerosas voces que resuenan y repercuten por entre las elevadas naves y columnas de sus grandes catedrales, no pueden dejar de producir en los espíritus impresiones de respeto y reverencia. {CS54 622.2}
Este esplendor, esta pompa y estas ceremonias exteriores, que no sirven más que para dejar burlados los anhelos de las almas enfermas de pecado, son clara evidencia de la corrupción interior. La religión de Cristo no necesita de tales atractivos para hacerse recomendable. Bajo los rayos de luz que emite la cruz, el verdadero cristianismo se muestra tan puro y tan hermoso, que ninguna decoración exterior puede realzar su verdadero valor. Es la hermosura de la santidad, o sea un espíritu manso y apacible, lo que tiene valor delante de Dios. {CS54 622.3}
La brillantez del estilo no es necesariamente indicio de pensamientos puros y elevados. Encuéntranse a menudo conceptos del arte y refinamientos del gusto en espíritus carnales y sensuales. Satanás suele valerse a menudo de ellos para hacer olvidar a los hombres las necesidades del alma, para hacerles perder de vista la vida futura e inmortal, para alejarlos de su Salvador infinito e inducirlos a vivir para este mundo solamente. {CS54 623.1}
Una religión de ceremonias exteriores es propia para atraer al corazón irregenerado. La pompa y el ceremonial del culto católico ejercen un poder seductor, fascinador, que engaña a muchas personas, las cuales llegan a considerar a la iglesia romana como la verdadera puerta del cielo. Sólo pueden resistir su influencia los que pisan con pie firme en el fundamento de la verdad y cuyos corazones han sido regenerados por el Espíritu de Dios. Millares de personas que no conocen por experiencia a Cristo, serán llevadas a aceptar las formas de una piedad sin poder. Semejante religión es, precisamente, lo que las multitudes desean. {CS54 623.2}
El hecho de que la iglesia asevere tener el derecho de perdonar pecados induce a los romanistas a sentirse libres para pecar; y el mandamiento de la confesión sin la cual ella no otorga su perdón, tiende además a dar bríos al mal. El que se arrodilla ante un hombre caído y le expone en la confesión los pensamientos y deseos secretos de su corazón, rebaja su dignidad y degrada todos los nobles instintos de su alma. Al descubrir los pecados de su alma a un sacerdote—mortal desviado y pecador, y demasiado a menudo corrompido por el vino y la impureza—el hombre rebaja el nivel de su carácter y consecuentemente se corrompe. La idea que tenía de Dios resulta envilecida a semejanza de la humanidad caída, pues el sacerdote hace el papel de representante de Dios. Esta confesión degradante de hombre a hombre es la fuente secreta de la cual ha brotado gran parte del mal que está corrompiendo al mundo y lo está preparando para la destrucción final. Sin embargo, para todo aquel a quien le agrada satisfacer sus malas tendencias, es más fácil confesarse con un pobre mortal que abrir su alma a Dios. Es más grato a la naturaleza humana hacer penitencia que renunciar al pecado; es más fácil mortificar la carne usando cilicios, ortigas y cadenas desgarradoras que renunciar a los deseos carnales. Harto pesado es el yugo que el corazón carnal está dispuesto a cargar antes de doblegarse al yugo de Cristo. {CS54 623.3}
Hay una semejanza sorprendente entre la iglesia de Roma y la iglesia judaica del tiempo del primer advenimiento de Cristo. Mientras los judíos pisoteaban secretamente todos los principios de la ley de Dios, en lo exterior eran estrictamente rigurosos en la observancia de los preceptos de ella, recargándola con exacciones y tradiciones que hacían difícil y pesado el cumplir con ella. Así como los judíos profesaban reverenciar la ley, así también los romanistas dicen reverenciar la cruz. Exaltan el símbolo de los sufrimientos de Cristo, al par que niegan con sus vidas a Aquel a quien ese símbolo representa. {CS54 624.1}
Los papistas colocan la cruz sobre sus iglesias, sobre sus altares y sobre sus vestiduras. Por todas partes se ve la insignia de la cruz. Por todas partes se la honra y exalta exteriormente. Pero las enseñanzas de Cristo están sepultadas bajo un montón de tradiciones absurdas, interpretaciones falsas y exacciones rigurosas. Las palabras del Salvador respecto a los judíos hipócritas se aplican con mayor razón aún a los jefes de la iglesia católica romana: “Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos mismos no quieren moverlas con un dedo suyo.” Mateo 23:4 (VM). Almas concienzudas quedan presa constante del terror, temiendo la ira de un Dios ofendido, mientras muchos de los dignatarios de la iglesia viven en el lujo y los placeres sensuales. {CS54 624.2}
El culto de las imágenes y reliquias, la invocación de los santos y la exaltación del papa son artificios de Satanás para alejar de Dios y de su Hijo el espíritu del pueblo. Para asegurar su ruina, se esfuerza en distraer su atención del Unico que puede asegurarles la salvación. Dirigirá las almas hacia cualquier objeto que pueda substituir a Aquel que dijo: “¡Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso!” Mateo 11:28 (VM). {CS54 625.1}
Satanás se esfuerza siempre en presentar de un modo falso el carácter de Dios, la naturaleza del pecado y las verdaderas consecuencias que tendrá la gran controversia. Sus sofismas debilitan el sentimiento de obligación para con la ley divina y dan a los hombres libertad para pecar. Al mismo tiempo les hace aceptar falsas ideas acerca de Dios, de suerte que le miran con temor y odio más bien que con amor. Atribuye al Creador la crueldad inherente a su propio carácter, la incorpora en sistemas religiosos y le da expresión en diversas formas de culto. Sucede así que las inteligencias de los hombres son cegadas y Satanás se vale de ellos como de sus agentes para hacer la guerra a Dios. Debido a conceptos erróneos de los atributos de Dios, las naciones paganas fueron inducidas a creer que los sacrificios humanos eran necesarios para asegurarse el favor divino; y perpetráronse horrendas crueldades bajo las diversas formas de la idolatría. {CS54 625.2}
La iglesia católica romana, al unir las formas del paganismo con las del cristianismo, y al presentar el carácter de Dios bajo falsos colores, como lo presentaba el paganismo, recurrió a prácticas no menos crueles, horrorosas y repugnantes. En tiempo de la supremacía romana, había instrumentos de tortura para obligar a los hombres a aceptar sus doctrinas. Existía la hoguera para los que no querían hacer concesiones a sus exigencias. Hubo horribles matanzas de tal magnitud que nunca será conocida hasta que sea manifestada en el día del juicio. Dignatarios de la iglesia, dirigidos por su maestro Satanás, se afanaban por idear nuevos refinamientos de tortura que hicieran padecer lo indecible sin poner término a la vida de la víctima. En muchos casos el proceso infernal se repetía hasta los límites extremos de la resistencia humana, de manera que la naturaleza quedaba rendida y la víctima suspiraba por la muerte como por dulce alivio. {CS54 625.3}
Tal era la suerte de los adversarios de Roma. Para sus adherentes disponía de la disciplina del azote, del tormento del hambre y de la sed, y de las mortificaciones corporales más lastimeras que se puedan imaginar. Para asegurarse el favor del cielo, los penitentes violaban las leyes de Dios al violar las leyes de la naturaleza. Se les enseñaba a disolver los lazos que Dios instituyó para bendecir y amenizar la estada del hombre en la tierra. Los cementerios encierran millones de víctimas que se pasaron la vida luchando en vano para dominar los afectos naturales, para refrenar como ofensivos a Dios todo pensamiento y sentimiento de simpatía hacia sus semejantes. {CS54 626.1}
Si deseamos comprender la resuelta crueldad de Satanás, manifestada en el curso de los siglos, no entre los que jamás oyeron hablar de Dios, sino en el corazón mismo de la cristiandad y por toda su extensión, no tenemos más que echar una mirada en la historia del romanismo. Por medio de ese gigantesco sistema de engaño, el príncipe del mal consigue su objeto de deshonrar a Dios y de hacer al hombre miserable. Y si consideramos lo bien que logra enmascararse y hacer su obra por medio de los jefes de la iglesia, nos daremos mejor cuenta del motivo de su antipatía por la Biblia. Siempre que sea leído este libro, la misericordia y el amor de Dios saltarán a la vista, y se echará de ver que Dios no impone a los hombres ninguna de aquellas pesadas cargas. Todo lo que él pide es un corazón contrito y un espíritu humilde y obediente. {CS54 626.2}
Cristo no dió en su vida ningún ejemplo que autorice a los hombres y mujeres a encerrarse en monasterios so pretexto de prepararse para el cielo. Jamás enseñó que debían mutilarse los sentimientos de amor y simpatía. El corazón del Salvador rebosaba de amor. Cuanto más se acerca el hombre a la perfección moral, tanto más delicada es su sensibilidad, tanto más vivo su sentimiento del pecado y tanto más profunda su simpatía por los afligidos. El papa dice ser el vicario de Cristo; ¿pero puede compararse su carácter con el de nuestro Salvador? ¿Vióse jamás a Cristo condenar hombres a la cárcel o al tormento porque se negaran a rendirle homenaje como Rey del cielo? ¿Acaso se le oyó condenar a muerte a los que no le aceptaban? Cuando fué menospreciado por los habitantes de un pueblo samaritano, el apóstol Juan se llenó de indignación y dijo: “Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?” Jesús miró a su discipulo con compasión y le reprendió por su aspereza, diciendo: “El Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.”Lucas 9:54, 56. ¡Cuán diferente del de su pretendido vicario es el espíritu manifestado por Cristo! {CS54 626.3}
La iglesia católica le pone actualmente al mundo una cara apacible, y presenta disculpas por sus horribles crueldades. Se ha puesto vestiduras como las de Cristo; pero en realidad no ha cambiado. Todos los principios formulados por el papismo en edades pasadas subsisten en nuestros días. Las doctrinas inventadas en los siglos más tenebrosos siguen profesándose aún. Nadie se engañe. El papado que los protestantes están ahora tan dispuestos a honrar, es el mismo que gobernaba al mundo en tiempos de la Reforma, cuando se levantaron hombres de Dios con peligro de sus vidas para denunciar la iniquidad de él. El romanismo sostiene las mismas orgullosas pretensiones con que supo dominar sobre reyes y principes y arrogarse las prerrogativas de Dios. Su espíritu no es hoy menos cruel ni despótico que cuando destruía la libertad humana y mataba a los santos del Altísimo. {CS54 627.1}
El papado es precisamente lo que la profecía declaró que sería: la apostasía de los postreros días. 2 Tesalonicenses 2:3, 4. Forma parte de su política asumir el carácter que le permita realizar mejor sus fines; pero bajo la apariencia variable del camaleón oculta el mismo veneno de la serpiente. Declara: “No hay que guardar la palabra empeñada con herejes, ni con personas sospechosas de herejía.”—[Lenfant, Histoire du Concile de Constance, tomo 1, pág. 493.,] ¿Será posible que este poder cuya historia se escribió durante mil años con la sangre de los santos, sea ahora reconocido como parte de la iglesia de Cristo? {CS54 628.1}
No sin razón se ha asegurado que en los países protestantes el catolicismo no difiere ya tanto del protestantismo como antes. Se ha verificado un cambio; pero no es el papado el que ha cambiado. El catolicismo se parece mucho en verdad al protestantismo de hoy día debido a lo mucho que éste ha degenerado desde los días de los reformadores. {CS54 628.2}
Mientras las iglesias protestantes han estado buscando el favor del mundo, una falsa caridad las ha cegado. Se figuran que es justo pensar bien de todo mal; y el resultado inevitable será que al fin pensarán mal de todo bien. En lugar de salir en defensa de la fe que fué dada antiguamente a los santos, no parecen sino disculparse ante Roma por haberla juzgado con tan poca caridad y pedirle perdón por la estrechez de miras que manifestaron. {CS54 628.3}
Muchos, aun entre los que no favorecen al romanismo, se dan poca cuenta del peligro con que les amenaza el poder y la influencia de Roma. Insisten en que las tinieblas intelectuales y morales que prevalecían en la Edad Media favorecían la propagación de sus dogmas y supersticiones junto con la opresión, y que el mayor caudal de inteligencia de los tiempos modernos, la difusión general de conocimientos y la libertad siempre mayor en materia de religión, impiden el reavivamiento de la intolerancia y de la tiranía. Se ridiculiza la misma idea de que pudiera volver un estado de cosas semejante en nuestros tiempos de luces. Es verdad que sobre esta generación brilla mucha luz intelectual, moral y religiosa. De las páginas abiertas de la santa Palabra de Dios, ha brotado luz del cielo sobre la tierra. Pero no hay que olvidar que cuanto mayor sea la luz concedida, tanto más densas también son las tinieblas de aquellos que la pervierten o la rechazan. {CS54 628.4}
Un estudio de la Biblia hecho con oración mostraría a los protestantes el verdadero carácter del papado y se lo haría aborrecer y rehuir; pero muchos son tan sabios en su propia opinión que no sienten ninguna necesidad de buscar humildemente a Dios para ser conducidos a la verdad. Aunque se enorgullecen de su ilustración, desconocen tanto las Sagradas Escrituras como el poder de Dios. Necesitan algo para calmar sus conciencias, y buscan lo que es menos espiritual y humillante. Lo que desean es un modo de olvidar a Dios, pero que parezca recordarlo. El papado responde perfectamente a las necesidades de todas esas personas. Es adecuado a dos clases de seres humanos que abarcan casi a todo el mundo: los que quisieran salvarse por sus méritos, y los que quisieran salvarse en sus pecados. Tal es el secreto de su poder. {CS54 629.1}
Ha quedado probado cuánto favorecieron el éxito del papado los períodos de tinieblas intelectuales. También quedará demostrado que una época de grandes luces intelectuales es igualmente favorable a su triunfo. En otro tiempo, cuando los hombres no poseían la Palabra de Dios ni conocían la verdad, sus ojos estaban vendados y miles cayeron en la red que no veían tendida ante sus pies. En esta generación, son muchos aquellos cuyos ojos están ofuscados por el brillo de las especulaciones humanas, o sea por la “falsamente llamada ciencia;” no alcanzan a ver la red y caen en ella tan fácilmente como si tuviesen los ojos vendados. Dios dispuso que las facultades intelectuales del hombre fuesen consideradas como don de su Creador y que fuesen empleadas en provecho de la verdad y de la justicia; pero cuando se fomenta el orgullo y la ambición y los hombres exaltan sus propias teorías por encima de la Palabra de Dios, entonces la inteligencia puede causar mayor perjuicio que la ignorancia. Por esto, la falsa ciencia de nuestros días, que mina la fe en la Biblia, preparará tan seguramente el camino para el triunfo del papado con su formalismo agradable, como el obscurantismo lo preparó para su engrandecimiento en la Edad Media. {CS54 629.2}
En los movimientos que se realizan actualmente en los Estados Unidos de Norteamérica para asegurar el apoyo del estado a las instituciones y prácticas de la iglesia, los protestantes están siguiendo las huellas de los papistas.[(véase el Apéndice)] Más aún, están abriendo la puerta para que el papado recobre en la América protestante la supremacía que perdió en el Viejo Mundo. Y lo que da más significado a esta tendencia es la circunstancia de que el objeto principal que se tiene en vista es imponer la observancia del domingo, institución que vió la luz en Roma y que el papado proclama como signo de su autoridad. Es el espíritu del papado, es decir, el espíritu de conformidad con las costumbres mundanas, la mayor veneración por las tradiciones humanas que por los mandamientos de Dios, el que está penetrando en las iglesias protestantes e induciéndolas a hacer la misma obra de exaltación del domingo que el papado hizo antes que ellas. {CS54 630.1}
Si el lector quiere saber cuáles son los medios que se emplearán en la contienda por venir, no tiene más que leer la descripción de los que Roma empleó con el mismo fin en siglos pasados. Si desea saber cómo los papistas unidos a los protestantes procederán con los que rechacen sus dogmas, considere el espíritu que Roma manifestó contra el sábado y sus defensores. {CS54 630.2}
Edictos reales, concilios generales y ordenanzas de la iglesia sostenidos por el poder civil fueron los peldaños por medio de los cuales el día de fiesta pagano alcanzó su puesto de honor en el mundo cristiano. La primera medida pública que impuso la observancia del domingo fué la ley promulgada por Constantino. [(Año 321 de J C.; véase el Apéndice.)] Dicho edicto requería que los habitantes de las ciudades descansaran en “el venerable día del sol,” pero permitía a los del campo que prosiguiesen sus faenas agrícolas. A pesar de ser en realidad ley pagana, fué impuesta por el emperador después que hubo aceptado nominalmente el cristianismo. {CS54 630.3}
Como el mandato real no parecía substituir de un modo suficiente la autoridad divina, Eusebio, obispo que buscó el favor de los príncipes y amigo íntimo y adulador especial de Constantino, aseveró que Cristo había transferido el día de reposo del sábado al domingo. No se pudo aducir una sola prueba de las Santas Escrituras en favor de la nueva doctrina. Eusebio mismo reconoce involuntariamente la falsedad de ella y señala a los verdaderos autores del cambio. “Nosotros hemos transferido al domingo, día del Señor—dice—todas las cosas que debían hacerse en el sábado.”—[Roberto Cox, Sabbath Laws and Sabbath Duties, pág. 538. Pero por infundado que fuese el argumento en favor del domingo, sirvió para envalentonar a los hombres y animarlos a pisotear el sábado del Señor. Todos los que deseaban ser honrados por el mundo aceptaron el día festivo popular. {CS54 631.1}
Con el afianzamiento del papado fué enalteciéndose más y más la institución del domingo. Por algún tiempo el pueblo siguió ocupándose en los trabajos agrícolas fuera de las horas de culto, y el séptimo día, o sábado, siguió siendo considerado como el día de reposo. Pero lenta y seguramente fué efectuáno dose el cambio. Se prohibió a los magistrados que fallaran en lo civil los domingos. Poco después se dispuso que todos sin distinción de clase social se abstuviesen del trabajo ordinario, so pena de multa para los señores y de azotes para los siervos. Más tarde se decretó que los ricos serían castigados con la pérdida de la mitad de sus bienes y que finalmente, si se obstinaban en desobedecer, se les hiciese esclavos. Los de las clases inferiores debían sufrir destierro perpetuo. {CS54 631.2}
Se recurrió también a los milagros. Entre otros casos maravillosos, se refería que un campesino que iba a labrar su campo en día domingo limpió su arado con un hierro que le penetró en la mano, y por dos años enteros no lo pudo sacar, “sufriendo con ello mucho dolor y vergüenza.”—Francisco West, Historical and Practical Discourse on the Lord’s Day, pág. 174. {CS54 631.3}
Más tarde, el papa ordenó que los sacerdotes del campo amonestasen a los que violasen el domingo y los indujeran a venir a la iglesia para rezar, no fuese que atrajesen alguna gran calamidad sobre si mismos y sobre sus vecinos. Un concilio eclesiástico adujo el argumento tan frecuentemente empleado desde entonces, y hasta por los protestantes, de que en vista de que algunas personas habían sido muertas por el rayo mientras trabajaban en día domingo, ése debía ser el día de reposo. “Es evidente—decían los prelados—cuán grande era el desagrado de Dios al verlos despreciar ese día.” Luego se dirigió un llamamiento para que los sacerdotes y ministros, reyes y príncipes y todos los fieles “hicieran cuanto les fuera posible para que ese día fuese repuesto en su honor y para que fuese más devotamente observado en lo por venir, para honra de la cristiandad.”—Tomás Morer,Discourse in Six Dialogues on the Name, Notion, and Observation of the Lord’s Day, pág. 271. {CS54 632.1}
Como los decretos de los concilios resultaran insuficientes, se instó a las autoridades civiles a promulgar un edicto que inspirase terror al pueblo y le obligase a abstenerse de trabajar el domingo. En un sínodo reunido en Roma, todos los decretos anteriores fueron confirmados con mayor fuerza y solemnidad, incorporados en la ley eclesiástica y puestos en vigencia por las autoridades civiles en casi toda la cristiandad . (Véase Heylyn, History of the Sabbath, parte 2, cap. 5, sec. 7.) {CS54 632.2}
A pesar de esto la falta de autoridad bíblica en favor de la observancia del domingo no originaba pocas dificultades. El pueblo ponía en tela de juicio el derecho de sus maestros para echar a un lado la declaración positiva de Jehová: “El séptimo día Sábado es del Señor tu Dios” a fin de honrar el día del sol. Se necesitaban otros expedientes para suplir la falta de testimonios bíblicos. Un celoso defensor del domingo que visitó a fines del siglo XII las iglesias de Inglaterra, encontró resistencia por parte de testigos fieles de la verdad; sus esfuerzos resultaron tan inútiles que abandonó el país por algún tiempo en busca de medios que le permitiesen apoyar sus enseñanzas. Cuando regresó, la falta había sido suplida y entonces tuvo mayor éxito. Había traído consigo un rollo que presentaba como del mismo Dios, y que contenía el mandamiento que se necesitaba para la observancia del domingo, con terribles amenazas para aterrar a los desobedientes. Se afirmaba que ese precioso documento, fraude tan vil como la institución misma que pretendía afianzar, había caído del cielo y había sido encontrado en Jerusalén sobre el altar de San Simeón, en el Gólgota. Pero en realidad, de donde procedía era del palacio pontifical de Roma. La jerarquía papal consideró siempre como legítimos los fraudes y las adulteraciones que favoreciesen el poder y la prosperidad de la iglesia. {CS54 632.3}
El rollo prohibía trabajar desde la hora novena (3 de la tarde) del sábado hasta la salida del sol el lunes; y su autoridad se declaraba confirmada por muchos milagros. Se decía que personas que habían trabajado más allá de la hora señalada habían sufrido ataques de parálisis. Un molinero que intentó moler su trigo vió salir en vez de harina un chorro de sangre y la rueda del molino se paró a pesar del buen caudal de agua. Una mujer que había puesto masa en el horno la encontró cruda al sacarla, no obstante haber estado el horno muy caliente. Otra que había preparado su masa para cocer el pan a la hora novena, pero resolvió ponerla a un lado hasta el lunes, la encontró convertida en panes y cocida por el poder divino. Un hombre que coció pan después de la novena hora del sábado, encontró, al partirlo por la mañana siguiente, que salía sangre de él. Mediante tales invenciones absurdas y supersticiosas fué cómo los abogados del domingo trataron de hacerlo sagrado . [(Véase Rogelio de Hoveden, Annals,tomo 2, 528-530.) {CS54 633.1}
Tanto en Escocia como en Inglaterra se logró hacer respetar mejor d domingo mezclándolo en parte con el sábado antiguo. Pero variaba d tiempo que se debía guardar como sagrado. Un edicto del rey de Escocia declaraba que “se debía considerar como santo el sábado a partir del medio día” y que desde ese momento hasta el lunes nadie debía ocuparse en trabajos mundanos.—Morer, págs. 290, 291.
Pero a pesar de todos los esfuerzos hechos para establecer la santidad del domingo, los mismos papistas confesaban públicamente la autoridad divina del sábado y el origen humano de la institución que lo había suplantado. En el siglo XVI un concilio papal ordenó explícitamente: “Recuerden todos los cristianos que el séptimo día fué consagrado por Dios y aceptado y observado no sólo por los judíos, sino también por todos los que querían adorar a Dios; no obstante nosotros los cristianos hemos cambiado el sábado de ellos en el día del Señor, domingo.”Id., págs. 281, 282. Los que estaban pisoteando la ley divina no ignoraban el carácter de la obra que estaban realizando. Se estaban colocando deliberadamente por encima de Dios.
Un ejemplo sorprendente de la política de Roma contra los que no concuerdan con ella se encuentra en la larga y sangrienta persecución de los valdenses, algunos de los cuales observaban el sábado. Otros sufrieron de modo parecido por su fidelidad al cuarto mandamiento. La historia de las iglesias de Etiopía, o Abisinia, es especialmente significativa. En medio de las tinieblas de la Edad Media, se perdió de vista a los cristianos del Africa central, quienes, olvidados del mundo, gozaron de plena libertad en el ejercicio de su fe. Pero al fin Roma descubrió su existencia y el emperador de Abisinia fué pronto inducido a reconocer al papa como vicario de Cristo. Esto fué principio de otras concesiones. Se proclamó un edicto que prohibía la observancia del sábado, bajo las penas más severas. (Véase Miguel Geddes, Church History of Ethiopia, págs. 311, 312.) Pero la tiranía papal se convirtió luego en yugo tan amargo que los abisinios resolvieron sacudirlo. Después de una lucha terrible, los romanistas fueron expulsados de Abisinia y la antigua fe fué restablecida. Las iglesias se regocijaron en su libertad y no olvidaron jamás la lección que habían aprendido respecto al engaño, al fanatismo y al poder despótico de Roma. En medio de su reino aislado se sintieron felices de permanecer desconocidos para el resto de la cristiandad.
Las iglesias de Africa observaban el sábado como lo había observado la iglesia papal antes de su completa apostasía. Al mismo tiempo que guardaban el séptimo día en obediencia al mandamiento de Dios, se abstenían de trabajar el domingo conforme a la costumbre de la iglesia. Al lograr el poder supremo, Roma había pisoteado el día de reposo de Dios para enaltecer el suyo propio; pero las iglesias de Africa, desconocidas por cerca de mil años, no participaron de esta apostasía. Cuando cayeron bajo el cetro de Roma, fueron forzadas a dejar a un lado el verdadero día de reposo y a exaltar el falso; pero apenas recobraron su independencia volvieron a obedecer el cuarto mandamiento.
Estos recuerdos de lo pasado ponen claramente de manifiesto la enemistad de Roma contra el verdadero día de reposo y sus defensores, y los medios que emplea para honrar la institución creada por ella. La Palabra de Dios nos enseña que estas escenas han de repetirse cuando los católicos romanos y los protestantes se unan para exaltar el domingo.
La profecía del capítulo 13 del Apocalipsis declara que el poder representado por la bestia de cuernos semejantes a los de un cordero haría “que la tierra y los que en ella habitan” adorasen al papado—que está simbolizado en ese capítulo por una bestia “parecida a un leopardo.” La bestia de dos cuernos dirá también “a los que habitan sobre la tierra, que hagan una imagen de la bestia;” y además mandará que “todos, pequeños y grandes, así ricos como pobres, así libres como esclavos,” tengan la marca de la bestia. Apocalipsis 13:11-16 (VM). Se ha demostrado que los Estados Unidos de Norteamérica son el poder representado por la bestia de dos cuernos semejantes a los de un cordero, y que esta profecía se cumplirá cuando los Estados Unidos hagan obligatoria la observancia del domingo, que Roma declara ser el signo característico de su supremacía. Pero los Estados Unidos no serán los únicos que rindan homenaje al papado. La influencia de Roma en los países que en otro tiempo reconocían su dominio, dista mucho de haber sido destruída. Y la profecía predice la restauración de su poder. “Y vi una de sus cabezas como si hubiese sido herida de muerte; y su herida mortal fué sanada; y toda la tierra maravillóse, yendo en pos de la bestia.” Vers. 3 (VM). La herida mortal que le fué ocasionada se refiere a la caída del papado en 1798. Después de eso, dice el profeta, “su herida mortal fué sanada; y toda la tierra maravillóse, yendo en pos de la bestia.” San Pablo dice claramente que el hombre de pecado subsistirá hasta el segundo advenimiento. 2 Tesalonicenses 2:8. Proseguirá su obra de engaño hasta el mismo fin del tiempo, y el revelador declara refiriéndose también al papado: “Todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida.” Apocalipsis 13:8. Tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo se le tributará homenaje al papado por medio del honor que se conferirá a la institución del domingo, la cual descansa únicamente sobre la autoridad de la iglesia romana.
Desde mediados del siglo XIX, los que estudian la profecía en los Estados Unidos han presentado este testimonio ante el mundo. En los acontecimientos que están desarrollándose actualmente, especialmente en dicho país, se ve un rápido avance hacia el cumplimiento de dichas predicciones. Los maestros protestantes presentan los mismos asertos de autoridad divina en favor de la observancia del domingo y adolecen de la misma falta de evidencias bíblicas que los dirigentes papales cuando fabricaban milagros para suplir la falta de un mandamiento de Dios. Se repetirá el aserto de que los juicios de Dios caerán sobre los hombres en castigo por no haber observado el domingo como día de reposo. Ya se oyen voces en este sentido. Y un movimiento en favor de la observancia obligatoria del domingo está ganando cada vez más terreno.
La sagacidad y astucia de la iglesia romana asombran. Puede leer el porvenir. Se da tiempo viendo que las iglesias protestantes le están rindiendo homenaje con la aceptación del falso día de reposo y que se preparan a imponerlo con los mismos medios que ella empleó en tiempos pasados. Los que rechazan la luz de la verdad buscarán aún la ayuda de este poder que se titula infalible, a fin de exaltar una institución que debe su origen a Roma. No es difícil prever cuán apresuradamente ella acudirá en ayuda de los protestantes en este movimiento. ¿Quién mejor que los jefes papistas para saber cómo entendérselas con los que desobedecen a la iglesia?
La iglesia católica romana, con todas sus ramificaciones en el mundo entero, forma una vasta organización dirigida por la sede papal, y destinada a servir los intereses de ésta. Instruye a sus millones de adeptos en todos los países del globo, para que se consideren obligados a obedecer al papa. Sea cual fuere la nacionalidad o el gobierno de éstos, deben considerar la autoridad de la iglesia como por encima de todas las demás. Aunque juren fidelidad al estado, siempre quedará en el fondo el voto de obediencia a Roma que los absuelve de toda promesa contraria a los intereses de ella.
La historia prueba lo astuta y persistente que es en sus esfuerzos por inmiscuirse en los asuntos de las naciones, y para favorecer sus propios fines, aun a costa de la ruina de príncipes y pueblos, una vez que logró entrar. En el año 1204, el papa Inocencio III arrancó de Pedro II, rey de Aragón, este juramento extraordinario: “Yo, Pedro, rey de los aragoneses, declaro y prometo ser siempre fiel y obediente a mi señor, el papa Inocencio, a sus sucesores católicos y a la iglesia romana, y conservar mi reino en su obediencia, defendiendo la religión católica y persiguiendo la perversidad herética.”—[Juan Dowling, The History of Romanism, lib. 5, cap. 6, sec. 55.] Esto está en armonía con las pretensiones del pontífice romano con referencia al poder, de que “él tiene derecho de deponer emperadores” y de que “puede desligar a los súbditos de la lealtad debida a gobernantes perversos.”—[Mosheim, lib. 3, siglo 11, parte 2, cap. 2, sec. 2, nota 17.)
Y téngase presente que Roma se jacta de no variar jamás. Los principios de Gregorio VII y de Inocencio III son aún los principios de la iglesia católica romana; y si sólo tuviese el poder, los pondría en vigor con tanta fuerza hoy como en siglos pasados. Poco saben los protestantes lo que están haciendo al proponerse aceptar la ayuda de Roma en la tarea de exaltar el domingo. Mientras ellos tratan de realizar su propósito, Roma tiene su mira puesta en el restablecimiento de su poder, y tiende a recuperar su supremacía perdida. Establézcase en los Estados Unidos el principio de que la iglesia puede emplear o dirigir el poder del estado; que las leyes civiles pueden hacer obligatorias las observancias religiosas; en una palabra, que la autoridad de la iglesia con la del estado debe dominar las conciencias, y el triunfo de Roma quedará asegurado en la gran República de la América del Norte.
La Palabra de Dios ha dado advertencias respecto a tan inminente peligro; descuide estos avisos y el mundo protestante sabrá cuáles son los verdaderos propósitos de Roma, pero ya será tarde para salir de la trampa. Roma está aumentando sigilosamente su poder. Sus doctrinas están ejerciendo su influencia en las cámaras legislativas, en las iglesias y en los corazones de los hombres. Ya está levantando sus soberbios e imponentes edificios en cuyos secretos recintos reanudará sus antiguas persecuciones. Está acumulando ocultamente sus fuerzas y sin despertar sospechas para alcanzar sus propios fines y para dar el golpe en su debido tiempo. Todo lo que Roma desea es asegurarse alguna ventaja, y ésta ya le ha sido concedida. Pronto veremos y palparemos los propósitos del romanismo. Cualquiera que crea u obedezca a la Palabra de Dios incurrirá en oprobio y persecución.
Este texto corresponde al capítulo 36 del libro El Conflicto de los Siglos, escrito por Elena G. de White.

¿Pueden hablarnos nuestros muertos?

espiritismo-satanismo.jpg-w620La obra ministradora de los santos ángeles, tal cual está presentada en las Santas Escrituras, es una verdad de las más alentadoras y de las más preciosas para todo discípulo de Cristo. Pero la enseñanza de la Biblia acerca de este punto ha sido obscurecida y pervertida por los errores de la teología popular. La doctrina de la inmortalidad natural, tomada en un principio de la filosofía pagana e incorporada a la fe cristiana en los tiempos tenebrosos de la gran apostasía, ha suplantado la verdad tan claramente enseñada por la Santa Escritura, de que “los muertos nada saben.” Multitudes han llegado a creer que los espíritus de los muertos son los “espíritus ministradores, enviados para hacer servicio a favor de los que han de heredar la salvación.” Y esto a pesar del testimonio de las Santas Escrituras respecto a la existencia de los ángeles celestiales y a la relación que ellos tienen con la historia humana desde antes que hubiese muerto hombre alguno.
La doctrina de que el hombre queda consciente en la muerte, y más aún la creencia de que los espíritus de los muertos vuelven para servir a los vivos, preparó el camino para el espiritismo moderno. Si los muertos son admitidos a la presencia de Dios y de los santos ángeles y si son favorecidos con conocimientos que superan en mucho a los que poseían anteriormente, ¿por qué no habrían de volver a la tierra para iluminar e ilustrar a los vivos? Si, como lo enseñan los teólogos populares, los espíritus de los muertos se ciernen en torno de sus amigos en la tierra, ¿por qué no les sería permitido comunicarse con ellos para prevenirlos del mal o para consolarlos en sus penas? ¿Cómo podrán los que creen en el estado consciente de los muertos rechazar lo que les viene cual luz divina comunicada por espíritus glorificados? Representan un medio de comunicación considerado sagrado, del que Satanás se vale para cumplir sus propósitos. Los ángeles caídos que ejecutan sus órdenes se presentan como mensajeros del mundo de los espíritus. Al mismo tiempo que el príncipe del mal asevera poner a los vivos en comunicación con los muertos, ejerce también su influencia fascinadora sobre las mentes de aquéllos.
Satanás puede evocar ante los hombres la apariencia de sus amigos fallecidos. La imitación es perfecta; los rasgos familiares, las palabras y el tono son reproducidos con una exactitud maravillosa. Muchas personas se consuelan con la seguridad de que sus seres queridos están gozando de las delicias del cielo; y sin sospechar ningún peligro, dan oídos a “espíritus seductores, y a enseñanzas de demonios.”
Después que Satanás ha hecho creer a esas personas que los muertos vuelven en realidad a comunicarse con ellas, hace aparecer a seres humanos que murieron sin preparación. Estos aseguran que son felices en el cielo y hasta que ocupan allí elevados puestos, por lo que se difunde el error de que no se hace diferencia entre los justos y los injustos. Esos supuestos visitantes del mundo de los espíritus dan a veces avisos y advertencias que resultan exactos. Luego que se han ganado la confianza, presentan doctrinas que de hecho destruyen la fe en las Santas Escrituras. Aparentando profundo interés por el bienestar de sus amigos en la tierra, insinúan los errores más peligrosos. El hecho de que dicen algunas verdades y pueden a veces anunciar acontecimientos da a sus testimonios una apariencia de verosimilitud; y sus falsas enseñanzas son aceptadas por las multitudes con tanta diligencia y creídas tan a ciegas, como si se tratara de las verdades más sagradas de la Biblia. Se rechaza la ley de Dios, se desprecia al Espíritu de gracia y se considera la sangre de la alianza como cosa profana. Los espíritus niegan la divinidad de Cristo y hasta ponen al Creador en el mismo nivel que ellos mismos. Bajo este nuevo disfraz el gran rebelde continúa llevando adelante la guerra que empezó en el cielo y que se prosigue en la tierra desde hace unos seis mil años.
Muchos tratan de explicar las manifestaciones espiritistas atribuyéndolas por completo al fraude y a juego de manos de los médiums. Pero, si bien es cierto que muchas veces se han hecho pasar supercherías por verdaderas manifestaciones, no deja de haber habido también manifestaciones de poder sobrenatural. Los llamamientos misteriosos con que empezó el espiritismo moderno no fueron resultado de la superchería o de la astucia humana, sino obra directa de ángeles malos, que introdujeron así uno de los engaños más eficaces para la destrucción de las almas. Muchos hombres serán entrampados por la creencia de que el espiritismo es tan sólo una impostura humana; pero cuando sean puestos en presencia de manifestaciones cuyo carácter sobrenatural no pueda negarse, serán seducidos y obligados a aceptarlas como revelación del poder divino.
Estas personas no toman en cuenta el testimonio de las Santas Escrituras respecto a los milagros de Satanás y de sus agentes. No fué sino mediante la ayuda de Satanás que los nigromantes de Faraón pudieron imitar la acción de Dios. San Pablo declara que antes de la segunda venida de Cristo habrá manifestaciones análogas del poder satánico. La venida del Señor debe ser precedida de la “operación de Satanás, con todo poder, y con señales, y con maravillas mentirosas, y con todo el artificio de la injusticia.” 2 Tesalonicenses 2:9, 10 (VM). Y el apóstol San Juan, describiendo el poder milagroso que se ha de dar a conocer en los últimos días, declara: “Obra grandes prodigios, de tal modo que hace descender fuego del cielo a la tierra, a la vista de los hombres. Y engaña a los que habitan sobre la tierra, por medio de las señales que se le ha dado poder de hacer.” Apocalipsis 13:13, 14 (VM). Lo que se predice aquí no es una simple impostura. Los hombres serán engañados por los milagros que los agentes de Satanás no sólo pretenderán hacer, sino que de hecho tendrán poder para realizar.
El príncipe de las tinieblas, que por tanto tiempo ha estado empleando los poderes de su inteligencia superior en la obra de engaño, adapta hábilmente sus tentaciones a los hombres de todas las clases y condiciones. A las personas cultas y refinadas les presenta el espiritismo bajo sus aspectos más sutiles e intelectuales, y así consigue atraer a muchos a sus redes. La sabiduría que comunica el espiritismo es la que describe el apóstol Santiago, la cual “no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica.” Santiago 3:15. Y esto es, precisamente, lo que encubre el gran seductor cuando el sigilo es lo que más conviene a sus fines. El que, vestido con el brillo de celestiales serafines, pudo aparecer ante Cristo para tentarle en el desierto, suele presentarse también a los hombres del modo más atractivo, cual si fuere ángel de luz. Apela a la razón por la presentación de temas elevados; deleita los sentidos con escenas que cautivan y conquistan los afectos por medio de imágenes elocuentes de amor y caridad. Excita la imaginación en sublimes arrebatos e induce a los hombres a enorgullecerse tanto de su propia sabiduría, que en el fondo de su corazón desprecian al Dios eterno. Ese ser poderoso que pudo transportar al Redentor del mundo a un altísimo monte y poner ante su vista todos los reinos y la gloria de la tierra, presentará sus tentaciones a los hombres y pervertirá los sentidos de todos los que no estén protegidos por el poder divino.
Satanás seduce hoy día a los hombres como sedujo a Eva en el Edén, lisonjeándolos, alentando en ellos el deseo de conocimientos prohibidos y despertando en ellos la ambición de exaltarse a sí mismos. Fué alimentando esos males cómo cayó él mismo, y por ellos trata de acarrear la ruina de los hombres. “Y seréis como Dios—dijo él,—conocedores del bien y del mal.” Génesis 3:5 (VM). El espiritismo enseña “que el hombre es un ser susceptible de adelanto; que su destino consiste en progresar desde su nacimiento, aun hasta la eternidad, hacia la divinidad.” Y además que “cada inteligencia se juzgará a sí misma y no será juzgada por otra.” “El juicio será justo, porque será el juicio que uno haga de sí mismo… El tribunal está interiormente en vosotros.” Un maestro espiritista dijo cuando “la conciencia espiritual” se despertó en él: “Todos mis semejantes eran semídioses no caídos.” Y otro dice: “Todo ser justo y perfecto es Cristo.”
Así, en lugar de la justicia y perfección del Dios infinito que es el verdadero objeto de la adoración; en lugar de la justicia perfecta de la ley, que es el verdadero modelo de la perfección humana, Satanás ha colocado la naturaleza pecadora del hombre sujeto al error, como único objeto de adoración, única regla del juicio o modelo del carácter. Eso no es progreso, sino retroceso.
Hay una ley de la naturaleza intelectual y espiritual según la cual modificamos nuestro ser mediante la contemplación. La inteligencia se adapta gradualmente a los asuntos en que se ocupa. Se asimila lo que se acostumbra a amar y a reverenciar. Jamás se elevará el hombre a mayor altura que a la de su ideal de pureza, de bondad o de verdad. Si se considera a sí mismo como el ideal más sublime, jamás llegará a cosa más exaltada. Caerá más bien en bajezas siempre mayores. Sólo la gracia de Dios puede elevar al hombre. Si depende de sus propios recursos, su conducta empeorará inevitablemente.
A los indulgentes consigo mismos, a los amigos del placer, a los sensuales, el espiritismo se presenta bajo un disfraz menos sutil que cuando se presenta a gente más refinada e intelectual. En sus formas groseras, aquéllos encuentran lo que está en armonía con sus inclinaciones. Satanás estudia todos los indicios de la fragilidad humana, nota los pecados que cada hombre está inclinado a cometer, y cuida luego de que no falten ocasiones para que las tendencias hacia el mal sean satisfechas. Tienta a los hombres para que se excedan en cosas que son legítimas en sí mismas, a fin de que la intemperancia debilite sus fuerzas físicas y sus energías mentales y morales. Ha hecho morir y está haciendo morir miles de personas por la satisfacción de las pasiones, embruteciendo así la naturaleza humana. Y para completar su obra, declara por intermedio de los espíritus, que “el verdadero conocimiento coloca a los hombres por encima de toda ley;” que “cualquier cosa que sea, es buena;” que “Dios no condena;” y que “todos los pecados que se cometen se cometen sin envolver culpabilidad alguna.” Cuando la gente es inducida así a creer que el deseo es ley suprema, que la libertad es licencia y que el hombre no es responsable más que ante sí mismo, ¿quién puede admirarse de que la corrupción y la depravación abunden por todas partes? Las multitudes aceptan con avidez las enseñanzas que les dan libertad para obedecer los impulsos carnales. Se da rienda suelta a la lujuria y el hombre pierde el imperio sobre sí mismo; las facultades del espíritu y del alma son sometidas a los más bestiales apetitos, y Satanás prende alegremente en sus redes a millares de personas que profesan ser discípulos de Cristo.
Pero nadie tiene por qué dejarse alucinar por los asertos engañosos del espiritismo. Dios ha dado a los hombres luz suficiente para que puedan descubrir la trampa. Como ya lo hemos visto, la teoría que constituye el fundamento mismo del espiritismo está en plena contradicción con las declaraciones más terminantes de las Santas Escrituras. La Biblia declara que los muertos no saben nada, que sus pensamientos han perecido; no tienen parte en nada de lo que se hace bajo el sol; no saben nada de las dichas ni de las penas de los que les eran más caros en la tierra.
Además, Dios ha prohibido expresamente toda supuesta comunicación con los espíritus de los muertos. En tiempo de los hebreos había una clase de personas que pretendía, como los espiritistas de nuestros días, sostener comunicaciones con los muertos. Pero la Biblia declara que los “espíritus,” como se solía llamar a los visitantes de otros mundos, son “espíritus de demonios.” [Compárese Números 25:1-3; Salmos 106:28; 1 Corintios 10:20; Apocalipsis 16:14.] La costumbre de tratar con espíritus o adivinos fué declarada abominación para el Señor y era solemnemente prohibida so pena de muerte. Levítico 19:31; 20:27. Aun el nombre de la hechicería es objeto de desprecio en la actualidad. El aserto de que los hombres pueden tener comunicación con malos espíritus es considerado como una fábula de la Edad Media. Pero el espiritismo, que cuenta con centenares de miles y hasta con millones de adherentes, que se ha abierto camino entre las sociedades científicas, que ha invadido iglesias y que ha sido acogido con favor entre los cuerpos legislativos y hasta en las cortes de los reyes—este engaño colosal no es más que la reaparición, bajo un nuevo disfraz, de la hechicería condenada y prohibida en la antigüedad.
Si no existiera otra evidencia tocante a la naturaleza real del espiritismo, debería bastar a todo cristiano el hecho de que los espíritus no hacen ninguna diferencia entre lo que es justo y lo que es pecado, entre el más noble y puro de los apóstoles de Cristo y los más degradados servidores de Satanás. Al representar al hombre más vil como si estuviera altamente exaltado en el cielo, es como si Satanás declarara al mundo: “No importa cuán malos seáis; no importa que creáis o no en Dios y en la Biblia. Vivid como gustéis, que el cielo es vuestro hogar.” Los maestros espiritistas declaran virtualmente: “Todo aquel que obra mal es bueno a los ojos de Jehová, y él se complace en los tales; o si no, ¿dónde está el Dios de juicio?” Malaquías 2:17 (VM). La Palabra de Dios dice: “¡Ay de los que llaman a lo malo bueno, y a lo bueno malo; que ponen tinieblas por luz, y luz por tinieblas!” Isaías 5:20 (VM).
Esos espíritus mentirosos representan a los apóstoles como contradiciendo lo que escribieron bajo la inspiración del Espíritu Santo durante su permanencia en la tierra. Niegan el origen divino de la Biblia, anulan así el fundamento de la esperanza cristiana y apagan la luz que revela el camino hacia el cielo. Satanás hace creer al mundo que la Biblia no es más que una ficción, o cuando mucho un libro apropiado para la infancia de la raza, del que se debe hacer poco caso ahora, o ponerlo a un lado por anticuado. Y para reemplazar la Palabra de Dios ese mismo Satanás ofrece sus manifestaciones espiritistas. Estas están enteramente bajo su dirección y mediante ellas puede hacer creer al mundo lo que quiere. Pone en la obscuridad, precisamente donde le conviene que esté, el Libro que le debe juzgar a él y a sus siervos y hace aparecer al Salvador del mundo como un simple hombre. Así como la guardia romana que vigilaba la tumba de Jesús difundió la mentira que los sacerdotes y los ancianos insinuaron para negar su resurrección, así también los que creen en las manifestaciones espiritistas tratan de hacer creer que no hay nada milagroso en las circunstancias que rodearon la vida de Jesús. Después de procurar así que la gente no vea a Jesús, le llaman la atención hacia sus propios milagros y los declaran muy superiores a las obras de Cristo.
Es cierto que el espiritismo está mudando actualmente sus formas, y echando un velo sobre algunos de sus rasgos más repulsivos, reviste un disfraz cristiano. Pero sus declaraciones hechas desde la tribuna y en la prensa han sido conocidas por el público desde hace muchos años, y revelan su carácter verdadero. Esas enseñanzas no pueden ser negadas ni encubiertas.
Hasta en su forma actual, lejos de ser más tolerable, el espiritismo es en realidad más peligroso que anteriormente, debido a la mayor sutileza de su engaño. Mientras años atrás atacaba a Cristo y la Biblia, declara ahora que acepta a ambos. Pero su interpretación de la Biblia está calculada para agradar al corazón irregenerado, al paso que anula el efecto de sus verdades solemnes y vitales. Los espiritistas hacen hincapié en el amor como si fuese atributo principal de Dios, pero lo rebajan hasta hacer de él un sentimentalismo enfermizo y hacen poca distinción entre el bien y el mal. La justicia de Dios, su reprobación del pecado, las exigencias de su santa ley, todo eso lo pierden de vista. Enseñan al pueblo a que mire el Decálogo como si fuera letra muerta. Fábulas agradables y encantadoras cautivan los sentidos e inducen a los hombres a que rechacen la Biblia como fundamento de su fe. Se niega a Cristo tan descaradamente como antes; pero Satanás ha cegado tanto al pueblo que no discierne el engaño.
Pocas son las personas que tienen justo concepto del poder engañoso del espiritismo y del peligro que hay en caer bajo su influencia. Muchas personas juegan con él sin otro objeto que el de satisfacer su curiosidad. No tienen fe verdadera en él y se llenarían de horror al pensar en abandonarse al dominio de los espíritus. Pero se aventuran en terreno vedado y el poderoso destructor ejerce su ascendiente sobre ellos contra su voluntad. Pero una vez que los induce a abandonar sus inteligencias a su dirección, los mantiene cautivos. Es imposible que con su propia fuerza rompan el encanto hechicero y seductor. Sólo el poder de Dios otorgado en contestación a la fervorosa oración de fe, puede libertar a esas almas prisioneras.
Todos aquellos que conservan y cultivan rasgos pecaminosos de carácter, o que fomentan un pecado conocido, atraen las tentaciones de Satanás. Se separan de Dios y de la protección de sus ángeles, y cuando el maligno les tiende sus redes quedan indefensos y se convierten en fácil presa. Los que de tal suerte se abandonan al poder satánico no comprenden adónde los llevará su conducta. Pero, después de haberlos subyugado por completo, el tentador los empleará como agentes para empujar a otros a la ruina.
El profeta Isaías dice: “Y cuando os dijeren: Acudid a los espíritus y a los adivinos, que chirrían y mascullan; responded: ¿No debe un pueblo acudir más bien a su Dios? ¿por los vivos acaso se ha de acudir a los muertos? ¡A la ley y al testimonio! si no hablaren conforme a esta palabra, son aquellos para quienes no ha amanecido.” Isaías 8:19, 20 (VM). Si los hombres hubiesen querido recibir la verdad tan claramente expresada en las Santas Escrituras, referente a la naturaleza del hombre y al estado de los muertos, reconocerían en las declaraciones y manifestaciones del espiritismo la operación de Satanás con poder y con prodigios mentirosos. Pero en vez de renunciar a la libertad tan cara al corazón pecaminoso y a sus pecados favoritos, la mayoría de los hombres cierra los ojos a la luz y sigue adelante sin cuidarse de las advertencias, mientras Satanás tiende sus lazos en torno de ellos y los hace presa suya. “Por cuanto no admitieron el amor de la verdad, para que fuesen salvos, … Dios les envía la eficaz operación de error, a fin de que crean a la mentira.” 2 Tesalonicenses 2:10, 11 (VM).
Los que se oponen a las enseñanzas del espiritismo atacan no sólo a los hombres, sino también a Satanás y a sus ángeles. Han emprendido la lucha contra principados, potestades y malicias espirituales en los aires. Satanás no cederá una pulgada de terreno mientras no sea rechazado por el poder de mensajeros celestiales. El pueblo de Dios debe hacerle frente como lo hizo nuestro Salvador, con las palabras: “Escrito está.” Satanás puede hoy citar las Santas Escrituras como en tiempo de Cristo, y volverá a pervertir las enseñanzas de ellas para sostener sus engaños. Los que quieran permanecer firmes en estos tiempos de peligro deben comprender por sí mismos el testimonio de las Escrituras.
Muchos tendrán que vérselas con espíritus de demonios que personificarán a parientes o amigos queridos y que proclamarán las herejías más peligrosas. Estos espíritus apelarán a nuestros más tiernos sentimientos de simpatía y harán milagros con el fin de sostener sus asertos. Debemos estar listos para resistirles con la verdad bíblica de que los muertos no saben nada y de que los que aparecen como tales son espíritus de demonios.
Es inminente “la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar a los que moran en la tierra.” Apocalipsis 3:10. Todos aquellos cuya fe no esté firmemente cimentada en la Palabra de Dios serán engañados y vencidos. La operación de Satanás es “con todo el artificio de la injusticia” a fin de alcanzar dominio sobre los hijos de los hombres; y sus engaños seguirán aumentando. Pero sólo puede lograr sus fines cuando los hombres ceden voluntariamente a sus tentaciones. Los que busquen sinceramente el conocimiento de la verdad, y se esfuercen en purificar sus almas mediante la obediencia, haciendo así lo que pueden en preparación para el conflicto, encontrarán seguro refugio en el Dios de verdad. “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré” (Vers. 10), es la promesa del Salvador. El enviaría a todos los ángeles del cielo para proteger a su pueblo antes que permitir que una sola alma que confíe en él sea vencida por Satanás.
El profeta Isaías describe el terrible engaño que seducirá a los impíos y les hará creerse al amparo de los juicios de Dios: “Hemos hecho pacto con la muerte, y con el infierno tenemos hecho convenio; cuando pasare el azote, cual torrente, no nos alcanzará; porque hemos puesto las mentiras por nuestro refugio, y entre los embustes nos hemos escondido.” Isaías 28:15 (VM). En la categoría de personas así descritas se encuentran los que en su impenitencia y obstinación se consuelan con la seguridad de que no habrá castigo para el pecador, de que todos los miembros de la humanidad, por grande que sea su corrupción, serán elevados hasta el cielo para volverse como ángeles de Dios. Pero hay otros quienes de modo mucho más aparente están haciendo un pacto con la muerte y un convenio con el infierno. Son los que renuncian a las verdades que Dios dió como defensa para los justos en el día de congoja, y aceptan el falso refugio ofrecido en su lugar por Satanás, o sea los asertos mentirosos del espiritismo.
La obcecación de los hombres de esta generación es indeciblemente sorprendente. Miles de personas rechazan la Palabra de Dios como si no mereciese fe, mientras aceptan con absoluta confianza los engaños de Satanás. Los incrédulos y escarnecedores denuncian el fanatismo, como lo llaman, de los que luchan por la fe de los profetas y de los apóstoles, y se divierten ridiculizando las solemnes declaraciones de las Santas Escrituras referentes a Cristo, al plan de salvación y a la retribución que espera a los que rechazan la verdad. Fingen tener gran lástima por espíritus tan estrechos, débiles y supersticiosos, que acatan los mandatos de Dios y satisfacen las exigencias de su ley. Hacen alarde de tanto descaro como si en realidad hubiesen hecho un pacto con la muerte y un convenio con el infierno—como si hubiesen elevado una barrera insalvable e indestructible entre ellos y la venganza de Dios. Nada puede despertar sus temores. Se han sometido tan completamente al tentador, están tan ligados a él y tan dominados por su espíritu, que no tienen ni fuerza ni deseos para escapar de su lazo.
Satanás ha estado preparándose desde hace tiempo para su último esfuerzo para engañar al mundo. El cimiento de su obra lo puso en la afirmación que hiciera a Eva en el Edén: “De seguro que no moriréis.” “En el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.” Génesis 3:4, 5 (VM). Poco a poco Satanás ha preparado el camino para su obra maestra de seducción: el desarrollo del espiritismo. Hasta ahora no ha logrado realizar completamente sus designios; pero lo conseguirá en el poco tiempo que nos separa del fin. El profeta dice: “Y vi … tres espíritus inmundos, como ranas: … son espíritus de demonios, que obran prodigios; los cuales salen a los reyes de todo el mundo habitado, a juntarlos para la guerra del gran día del Dios Todopoderoso.” Apocalipsis 16:13, 14 (VM). Todos menos los que estén protegidos por el poder de Dios y la fe en su Palabra, se verán envueltos en ese engaño. Los hombres se están dejando adormecer en una seguridad fatal y sólo despertarán cuando la ira de Dios se derrame sobre la tierra.
Dios, el Señor, dice: “También pondré el juicio por cordel, y la justicia por plomada; y la granizada barrerá el refugio de mentiras, y las aguas arrebatarán vuestro escondrijo. Asimismo vuestro pacto con la muerte será anulado, y vuestro convenio con el infierno no quedará en pie: cuando pasare el azote, cual torrente, vosotros seréis hollados de este invasor.” Isaías 28:17, 18 (VM).

El texto anterior corresponde al capítulo 36 del libro El Conflicto de los Siglos, escrito por Elena G. de White.

El misterio de la inmortalidad

estado de los muertosDesde los tiempos más remotos de la historia del hombre, Satanás se esforzó por engañar a nuestra raza. El que había promovido la rebelión en el cielo deseaba inducir a los habitantes de la tierra a que se uniesen con él en su lucha contra el gobierno de Dios. Adán y Eva habían sido perfectamente felices mientras obedecieron a la ley de Dios, y esto constituía un testimonio permanente contra el aserto que Satanás había hecho en el cielo, de que la ley de Dios era un instrumento de opresión y contraria al bien de sus criaturas. Además, la envidia de Satanás se despertó al ver la hermosísima morada preparada para la inocente pareja. Resolvió hacer caer a ésta para que, una vez separada de Dios y arrastrada bajo su propio poder, pudiese él apoderarse de la tierra y establecer allí su reino en oposición al Altísimo.
Si Satanás se hubiese presentado en su verdadero carácter, habría sido rechazado en el acto, pues Adán y Eva habían sido prevenidos contra este enemigo peligroso; pero Satanás trabajó en la obscuridad, encubriendo su propósito a fin de poder realizar mejor sus fines. Valiéndose de la serpiente, que era entonces un ser de fascinadora apariencia, se dirigió a Eva, diciéndole: “¿Conque Dios os ha dicho: no comáis de todo árbol del huerto?” Génesis 3:1. Si Eva hubiese rehusado entrar en discusión con el tentador, se habría salvado; pero ella se aventuró a alegar con él y entonces fué víctima de sus artificios. Así es como muchas personas son aún vencidas. Dudan y discuten respecto a la voluntad de Dios, y en lugar de obedecer sus mandamientos, aceptan teorías humanas que no sirven más que para encubrir los engaños de Satanás.
“Y respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del jardín bien podemos comer: mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios: No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis. Entonces dijo la serpiente a la mujer: De seguro que no moriréis; antes bien, sabe Dios que en el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.” Vers. 2-5 (VM). La serpiente declaró que se volverían como Dios, que tendrían más sabiduría que antes y que serían capaces de entrar en un estado superior de existencia. Eva cedió a la tentación, y por influjo suyo Adán fué inducido a pecar. Ambos aceptaron la declaración de la serpiente de que Dios no había querido decir lo que había dicho; desconfiaron de su Creador y se imaginaron que les estaba coartando la libertad y que podían ganar gran caudal de sabiduría y mayor elevación quebrantando su ley.
Pero ¿cómo comprendió Adán, después de su pecado, el sentido de las siguientes palabras: “En el día que comieres de él de seguro morirás”? ¿Comprendió que significaban lo que Satanás le había inducido a creer, que iba a ascender a un grado más alto de existencia? De haber sido así, habría salido ganando con la transgresión, y Satanás habría resultado en bienhechor de la raza. Pero Adán comprobó que no era tal el sentido de la declaración divina. Dios sentenció al hombre, en castigo por su pecado, a volver a la tierra de donde había sido tomado: “Polvo eres, y al polvo serás tornado.” Vers. 19. Las palabras de Satanás: “Vuestros ojos serán abiertos” resultaron ser verdad pero sólo del modo siguiente: después de que Adán y Eva hubieron desobedecido a Dios, sus ojos fueron abiertos y pudieron discernir su locura; conocieron entonces lo que era el mal y probaron el amargo fruto de la transgresión.
En medio del Edén crecía el árbol de la vida, cuyo fruto tenía el poder de perpetuar la vida. Si Adán hubiese permanecido obediente a Dios, habría seguido gozando de libre acceso a aquel árbol y habría vivido eternamente. Pero en cuanto hubo pecado, quedó privado de comer del árbol de la vida y sujeto a la muerte. La sentencia divina: “Polvo eres, y al polvo serás tornado,” entraña la extinción completa de la vida.
La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había perdido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no poseía; y no habría quedado esperanza para la raza caída, si Dios, por el sacrificio de su Hijo, no hubiese puesto la inmortalidad a su alcance. Como “la muerte así pasó a todos los hombres, pues que todos pecaron,” Cristo “sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio.” Romanos 5:12; 2 Timoteo 1:10. Y sólo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad. Jesús dijo: “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida.” Juan 3:36. Todo hombre puede adquirir un bien tan inestimable si consiente en someterse a las condiciones necesarias. Todos “los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,” recibirán “la vida eterna.” Romanos 2:7.
El único que prometió a Adán la vida en la desobediencia fué el gran seductor. Y la declaración de la serpiente a Eva en Edén—“De seguro que no moriréis”—fué el primer sermón que haya sido jamás predicado sobre la inmortalidad del alma. Y sin embargo, esta misma declaración, fundada únicamente en la autoridad de Satanás, repercute desde los púlpitos de la cristiandad, y es recibida por la mayoría de los hombres con tanta prontitud como lo fué por nuestros primeros padres. A la divina sentencia: “El alma que pecare, ésa morirá” (Ezequiel 18:20), se le da el sentido siguiente: El alma que pecare, ésa no morirá, sino que vivirá eternamente. No puede uno menos que extrañar la rara infatuación con que los hombres creen sin más ni más las palabras de Satanás y se muestran tan incrédulos a las palabras de Dios.
Si al hombre, después de su caída, se le hubiese permitido tener libre acceso al árbol de la vida, habría vivido para siempre, y así el pecado se habría inmortalizado. Pero un querubín y una espada que arrojaba llamas guardaban “el camino del árbol de la vida” (Génesis 3:24), y a ningún miembro de la familia de Adán le ha sido permitido salvar esta raya y participar de esa fruta de la vida. Por consiguiente no hay ni un solo pecador inmortal.
Pero después de la caída, Satanás ordenó a sus ángeles que hicieran un esfuerzo especial para inculcar la creencia de la inmortalidad natural del hombre; y después de haber inducido a la gente a aceptar este error, debían llevarla a la conclusión de que el pecador viviría en penas eternas. Ahora el príncipe de las tinieblas, obrando por conducto de sus agentes, representa a Dios como un tirano vengativo, y declara que arroja al infierno a todos aquellos que no le agradan, que les hace sentir eternamente los efectos de su ira, y que mientras ellos sufren tormentos indecibles y se retuercen en las llamas eternas, su Creador los mira satisfecho.
Así es como el gran enemigo reviste con sus propios atributos al Creador y Bienhechor de la humanidad. La crueldad es satánica. Dios es amor, y todo lo que él creó era puro, santo, y amable, hasta que el pecado fué introducido por el primer gran rebelde. Satanás mismo es el enemigo que tienta al hombre y lo destruye luego si puede; y cuando se ha adueñado de su víctima se alaba de la ruina que ha causado. Si ello le fuese permitido prendería a toda la raza humana en sus redes. Si no fuese por la intervención del poder divino, ni hijo ni hija de Adán escaparían.
Hoy día Satanás está tratando de vencer a los hombres, como venció a nuestros primeros padres, debilitando su confianza en el Creador e induciéndoles a dudar de la sabiduría de su gobierno y de la justicia de sus leyes. Satanás y sus emisarios representan a Dios como peor que ellos, para justificar su propia perversidad y su rebeldía. El gran seductor se esfuerza en atribuir su propia crueldad a nuestro Padre celestial, a fin de darse por muy perjudicado con su expulsión del cielo por no haber querido someterse a un soberano tan injusto. Presenta al mundo la libertad de que gozaría bajo su dulce cetro, en contraposición con la esclavitud impuesta por los severos decretos de Jehová. Es así como logra sustraer a las almas de la sumisión a Dios.
¡Cuán repugnante a todo sentimiento de amor y de misericordia y hasta a nuestro sentido de justicia es la doctrina según la cual después de muertos los impíos son atormentados con fuego y azufre en un infierno que arde eternamente, y por los pecados de una corta vida terrenal deben sufrir tormentos por tanto tiempo como Dios viva! Sin embargo, esta doctrina ha sido enseñada muy generalmente y se encuentra aún incorporada en muchos de los credos de la cristiandad. Un sabio teólogo sostuvo: “El espectáculo de los tormentos del infierno aumentará para siempre la dicha de los santos. Cuando vean a otros seres de la misma naturaleza que ellos y que nacieron en las mismas circunstancias, cuando los vean sumidos en semejante desdicha, mientras que ellos estén en tan diferente situación, sentirán en mayor grado el goce de su felicidad.” Otro dijo lo siguiente: “Mientras que la sentencia de reprobación se esté llevando a efecto por toda la eternidad sobre los desgraciados que sean objeto de la ira, el humo de sus tormentos subirá eternamente también a la vista de los que sean objeto de misericordia, y que, en lugar de compadecerse de aquéllos, exclamarán: ¡Amén! ¡Aleluya! ¡Alabad al Señor!”
¿En qué página de la Palabra de Dios se puede encontrar semejante enseñanza? ¿Los rescatados no sentirán acaso en el cielo ninguna compasión y ni siquiera un leve asomo de humanidad? ¿Habrán quedado esos sentimientos por ventura substituídos por la indiferencia del estoico o la crueldad del salvaje?—No, mil veces no. No es ésa la enseñanza del Libro de Dios. Los que presentan opiniones como las expresadas en las citas anteriores pueden ser sabios y aun hombres honrados; pero han sido engañados por los sofismas de Satanás. El es quien los induce a desnaturalizar las enérgicas expresiones de las Sagradas Escrituras, dando al lenguaje bíblico un tinte de amargura y malignidad que es propio de él, Satanás, pero no de nuestro Creador. “¡Vivo yo! dice Jehová el Señor, que no me complazco en la muerte del inicuo, sino antes en que vuelva el inicuo de su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros caminos malos, pues ¿por qué moriréis?” Ezequiel 33:11 (VM).
¿Qué ganaría Dios con que creyéramos que él se goza en contemplar los tormentos eternos, que se deleita en oír los gemidos, los gritos de dolor y las imprecaciones de las criaturas a quienes mantiene sufriendo en las llamas del infierno? ¿Pueden acaso esas horrendas disonancias ser música para los oídos de Aquel que es amor infinito? Se alega que esas penas sin fin que sufren los malos demuestran el odio de Dios hacia el pecado, ese mal tan funesto a la paz y al orden del universo. ¡Oh, qué horrible blasfemia! ¡Como si el odio que Dios tiene al pecado fuese motivo para eternizar el pecado! Pues según las enseñanzas de esos mismos teólogos, los tormentos continúos y sin esperanza de misericordia enfurecen sus miserables víctimas, que al manifestar su ira con juramentos y blasfemias, aumentan continuamente el peso de su culpabilidad. La gloria de Dios no obtiene realce con que se perpetúe el pecado al través de los siglos sin fin.
Es incalculable para el espíritu humano el daño que ha producido la herejía de los tormentos eternos. La religión de la Biblia, llena de amor y de bondad, y que abunda en compasión, resulta empañada por la superstición y revestida de terror. Cuando consideramos con cuán falsos colores Satanás pintó el carácter de Dios, ¿podemos admirarnos de que se tema, y hasta se aborrezca a nuestro Creador misericordioso? Las ideas espantosas que respecto de Dios han sido propagadas por el mundo desde el púlpito, han hecho miles y hasta millones de escépticos e incrédulos.
La teoría de las penas eternas es una de las falsas doctrinas que constituyen el vino de las abominaciones de Babilonia, del cual ella da de beber a todas las naciones. Apocalipsis 14:8; 17:2. Es verdaderamente inexplicable que los ministros de Cristo hayan aceptado esta herejía y la hayan proclamado desde el púlpito. La recibieron de Roma, como de Roma también recibieron el falso día de reposo. Es cierto que dicha herejía ha sido enseñada por hombres piadosos y eminentes, pero la luz sobre este asunto no les había sido dada como a nosotros. Eran responsables tan sólo por la luz que brillaba en su tiempo; nosotros tenemos que responder por la que brilla en nuestros días. Si nos alejamos del testimonio de la Palabra de Dios y aceptamos falsas doctrinas porque nuestros padres las enseñaron, caemos bajo la condenación pronunciada contra Babilonia; estamos bebiendo del vino de sus abominaciones.
Muchos a quienes subleva la doctrina de los tormentos eternos se lanzan al error opuesto. Ven que las Santas Escrituras representan a Dios como un ser lleno de amor y compasión, y no pueden creer que haya de entregar sus criaturas a las llamas de un infierno eterno. Pero, como creen que el alma es de por sí inmortal, no ven otra alternativa que sacar la conclusión de que toda la humanidad será finalmente salvada. Muchos son los que consideran las amenazas de la Biblia como destinadas tan sólo a amedrentar a los hombres para que obedezcan y no como debiendo cumplirse literalmente. Así el pecador puede vivir en placeres egoístas, sin prestar atención alguna a lo que Dios exige de él, y esperar sin embargo que será recibido finalmente en su gracia. Semejante doctrina que así especula con la misericordia divina, pero ignora su justicia, agrada al corazón carnal y alienta a los malos en su iniquidad.
Para muestra de cómo los que creen en la salvación universal tuercen el sentido de las Escrituras para sostener sus dogmas deletéreos para las almas, basta citar sus propias declaraciones. En los funerales de un joven irreligioso, muerto instantáneamente en una desgracia, un ministro universalista escogió por texto de su discurso las siguientes palabras que se refieren a David: “Ya estaba consolado acerca de Amnón que era muerto.” 2 Samuel 13:39.
“A menudo me preguntan—dijo el orador—cuál será la suerte de los que mueren en el pecado, tal vez en estado de embriaguez, o que mueren sin haber lavado sus vestiduras de las manchas ensangrentadas del crimen, o como este joven, sin haber hecho profesión religiosa ni tenido experiencia alguna en asuntos de religión. Nos contentamos con citar las Sagradas Escrituras; la contestación que nos dan al respecto ha de resolver tan tremendo problema. Amnón era pecador en extremo; era impenitente, se embriagó y fué muerto en ese estado. David era profeta de Dios; debía saber si Amnón se encontraba bien o mal en el otro mundo. ¿Cuáles fueron las expresiones de su corazón?—‘El rey David deseó ver a Absalom: porque estaba consolado acerca de Amnón que era muerto.’
¿Y qué debemos deducir de estas palabras? ¿No es acaso que los sufrimientos sin fin no formaban parte de su creencia religiosa?—Así lo entendemos nosotros; y aquí encontramos un argumento triunfante en apoyo de la hipótesis más agradable, más luminosa y más benévola de la pureza y de la paz finales y universales. Se había consolado de la muerte de su hijo. ¿Y por qué?—Porque podía con su ojo de profeta echar una mirada hacia el glorioso estado, ver a su hijo muy alejado de todas las tentaciones, libertado y purificado de la esclavitud y corrupciones del pecado, y, después de haber sido suficientemente santificado e ilumínado, admitido a la asamblea de espíritus superiores y dichosos. Su solo consuelo consistía en que su hijo amado al ser recogido del presente estado de pecado y padecimiento, había ido adonde el soplo sublime del Espíritu Santo sería derramado sobre su alma obscurecida; adonde su espíritu se desarrollaría con la sabiduría del cielo y con los dulces transportes del amor eterno, a fin de ser así preparado para gozar con una naturaleza santificada del descanso y de las glorias de la herencia eterna.
“Con esto queremos dar a entender que creemos que la salvación del cielo no depende en nada de lo que podamos hacer en esta vida, ni de un cambio actual de corazón, ni de una creencia actual ni de una profesión de fe religiosa.”
Así es como este profeso ministro de Cristo reitera la mentira ya dicha por la serpiente en Edén: “De seguro que no moriréis.” “En el día que comiereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios.” Afirma que los más viles pecadores—el homicida, el ladrón y el adúltero—serán preparados después de la muerte para gozar de la eterna bienaventuranza. {CS54 594.1}
¿Y de dónde saca sus conclusiones este falseador de las Sagradas Escrituras?—De una simple frase que expresa la sumisión de David a la dispensación de la Providencia. Su alma “deseó ver a Absalom: porque estaba consolado acerca de Amnón que era muerto.” Al mitigarse con el andar del tiempo la acrimonia de su aflicción, sus pensamientos se volvieron del hijo muerto al hijo vivo que se había desterrado voluntariamente por temor al justo castigo de su crimen. ¡Y esto es una evidencia de que el incestuoso y ebrio Amnón fué al morir llevado inmediatamente a la morada de los bienaventurados, para ser purificado y preparado allí para la sociedad de los ángeles inmaculados! ¡Fábula amena, por cierto, muy apropiada para satisfacer el corazón carnal! Es la doctrina del mismo Satanás y produce el efecto que él desea. ¿Es entonces de extrañar que con tales enseñanzas la iniquidad abunde?
La conducta de este falso maestro ilustra la de otros muchos. Desprenden de sus contextos unas cuantas palabras de las Sagradas Escrituras, por más que en muchos casos aquéllos encierren un significado contrario al que se les presta; y esos pasajes así aislados se tuercen y se emplean para probar doctrinas que no tienen ningún fundamento en la Palabra de Dios. El pasaje citado para probar que el borracho Amnón está en el cielo, no pasa de ser una mera conjetura, a la que contradice terminantemente la declaración llana y positiva de las Santas Escrituras de que los dados a la embriaguez no poseerán el reino de Dios. 1 Corintios 6:10. Y así es como los que dudan, los incrédulos y los escépticos convierten la verdad en mentira. Y con tales sofismas se engaña a muchos y se los arrulla en la cuna de una seguridad carnal.
Si fuese cierto que las almas de todos los hombres van directamente al cielo en la hora de la disolución, entonces bien podríamos anhelar la muerte antes que la vida. Esta creencia ha inducido a muchas personas a poner fin a su existencia. Cuando está uno anonadado por los cuidados, por las perplejidades y los desengaños, parece cosa fácil romper el delgado hilo de la vida y lanzarse hacia la bienaventuranza del mundo eterno.
Dios declara positivamente en su Palabra que castigará a los transgresores de su ley. Los que se lisonjean con la idea de que es demasiado misericordioso para ejecutar su justicia contra los pecadores, no tienen más que mirar a la cruz del Calvario. La muerte del inmaculado Hijo de Dios testifica que “la paga del pecado es muerte,” que toda violación de la ley de Dios debe recibir su justa retribución. Cristo, que era sin pecado, se hizo pecado a causa del hombre. Cargó con la culpabilidad de la transgresión y sufrió tanto, cuando su Padre apartó su faz de él, que su corazón fué destrozado y su vida aniquilada. Hizo todos esos sacrificios a fin de redimir al pecador. De ningún otro modo habría podido el hombre libertarse de la penalidad del pecado. Y toda alma que se niegue a participar de la expiación conseguida a tal precio, debe cargar en su propia persona con la culpabilidad y con el castigo por la transgresión.
Consideremos lo que la Biblia enseña además respecto a los impíos y a los que no se han arrepentido, y a quienes los universalistas colocan en el cíelo como santos y bienaventurados ángeles.
“Al que tuviere sed, le daré a beber de la fuente del agua de la vida de balde.” Apocalipsis 21:6 (VM). Esta promesa es sólo para aquellos que tuvieren sed. Sólo aquellos que sienten la necesidad del agua de la vida y que la buscan a cualquier precio, la recibirán. “El que venciere heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo.” Vers. 7 (VM). Aquí también, las condiciones están especificadas. Para heredar todas las cosas, debemos resistir al pecado y vencerlo.
El Señor declara por el profeta Isaías: “Decid al justo que le irá bien.” “¡Ay del impío! mal le irá porque según las obras de sus manos le será pagado.” Isaías 3:10, 11. “Pero aunque el pecador haga mal cien veces—dice el sabio,—y con todo se le prolonguen los días, sin embargo yo ciertamente sé que les irá bien a los que temen a Dios, por lo mismo que temen delante de él. Al hombre malo empero no le irá bien.” Eclesiastés 8:12, 13 (VM). Y San Pablo declara que el pecador se atesora “ira para el día de la ira de la manifestación del justo juicio de Dios; el cual pagará a cada uno conforme a sus obras;” “tribulación y angustia sobre toda persona humana que obra lo malo.” Romanos 2:5, 6, 9.
“Ningún fornicario, ni persona impúdica, u hombre avaro, el cual es idólatra, tiene herencia alguna en el reino de Cristo y de Dios.” Efesios 5:5 (VM). “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14. “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, y los disolutos, y los homicidas, y los idólatras, y cualquiera que ama y hace mentira.” Apocalipsis 22:14, 15.
Dios ha hecho a los hombres una declaración respecto de su carácter y de su modo de proceder con el pecador: “¡Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente, lento en iras y grande en misericordia y en fidelidad; que usa de misericordia hasta la milésima generación; que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, pero que de ningún modo tendrá por inocente al rebelde!” Éxodo 34:6, 7 (VM). “Destruirá a todos los inicuos.” “Los transgresores ¡todos a una serán destruidos; el porvenir de los malos será cortado!” Salmos 145:20; 37:38 (VM). El poder y la autoridad del gobierno de Dios serán empleados para vencer la rebelión; sin embargo, todas las manifestaciones de su justicia retributiva estarán perfectamente en armonía con el carácter de Dios, de un Dios misericordioso, paciente y benévolo.
Dios no fuerza la voluntad ni el juicio de nadie. No se complace en la obediencia servil. Quiere que las criaturas salidas de sus manos le amen porque es digno de amor. Quiere que le obedezcan porque aprecian debidamente su sabiduría, su justicia y su bondad. Y todos los que tienen justo concepto de estos atributos le amarán porque serán atraídos a él por la admiración de sus atributos.
Los principios de bondad, misericordia y amor enseñados y puestos en práctica por nuestro Salvador son fiel trasunto de la voluntad y del carácter de Dios. Cristo declaró que no enseñaba nada que no hubiese recibido de su Padre. Los principios del gobierno divino se armonizan perfectamente con el precepto del Salvador: “Amad a vuestros enemigos.” Dios ejecuta su justicia sobre los malos para el bien del universo, y hasta para el bien de aquellos sobre quienes recaen sus juicios. El quisiera hacerlos felices, si pudiera hacerlo de acuerdo con las leyes de su gobierno y la justicia de su carácter. Extiende hasta ellos las manifestaciones de su amor, les concede el conocimiento de su ley y los persigue con las ofertas de su misericordia; pero ellos desprecian su amor, invalidan su ley y rechazan su misericordia. Por más que reciben continuamente sus dones, deshonran al Dador; aborrecen a Dios porque saben que aborrece sus pecados. El Señor soporta mucho tiempo sus perversidades; pero la hora decisiva llegará al fin y entonces su suerte quedará resuelta. ¿Encadenará él entonces estos rebeldes a su lado? ¿Los obligará a hacer su voluntad?
Los que han escogido a Satanás por jefe, y que se han puesto bajo su poder, no están preparados para entrar en la presencia de Dios. El orgullo, el engaño, la impureza, la crueldad se han arraigado en sus caracteres. ¿Pueden entonces entrar en el cielo para morar eternamente con aquellos a quienes despreciaron y odiaron en la tierra? La verdad no agradará nunca al mentiroso; la mansedumbre no satisfará jamás a la vanidad y al orgullo; la pureza no puede ser aceptada por el disoluto; el amor desinteresado no tiene atractivo para el egoísta. ¿Qué goces podría ofrecer el cielo a los que están completamente absorbidos en los intereses egoístas de la tierra?
¿Acaso podrían aquellos que han pasado su vida en rebelión contra Dios ser transportados de pronto al cielo y contemplar el alto y santo estado de perfección que allí se ve, donde toda alma rebosa de amor, todo semblante irradia alegría, la música arrobadora se eleva en acordes melodiosos en honor a Dios y al Cordero, y brotan raudales de luz del rostro de Aquel que está sentado en el trono e inundan a los redimidos? ¿Podrían acaso aquellos cuyos corazones están llenos de odio hacia Dios y a la verdad y a la santidad alternar con los ejércitos celestiales y unirse a sus cantos de alabanza? ¿Podrían soportar la gloria de Dios y del Cordero?—No, no; años de prueba les fueron concedidos para que pudiesen formar caracteres para el cielo; pero nunca se acostumbraron a amar lo que es puro; nunca aprendieron el lenguaje del cielo, y ya es demasiado tarde. Una vida de rebelión contra Dios los ha inhabilitado para el cielo. La pureza, la santidad y la paz que reinan allí serían para ellos un tormento; la gloria de Dios, un fuego consumidor. Ansiarían huir de aquel santo lugar. Desearían que la destrucción los cubriese de la faz de Aquel que murió para redimirlos. La suerte de los malos queda determinada por la propia elección de ellos. Su exclusión del cielo es un acto de su propia voluntad y un acto de justicia y misericordia por parte de Dios.
Del mismo modo que las aguas del diluvio, las llamas del gran día proclamarán el veredicto de Dios de que los malos son incurables. Ellos no tienen ninguna disposición para someterse a la autoridad divina. Han ejercitado su voluntad en la rebeldía; y cuando termine la vida será demasiado tarde para desviar la corriente de sus pensamientos en sentido opuesto, demasiado tarde para volverse de la transgresión hacia la obediencia, del odio hacia el amor.
Al perdonarle la vida a Caín el homicida, Dios dió al mundo un ejemplo de lo que sucedería si le fuese permitido al pecador seguir llevando una vida de iniquidad sin freno. La influencia de las enseñanzas y de la conducta de Caín arrastraron al pecado a multitudes de sus descendientes, hasta “que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.” “Y corrompióse la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia.” Génesis 6:5, 11.
Fué por misericordia para con el mundo por lo que Dios barrió los habitantes de él en tiempo de Noé. Fué también por misericordia por lo que destruyó a los habitantes corrompidos de Sodoma. Debido al poder engañador de Satanás, los obreros de iniquidad se granjean simpatía y admiración y arrastran a otros a la rebelión. Así sucedió en días de Caín y de Noé, como también en tiempo de Abraham y de Lot; y así sucede en nuestros días. Por misericordia para con el universo destruirá Dios finalmente a los que rechazan su gracia.
“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6:23. Mientras la vida es la heredad de los justos, la muerte es la porción de los impíos. Moisés declaró a Israel: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal.” Deuteronomio 30:15. La muerte de la cual se habla en este pasaje no es aquella a la que fué condenado Adán, pues toda la humanidad sufre la penalidad de su transgresión. Es “la muerte segunda,” puesta en contraste con la vida eterna.
A consecuencia del pecado de Adán, la muerte pasó a toda la raza humana. Todos descienden igualmente a la tumba. Y debido a las disposiciones del plan de salvación, todos saldrán de los sepulcros. “Ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.” Hechos 24:15. “Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.” 1 Corintios 15:22. Pero queda sentada una distinción entre las dos clases que serán resucitadas. “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz [del Hijo del hombre]; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron mal a resurrección de condenación.” Juan 5:28, 29. Los que hayan sido “tenidos por dignos” de resucitar para la vida son llamados “dichosos y santos.” “Sobre los tales la segunda muerte no tiene poder.” Apocalipsis 20:6 (VM). Pero los que no hayan asegurado para sí el perdón, por medio del arrepentimiento y de la fe, recibirán el castigo señalado a la transgresión: “la paga del pecado.” Sufrirán un castigo de duración e intensidad diversas “según sus obras,” pero que terminará finalmente en la segunda muerte. Como, en conformidad con su justicia y con su misericordia, Dios no puede salvar al pecador en sus pecados, le priva de la existencia misma que sus transgresiones tenían ya comprometida y de la que se ha mostrado indigno. Un escritor inspirado dice: “Pues de aquí a poco no será el malo: y contemplarás sobre su lugar, y no parecerá.” Y otro dice: “Serán como si no hubieran sido.” Salmos 37:10; Abdías 16. Cubiertos de infamia, caerán en irreparable y eterno olvido.
Así se pondrá fin al pecado y a toda la desolación y las ruinas que de él procedieron. El salmista dice: “Reprendiste gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre jamás. Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos.” Salmos 9:5, 6. San Juan, al echar una mirada hacia la eternidad, oyó una antífona universal de alabanzas que no era interrumpida por ninguna disonancia. Oyó a todas las criaturas del cielo y de la tierra rindiendo gloria a Dios. Apocalipsis 5:13. No habrá entonces almas perdidas que blasfemen a Dios retorciéndose en tormentos sin fin, ni seres infortunados que desde el infierno unan sus gritos de espanto a los himnos de los elegidos.
En el error fundamental de la inmortalidad natural, descansa la doctrina del estado consciente de los muertos, doctrina que, como la de los tormentos eternos, está en pugna con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, con los dictados de la razón y con nuestros sentimientos de humanidad. Según la creencia popular, los redimidos en el cielo están al cabo de todo lo que pasa en la tierra, y especialmente de lo que les pasa a los amigos que dejaron atrás. ¿Pero cómo podría ser fuente de dicha para los muertos el tener conocimiento de las aflicciones y congojas de los vivos, el ver los pecados cometidos por aquellos a quienes aman y verlos sufrir todas las penas, desilusiones y angustias de la vida? ¿Cuánto podrían gozar de la bienaventuranza del cielo los que revolotean alrededor de sus amigos en la tierra? ¡Y cuán repulsiva es la creencia de que, apenas exhalado el último suspiro, el alma del impenitente es arrojada a las llamas del infierno! ¡En qué abismos de dolor no deben sumirse los que ven a sus amigos bajar a la tumba sin preparación para entrar en una eternidad de pecado y de dolor! Muchos han sido arrastrados a la locura por este horrible pensamiento que los atormentara. ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras a este respecto? David declara que el hombre no es consciente en la muerte: “Saldrá su espíritu, tornaráse en su tierra: en aquel día perecerán sus pensamientos.” Salmos 146:4. Salomón da el mismo testimonio: “Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben.” “También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.” “Adonde tú vas no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.” Eclesiastés 9:5, 6, 10.
Cuando, en respuesta a sus oraciones, la vida de Ezequías fué prolongada por quince años, el rey agradecido, tributó a Dios loores por su gran misericordia. En su canto de alabanza, dice por qué se alegraba: “No te ha de alabar el sepulcro; la muerte no te celebrará; ni esperarán en tu verdad los que bajan al hoyo. El viviente, el viviente sí, él te alabará, como yo, el día de hoy.” Isaías 38:18, 19 (VM). La teología de moda presenta a los justos que fallecen como si estuvieran en el cielo gozando de la bienaventuranza y loando a Dios con lenguas inmortales, pero Ezequías no veía tan gloriosa perspectiva en la muerte. Sus palabras concuerdan con el testimonio del salmista: “Porque en la muerte no hay memoria de ti: ¿Quién te loará en el sepulcro?” Salmos 6:5. “No son los muertos los que alaban a Jehová, ni todos los que bajan al silencio.” Salmos 115:17 (VM).
En el día de Pentecostés, San Pedro declaró que el patriarca David “murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.” “Porque David no subió a los cielos.” Hechos 2:29, 34. El hecho de que David permanecerá en el sepulcro hasta el día de la resurrección, prueba que los justos no van al cielo cuando mueren. Es sólo mediante la resurrección, y en virtud y como consecuencia de la resurrección de Cristo por lo cual David podrá finalmente sentarse a la diestra de Dios.
Y San Pablo dice: “Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo son perdidos.” 1 Corintios 15:16-18. Si desde hace cuatro mil años los justos al morir hubiesen ido directamente al cielo, ¿cómo habría podido decir San Pablo que si no hay resurrección, “también los que durmieron en Cristo, son perdidos”? No habría necesidad de resurrección.
El mártir Tyndale, refiriéndose al estado de los muertos, declaró: “Confieso francamente que no estoy convencido de que ellos gocen ya de la plenitud de gloria en que se encuentran Dios y los ángeles elegidos. Ni es tampoco artículo de mi fe; pues si así fuera, entonces no puedo menos que ver que sería vana la predicación de la resurrección de la carne.”—Guillermo Tyndale, en el prólogo de su traducción del Nuevo Testamento, reimpreso en British Reformers—Tindal, Frith, Barnes, 349.
Es un hecho incontestable que la esperanza de pasar al morir a la felicidad eterna ha llevado a un descuido general de la doctrina bíblica de la resurrección. Esta tendencia ha sido notada por el Dr. Adán Clarke, quien escribió: “¡La doctrina de la resurrección parece haber sido mirada por los cristianos como si tuviera una importancia mucho mayor que la que se le concede hoy! ¿Cómo es eso? Los apóstoles insistían siempre en ella y por medio de ella incitaban a los discípulos de Cristo a que fuesen diligentes, obedientes y de buen ánimo. Pero sus sucesores actuales casi nunca la mencionan. Tal la predicación de los apóstoles, y tal la fe de los primitivos cristianos; tal nuestra predicación y tal la fe de los que nos escuchan. No hay doctrina en la que el Evangelio insista más; y no hay doctrina que la predicación de nuestros días trate con mayor descuido.”—[Commentary on the New Testament, tomo II, comentario general de (1 Corintios 15), pág. 3.]
Y así siguieron las cosas hasta resultar en que la gloriosa verdad de la resurrección quedó casi completamente obscurecida y perdida de vista por el mundo cristiano. Es así que un escritor religioso autorizado, comentando las palabras de San Pablo en 1 Tesalonicenses 4:13-18, dice: “Para todos los fines prácticos de consuelo, la doctrina de la inmortalidad bienaventurada de los justos reemplaza para nosotros cualquier doctrina dudosa de la segunda venida del Señor. Cuando morimos es cuando el Señor viene a buscarnos. Eso es lo que tenemos que esperar y para lo que debemos estar precavidos. Los muertos ya han entrado en la gloria. Ellos no esperan el sonido de la trompeta para comparecer en juicio y entrar en la bienaventuranza.”
Pero cuando Jesús estaba a punto de dejar a sus discípulos, no les dijo que irían pronto a reunírsele. “Voy a prepararos el lugar—les dijo.—Y si yo fuere y os preparare el lugar, vendré otra vez, y os recibiré conmigo.” Juan 14:2, 3 (VM). Y San Pablo nos dice además que “el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.” Y agrega: “Por tanto, consolaos los unos a los otros en estas palabras.” 1 Tesalonicenses 4:16-18. ¡Cuán grande es el contraste entre estas palabras de consuelo y las del ministro universalista citadas anteriormente! Este último consolaba a los amigos en duelo con la seguridad de que por pecaminoso que hubiese sido el fallecido, apenas hubo exhalado su último suspiro, debió ser recibido entre los ángeles. San Pablo recuerda a sus hermanos la futura venida del Señor, cuando las losas de las tumbas serán rotas y “los muertos en Cristo” resucitarán para la vida eterna.
Antes de entrar en la mansión de los bienaventurados, todos deben ser examinados respecto a su vida; su carácter y sus actos deben ser revisados por Dios. Todos deben ser juzgados con arreglo a lo escrito en los libros y recompensados según hayan sido sus obras. Este juicio no se verifica en el momento de la muerte. Notad las palabras de San Pablo: “Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” Hechos 17:31. El apóstol enseña aquí lisa y llanamente que cierto momento, entonces por venir, había sido fijado para el juicio del mundo.
San Judas se refiere a aquel mismo momento cuando dice: “A los ángeles que no guardaron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día.” Y luego cita las palabras de Enoc: “¡He aquí que viene el Señor, con las huestes innumerables de sus santos ángeles, para ejecutar juicio sobretodos!” Judas 6, 14, 15 (VM). San Juan declara que vió “a los muertos, pequeños y grandes, estar en pie delante del trono; y abriéronse los libros; … y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los libros.” Apocalipsis 20:12 (VM).
Pero si los muertos están ya gozando de la bienaventuranza del cielo o están retorciéndose en las llamas del infierno, ¿qué necesidad hay de un juicio venidero? Las enseñanzas de la Palabra de Dios respecto a estos importantes puntos no son obscuras ni contradictorias; una inteligencia mediana puede entenderlas. ¿Pero qué espíritu imparcial puede encontrar sabiduría o justicia en la teoría corriente? ¿Recibirán acaso los justos después del examen de sus vidas en el día del juicio, esta alabanza: “¡muy bien, siervo bueno y fiel, … entra en el gozo de tu Señor!” cuando ya habrán estado habitando con él tal vez durante siglos? ¿Se sacará a los malos del lugar de tormento para hacerles oír la siguiente sentencia del juez de toda la tierra: “¡Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno!”? Mateo 25:21, 41 (VM). ¡Burla solemne! ¡Vergonzosa ofensa inferida a la sabiduría y justicia de Dios!
La teoría de la inmortalidad del alma fué una de aquellas falsas doctrinas que Roma recibió del paganismo para incorporarla en el cristianismo. Martín Lutero la clasificó entre “las fábulas monstruosas que forman parte del estercolero romano” de las decretales. (E. Petavel, Le Problème de l’lmmortalité, tomo 2, pág. 77.) Comentando las palabras de Salomón, en el Eclesiastés, de que los muertos no saben nada, el reformador dice: “Otra prueba de que los muertos son … insensibles… Salomón piensa que los muertos están dormidos y no sienten absolutamente nada. Pues los muertos descansan, sin contar ni los días ni los años; pero cuando se despierten les parecerá como si apenas hubiesen dormido un momento.”—[Lutero, Exposition of Solomon’s Booke Called Ecclesiastes, pág. 152.
En ningún pasaje de las Santas Escrituras se encuentra declaración alguna de que los justos reciban su recompensa y los malos su castigo en el momento de la muerte. Los patriarcas y los profetas no dieron tal seguridad. Cristo y sus apóstoles no la mencionaron siquiera. La Biblia enseña a las claras que los muertos no van inmediatamente al cielo. Se les representa como si estuvieran durmiendo hasta el día de la resurrección. 1 Tesalonicenses 4:14; Job 14:10-12. El día mismo en que se corta el cordón de plata y se quiebra el tazón de oro (Eclesiastés 12:6), perecen los pensamientos de los hombres. Los que bajan a la tumba permanecen en el silencio. Nada saben de lo que se hace bajo el sol. Job 14:21. ¡Descanso bendito para los exhaustos justos! Largo o corto, el tiempo no les parecerá más que un momento. Duermen hasta que la trompeta de Dios los despierte para entrar en una gloriosa inmortalidad. “Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles… Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción, y que este cuerpo mortal se revista de inmortalidad. Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorrupción, y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces será verificado el dicho que está escrito: ¡Tragada ha sido la muerte victoriosamente!” 1 Corintios 15:52-54 (VM). En el momento en que sean despertados de su profundo sueño, reanudarán el curso de sus pensamientos interrumpidos por la muerte. La última sensación fué la angustia de la muerte. El último pensamiento era el de que caían bajo el poder del sepulcro. Cuando se levanten de la tumba, su primer alegre pensamiento se expresará en el hermoso grito de triunfo: “¿Dónde está, oh Muerte, tu aguijón? ¿dónde está, oh Sepulcro, tu victoria?” Vers. 55 (VM).

El texto anterior corresponde al capítulo 34 del libro El Conflicto de los Siglos, escrito por Elena G. de White.

¿Se debe aplaudir en la iglesia?

55539+_manos_aplaudiendoLas siguientes citas son claras, concisas y muestran las enseñanzas de los Testimonios dados por Dios a Su Iglesia en los últimos días.

1. JESÚS NO DESEO LOS APLAUSOS:

Jesús conocía la vanidad de la pompa humana y no prestó atención a su despliegue. En su dignidad de alma, su elevación de carácter, su nobleza de principio, estuvo muy por encima de las vanas modas del mundo… Los mejores círculos de la sociedad humana lo hubieran cortejado, si hubiera consentido en aceptar sus favores, pero no deseó el “APLAUSO” de los hombres… La riqueza, la posición, el rango mundanal en todas sus variedades y distinciones de la grandeza humana, no significaban sino otros tantos grados de pequeñez para Aquel que había dejado el honor la gloria del cielo, y que no poseía esplendor terrenal, no se complacía en el lujo, y no exhibía adornos, sino humildad.
(Review and Herald, 22-12-1891). (A Fin de Conocerle, 3 de Abril).

Jesús era un trabajador silencioso y abnegado. No procuraba fama, riquezas, ni “APLAUSOS”; ni tampoco tenía en cuenta su comodidad y placer. (Review and Herald, 6-1-1885).

2. EL PUEBLO DE DIOS NO DEBE DE DESEAR APLAUSOS:

El honor, la gloria y los “APLAUSOS” del mundo no valen nada para nosotros. (Manuscrito 20, del 18 de marzo de 1894) (Cada día con Dios, 18 de Marzo).

Incluso los hombres buenos necesitan protección, no sea que se envanezcan de tal manera con las bendiciones que Dios les ha dado, que el “APLAUSO” y la alabanza de los mundanos sea para ellos un estímulo para ostentar su gran sabiduría y sus adquisiciones.
(Carta 93, del 3 de julio de 1900, dirigida al pastor G. A. Irwin, presidente en ese entonces de la Asociación General) (Cada día con Dios, 3 de Julio).

Muchos que profesan estar esperando la pronta venida de Cristo, se están conformando a este mundo, y buscan más ansiosamente el “APLAUSO” de los que los rodean, que la aprobación de Dios. (Review and Herald, 10-6-1852).

Mientras os halléis en contacto con el mundo, debéis cuidaros de no buscar ansiosamente el “APLAUSO” de los hombres ni de vivir conformándoos a su opinión. (Testimonies, tomo: 4, Pág.567). (Maranata el Señor Viene, 6 de Agosto).

¿De qué nos serviría cultivar la altivez de espíritu y orar al mismo tiempo por humildad? ¿Cuál sería el beneficio de buscar ansiosamente la amistad y el “APLAUSO” del mundo, y orar al mismo tiempo por los afectos celestiales?…Esto no es velar en oración. (Manuscrito 35, del 8 de enero de 1893).

Os ruego que estudiéis de nuevo la cruz de Cristo. Si todos los orgullosos y vanagloriosos, cuyo corazón anhela recibir el “APLAUSO” de los hombres y alcanzar distinción por encima de sus semejantes, pudiesen estimar correctamente el valor de la más alta gloria terrenal en contraste con el valor del Hijo de Dios, rechazado, despreciado y escupido por aquellos mismos a quienes había venido a redimir, ¡cuán insignificantes parecerían todos los honores que puede conceder el hombre finito! (Joyas de los testimonios, Tomo: 1, pág. 518-519).

3. LOS MINISTROS NO DEBEN DE BUSCAR LOS APLAUSOS:

Dios pide que los ministros del Evangelio no traten de engrandecerse introduciendo adornos artificiales en discursos, que no busquen la alabanza y los “APLAUSOS” humanos, y que no ambicionen un vana manifestación de intelectualidad y elocuencia. Sea la ambición de los ministros investigar cuidadosamente para aprender tanto como sea posible acerca de Dios y de Cristo, a quien él ha enviado. Cuanto más claramente comprenden a Cristo los ministros y aprehendan su espíritu, con tanto mayor poder predicarán la verdad sencilla de la que Cristo es el centro.  (Review and Herald, 24 de marzo, 1896).

Algunos ministros capaces que están ahora predicando la verdad presente, aman la aprobación. El “APLAUSO” los estimula como el vaso de vino al bebedor. Colocad a estos ministros frente a una congregación pequeña que no prometa excitación especial ni provoque oposición definida, y perderán su interés y celo y parecerán tan lánguidos en la obra como el bebedor cuando se ve privado de su dosis de bebida. Estos hombres no llegarán a ser obreros verdaderos y prácticos hasta que hayan aprendido a trabajar sin la excitación del “APLAUSO”  (Joyas de los testimonios, Tomo: 1, pág.321). (Testimonios Selectos, Tomo: 3, Pág. 137). (El Evangelismo, Pág. 136).

4. NUESTROS TRABAJO Y PREDICACIÓN NO DEBE BUSCAR GANAR APLAUSOS:

Nuestra obra para este tiempo no debe ser hecha mediante palabras halagüeñas de sabiduría humana, tal como hacían los oradores paganos para ganar “APLAUSOS”. Hablad con la evidencia del Espíritu y con el poder que sólo Dios puede impartir. Las verdades cruciales para este tiempo deben ser proclamadas por hombres cuyos labios han sido tocados con un carbón encendido tomado del altar de Dios. Una predicación tal contrastará muchísimo con la predicación que generalmente se escucha. Los fieles mensajeros enviados por Dios son un espectáculo para el mundo, para los ángeles y para los hombres, no porque ellos se encumbren sino porque muestran que están fortalecidos y ayudados por el Espíritu. (Manuscrito 165, 1899).

Los que trabajan para obtener “APLAUSOS” no reciben la aprobación de Dios. El Señor espera que sus siervos obren por motivos diferentes.  (Carta 109, del 6 de agosto de 1901, dirigida a un presidente de asociación) (Cada día con Dios, 6 de agosto). (Review and Herald, 4 de julio, 1907).

Si Jesús no recibió Aplausos ni los busco mientras estuvo en este mundo, si no debemos de buscar los Aplausos como sus siervos tampoco, si los ministros (Pastores) no deben de anhelar los ni recibirlos y si nuestra predicación, mensaje y trabajo no deben de recibir Aplausos

El santo sábado

¿Sabe usted que hay un día sumamente importante que casi todo el mundo ha olvidado? ¡Es sorprendente que sólo pocas personas estén al tanto de esto, porque es uno de los días más importantes en la historia de la humanidad! No es tan sólo un día en el pasado, sino que tiene vigencia en el presente y en el futuro. Es más, lo que sucedió en ese olvidado día puede tener un profundo impacto en su vida. ¿Desea conocer algunos asombrosos datos acerca de este día perdido en la historia? Entonces, lea cuidadosamente esta Guía de Estudio.

1. ¿Qué día de la semana observó Cristo?

“Vino [Cristo] a Nazaret, donde se había criado; y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y se levantó a leer” (Lucas 4:16).

Respuesta:   Jesús guardó el Sábado como día santo.

2. ¿Qué día de la semana es el Sábado?

“El séptimo día será reposo para Jehová tu Dios” (Exodo 20:10). “Y como pasó el sábado… muy de mañana, el primer día de la semana, vienen al sepulcro” (Marcos 16:1-2).

Respuesta:   El día de reposo es el séptimo día de la semana, no el primer día (Domingo), como muchos creen. Nótese que en los pasajes mencionados el Sábado es el día que viene precisamente antes del primer día de la semana.

Dios estableció el Sábado en la Semana de la Creación.

3. ¿Quién hizo el Sábado y cuándo?

“En el principio crió Dios los cielos y la tierra”. “Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho. Y bendijo Dios al día séptimo y santificólo porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho” (Génesis 1:1; 2:2-3).

Respuesta:   Dios apartó el Sábado en la creación, cuando hizo el mundo. Descansó el Sábado, y bendijo ese día y lo santificó [lo apartó para un uso santo].

4. ¿Qué dice Dios en los DiezMandamientos (que escribió con su propio dedo), acerca de la observancia del Sábado ?

“Acordarte has del día del reposo para santificarlo: seis días trabajarás, y harás toda tu obra mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó” (Exodo 20:8-11). “Y dióme Jehová las dos tablas de piedra escritas con el dedo de Dios” (Deuteronomio 9:10).

Respuesta:   En el cuarto de los Diez Mandamientos, Dios nos ordena observar el séptimo día como descanso santo. Dios sabía que los hombres olvidarían Su Sábado, de manera que él comenzó el mandamiento con la expresión “acordarte has”. El no ha ordenado a nadie, en ninguna parte, observar ningún otro día.

5. ¿Pero no ha habido cambios en los Diez Mandamientos?

Jesús dice: “Más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley” (Lucas 16:17). Dios dice: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (Salmos 89:34). Los Diez Mandamientos salieron de sus labios. Exodo 20:1 dice: “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo…” [y entonces siguen los Diez Mandamientos en los versículos 2-17].

Respuesta:   ¡Claro que no! Es totalmente imposible que cambie una parte de la Ley de Dios. Todos los Diez Mandamientos están en vigencia hoy.

Pablo y los otros líderes apostólicos guardaron el séptimo día como el día santo de reposo.

6. ¿Observaron el Sábado los apóstoles?

“Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras” (Hechos 17:2). “Ellos [Pablo y Bernabé]… entrando en la sinagoga un día de sábado, sentáronse” (Hechos 3:14). “Y un día de sábado salimos de la puerta junto al río, donde solía ser la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían juntado” (Hechos 16:13). “Y disputaba en la sinagoga todos los sábados y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4).

Respuesta:   Sí, el libro de los Hechos afirma claramente que los apóstoles y la iglesia primitiva guardaban el Sábado.

Los apóstoles enseñaron a los gentiles a observar la santidad del Sábado.

7. ¿Adoraban también los gentiles en el día Sábado?

Dios lo ordenó:
“Bienaventurado el hombre… que guarda el sábado de profanarlo… “Y el hijo del extranjero, allegado a Jehová… todos los que guardaren el sábado de profanarlo… yo los llevaré al monte de mi santidad, y los recrearé en mi casa de oración… porque mi casa, casa de oración será llamada de“todos los pueblos” (Isaías 56:2-7), [el énfasis es nuestro]

Los gentiles lo guardaron:
“Y saliendo ellos de la sinagoga de los judíos, los gentiles les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras” “Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad a oír la Palabra de Dios” (Hechos 13:42, 44), [el énfasis es nuestro]. “Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4).

Respuesta:   Sí. Los apóstoles, en la iglesia del Nuevo Testamento, obedecían los mandamientos de Dios y se reunían con los gentiles convertidos a adorar a Dios en Sábado. Nunca jamás se refieren al Domingo como día santo.

8. Pero, ¿no fue la observancia del Sábado, transferida al Domingo en ocasión de la muerte o resurrección de Cristo?

Respuesta:   No. No existe ni siquiera el más remoto rastro de que el Sábado fuera cambiado en ocasión de la muerte o de la resurrección de Cristo. La Biblia enseña precisamente lo opuesto. Revise cuidadosamente las siguientes evidencias:

A. Dios bendijo el Sábado.
“Jehová bendijo el día del reposo” (Exodo 20:11). “Y bendijo al día séptimo, y lo santificó” (Génesis 2:3).

B. Cristo esperaba que su pueblo continuara guardando el Sábado para el año 70 d.C., cuando Jerusalén fue destruida.
Sabiendo que Jerusalén sería destruida en el año 70 d.C., Jesús amonestó a sus seguidores de ese tiempo, diciendo: “Orad, pues, que vuestra huida [de Jerusalén] no sea en invierno ni en sábado.” (Mateo 24:20). Jesús expresó claramente que él esperaba que el Sábado fuera guardado aun cuarenta años después de su resurrección. De hecho, ninguna insinuación de un cambio se hace en ningún lugar de las Escrituras.

C. Las mujeres que vinieron a ungir el cuerpo de Cristo a su muerte guardaron el Sábado. Jesús murió “la víspera del sábado” (Marcos 15:37, 42), este es el día que hoy se denomina “Viernes Santo”.
Las mujeres prepararon especias y ungüentos para ungir su cuerpo entonces “reposaron el sábado, conforme al mandamiento” (Lucas 23:56). Sólo cuando “pasó el sábado” (Marcos 16:1), vinieron las mujeres, ya en “el primer día de la semana” (Marcos 16:2), para continuar su triste tarea. Ellas se enteraron que “Jesús había resucitado temprano en la mañana del primer día de la semana” (vers. 9).Este día es comúnmente llamado Domingo de Resurrección. Note el día que antecede al Domingo de Resurrección es el día que hoy llamamos Sábado de Gloria o Sábado Santo.

D. San Lucas, el seguidor de Cristo, escribió dos de los libros de la Biblia, el Evangelio que lleva su nombre y Hechos de los Apóstoles.
El dice en Hechos 1:1-3, que en el libro de Lucas, él escribió acerca de “todas las cosas” que Jesús enseñó. Pero él nunca escribió nada acerca de la observancia del domingo o de algún cambio respecto al Sábado.

En el reino eterno de Dios todos guardarán el Sábado.

9. Algunos dicen que el Sábado será observado en el cielo. ¿Es cierto esto?

“Como los cielos nuevos y la nueva tierra, que yo hago, permanecen delante de mí, dice Jehová, así permanecerá vuestra simiente y vuestro nombre. Y será que de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrá toda carne a adorar delante de mí, dijo Jehová” (Isaías 66:22-23).

Respuesta:   Sí, la Biblia dice que en la nueva tierra los redimidos de todas las edades guardarán el Sábado.

10. ¿Pero no es el Domingo el día del Señor?

“Si retrajeres del sábado tu pie [si lo dejares de pisotear], de hacer tu voluntad en mi día santo…” (Isaías 58:13). “Porque Señor es del sábado el Hijo del hombre” (Mateo 12:8).

Respuesta:   La Biblia habla del “día del Señor” en Apocalipsis 1:10. De manera que el Señor tiene un día especial. Pero ningún versículo de las Escrituras dice que el domingo es el día del Señor. En realidad la Biblia llama al Sábado el día del Señor. El único día que bendijo el Señor, el único día reclamado por él como su día, es el sábado, el séptimo día.

11. ¿No debería yo guardar el Domingo en honor a la resurrección?

“No sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo: para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en él a la semejanza de su muerte, así también lo seremos a la de su resurrección… a fin de que no sirvamos más al pecado” (Romanos 6:3-6).

Respuesta:   ¡No! Así como Usted no está obligado a guardar el viernes en honor a la crucifixión, tampoco tiene la obligación de guardar el domingo en honor a la resurrección. Cristo estableció el precepto del bautismo en honor a su muerte, su sepultura y su resurrección. La Biblia en ninguna parte sugiere santificar el domingo en honor a la resurrección. Honramos a Cristo obedeciéndole (Juan 14:15) y no sustituyendo sus mandatos por requisitos establecidos por los hombres.

12. Si la santificación del Domingo no está en la Biblia, ¿de dónde viene?

“Pensará en mudar los tiempos y la ley” (Daniel 7:25). “Habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición”. “En vano me honran, enseñando doctrinas y mandamientos de hombres” (Mateo 15:6, 9). “Diciendo: Así ha dicho el Señor Jehová; y Jehová no había hablado” (Ezequiel 22:28).

Respuesta:   En tiempos pasados hubo hombres extraviados que se arrogaron el derecho de modificar la santa ley, y anunciaron que el día sagrado de Dios había sido cambiado del Sábado al Domingo. Dios predijo que eso ocurriría, y ocurrió. Este error fue pasado a nuestra incauta generación como una verdad del Evangelio. La santificación del Domingo es una tradición de hombres no inspirados, y quebranta la ley de Dios, que ordena la observancia del Sábado. Sólo Dios puede convertir un día determinado en santo. Dios bendijo el sábado, y cuando él bendice, ningún hombre puede revocar esa bendición (Números 23:20).

Cambiar la observancia del Sábado al Domingo es un insulto a Dios porque intenta alterar su divina ley.

Cambiar la observancia del Sábado al Domingo es un insulto a Dios porque intenta alterar su divina ley.

13. ¿Acaso no es muy peligroso manipular indebidamente la ley de Dios para intentar cambiarla?

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Deuteronomio 4:2). “No añadas a sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso” (Proverbios 30:6).

Respuesta:   Dios ha prohibido en forma específica y positiva que se cambie su ley quitando o añadiendo algo. Intentar cambiar la ley de Dios es una de las cosas más terribles y peligrosas que alguien puede hacer.

14. ¿Por qué hizo Dios el Sábado?

A. Como señal de la creación
“Acordarte has del día del reposo para santificarlo… Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó” (Exodo 20:8-11).

B. Como señal de la redención y la santificación.
“Diles también mis sábados, que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Ezequiel 20:12).

Respuesta:   Dios dio el Sábado como una doble señal: (1) Es una señal de que él creó el mundo en seis días literales de 24 horas cada uno y (2) es también una señal del gran poder de Dios para redimir y santificar a los seres humanos. Seguramente que todo cristiano amará el Sábado como una señal preciosa de la creación y de la redención (Exodo 31:13, 17 Ezequiel 20:12, 20). Es un gran insulto para Dios que los hombres pisoteen el Sábado. En Isaías 58:13-14, Dios nos dice que todos los que esperan ser bendecidos por él deberan dejar de pisotear el Sábado.

15. ¿Cuán importante es la observancia del Sábado?

“El pecado es transgresión de la ley” (1 Juan 3:4). “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). “Cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos” (Santiago 2:10). “Cristo padeció… dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). “[Cristo] vino a ser causa de eterna salud [salvación] a todos los que le obedecen” (Hebreos 5:9).

Respuesta:   Es un asunto de vida o muerte. La santificación del Sábado se ordena en el cuarto mandamiento de la ley de Dios. ¡La violación deliberada de alguno de los Diez Mandamientos es pecado! Los cristianos seguirán gozosamente el ejemplo de Cristo en la observancia del Sábado. Nuestra única seguridad reside en estudiar cuidadosamente las Escrituras para conocer “bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15). Debemos tener el apoyo positivo de las Escrituras para toda práctica cristiana que sigamos.

Dios derramará su ira sobre los líderes religiosos que a sabiendas ignoren Su Sábado.

16. ¿Qué siente Dios con respecto a los dirigentes religiosos que pasan por alto el Sábado?

“Sus sacerdotes violentaron mi ley y contaminaron mis santuarios: entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis sábados escondieron sus ojos, y yo era profanado en medio de ellos”. “Por tanto, derramé sobre ellos mi ira” (Ezequiel 22:26, 31).

Respuesta:   Al pretender desconocer el verdadero Sábado de Dios, los dirigentes religiosos ofenden al gran Dios del cielo. Dios promete un seguro castigo para tales falsos pastores. El no puede tartar este tema livianamente. Jesús condenó a los fariseos por pretender amar a Dios, mientras violaban uno de los mandamientos. Véase: Marcos 7:7-13.

17. ¿Me afecta a mí personalmente la observancia del Sábado?

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí” (Romanos 14:12). “El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace” (Santiago 4:17). “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad [de Dios]” (Apocalipsis 22:14). “Aquí está la paciencia de los santos aquí están los que guardan los mandamientos de Dios” (Apocalipsis 14:12).

Respuesta:   Sí, positivamente, el Sábado debe ser su día de reposo. Dios lo hizo para Usted, y si usted lo ama a él, lo guardará, porque es uno de sus
mandamientos. Amor sin cumplimiento de los mandamientos de Dios no es de ninguna manera amor (1 Juan 2:4). Usted tendrá que hacer una decisión, no podrá evitarlo. Nadie puede excusarlo de ese deber. Personalmente tendrá que dar cuenta delante de Dios. Dios le pide que lo ame y lo obedezca ahora.


Preguntas Para Meditar

1. ¿No es el sábado solamente para los judíos?
No. Jesús dijo: “El sábado por causa del hombre es hecho” (Marcos 2:27). No es para los judíos solamente, sino para el hombre en general: para todos los hombres y todas las mujeres sin distinción. Los judíos no existieron hasta 2,500 años después que se estableció el sábado.

2. ¿No es el texto encontrado en Hechos 20:7-12 una prueba de que los discípulos guardaban el domingo como día santo?
De acuerdo con la Biblia, cada día empieza a la puesta del sol y termina cuando el sol se pone al día siguiente. (Véase Génesis 1:5, 8, 13, 19, 23, 31 Levítico 23:32), y la parte oscura del día viene primero. De manera que el sábado empieza el viernes a la puesta de sol y termina el sábado a la puesta de sol. Esta reunión de Hechos 20 se realizaba en la parte oscura del domingo, o como ahora diríamos, el sábado de noche. (En la versión New English Bible,* Hechos 20:7 aparece así: “El sábado de noche, en nuestra asamblea…”).

Era pues una reunión del sábado de noche, y duró hasta la medianoche. Pablo realizaba una gira de despedida y sabía que él no volvería a ver a estas personas antes de su muerte (vers. 25). No es extraño que él predicara tan largo. (Ningún servicio semanal regular hubiera durado toda la noche.) Esta reunión tuvo lugar en la parte oscura del primer día de la semana, lo que en términos modernos diríamos el sábado de noche, porque Pablo estaba listo para partir al día siguiente. El partimiento del pan no tiene ningún significado referente a un día santo, porque “partían el pan en las casas… cada día” (Hechos 2:46). No existe en este pasaje de las Escrituras, la menor indicación de que el primer día fuera santo ni que estos cristianos primitivos lo consideraban así. Ni existe la más remota evidencia de que el sábado fue cambiado. Probablemente se menciona esta reunión sólo por causa del milagro de la resurrección de Eutico. La Biblia se refiere al domingo como a “uno de los seis días de trabajo” en Ezequiel 46:1..”

*(C) Los Delegados de la Oxford University Press y el Sindicato de la Cambridge University Press, 1961, 1970. Usado con permiso.

3. ¿No habla 1 Corintios 16:1-2 de ofrendas en la escuela dominical?
No. No hay en ese pasaje ninguna referencia a una reunión pública. El dinero debía de apartarse privadamente en casa. Se produjo un hambre en Judea (Romanos 15:26 Hechos 11:26-30) y Pablo escribió para pedir que las iglesias del Asia Menor ayudaran. Todos estos cristianos santificaban el sábado, de manera que San Pablo sugirió que todos los domingos de mañana (que era el tiempo en que arreglaban y pagaban las cuentas), después que hubiera pasado el sábado, apartaran algo para sus hermanos necesitados, de manera que pudieran tenerlo a mano cuando él llegara. Esto había de hacerse privadamente, “en casa”, como dice la Biblia de Jerusalén. Aquí tampoco la Biblia se refiere al domingo como un día santo.

4. ¿Pero no se ha perdido el cómputo del tiempo y no se han cambiado los días de la semana desde el tiempo de Cristo?
No. Las enciclopedias y las fuentes fidedignas atestiguan que nuestro séptimo día es el mismo que Jesús santificó. Es un asunto fácil de comprobar a través de una sencilla investigación.

5. ¿Pero no encontramos en Juan 20:19 el relato en los discípulos aparecen instituyendo la observancia del domingo en honor a la resurrección?
Al contrario. Los discípulos todavía no creían que la resurrección hubiera ocurrido (Marcos 16:14). Se habían reunido allí “por temor a los judíos” y tenían las puertas cerradas. Cuando Jesús apareció, “les reprochó… porque no habían creído a los que le habían visto resucitado”. No hay ninguna insinuación de que consideraran el domingo como día santo. Hay solamente 8 versículos en el Nuevo Testamento que mencionan el primer día de la semana. Ninguno de ellos sugiere que ese día es santo, mucho menos que ese día se deba observar como tal.

6. ¿No anula el sábado el texto que encontramos en Colosenses 2:14-17?
De ningún modo. Se refiere solamente a los sábados que eran “la sombra de lo por venir”, y no al Sábado del séptimo día. Había siete días santos anuales que también se llamaban “sábados”, o sea fiestas, en el antiguo Israel. Estos existían “además de los sábados de Jehová” (Levítico 23:38), o sea los Sábados semanales del séptimo día. Todos estos prefiguraban la cruz y terminaron en la cruz, pero el Sábado semanal de Dios fue establecido antes que entrara el pecado, y por lo tanto no podía prefigurar nada relativo a la liberación del pecado. Es por eso que Colosenses 2 establece una diferencia y específicamente menciona, los sábados que eran “una sombra”. Estos siete sábados anuales que fueron abolidos se mencionan en el libro de Levítico capítulo 23.

7. De acuerdo con Romanos 14:5, el día que guardamos es un asunto de opinión personal, ¿no es así?
Note que todo el capítulo trata acerca de juzgar a otros (versículo 4, 10, 13). El punto no es el sábado semanal, que era parte de la ley moral, sino los días de fiesta anuales de la ley ceremonial. Los cristianos judíos estaban criticando a los cristianos gentiles porque no los observaban. Pablo sencillamente les dice que no deben juzgarse el uno al otro. La ley ceremonial ya no está vigente.


Otros temas relacionados:

Declaraciones católicas sobre el sábado.  “Es bueno recordarle a los presbiterianos, bautistas, metodistas y todos los demás cristianos, que la Biblia no los apoya en ningún lugar en su observancia del domingo. El domingo es una institución de la Iglesia Católica Romana, y aquellos que observan el día observan un mandamiento de la Iglesia Católica. “Sacerdote Brady, en un discurso, reportado en el Elizabeth, NJ” Noticias “el 18 de marzo de 1903. Leer más…


 Declaraciones bautistas sobre el sábado.  “Había y hay un mandato para santificar el día del sábado, pero ese día sábado no era domingo. Sin embargo, será fácil, dijo, y con muestra de triunfo, que el sábado fue transferido del séptimo al primer día de la semana, con todos sus deberes, privilegios y sanciones. Si desean ansiosamente información sobre este tema, que he estudiado durante muchos años, me pregunto, dónde puede encontrarse el registro de dicha transacción: No en el Nuevo Testamento… Leer más…


Declaraciones metodistas sobre el sábado. “Esta “acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz,” (Colosenses 2: 14.) Pero la ley moral contenida en los Diez Mandamientos y ejecutadas por los profetas, Él no quitó…. La ley moral se encuentra en una fundación completamente distinta de la ley ceremonial o ritual. … Cada parte de esta ley, debe seguir aplicándose a toda la humanidad y en todas las edades.” John Wesley,” Sermones en varias ocasiones, ” Edición vol. 2, vol. I, páginas 221, 222. Leer más…


La salvación

¡Imagínese lo terrible que sería estar a la deriva en un océano infestado de hambrientos tiburones! Luego imagine también, lo hermoso que sería ser rescatado desde el aire y llevado a un lugar seguro. Lo cierto es que cada ser humano en este planeta está perdido en un mar lleno de peligros. Necesitamos urgentemente que se envíe un rescate, no mediante un bote o un helicóptero, sino uno que venga de parte de nuestro Padre Celestial. Dios nos ama tanto que envió a su Hijo a salvarnos. Usted lo ha oído probablemente con anterioridad, pero ¿está seguro que entiende plenamente este tema? ¿Qué significa para usted, y cómo puede cambiar su vida? ¡Siga leyendo y entérese!

1. ¿Se interesa realmente Dios en mí?

Esto es lo que él dice: “A mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable y yo te amé.” (Isaías 43:4). “Con amor eterno te he amado.” (Jeremías 31:3).

Respuesta:   El amor infinito de Dios por usted y por mí es mucho mayor de lo que podamos imaginarnos. El le ama como si usted fuera la única persona perdida en todo el universo. El habría dado su vida por usted aunque no hubiera habido otros pecadores para redimir. Trate de no olvidar nunca ese hecho. Usted es valioso para él, por eso lo ama.

Nunca ha existido una demostración<br /><br /><br /> de amor tan grande como la cruz.

2. ¿Cómo ha demostrado Dios su amor por nosotros?

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16). “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:10).

Respuesta:   Dios lo amó a usted tan profundamente que estuvo dispuesto a ver a su Hijo único sufrir y morir antes que verse separado de usted por toda la eternidad. ¡Nunca podremos comprenderlo, pero él lo hizo, precisamente por usted y por mí!

3. ¿Cómo podría Él amar a alguien como yo?

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

Respuesta:   Ciertamente, no porque yo lo haya ganado o lo mereciera. Ninguno de nosotros tiene derecho a nada, sino a la paga por el pecado que es la muerte (Romanos 6:23). El amor de Dios es incondicional. El ama a los ladrones, a los adúlteros y a los asesinos. El también ama a los egoístas, a los hipócritas y los blasfemadores profanos. ¡Pero lo más grandioso de todo, es que él me ama a mí! Ya que él sabe que mis pecados me conducirán sólo a la miseria y a la muerte, quiere salvarme de ellos. Esa es la razón por la cual Cristo murió.

La muerte de Jesús representó el pago completo por todos los pecados que usted pudiera llegar a cometer. Cuando usted acepta este don fabuloso, llega a ser parte de la familia personal de Jesús.

4. ¿Cómo me beneficia su muerte?

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios.” (1 Juan 3:1). “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12).

Respuesta:   Cristo murió en mi lugar para satisfacer la pena de muerte que pesaba sobre mí. El nació como un ser humano para poder sufrir la clase de muerte que yo merezco. Luego ofreció darme crédito por lo que él hizo. En otras palabras, su vida impecable es acreditada a mi cuenta, para así poder yo ser contado como justo. Su muerte es aceptada por Dios como pago total por todos mis pecados y malas acciones del pasado. Al aceptar como un regalo lo que él hizo por mí, se me recibe en la familia de Dios como un hijo suyo. ¡Esto es algo que abruma la mente!

Piense en estos hechos sencillos por un momento.

  • Debido a mis pecados, estoy sentenciado a la pena de muerte.
  • No puedo pagar esa pena sin perder la vida eterna, porque si muero por mis pecados, no puedo resucitarme a mí mismo. Moriría para siempre.
  • El hecho es que tengo una deuda que no puedo pagar. Pero llega una amigo de nombre Jesús, y dice: “Yo la pagaré. Yo moriré en tu lugar y te daré crédito por ello. No tendrás que morir por tus pecados”.
  • ¡Debo aceptar la oferta! Muy simple, ¿verdad? Reconozco y acepto públicamente su muerte por mis pecados. ¡En el momento en que lo hago me convierto en hijo o hija de Dios!
5. ¿Cómo puedo yo aceptarlo para de esta manera pasar de muerte a vida?

Simplemente declare o acepte estas tres cosas:

1. Soy un pecador. “Todos han pecado” (Romanos 3:23).

2. Estoy condenado a muerte. “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23).

3. No puedo salvarme a mí mismo. “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).

Luego, declare que cree en tres cosas:

1. El murió por mí. “Para que… gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).

2. El me perdona. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados” (1 Juan 1:9).

3. El me salva. “El que cree en mí tiene vida eterna” (Juan 6:47).

Respuesta:   Pidiendo el gran don de Dios, nuestro Señor Jesucristo, creyendo en él y aceptándolo.

¿Siente como que se ahoga en el pecado? Jesús lo rescatará inmediatamente si usted se lo pide.
¿Siente como que se ahoga en el pecado? Jesús lo rescatará inmediatamente si usted se lo pide.

6. ¿Qué debo hacer para obtener el don de la salvación?

“Siendo justificados gratuitamente por su gracia” (Romanos 3:24). “El hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

Respuesta:   Lo único que usted puede hacer es aceptarlo como un regalo, un don. Sus actos de obediencia no serán de ninguna ayuda en el proceso de la justificación. Todos los que creyendo piden con fe la salvación la recibirán. El pecador más empedernido será aceptado sobre la misma base que el más correcto de los hombres. El pasado no cuenta. Recuerde, Dios ama a todos por igual, y el perdón es para quien lo pida. “Por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don [regalo] de Dios. No por obras para que ninguno se gloríe” (Efesios 2:8-9).

7. Al unirme a su familia por la fe, ¿qué cambio efectúa Jesús en mi vida?

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Respuesta:   Cuando recibo a Cristo en mi corazón él destruye la vieja naturaleza pecaminosa y me convierte en una nueva criatura espiritual. La vieja vida de pecado ahora llega a serme odiosa e indeseable. Gozosamente comienzo a experimentar por primera vez una gloriosa liberación de la culpa y la condenación. Comienzo a ver cuán vacía ha sido mi vida sin Cristo. En vez de alimentarme de las desperdicios que caen debajo de la mesa me convierto en un invitado al banquete del Rey. Un minuto con Dios provee más felicidad que una vida entera sirviendo al diablo. ¡Qué cambio! ¿Por qué esperé tanto tiempo para aceptarlo?

8. Será esta vida transformada realmente más agradable que los placeres de la vida antigua?

Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado, para que… vuestro gozo sea cumplido [esté completo]” (Juan 15:11). “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Respuesta:   Muchos creen que la vida cristiana no será una vida feliz debido a las restricciones y las negaciones que uno debe imponerse. Pero el resultado es todo lo opuesto. Cuando usted acepta el amor de Jesús, surge en su persona una fantástica exuberancia. Una paz y un gozo extraordinarios saturan constantemente su vida. Si usted habla de emociones, la vida cristiana no tiene punto de comparación con la vieja existencia de egoísmo y fracasos. Como una pesadilla, el pasado doloroso se desvanece, y usted experimenta una vida más “abundante”, tal y como lo quiso Dios.

9. ¿Pero cómo puedo yo hacer todas las cosas que un cristiano debe hacer?

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20). “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Respuesta:   Aquí es donde se revela el mayor milagro de la vida cristiana. ¡Usted no tiene que esforzarse en ser bueno! Lo que hace como cristiano es el resultado espontáneo de la presencia de una vida milagrosa que obra en su interior. La obediencia en su vida es la respuesta de amor acostumbrada. Al renacer en Dios, como una nueva criatura, usted quiere obedecerle porque él es ahora parte de su vida. Agradar a alguien a quien usted ama no es una carga, sino un placer. “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en mi corazón” (Salmos 40:8).

10. ¿Quiere decir que ni siquiera los Diez Mandamientos serían difíciles de obedecer?

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). “Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). “El que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado” (1 Juan 2:5).

Respuesta:   La Biblia siempre vincula la obediencia con una relación de amor. El cristiano nacido de nuevo, halla que guardar los Diez Mandamientos no es una lucha ardua. Con todos los pecados pasados cubiertos con la muerte expiatoria de Cristo, mi obediencia presente y futura está arraigada en la vida victoriosa de Jesús que llevo dentro de mí. De hecho, debido a que yo lo amo tan profundamente por haber cambiado mi vida, voy aun más allá de los requerimientos de los Diez Mandamientos. Estudio diariamente la Biblia para obtener indicaciones de la voluntad divina, y trato de encontrar nuevas formas de expresarle mi amor. “Y cuanto pedimos lo recibimos de él, porque guardamos sus Mandamientos y hacemos lo que le agrada” (1 Juan 3:22).

Guardar los Diez Mandamientos con<br /><br /><br /> la intención de ganar la salvación sólo<br /><br /><br /> resultará en penas y desánimo. Pero la<br /><br /><br /> persona que ha experimentado el don<br /><br /><br /> de la salvación se deleita en transitar el<br /><br /><br /> camino de la obediencia a las leyes de Dios.
Guardar los Diez Mandamientos con la intención de ganar la salvación sólo resultará en penas y desánimo. Pero la persona que ha experimentado el don de la salvación se deleita en transitar el camino de la obediencia a las leyes de Dios.

11. ¿Cómo puedo estar seguro de que la obediencia a los mandamientos, mencionada en la Biblia como una característica del pueblo de Dios, no es legalismo?

“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12). “Y ellos [los santos] le han vencido [al dragón, o sea al diablo] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11).

Respuesta:   No hay que confundir obediencia con legalismo. Legalismo es tratar de ganar la salvación realizando buenas obras. Los santos se identifican en el libro de Apocalipsis por cuatro características: (1) guardan los mandamientos, (2) confían en la sangre del Cordero para salvarlos, (3) comparten su fe con otros, y (4) eligen morir antes que pecar. Estas son las verdaderas señales que distinguen a uno que ama a Cristo y ha hecho un pacto de por vida para servirlo y seguirlo.

El bautismo es como una ceremonia matrimonial que me une con Cristo.

12. ¿Qué acto significativo sella la relación de amor de una persona con Cristo, y qué simboliza?

“Somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva… para que el cuerpo del pecado sea destruido” (Romanos 6:4-6). “Os he desposado con un solo esposo para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Corintios 11:2).

Respuesta:   El bautismo simboliza tres eventos significativos en la vida del creyente: (1) muerte al pecado. (2) nacimiento a una nueva vida en Cristo Jesús. (3) casamiento con Cristo por la eternidad. Esta unión espiritual se va haciendo más fuerte y más dulce con el tiempo, a medida que el amor sigue creciendo. Así como ocurre en cualquier matrimonio, cuando el amor desaparece, el paraíso se convierte en un infierno, el hogar se mantiene unido sólo por los compromisos legales. Así también, cuando el cristiano deja de amar a Cristo por encima de todo, su religión existe sólo como el cumplimiento restrictivo de una serie de reglas.

13. ¿Cómo puedo asegurarme que la fe y el amor de mi matrimonio con Cristo continuarán creciendo?

“Escudriñad las Escrituras” (Juan 5:39). “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). “De la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él” (Colosenses 2:6). “Cada día muero” (1 Corintios 15:31).

Respuesta:   Ninguna relación amorosa puede prosperar sin comunicación. El hábito de hablar con Dios por medio de la oración espontánea y el estudio de la Biblia son absolutamente esenciales para que esta relación siga creciendo. La Palabra de Dios constituye una carta de amor que debo leer diariamente para nutrir mi vida espiritual. El conversar con él en oración, profundiza mi devoción, y abre mi mente a un conocimiento más íntimo y emocionante de su amante cuidado por mí. Diariamente aumenta mi sorpresa al descubrir nuevos detalles de la increíble provisión que él ha hecho para mi felicidad.

Dios sella nuestro matrimonio espiritual
Al sellar nuestra unión espiritual por toda la eternidad, Dios ha prometido no abandonarme jamás (Salmo 55:22 Mateo 28:20 Hebreos 13:5), cuidarme en caso de salud o enfermedad (Salmo 41:3 3 Juan 2: Isaías 41:10), y suplir toda necesidad que pueda presentarse en mi vida (Mateo 6:25-34). Así como he recibido a Cristo por fe y experimentado que sus promesas son ciertas, confiaré plenamente en él en toda circunstancia futura, y él nunca me chasqueará.


Preguntas Para Meditar

1. ¿Cómo puede la muerte de un solo hombre pagar la penalidad por los pecados de todo el género humano? Yo he vivido una vida terrible de pecado. Temo que Dios tenga que hacer algo muy especial para hacer expiación por alguien tan malvado.
Romanos 3:23 dice: “Todos han pecado”. Y debido a que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), y puesto que “todos han pecado”, por eso, se requiere “algo especial” para cada ser humano. Unicamente aquel cuya vida es igual a la de todos los hombres podía morir por los pecados del género humano. Debido a que Jesús fue el Creador y el autor de toda vida, la vida que él depuso fue equivalente a la sumatoria de todas las vidas que hayan existido en el planeta. La expiación no sólo debía ser hecha por alguien cuya vida representara a todos los otros seres creados, sino que aquel que murió la muerte expiatoria tendría que tener la capacidad de levantarse de aquella muerte . ¿Por qué? A fin de poder adjudicar los beneficios de la expiación a todos los que la pidieran con fe. “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).

2. Si acepto a Cristo y su perdón, y vuelvo a caer, ¿me perdonará él de nuevo?
Podemos confiar en que Dios nos perdonará de nuevo, si sentimos aflicción por nuestros pecados y los confesamos. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

3. ¿Cómo puedo acercarme a Dios en mi condición pecaminosa? ¿No sería mejor que un sacerdote o un ministro orara por mí?
Puesto que Jesús vivió “en la carne” y “fue tentado en todo según nuestra semejanza” (Hebreos 4:15), tenemos un Dios que puede entendernos y que quiere ser misericordioso con nosotros. En Hebreos 4:16 se nos dice que podemos acercarnos “confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia”. Podemos llegar a Dios directamente por medio de Cristo, sin ningún intermediario. Afianzados en su misericordia, podemos venir a él “confiadamente” en el nombre de Jesús (Juan 14:14). En 1 Timoteo 2:5 se nos dice: “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.””.

4. ¿Hay algo que yo pueda hacer para ayudar a Dios a salvarme?
No. La salvación se logra totalmente por gracia es “el don [el regalo] de Dios” (Romanos 3:24, 4:5 Efesios 2:8-10). Es verdad que a medida que Dios nos concede su gracia mediante la fe, él también nos da el deseo y la fuerza para obedecerlo. Esto resulta en el cumplimiento de sus leyes. De manera que aun esa obediencia es un don de Dios. La obediencia—el servicio y la lealtad del amor—es la verdadera muestra del discipulado, y es un fruto natural de la fe en Cristo. Es su don.

5. Si Dios perdona mis pecados y me restaura a su familia, ¿elimina esto todo futuro castigo por mis pecados,o todavía se necesita que yo realice alguna tipo de penitencia?
Las Escrituras dicen: “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Cristo pagó el precio completo por nuestras transgresiones. Aquellos que lo aceptan por la fe no necesitan realizar ninguna tipo de penitencia para ser limpiados, sino que se considerad que han sido “lavados” en la sangre del Cordero. Isaías 43:25 contiene una hermosa promesa de perdón: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Miqueas 7:18-19 muestra la hermosa actitud de Dios el Redentor, hacia su pueblo: “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados”.

La santa Ley de Dios

Hace muchos siglos, Dios escribió su ley en tablas de piedra, ¡y todavía esa ley está vigente! Es absolutamente cierto que desobedecer cualquier parte de esa ley siempre tendrá consecuencias negativas. Ante la ola de criminalidad que nos azota, pensamos que obedecer las leyes del país ayudaría al mantenimiento de la paz y el orden. ¡El mismo principio se puede también aplicar a la observancia de la Ley de Dios—los Diez Mandamientos—en nuestras vidas! Por algo no se los llama las diez sugerencias, las diez recomendaciones, o las diez ideas más brillantes. Ya que hay tanto en juego, usted debería tomar unos minutos para considerar seriamente sus obligaciones.

“Y las tablas eran la obra de Dios”.

1. ¿En realidad escribió Dios mismo los Diez Mandamientos?

“Y dio Dios a Moisés dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios”. “Y las tablas eran obra de Dios y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas” (Éxodo 31:18; 32:16).

Respuesta:   Sí, el gran Dios del cielo escribió los Diez Mandamientos con su propio dedo en tablas de piedra.

2. ¿Cómo define Dios el pecado?

“El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4).

Respuesta:   El pecado es la infracción o el quebrantamiento de la ley divina de los Diez Mandamientos. Y puesto que la ley de Dios es perfecta (Salmos 19:7) abarca todo pecado concebible. Es imposible cometer un pecado que no esté condenado a lo menos por uno de los Diez Mandamientos de Dios.

3. ¿Por qué nos dio Dios los Diez Mandamientos?

“El que guarda la ley es bienaventurado [feliz]” (Proverbios 29:18). “Tu corazón guarde mis mandamientos; tus días seran largos y los años de vida serán llenos de paz y te aumentarán” (Proverbios 3:1-2).

Respuesta:   A. Como una guía para tener una vida feliz y abundante.
Dios creó al hombre para que gozara de felicidad, paz y larga vida. La ley de Dios es el mapa que señala los caminos verdaderos que deben seguirse para encontrar la felicidad auténtica y suprema.

“Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20). “Yo no conocí el pecado sino por la ley porque tampoco conociera la codicia si la ley no dijera: No codiciarás” (Romanos 7:7).

B. Para mostrar la diferencia entre lo correcto y lo incorrecto.
Los Diez Mandamientos de la ley de Dios son el perfecto código de ética y moralidad para esta hora de perplejidad y confusión. La ley de Dios es como un espejo (Santiago 1:23-25). Señala la mala conducta de mi vida, así como un espejo señala la suciedad de mi cara. La única manera en que una persona puede saber que está pecando es sometiendo su vida al escrutinio de la ley, mirándose en el espejo de la ley.

“Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos [mandamientos]… para que nos vaya bien” (Deuteronomio 6:24). “Sosténme y seré salvo [estaré seguro]. Y me regocijaré siempre en tus estatutos. Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos” (Salmos 119:117-118).

C. Para protegerme de todo peligro y tragedia.
La ley de Dios se puede comparar a una fuerte jaula, como las que hay en el zoológico para protegernos de las fieras que podrían causarnos daño. La ley de Dios nos protege de la impureza, la falsedad, el asesinato, la idolatría, el robo y muchos otros males destructores de la vida, la paz y la felicidad. Todas las buenas leyes protegen, y la ley de Dios no es la excepción.

Nota Especial: Estos eternos principios de la ley de Dios fueron escritos profundamente en la naturaleza de cada persona por Dios que nos creó. Cuando decidimos ignorarlos, el resultado es siempre desgracia, tensión, desasosiego y tragedia, así como ignorar las reglas para conducir nuestro automóvil nos trae serios problemas.

4. ¿Por qué la ley de Dios es sumamente importante para mí como persona?

“Así hablad y así haced como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:12).

Respuesta:   !Porque los Diez Mandamientos son la norma por la cual Dios examinará a los hombres en el juicio celestial. ¿Qué relación tiene usted con la ley? ¡Es un asunto de vida o muerte!

5. ¿Podrá la ley de Dios (los Diez Mandamientos) ser cambiada o abolida?

“Más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley” (Lucas 16:17). “No olvidaré mi pacto, ni me retractare de lo que ha salido de mis labios” (Salmos 89:34). “Fieles [seguros] son todos sus mandamientos, afirmados eternamente y para siempre” (Salmos 111:7-8).

Respuesta:   ¡Absolutamente no! La Biblia es muy clara en este punto. Si la ley hubiera podido ser cambiada, Dios habría hecho ese cambio inmediatamente cuando Adán y Eva pecaron. En vez de eso envió a su propio Hijo a morir en lugar del pecador a fin de pagar la penalidad de la ley quebrantada. Pero el cambio de la Ley era imposible porque los mandamientos no eran leyes similares a las que los hombres promulgan, sino principios eternos reveladores del santo carácter de Dios, principios que estarán siempre vigentes mientras Dios exista.

Note en el cuadro superior que Dios y su ley tienen las mismas características. ¿Comprende lo que esto significa? La ley de Dios (los Diez Mandamientos) es el carácter de Dios expresado mediante una fórmula escrita, de manera que podamos comprenderlo. Es tan imposible cambiar la ley de Dios como bajar a Dios desde su morada para hacer que él cambe. Jesús vino para mostrarnos lo que es la ley (que es la pauta para una vida santa) cuando se la reduce a términos humanos. El carácter de Dios no puede cambiar, tampoco puede cambiar su ley, porque ésta es el carácter de Dios expresado en palabras.

DIOS ES LA LEY ES
BUENO S. Lucas 18:19 1 Timoteo 1:8
SANTO Isaías 5:16 Romanos 7:12
PERFECTO S. Mateo 5:48 Salmos 19:7
PURO 1 Juan 3:2,3 Salmos 19:8
JUSTO Deuteronomio 32:4 Romanos 7:12
VERDAD S. Juan 3:33 Salmos 19:9
ESPIRITUAL 1 Corintios 10:4 Romanos 7:14
JUSTICIA Jeremíass 23:6 Salmos 119:172
FIEL 1 Corintios 1:9 Salmos 119:86
AMOR 1 Juan 4:8 Romanos 13:10
INMUTABLE Santiago 1:17 Mateo 5:18
ETERNO Génesis 21:33 Salmos 111:7, 8
6. ¿Abolió Jesús la ley de Dios mientras vivía aquí en la tierra?

“No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:17-18).

Respuesta:   ¡Por cierto que no! Jesús específicamente aseguró que él no vino para destruir la ley, sino a cumplirla o sea, a guardarla. En lugar de descartar la ley, Jesús amplió su significado o sea, la magnificó (lsaías 42:21), mostrando que ella es una guía perfecta para la vida. Ella abarca todo pecado. Por ejemplo, Jesús señaló que el mandamiento “No matarás” condena el enojo sin control (Mateo 5:21-22) y el odio (1 Juan 3:15), y que los pensamientos impuros son adulterio (Mateo 5:27-28). El dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

7. ¿Pueden salvarse las personas que a sabiendas insisten en violar aunque sea uno de los Diez Mandamientos?

“La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). “Cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, es hecho culpable de todos” (Santiago 2:10).

Respuesta:   ¡No! Se perderán. La ley de los Diez Mandamientos es la guía que debemos usar para encontrar el camino hacia Dios y a una vida santa. Si ignoro uno de los mandamientos, estoy descuidando una parte del divino patrón o plan maestro. La Biblia dice que cuando quebrantamos a sabiendas cualquier mandamiento de Dios, estamos pecando (Santiago 4:17), porque ello equivale a rechazar su voluntad para nosotros. Sólo aquellos que hacen su voluntad podrán entrar en el reino de los cielos. Los pecadores se perderán.

La salvación que proviene de Jesús es un don tan real como los obsequios que se reciben en alguna fecha especial o cumpleaños. Es gratuita, preparada especialmente para nosotros por Jesús.

8. ¿Puede alguien salvarse por guardar la ley?

“Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él [de Dios]” (Romanos 3:20). “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Respuesta:   ¡No! La respuesta es demasiado sencilla para no entenderla. Nadie puede salvarse por guardar la ley. La salvación se recibe solamente por gracia, como un don gratuito de Cristo Jesús. Recibimos este dón gratuito por la fe y no debido a nuestras obras. La ley sirve únicamente como un espejo para señalar el pecado en nuestras vidas. La limpieza o el perdón del pecado se recibe sólo de Cristo.

Nuestras propias normas nunca son<br /><br /> seguras. No puedo saber si soy un<br /><br /> pecador a menos que me mire cuidadosamente en la norma perfecta<br /><br /> de Dios: su ley es un espejo.

9. ¿Por qué, entonces, la ley es esencial para perfeccionar un carácter cristiano?

“Teme a Dios y guarda sus mandamientos: porque esto es todo para el hombre” (Eclesiastés 12:13). “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).

Respuesta:   Porque la pauta o norma total, “el todo del hombre”, o sea, la suma del deber humano para una vida cristiana, está contenida en la ley.Recordamos a un niño de seis años que hizo su propia regla de medir, se midió a sí mismo y le dijo a su madre que él tenía 4 metros de altura. Asimismo nuestras propias normas nunca son seguras. Yo no puedo saber si soy pecador a menos que me compare cuidadosamente con la norma perfecta: la ley de Dios, que es un espejo espiritual. Millones de personas que han echado demonios, han profetizado y han realizado muchos y maravillosos milagros en el nombre de Jesús se perderán (Mateo 7:21-23) porque no se molestaron en comparar su vida con el gran modelo o pauta de la ley. “En esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos” (1 Juan 2:3).

Cuando Jesús vive al corazón, el pasado oscuro y desagradable es reemplazado por su victoriosa presencia.

10. ¿Qué es lo que capacita a un cristiano verdaderamente convertido para seguir la norma de la ley de Dios?

“Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré” (Hebreos 8:10). “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Respuesta:   Cristo no sólo perdona a los pecadores arrepentidos, sino que también restaura en ellos la imagen de Dios poniéndolos en armonía con su ley mediante el poder de su presencia en el corazón. “No harás” se convierte entonces en una promesa de que el cristiano no robará, no mentirá, no matará. Esto se entiende porque Jesús vive dentro de él y domina sus palabras y sus actos. Dios no podía cambiar su ley, pero hizo una bendita provisión por medio de Jesús para cambiar al pecador de manera que pudiera estar a tono con la ley..

El indulto de un gobernador perdona a<br /><br /> un prisionero, pero no le da la libertad<br /><br /> para quebrantar ninguna ley.

11. ¿Es cierto que el cristiano que tiene fe y vive bajo la gracia, ha sido liberado de la observancia de la ley?

“El pecado no se enseñoreará de vosotros: pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera” (Romanos 6:14-15). “¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Romanos 3:31).

Respuesta:   ¡No! La gracia es como el perdón que otorga un gobernador o presidente a un reo. Lo perdona, pero no le da la libertad de violar una sola ley del código. La persona perdonada, que vive bajo la gracia, tiene una doble obligación de cumplir la ley. La persona que rehúsa guardar la ley y dice que vive bajo la gracia está equivocada.

12. ¿Están los diez mandamientos de Dios reafirmados en el Nuevo Testamento?

Respuesta:   Sí, y en forma muy clara. Examine con cuidado lo que sigue.

LA LEY DE DIOS EN EL NUEVO TESTAMENTO LA LEY DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
1. “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” Mateo 4:10. 1. “No tendrás dioses ajenos delante de mí” Exodo 20:3.
2. “Hijitos, guardaos de los ídolos” 1 Juan 5:21. “Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, o escultura de arte y de imaginación de hombres” Hechos 17:29. 2. “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra no te inclinarás a ellas, ni las honrarás porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y que hago misericordia a millares, a los que me aman, y guardan mis mandamientos” Exodo 20:4-6..
3. “Que no sea blasfemado el nombre de Dios” 1 Timoteo 6:1.. 3. “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” Exodo 20:7..
4. “Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día”. “Por lo tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo [el de Dios], también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” Hebreos 4:4,9-10.. 4. “Acuértate del día de reposo para santificarlo, seis días trabajarás, y harás toda tu obra mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día para tanto Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” Exodo 20:8-11..
5. “Honra a tu padre y a tu madre” Mateo 19:19. 5. “Honra a tu padre y a tu madre, por que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” Exodo 20:12..
6. “No matarás” Romanos 13:9. 6. “No matarás” Exodo 20:13..
7. “No adulterarás” Mateo 19:18.. 7. “No cometerás adulterio” Exodo 20:14..
8. “No hurtarás” Romanos 13:9. 8. “No hurtarás” Exodo 20:15..
9. “No dirás falso testimonio” Romanos 13:9.. 9. “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio” Exodo 20:16..
10. “No codiciarás” Romanos 7:7. 10. “No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” Exodo 20:17.

Los sacrificios ceremoniales y los ritos prefiguraban el futuro sacrificio de Jesús.

13. ¿Es la ley de Dios y la ley de Moisés una misma ley?

Respuesta:   No. No es la misma. Estudie las siguientes notas y compárelas cuidadosamente.

Nota: La ley de Moisés fue una ley temporal y ceremonial del Antiguo Testamento que regulaba entre otros, el sacerdocio, los sacrificios, el ritual, las ofrendas de comidas y bebidas. Todo esto prefiguraba la cruz. Los ritos y ceremonias de la ley de Moisés señalaban de antemano el sacrificio de Cristo. Cuando él murió, esta ley caducó. Pero los Diez Mandamientos la ley de Dios permanecen para siempre jamás. Véase Salmos 111:7-8. El hecho de que existan dos leyes aparece muy claro en Daniel 9:10-11.

Nota Especial: Tome nota de que la ley de Dios ha existido por lo menos todo el tiempo en que ha existido el pecado porque la Biblia dice que “donde no hay ley, tampoco hay transgresión [o pecado]” Romanos 4:15. De manera que la ley de los Diez Mandamientos de Dios existió desde el principio. Los seres humanos violaron esa ley. Debido al pecado, o sea a la violación de la ley, la ley de Moisés fue dada, o “añadida” Gálatas 3:16, 19 hasta que Cristo viniera y muriera. Entonces se trata de dos leyes: la ley de Dios y la ley de Moisés.

LEY DE MOISÉS
LEY DE DIOS
Llamada la “ley de Moisés” Lucas 2:22. Llamada la “ley de Jehová” Isaías 5:24.
Llamada “la ley … en orden a ritos” Efesios 2:15. Llamada la “ley real” Santiago 2:8.
Escrita por Moisés en un libro 2 Crónicas 35:12. Escrita por Dios sobre piedra Exodo 31:18 32:16.
Colocada a un lado del arca Deuteronomio 31:26. Colocada dentro del arca Exodo 40:20.
Terminó en la cruz Efesios 2:15. Permancecerá para siempre S. Lucas 16:17.
Añadida por causa del pecado Gálatas 3:19. Señala el pecado Romanos 7:7 3:20.
Contraria a nosotros Colosenses 2:14. No es penosa 1 Juan 5:3.
No juzga a nadie Colosenses 2:14-16. Juzga a todo el mundo Santiago 2:10-12.
Carnal Hebreos 7:16. Espiritual Romanos 7:14.
No perfeccionó a nadie Hebreos 7:19. Perfecta Salmos 19:7.

14. ¿Qué siente el diablo con respecto a los que guardan los Diez Mandamientos?

“El dragón [el diablo] se llenó de ira contra la mujer [la verdadera iglesia], y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios” (Apocalipsis 12:17). “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12).

Respuesta:   El diablo odia a los que respetan la Ley de Dios, porque ésta es la pauta para una vida recta. Si usted resuelve seguir la norma presentada en la Ley de Dios, sentirá la ira del diablo. No es de sorprenderse que el diablo odie y se oponga a los que sostienen la ley de Dios. Pero resulta sorprendente y pasmoso oír a dirigentes de religión que niegan la vigencia de los Diez Mandamientos y menosprecian o disminuyen su importancia mientras al mismo tiempo respetan las tradiciones de los hombres. No es extraño que Cristo dijera: “¿Por qué vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestras tradiciones?” (Mateo 15:3, 9). Y David dijo: “Tiempo es de actuar, oh Jehová, porque han invalidado tu ley” (Salmos 119:126). Es hora de que la sociedad restaure la ley de Dios al lugar que le corresponde. Es insensato que esta generación indisciplinada presuma que puede violar impunemente la ley de Dios.


Preguntas Para Meditar

1. ¿No dice la Biblia que la ley era (o es) “defectuosa”?
No. La Biblia explica que el pueblo era el que tenía defectos (Hebreos 8:7, 8). Y en Romanos 8:3 dice que la ley “era débil por la carne”. Siempre el problema es el mismo. La ley es perfecta, pero el pueblo tenía defectos o debilidades. De manera que Dios hizo posible que su Hijo habitara en sus hijos, “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros” (Romanos 8:4), a través de la presencia de Cristo en nuestras vidas.

2. Gálatas 3:13 dice que somos redimidos de la maldición de la ley. Explique en qué forma se produce esaredención.
La maldición de la ley es la muerte (Romanos 6:23). Cristo gustó la muerte por todos (Hebreos 2:9). Por lo tanto, él nos redimió de la maldición de la ley (la muerte), y en su lugar nos proporciona vida eterna.

3. ¿No nos enseñan Colosenses 2:14-17 y Efesios 2:15, que la ley de Dios quedó abolida en la cruz?
No. Estos dos pasajes se refieren a la ley “de los decretos” o de las “ordenanzas” o sea la ley de Moisés, que era la ley ceremonial que gobernaba el sistema de sacrificios y el sacerdocio. Todas estas ceremonias y este ritual prefiguraban la cruz y dejaron de tener vigencia en ocasión de la muerte de Cristo, pues Dios había añadido la ley de Moisés “hasta que viniese la simiente [Cristo]” (Gálatas 3:19, 16). Aquí no podía estar envuelta la ley de Dios, pues Pablo habló de ella como santa, justa y buena, muchos años después de la cruz (Romanos 7:7, 12).

4. La Biblia dice: “El cumplimiento de la ley es el amor” (Romanos 13:10). Además, en Mateo 22:37-40 se nos ordena amar a Dios y a nuestro prójimo, y termina con las palabras: “De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. ¿No reemplazan estos preceptos a los Diez Mandamientos?
No. Los Diez Mandamientos dependen de estos dos mandamientos como nuestros diez dedos cuelgan de nuestras manos. Son inseparables. El amor a Dios hace que la observancia de los primeros cuatro mandamientos (que se refieren a nuestra relación con Dios) sea un placer. Y el amor a nuestro prójimo hace que observar los últimos seis (que conciernen a nuestros semejantes), sea un gozo. Cuando en realidad amamos a una persona, cumplir con sus órdenes nos resulta un gozo. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Es imposible amar al Señor y no guardar sus mandamientos, porque la Biblia dice: “Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos” (1 Juan 5:3). “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (l Juan 2:4).

5. ¿No dice 2 Corintios 3:7, que la ley grabada en piedra “habrá de perecer”?
El pasaje dice que lo que había de perecer es la gloria del rostro de Moisés, y no la ley grabada en piedra. Vuelva a leer con cuidado todo el pasaje de 2 Corintios 3:3-9. El tema del contexto no es la anulación o el establecimiento de la ley, sino el cambio de ubicación de la ley, que debe ser transferida de las tablas de piedra a las tablas del corazón. Bajo el ministerio de Moisés, la ley estaba en tablas. Bajo el ministerio del Espíritu Santo, por medio de Cristo, la ley es escrita en el corazón (Hebreos 8:10). La ministración que Cristo hace de la ley es eficaz, porque él transfiere esa ley al corazón del cristiano. Así, la observancia de la ley llega a ser una delicia y una manera gozosa de vivir, porque el cristiano tiene verdadero amor tanto hacia Dios como hacia el hombre.

6. Romanos 10:4 dice que “el fin de la ley es Cristo”. Quiere decir que la ley ha tenido su fin, ¿no es así?
“Fin”, en este versículo, quiere decir “propósito” u “objeto, objetivo”, así como en Santiago 5:11. El significado es claro: conducir a los hombres a Cristo—donde encuentran justicia—este es el objetivo, el propósito, o fin de la ley.

7. ¿Por qué tantas personas niegan la vigencia de la ley de Dios y de sus requisitos?
“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (Romanos 8:7-9).

8. ¿Las personas justas del Antiguo Testamento, se salvaron por guardar la ley ?
No. Nadie se ha salvado por guardar la ley. Todos los que se salvaron través de las edades, se salvaron por gracia. Esta “gracia… nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9). La ley sólo señala el pecado. Solamente Cristo puede salvar. Noé encontró gracia (Génesis 6:8). Moisés halló gracia (Éxodo 33:17). Los israelitas en el desierto hallaron gracia (Jeremías 31:2), Abel, Enoc, Abrahán, Isaac, Jacob, José, y muchos otros conocidos personajes del Antiguo Testamento fueron salvados por la fe, de acuerdo con Hebreos capítulo 11. Se salvaron porque miraron hacia el futuro y pusieron su fe y esperanza en la cruz. Nosotros nos salvamos al mirar hacia atrás, a la cruz. La ley es necesaria porque, como un espejo, revela la “suciedad” en nuestra vida. Sin ella, las personas siguen siendo pecadoras, pero no lo advierten. La ley no tiene poder salvador. Sólo puede señalar el pecado. Sólo Jesús puede salvar a una persona de sus pecados. Esto ha sido siempre cierto, aun en los días del Antiguo Testamento (Hechos 4:12; 2 Timoteo 1:9).

9. ¿Por qué preocuparse por la ley? ¿No es la conciencia una guía segura?
¡No! La Biblia habla de una mala conciencia, una conciencia contaminada, una conciencia cauterizada, y ninguna de éstas es segura. “Hay camino que al hombre parece derecho, empero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). Dios dice: “El que confía en su propio corazón es necio” (Proverbios 28:26).

La fascinante profecía de las 2300 tardes y mañanas

daniel.fwEntre las 2.300 profecías de la Biblia, se encuentran más de diez profecías matemáticas exactas. Ellas pueden ser consideradas como el reloj de Dios, pues señalan diversos acontecimientos con exactitud cronométrica.

En este tema, encontrará una de esas cadenas proféticas, de fascinantes revelaciones, ya que se nos muestra: El desarrollo de la historia, reinos que se levantan y caen, el año del bautismo y de la muerte de Cristo, el tiempo cuando sería restaurada la verdad, echada por tierra por el anticristo, y el comienzo del tiempo del fin. ¡Una profecía que vale la pena conocer!

LA PROFECÍA DE DANIEL 8

En la primera parte de este capítulo, (Daniel 8: 3-9) encontramos una visión que tuvo Daniel junto al río Ulai. Primero ve un carnero que tenía dos cuernos, de los cuales uno era más alto que el otro, y hería en diversas direcciones. Luego aparece un macho cabrío con un solo cuerno entre sus ojos, con gran velocidad, de modo que ni tocaba la tierra. Derribó al carnero y se engrandeció. Estando este cuerno en su mayor fuerza aquel gran cuerno fue quebrado y sucedieron cuatro en su lugar. Luego salió un “cuerno pequeño que creció mucho al sur, y al oriente y hacia la tierra gloriosa”.

danielvisEn el mismo capítulo está la explicación que le dio el ángel (vers. 15- 16). El carnero representa “…los reyes de Media y de Persia.” El hecho que hería con sus cuernos al poniente, norte y sur, muestra que sus conquistas se extendieron hacia Grecia, Asia menor (norte) y Egipto (al sur). Es interesante considerar que esta profecía fue dada en el año 550 a.C. cuando aún gobernaba Babilonia. El macho cabrío: “…es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero. Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán, aunque no con la fuerza de él.” Vers. 21-22.

El rey primero mencionado, fue Alejandro Magno. “No tocaba el suelo” alude a su gran velocidad de conquista. En solamente 8 años se adueñó del mundo conocido de entonces. Sus dominios se extendieron hasta la India. En su mayor fuerza, -su apogeo- Alejandro murió. Los cuatro cuernos son sus cuatro generales que ocuparon su trono, dividiéndose el reino en cuatro partes: Macedonia, Tracia, Siria-Babilonia y Egipto. Del cuerno pequeño dice: “…que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa…” “Aún se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra… y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso y prosperó”. “…destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos.” Vers. 9-12, 23-25.

Este cuerno que creció mucho, se refiere a Roma en su doble aspecto: la Roma pagana y la Roma cristiana.

Creció mucho: Sus conquistas se extendieron: Al oriente hacia Grecia y Asia. Al sur, África, Cartago y Egipto. La tierra gloriosa se refiere a Palestina.

Su santuario echó por tierra (vers. 11): Roma se levantó contra el Príncipe de los ejércitos, o sea, Cristo.

En el año 70, los ejércitos romanos destruyeron a Jerusalén.

La Roma cristiana o papal es la continuación de la Roma pagana de los césares. La profecía menciona que: “Destruirá a los santos” (vers. 24) Esto se cumplió por medio de la Inquisición, en la que murieron millones de personas por no compartir la religión oficial.

Luego dice “por él fue quitado el continuo sacrificio” (vers. 11). Por medio de Cristo somos justificados, pues Él intercede por nosotros, pero, la iglesia habla de una serie de mediadores humanos en lugar de Jesús. Con la institución de la misa, en la que el sacerdote se convierte en un intercesor y la enseñanza de la justificación por obras, ha desplazado a Jesucristo.

Echó por tierra la verdad e hizo cuanto quiso, y prosperó: Cambió la ley de Dios; instituyó el domingo en lugar del sábado de la Biblia e introdujo mandamientos humanos.

Luego surge la pregunta: “¿Hasta cuándo durará… la prevaricación…” (vers. 13), en otras palabras: ¿Hasta cuándo va a ocultar este poder la verdad del continuo, o sea, la mediación continua y única de Cristo en favor del pecador? ¿Hasta cuándo será perseguido el pueblo de Dios?

  • ¿Hasta cuándo sería echada por tierra la verdad, o sea pisoteada la ley de Dios?
  • ¿Hasta cuándo va a demorar el juicio?
  • ¿Cuál fue la respuesta?

“Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas, luego el santuario será purificado.” Vers. 14 ¿A qué tiempo se refieren esas 2.300 tardes y mañanas?

diagrama2300dias

“Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin… es para muchos días.” Daniel 8:17 ú. p., 19, 26.

Una de las claves para la interpretación profética, es considerar cada día un año. “…día por año te lo he dado” (Ezequiel 4:6; Números 14:34), de modo que se trata de 2300 años.

El ángel había explicado a Daniel el significado de las bestias, pero no la visión de las 2.300 tardes y mañanas. El no comprenderlo, lo preocupó hasta enfermarlo. Vers. 26-27.

REVELACIONES CLAVES EN LA VISIÓN DE DANIEL 9

Después de una ferviente oración en la que Daniel se humilla ante Dios, llega la respuesta. (Daniel 9:20-23) la explicación detallada de los 2.300 años mencionados en el capítulo anterior.

“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo…” Daniel 9:24. En otras palabras están cortadas de los 2.300, y es el tiempo en que Dios aún reconocería a los judíos como su pueblo. ¿Cuántos años reales son 70 semanas proféticas? Si usamos la clave bíblica: 1 día = 1 año sería: 70 semanas por los siete días de la semana = 490 días proféticos, o sea, años.

¿Qué sucedería durante esos 490 años, el período de gracia para el pueblo judío?

“…poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los Santos.” Daniel 9:24.

Jesús cumplió esto: Al expiar nuestros pecados mediante su sacrificio y sellar la profecía al cumplirse las 333 predicciones que habían sido hechas sobre Él. Él es el Santo de los Santos que fue ungido, ya que la palabra Cristo significa: “Ungido”.

¿Cuándo comenzarían a contarse los 2.300 años y las 70 semanas que eran parte de ellos?

“Sabe, pues y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar a Jerusalén…” Daniel 9:25.

El punto de partida de estos cálculos matemáticos, es el año 457 a.C. (tercer trimestre), cuando Artajerjes rey de Persia, firmó la orden de restaurar la ciudad de Jerusalén. (Esdras 7:7 y Esdras 6:14). Jerusalén estaba desierta, los judíos estaban desterrados en Babilonia.

¿En qué año terminan las 2.300 tardes y mañanas?

Hasta el año cero, tenemos 456 años y un trimestre. Para completar los 2.300 años, nos faltan 1.843 años, y tres trimestres, lo cual nos coloca en el tercer trimestre del año 1.844, de nuestra era. En conclusión, desde el tercer trimestre del año 457 a.C. hasta el tercer trimestre del año 1.844 d.C., tenemos exactamente 2.300 años. El año 1.844 es el punto final, del largo período profético.

LAS PROFECÍA DE LAS 70 SEMANAS

El período de las 70 semanas, o sea, los 490 años está seccionado en varias partes, para marcar diversos acontecimientos.

¿Cuántas semanas habría hasta el Mesías?

“…hasta el Mesías, Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.” Daniel 8:25 – Siete semanas son 49 días, o pero como son días proféticos los consideramos 49 años. Fue el tiempo utilizado en reconstruir el templo y los muros de Jerusalén. ¿A qué año llegamos? Al 408 A.C. (407 y un trimestre).

Para llegar al año del bautismo de Cristo calculamos: 62 semanas por siete, es igual a 434 días proféticos o sea años literales. Descontemos esos años en nuestro diagrama a partir del año 407 (y un trimestre). Nos queda un saldo de 26 años (y tres trimestres). Nos ubica en el año 27 de nuestra era, año en que Jesucristo fue bautizado. “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo…” Gálatas 4:4.

¿En qué año sería crucificado Jesús?

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías… Y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda…” Daniel 9:26-27.

Sería después de las 62 semanas. Para completar las 70 semanas, nos quedaba una semana (siete años). ¿Qué sucedería en esa última semana o siete años? Las 62 semanas terminaban en el año 27. Sumando 7 años, se llega al año 34. A la mitad de la semana, cesarán el sacrificio y la ofrenda. Esto fue en el año 31, exactamente en el mes de Nisán, del calendario hebreo, que corresponde a Abril en el nuestro, en la víspera de la pascua judía. Jesucristo fue crucificado en esa fecha. Primavera del año 31, por orden de Pilatos ¡Cuán exacta es la profecía bíblica!

Terminarían los sacrificios, porque ellos prefiguraban a Jesús. Al morir Él por nuestros pecados, ya no necesitamos derramar sangre de animales. En esa ocasión, el velo del templo se rasgó en dos. (Mateo 27:52).

El plazo concedido a Israel como pueblo de Dios termina al final de las 70 semanas, o sea, 490 años. Este período finaliza en el año 34 d.C. Durante los 3 años y medio después de la muerte de Jesús, se predicó el evangelio exclusivamente a los judíos. En ese tiempo, comenzó una terrible persecución de los judíos contra los cristianos, siendo Esteban, el primer mártir cristiano.

¿Qué sucedería con la ciudad de Jerusalén?

“…y el pueblo de un príncipe que ha de venir, destruirá la ciudad y el santuario…” (vers. 26).

Los ejércitos romanos sitiaron la ciudad de Jerusalén en el año 70 y después de reducirla por hambre, fue tomada por asalto, quemada, y destruida. Más de un millón de sus habitantes fueron muertos.

La exactitud de la profecía bíblica, especialmente estas predicciones matemáticas, son el sello de garantía de la veracidad bíblica y la comprobación irrefutable que la Biblia es inspirada por Dios.

La profecía de las 70 semanas es la prueba más clara e inconfundible de que Jesucristo fue el Mesías prometido. No hay excusa para no creer.

El fin de los 2.300 años, en 1.844, nos señala el tiempo de la restauración de la verdad y de la purificación del santuario. ¿Qué significa eso? Para comprenderlo, debemos estudiar el ritual ordenado por Dios en el santuario, del Antiguo Testamento especialmente el gran día de la reconciliación.

LA PURIFICACIÓN DEL SANTUARIO TERRENAL

Dios ordenó: “Y harán un santuario para mí y habitaré en medio de ellos” Éxodo 25:8.

Desde que el hombre pecó, era necesario derramar la sangre de un animal inocente que sustituya al pecador culpable para recibir perdón “…y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.” Hebreos 9:22. Dios había dicho “El día que del árbol comieres morirás.” El hombre pecó, fue condenado a muerte, pero Cristo se ofreció a morir en su lugar. Hasta que ese momento llegara, moría un animal por cada pecado, en figura hacia Cristo ( Hebreos  9:9).

En el Santuario construido en el desierto había dos divisiones, separadas por un velo: El lugar Santo y el Santísimo.

Al lugar santo entraban “los sacerdotes continuamente para hacer los oficios del culto.” Hebreos 9:6.

En Levíticos 4 se nos presenta diversas clases de pecados:

Si una persona o un anciano del pueblo pecaban, debía de traer un animal perfecto, colocar sus manos sobre él -transfiriendo su culpa- y matarlo. Luego el sacerdote tomaba de esa sangre, mojaba en los cuernos del altar y vertía el resto al pie del mismo.

Si un sacerdote o la congregación de Israel pecaban, debía tomar de la sangre del sacrificio y entrar al lugar santo rociando hacia el velo. Así transfería la culpa al santuario.

Al lugar santísimo entraba “sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre…” Hebreos 9:7.

En el gran día de la expiación era purificado el santuario. Primeramente sacrificaba el sacerdote, un becerro por sí y su familia. Luego tomaba dos machos cabríos, y tiraban suerte sobre ellos, uno por Jehová y otro por Azazel, símbolo de Satanás. El que representaba a Jesús era Sacrificado. Tomaba de esa sangre y entraba al lugar Santísimo, con una nube de incienso, y rociaba con su dedo 7 veces hacia el propiciatorio -el arca del pacto- símbolo del trono de Dios. Allí estaba la luz llamada SHEKINAH, de la presencia divina. La ley quebrantada exigía la muerte del pecador, pero sobre la ley estaba el propiciatorio. Cuando el pontífice esparcía la sangre, la misericordia y el perdón quedaban concedidos. De esa forma, el velo quedaba limpio por la presencia de Dios en ese lugar, y el pueblo quedaba perdonado (Levítico 16:16). Luego traían el macho cabrío vivo, y el sumo sacerdote colocando sus dos manos, confesaba sobre él todos los pecados y lo llevaban al desierto.

EL SANTUARIO CELESTIAL

El santuario terrenal era solamente una proyección, “…de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre.” Hebreos 8:1-2.

Era una “…figura o sombra de las cosas celestiales”, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: “Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.” Hebreos 8:5.

¿Quién es el Sumo Sacerdote del santuario celestial?

“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios.” Hebreos 9:24.

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo” (Apocalipsis 11:19) y Cristo fue visto allí con ropas sacerdotales (Apocalipsis 1:12-15) caminando entre los candeleros. Se presenta con el incensario ante el altar recibiendo las oraciones de los santos -en la figura de un ángel- (Apocalipsis 8:3-4).

¿Qué sangre ofreció Él?

“Y no por sangre de macho cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” Hebreos 9:12.

En Apocalipsis, se menciona un Cordero como inmolado. (Apocalipsis 5:6; 13:8)

Él limpia nuestra conciencia “de obras muertas”, o sea, pecados antiguos “con mejores sacrificios” intercediendo “ahora por nosotros ante Dios” ( Hebreos  9:14, 23-24).

En el Antiguo Testamento, se hacía la expiación por los pecados del pueblo en una fiesta especial, una vez al año. Esto era en realidad un acto de juicio. El sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo para interceder por el pueblo y cuando Dios limpiaba milagrosamente el velo manchado de sangre eran perdonados los pecados del pueblo.

Del mismo modo existe un tiempo especial de juicio en el cielo, para considerar nuestros casos, en el Lugar Santísimo, o sea ante el Padre mismo donde Cristo intercede a nuestro favor.

EL JUICIO INVESTIGADOR

“Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o mala.” Eclesiastés 12:14 (2 Corintios 5:10).

Cuando venga Jesucristo, despierte a sus muertos y lleve a los salvos, ya estará decidido quién se salva y quién se pierde.

De modo que antes se habrá llevado a cabo un juicio investigador. ¿Cuándo será eso?

Existe un día determinado. “Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia” Hechos 17:31 p.p.

El profeta Daniel vio en visión el Juicio Investigador “…el Juez se sentó y los libros fueron abiertos…y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el anciano de días…” (Daniel 7:9-10, 13-14).

Nuestros pecados están registrados en el Santuario de Dios. Se necesita un Juicio Investigador y una obra de purificación. ¿Cuándo comenzaría? “Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” Daniel 8:14. Hemos comprobado anteriormente que estos 2300 días proféticos o sea años reales terminan en el año 1844. De modo que:

  1. Es el comienzo del tiempo del fin.
  2. Es la fecha del restablecimiento de la verdad echada por tierra por el anticristo. Se comienzan a predicar estas solemnes verdades.
  3. Es el comienzo de la séptima y última iglesia: Laodicea.
  4. Es el comienzo del Juicio Investigador en el cielo, la purificación del Santuario, para saber quién se salva y quién se pierde, antes de la Venida de Jesús.

PRONTO TERMINA EL TIEMPO DE GRACIA

Jesús arrojará el incensario (Apocalipsis 8:5) y ya no habrá intercesor. Él exclamará: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el santo santifíquese todavía.” Apocalipsis 22:11.

Nuestras palabras, hechos y hasta los motivos son juzgados. ¡No existe una segunda oportunidad para los que no se arrepienten hoy! (Jeremías 2:22).

¡En este momento puede estarse decidiendo su destino! La norma del juicio será la ley de Dios. Jesús está ansioso por Justificarnos, declararnos salvos por sus méritos. Pero hay sólo un camino: entregarnos a Él. ¿Lo contratarás hoy como tu abogado y defensor dándole tu corazón?

La verdad sobre el infierno

infierno¿Será castigado el impío?

  • Pro.11:21
  • Isa.13:11

¿Cómo llama Dios esa obra?

  • Isaías 28:21

¿Con qué será castigado?

  • Sal.21:8-9
  • Isa.66:15-16
  • Heb.10:27

¿Cuándo será castigado con fuego?

  • 2 Ped.2:9; 3:7;
  • Apo.20:4-9.

¿Dónde será castigado?

  • Pro.11:31
  • Isa.24:21
  • Apo.20:9.

¿En proporción de qué será castigado?

  • Lucas 12:48
  • Apoc. 22:12
  • Rom.2:5-6
  • 2 Cor.5:10
  • Apo.20:11-13.

¿Para quién fue preparado el castigo?

  • Mateo 25:41

¿Qué le sucederá a Satanás?

  • Ezequiel 28:14-19.

¿Cómo se llama este castigo?

  • Apocalipsis 20:14; 21:8

El contraste está entre muerte eterna y vida eterna, no en vida eterna en el infierno y vida eterna en el cielo. El fuego es simplemente la forma en que Dios pondrá fin a los pecadores (2ª Pedro 3:7). El castigo (la paga) es muerte (Romanos 6:23) o lo que es lo mismo, eterna separación de Dios, la fuente de vida.

¿Quiénes están exentos de la segunda muerte?

  • Apocalipsis 20:6, 14, 15

¿Cuál será el efecto final del fuego sobre los impíos?

  • Hebreos 10:27
  • Isaías 1:28
  • Eze. 18:4, 20
  • Mateo 10: 28
  • Isa.47:14
  • Mal.4:1,3
  • Eze.28:18.
  • Sal.37:9-10,38; 92:7
  • Eze.28:19.
  • Abdías 15-16.
  • Job 20:7

¿Qué semejanza hay entre el fuego que consumirá a los impíos y el fuego que consumió a Sodoma y Gomorra?

  • Nombre: Mat. 18:8; 25:41——-Jud. 7
  • Contienen los mismos elementos : Apc.14:10—— Luc. 17:29.
  • Se manifiestan de la misma manera : Sal. 11:6 —- Gen. 19:24
  • Hacen la misma obra Mal. 4:3 –—— 2Ped. 2:6
  • Proceden de la misma persona y del mismo lugar : Ap. 20:9 –— Gn. 19:24
  • ¿Quiénes están exentos de la segunda muerte? Apocalipsis 20:6, 14, 15
  • Para siempre Jud.7; 2Ped.2:6; 1ªSamuel 1:22, 28

¿Cómo quedará la tierra después de esa purificación?

  • 2 Pedro 3:13

PARA RECORDAR

En el Nuevo Testamento, la palabra infierno es traducida de tres palabras griegas:

  • Hades. El mundo de abajo, el lugar de la muerte, la tumba. Es equivalente a Seol (palabra hebrea) en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, es usada en Hechos 2:27, 31, mencionando el Salmo 16:10.
  • Gehena. Lugar de quemar. Esta palabra viene del Valle de Hinon, un lugar en las afueras de Jerusalén, donde se quemaban desperdicios y los cuerpos muertos de animales o criminales. El fuego era continuo, y lo que el fuego no consumía, lo hacían los gusanos. Así vino a ser un símbolo de aniquilación y es usado para nombrar el lago de fuego que destruirá a los malvados. Mateo 3:12
    Tartarus. Esta palabra, aparece una sola vez en 2 Pedro 2:4, Oscuridad. Se usa para describir la oscuridad que rodeó a Satanás y sus ángeles cuando se separaron de Dios y del cielo, así como de la oscuridad que hay en la tierra a causa de la presencia del príncipe de las tinieblas (Isaías 60:2).

Desarrollo doctrinal de los descendientes del Movimiento Millerita

INVITACIÓN, LOS SÁBADOS DE AQUÍ A DICIEMBRE, ESTAREMOS ESTUDIANDO ESTA MARAVILLOSA SERIE EN NUESTRA IGLESIA EN SARCHÍ.

Este material, cuenta con derechos de autor. Se prohíbe su reproducción sin el permiso por escrito del autor quien es el poseedor de los derechos de autor. Su publicación por cualquier medio impreso o electrónico, para el cristiano verdadero, sin permiso, constituye un pecado, como lo es robar.

SERIE: Desarrollo doctrinal entre los descendientes del Movimiento Millerita

por el hermano José Solano

misionero@reformistas.org

William_MillerCuando hablamos de los descendientes del Movimiento Millerita, frecuentemente tendemos a pensar en que los adventistas del séptimo día, en todas sus variedades son sus únicos sobrevivientes. Sin embargo, para sorpresa de muchos, al día de hoy existe una variedad de denominaciones de variado tamaño, que trazan sus orígenes abierta o solapadamente, a la obra de Guillermo Miller.

Entre estos grupos, los más sobresalientes son:

  • (1845) la iglesia cristiana adventista (dominical) en Charlotte, Carolina del Norte, que fue el grupo que después del chasco absorbió a la mayoría de los dirigentes milleristas después de la Conferencia de Albany y es el único grupo millerita, que se considera a sí mismo como “evangélico.”
  • (1850) la Iglesia de Dios en la Fe Abrahámica y sus dos sobrevivientes actuales: – (1921) La Conferencia General de la Iglesia de Dios (McDonough, Georgia) y – (1921) La Iglesia de la Bendita Esperanza (relacionada actualmente con los cristadelfianos)
  • (1858) la iglesia de Dios adventista, representada actualmente con tres grupos principales: -(1863) La Conferencia General de la Iglesia de Dios del Séptimo Día (Denver, Colorado),- (1933) El Concilio General de la Iglesia de Dios (7mo. Día) en Salem, Virginia Occidental y – (1933) El Concilio General de la Iglesia de Dios del Séptimo Día (Jerusalén)
  • (1870) los estudiantes de la Biblia, que son descendientes directos del Movimiento Millerita por medio de un grupo ya extinto de la iglesia de Dios adventista. Cabe resaltar que los estudiantes de la biblia como se llamaban originalmente, sacaron sus creencias de los tres principales grupos de adventistas dominicales de esa época: Vida y Unión; Las iglesias de Dios adventistas de la edad por venir (Segunda oportunidad de salvación durante el milenio) y la iglesia cristiana adventista. (1931) Hoy el grupo más grande conocido de estudiantes de la Biblia son los testigos de Jehová.
  • (1933) los grupos de la iglesia de Dios que creen que Herbert Armstrong es el Elías del fin.

Esto, claro sin tomar al grupo más numeroso de creyentes milleritas que son los adventistas del Séptimo Día, con sus principales vertientes:

  • (1863) La Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día
  • (INICIOS DE LOS 1900) Los Adventistas del séptimo día libres
  • (1914-1925) La Conferencia General de la Sociedad Misionera Internacional de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, Movimiento de Reforma y su grupo disidente (1951) la Conferencia General de los del Adventistas del Séptimo Día, Movimiento de Reforma.
  • (1931) La Vara del Pastor y su variedad actual de grupos conocidos como Davidianos Adventistas del Séptimo Día.
  • Los adventistas anti-trinitarios
  • Los grupos de sostén propio.
  • El movimiento de iglesias de hogar.
  • Otros más.

TODOS estos grupos, no solo comparten un origen común, si no, que tienen una serie de creencias doctrinales que los distinguen del resto de la cristiandad. En esta serie, presentada primeramente en la congregación Filadeldia de los Reformadores Adventistas del Séptimo Día, en Sarchí, Costa Rica, estudiaremos, un poco del trasfondo histórico de estos grupos y examinaremos en el contexto bíblico algunas de las doctrinas distintivas del millerismo y su desarrollo dentro de sus descendientes.

  • ¿Ir o no ir al cielo?
  • Mil años ¿en dónde y cómo?
  • El castigo final de los impíos ¿simbólico o literal?
  • ¿Sábado, domingo o cualquier día?
  • ¿Puede una mujer hablar en la congregación?
  • ¿Se comunica Dios hoy con su Pueblo? ¿Cómo y por qué medio?
  • El diablo ¿Mito o realidad?
  • Profecías de tiempo ¿Fábula o realidad?
  • Las bestias, el anticristo y la crisis final.

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