Autor: misionero (Página 6 de 28)

El lavamiento de los pies y la santa cena

Creemos que el Señor Jesucristo, nos dio un ejemplo de humildad que debe ser practicado en la iglesia de Dios: el lavamiento de los pies. (Juan 13:1-17.) El mismo, debe ser practicado entre los miembros bautizados y en plena comunión con nuestro ministerio, de la siguiente manera: hombres con hombres y mujeres con mujeres, en recintos separados, para evitar toda apariencia de maldad (1 Tesalonicenses 5:22).

“Estas palabras significaban más que la limpieza corporal. Cristo estaba hablando todavía de la purificación superior ilustrada por la inferior. … Cuando Jesús se ciñó con una toalla para lavar el polvo de sus pies, deseó por este mismo acto lavar el enajenamiento, los celos y el orgullo de sus corazones. Esto era mucho más importante que lavar sus polvorientos pies. Con el espíritu que entonces manifestaban, ninguno de ellos estaba preparado para tener comunión con Cristo. Hasta que fuesen puestos en un estado de humildad y amor, no estaban preparados para participar en la cena pascual o del servicio recordativo que Cristo estaba por instituir.” –El Deseado de Todas las Gentes, págs. 602, 603.

La Santa Cena
Creemos que además, el Hijo de Dios, dejó la ordenanza a su iglesia, de recordar sus sufrimientos y su muerte, mediante la Santa Cena. El pan simboliza el cuerpo de Jesucristo, y el vino sin fermentar es símbolo de su sangre derramada. (Mateo 26:26-28; 1 Corintios 10:16, 17; 11:23-26.)

“Mientras comía la pascua con sus discípulos, instituyó en su lugar el rito que había de conmemorar su gran sacrificio. … Delante de él estaban los panes sin levadura que se usaban en ocasión de la Pascua. El vino de la Pascua, exento de toda fermentación, estaba sobre la mesa. Estos emblemas empleó Cristo para representar su propio sacrificio sin mácula. Nada que fuese corrompido por la fermentación, símbolo de pecado y muerte, podía representar al ‘Cordero sin mancha y sin contaminación’. “ –El Deseado de Todas las Gentes, págs. 608, 609.

“Los ritos del bautismo y de la cena del Señor son dos columnas monumentales, una fuera de la iglesia y la otra dentro de ella. Sobre estos ritos, Cristo ha inscrito el nombre del verdadero Dios.” –Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 389.

Solo puede participar quien ha hecho el pacto con Dios por medio del bautismo y ha llegado a ser miembro de iglesia. “Y Jehová dijo a Moisés y Aarón: Esta es la ordenanza de la pascua; ningún extraño comerá de ella” (Éxodo 12:43).

Antes de participar, debe existir una obra de reconciliación entre los hermanos, si hubiere problemas y un escrutinio personal, de sí mismo, para no tomar indignamente parte de este memorial (1 Corintios 11:17-34)

Conforme a la Escritura, creemos que se debe usar una sola copa para todos los hermanos. En caso, de que exista un miembro enfermo, por su condición, se le dará la santa cena, de manera privada.

El ósculo santo

Creemos que después de la santa cena y cuando han pasado largos periodos sin que los hermanos se vean, se deben saludar con el ósculo santo. (Romanos 16.16; 1 Tesalonicenses 5.26; 1 Pedro 5.14).

“El saludo santo mencionado en el Evangelio de Jesucristo por el apóstol Pablo debe considerarse siempre en su verdadero carácter. Es un beso santo. Debe ser tenido por señal de compañerismo con amigos cristianos cuando ellos se separan, y cuando se vuelven a encontrar después de una separación de semanas o meses. En (1 Tesalonicenses 5:26) Pablo dice: “Saludad a todos los hermanos con ósculo santo.” En el mismo capítulo nos recomienda que nos abstengamos de toda apariencia de mal. No puede haber apariencia de mal cuando el “ósculo santo” se da en el momento y el lugar apropiados.” Primeros Escritos, pág. 117

Este saludo, es una característica de la verdadera iglesia remanente.

“Los 144.000 estaban todos sellados y perfectamente unidos. En su frente llevaban escritas las palabras: “Dios, nueva Jerusalén”, y además una brillante estrella con el nuevo nombre de Jesús. Los impíos se enfurecieron al vernos en aquel santo y feliz estado, y querían apoderarse de nosotros para encarcelarnos, cuando extendimos la mano en el nombre del Señor y cayeron rendidos al suelo. Entonces conoció la sinagoga de Satanás que Dios nos había amado, a nosotros que podíamos lavarnos los pies unos a otros y saludarnos fraternalmente con ósculo santo, y ellos adoraron a nuestras plantas.” Consejos para la Iglesia, pág. 59

La iglesia del Señor

Creemos que la cabeza de la iglesia es Cristo. La iglesia es una reunión de creyentes que han aceptado a Cristo como Salvador y Señor, y viven según su doctrina y sus mandamientos. Efesios 5:23; 4:15; Colosenses 1:18.

Los miembros de iglesia son preparados para la eternidad en la escuela de Cristo, mediante la doctrina que tienen en común, las experiencias, el consejo y las amonestaciones. 1 Timoteo 3:15.

La norma inalterable en la vida y obra de la iglesia son las Sagradas Escrituras. Ellas contienen el gran divino documento de justicia y amor: los Diez Mandamientos que fueron vividos en forma práctica por Jesús. Precisamente por medio de éstos, fue posible reconocer en todos los tiempos a la iglesia remanente así como la apostasía. Apocalipsis 12:17; 14:12.

“La iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres. Fue organizada para servir, y su misión es la de anunciar el Evangelio al mundo.” –Los Hechos de los Apóstoles, pág. 9.

Para que puedan ser la luz del mundo Jesús rogó en su oración sumo sacerdotal por la unidad de sus seguidores. Juan 17:21; Efesios 4:16.
Creemos que por amor a Dios y a su pueblo, todos los miembros de la iglesia observarán el orden establecido por ésta. Hebreos 13:7, 17; 1 Tesalonicenses 5:12, 13.

Afirmamos con valentía: “Desde el principio, las almas fieles han constituido la iglesia en la tierra. En todo tiempo el Señor ha tenido sus atalayas, que han dado un testimonio fiel a la generación en la cual vivieron. Estos centinelas daban el mensaje de amonestación; y cuando eran llamados a deponer su armadura, otros continuaban la labor. Dios ligó consigo a estos testigos mediante un pacto, uniendo a la iglesia de la tierra con la iglesia del cielo. El ha enviado a sus ángeles para ministrar a su iglesia, y las puertas del infierno no han podido prevalecer contra su pueblo.” Hechos de los apóstoles, pág. 10
Reconocemos como hermanos, a todos aquellos que hacen la voluntad de Dios y comparten fielmente con nosotros la fe una vez dada a los santos. (Judas 3) Somos contrarios al ecumenismo y no aceptamos en nuestro medio como miembros a aquellos que crean diferente. Tampoco participamos en actividades con otras iglesias.

“Dios siente desagrado hacia nosotros cuando vamos a escuchar el error, sin estar obligados a ir; porque a menos que nos mande a aquellas reuniones donde se inculca el error a la gente por el poder de la voluntad, no nos guardará. Los ángeles dejan de ejercer su cuidado vigilante sobre nosotros; y quedamos expuestos a los golpes del enemigo, para ser entenebrecidos y debilitados por él y por el poder de sus malos ángeles, y la luz que nos rodea se contamina con las tinieblas.” (Primeros Escritos, pág. 124,125)

Creemos que si vamos a orar con personas que no sean de nuestra fe, únicamente los miembros de nuestra iglesia, deben dirigir la oración. (Deuteronomio 28:13)

El bautismo bíblico y la imposición de manos

Creemos que Jesús dio un mandato a su Iglesia de ir, predicar y bautizar (Mateo 28:18-20). El bautismo debe hacerse en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

“El bautismo es una solemne renuncia al mundo. Los que son bautizados en el triple nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el momento de entrar en la vida cristiana, declaran públicamente que han abandonado el servicio de Satanás, y han llegado a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial.” Evangelismo, pág. 265

“El bautismo es un rito muy sagrado e importante, y su significado debe comprenderse cabalmente.” 2 Joyas de los Testimonios, pág. 391.

Debe ser por inmersión Mateo 3:16 y dado únicamente a personas que conozcan fielmente la verdad y se hayan arrepentido de su anterior estilo de vida. Este rito simboliza la sepultura y la resurrección de Jesús, así como la sepultura del viejo hombre y la resurrección a nueva vida en Cristo. (Hechos 2:37, 38; 8:36-39; Romanos 6:2-5; Colosenses 2:12.)

“Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.” Hech.8:38-39.

Creemos que el bautismo debe hacerse en aguas que fluyan libremente, como en ríos, lagos, mar… (Marc.1:5.)

“Cuandoquiera que sea posible, adminístrese el bautismo en un lago claro o arroyo de agua corriente. Y désele a la ocasión toda la importancia y solemnidad que se le pueda impartir. Los ángeles de Dios están siempre presentes en un servicio tal.” Evangelismo, pág. 23

¿Qué es el bautismo, y qué simboliza este rito?
“El bautismo es una solemne renuncia al mundo. Los que son bautizados en el triple nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el momento de entrar en la vida cristiana, declaran públicamente que han abandonado el servicio de Satanás, y han llegado a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial.” Evangelismo, pág. 226

Simboliza muerte al pecado y resurrección a una nueva vida en Cristo: Rom.6:1-6.

“En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, somos sepultados en la semejanza de la muerte de Cristo, y resucitados en la semejanza de su resurrección y hemos de vivir una vida nueva. Nuestra vida ha de ser unida con la de Cristo. De entonces en adelante el creyente ha de tener presente que está dedicado a Dios, a Cristo y al Espíritu Santo. Ha de hacer que todas las consideraciones mundanas, sean segundarias a esta nueva relación. Públicamente ha declarado que no vivirá por más tiempo en el orgullo y en la complacencia propia ni en la vida descuidada e indiferente. Ha hecho un pacto con Dios, ha muerto al mundo y ha de vivir en el Señor.” Estudios Escogidos de los Testimonios, 383.

Simboliza la obra de la circuncisión del corazón: Col.2:11-13.
Simboliza la obra del lavamiento de los pecados: Efe.5:25-26; Tit.3:5.

“Juan proclamaba la venida del Mesías, e invitaba al pueblo a arrepentirse. Como símbolo de la purificación del pecado, bautizaba en las aguas del Jordán. Así, mediante una lección objetiva muy significativa, declaraba que todos los que querían formar parte del pueblo elegido de Dios estaban contaminados por el pecado y que sin la purificación del corazón y de la vida, no podrían tener parte en el reino del Mesías.” Deseado de todas las gentes, pág. 80.

¿Qué revela el bautismo sobre el creyente verdaderamente convertido?

  • Revela que él ha sido justificado por la fe: Rom.4:9, 11.
  • Revela que él está revestido de Cristo: Gál.3:27 (Efe.4:22-24).

Requisitos para el bautismo
“Muchas personas son bautizadas sin estar en condición de recibir este rito sagrado, porque aún están unidas al yo y al mundo. No han visto a Cristo ni lo han recibido por fe.” Evangelismo, pág. 235.
“No debe haber indebido apresuramiento para recibir este rito. Calculen el costo tanto les padres como los hijos.” Evangelismo, pág. 228.

¿Cuáles son las condiciones a cumplir para poder ser bautizado?

  • Ser instruido acerca del Evangelio y la sana doctrina: Hech.16:13-15, 32-33.

“Antes de aceptar en la comunión de la iglesia a los que profesaban el cristianismo, [Pablo] había tenido cuidado de darles instrucción especial en cuanto a los privilegios y deberes del creyente cristiano; y se había esforzado fervorosamente por ayudarles a ser fieles a sus votos bautismales.” Hechos de los Apóstoles, pág. 241.

“Los candidatos para el bautismo necesitan una preparación más cabal. Necesitan ser instruidos más fielmente de lo que generalmente se los ha instruido. Los principios de la vida cristiana deben ser presentados claramente a los recién venidos a la verdad.” 2 Joyas de los Testimonios, pág. 389.

  • Aceptar el Evangelio y la doctrina: Hech.2:41-42.
  • Manifestar fe en Cristo: Marc.16:16; Hech.18:8.
  • Arrepentirse de todos sus pecados y confesarlos: Hech.2:37-38; Marc.1:5.
  • Llevar fruto de arrepentimiento: Mat.3:7-8.

“La prueba de discipulado no se aplica tan estrechamente como se debiera a aquellos que se presentan para el bautismo. Debe saberse si los que profesan estar convertidos están simplemente adoptando el nombre de adventistas del séptimo día, o si están tomando su posición del lado del Señor para salir del mundo y separarse y no tocar cosa inmunda. Cuando dan evidencia de que entienden plenamente su posición, han de ser aceptados. Pero cuando revelan estar siguiendo las costumbres y modas y sentimientos del mundo, ha de tratarse con ellos con firmeza. Si no sienten ninguna preocupación por cambiar su conducta, no deben ser retenidos como miembros de la iglesia. El Señor desea que aquellos que componen su iglesia sean veraces, fieles mayordomos de la gracia de Cristo.” Testimonios para los Ministros, págs. 125-126.

“Solamente cuando la Iglesia está compuesta de miembros puros, no egoístas, puede realizar los designios de Dios. Se ha hecho demasiado trabajo precipitado para añadir nombres al registro de la iglesia. Defectos graves se ven en los caracteres de los que entran a la iglesia. Los que los admiten dicen: los llevaremos primero a la iglesia, y luego los reformaremos. Pero es un error. El primer gran trabajo a hacer es la obra de la reforma. Orar con ellos, hablar con ellos, pero no les permitan unirse al pueblo de Dios en la relación de iglesia hasta que den evidencias claras que el Espíritu de Dios está trabajando en sus corazones.” R.H., 21 de Mayo de 1901.

  • Comprender el significado de la conversión y del bautismo: Mat.3:7.
  • Pedir su bautismo o aceptar la invitación al bautismo: Hechos 8:36-37; 22:16.
  • Ser examinado por la iglesia: 2 Corintios 13:5-6; 1 Corintios 11:31.

“Antes del bautismo, debe examinarse cabalmente la experiencia de los candidatos. Hágase este examen, no de una manera fría y manteniendo distancias, sino bondadosa y tiernamente, señalando a los nuevos conversos el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Háganse sentir a los candidatos para el bautismo los requerimientos del Evangelio.” 2 Joyas de los Testimonios, pág. 393.

El rebautismo
La Biblia y los Testimonios, nos hablan de algunos casos de rebautismo. (Hech.19:1-5)

“La experiencia de esos conversos judíos tiene todavía otra lección para nosotros. Cuando fueron bautizados por Juan, no comprendieron bien la misión de Jesús como expiador de los pecados. Seguían creyendo graves errores, pero cuando recibieron mayor conocimiento, aceptaron alegremente a Cristo como su Redentor; y al dar este paso hacia adelante, cambiaron sus obligaciones. Cuando recibieron una fe más pura, hubo un cambio correspondiente en su vida. Como señal de este cambio, y como reconocimiento de su fe en Cristo, fueron bautizados de nuevo, en el nombre de Jesús.” Hechos de los Apóstoles, pág. 231.

Hay que tener cuidado a la hora de aplicar el rebautismo.

“El tema del bautismo por segunda vez debe ser manejado con gran cuidado. Después que se ha presentado la verdad sobre el asunto del sábado y otros puntos importantes de nuestra fe, y las almas manifiestan el valor moral para hacer su resolución en favor de la verdad, verá este asunto a la luz de la Biblia si están plenamente convertidas.” Evangelismo, pág. 273.
Algunas causas de rebautismo son: a. Violación grave de la ley de Dios. b. Apostatar de la fe c. Nueva conversión.

Creemos que dirigentes reconocidos por el pueblo de Dios, pueden dar el bautismo a las nuevas almas, una vez que se cumpla con los requisitos del candidato al rito. (Hechos 8:26-40).

La imposición de manos
Creemos que una vez que la persona ha sido bautizada, debe ser recibida en la iglesia de Dios, mediante la imposición de manos. (Hechos 8:17; 19:6).
También los que se llama al servicio de la iglesia, deben ser impuestos por manos (Hechos 13:1-3; 6:6), siendo cuidadosos de no hacerlo demasiado pronto. (1 Timoteo 5:22.)

El arrepentimiento, la confesión de los pecados y el nuevo nacimiento

Creemos que por la influencia de la Palabra de Dios y la obra del Espíritu Santo, el ser humano llega al reconocimiento de su condición perdida. Salmos 32:1-5; 51:3, 4; Juan 16:7, 8.

“El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado, y abandono del mismo. … Pero cuando el corazón cede a la influencia del Espíritu de Dios, la conciencia se vivifica y el pecador discierne algo de la profundidad y santidad de la sagrada ley de Dios, fundamento de su gobierno en los cielos y la tierra. … No renunciamos al pecado a menos que veamos su pecaminosidad. Mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en nuestra vida.” –El Camino a Cristo, págs. 23, 24. Ver 2 Corintios 7:10.

No podemos ni siquiera arrepentirnos sin que el Espíritu Santo despierte nuestra conciencia, así como tampoco podemos recibir perdón de nuestros pecados sin Cristo.

Confesión de los pecados
Creemos que todos los que confiesan su iniquidad, reciben perdón y justificación, pues Jesús por medio de su sangre ruega en favor de cada alma arrepentida. 1 Juan 1:9; 2:1.

“El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

“El Señor no nos exige que hagamos alguna cosa penosa para obtener el perdón de nuestros pecados. No necesitamos hacer largas y cansadoras peregrinaciones, ni ejecutar duras penitencias, para encomendar nuestras almas al Dios de los cielos o para expiar nuestras transgresiones, sino que todo aquel que confiese su pecado y se aparte de él alcanzará misericordia. … La verdadera confesión es siempre de un carácter específico y reconoce pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que sólo puedan presentarse delante de Dios. Pueden ser males que deban confesarse individualmente a los que hayan sufrido daño por ellos; pueden ser de un carácter público, y en ese caso deberán confesarse públicamente. Pero toda confesión debe hacerse definida y directa, para reconocer en forma definida los pecados de los que uno sea culpable.” –El Camino a Cristo, págs. 37, 38.

Nuevo nacimiento
Creemos que un ser humano que entrega su vida a Jesucristo y le acepta como su Salvador personal experimentará el nuevo nacimiento. Juan 1:12-13.

“Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida. Los pensamientos pecaminosos son puestos a un lado, las malas acciones son abandonadas; el amor, la humildad y la paz, reemplazan a la ira, la y las contenciones. La alegría reemplaza a la tristeza, y el rostro refleja la luz del cielo. … La bendición viene cuando por la fe el alma se entrega a Dios. Entonces ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios.” -El Deseado de Todas las Gentes, pág. 144.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“El contraste entre lo que eran antes y lo que son ahora será muy claro e inequívoco. … “En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones.” –El Camino a Cristo, págs. 58, 59.

“En el nuevo nacimiento el corazón viene a quedar en armonía con Dios, al estarlo con su ley. Cuando se ha efectuado este gran cambio en el pecador, entonces ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad, de la transgresión y rebelión a la obediencia y a la lealtad. Terminó su antigua vida de separación con Dios; y comenzó la nueva vida de reconciliación, fe y amor.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 521.

“La regeneración es el único sendero que da acceso a la ciudad de Dios.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, pág. 292. (Juan 3:3-8; 1:12, 13; 1 Pedro 1:23; Santiago 1:18; 2 Pedro 1:3, 4.)

“Cuando estemos revestidos por la justicia de Cristo, no tendremos ningún gusto por el pecado, pues Cristo obrará dentro de nosotros. Quizá cometamos errores, pero aborreceremos el pecado que causó los sufrimientos del Hijo de Dios.” Mensajes Selectos, tomo 1, pág. 422

El cristiano nacido de nuevo, no sigue pecando voluntariamente, porque Cristo lo ha libertado (Romanos 8:2) y le ayuda a ser vencedor (Filipenses 4:13)

El estado del hombre y el ofrecimiento de la gracia

Creemos que en su estado natural sin Cristo, y por su desobediencia, el ser humano se encuentra separado de Dios (Isaías 59:2) y ha sido destituido de su gloria (Romanos 3:23) y convertido en esclavo del pecado (Romanos 6:17), sujeto a la muerte (Romanos 6:23)

“Su naturaleza quedó tan debilitada por la transgresión, que ya no pudo -por su propia fuerza- resistir el poder del mal. … Por su caída el hombre se enajenó de Dios y la tierra quedó separada del cielo. A través del abismo existente entre ambos no podía haber comunión alguna.” –El Camino a Cristo, págs. 23, 26.

“Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 559.

“El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por sí mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza es bondad y pureza.” –Patriarcas y Profetas, pág. 49.

Por lo cual la situación de todas las personas se ha tornado desesperada. Romanos 5:12; 3:10-12; 6:23; Salmo 51:5; Mateo 15:18-20; Gálatas 5:19-21; Romanos 7:18-20.

Sin embargo, negamos la doctrina católica del pecado original. Creemos que se nace con tendencia al mal, mas no, en pecado.

“Hay muchos que en su corazón murmuran contra Dios. Dicen: “Hemos heredado la naturaleza caída de Adán, y no somos responsables por nuestras imperfecciones naturales”. Ven falta en los requerimientos divinos, y se quejan de que Dios demanda aquello que ellos no tienen el poder para dar. Satanás hizo la misma queja en el cielo, pero esos pensamientos deshonran a Dios.” (Signs of the Times, 29 agosto 1892)

El ofrecimiento de la gracia
Creemos que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo a este mundo para salvar a la humanidad, y aunque por doquier reinaba la corrupción y la rebeldía, ya había sido previsto un camino para salvar al hombre. Efesios 1:4; 2:8; 1 Pedro 1:19, 20.

Jesucristo nació como hombre y fue obediente a su Padre en todas las cosas. Por su vida y su muerte vicaria fue creada la base de la reconciliación y redención. Fue resucitado para nuestra justificación, y ascendió al cielo para reconciliar al pecador arrepentido con Dios y justificarlo en el Santuario celestial, por medio de su sangre derramada y su justicia. Por su gracia, como regalo inmerecido, el perdona nuestros pecados y nos restaura a su reino (Juan 1:17; Hebreos 4:16)

A través de esta acción salvadora se muestra la justicia y la bondad de Dios. Nuestro pecado fue condenado en Cristo, y al mismo tiempo nos fue mostrado el camino del perdón. Romanos 3:24.

“Lo que Dios nos indica y concede es ilimitado. El trono de la gracia es en sí mismo la atracción más elevada, porque está ocupado por Uno que nos permite llamarle Padre. … Tan pronto como un hijo de Dios se acerca al propiciatorio, llega a ser cliente del gran Abogado. Cuando pronuncia su primera expresión de penitencia y súplica de perdón, Cristo acepta su caso y lo hace suyo, presentando la súplica ante su Padre como su propia súplica. A medida que Cristo intercede en nuestro favor, el Padre abre los tesoros de su gracia para que nos los apropiemos, para que los disfrutemos y los comuniquemos a otros.” –Joyas de los Testimonios, tomo 3, págs. 29, 30.

Creemos que por medio de la gracia nos convertimos en hijos de Dios, y que ésta obra nuestra redención, nuevo nacimiento y aceptación como coherederos con Cristo. Tito 2:11; Juan 1:16; 1 Pedro 1:13.

La gracia es un favor inmerecido. Consiste en que Dios entregó a su Hijo a la muerte en lugar nuestro, para que por su sangre derramada y su justicia, el pecador penitente pueda subsistir ante Dios. Juan 1:7.

Cristo nuestra Justicia
Creemos que sin la justicia de Jesucristo ningún ser humano mortal puede subsistir ante el Dios santo. El profeta Isaías se expresa del siguiente modo: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; …” (Isaías 64:6).

Para aclarar este asunto importante en nuestra vida de fe, citamos a continuación algunos Testimonios:

“Puesto que somos pecadores y malos, no podemos obedecer perfectamente una ley santa. No tenemos justicia propia con que cumplir lo que la ley de Dios exige. Pero Cristo nos preparó una vía de escape. Vivió en esta tierra en medio de pruebas y tentaciones como las que nosotros tenemos que arrostrar. Sin embargo, su vida fue impecable. Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar nuestros pecados y vestirnos de su justicia.” –El Camino a Cristo, pág. 62. Romanos 5:1; 1:16, 17; 3:23, 24.

“’¿Qué es justificación por la fe? Es la obra de Dios de echar al polvo la gloria del hombre y hacer por él lo que no está en su poder hacer por sí mismo. Cuando los hombres reconocen entonces su propia nulidad, están preparados para ser revestidos con la justicia de Cristo.’ Review and Herald, 16 de septiembre de 1902.” .

“Así tienen remisión de los pecados pasados, por la paciencia de Dios. Más que esto, Cristo imparte a los hombres atributos de Dios. Edifica el carácter humano a la semejanza del carácter divino y produce una hermosa obra espiritualmente fuerte y bella. Así la misma justicia de la ley se cumple en el que cree en Cristo.” –El Deseado de Todas las Gentes, págs. 710-711.

“Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia, que es la perfecta obediencia a la ley de Jehová.” –Palabras de Vida del Gran Maestro, págs. 253-254.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. … ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:1, 34; Jeremías 33:15,16)

.“’La justicia por la cual somos justificados se nos atribuye. La justicia por la cual seremos santificados nos será concedida. La primera nos hace pretendientes del cielo y la segunda nos hace apropiados para entrar en él.’ Review and Herald, 4 de junio de 1895.” –Cristo Nuestra Justicia, por A.G. Daniells, pág. 82.

El Plan de redención

Creemos que por su desobediencia al mandamiento divino el ser humano introdujo el pecado en el mundo (Génesis 2:16, 17; 3:6), y por ello su naturaleza se hizo mala. La consecuencia del pecado es la muerte. (Romanos 5:12; 6:23; Salmo 14:3; Job 14:4)

“Dios es amor”. Este amor insondable había previsto un camino de salvación para la humanidad perdida. No existía otra posibilidad, sino que Jesús tomase sobre sí la culpa y el castigo del pecado. (1 Juan 4:16; Juan 3:16; Isaías 53:4-6; 1 Pedro 2:24.)

Sólo mediante la muerte vicaria de Jesús y su vida justa, es posible obtener el perdón de los pecados y la justificación. (Romanos 4:25; 5:1; 3:24.) Jesucristo es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, ya previsto por Dios antes que el mundo fuese. (Juan 1:29; 1 Pedro 1:18-20.)

Creemos que “El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es “el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo”. Apocalipsis 13:8. Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable. Pero, “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna”. Juan 3:16. ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no lo amaba! ¿Quién puede comprender la profundidad de ese amor “que excede a todo conocimiento”? A través de los siglos sin fin, las mentes inmortales, tratando de entender el misterio de ese incomprensible amor, se maravillarán y adorarán a Dios.” Patriarcas y profetas, pág. 44

“La Divinidad se conmovió de piedad por la humanidad, y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se dieron a sí mismos a la obra de formar un plan de redención. Con el fin de llevar a cabo plenamente ese plan, se decidió que Cristo, el Hijo unigénito de Dios, se entregara a sí mismo como ofrenda por el pecado.”Consejos Sobre la Salud, pág. 219.

Mediante la fe en Jesús como Salvador personal, la cual se revela en la fiel obediencia, el pecador recibe la vida eterna. La obediencia es el verdadero fruto de la salvación. Romanos 8:1-4; Juan 14:15, 21. Por amor y agradecimiento al inconmensurable don de Dios el creyente es obediente a todos sus requerimientos mediante el poder del Espíritu Santo. (Efesios 2:8, 9; Juan 15:10; 1 Juan 5:3.)

El origen de la humanidad

Creemos en el relato literal del Génesis; que Dios en el sexto día de la creación creó al hombre a su imagen, perfecto y con la facultad de libre albedrío. Génesis 1:26-28; Salmo 33:6,9.

“Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas. Sus afectos eran puros, sus apetitos y pasiones estaban bajo el dominio de la razón. Era santo y se sentía feliz…” –Patriarcas y Profetas, págs. 25-26.

El origen de la humanidad es comprensible. El plan divino de la creación fue tan claramente formulado, que no da ningún motivo para conclusiones erróneas.

“No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas bajas de la vida animal o vegetal. Tales enseñanzas rebajan la obra sublime del Creador al nivel de las mezquinas y terrenales concepciones humanas.” –Patriarcas y Profetas, pág. 25

Por lo tanto, no creemos en la teoría de la evolución ni ninguna otra, que desvirtúe a Dios como nuestro Creador.

La naturaleza humana de Jesús

Creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios; es la imagen misma de su Padre. (Hebreos 1:1-3, 8; Colosenses 1:15; 2:9; 1 Timoteo 3:16.) Ya existía en forma de Dios en el cielo, antes de venir a la tierra. (Juan 1:1, 2; Filipenses 2:5, 6; Colosenses 2:9; Juan 1:14; Miqueas 5:2)

La Biblia, llama a la encarnación de Jesús, el misterio de la piedad (1Tim.3:16; Col.1:2627)

“La doctrina de la encarnación de Cristo es un misterio: “El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades” (Col. 1: 26). Es el misterio grande y profundo de la piedad. “Aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana, una naturaleza inferior a la suya que era celestial.”Exaltad a Jesús, pág. 68.

La Palabra de Dios nos advierte, sobre aquellos que niegan la encarnación real, o sea, que Jesucristo siendo Dios, se hizo verdadero hombre (1Jn.4:13) “La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo, con Dios. Esto ha de ser nuestro estudio.” M.S., tomo I, pág. 286.

Creemos que Jesús tomó sobre sí, nuestra naturaleza caída.

  • Fue semejante a los hombres y estaba en la condición de hombre: Fil.2:58; Heb.2:17.
  • Se hizo carne como nosotros: Jn.1:14; 1Tim.3:16; Heb.2:14; 10:5,10; 1Ped.4:1.
  • Nació de mujer como cualquier hombre: Mat.1:16,25; Gál.4:4.
  • Fue circuncidado: Luc.2:21.
  • Tuvo hambre, sed, cansancio, sueño: Mat.4:2; 8:24; Jn.4:6; 19:28.
  • Experimentó la muerte: Jn.19:30.

“Cristo no tomó la naturaleza humana en forma aparente. La tomó de verdad. En realidad, poseyó la naturaleza humana. “Por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo” (Heb.2:14). Era el hijo de María; era de la simiente de David de acuerdo con la ascendencia humana. Se declara de él que era hombre, el hombre Cristo Jesús.”Mensajes Selectos, tomo I, pág. 290.

“Cristo fue tentado en todo como nosotros; pero jamás contestó al tentador en una manera injuriosa. A cada tentación, opuso la Palabra de Dios: “¡Escrito está!” Tal fue su arma infalible. De la misma manera, nosotros, como representantes de Cristo, debemos contestar a cada golpe del adversario con la Palabra del Dios vivo.”Testimonios Selectos, tomo V, pág. 182.

“Al tomar sobre sí la naturaleza humana en su condición caída, Cristo no participó en lo más mínimo en su pecado… El fue el Cordero “sin mancha y sin contaminación”. No deberíamos albergar dudas en cuanto a la perfecta impecabilidad de la naturaleza de Cristo.” C.B. [comentarios de Elena G. de White], tomo V, p. 1105.

Mediante su encarnación, crucifixión y resurrección, Jesús se reveló como el Salvador. Es el único Mediador entre Dios y la humanidad caída. Su vida es un ejemplo singular para toda la humanidad y especialmente para todos sus seguidores. (Hechos 4:12; Filipenses 2:5-8; 1 Timoteo 2:5, 6; Hebreos 2:17; 1 Pedro 2:21; Deuteronomio 18:15; Juan 18:37.)

Es hoy nuestro Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo del santuario celestial, y realiza la obra final de reconciliación. (Hebreos 8:1, 2; 7:24, 25; 4:15, 16; 9:24-26.)

La Deidad

Creemos que la concepción de la trinidad católica y del protestantismo apóstata es un adefesio teológico; sin embargo, igualmente, creemos que la posición de algunos ministerios adventistas independientes antitrinitarios, es igualmente dañina y peligrosa.

La Mensajera del Señor nos señala:

“He sido instruida para que diga: No hay que confiar en las opiniones de los que buscan ideas científicas avanzadas. Se han hecho exposiciones como la siguiente: “El Padre es como la luz invisible; el Hijo es como la luz encarnada; y el Espíritu es como la luz derramada”. “El Padre es como el rocío, vapor invisible; el Hijo es como el rocío reunido en bellísimas gotas; el Espíritu es como el rocío derramado en el asiento de la vida”. Otra exposición es ésta: “El Padre es como el vapor invisible; el Hijo es

 como la nube plomiza; el Espíritu es la lluvia que cae y obra con poder refrescante”.

“Todas estas representaciones espiritistas no son absolutamente nada. Son imperfectas y falsas. Debilitan y disminuyen la Majestad que no puede compararse a ninguna cosa de origen terrenal. Dios no puede compararse con las cosas que sus manos han creado. Estas no son más que cosas terrenales, que sufren bajo la maldición de Dios a causa de los pecados del hombre. El Padre no puede describirse mediante las cosas de la tierra. El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales. El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada…

“El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo—son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo.—Special Testimonies, Serie B, 7:62, 63 (1905).” El evangelismo, págs. 445-446

De esta cita podemos sacar varios conceptos importantes:

  • Las explicaciones trinitarias de la cristiandad apóstata y del adventismo nominal, son opiniones humanas, un intento “científico” de describir a Dios, pero resultan en
  • Las explicaciones trinitarias son imperfectas y falsas, debilitan y disminuyen la Majestad que no puede compararse a ninguna cosa de origen
  • “El Padre es toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales. El Hijo es toda plenitud de la Divinidad manifestada… El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Divinidad.” Por lo tanto, las enseñanzas del adventismo antitrinitario, también son erradas y peligrosas al quitarle la divinidad a uno o más de los integrantes de la Deidad.
  • “Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes—el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”

Nótese que se describe a la Deidad como: tres personas, un trío, tres grandes poderes En ningún lado, se dice que los tres sean uno solo. Tres personas son tres personas, un trío son tres, tres grandes poderes son tres grandes poderes.

Las Escrituras, nos señalan que existe un solo Dios, ELOHIM, que es una palabra hebrea que da el sentido de pluralidad, tal y como lo sería la palabra equipo en español. La palabra “uno” del texto de Deuteronomio 6:4 es traducida del hebreo “ekjad”, la cual indica “unidad”. No se refiere a un solo individuo. Este es usado cuando más de una persona o cosa están unidas. “Ekjad” es diferente de la palabra hebrea “yachid” que se refiere a una sola cosa o persona.

Sobre el Espíritu Santo, creemos que el silencio es sabiduría. “Necesitamos comprender que el Espíritu Santo, que es una persona así como Dios es persona.” Evangelismo, pág. 447.

Sin embargo, debemos tomar en serio la advertencia divina:

“No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo. Cristo nos dice que el Espíritu es el Consolador, “el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre.” (Juan 15: 26.) Se asevera claramente tocante al Espíritu Santo, que en su obra de guiar a los hombres a toda verdad, “no hablará de sí mismo.” (Juan 16:13)

“La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres de conceptos fantásticos pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro.” Hechos de los Apóstoles, pág. 42-43.

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