Autor: misionero (Página 2 de 27)

Rebelión en la tierra

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Texto de meditación: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.” – Génesis 1:31

Identificando al Creador

¿Quiénes emprendieron la obra de la creación de la tierra? Génesis 1:1; Colosenses 1:15-17

“El padre y el Hijo emprendieron la grandiosa y admirable obra que habían proyectado: la creación del mundo. La tierra que salió de las manos del Creador era sumamente hermosa. Había montañas, colinas y llanuras, y entre medio había ríos, lagos y lagunas. La tierra no era una vasta llanura; la monotonía del paisaje estaba interrumpida por colinas y montañas, no altas y abruptas como las de ahora, sino de formas hermosas y regulares. No se veían las rocas escarpadas y desnudas, porque yacían bajo la superficie, como si fueran los huesos de la tierra. Las aguas se distribuían con regularidad. Las colinas, montañas y bellísimas llanuras estaban adornadas con plantas y flores, y altos y majestuosos árboles de toda clase, muchísimo más grandes y hermosos que los de ahora. El aire era puro y saludable, y la tierra parecía un noble palacio. Los ángeles se regocijaban al contemplar las admirables y hermosas obras de Dios.” – Historia de la redención, pág. 20

¿Cuánto tiempo les llevó esta tarea? Génesis 1:31; Éxodo 20:11 primera parte; Salmo 33:6,9

Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca…. Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió.” Salmos 33:6, 9. La Sagrada Escritura no reconoce largos períodos en los cuales la tierra fue saliendo lentamente del caos. Acerca de cada día de la creación, las Santas Escrituras declaran que consistía en una tarde y una mañana, como todos los demás días que siguieron desde entonces. Al fin de cada día se da el resultado de la obra del Creador. Y al terminar la narración de la primera semana se dice: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron criados.” Génesis 2:4. Pero esto no implica que los días de la creación fueron algo más que días literales. Cada día se llama un origen, porque Dios originó o produjo en él una parte nueva de su obra.” – Patriarcas y profetas, pág. 103

“Aquí se expone con claridad el origen de la raza humana; y el relato divino está tan claramente narrado que no da lugar a conclusiones erróneas. Dios creó al hombre conforme a su propia imagen. No hay en esto misterio. No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas bajas de la vida animal o vegetal. Tales enseñanzas rebajan la obra sublime del Creador al nivel de las mezquinas y terrenales concepciones humanas.” – Patriarcas y profetas, pág. 25

¿Qué características tuvieron los primeros padres? Génesis 1:27

“Cuando Adán salió de las manos de su Creador era de noble talla y hermosamente simétrico. Era bien proporcionado y su estatura era un poco más del doble de la de los hombres que hoy habitan la tierra. Sus facciones eran perfectas y hermosas. Su tez no era blanca ni pálida, sino sonrosada, y resplandecía con el exquisito matiz de la salud. Eva no era tan alta como Adán. Su cabeza se alzaba algo más arriba de los hombros de él. También era de noble aspecto, perfecta en simetría y muy hermosa.” –  Historia de la redención, pág. 21

La tierra el dominio del hombre

¿Qué regalo les fue dado? Génesis 2:1-3

“Después que Dios hubo hecho el mundo en seis días, reposó y luego santificó y bendijo el día en que había reposado de todas sus obras que había creado y hecho. Puso aparte ese día especial para que el hombre descansase en él de su trabajo, a fin de que mientras mirase la tierra y los cielos, pudiese reflexionar que Dios había hecho todo esto en seis días y reposado en el séptimo, y que al contemplar las pruebas tangibles de la sabiduría infinita de Dios, su corazón se llenase de amor y reverencia hacia su Creador.” – Joyas de los Testimonios, tomo 1, pág. 276

¿Qué mandato recibieron del Creador? Génesis 1:26

“Una vez creada la tierra con su abundante vida vegetal y animal, fue introducido en el escenario el hombre, corona de la creación para quien la hermosa tierra había sido aparejada. A él se le dio dominio sobre todo lo que sus ojos pudiesen mirar; pues, “dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree … en toda la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, varón y hembra los creó.” Génesis 1:26, 27…

“Adán fue colocado como representante de Dios sobre los órdenes de los seres inferiores. Estos no pueden comprender ni reconocer la soberanía de Dios; sin embargo, fueron creados con capacidad de amar y de servir al hombre. El salmista dice: “Hicístelo enseñorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: … asimismo las bestias del campo; las aves de los cielos, … todo cuanto pasa por los senderos de la mar.” Salmos 8:6-8.” – Patriarcas y profetas, pág.  25

Una prueba de fidelidad

¿Qué alimento le fue dado a Eva y a Adán? Génesis 1:29; 2:9,16 ¿Qué les fue prohibido comer? Génesis 2:17

“Para saber cuáles son los mejores comestibles tenemos que estudiar el plan original de Dios para la alimentación del hombre. El que creó al hombre y comprende sus necesidades indicó a Adán cuál era su alimento. “He aquí—dijo—que os he dado toda planta que da semilla…, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os será para comer”. Génesis 1:29. Al salir del Edén para ganarse el sustento labrando la tierra bajo el peso de la maldición del pecado, el hombre recibió permiso para comer también “plantas del campo” – Ministerio de Curación, pág. 227

“En medio del huerto, cerca del árbol de la vida, se alzaba el árbol del conocimiento del bien y del mal, destinado especialmente por Dios para ser una prenda de la obediencia, la fe y el amor de Adán y Eva hacia él. Refiriéndose a este árbol, el Señor ordenó a nuestros primeros padres que no comieran de él, ni lo tocaran, porque si lo hacían morirían. Les dijo que podían comer libremente de todos los árboles del huerto, menos de éste, porque si comían de él seguramente morirían.” – Historia de la redención, pág. 24

¿Pasaron la prueba? Génesis 3:1-6 primera parte

 “No siéndole posible continuar con su rebelión en el cielo, Satanás halló un nuevo campo de acción para su enemistad contra Dios, al tramar la ruina de la raza humana. Vio en la felicidad y en la paz que la santa pareja gozaba en el Edén el deleite que él había perdido para siempre. Estimulado por la envidia, resolvió inducirlos a desobedecer y atraer sobre sí la culpa y el castigo del pecado. Trataría de cambiar su amor en desconfianza, y sus cantos de alabanza en oprobio para su Creador. De esta manera no sólo arrojaría a estos inocentes seres en la desgracia en que él mismo se encontraba, sino que también ocasionaría deshonra para Dios y pesar en los cielos.” – Patriarcas y profetas, pág. 34

“A Adán y Eva se les permitió comer de todos los árboles de su hogar edénico, con excepción de uno. El Señor dijo a la santa pareja: El día que coman del árbol del bien y del mal, ciertamente morirán. Eva fue seducida por la serpiente y creyó que Dios no actuaría con ellos como había dicho.” – Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 103

¿Quién fue un instrumento en las manos de Satanás para el mal? Génesis 3:6 última parte ¿Qué le sucede a muchos hoy día? Mateo 10:37-38

“Y ahora, habiendo pecado, ella se convirtió en el agente de Satanás para labrar la ruina de su esposo. Con extraña y anormal excitación, y con las manos llenas del fruto prohibido, lo buscó y le relató todo lo que había ocurrido…

“Adán comprendió que su compañera había violado el mandamiento de Dios, menospreciando la única prohibición que les había sido puesta como una prueba de su fidelidad y amor. Se desató una terrible lucha en su mente. Lamentó haber dejado a Eva separarse de su lado. Pero ahora el error estaba cometido; debía separarse de su compañía, que le había sido de tanto gozo. ¿Cómo podría hacer eso?

“El amor, la gratitud y la lealtad al Creador, todo fue sofocado por amor a Eva. Ella era parte de sí mismo, y Adán no podía soportar la idea de una separación. No alcanzó a comprender que el mismo Poder infinito que lo había creado del polvo de la tierra y hecho de él un ser viviente de hermosa forma y que, como demostración de su amor, le había dado una compañera, podía muy bien proporcionarle otra. Adán resolvió compartir la suerte de Eva; si ella debía morir, él moriría con ella. Al fin y al cabo, se dijo Adán, ¿no podrían ser verídicas las palabras de la sabia serpiente? Eva estaba ante él, tan bella y aparentemente tan inocente como antes de su desobediencia. Le expresaba mayor amor que antes. Ninguna señal de muerte se notaba en ella, y así decidió hacer frente a las consecuencias. Tomó el fruto y lo comió apresuradamente.” – Patriarcas y profetas, págs. 39-40

Pérdidas dolorosas 

¿Qué llegó a ser Satanás para este mundo? Juan 12:3; 2 Corintios 4:4

 “La tierra originalmente dada al hombre como reino suyo, entregada alevosamente por él a las manos de Satanás, y durante tanto tiempo dominada por el poderoso enemigo, será recobrada por el gran plan de redención.”  – Patriarcas y profetas, pág. 16

¿Qué sucedió con el acceso al árbol de la vida? Génesis 3:22-24

“Adán y Eva y su posteridad perdieron el derecho al árbol de la vida a causa de su desobediencia. “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado”. Adán y Eva transgredieron la ley de Dios. Esto hizo necesario que fueran alejados del Edén y separados del árbol de la vida, pues al comer de él después de su transgresión, hubieran perpetuado el pecado. “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”. El hombre dependía del árbol de la vida para la inmortalidad, y el Señor tomó estas precauciones para que los hombres no comieran de ese árbol y vivieran para siempre, llegando a ser pecadores inmortales.” – Testimonios para los ministros, págs. 133-134

¿Qué lamentable consecuencia nos alcanza hasta hoy por causa del pecar? Romanos 6:23; 5:12

“La advertencia hecha a nuestros primeros padres: “Porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2:17), no significaba que morirían el mismo día en que comiesen del fruto prohibido, sino que ese día sería dictada la irrevocable sentencia. La inmortalidad les había sido prometida bajo condición de que fueran obedientes; pero mediante la transgresión perderían su derecho a la vida eterna. El mismo día en que pecaran serían condenados a muerte.” – Patriarcas y profetas, pág. 44

“La ley que fue dada al hombre en el Edén está registrada juntamente con la penalidad que la acompañaría en caso de que fuese desobedecida. Luego sigue la historia de la tentación y la caída, y el castigo infligido a nuestros padres cuando cayeron. Su ejemplo nos es dado como advertencia en lo que respecta a la desobediencia, a fin de que sepamos con seguridad que la paga del pecado es la muerte, que la justicia retributiva de Dios no se elude, y que él exige de los seres que ha creado una estricta obediencia a sus mandamientos.” – Joyas de los Testimonios, tomo 1, págs. 438-439

Consecuencias en el matrimonio

¿Cuál era el propósito original de Dios, para la familia? Génesis 2:21-23

“Dios mismo dio a Adán una compañera. Le proveyó de una “ayuda idónea para él,” alguien que realmente le correspondía, una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría ser una sola cosa con él en amor y simpatía. Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía dominarle como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus plantas como un ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él. Siendo parte del hombre, hueso de sus huesos y carne de su carne, era ella su segundo yo; y quedaba en evidencia la unión íntima y afectuosa que debía existir en esta relación.” – Patriarcas y profetas, págs. 26-27

¿Qué sucedió después? Génesis 3:16; Efesios 5:22-24

“El esposo es la cabeza de la familia, como Cristo es la cabeza de la iglesia, y cualquier actitud asumida por la esposa que pueda disminuir la influencia y degradar su posición digna y responsable, desagrada a Dios. Es deber de la esposa renunciar a sus deseos y voluntad, en favor de su esposo. Ambos deben saber renunciar a sus gustos, pero la Palabra de Dios da la preferencia al criterio del esposo. Y la esposa no perderá dignidad al ceder así a aquel a quien ella eligió por consejero y protector. El esposo debe mantener su posición en la familia, con toda mansedumbre, y sin embargo con decisión.” – Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 276

Esclavos de Satanás y del pecado

¿Qué terrible condición posee el ser humano no redimido? Juan 8:34; Romanos 6:16

“No solo el ser humano sino también la tierra había caído por el pecado bajo el dominio del maligno, y había de ser restaurada mediante el plan de la redención. Al ser creado, Adán recibió el señorío de la tierra. Pero al ceder a la tentación, cayó bajo el poder de Satanás. Y “el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció”. 2 Pedro 2:19. Cuando el hombre cayó bajo el cautiverio de Satanás, el dominio que antes ejercía pasó a manos de su conquistador. De esa manera Satanás llegó a ser “el dios de este siglo”. 2 Corintios 4:4. Él había usurpado el dominio que originalmente fue otorgado a Adán.” – Patriarcas y profetas, pág. 47

“La influencia de Satanás se ejerce constantemente sobre los hombres para enajenar los sentidos, dominar la mente para el mal e incitar a la violencia y al crimen. El debilita el cuerpo, obscurece el intelecto y degrada el alma… Mediante sus especiosas tentaciones, Satanás induce a los hombres a cometer males siempre peores, hasta provocar completa degradación y ruina.” –  Deseado de todas las gentes, pág. 308

Rebelión en el cielo

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Texto de meditación: “Entonces Jesús le dijo: Vete Satanás porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y al él solo servirás.” – Mateo 4:10 Texto de meditación: “Entonces Jesús le dijo: Vete Satanás porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y al él solo servirás.” – Mateo 4:10

Un orden establecido en el cielo

1. ¿Existe un orden de jerarquía en el cielo? I Corintios 11: 3 última parte

“El gran Creador convocó a las huestes celestiales para conferir honra especial a su Hijo en presencia de todos los ángeles. Este estaba sentado en el trono con el Padre, con la multitud celestial de santos ángeles reunida a su alrededor. Entonces el Padre hizo saber que había ordenado que Cristo, su Hijo, fuera igual a él; de modo que doquiera estuviese su Hijo, estaría él mismo también. La palabra del Hijo debería obedecerse tan prontamente como la del Padre. Este había sido investido de la autoridad de comandar las huestes angélicas…“Cristo era reconocido como Soberano del Cielo, con poder y autoridad iguales a los de Dios.” – Historia de la redención, págs. 14-15

2. ¿Quién recibe adoración desde la eternidad, junto al Padre? Hebreos 1:8,6 ¿Se puede adorar a un ser creado, tal como un ángel? Apocalipsis 22:8-9.

3.¿Quién seguía en jerarquía en el cielo, delante del trono de Dios, antes de la existencia del pecado? Ezequiel 28:14

“Satanás fue una vez un ángel a quien se honraba en el cielo, el que seguía en orden a Cristo.” – Primeros Escritos, pág. 160

“En el cielo, antes de su rebelión, Lucifer era un ángel honrado y excelso, cuyo honor seguía al del amado Hijo de Dios. Su semblante, así como el de los demás ángeles, era apacible y denotaba felicidad.” –  Historia de la redención, pág. 14

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Inicia el gran conflicto, el pecado de la codicia

4. ¿Qué sentimiento se desarrolló en Lucifer? Isaías 14:13-14; Ezequiel 28:17

“Cristo, el amado Hijo de Dios, tenía la preeminencia sobre todas las huestes angélicas. Era uno con el Padre antes que los ángeles fueran creados. Lucifer tuvo envidia de él y gradualmente asumió la autoridad que le correspondía sólo a Cristo.” –  Historia de la redención, pág. 14

“Poco a poco Lucifer llegó a albergar el deseo de ensalzarse. Las Escrituras dicen: “Enaltecióse tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu resplandor.” Vers. 17. “Tú que decías en tu corazón: … Junto a las estrellas de Dios ensalzaré mi solio,… y seré semejante al Altísimo.” Isaías 14:13, 14. Aunque toda su gloria procedía de Dios, este poderoso ángel llegó a considerarla como perteneciente a sí mismo. Descontento con el puesto que ocupaba, a pesar de ser el ángel que recibía más honores entre las huestes celestiales, se aventuró a codiciar el homenaje que sólo debe darse al Creador… Y codiciando la gloria con que el Padre infinito había investido a su Hijo, este príncipe de los ángeles aspiraba al poder que sólo pertenecía a Cristo.” – Patriarcas y profetas, págs. 13-14

5. ¿Qué obra se hizo en favor de Lucifer? II Pedro 3:9 

“Varias y repetidas veces se le ofreció el perdón con tal de que se arrepintiese y se sometiese. Para convencerle de su error se hicieron esfuerzos de que sólo el amor y la sabiduría infinitos eran capaces.” – Conflicto de los siglos, págs. 549-550

“Los consejos celestiales alegaron con Lucifer. El Hijo de Dios le hizo presentes la grandeza, la bondad y la justicia del Creador, y la naturaleza sagrada e inmutable de su ley. Dios mismo había establecido el orden del cielo, y Lucifer al apartarse de él, iba a deshonrar a su Creador y a atraer la ruina sobre sí mismo” – Conflicto de los siglos, pág. 548

“Los ángeles leales trataron de reconciliar con la voluntad de su Creador a ese poderoso ángel rebelde. Justificaron el acto de Dios al honrar a Cristo, y con poderosos argumentos trataron de convencer a Lucifer de que no tenía entonces menos honra que la que había tenido antes que el Padre proclamara el honor que había conferido a su Hijo. Le mostraron claramente que Cristo era el Hijo de Dios, que existía con él antes que los ángeles fueran creados, y que siempre había estado a la diestra del Padre, sin que su tierna y amorosa autoridad hubiese sido puesta en tela de juicio hasta ese momento.” – Historia de la redención, pág. 15

6. ¿Se arrepintió Lucifer?  II Corintios 7:10

“Lucifer no quiso escucharlos. Se apartó entonces de los ángeles leales acusándolos de servilismo. Estos se asombraron al ver que Lucifer tenía éxito en sus esfuerzos por incitar a la rebelión.” – Historia de la redención, pág. 16

“Pero la amonestación dada con un espíritu de amor y misericordia infinitos, sólo despertó espíritu de resistencia. Lucifer dejó prevalecer sus celos y su rivalidad con Cristo, y se volvió aún más obstinado.” – Conflicto de los siglos, págs. 548-549

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Ganando la simpatía de los demás

7. ¿A cuántos ángeles consiguió confundir en un inicio Lucifer?

“Entonces el enemigo señaló con regocijo a sus simpatizantes, que eran cerca de la mitad de los ángeles, y exclamó: “¡Ellos están conmigo! ¿Los expulsarás también y dejarás semejante vacío en el cielo?” Declaró entonces que estaba preparado para hacer frente a la autoridad de Cristo y defender su lugar en el cielo por la fuerza de su poder, fuerza contra fuerza. – Historia de la redención, pág. 188.

Finalmente, ¿Cuántos se unieron en su lucha? Apocalipsis 12:4

“Cuando Satanás empezó a sentirse desconforme en el cielo, no presentó su queja delante de Dios y de Cristo; sino que fue entre los ángeles que le creían perfecto, y les hizo creer que Dios le había hecho una injusticia al preferir a Cristo. El resultado de esa falsa representación fue que por simpatía con él, una tercera parte de los ángeles perdió su inocencia, su elevada condición y su feliz hogar.” – Joyas de los Testimonios, tomo 2, pág. 103

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Desechando la santa ley de Dios

9. ¿Cuál ha sido siempre el sentimiento de Lucifer, acerca de la santa Ley de Dios? Juan 8:44

“Principió por insinuar dudas acerca de las leyes que gobernaban a los seres celestiales, sugiriendo que, aunque las leyes fuesen necesarias para los habitantes de los mundos, los ángeles, siendo más elevados, no necesitaban semejantes restricciones, porque su propia sabiduría bastaba para guiarlos.”  – Patriarcas y profetas, pág. 16

10. ¿Qué dos mentiras satánicas, se oyen hoy, de parte de líderes religiosos? II Corintios 11:13-15

“Satanás representa la divina ley de amor como una ley de egoísmo. Declara que nos es imposible obedecer sus preceptos. Imputa al Creador la caída de nuestros primeros padres, con toda la miseria que ha provocado, e induce a los hombres a considerar a Dios como autor del pecado, del sufrimiento y de la muerte.” – El Deseado de todas las gentes, pág. 15

“Se suele blanquear los pecados de las iglesias populares. Muchos de sus miembros participan de los vicios más groseros, y están sumidos en la iniquidad. Babilonia ha caído y ha llegado a ser jaula de toda ave inmunda y aborrecible. Los pecados más indignos de la época hallan refugio bajo el manto del cristianismo. Muchos proclaman que la ley de Dios ha sido abolida, y viven ciertamente en armonía con su fe. Si no hay ley, no hay transgresión, y, por lo tanto, no hay pecado; pues el pecado es la transgresión de la ley.” – Testimonios para la iglesia, tomo 4, pág. 17

11. ¿Es cierta esa acusación? I Juan 2:3-4

“Jesús había de desenmascarar este engaño. Como uno de nosotros, había de dar un ejemplo de obediencia. Para esto tomó sobre sí nuestra naturaleza, y pasó por nuestras vicisitudes. “Por lo cual convenía que en todo fuese semejado a sus hermanos.” Si tuviésemos que soportar algo que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue “tentado en todo punto, así como nosotros.” Hebreos 2:17,4:15 (VM) Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos. Y no ejerció en favor suyo poder alguno que no nos sea ofrecido generosamente. Como hombre, hizo frente a la tentación, y venció en la fuerza que Dios le daba…

“Mientras andaba haciendo bien y sanando a todos los afligidos de Satanás, demostró claramente a los hombres el carácter de la ley de Dios y la naturaleza de su servicio. Su vida testifica que para nosotros también es posible obedecer la ley de Dios. Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divinidad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer.” – El Deseado de todas las gentes, págs. 15-16

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Guerra en el cielo

12. ¿Qué acontecimiento se desarrolló en el cielo? Apocalipsis 12:7-8

“Entonces hubo guerra en el cielo. El Hijo de Dios, el Príncipe celestial y sus ángeles leales entraron en conflicto con el archirrebelde y los que se le unieron. El Hijo de Dios y los ángeles fieles prevalecieron, y Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo. Toda la hueste celestial reconoció y adoró al Dios de justicia. Ni un vestigio de rebeldía quedó en el cielo.” – Historia de la Redención, pág. 18

13. ¿A dónde fueron arrojados Satanás y sus ángeles? Apocalipsis 12:9

“Después que Satanás y los que cayeron con él fueron echados del cielo, y él se dio cuenta de   que había perdido para siempre toda la pureza y gloria de aquel lugar, se arrepintió, y quiso ser reintegrado allí. Estaba dispuesto a ocupar su propio lugar, o cualquier puesto que se le asignase. Pero no; el cielo no debía ser puesto en peligro. Todo el cielo podría contaminarse si se le recibía de vuelta; pues el pecado había comenzado con él, y la semilla de la rebelión estaba en su fuero interno. Tanto él como sus secuaces lloraron, e imploraron que se los volviese a recibir en el favor de Dios. Pero su pecado—su odio, su envidia y sus celos—habían sido tan grandes que Dios no podía borrarlos. Ese pecado había de subsistir para recibir su castigo final.” – Primeros Escritos, pág. 161

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Se deja que se demuestren los frutos de la rebelión

14. ¿Por qué no destruyó Dios a Satanás inmediatamente? Salmo 19:9

“Aun cuando quedó resuelto que Satanás no podría permanecer por más tiempo en el cielo, la Sabiduría Infinita no le destruyó. En vista de que sólo un servicio de amor puede ser aceptable a Dios, la sumisión de sus criaturas debe proceder de una convicción de su justicia y benevolencia. Los habitantes del cielo y de los demás mundos, no estando preparados para comprender la naturaleza ni las consecuencias del pecado, no podrían haber reconocido la justicia y misericordia de Dios en la destrucción de Satanás. De haber sido éste aniquilado inmediatamente, aquéllos habrían servido a Dios por miedo más bien que por amor. La influencia del seductor no habría quedado destruida del todo, ni el espíritu de rebelión habría sido extirpado por completo. Para bien del universo entero a través de las edades sin fin, era preciso dejar que el mal llegase a su madurez, y que Satanás desarrollase más completamente sus principios, a fin de que todos los seres creados reconociesen el verdadero carácter de los cargos que arrojara él contra el gobierno divino y a fin de que quedaran para siempre incontrovertibles la justicia y la misericordia de Dios, así como el carácter inmutable de su ley.” – Conflicto de los siglos, págs. 552-553

Rebellion in Heaven

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Memory Text:  “Then saith Jesus unto him, Get thee hence, Satan: for it is written, Thou shalt worship the Lord thy God, and him only shalt thou serve.” Matthew 4:10

THE ORDER ESTABLISHED IN HEAVEN

Is there a hierarchy order on Heaven? I Corinthians 11: 3 last part

“The great Creator assembled the heavenly host, that He might in the presence of all the angels confer special honor upon His Son. The Son was seated on the throne with the Father, and the heavenly throng of holy angels was gathered around them. The Father then made known that it was ordained by Himself that Christ, His Son, should be equal with Himself; so that wherever was the presence of His Son, it was as His own presence. The word of the Son was to be obeyed as readily as the word of the Father. His Son He had invested with authority to command the heavenly host…

“But Christ was acknowledged sovereign of heaven, His power and authority to be the same as that of God Himself.” The Story of Redemption, pages 13-14

Who receives adoration from eternity, with the Father? Hebrews 1: 8,6 Can a created being be worshipped, such as an angel? Revelation 22: 8-9

Who followed in the hierarchy to the Son, in heaven, before the existence of sin? Ezekiel 28:14

“Satan was once an honored angel in heaven, next to Christ.” Early Writings, page 145

“Lucifer in heaven, before his rebellion, was a high and exalted angel, next in honor to God’s dear Son. His countenance, like those of the other angels, was mild and expressive of happiness.” The Story of Redemption, page 13

WARNING AGAINST GREED

What feeling was developed in Lucifer? Isaiah 14: 13-14; Ezekiel 28:17

“His Son He had invested with authority to command the heavenly host. Especially was His Son to work in union with Himself in the anticipated creation of the earth and every living thing that should exist upon the earth…

“Lucifer was envious and jealous of Jesus Christ. Yet when all the angels bowed to Jesus to acknowledge His supremacy and high authority and rightful rule, he bowed with them; but his heart was filled with envy and hatred.” The Story of Redemption, pages 13-14

“Little by little Lucifer came to indulge the desire for self-exaltation. The Scripture says, “Thine heart was lifted up because of thy beauty, thou hast corrupted thy wisdom by reason of thy brightness.” Ezekiel 28:17. “Thou hast said in thine heart, …I will exalt my throne above the stars of God…. I will be like the Most High.” Isaiah 14:13, 14. Though all his glory was from God, this mighty angel came to regard it as pertaining to himself. Not content with his position, though honored above the heavenly host, he ventured to covet homage due alone to the Creator. Instead of seeking to make God supreme in the affections and allegiance of all created beings, it was his endeavor to secure their service and loyalty to himself. And coveting the glory with which the infinite Father had invested His Son, this prince of angels aspired to power that was the prerogative of Christ alone.” Patriarchs and Prophets, page 35

What work was done in favour of Lucifer? II Peter 3: 9

“Again and again he was offered pardon on condition of repentance and submission. Such efforts as only infinite love and wisdom could devise were made to convince him of his error.” The Great Controversy page 496

“The heavenly councils pleaded with Lucifer. The Son of God presented before him the greatness, the goodness, and the justice of the Creator, and the sacred, unchanging nature of His law. God Himself had established the order of heaven; and in departing from it, Lucifer would dishonor his Maker, and bring ruin upon himself.” The Great Controversy pages 494-495

“Angels that were loyal and true sought to reconcile this mighty, rebellious angel to the will of his Creator. They justified the act of God in conferring honor upon Christ, and with forcible reasoning sought to convince Lucifer that no less honor was his now than before the Father had proclaimed the honor which He had conferred upon His Son. They clearly set forth that Christ was the Son of God, existing with Him before the angels were created; and that He had ever stood at the right hand of God, and His mild, loving authority had not heretofore been questioned; and that He had given no commands but what it was joy for the heavenly host to execute. They urged that Christ’s receiving special honor from the Father, in the presence of the angels, did not detract from the honor that Lucifer had heretofore received.” Story of Redemption, page 15

Did Lucifer repent of his sin? II Corinthians 7:10

“Lucifer refused to listen. And then he turned from the loyal and true angels, denouncing them as slaves. These angels, true to God, stood in amazement as they saw that Lucifer was successful in his effort to incite rebellion. ” The Story of Redemption, page 16

“But the warning, given in infinite love and mercy, only aroused a spirit of resistance. Lucifer allowed jealousy of Christ to prevail, and he became the more determined.” The Great Controversy page 495

WINNING THE SYMPATHY OF OTHERS

How many angels did Lucifer confuse at first?

“Then Satan exultingly pointed to his sympathizers, comprising nearly one half of all the angels, and exclaimed, “These are with me! Will you expel these also, and make such a void in heaven?” He then declared that he was prepared to resist the authority of Christ and to defend his place in heaven by force of might, strength against strength.”  The Story of Redemption, page 18

8. Finally, how many joined in their struggle? Revelation 12: 4

“When Satan became disaffected in heaven, he did not lay his complaint before God and Christ; but he went among the angels who thought him perfect and represented that God had done him injustice in preferring Christ to himself. The result of this misrepresentation was that through their sympathy with him one third of the angels lost their innocence, their high estate, and their happy home.” Testimony Treasures, Vol. 2, page 103

DISRUPTING THE HOLY LAW OF GOD

What has always been the feeling of Lucifer, about the holy Law of God? John 8:44

“He began to insinuate doubts concerning the laws that governed heavenly beings, intimating that though laws might be necessary for the inhabitants of the worlds, angels, being more exalted, needed no such restraint, for their own wisdom was a sufficient guide.” Patriarchs and Prophets, page 37

Which are two satanic lies heard today from religious leaders? II Corinthians 11: 13-15

“Satan represents God’s law of love as a law of selfishness. He declares that it is impossible for us to obey its precepts. The fall of our first parents, with all the woe that has resulted, he charges upon the Creator, leading men to look upon God as the author of sin, and suffering, and death.” Desire of the Ages, page 24

“The sins of the popular churches are whitewashed over. Many of the members indulge in the grossest vices and are steeped in iniquity. Babylon is fallen and has become the cage of every foul and hateful bird! The most revolting sins of the age find shelter beneath the cloak of Christianity. Many proclaim the law of God abolished, and surely their lives are in keeping with their faith. If there is no law, then there is no transgression, and therefore no sin; for sin is the transgression of the law.” Testimonies for the Church, vol. 4, page 13

“Many who teach that the law of God is not binding upon man, urge that it is impossible for him to obey its precepts. But if this were true, why did Adam suffer the penalty of transgression? The sin of our first parents brought guilt and sorrow upon the world, and had it not been for the goodness and mercy of God, would have plunged the race into hopeless despair. Let none deceive themselves. “The wages of sin is death.” Romans 6:23.” Patriarchs and Prophets, page 61

Is that accusation true? I John 2: 3-4

“Since Jesus came to dwell with us, we know that God is acquainted with our trials, and sympathizes with our griefs. Every son and daughter of Adam may understand that our Creator is the friend of sinners. For in every doctrine of grace, every promise of joy, every deed of love, every divine attraction presented in the Saviour’s life on earth, we see “God with us.”

“Satan represents God’s law of love as a law of selfishness. He declares that it is impossible for us to obey its precepts. The fall of our first parents, with all the woe that has resulted, he charges upon the Creator, leading men to look upon God as the author of sin, and suffering, and death. Jesus was to unveil this deception. As one of us He was to give an example of obedience. For this He took upon Himself our nature, and passed through our experiences. “In all things it behooved Him to be made like unto His brethren.” Hebrews 2:17. If we had to bear anything which Jesus did not endure, then upon this point Satan would represent the power of God as insufficient for us. Therefore Jesus was “in all points tempted like as we are.” Hebrews 4:15. He endured every trial to which we are subject. And He exercised in His own behalf no power that is not freely offered to us. As man, He met temptation, and overcame in the strength given Him from God. He says, “I delight to do Thy will, O My God: yea, Thy law is within My heart.” Psalm 40:8. As He went about doing good, and healing all who were afflicted by Satan, He made plain to men the character of God’s law and the nature of His service. His life testifies that it is possible for us also to obey the law of God. By His humanity, Christ touched humanity; by His divinity, He lays hold upon the throne of God. As the Son of man, He gave us an example of obedience; as the Son of God, He gives us power to obey. ” Desire of the Ages, page 24

A BATTLE IN HEAVEN

What event took place in Heaven? Revelation 12: 7-8

“Then there was war in heaven. The Son of God, the Prince of heaven, and His loyal angels engaged in conflict with the archrebel and those who united with him. The Son of God and true, loyal angels prevailed; and Satan and his sympathizers were expelled from heaven. All the heavenly host acknowledged and adored the God of justice. Not a taint of rebellion was left in heaven.” The Story of Redemption, page 19

Where were Satan and his angels cast down? Revelation 12: 9

“After Satan and those who fell with him were shut out of heaven, and he realized that he had forever lost all its purity and glory, he repented, and wished to be reinstated in heaven. He was willing to take his proper place, or any position that might be assigned him. But no; heaven must not be placed in jeopardy. All heaven might be marred should he be taken back; for sin originated with him, and the seeds of rebellion were within him. Both he and his followers wept, and implored to be taken back into the favor of God. But their sin—their hatred, their envy and jealousy—had been so great that God could not blot it out. It must remain to receive its final punishment.” Early writings, page 146

THE FRUITS OF REBELLION

Why did not God immediately destroy Satan? Psalm 19: 9

“Even when it was decided that he could no longer remain in heaven, Infinite Wisdom did not destroy Satan. Since the service of love can alone be acceptable to God, the allegiance of His creatures must rest upon a conviction of His justice and benevolence. The inhabitants of heaven and of other worlds, being unprepared to comprehend the nature or consequences of sin, could not then have seen the justice and mercy of God in the destruction of Satan. Had he been immediately blotted from existence, they would have served God from fear rather than from love. The influence of the deceiver would not have been fully destroyed, nor would the spirit of rebellion have been utterly eradicated. Evil must be permitted to come to maturity. For the good of the entire universe through ceaseless ages, Satan must more fully develop his principles, that his charges against the divine government might be seen in their true light by all created beings, that the justice and mercy of God and the immutability of His law might forever be placed beyond all question.” The Great Controversy, pages 498-499

Pecado, cómo tratar con el

“Ya basta con la actitud servil de los ministros nominales, y con suavizar las verdades definidas que reprochan el pecado.” (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 227)

“Si la gente está mal, y los dirigentes no levantan su voz contra esos males, los condenan; y en ese caso el pecado se carga tanto en la cuenta de ellos como en la de los ofensores.” (Testimonios para la iglesia, tomo 2, pág. 35)

“Algunos ministros e iglesias están tan ansiosos de tener un aumento en números que no dan su testimonio fielmente en contra de hábitos y prácticas no cristianas. No se enseña a los que aceptan la verdad que no pueden hallar seguridad en ser mundanos en su comportamiento y cristianos de nombre.” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pág. 161)

“Los ministros de Cristo debieran levantarse y dedicarse con todas sus energías a llevar a cabo la obra de Dios. (…) Debieran censurar y desaprobar el mal y no permitir que un hermano viva en pecado.” (Testimonios para la iglesia, tomo 1, pág. 196)

Satanás engaña a muchos con la plausible teoría de que el amor de Dios hacia sus hijos es tan grande que excusará el pecado de ellos; (…) Nunca existió el perdón incondicional del pecado, ni existirá jamás.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 560)

La desconfianza en la bondad de Dios, la falta de fe en su palabra, el rechazo de su autoridad, fue lo que convirtió a nuestros primeros padres en transgresores, e introdujo en el mundo el conocimiento del mal.
(Educación, 25)

El pecado no sólo nos aparta de Dios, sino que destruye en el alma humana el deseo y la aptitud para conocerlo. La misión de Cristo consiste en deshacer toda esta obra del mal. El tiene poder para vigorizar y restaurar las facultades del alma paralizadas por el pecado, la mente oscurecida, y la voluntad pervertida.
(Educación, 29)

Toda vida tiene que sobrellevar sufrimientos, penas y preocupaciones como resultado del pecado.
(Educación, 295)

En Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiéramos pecado.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.17)

Cristo separa siempre del pecado al alma contrita. Vino para destruir las obras del diablo, y ha hecho provisión para que el Espíritu Santo sea impartido a toda alma arrepentida, para guardarla de pecar.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.277)

Y únicamente aquellos que vivan la vida de Cristo son sus colaboradores. Si se conserva un pecado en el alma, o se retiene una mala práctica en la vida, todo el ser queda contaminado. El hombre viene a ser un instrumento de iniquidad.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.279-280)

Si uno descuida el deber que Cristo ordenó en cuanto a restaurar a quienes están en error y pecado, se hace partícipe del pecado.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.408)

El que lavó los pies de Judas anhela lavar de cada corazón la mancha de pecado.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.613)

Se me ha mostrado que mucho pecado es resultado de la ociosidad. Las manos y las mentes activas no encuentran tiempo para ceder a toda tentación que el enemigo sugiere; pero las manos y los cerebros ociosos están totalmente preparados para ser dominados por Satanás. (Testimonios T1, 145)

No hay mayor engaño que pueda seducir a la mente humana que aquel de hacer creer a los hombres que están perfectamente bien y que Dios acepta sus obras cuando están pecando contra Él.
(Testimonios T1, 158)

Resulta imposible seguir una conducta errónea sin hacer sufrir a otros. (Testimonios T1, 183)

Como la enfermedad es el resultado de la violación de las leyes naturales, la decadencia espiritual es el resultado de una continua transgresión de la ley de Dios. Sin embargo, los mismos transgresores pueden profesar que guardan todos los mandamientos del Señor.
(Testimonios T1, 464)

Para cada trasgresión hay una sanción establecida.
(T2, 62)

No todos los pecados son delante de Dios de igual magnitud; hay diferencia de pecados a su juicio, como la hay a juicio de los hombres; sin embargo, aunque éste o aquel acto malo pueda parecer frívolo a los ojos de los hombres, ningún pecado es pequeño a la vista de Dios.
(Camino a Cristo, 28)

Si hay pecados evidentes entre su pueblo y los siervos de Dios permanecen indiferentes a ellos, están virtualmente apoyando y justificando al pecador; son igualmente culpables y recibirán seguramente el desagrado de Dios pues serán hechos responsables por los pecados del culpable.
(Testimonios para la iglesia, tomo TOMO 3, PÁG. p.265-266)

La idolatría del yo, es la fuente de todo pecado.
(Testimonios TOMO 3, PÁG. 296)

Nunca consideréis ni aun al pecador más empedernido fuera del alcance de Dios.
(Testimonios para la Iglesia tomo 4, pág. 528)

Los que estén dispuestos a morir antes que cometer un mal acto, son los únicos que serán hallados fieles.
(T5, 50)

Prefiramos la pobreza, el oprobio, la separación de nuestros amigos o cualquier sufrimiento, antes que contaminar el alma con el pecado. La muerte antes que el deshonor o la trasgresión de la ley de Dios, debiera ser el lema de todo cristiano. Como pueblo que profesa ser constituido por reformadores que atesoran las más solemnes y purificadoras verdades de la palabra de Dios, debemos elevar la norma mucho más alto de lo que está actualmente. El pecado y los pecadores que hay en la iglesia deben ser eliminados prestamente, a fin de que no contaminen a otros. La verdad y la pureza requieren que hagamos una obra más cabal para limpiar de de Acanes el campamento. No toleren en un hermano los que tienen cargos de responsabilidad. Muéstrenle que debe dejar sus pecados o ser separado de la iglesia.
(T5, 137)

El pecado de la calumnia comienza cuando se acarician malos pensamientos. (…)
Para no cometer pecado, tenemos que resistir sus mismos comienzos. Todo afecto y pasión han de sujetarse a la razón y a la conciencia. Todo pensamiento no santificado debe ser repelido inmediatamente.
(T5, 165)

Mis hermanos, os digo que un gran número de los que profesan creer, y aún enseñar la verdad, son esclavos del pecado.
(T5, 204)

Debéis siempre sentir que es pecado actuar en base a impulsos.
(T5, 395)

Cuando el error es evidente entre los hijos de Dios y sus servidores los consideran con indiferencia, implícitamente están apoyando y justificando al pecador, y son igualmente culpables, y lo mismo que ellos serán objeto del desagrado divino; además serán considerados responsables de los pecados de los culpables.
(T5, 633)

En la iglesia existen pecados que Dios odia, pero rara vez se mencionan por temor de crear enemigos.
(Spiritual Gifts, T2, p. 283-284)

Hay muchas cosas que nunca sabremos; pero lo que ha sido revelado responsabiliza y culpa a la iglesia a menos que haga un decidido esfuerzo para erradicar el mal. Limpiad el campamento, porque hay anatema en él…
(TESTIMONIOS PARA LOS MINISTROS, PÁG.428)

Jesús murió para hacernos un camino de salida, a fin de que pudiésemos vencer todo mal genio, todo pecado, toda tentación y sentarnos al fin con él.
(1JT, 43)

Aquellos que no sienten pesar por su propia decadencia espiritual ni lloran por los pecados ajenos quedarán sin el sello de Dios.
(2JT, 65)

No puede existir amor profundo por Jesús en el corazón que no comprende su propia perversidad. El alma que se haya transformado por la gracia de Cristo, admirará su divino carácter. Pero el no ver nuestra propia deformidad moral, es una prueba inequívoca de que no hemos llegado a ver la belleza y excelencia de Cristo.
(CC, 65)

La muerte antes que la deshonra o la trasgresión de la ley de Dios: Este debería ser el lema de todo cristiano.
(C.P. Jóvenes, 78)

Es mejor morir que pecar; es mejor padecer necesidad que defraudar; es mejor pasar hambre que mentir.
(EUD, 146 y 495)

Se han acariciado pecados que sin embargo no se han llevado a cabo por falta de oportunidad. La ley de Dios los registra todos ellos. Esos pecados ocultos, secretos forman el carácter.
(The Ellen G. White Materials, p. 374)

Los libros del cielo registran los pecados que se hubieran cometido si hubiese habido oportunidad.
(Signs of Times 31-7-1901; 5 CBA, 1061)

Cristo imputa su perfección y justicia al pecador creyente que no continúa en el pecado, sino que se aparta de la trasgresión para obedecer los mandamientos.
(Review & Herald 23-05-1899)

El único remedio contra el vicio es la gracia y el poder de Cristo.
(Temperancia, 94)

La ociosidad es pecado.
(Notas Biográficas, 96)

Nuestro Salvador enseñó que no se debe recibir en la iglesia a los que pecan voluntariamente; no obstante, unió consigo mismo a hombres de carácter defectuoso y les concedió el beneficio de sus enseñanzas y de su ejemplo, para que tuviesen oportunidad de ver sus faltas y enmendarlas.
(Cristo Triunfante, 323)

El pecado y los pecadores que hay en la iglesia deben ser eliminados prestamente, a fin de que no contaminen a otros.
(C. Salud, 628)

Si abrigáramos habitualmente la idea de que Dios ve y oye todo lo que hacemos y decimos, y que conserva un fiel registro de nuestras palabras y acciones, a las que deberemos hacer frente en el día final, temeríamos pecar.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 217)

En el tiempo de la angustia que vendrá inmediatamente antes de la venida de Cristo, los justos serán resguardados por el ministerio de los santos ángeles; pero no habrá seguridad para el trasgresor de la ley de Dios. Los ángeles no podrán entonces proteger a los que estén menospreciando uno de los preceptos divinos.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 261)

Antes que el cristiano peque abiertamente, se verifica en su corazón un largo proceso de preparación que el mundo ignora. La mente no desciende inmediatamente de la pureza y la santidad a la depravación, la corrupción y el delito. Se necesita tiempo para que los que fueron formados en semejanza de Dios se degraden hasta llegar a lo brutal o satánico.
(PP ,490)

Al ceder al pecado, los hombres dan a Satanás acceso a sus mentes, y avanzan de una etapa de maldad a otro. (PP, 428)

La iniquidad del pueblo que profesa creer en Dios no quedará impune.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. ,632)

El pecado de David representaba mal el carácter de Dios, y echaba oprobio sobre su nombre.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. p. 779)

El alimento que Dios dio a Adán en su estado sin pecado es el mejor para el consumo del hombre que procura recuperar ese estado sin pecado. (JT, t1. 139)

Por el deseo de exaltación propia entró el pecado en el mundo.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 20)

A medida que una persona se siente persuadida a mirar a Cristo levantado en la cruz, percibe la pecaminosidad del ser humano. Comprende que es el pecado lo que azotó y Crucificó al Señor de la gloria. Reconoce que aunque se lo amó con cariño indecible, su vida ha sido un espectáculo continuo de ingratitud y rebelión Abandonó a su mejor Amigo y abusó del don más precioso del cielo. El mismo crucificó nuevamente al Hijo de Dios y traspasó otra vez su corazón sangrante y agobiado. Lo separa de Dios un abismo ancho, negro y hondo, y llora con corazón quebrantado.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 17)

No es la magnitud del acto de desobediencia lo que constituye el pecado, sino el desacuerdo con la voluntad expresa de Dios en el detalle más mínimo, porque demuestra que todavía hay comunión entre el alma y el pecado.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 48)

Dios no utiliza medidas coercitivas; el agente que emplea para expulsar el pecado del corazón es el amor. Mediante él, convierte el orgullo en humildad, y la enemistad y la incredulidad, en amor y fe.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 67)

Cuando sentimos que hemos pecado y no podemos orar; ese es el momento de orar.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 98)

La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y que ese vacío sea llenado por la gracia del Espíritu Santo.
(DMENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 345)

Cualesquiera que sean las tendencias al mal, que hayamos heredado o cultivado, podemos vencerlas mediante la fuerza que Dios está pronto a darnos.
(Temperancia, 100)

Hay muchos que pretenden servir a Dios, pero que no lo conocen por experiencia. Su deseo de hacer la voluntad divina se basa en su propia inclinación, y no en la profunda convicción impartida por el Espíritu Santo. Su conducta no armoniza con la ley de Dios. Profesan aceptar a Cristo como su Salvador, pero no creen que él quiere darles poder para vencer sus pecados. No tienen una relación personal con un Salvador viviente, y su carácter revela defectos así heredados como cultivados.
Una cosa es manifestar un asentimiento general a la intervención del Espíritu Santo, y otra cosa aceptar su obra como reprendedor que nos llama al arrepentimiento. Muchos sienten su lejanía de Dios, comprenden que están esclavizados por el yo y el pecado; hacen esfuerzos por reformarse; pero no crucifican el yo. No se entregan enteramente en las manos de Cristo, buscando el poder divino que los habilite para hacer su voluntad. No están dispuestos a ser modelados a la semejanza divina. En forma general reconocen sus imperfecciones, pero no abandonan sus pecados particulares. Con cada acto erróneo se fortalece la vieja naturaleza egoísta.
(PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO, PÁG.. 29)

Cuando estemos revestidos por la justicia de Cristo, no tendremos ningún gusto por el pecado, pues Cristo obrará dentro de nosotros. Quizá cometamos errores, pero aborreceremos el pecado que causó los sufrimientos del Hijo de Dios.
(Mensajes Selectos, t1, 422)

No se debe hacer ninguna concesión a los malos hábitos o prácticas pecaminosas ni se debe transigir con ellos.
(Mensajes Selectos, t1, 445)

La religión liviana que hace del pecado algo de poca gravedad y que constantemente se detiene en el amor de Dios hacia el pecador, anima a éste a creer que Dios lo salvará mientras continúa en el pecado, sabiendo que es pecado.
(Mensajes Selectos, tomo 3, pág. 175)

Tan pronto como cometéis un pecado debéis correr al trono de gracia y contarle todo a Jesús. Debéis llenaros de dolor por el pecado, porque con el pecado habéis debilitado vuestra propia espiritualidad, agraviado a los ángeles del cielo y herido el amante corazón de vuestro Redentor.
(Mensajes Selectos, tomo 3, pág. 223)

La belleza de la naturaleza por si misma, aparta al alma del pecado y de las atracciones mundanas.
(Consejos Maestros, 178)

Cuando se estaba juzgando al Hijo de Dios, los judíos clamaron: “Quítale, crucifícale”; porque su vida pura y su enseñanza santa los convencían de pecado y los condenaban; y por la misma razón muchos claman en su corazón contra la Palabra de Dios. Muchos, aun entre los niños y jóvenes, han aprendido a amar el pecado.
(Consejos Maestros, 410)

La iniquidad que prevalece extensamente hoy puede atribuirse en cierta medida al hecho de que no se estudian ni se obedecen las Escrituras; porque cuando la Palabra de Dios es desechada, se rechaza su poder para refrenar las malas pasiones del corazón natural.
(PR. 460)

Muchos deciden servirse a si mismos y a Satanás al no hacer un esfuerzo decidido para superara sus defectos de carácter. Mientras muchos se lamentan de sus propensiones pecaminosas, esperando dominarlas en un tiempo futuro, están decidiéndose para la perdición.
(4 Testimonies for the Church, 343:02-344:0.)

Las iglesias nominales están llenas de fornicación y adulterio, crimen y asesinato, como resultado de la pasión licenciosa: pero estas cosas se mantienen cubiertas. Los ministros en altas posiciones son culpables; a pesar de que un manto de santidad cubre sus oscuras hazañas, y dejan pasar año tras año en su actitud hipócrita. Los pecados de las iglesias nominales han alcanzado el cielo, y el honesto de corazón será llevado a la luz y saldrá de ellos.
(2 Testimonies for the Church, 449)

Por medio del poder de Cristo, los hombres y mujeres han roto las cadenas de los hábitos pecaminosos.
(HA, 379)

Ningún hombre puede cubrir su alma con el manto de justicia de Cristo mientras practique pecados conocidos o descuide deberes conocidos.
(Fe por la Cual Vivo, 117)

Cuanto más fervientes sean nuestros esfuerzos para alcanzar la santidad del corazón y la vida, tanto más aguda será nuestra percepción del pecado, y más decididamente lo desaprobaremos. Debemos ponernos en guardia contra la indebida severidad hacia el que hace mal; pero también debemos cuidar de no perder de vista el carácter excesivamente pecaminoso del pecado.
(OE, 30-31)

Si Cristo está en nosotros crucificaremos la carne con sus pasiones y concupiscencias.
(OE, 48)

La fe se aferra a las promesas de Dios, y produce obediencia. La presunción se apoya también en las promesas, pero las emplea como las empleó Satanás, para disculpar la trasgresión. (…)
La presunción indujo a nuestros primeros padres a violar su ley, creyendo que su gran amor los salvaría de las consecuencias de su pecado.
(OE, 274)

Cristo prometió que el Espíritu Santo habitaría en aquellos que luchasen para obtener la victoria sobre el pecado.
(OE, 303)

La ley de Dios condena no solamente lo que hemos hecho, sino lo que dejamos de hacer.
(Manuscrito 30, 1889)

Los que estén dispuestos a morir antes que cometer un acto malo, serán los únicos a quienes se considerará fieles.
(MAR, 80)

La experiencia incierta de muchos profesos cristianos-que pecan y se arrepienten y continúan en esa condición espiritual empequeñecida- es el resultado de la mundanalidad y la impiedad en la vida. Se provee gracia salvadora de Cristo para la vida diaria. Cristo no vino a salvar a los hombres en sus pecados sino de sus pecados.
(ATO, 20)

La religión que hace del pecado un asunto liviano, espaciándose en el amor de Dios hacia el pecador sin tener en cuenta sus acciones, estimula al pecador a creer que Dios lo salvará mientras continúa en lo que sabe que es pecado.
(Cristo Triunfante, 83)

Satanás engaña a muchos con la sugestiva teoría de un amor divino tan grande que excusará todos sus pecados.
(Cristo Triunfante, 141)

Cristo puede salvar hasta lo sumo a todos los que se acercan a él con fe. Si se lo permiten, los limpiará de toda contaminación; pero si se aferran a sus pecados no hay posibilidad de ser salvos, pues la justicia de Cristo no cubre los pecados por los cuales no ha habido arrepentimiento. Dios ha declarado que aquellos que reciben a Cristo como a su Redentor, aceptándolo como Aquel que quita todo pecado, recibirán el perdón de sus transgresiones.
(MS 142, 1899; CBA7, 942)

Por causa del pecado, Satanás fue expulsado del cielo; y ningún hombre que consienta o fomente el pecado puede ir al cielo, porque entonces Satanás tendría nuevamente entrada allí.
(4T, 346; La Segunda Venida y el Cielo, 179)

La iglesia es en gran medida responsable por los pecados cometidos por sus miembros. Presta apoyo al mal si no alza su voz contra él.
(Southern Watchman, 10 de mayo 1904)

El acto de tentar es de Satanás, pero el de ceder es vuestro. Toda la hueste de Satanás no tiene poder para forzar al tentado a ceder. No hay excusa para el pecado.
(MENSAJES PARA LOS JÓVENES, PÁG. 428)

Sólo Dios pone enemistad contra el pecado en el corazón humano.
(Manuscrito 5, 5 enero 1904)

Para el pecado, dondequiera que se encuentre, “nuestro Dios es fuego consumidor.” En todos los que se someten a su poder, el Espíritu de Dios consumirá el pecado. Pero si los hombres se aferran al pecado, llegan a identificarse con él. Entonces la gloria de Dios que destruye el pecado, debe destruirlos a ellos también.
(EL DESEADO DE TODAS LAS GENTES, PÁG.82,83)

Si cerramos nuestros ojos a la luz por temor a ver nuestros errores, que no estamos dispuestos a abandonar, nuestros pecados no resultan disminuidos, sino aumentados.
(CONSEJOS SOBRE EL RÉGIMEN ALIMENTICIO, PÁG. 51)

Un solo descuido de las elevadas exigencias del deber, puede ser el comienzo de un proceder engañoso que os puede llevar a las filas de Satanás, aunque profeséis todo el tiempo amar a Dios y su causa.
(Evangelismo, 494)

Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativamente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial.
(EL CONFLICTO DE LOS SIGLOS, PÁG.474)

El poder que tenemos para vencer a Satanás es el resultado de que Cristo more en nosotros para así hacer su voluntad y las cosas que le agradan.
(Testimonios para la iglesia, tomo 6, pág.  399)

Si albergáis o excusáis el pecado, estáis sellando el destino de vuestra alma.
(Testimonios para la iglesia, tomo 6, pág.  405)

La historia de Acán enseña la solemne lección de que por el pecado de un hombre, el desagrado de Dios recaerá sobre un pueblo o una nación hasta que la transgresión sea descubierta y castigada. El pecado es corruptor por naturaleza. Un hombre infectado de esa lepra mortal puede transmitir la mancha miles. Los que ocupan posiciones de responsabilidad como guardianes del pueblo, traicionan la confianza depositada en ellos si no son fieles en buscar, descubrir y reprender el pecado. . .
(Conflicto y Valor, 120)

La religión de Cristo significa más que el perdón del pecado; significa la extirpación de nuestros pecados y el llenado del vacío con los dones del Espíritu Santo.
(PALABRAS DE VIDA DEL GRAN MAESTRO, PÁG., 345)

Es el Espíritu Santo el que convence de pecado, y con el consentimiento del ser humano, lo expele del corazón.
(Our High Calling, 152)

El olvido es pecado. (ver párrafo)
(Testimonios para la iglesia, tomo 3, pág.18)

Dios considera a su pueblo como un cuerpo, responsable por los pecados que existen en los individuos que están entre ellos. Si los dirigentes de la iglesia descuidan la investigación diligente de los pecados que traen el desagrado de Dios sobre el cuerpo, llegan a ser responsables por estos pecados.
(Testimonios para la Iglesia TOMO 3, PÁG. 298)

La compasión ciega transige con el pecado y permite que el mal obrar acarree oprobio a la causa de Dios.
(Testimonios para la Iglesia TOMO 4, PÁG. 222)

La eliminación de las manchas del pecado requiere la obra de toda una vida. Cada día se necesita hacer esfuerzos renovados para refrenar el yo y negarlo. Cada día hay nuevas batallas que pelear y victorias que ganar. Cada día el alma debe ejercitarse en fervientes súplicas ante Dios por las grandes victorias de la cruz.
(Testimonios para la Iglesia, TOMO 4, PÁG. 421,422)

Cada indulgencia en el pecado debilita el alma; y abre la puerta para que Satanás entre y tome el control de la mente, haciendo del individuo su siervo efectivo.
(Signs of Times, 27 marzo, 1884)

El ojo del Señor está sobre toda la obra, todos los planes, todas las imaginaciones de toda mente; él ve debajo de la superficie de las cosas, discierne los pensamientos y las Intenciones del corazón. No hay un hecho de tinieblas, no hay un plan, no hay una imaginación del corazón, no hay un pensamiento de la mente, que él no lea como un libro abierto. Todo hecho, toda palabra, todo motivo, es fielmente registrado en los libros por el gran Escudriñador del corazón que dijo: “Yo conozco tus obras”.
(TESTIMONIOS PARA LOS MINISTROS, PÁG.471,472)

Todo hábito que destruye las energías físicas, mentales o espirituales, es pecado.
(MINISTERIO DE CURACIÓN, PÁG.76-77)

Satanás está trabajando con todo su poder engañador para entrampar al mundo. Los hace creer que el gran sacrificio hecho por el Hijo fue hecho para abolir la Ley de Dios. Él representa a Cristo como opuesto a la Ley del gobierno de Dios en el cielo y en la tierra. (…) La muerte del amado Hijo de Dios muestra la inmutabilidad de La ley. Su muerte magnifica la Ley y la hace más honorable, y da evidencia a los hombres de su carácter inmutable. De sus propios labios se escuchan las palabras, “No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas; No he venido a destruir sino a cumplir.” La muerte de Cristo justifica las demandas de la ley.
Pero la doctrina de los Nicolaitas se ha extendido diciendo que el Evangelio de Cristo ha dejado sin efecto la Ley de Dios; que “creyendo” somos librados de la necesidad de ser hacedores de la palabra. Pero esta es la doctrina de los Nicolaitas, la cual Cristo condenó tan severamente. Aquellos que enseñan esta doctrina tienen mucho que decir sobre la fe y la justificación de Cristo; pero ellos pervierten la verdad, y la hacen servir para la causa del error.
Declaran que nosotros sólo tenemos que creer en Jesucristo, y que la fe es suficiente; que la justicia de Cristo es la credencial del pecador; que esta justicia imputada cumple la ley por nosotros, y que no estamos en la obligación de obedecer la ley de Dios.
(Signs of Times, 25 febrero, 1897)

Cometer actos que desagradan a Dios, a no ser que haya un arrepentimiento y un abandono en vez de tartar de justificarlos, lleva al transgresor paso a paso al engaño hasta que se cometan muchos pecados con impunidad.
(Manuscrito Liberado, 1305)

La mente se educa en la familiaridad con el pecado.
(PATRIARCAS Y PROFETAS, PÁG. 490,491)

El Santuario

O.R.L. Crosier

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Presentación

“Haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte” (Heb. 8:5).

Este artículo, ‘El santuario’, se imprimió en el ‘Day-Star Extra‘, en 1846. En relación con él, E. White escribió en una carta dirigida al hermano Eli Curtis, fechada el 21 de abril de 1847:

“Creo que el santuario que ha de ser purificado al final de los 2.300 días es el templo de la Nueva Jerusalem, del que Cristo es ministro. El Señor me mostró en visión, hace más de un año, que el hermano Crosier tenía la verdadera luz sobre la purificación del santuario; y que era su voluntad que escribiese la exposición que nos hizo en el Day-Star Extra del 7 de febrero de 1846. Me siento plenamente autorizada por el Señor para recomendar ese Extra a todo santo” (‘Una palabra a la manada pequeña‘, publicado en 1847).

En Review & Herald de septiembre de 1850 se reimprimió el artículo, aparentemente en su totalidad. Volvió a ser impreso en un par de ocasiones, en los dos años sucesivos. Reproducimos aquí el artículo en su totalidad, tal como aparece en la Review de septiembre de 1850. Las referencias bíblicas se han convertido de la numeración romana a la árabe. Se han corregido algunos errores muy evidentes en las referencias bíblicas. Entre corchetes se han incluido algunas notas aclaratorias.

W.C. White, 9 octubre 1931 (abreviado)

El Santuario

O.R.L. Crosier

Day-Star Extra, 1846

El santuario era el corazón del sistema típico (simbólico). Allí puso el Señor su nombre, manifestó su gloria y se comunicó con el sumo sacerdote, en relación con el bien de Israel. Al preguntar a las Escrituras en qué consiste el santuario, expulsemos de la mente todo prejuicio educacional. La Biblia define con claridad cuál es el santuario, y responde a toda cuestión razonable que quepa hacerse sobre él.

El nombre “santuario” se aplica a diversas cosas en el Antiguo Testamento, y el Todopoderoso no dijo a Daniel qué santuario había de ser purificado al final de los 2.300 días, pero lo denominó santuario, como si Daniel comprendiese bien a qué se estaba refiriendo. El hecho de que Daniel no le preguntase en qué consistía, confirma lo anterior. Pero dado que la identificación del santuario ha venido a ser tema de discusión, nuestra única seguridad consiste en identificarlo en el Nuevo Testamento, que es el comentario divino sobre él. Su decisión debiera poner fin a toda controversia entre cristianos.

Pablo se refiere ampliamente a ese asunto en la epístola a los Hebreos, a quienes pertenecía el pacto típico [relativo al sistema simbólico del Antiguo Testamento]. “El primer pacto tenía reglas para el culto, y también un santuario terrenal” (Heb. 9:1-5).

“Se levantó una tienda. En su primera parte, llamada Lugar Santo (hagia), estaban las lámparas, la mesa y los panes de la Presencia.

Tras el segundo velo estaba la parte llamada Lugar Santísimo (hagia hagion).

Este tenía el incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro. Esta arca contenía una urna de oro con el maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto.

Sobre ella los querubines de gloria cubrían el propiciatorio. De estos objetos no hablaremos ahora en detalle”.

Encontramos una descripción detallada en los últimos cuatro libros del Pentateuco. “Santuario” fue el primer nombre que el Señor le dio. En Éxodo 25:8 abarca, no solamente el tabernáculo con sus dos departamentos, sino también el atrio (o patio), así como todos los utensilios del ministerio. A todo ello Pablo lo denomina el santuario del primer pacto, que “es símbolo para el tiempo actual, según el cual se ofrecen presentes y sacrificios” (Heb. 9:9).

“Pero Cristo ya vino, y ahora es el Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. El santuario donde él ministra es más grande y más perfecto; y no es hecho por mano de hombre, es decir, no es de este mundo” (vers. 11).

Los sacerdotes entraban en lo que era “símbolo” o “copia de las realidades” que constituían los “lugares celestiales mismos” en los que entró Cristo, cuando “entró en el mismo cielo” (vers. 23 y 24). Cuando Cristo ascendió a la diestra del Padre, a “las realidades celestiales mismas”, vino a ser “ministro del santuario, de aquel verdadero tabernáculo que el Señor levantó, y no el hombre” (Heb. 8:1 y 2). Ese es el santuario del “pacto mejor [nuevo]” (vers. 6).

El santuario que ha de ser purificado al final de los 2.300 días es también el santuario del nuevo pacto, ya que la visión del santuario echado por tierra hace referencia a un período posterior a la crucifixión. Vemos que el santuario del nuevo pacto no está en la tierra, sino en el cielo. El verdadero Tabernáculo que forma parte del santuario del nuevo pacto, fue hecho y construido por el Señor, en contraste con el del primer pacto, que fue hecho y levantado por el hombre en obediencia al mandamiento de Dios (Éx. 25:8).

Ahora, ¿qué dice el mismo apóstol que el Señor ha construido? “Porque esperaba la ciudad con fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Heb. 11:10). ¿Cuál es su nombre? La “Jerusalén celestial” (Heb. 12:22; Apoc. 21). “Un edificio celestial, una casa eterna, hecha no por manos humanas” (2 Cor. 5:1). “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Juan 14:2).

Cuando nuestro Salvador estuvo en Jerusalén, y declaró su casa desierta, los discípulos le señalaron el edificio del templo. Él dijo entonces: “Os aseguro que no quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Mat. 24:1 y 2). El templo era su santuario (1 Crón. 22:17-19; 28:9-13; 2 Crón. 29:5, 21; 36:14, 17). Una sentencia como la que pronunció habría de llenarles de temor y congoja, como premonición del quebranto, cuando no de la total caída de su sistema religioso por completo. Pero a fin de darles ánimo e instrucción, les dijo: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas” (Juan 14:1-3).

Estando, como era el caso, en la línea divisoria entre el pacto típico [simbólico, perteneciente al Antiguo Testamento] y el antitípico [el real, el celestial], y habiendo acabado de declarar que la casa del primero dejaba de estar vigente en vista de su anunciada destrucción, cuán lógico era que dirigiera la atención de sus discípulos al santuario del segundo, en el que habrían de centrarse sus afectos e intereses tal como lo hicieran antes con el primero. El santuario del nuevo pacto está relacionado con la Nueva Jerusalén, de igual forma en que lo estaba el del antiguo pacto con la antigua Jerusalén. De igual forma en que ese era el lugar en donde ministraban los sacerdotes de ese pacto, así sucede en el cielo, lugar en donde ministra el Sacerdote del nuevo pacto. A ese lugar, y sólo a ese, aplica el Nuevo Testamento el término de “santuario”, lo que debiera zanjar toda discusión al respecto.

Pero dado que se nos ha instruido repetidamente a mirar hacia la tierra al pensar en el santuario, es apropiado preguntarse, ¿bajo la autoridad de qué Escritura hemos sido así enseñados? Yo no puedo encontrar ninguna. Si alguien lo logra, que lo haga saber. Es necesario recordar que la definición de santuario es “un lugar santo o sagrado”. ¿Es la tierra, es Palestina, un lugar tal? La única respuesta es: -¡No! ¿Se instruyó así a Daniel? Analicemos su visión.

“Y el lugar de su santuario fue echado por tierra” (Dan. 8:11). Ese ser echado por tierra fue en los días –y por intermedio– del poder Romano; por lo tanto, el santuario al que señala ese texto no era la tierra ni Palestina, ya que el primer santuario fue destruido en la caída, y el posterior en la cautividad, más de 4.000 y 700 años respectivamente antes del evento al que apunta ese texto, y ninguno de ellos por intermedio de Roma.

El santuario que fue echado por tierra es aquel contra el que Roma se había exaltado, aquel al que pertenecía el Príncipe de los príncipes, Jesucristo; y Pablo enseña que su santuario se halla en el cielo. También Daniel 11:30 y 31, “Porque vendrán contra él naves de Quitim, y él se desalentará. Entonces volverá, y se enojará contra el pacto santo (la cristiandad). Volverá, pues, y favorecerá a los que abandonen el santo pacto (sacerdotes y obispos). Sus fuerzas (civiles y religiosas) profanarán el santuario de la fortaleza (Roma y los que olvidan el pacto santo), quitarán el continuo, y pondrán la abominación asoladora”.

¿Qué fue eso que Roma y los apóstoles del cristianismo habrían de contaminar con su abominación asoladora? Esa combinación se formaría contra el “santo pacto”, y fue el santuario de ese pacto el que contaminarían (asolarían), cosa que harían igualmente con el nombre de Dios (Jer. 34:16; Eze. 20; Mal. 1:7). Eso equivalía a profanar o blasfemar su nombre. En ese sentido, esa bestia político-religiosa desoló el santuario (Apoc. 13:6), y lo echó por tierra, desde su lugar en el cielo (Sal. 102:19; Jer. 17:12; Heb. 8:1 y 2) al llamar a Roma la santa ciudad (Apoc. 21:2) e instalar allí al Papa bajo los títulos: “Señor Dios el Papa”, “Cabeza de la iglesia”, etc. Y esa falsificación del “templo de Dios” profesa realizar aquello que Jesús hace en su santuario (2 Tes. 2:1-8). El santuario ha sido echado por tierra (Dan. 8:13), lo mismo que el Hijo de Dios (Heb. 10:29).

Daniel oró: “Haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado” (Dan. 9:17). Se trataba del santuario típico edificado por Salomón. “Ahora que el Eterno te ha elegido para que edifiques una casa que sea su santuario. ¡Esfuérzate y hazla!” (1 Crón. 28:10-13). El santuario compartió la suerte con Jerusalén en sus setenta años de desolación (Dan. 9:2; 2 Crón. 36:14-21). Fue re-edificado tras la cautividad (Neh. 10:39). A Moisés se le dio el modelo del santuario, edificado al pie del Sinaí tras haber estado con el Señor cuarenta días en la nube, sobre el monte; y a David se le dio el modelo del que edificó Salomón, que superaba al de Moisés, con sus cámaras, porches, atrios de los sacerdotes y levitas, y todos los utensilios del servicio, según “los planos que el Espíritu había puesto en su mente” (1 Crón 28:10-13).

Es un hecho manifiesto que tanto Moisés como David tuvieron visiones proféticas de la Nueva Jerusalén con su santuario y con Cristo, el Sacerdote oficiante. Cuando el santuario edificado por Moisés resultó superado por el de Salomón, se trasladó el Arca del uno al otro (2 Crón. 5:2-8). El santuario comprendía, no sólo el Tabernáculo, sino también los utensilios del ministerio, y también el atrio en cuyo recinto se levantaba el Tabernáculo (Núm. 3:29-31; 10:17, 21). Así, el patio (o atrio) donde el Tabernáculo se asentaba, era llamado con propiedad el santuario ([según el historiador] Prideaux). Podemos ver lo mismo en 2 Crón. 29:18, 21. “Ya hemos limpiado toda la casa del Señor, el altar del holocausto, todos sus instrumentos, y la mesa de la Presencia con todos sus utensilios”.

El altar de los holocaustos con sus utensilios estaba ante al Tabernáculo, en el atrio. En el versículo 21 a todo eso se lo denomina “santuario”. Bien, dirá alguno, ¿acaso no constituye Palestina el santuario? No lo creo. Éxodo 15:17: “Tú los introducirás y los plantarás en el monte de tu herencia, en el lugar de tu habitación que tú has preparado, oh Eterno, en el santuario que afirmaron tus manos”.

Cuál es la “habitación que [el Señor ha] preparado”, la que afirmaron [sus] manos? Pablo afirma que se trata de una “ciudad” (Heb. 11:10), de un “santuario” (Heb. 8:2), de “un edificio celestial, una casa eterna, hecha no por manos humanas” (2 Cor. 5:1). Y el Señor ha elegido el monte Sión, en Palestina, como el lugar para su morada definitiva (Sal. 132:13 y 14). “El Eterno eligió a Sión, la quiso para su morada. Este es siempre el lugar de mi reposo, aquí habitaré, porque la he preferido”.

“Los llevó después a los términos de su tierra santa, a ese monte que ganó su mano derecha” (Sal. 78:54), que era su lugar elegido, pero no propiamente el santuario; no más de lo que el monte Moria, sobre el que se edificó el templo, era el templo mismo. ¿Consideraron ese lugar como el santuario? Si ellos no lo hicieron, tampoco nosotros debiéramos hacerlo. Una mirada al texto en donde aparece [el santuario] mostrará: “Y me harán un santuario, y habitaré entre ellos” (Éx. 25:8). “El siclo del santuario” (Éx. 30:13) y unos veinte más similares. “Así, Bezaleel, Aholiab y todo hombre diestro, a quien el Señor dio sabiduría e inteligencia para ejecutar toda la obra del santuario, realizaron todo lo que había mandado el Eterno” (Éx. 26:1-6; 36:1). “El velo del santuario” (Lev. 4:6). “Sacad a vuestros hermanos de delante del santuario” (Lev. 10:4). “Ni vendrá al santuario” (Lev. 12:4). “Expiará el santuario” (Lev. 16:33). “Reverenciad mi santuario” (Lev. 19:30; 26:2). “Para no profanar el santuario de su Dios” (Lev. 21:12). “Los útiles del santuario” (Núm. 3:31). “Cuidarán del santuario” (Núm. 3:32, 38). “Utensilios del servicio que se usan en el santuario” (Núm. 4:12). “Se encargarán del santuario y de todo lo que hay en él” (Núm. 4:16). “Y cuando Aarón y sus hijos acaben de cubrir el santuario y todos sus enseres, cuando se haya de mudar el campamento, vendrán los coatitas para transportarlos” (Núm. 4:15; 7:9; 10:21). “Para que no haya plaga en ellos cuando lleguen al santuario” (Núm. 8:19). “Tú y tus hijos, y la casa de tu padre contigo, cargaréis el pecado cometido contra el santuario” (Núm. 18:1). “Contaminó el santuario del Eterno” (Núm. 19:20). Josué “tomó una gran piedra y la levantó allí debajo de una encina que estaba junto al santuario del Eterno” (Josué 24:26). “Todos los utensilios del santuario” (1 Crón. 9:29). “Edificad el santuario de Dios” (1 Crón. 22:19). “Príncipes del santuario” (1 Crón. 24:5). “El Eterno te ha elegido para que edifiques una casa que sea su santuario” (1 Crón. 28:10; 2 Crón. 20:8). “Sal del santuario” (2 Crón. 26:18; 29:21; 30:8). “Purificado según el rito del santuario” (2 Crón. 30:19; 36:17).

He presentado casi todos los textos y creo que cada una de las diferentes expresiones en las que aparece la palabra, hasta llegar a los Salmos, de forma que cualquiera pueda ver lo que ellos entendían por “santuario”. De entre los cincuenta textos citados, ni uno sólo se aplica a la tierra de Palestina, o a alguna otra tierra. A ese santuario, aunque hecho con cortinas, se lo llamaba “la casa de Dios” (Jueces 18:31; 1 Sam. 1:7-24), y fue erigido en la ciudad de Silo con ocasión del reparto de la tierra (Jueces 18:1, 10), por lo tanto, se lo llamó “el santuario de Silo” (Sal. 78:69). El Señor lo abandonó cuando los filisteos tomaron el Arca (1 Sam. 3-11) y cambió su fuerza en cautividad, y entregó su gloria en manos de su enemigo (1 Sam. 4:21).

Fue devuelta a Quíriat Jearim (1 Sam. 7:1), y luego a la casa de Obed Edom, por entonces ciudad de David, que es Sión (2 Sam. 6:1-19; 5:9), y después, por indicación de Salomón, el Arca fue depositada en el lugar santísimo del templo (1 Rey. 8:1-6), edificado en el monte Moria, cerca del monte de Sión (2 Crón. 3:1). El Señor había escogido a Sión como lugar de su reposo para siempre (Sal. 132:13 y 14), pero hasta entonces no había morado allí sino por un breve período, y entre cortinas hechas a mano; pero al volver en gloria tendrá “piedad de Sión” y la re-edificará; entonces Jerusalén será una “morada de quietud, tienda que no será desarmada” (Sal. 102; Isa. 33:20). Entonces el pueblo de Sión vivirá en Jerusalén (Isa. 30:18 y 19). El cántico de Moisés (Éx. 15) es evidentemente profético y se explaya en las felices escenas del Edén Sión. Así lo hizo también Ezequiel. El Señor traerá a toda la casa de Israel desde sus tumbas hasta la tierra de Israel, para establecer entonces su santuario y Tabernáculo en medio de ellos para siempre. El santuario no es “la tierra de Israel” ni su pueblo, ya que está instalado en medio de él, y está edificado y forma parte de esa ciudad cuyo nombre es “el Eterno está allí” (Eze. 48:35).

El sacerdocio de Cristo

El sacerdocio del santuario terrenal del primer pacto pertenecía a los hijos de Leví; pero el sacerdocio celestial, el del mejor pacto, pertenece al Hijo de Dios. Él encarna ambos, el sacerdocio de Melquisedec y el de Aarón. En ciertos aspectos el sacerdocio de Cristo es semejante al de Melquisedec, y en otros, al de Aarón o Leví. (1) fue “hecho Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (Heb. 6:20). “Orden” significa sucesión o dinastía. Cristo, como Melquisedec, no tenía ascendencia sacerdotal (Heb. 7:3). Ni sucedió, ni fue sucedido por otro sacerdote en su oficio; y dado que “permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable” (7:24), en el sentido de que no pasa de uno a otro.

El sacerdocio de Leví, siendo ininterrumpido, estaba caracterizado por una sucesión de sacerdotes, “porque la muerte les impedía continuar” (vers. 23). (2) Dado que fue según el orden de Melquisedec, Cristo es superior a los hijos de Leví, puesto que Melquisedec bendijo a los hijos de Leví y recibió de ellos los diezmos, en Abraham (vers. 1, 7, 9 y 10). (3) Cristo es Rey y Sacerdote. Es Rey por nacimiento, puesto que es de la tribu de Judá, y Sacerdote por el juramento de su Padre (vers. 14, 21). (4) Siendo él mismo perfecto, y su sacerdocio eterno, es capaz de “salvar eternamente a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder por ellos” (vers. 25). No fue llamado según el orden de Aarón; esto es, no según la sucesión propia de éste; pero eso de ningún modo niega que el sacerdocio de Aarón fuese un tipo [figura, ilustración] del sacerdocio de Cristo. Pablo demuestra por encima de toda duda que lo es.

(1) Tras habernos exhortado a considerar “al Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe (o religión) que profesamos, a Jesús”, fundamenta la investigación evocando la analogía de Moisés sobre su casa (olkos, gente) y Cristo sobre la suya (Heb. 3:1-6) y declara: “A la verdad, Moisés fue fiel sobre toda la casa de Dios, en calidad de servidor, para testificar de lo que se había de anunciar en el futuro”. Eso muestra claramente que la economía mosaica era un tipo [símbolo] de la divina. (2) Demuestra que fue llamado por Dios para ser sacerdote “como Aarón” (Heb. 5:1-5). (3) De igual manera en que Aarón y sus hijos, tomó sobre sí la carne y la sangre, la simiente de Abraham, “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”, fue perfeccionado “mediante aflicciones”, y hecho “en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser compasivo y fiel Sumo Sacerdote ante Dios, para expiar los pecados del pueblo” (Heb. 2 y 4). (4) Ambos fueron elegidos entre los hombres, a fin de que pudiesen presentar ante Dios ofrendas y sacrificios por los pecados” (Heb. 5:1; 8:3). (5) Sin duda Pablo consideró el sacerdocio levítico como un tipo del de Cristo, como denota el esfuerzo que dedica a explicar las analogías y contrastes entre uno y otro. (6) “Los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, porque la muerte les impedía continuar. Pero como Jesús permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable” (Heb. 7:23 y 24). (7) “Que no tiene necesidad cada día, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo. Esto lo hizo una vez para siempre, cuando se ofreció a sí mismo” (vers. 27). (8) “Porque la Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra del juramento posterior a la Ley, constituyó al Hijo, hecho perfecto para siempre” (vers. 28). (9) “Pero ahora tanto mejor ministerio es el de Jesús”, que el de ellos, (10) “por cuanto es mediador de un mejor pacto, basado sobre mejores promesas” (Heb. 8:6). (11) “Pero Cristo ya vino, y ahora es el Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. El santuario donde él ministra es más grande y más perfecto” que el de ellos (Heb. 9:11). (12) “Cristo entró en ese santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de becerros, sino con su propia sangre” (vers. 12). (13) “Porque si la sangre de los toros, los machos cabríos y la ceniza de la becerra rociada a los impuros, santifican para purificar la carne, ¡mucho más la sangre de Cristo, quien por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestras conciencias” (vers. 13 y 14). (14) “Porque Cristo no entró en el santuario hecho por mano de hombre, que era sólo copia del santuario verdadero, sino que entró en el mismo cielo” (vers. 24). (15) “Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como entra el sumo sacerdote en el santuario [ta hagia] cada año con sangre ajena”, “pero ahora, al final de los siglos, se presentó una sola vez para siempre, para quitar el pecado, por medio del sacrificio de sí mismo” (vers. 25 y 26). (16) “Así como está ordenado que los hombres mueran una vez, y después enfrenten el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez, para quitar los pecados de muchos. Y la segunda vez, sin relación con el pecado, aparecerá para salvar a los que lo esperan” (vers. 27 y 28). (17) “La Ley es sólo una sombra de los bienes venideros, no las realidades mismas. Por eso, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen de continuo cada año, dar la perfección a los que se allegan” (Heb. 10:1), pero “con una sola ofrenda, Cristo llevó a la perfección para siempre a los santificados” (vers. 14). (18) “Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”, “pero me preparaste un cuerpo” (vers. 4 y 5). Esta es una parte de los contrastes o comparaciones señaladas por el Apóstol, entre el sacerdocio levítico y el de Cristo; y hay una semejanza a todo respecto, pero el de Cristo siempre es superior al de Leví. Añadiré uno más: Hebreos 8:4 y 5: “Si estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que ofrecen los presentes según la Ley. Estos sacerdotes sirven en un santuario que es copia y sombra de lo que hay en el cielo”.

Los rasgos de la sustancia guardan una semejanza con su sombra, de ahí que “lo que hay en el cielo” del texto analizado, ha de ser sacerdocio “en el cielo” (vers. 1 y 2) llevado a cabo por nuestro Sumo Sacerdote en su santuario. Si en la sombra se trataba de ministerio, en la sustancia ha de tratarse también de ministerio.

Dado que los sacerdotes según la ley servían de ejemplo y sombra del ministerio celestial, a partir de su ministerio podemos aprender algo sobre la naturaleza del ministerio celestial. “Dios dijo a Moisés cuando iba a levantar el santuario: ‘Haz todas las cosas conforme al modelo que te fue mostrado en el monte'” (Heb. 8:5).

Nadie puede negar que, en obediencia a esa orden, Moisés instituyó el sacerdocio levítico; lo instituyó “conforme al modelo” que el Señor le había mostrado, y era “copia de las realidades celestiales” (Heb. 8:5; 9:23). Si no existiera ningún otro texto demostrativo de que el sacerdocio levítico era un tipo del divino, con ese habría suficiente. Sin embargo, algunos niegan esa implicación tan obvia a propósito del sacerdocio. Pero si no consiste en eso, no veo en qué otra cosa podría consistir. En sí mismo no era más que un cúmulo de vanas ceremonias sin sentido ni utilidad, puesto que no podía perfeccionar a aquellos en cuyo beneficio se efectuaban. Pero al considerarlo como un tipo de las realidades celestiales, resulta cargado de la más importante instrucción. Puesto que esa es la aplicación que hace el Nuevo Testamento, así debemos contemplarla, mientras examinamos la expiación efectuada bajo el sacerdocio levítico.

“Estas cosas eran ordenadas así: En la primera parte entraban siempre los sacerdotes a cumplir los oficios del culto” diariamente (7:27 y 10:11).

“Pero en la segunda entraba sólo el sumo sacerdote, una vez en el año, no sin llevar sangre, que ofrecía por sí mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo” (Heb. 9:6 y 7).

Aquí Pablo divide los servicios del sacerdocio levítico en dos clases: una diaria, en el lugar Santo, y la otra anual, en el Santísimo. Establecieron servicios diarios, llevados a cabo en el lugar Santo y en el altar de bronce que estaba situado en el atrio, frente al Tabernáculo, consistiendo en la ofrenda ardiente (holocausto continuo) de dos corderos, uno por la mañana y otro por la tarde, junto al presente constituido por la décima parte de un efa de harina amasada con la cuarta parte de un hin de aceite de olivas machacadas, y una libación consistente en la cuarta parte de un hin de vino. El presente se ofrecía junto al cordero, y la libación se derramaba en el santuario (Éx. 29:38-42; Núm. 28:3-8). En relación con eso, quemaban incienso en el altar de oro del lugar santo en suave olor, cuando aderezaban las lámparas por la tarde y por la mañana (Éx. 30:34-38; 31:11; 30:7-9). Lo mismo se efectuó posteriormente en el templo (1 Crón. 16:37-40; 2 Crón. 2:4; 13:4-12; 31:3, Esdras 3:3).

Eso no expiaba los pecados, ni de forma individual ni colectivamente. El servicio diario descrito era algo así como una intercesión continua; pero la expiación era una obra especial para la que se proporcionaron directivas específicas. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento se emplean muchos y diferentes nombres para expresar la misma idea de expiación: de una sola mente [reconciliación].

Estos son algunos ejemplos (las palabras en cursiva son sinónimos de expiar o expiación): Éx. 29:36: “Purificarás el altar mediante la expiación”. Lev. 12:8: “El sacerdote hará expiación por ella, y quedará limpia“. Lev. 14:2: “Esta será la ley para la purificación del leproso”. Lev. 14:20: “El sacerdote hará expiación por él, y quedará limpio“. La expiación no sería para él posible, sino hasta después de haber sido sanado de la lepra (Lev. 13:45 y 46). Hasta que fuese sanado, tenía que habitar solo, fuera del campamento. Lev. 14:3 y 4: “[el sacerdote] saldrá fuera del campamento y lo examinará. Si ve que el leproso está sano, mandará traer para el que se purifica dos avecillas vivas y limpias…” La ley era similar para la purificación de la lepra que afectaba a una casa (vers. 33-57). Las piedras afectadas por la plaga se arrancaban y se echaban fuera de la ciudad, debiendo sustituirlas por otras nuevas.

Habiendo quitado la impureza física, cabría esperar que el objeto quedara limpio, pero no era así. De acuerdo con la ley, no había hecho más que ponerse en la condición idónea para ser purificado. Vers. 49: “Entonces, para limpiar la casa, tomará dos avecillas…” Vers. 52 y 53: “Y purificará la casa con la sangre de la avecilla… Así expiará la casa, y quedará limpia”. Levítico 16:18 y 19:

“Entonces Aarón saldrá hacia el altar que está ante el Eterno, y lo expiará”, “Y con su dedo esparcirá de la sangre siete veces sobre él. Así lo purificará y lo santificará de las impurezas de los israelitas”. Lev. 8:15, “Y Moisés lo degolló. Tomó la sangre y puso con su dedo sobre los cuernos del altar; y echó el resto de la sangre al pie del altar. Así lo consagró para ofrecer sobre él el sacrificio expiatorio”. 2 Crón. 29:24, “Entonces los sacerdotes… esparcieron la sangre sobre el altar por ofrenda por el pecado, para reconciliar a todo Israel”. Jer. 33:8, “Los limpiaré de toda la maldad” y “perdonaré todos los pecados que cometieron”. Rom. 5:9-11, “Hemos sido justificados por su sangre”, “hemos recibido ahora la reconciliación“. 2 Cor. 5:17-19, “Nos reconcilió consigo por medio de Cristo”. Efe. 2:16, “Reconciliar con Dios a ambos”. Heb. 9:13 y 14, “Si la sangre de los toros, los machos cabríos… santifican para purificar la sangre, mucho más la sangre de Cristo… purificará vuestra conciencia”. Cristo es el Mediador, para “perdonar los pecados” (Heb. 9:15) y para llevar “a la perfección para siempre a los santificados” (Heb. 10:14). Efe. 1:7, “En él tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados”. Hech. 3:19, “Convertíos, para que sean borrados vuestros pecados”.

Esos textos nos muestran que los términos expiar, limpiar, purificar, perdonar, santificar, justificar, redimir, borrar y algunos otros, son empleados para significar lo mismo: llevar a una situación de favor para con Dios. Y en todos los casos la sangre es el medio; en algunas ocasiones la sangre y el agua. La gran idea de la ley es la expiación, tanto como lo es del evangelio; y dado que el objeto de la ley era enseñarnos el evangelio, es muy importante su comprensión. La expiación que el sacerdote efectuaba en favor del pueblo en su ministerio diario, era diferente de la que llevaba a cabo el décimo día del mes séptimo. En la primera no iba más allá del lugar Santo; pero para efectuar la segunda llegaba hasta el lugar Santísimo –la primera trataba de los casos individuales, mientras que la segunda trataba de forma colectiva a toda la nación de Israel–. La primera tenía por objeto el perdón de los pecados, la segunda el borramiento de los mismos –la primera podía efectuarse en cualquier momento, pero la segunda sólo en el décimo día del mes séptimo. Por lo tanto cabe referirse a la primera como a la expiación diaria, y a la segunda como a la anual. También se puede llamar a la primera la individual, y a la segunda la nacional.

La expiación individual para el perdón de los pecados era efectuada en favor de una sola persona, o bien de toda la congregación, en caso de ser esta culpable de algún pecado, de forma colectiva. El primer capítulo de Levítico da instrucción sobre la ofrenda encendida u holocausto, el segundo sobre los presentes, el tercero sobre los sacrificios de paz, el cuarto sobre los sacrificios por el pecado que, como su nombre indica, permitían obtener perdón por sus pecados a quien los ofrecía. La ofrenda por el pecado (Lev. 5; 6:1-7) era equivalente al sacrificio por el pecado, “cuando alguien peque por inadvertencia [ignorancia]” (Lev. 4:2), “si después llega a saberlo, queda culpable” (Lev. 5:3), “el que peque en alguna cosa de estas, confesará aquello en que pecó” (vers. 5).

 Según Números 5:6-8, en todos los casos se requiere la confesión y la restitución antes de que se pueda efectuar la expiación por el individuo. “El hombre o la mujer que cometa alguno de los pecados con que ofenden a otro y al Eterno, esa persona confesará el pecado que cometió, y compensará enteramente el daño. Añadirá la quinta parte sobre ellos, y lo dará a aquel contra quien pecó”.

Entonces, él (o los ancianos si se trataba de un pecado de la congregación), traía la víctima u ofrenda por el pecado a la puerta del Tabernáculo de reunión, a la parte norte del altar de los holocaustos que estaba situado en el atrio (Lev. 4:24; 1:11; 17:1-7) y entonces él o los ancianos ponían sus manos sobre la cabeza de la víctima y la degollaban (Lev. 4:2-4; 13-15; 22-24; 27-29). Tras haber sido presentada y degollada la víctima, el sacerdote ungido llevaba parte de la sangre al lugar santo, y con su dedo la asperjaba ante el velo del santuario, y parte de ella la llevaba a los cuernos del altar del incienso, derramando el resto de la sangre al pie del altar. Con ello había efectuado una expiación por el individuo, y su pecado era perdonado (Lev. 4:5-10, 16-20, 25, 26, 30-35). Los cadáveres de las ofrendas por el pecado eran llevados fuera del campamento y quemados en “un lugar limpio” (Lev. 4:11, 12, 21).

Es necesario prestar cuidadosa atención al hecho de que el sacerdote no iniciaba sus obligaciones sin haber recogido antes la sangre de la víctima, y de que todo ello se realizaba en el atrio (en el recinto del santuario), y que la expiación se efectuaba solamente para el perdón de los pecados. Se enseñan expresamente esos puntos en este capítulo y en el siguiente, relativos a los sacrificios por el pecado. Hay aquí una expiación, para la realización de la cual los sacerdotes entraban sólo hasta el lugar Santo, cosa que podían hacer “siempre”, “cada día”. “Pero en la segunda parte entraba sólo el sumo sacerdote, una vez en el año, no sin llevar sangre, que ofrecía por sí mismo, y por los pecados de ignorancia del pueblo” (Laos, nación). Eso caracteriza el servicio anual.

Así es la Expiación Nacional de la que el Señor habla “en particular” en Levítico 16: “El Señor dijo a Moisés: ‘Di a tu hermano Aarón, que no entre en todo tiempo en el santuario, detrás del velo ante el Propiciatorio que está sobre el Arca, para que no muera; porque yo apareceré en la nube sobre el Propiciatorio” (vers. 2). ¿Con qué propósito y cuándo podía entrar? Para hacer “la expiación por todos los pecados de los israelitas” (la nación entera), “el día diez del séptimo mes” (vers. 34, 29).

Se trataba del día más importante del año. Una vez que a la nación le habían sido perdonados previamente todos los pecados mediante la expiación efectuada en el lugar Santo, se reunía ahora en el santuario, donde entraba el sumo sacerdote ataviado con su santo vestido de gloria y primor (Éx. 28:4), con sus campanillas de oro en la orilla inferior, a fin de que se oyese su sonido cuando compareciese ante el Señor; con el pectoral del juicio, con los nombres de los hijos de Israel a fin de que llevase el juicio de los israelitas sobre su corazón. En él estaba también el Urim y el Tumim (luz y perfección), y la plancha de oro fino, la santa diadema (Lev. 8:9; Éx. 28:36) con la inscripción “Santidad a Jehová” grabada en ella, sujeta sobre el frente anterior de la mitra donde había de llevar el pecado de las cosas santas. Ataviado así, entraba en el lugar Santísimo a fin de hacer una expiación para purificarlos, a fin de que quedaran limpios de todos sus pecados ante el Señor (vers. 30). Las víctimas para la expiación de ese día eran, para el propio sacerdote, un becerro como sacrificio de su expiación, y para el pueblo, dos machos cabríos; uno como sacrificio expiatorio, y el otro como chivo expiatorio, además de un carnero para el holocausto (Lev. 16:3-8). Mataba o hacía matar al becerro ofrecido como sacrificio por sí mismo (vers. 11). “Después tomará el incensario y lo llenará de brasas tomadas del altar que está ante el Eterno. Tomará dos puñados de incienso aromático molido, y lo llevará al interior detrás del velo. Pondrá el incienso sobre el fuego, ante el Eterno, y la nube del incienso cubrirá el Propiciatorio que está sobre el Testimonio. Así no morirá. Luego tomará un poco de la sangre del becerro, y con su dedo rociará al lado oriental del Propiciatorio, y con su dedo esparcirá la sangre siete veces sobre el Propiciatorio” (vers. 12-14). Todo eso como preparación para expiar al pueblo, cosa que queda descrita como sigue:

“Después degollará para el sacrificio de la expiación, el macho cabrío por el pecado del pueblo. Llevará la sangre al interior, detrás del velo, y hará con la sangre como hizo con la sangre del becerro, la esparcirá sobre el Propiciatorio y delante de él. Así purificará el santuario de las impurezas de los israelitas, de sus rebeliones y de todos sus pecados. De la misma manera hará también con la Tienda de la Reunión que reside entre ellos, en medio de sus impurezas” (vers. 15 y 16). “Entonces Aarón saldrá (del lugar santísimo) hacia el altar que está ante el Eterno (en el lugar santo), y lo expiará. Tomará sangre del becerro (por sí mismo), sangre del macho cabrío (por el pueblo), y untará todos los cuernos del altar. Y con su dedo esparcirá de la sangre siete veces sobre él. Así lo purificará y lo santificará de las impurezas de los israelitas” (vers. 18 y 19). Se trataba del altar de oro del incienso en el lugar Santo, sobre el que era asperjada la sangre de las expiaciones individuales durante el ministerio diario. Recibía de ese modo las inmundicias de las que quedaría ahora purificado (Éx. 30:1-10). “Sobre los cuernos del altar Aarón hará la expiación una vez al año, con la sangre del sacrificio por el pecado, para expiación”. A partir del versículo 20 vemos que en este punto había “acabado de expiar el santuario, la Tienda de la Reunión y el altar”, el lugar Santísimo, el Santo, y el altar que había en este último.

Hemos visto ya que expiar, reconciliar, purificar, etc, significan lo mismo; por lo tanto podemos concluir que en ese punto el sacerdote había completado la purificación de esos lugares. Dado que la sangre de las expiaciones para el perdón de los pecados no era asperjada en el atrio, sino sólo en el Tabernáculo (o “Tienda de la Reunión”), la totalidad de la obra de purificar el santuario tenía lugar dentro del Tabernáculo. Se trataba de objetos santos, y aún así, se los purificaba cada año. El lugar santo [se refiere al lugar santísimo] que había más allá del velo contenía el Arca del pacto, cubierta por el Propiciatorio, a quien daban sombra los querubines, entre los cuales hacía morada el Señor, en aquella nube de gloria divina. ¿Quién osaría llamar impuro algo así? Pues bien, el Señor dispuso, ya desde antes de su construcción, que efectivamente fuese purificado cada año. Era mediante sangre, y no mediante fuego, como se purificaba ese santuario, que era un tipo [símbolo] del santuario del nuevo pacto.

El sumo sacerdote, en aquel día “llevará el pecado de las cosas santas, que los israelitas consagren en todas sus santas ofrendas” (Éx. 28:38). Esas cosas santas constituían el santuario. Núm. 18:1: “Jehová dijo a Aarón: ‘Tú, tus hijos y tu casa paterna cargaréis con el pecado del santuario'”. El “pecado del santuario” hemos visto que no era el suyo propio, sino el de los hijos de Israel, el del pueblo de Dios que él había recibido de ellos. Y esa transferencia de iniquidad desde el pueblo hasta el santuario no era una emergencia accidental o inesperada ante la rebelión e impiedad, derramamiento de sangre o idolatría en su seno, ni ante los eventuales estragos causados por un enemigo, sino que formaba parte del plan original que se había dispuesto como la operación regular propia de ese sistema típico [simbólico del verdadero]. Es necesario recordar aquí que todas las instrucciones les fueron dadas a Moisés y Aarón antes de la edificación del santuario. Se había hecho provisión para expiar los pecados cometidos en la ignorancia, pero no antes de que fuesen conocidos (Lev. 4:14, 5:3-6). Entonces, por supuesto, se convertían en pecados conocidos. En ese momento el individuo llevaba su iniquidad (Lev. 5:1-17; 7:1-8) hasta que presentaba su ofrenda al sacerdote y la mataba, el sacerdote hacía expiación con la sangre (Lev. 17:11) y era perdonado. Quedaba así libre de su iniquidad.

¿En qué momento dejaba de llevar la iniquidad? Evidentemente, cuando presentaba su víctima sacrificada; había hecho entonces su parte. ¿Por qué medio se transfería su iniquidad al santuario? Mediante su víctima, o mejor dicho, mediante la sangre de ella, cuando el sacerdote la tomaba y asperjaba ante el velo y sobre el altar. La iniquidad era así transferida al santuario. Lo primero que se hacía en favor del pueblo, en el día décimo del mes séptimo, era purificarlo por el mismo medio: la aplicación de la sangre. Una vez hecho eso el sumo sacerdote llevaba “la iniquidad de la congregación” “para hacer expiación por ellos” (Lev. 10:17, KJV). “Cuando haya acabado de expiar el santuario, la Tienda de la Reunión y el altar (cuando haya purificado el santuario), Aarón hará llegar el macho cabrío vivo. Aarón pondrá sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades, rebeliones y pecados de los israelitas, y los pondrá sobre la cabeza del macho cabrío. Y lo expulsará al desierto por medio de un hombre asignado para eso. Ese macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra deshabitada. Y el hombre soltará el macho cabrío por el desierto” (Lev. 16:2-22). Esta era la única función del chivo expiatorio, quien recibía finalmente y cargaba fuera de Israel todas las iniquidades a un desierto deshabitado para depositarlas allí, dejando a Israel en su santuario, y al sacerdote completando la expiación del día al quemar la grasa de los sacrificios por el pecado, y ofreciendo los dos carneros como ofrenda encendida, sobre el altar de bronce en el atrio (vers. 24 y 25). Clausuraba los servicios de ese importante día la quema, fuera del campamento, de los cadáveres de los sacrificios por el pecado (vers. 27).

El antitipo

Dado que ese sistema legal que hemos estado considerando no era más que la “sombra”, una “figura” o “modelo” que carecía en sí mismo de valor, y que tenía por fin enseñarnos la naturaleza de ese sistema perfecto de redención que es la sustancia, la realidad celestial misma que fue dispuesta en los concilios celestiales, y que es llevada a cabo por “el Unigénito del Padre”, aprendamos, guiados por el Espíritu de la verdad, las solemnes realidades allí representadas. Mediante esos modelos, finitos como somos, podemos, lo mismo que Pablo, extender nuestra investigación más allá de los límites de nuestra visión natural, hasta “las realidades celestiales mismas”. Encontramos aquí todo el ministerio de la ley cumplido en Cristo, quien fue ungido por el Espíritu Santo y entró por su propia sangre en el santuario, en el cielo mismo, cuando ascendió a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, como “ministro del santuario (hagion)” (Heb. 8:6, 2). Pablo, después de haberse referido al ministerio diario en el lugar Santo, y al anual en el Santísimo, afirma (Heb. 9:8): “Con esto el Espíritu Santo da a entender que mientras que la primera Tienda estaba en pie, el camino al santuario (hodon hagion) no estaba aún abierto. Esto es símbolo para el tiempo actual, según el cual se ofrecen presentes y sacrificios…” “hasta el tiempo de la renovación. Pero Cristo ya vino, y ahora es el Sumo Sacerdote de los bienes definitivos. El santuario donde él ministra es más grande y más perfecto; y no es hecho por mano de hombre, es decir, no es de este mundo. Y Cristo entró en ese santuario (eis hagia) una vez para siempre… con su propia sangre” (Heb. 9:8-12). La expresión eis hagia del versículo 12 es la misma que la del versículo 24 (santuario). En ambos versículos, hagia está en acusativo neutro plural, y gobernado por la preposición eis, que significa sobre, en o entre. Dado que hagia es un adjetivo neutro, se lo traduce correctamente como “cosas santas”, o santuario. Sin embargo, en el versículo 2, hagia está en nominativo femenino singular, por lo que debe traducirse como “lugar Santo” (o primer departamento del santuario). El artículo definido “los”, que precede a “bienes definitivos” en el versículo 11, como también en Hebreos 10:1, hace que la expresión signifique “cosas buenas en sí mismas, o buenas en abstracto”.

Eso subraya la perfecta armonía entre Heb. 9:11, 12, 23, 24 y Heb. 10:1. Los “bienes” que son buenos en sí mismos, santos, celestiales, son “el mismo cielo” en el que Cristo entró como Sumo Sacerdote para ministrar en nuestro favor en relación con el santuario “más grande y más perfecto”, “aquel verdadero santuario que el Señor levantó, y no el hombre”; lo mismo que las cosas sagradas del primer pacto estaban en relación con su santuario (Heb. 9:1-5), y que el conjunto de todas esas cosas santas constituía el santuario. El santuario, los lugares santos (los dos, vers. 8), el camino a los cuales no estaba aún descubierto hasta el tiempo de la renovación, cuando Cristo derramó su propia sangre, pertenece al “santuario… más grande y más perfecto” referido en el versículo 11. Traduzco literalmente los términos, ya que en nuestra versión común no están así traducidos. La Biblia de Douay los enumera tal como hacemos aquí. El término griego, en Hebreos 9:8 y 10:19, es hagion: “santuario” o lugares santos, y no “lugar Santísimo”. Eso muestra que la sangre de Cristo es el medio por el que él, nuestro Sumo Sacerdote, había de entrar en ambos departamentos del santuario celestial. Si sólo hubiera un lugar en el cielo, como muchos sostienen, ¿por qué había dos en la figura? Y ¿por qué, al aplicar la figura, Pablo habla de los dos? Quizá los que desprecian la ley y violan el pacto puedan explicar esto; de no ser así, les recomendamos permanecer en la exposición que hace Pablo sobre la materia.

Hay quien supone que Hebreos 6:19 y 20 prueba que Cristo entró en el lugar Santísimo en su ascensión, ya que Pablo afirma que penetró “más allá del velo”. Pero el velo que separa el lugar Santo del Santísimo es el “segundo velo” (Heb. 9:3), de lo que se deduce que hay dos velos. Dado que en Hebreos 6 se está refiriendo al primer departamento, ha de tratarse también del primer velo, que pendía ante el lugar Santo, y que Éxodo llama “cortina”. Al entrar más allá del velo, entró en su Tabernáculo, por supuesto al lugar Santo, ya que es el primer departamento, y nuestra esperanza, como segura y firme ancla de nuestra vida, entra más allá del velo, significando la expiación de ambos departamentos, que incluye tanto el perdón como el borramiento de los pecados.

Los que sostienen que Cristo entró en el lugar Santísimo, y ha estado ministrando allí desde su ascensión, creen también –y ciertamente no les queda otro remedio– que la expiación de la dispensación evangélica es el antitipo [realidad o sustancia] de la expiación realizada el día décimo del mes séptimo bajo la ley. Si eso es así, los eventos de ese décimo día preceptivo han tenido su antitipo [cumplimiento] en la dispensación evangélica. Lo primero que ocurría en el ministerio de la expiación era la purificación del santuario, tal como hemos visto en Levítico 16. Por lo tanto, según su teoría, el santuario del nuevo pacto fue purificado al principio de la dispensación evangélica.

No falta evidencia de que ni la tierra, ni Palestina, ni sus santuarios fueron entonces purificados. Les llamo expresamente sus santuarios, puesto que no son el santuario del Señor. Pero si el santuario del Señor del nuevo pacto fue purificado entonces, los 2300 días terminaron allí. Ahora bien, tratándose de años, como todos creemos, han de extenderse 1810 años después de las 70 semanas, y la última de esas semanas fue la primera del nuevo pacto o dispensación evangélica. El hecho de que esos días se extiendan 1810 años más allá de las 70 semanas, y de que el santuario no podía ser purificado sino hasta el final de ellos, demuestra que el antitipo del décimo día según la ley no es la dispensación evangélica. Además, si la expiación efectuada en ese día [décimo del mes séptimo] es un tipo de la expiación efectuada en la dispensación evangélica, entonces la expiación realizada en el lugar Santo (Heb. 9:6) previa a ese día, terminó antes de que comenzara la dispensación evangélica. Se ha dicho que esa expiación se hacía para el perdón de los pecados, pero yo no encuentro evidencia alguna de que una tal expiación se realizara en el día décimo del mes séptimo. La dispensación evangélica comenzó con la predicación de Cristo, y si es el antitipo del décimo día preceptivo [bajo la ley], tiene que ser cierta una de estas dos cosas: o bien el Salvador, más bien que cumplir, ha destruido la parte sustancial de la ley: el ministerio diario en el lugar santo que ocupaba todos los días del año con excepción del día décimo del mes séptimo; o bien cumplió toda la ley con la excepción de una trescientos sesentava parte de ella antes de la dispensación evangélica, y antes de ser ungido Mesías para cumplir la ley y los profetas. Es inevitable una de esas dos conclusiones, si se asume que la dispensación evangélica y la expiación en ella realizada constituyen el antitipo del día décimo ordenado por la ley, y de la expiación en él efectuada. ¿A cuál de esos dos cuernos se aferrarán los defensores de esa teoría? Si al primero, la declaración “No penséis que he venido para abolir la Ley o los profetas. No he venido a invalidar, sino a cumplir” los atraviesa; pero si se adhieren al segundo, tienen que demostrar que la ley, que era sombra y figura de los bienes definitivos, se cumplió en sí misma, que la sombra y la sustancia se dieron en el mismo tiempo y lugar. Tienen igualmente que demostrar que la totalidad de la expiación para el perdón de los pecados fue efectuada antes de que fuera sacrificado el Cordero con cuya sangre había de realizarse la expiación. Ha de quedar claro para todos que si el antitipo del servicio anual (Heb. 9:7) comenzó en la primera venida de Cristo, el antitipo del servicio diario (Heb. 9:6) tuvo que haber sido cumplido con anterioridad. Y puesto que la expiación para el perdón tenía lugar en ese servicio diario, no pueden escapar a la conclusión de que no ha habido perdón de los pecados bajo la dispensación evangélica. Una teoría tal está en abierta contradicción con el espíritu de la dispensación evangélica, y resulta refutada, no sólo por Moisés y por Pablo, sino por la enseñanza y obras de nuestro Salvador y su comisión a los apóstoles, así como por la enseñanza e historia subsecuentes de la iglesia cristiana. Además, sostienen que la expiación fue hecha y terminada en el Calvario, cuando expiró el Cordero de Dios. Así nos han enseñado los hombres, y así cree el mundo y la iglesia; pero eso no lo hace más cierto ni más sagrado, desprovisto como está del apoyo de la autoridad divina. Quizá pocos o ninguno de los que sostienen esa opinión hayan comprobado cuál es el fundamento sobre el que descansa.

  1. Si la expiación fue hecha en el Calvario, ¿por quién fue hecha? El hacer expiación es la obra de un sacerdote, pero ¿quién oficiaba en el Calvario? –soldados romanos y judíos impíos.
  2. Hacer expiación no consistía en el sacrificio de la víctima: el pecador mataba a la víctima (Lev. 4:1-4; 13-15, etc). Tras ello, el sacerdote tomaba la sangre y hacía la expiación (Lev. 4:5-12; 16-21).
  3. Cristo era el Sumo Sacerdote elegido para hacer expiación, y ciertamente no pudo actuar como tal sino hasta después de su resurrección, y no tenemos constancia de que hiciera algo sobre la tierra, tras su resurrección, que pueda llamarse expiación.
  4. La expiación se efectuaba en el santuario, pero el Calvario no es un lugar tal.
  5. Según Hebreos 8:4, Jesús no podía hacer expiación mientras estuviese sobre la tierra. “Si estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote”. El sacerdocio levítico era el terrenal; el divino, el celestial.
  6. Por lo tanto, no comenzó la obra de hacer expiación, consista ésta en lo que consista, hasta después de su ascensión, cuando por su propia sangre entró en su santuario celestial por nosotros.

Examinemos ahora unos pocos textos que parecen hablar de la expiación como de algo pasado. Rom. 5:11: “Hemos recibido ahora la reconciliación [expiación]”. Ese texto enseña claramente la posesión presente de la expiación en los días en los que escribió el apóstol, pero de ninguna forma demuestra que la totalidad de la expiación hubiese ocurrido ya en el pasado.

Estando el Salvador a punto de serles arrebatado a sus apóstoles, “les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre”. Ésta llegó en el día de Pentecostés, momento en el que serían “bautizados con el Espíritu Santo” (Hech. 1:4 y 5). Cristo había entrado en la casa de su Padre, el santuario, como Sumo Sacerdote, y comenzó su intercesión a favor de su pueblo rogando al Padre que les diera otro Consolador (Juan 14:15), y habiendo “recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo” (Hech. 2:33), lo derramó sobre sus expectantes apóstoles. Entonces Pedro, en armonía con la comisión evangélica, comenzó a predicar en la hora tercera del día: “Arrepentíos, y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo, para perdón [remisión] de vuestros pecados”. El término perdón significa literalmente quitar los pecados.

Relacionemos ahora ese texto con otro tomado de su discurso en la hora novena de ese mismo día (Hech. 3:19): “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor”. Aquí exhorta al arrepentimiento y la conversión (apartarse de los pecados); ¿con qué propósito? “para que sean borrados (futuro) vuestros pecados”. Salta a la vista que el borramiento de los pecados no tiene lugar en el arrepentimiento y la conversión, sino con posterioridad, y debe necesariamente ser precedido por ellos. El arrepentimiento, la conversión y el bautismo se habían convertido en deberes imperativos en el tiempo presente; y una vez que habían tenido lugar, sus protagonistas resultaban lavados de sus pecados (Hech. 22:16), es decir, les eran remitidos o quitados (Hech. 2:38). Por supuesto, habían sido perdonados y habían recibido la expiación (reconciliación), pero no de una forma plena en aquel tiempo, ya que sus pecados todavía no habían sido borrados.

¿Hasta dónde habían alcanzado en el proceso de la reconciliación? Precisamente hasta aquel punto en el que el individuo –bajo la ley– confesaba su pecado, traía su víctima a la puerta del Tabernáculo, colocaba su mano sobre ella y le daba muerte, y el sacerdote entraba con la sangre en el lugar santo y la asperjaba ante el velo y el altar, haciendo así expiación por él, quien resultaba perdonado. La diferencia es que este era el tipo, y aquellos la realidad [antitipo]. Eso preparaba para la purificación del gran Día de la Expiación, para el borramiento de los pecados, al venir “los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor”. Por lo tanto, Aquel “por medio de quien hemos recibido ahora la reconciliación [expiación]” (Rom. 5:11) es el mismo “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados” (Efe. 1:7; Col. 1:14). En ese punto, los seres humanos son “liberados del pecado” (Rom. 6:18, 22). El Cordero en la cruz del Calvario es la víctima sacrificada por nosotros. “Jesús, el Mediador del nuevo pacto”, “en los cielos” es nuestro Sumo Sacerdote intercesor, que hace expiación con su propia sangre, por la cual y con la cual entró allí. La esencia del proceso es la misma que en la “sombra”: primero, convicción de pecado; segundo, arrepentimiento y confesión; tercero, presentación del sacrificio divino con derramamiento de sangre. Habiendo seguido ese proceso en fe y sinceridad, no podemos hacer más. Nada más se requiere de nosotros.

Así, en el santuario celestial, nuestro Sumo Sacerdote hace la expiación con su propia sangre y somos perdonados. 1 Ped. 2:24: “Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (ver también Mat. 8:17; Isa. 53:4-12). Su cuerpo es ese ” sacrificio” para los mortales arrepentidos, al que le son imputados los pecados de ellos, y mediante cuya sangre, en las manos de un Sacerdote oficiante son transferidos al santuario celestial.

Fue ofrecido “una vez por todas”, “en el madero”; y todos cuantos quieran apropiarse de sus méritos deben, por la fe, apropiarse personalmente de ese sacrificio sangrante en las manos de mortales como ellos mismos. Tras haber obtenido así la expiación por los pecados, “procuren ocuparse en buenas obras” (Tito 3:8), no “las obras de la ley”, sino “morir a los pecados y vivir a la justicia” (1 Ped. 2:24). Todos entendemos que esa obra es peculiar de la dispensación evangélica.

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Algunos suscitan aquí una objeción basada en una inferencia, que en muchas mentes contrarresta cualquier evidencia bíblica acerca de lo dicho. Es esta: ‘La Nueva Jerusalén no puede contaminarse, de forma que no necesita purificación, por lo tanto la Nueva Jerusalén no es el santuario’. Lo anterior es un proceso muy sumario de deducción por inferencia, especialmente para aquellos que tanto han dicho sobre la insuficiencia de un testimonio meramente basado en lo que se infiere. A quienes así razonan les recomendamos revisar el fundamento de su fe, y ver cuántos argumentos poseen y de cuánta solidez, para identificar el santuario con la tierra de Palestina, y cuántas objeciones para ubicar el santuario del nuevo pacto allí donde está su Sacerdote, que no sean meramente inferencias; y entonces, en lugar de sus inferencias les invitamos a aceptar y enseñar el claro testimonio de la Palabra. Pero ¿cómo se contaminaba el santuario?

El santuario del Antiguo Testamento, estando sobre la tierra, podía contaminarse y se contaminaba de varias maneras: Cuando una persona impura entraba en él: “Ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta que cumpla los días de su purificación” (Lev. 12:4). Podía ser profanado si el Sumo Sacerdote salía del santuario llevando sobre sí el aceite consagrado de la unción (Lev. 21:12). También quedaba contaminado por aquel que rehusaba purificarse (Núm. 19:20). Los príncipes de los sacerdotes y el pueblo lo contaminaban al proceder según las abominaciones de los paganos (2 Crón. 36:14). “Por haber profanado mi santuario con tus abominaciones (idolatría), yo te quebrantaré” (Eze. 5:11).

“Aún más hicieron, contaminaron mi santuario, y profanaron mis sábados. Pues, habiendo sacrificado sus hijos a sus ídolos, entraban en mi santuario el mismo día para contaminarlo” (Eze. 23:38 y 39). “Sus sacerdotes contaminaron el santuario, falsearon la Ley” (Sof. 3:4). Antíoco lo contaminó ofreciendo carne de cerdo en su altar, según cuenta 1 Macabeos 1:20-24, y 47. A partir de esos textos podemos ver claramente que a los ojos del Señor era la impureza moral, más bien que la física, lo que contaminaba el santuario. Es cierto que venían a ser físicamente impuros, pero esa impureza había de ser quitada antes de que pudiera efectuarse la expiación mediante la cual se obtenía la reconciliación o purificación (ver 2 Crón. 29). Y esa, hemos visto, era la ley de la purificación (Levítico, capítulos 14 y 15). El sujeto había de mostrarse limpio de forma visible, por así decirlo, a fin de que se lo pudiese considerar limpio, y estuviese así dispuesto para su purificación real por la sangre. Nadie supone que la Nueva Jerusalén sea impura, o que lo haya sido nunca, en el sentido en que lo fue el tipo [Jerusalén terrenal] cuando fue profanada por los soldados Asirios, Caldeos o Romanos, o cuando fue pisoteada por sacerdotes malvados. Si lo hubiera sido, el quitar una contaminación tal no constituiría la purificación que había de experimentar al final de los 2300 días. En cierto sentido el santuario estaba contaminado, de otro modo no habría necesitado purificación; y de alguna forma tiene que haber resultado contaminado a causa de los hombres. Apartado, tal como está el santuario celestial de entre los mortales, y siendo visitado únicamente por nuestro Precursor, Jesús, hecho Sumo Sacerdote, puede únicamente resultar contaminado por los mortales a través de Él, y ciertamente purificado en favor de ellos por Él mismo. Ya hemos examinado el proceso por el cual el santuario del tipo resultaba contaminado y purificado a través del sacerdote. Teniendo eso en nuestras mentes, vayamos al Nuevo Testamento. Pablo dice en Colosenses 1:19 y 20: “Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. Cuando se pone en contraste “lo que está en la tierra” con “lo que está en los cielos”, nadie puede entender que ambas cosas estén en el mismo lugar. Y “lo que está en los cielos” ha de ser reconciliado, tanto como “lo que está en la tierra”.

Si necesitaban reconciliación, es porque estaban irreconciliadas; por lo tanto, contaminadas en algún sentido a los ojos de Él. El medio es la sangre de Cristo; Cristo mismo. Él reconcilia con el Padre tanto las cosas del cielo como las de la tierra. En general se tiene la idea de que en el cielo a donde fue nuestro Salvador, todo es y fue siempre perfecto, sin posibilidad alguna de cambio o mejoramiento. Pero Cristo dijo: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Si así no fuera, os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. Fue al cielo, y Pablo afirma que hay “un edificio celestial, una casa eterna, hecha no por manos humanas” (2 Cor. 5:1).

¿A qué fue a la casa de su Padre? “A preparar lugar para vosotros”. Por lo tanto, ese lugar no estaba antes preparado, y una vez que haya terminado su preparación, vendrá otra vez y nos tomará a sí mismo. Hebreos 9:23: “Fue, pues, necesario que la copia de las realidades celestiales fuese purificada con esos sacrificios. Pero las realidades celestiales mismas requieren mejores sacrificios que éstos”. ¿En qué consistía esa “copia”? En “el santuario y todos los objetos del culto” (vers. 21), o “santuario terrenal” (vers. 1). ¿En qué consisten las “realidades celestiales mismas”? En el santuario más grande y más perfecto donde Cristo ministra los bienes definitivos (vers. 11 y 12). Estos están en el cielo mismo. “Porque Cristo no entró en el santuario hecho por mano de hombre, que era sólo copia del santuario verdadero, sino que entró en el mismo cielo, donde ahora se presenta por nosotros ante Dios” (vers. 24). Pablo muestra aquí que era necesario purificar las cosas celestiales, tanto como lo era purificar la copia, las terrenales.

El chivo expiatorio

El evento siguiente en ese día, tras haber sido purificado el santuario, era poner todas las iniquidades y transgresiones de los hijos de Israel sobre la cabeza del chivo expiatorio y enviarlo a tierra deshabitada, que equivalía a separarlo. Muchos suponen que ese chivo expiatorio tipificaba a Cristo en alguna de sus funciones, y que el tipo halló su cumplimiento en la primera venida de Cristo. Pero esa opinión es inaceptable debido a lo siguiente: (1) Ese macho cabrío no era enviado sino hasta después que el Sumo Sacerdote hubiese terminado de purificar el santuario (Lev. 16:20 y 21); por lo tanto ese evento no pudo encontrar su antitipo [cumplimiento] sino hasta el final de los 2300 días. (2) Se lo enviaba fuera de Israel a la maleza, a una tierra desierta que lo recibía. Si nuestro bendito Salvador es su antitipo, ha de ser igualmente enviado afuera; no sólo su cuerpo, sino alma y cuerpo, ya que el macho cabrío era enviado vivo fuera del pueblo, no al pueblo ni con el pueblo. “Afuera” no puede ser el cielo, ya que éste ni es desértico, ni está deshabitado. (3) Recibía y retenía todas las iniquidades de Israel. En contraste, Cristo, vendrá “la segunda vez, sin relación con el pecado” (Heb. 9:28). (4) El macho cabrío recibía las iniquidades de manos del sacerdote, y éste lo enviaba afuera. Dado que Cristo es el Sacerdote, el macho cabrío ha de ser alguien distinto a Cristo, alguien a quien Cristo pueda enviar afuera. (5) Se trataba de uno de los dos machos de cabrío elegidos para ese día; uno era para el Señor y se lo ofrecía como ofrenda por el pecado, pero al otro no se lo llamaba “del Señor”, ni se lo ofrecía como sacrificio. Su función consistía sólo en recibir las iniquidades de manos del sacerdote una vez que este había purificado el santuario de ellas, llevándolas así a tierra despoblada, abandonando al santuario, al sacerdote y al pueblo, y dejándolos limpios de sus iniquidades (Lev. 16:7-10, 22). (6) El término hebreo para chivo expiatorio, tal como aparece en el versículo 8, es “Azazel”. Wm. Jenks, en su Comentario completo, dice a propósito de ese versículo: “(Chivo expiatorio): Ver Bochart para explicaciones alternativas. Spencer, siguiendo la más antigua opinión de hebreos y cristianos, piensa que Azazel es el nombre del diablo; así piensa también Rosenmire. El siríaco habla de Azazel, el ángel que se rebeló (Strongone)”. (7) Cuando Cristo venga, como enseña Apocalipsis 20, Satanás será encadenado y arrojado al abismo, circunstancia y lugar presentados en símbolos [en el servicio del santuario terrenal], cuando el sumo sacerdote enviaba al chivo expiatorio a un lugar apartado, deshabitado y desértico. (8) Así, disponemos de la Escritura, de la definición del nombre en dos lenguas antiguas que se hablaban contemporáneamente, y de la opinión histórica de los cristianos consistente en ver en el chivo expiatorio un tipo de Satanás. En la acepción común del término, lo solemos asociar siempre a algo ruin; llamamos chivos expiatorios a los más grandes villanos y huidos de la justicia. Sólo ignorando la ley y su significado, es posible suponer que el chivo expiatorio fuese un tipo de Cristo.

Debido a que Levítico 16:22 dice: “Ese macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra deshabitada” y Juan 1:29: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, algunos concluyen sin mayor reflexión que el primero era el tipo del segundo. Pero según lo establecido por la ley, los pecados eran traspasados del pueblo al sacerdote, y de éste al macho cabrío. Primeramente le eran impartidos a la víctima. En segundo lugar, el sacerdote los llevaba mediante la sangre de la víctima al santuario. En tercer lugar, después de haber purificado al pueblo de ellos en el día décimo del mes séptimo, los colocaba sobre el chivo expiatorio. Y por último, el chivo expiatorio los llevaba fuera del campamento de Israel, al desierto.

Ese era el proceso que la ley prescribía, y una vez realizado, el autor de los pecados los recibirá de nuevo sobre sí (mientras que los impíos llevarán sus propios pecados), y su cabeza habrá sido ciertamente herida por la simiente de la mujer; el hombre fuerte habrá resultado atado y vencido por otro más fuerte que él, y su casa (el sepulcro) despojada de sus bienes (los santos) (Mat. 12:29; Luc. 11:21 y 22; Lev. 16:21 y 22). Habrán comenzado mil años de prisión para Satanás, y los santos habrán entrado en el reino milenario con Cristo.

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El santuario ha de ser purificado antes que Cristo venga, ya que:

  1. Cristo “fue ofrecido una sola vez, para quitar [llevar] los pecados de muchos. Y la segunda vez, sin relación con el pecado, aparecerá para salvar a los que lo esperan” (Heb. 9:28). Dado que su última labor como portador de los pecados consiste en llevarlos fuera del santuario una vez que lo ha purificado, y puesto que no “aparecerá” sin haber quitado antes los pecados de muchos, y puesto que lo hará “sin relación con el pecado”, queda claro que el santuario ha de ser purificado antes de que él aparezca.
  2. El ejército sigue en su indignación [ultrajado], una vez que el santuario ha sido purificado (Daniel 8). Tanto el santuario como el ejército fueron pisoteados. “Hasta dos mil trescientos días de tarde y mañana. Entonces el santuario será purificado [justificado]”. Este es el primer punto en la explicación. Después de eso, Daniel aún “trataba de comprenderla” (Dan. 8:14 y 15) y Gabriel vino “y dijo: ‘Voy a explicarte lo que ha de venir al fin de la ira [indignación]'”. En la explicación que sigue, no dice nada sobre el santuario, puesto que eso ya había sido explicado por Aquel que revela los misterios. Se refiere ahora al ejército, sobre quien queda aún por venir “el fin de la ira [indignación]”, tras haber sido purificado el santuario.

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“El fin de la ira” se refiere sin duda a las fieras persecuciones, y a la severa y amarga prueba que aguarda al pueblo de Dios, tras haber sido purificado el santuario, y antes de que llegue el fin de la ira en la destrucción del “cuerno pequeño”, fruto y sucesor de Asiria (Dan. 8:25; Isa. 10:12). Es necesario que el santuario sea purificado antes de la resurrección, ya que el Señor da un mensaje de ánimo a su pueblo, asegurándole que ha sido consumado: “Consolad, consolad a mi pueblo –dice vuestro Dios–. Hablad al corazón de Jerusalén, decidle a voces que el tiempo de su milicia [o su tiempo señalado] ha terminado, que su pecado está perdonado, que ha recibido de la mano del Eterno el doble por todos sus pecados” (Isa. 40:1 y 2).

Se cita aquí a Jerusalén y al pueblo de Dios, de forma paralela a como se citan el santuario y el ejército en Daniel 8. Su pueblo, tras haberse cumplido el tiempo señalado para Jerusalén, está siendo atribulado, y necesita al consuelo de saber que su iniquidad le ha sido perdonada. Tiene que referirse a la Nueva Jerusalén, ya que jamás existió un tiempo señalado para perdonar la iniquidad de la antigua Jerusalén. Siendo así, la Nueva Jerusalén tiene que haber llevado iniquidad de una cierta clase y con un cierto origen, ya que en caso contrario no podría ser perdonada de ella. El hecho de que el Señor ha ordenado que se consuele a su pueblo asegurándole que la iniquidad de Jerusalén es perdonada, es prueba inequívoca de que tuvo iniquidad, y de que será quitada antes de que su pueblo sea liberado y entre en ella con cantos y gozo perdurable. El mensaje es similar al de Isaías 52:9. Después de haber proclamado las nuevas de paz y gozo, diciendo a Sión: “Tu Dios reina”, leemos la afirmación: “El Señor ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido” (vers. 8 y 10). Jerusalén había estado, pues, con anterioridad, en un estado del que necesitaba ser redimida, y eso antes de tener lugar la resurrección, ya que el versículo siguiente declara: “Todos los términos de la tierra verán la salvación de nuestro Dios”

Introducción

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.” 2 Timoteo 4:1-2

“El apóstol Pablo, refiriéndose a los últimos días, dijo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina”. 2 Timoteo 4:3. Ya hemos entrado de lleno en ese tiempo. Las multitudes se niegan a recibir las verdades bíblicas porque estas contrarían los deseos de los corazones pecaminosos y mundanos; y Satanás les proporciona los engaños en que se complacen.

“Pero Dios tendrá en la tierra un pueblo que sostendrá la Biblia y la Biblia sola, como piedra de toque de todas las doctrinas y base de todas las reformas. Ni las opiniones de los sabios, ni las deducciones de la ciencia, ni los credos o decisiones de concilios tan numerosos y discordantes como lo son las iglesias que representan, ni la voz de las mayorías, nada de esto, ni en conjunto ni en parte, debe ser considerado como evidencia en favor o en contra de cualquier punto de fe religiosa. Antes de aceptar cualquier doctrina o precepto debemos cerciorarnos de si los autoriza un categórico “Así dice Jehová”.

“Satanás trata continuamente de atraer la atención hacia los hombres en lugar de atraerla hacia Dios. Hace que el pueblo considere como sus guías a los obispos, pastores y profesores de teología, en vez de estudiar las Escrituras para saber por sí mismo cuáles son sus deberes. Dirigiendo luego la inteligencia de esos mismos guías, puede entonces también encaminar las multitudes a su voluntad.” El conflicto de los siglos, pág. 581

Como Ministerio, creemos que todos los creyentes, deben tener una misma fe. “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” I Corintios 1:10. Por lo tanto, las siguientes declaraciones de fe, extraídas de la Biblia y los Testimonios, son las que profesamos, enseñamos y defendemos, en medio de la apostasía de los últimos días. Todos los que se unan a nosotros en esta santa obra, deben creer, practicar y defender estos principios.

Ministerio Mensajeros Adventistas Reformistas

Costa Rica, Enero 2017

Recepción en la iglesia

Mi querido hermano ——-, conforme al ejemplo de las Escrituras te impongo las manos y te recibo en la iglesia del Señor, como uno de sus miembros y te asigno el texto que se encuentra en ——- para que te acompañe en tu camino, rumbo a la patria celestial.

Declaración a la hora del bautismo

¿Mi querido hermano ——-, declara usted públicamente su fe en el Señor Jesucristo, que ha renunciado al mundo y al pecado y que desea unirse a la iglesia de Dios comprometiéndose a guardar todas las cosas, que constituyen la fe una vez dada a los santos? ——- Conforme al mandato de Jesucristo, tengo el privilegio de bautizarte en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Preguntas para el bautismo

Estas preguntas deben hacerse en público, delante de la iglesia.

1. ¿Cree usted en la inspiración de la Biblia como la Palabra de Dios? ¿Acepta usted los escritos del Espíritu de Profecía, dados por Dios a su iglesia, a través de su mensajera Elena G de White, como una fuente autorizada de verdad, doctrina y normas de vida?

2. ¿Cree usted que la Deidad es un trio celestial, sin embargo, la naturaleza del Espíritu Santo es un misterio, y que Cristo se hizo hombre, tomando nuestra naturaleza caída, para convertirse en nuestro Salvador y modelo de vida?

3. ¿Cree usted en la vigencia de los diez mandamientos? ¿Entiende usted la manera correcta de guardar el sábado y lo está practicando? ¿Entiende que no puede participar en luchas armadas ni servir en cuerpos policiales ni en el ejército? ¿Entiende claramente que el recasamiento es adulterio?

4. ¿Cree usted en Jesucristo, como su salvador personal? ¿Cree que EL está realizando una obra de intercesión y de juicio, desde 1844 en el santuario celestial, que determinará la salvación de cada individuo?

5. ¿Ha renunciado usted a su anterior manera de vivir, apartándose del pecado, de la mundanalidad, de las diversiones prohibidas en la Biblia y los Testimonios, rompiendo toda relación previa con organizaciones religiosas, políticas, sindicales y sociedades secretas?

6. ¿Practica usted la reforma pro salud, absteniéndose del consumo de animales muertos y sus derivados? ¿Ha abandonado el consumo de bebidas alcohólicas, con cafeína y sustancias dañinas para su organismo, reconociendo que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo? ¿Entiende y practica usted la reforma en el vestido en su diario vivir?

7. ¿Cree usted que la iglesia del Señor es columna y baluarte de la verdad y debe conservar la doctrina pura y que sus miembros deben creer, vivir y practicar una misma fe? ¿Cree usted que las demás organizaciones constituyen el sistema denominado Babilonia y que el papado es el antricristo de la profecía y el domingo, su marca de autoridad?

8. ¿Comprende usted el privilegio que le da el Señor de ser uno de los 144000 si es fiel? ¿Acepta usted su deber de proclamar el mensaje del tercer ángel y está dispuesto a apoyar esta obra con sus diezmos y ofrendas?

9. ¿Promete usted abstenerse de celebrar festividades paganas y mantenerse en santidad con la ayuda de Dios, hasta la venida de Cristo? ¿Entiende usted, que en caso contrario, la iglesia, puede y debe aplicar la disciplina eclesiástica?

El milenio y el Edén restaurado

Creemos que los mil años forman el período de tiempo entre la primera y la segunda resurrección generales.

“A la venida de Cristo los impíos serán borrados de la superficie de la tierra, consumidos por el espíritu de su boca y destruidos por el resplandor de su gloria.” –El Conflicto de los Siglos, pág. 715. 2 Tesalonicenses 1:6-8; 2:8; Isaías 24:12, 22.

En este tiempo no existirá vida humana sobre nuestra tierra. Debido a poderosas catástrofes naturales la tierra se encuentra en una condición de absoluta devastación. Jeremías 4:23, 24; 25:32, 33.

Durante los mil años los santos vivirán y gobernarán con Cristo en el cielo y llevarán a cabo el juicio sobre los ángeles caídos y los impíos. La tierra se encontrará en una condición desolada. Sólo Satanás y sus ángeles vivirán allí. (–El Conflicto de los Siglos, pág. 717; Apocalipsis 20:1-3).

Al final de los mil años vendrá Jesús con todos los santos a esta tierra. Entonces los impíos serán resucitados de la muerte. Luego la santa ciudad, Dios dejará caer fuego del cielo y los pecadores y el pecado serán destruidos eternamente, con lo cual la tierra será purificada. Apocalipsis 20:4, 5 primera parte, 7-10; Malaquías 4:1, 3.

Creemos que después de los mil años, la tierra será el hogar eterno de los redimidos. El Señor renovará el cielo y la tierra, y esta nueva tierra será la patria de los salvados. La nueva Jerusalén será la capital de este reino eterno y el Rey de Reyes tendrá su trono en ella. Isaías 45:18; 65:17; Apocalipsis 21:1-3.
Por el sabiamente establecido plan de salvación, fundado sobre el amor eterno de Dios, todos los redimidos, libres de la amenaza de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, podrán gozar ante la eterna presencia de Dios. Isaías 65:25; 2 Pedro 3:13.

“Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Apocalipsis 21:3-5).

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