Amor

VERDADERO

El amor verdadero nacido del cielo no es egoísta y cambiable. No depende de la alabanza humana. El corazón de aquel que recibe la gracia de Dios desborda de amor a Dios y a aquellos por los cuales Cristo murió. El yo no lucha para ser reconocido. No ama a otros porque ellos lo aman a él y le agradan, porque aprecian sus méritos, sino porque constituyen una posesión comprada por Cristo. Si sus motivos, palabras o acciones son mal entendidas o falseadas, no se ofende, sino que prosigue invariable su camino. Es amable y considerado, humilde en la opinión que tiene de sí mismo, y sin embargo lleno de esperanza, y siempre confía en la misericordia y el amor de Dios. Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 72

Entre los santos

“Una de las mayores evidencias de la verdadera conversión es el amor a Dios y al hombre. Los que aceptan a Jesús como su Redentor tienen un profundo y sincero amor por otros de la misma preciosa fe.” – Los Hechos de los Apóstoles, pág. 213.

“Dios quiere que haya unión y amor fraternal entre su pueblo. En la oración que elevó Cristo precisamente antes de su crucifixión pidió que sus discípulos fueran uno como Él era uno con el Padre, para que el mundo creyera que Dios le había enviado. Esta oración conmovedora y admirable llegaba a través de los siglos hasta nuestros días, pues sus, palabras fueron: ‘Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mi por la palabra de ellos’ (Juan 17:20). Aunque no hemos de sacrificar un solo principio de la verdad, debemos procurar constantemente ese estado de unidad. Es la evidencia de nuestro carácter de discípulos de Jesús, pues Él dijo: ‘En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros’ (Juan 13:35).”– Patriarcas y Profetas, págs. 557, 558.

Se demuestra en las obras

“Nuestro amor hacia Dios debe expresarse haciendo bien a los menesterosos y dolientes de la familia de la fe, cuyas necesidades conocemos y debemos atender. Cada alma está bajo la obligación especial para con Dios de fijarse con compasión particular en sus pobres dignos. Por ningún pretexto debe pasárselos por alto.”— Joyas de los Testimonios, tomo  2, pág. 509.

El verdadero amor no excusa el pecado

“Pablo desea que distingamos entre el amor puro y altruista, motivado por el espíritu de Cristo, y aquella pretensión vacía y engañosa que el mundo llama amor y en la cual tanto abunda. Esta falsificación baja ha hecho errar a muchas almas. El estar de acuerdo con el transgresor en lugar de mostrarle fielmente sus errores, tiende a anular la distinción entre el bien y el mal. Tal curso de acción nunca se origina en una amistad real. El espíritu que lo promueve habita únicamente en el corazón carnal. Aunque el cristiano será siempre bondadoso, compasivo y perdonador, nunca sentirá ninguna clase de armonía con el pecado. Aborrecerá el mal y se aferrará a lo bueno al costo de su relación o amistad con los impíos. El espíritu de Cristo nos inducirá a odiar el pecado, en tanto que estaremos dispuestos a realizar cualquier sacrificio para salvar al pecador.”— Exaltad a Jesús, pág. 307

Amar como Cristo nos amó

“Deberíamos manifestar por los demás el mismo amor que Cristo siente por nosotros. El Señor del cielo considera al ser humano en su verdadero valor. Pero si éste no es bondadoso en su hogar terrenal, no es idóneo para el hogar celestial. Si quiere hacer siempre su propia voluntad, sin importarle a quien ofenda, no podrá sentirse feliz en el cielo, a menos que pueda gobernar allí. El amor de Cristo debe dominar nuestro corazón.”– Review and Herald, 21 de febrero de 1888.

 

FALSO

No importa cuán elevada sea su profesión, aquel cuyo corazón no ha sido imbuido por el amor hacia Dios y su prójimo no es discípulo de Cristo. Aunque posea una gran fe, y aun tenga el poder de hacer milagros, de todos modos, sin amor, su fe no sirve para nada. Podrá manifestar gran liberalidad, pero si reparte sus bienes para alimentar a los pobres impelido por otro motivo que no sea el amor genuino, su obra no lo hará acreedor del favor de Dios. En su celo podría hasta encarar la muerte de un mártir, pero si carece del oro del amor, Dios lo consideraría como un fanático engañado o como un hipócrita ambicioso. Testimonios para la Iglesia, Tomo V, pág. 157

Si no se ama a los hermanos

“Y cualquiera que deja de manifestar este amor viola la ley que profesa reverenciar. Por el sentimiento que manifestamos hacia nuestros hermanos, declaramos cuál es nuestro sentimiento hacia Dios. El amor de Dios en el corazón es la única fuente de amor al prójimo. “Si alguno dice, Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Porque el que no ama a su hermano al cual ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” Amados, “si nos amamos unos a otros, Dios está en nosotros, y su amor es perfecto en nosotros.” 1 Juan 4:20, 12” – Deseado de todas las gentes, pág. 466