Abel y Caín

No podía haber comunión entre ellos

“No podía haber armonía entre los dos hermanos y era enevitable la contienda. Abel no podía condescender con Caín sin ser culpable de desobediencia a las órdenes específicas de Dios.” Carta 6 de 1897

Dos tipos de religiones

“La ofrenda de Abel fue la más escogida que pudiera presentar, pues era lo que pedía el Señor específicamente. Pero, Caín solo trajo de los frutos de la tierra y su ofrenda no fue aceptada por el Señor. No expresaba fe en Cristo. Todas nuestras ofrendas deben estar rociadas con la sangre de la expiación.” Review and Herald 3 de marzo de 1874

“Caín y Abel representan dos clases de personas: los justos y los impíos, los creyentes y los incrédulos, que debían existir desde la caída del hombre hasta la segunda venida de Cristo.” Historia de la Redención, pág. 56

Los infieles odian a los fieles

“Satanás es el padre de la incredulidad, la murmuración y la rebelión. Llenó a Caín con desconfianza y furor contra su inocente hermano y contra Dios, porque su sacrificio fue rehusado y aceptado fue el de Abel, y asesinó a su hermano en su insano furor.” Review and Herald 3 de marzo de 1874

“Caín, que mató a su hermano Abel, representa a los impíos que tendrían envidia de los justos y los odiarían porque serían mejores que ellos. Sentirían celos de los justos y los perseguirían y matarían porque sus buenas obras condenarían su conducta pecaminosa.”  Historia de la Redención, pág. 57

¿Acaso soy yo guarda de mi hermano?

“Mientras Abel justificaba el plan de Dios, Caín se enojó, y su odio creció y ardió contra Abel hasta que en un arrebato de ira le dio muerte. El Señor preguntó a Caín dónde estaba su hermano, y éste contestó con una mentira: “No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” Dios le informó que estaba al tanto de su pecado, que conocía todos sus actos, hasta los pensamientos de su corazón, y le dijo: “La voz de la sangre de tu hermano clama a  desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra”. La maldición sobre la tierra fue al principio muy leve; pero entonces [después de la muerte de Abel] recayó sobre ella una doble maldición.” Historia de la Redención, pág. 56

“Cada uno de los que siguen a Cristo tiene que hacer una parte para inducir a los hombres a aceptar las bendiciones que el cielo ha provisto. Examinémonos detenidamente a nosotros mismos y veamos si hemos hecho esta obra. Indaguemos nuestros motivos y cada acción de nuestra vida. ¿No hay muchos cuadros desagradables grabados en la memoria? Con frecuencia habéis necesitado el perdón de Jesús. Habéis dependido constantemente de su compasión y amor. Sin embargo, ¿no habéis dejado de manifestar hacia otros el espíritu que Cristo manifestó hacia vosotros? ¿Habéis sentido preocupación por aquel a quien visteis aventurarse por sendas prohibidas? ¿Le habéis amonestado bondadosamente? ¿Habéis llorado y orado por él y con él? ¿Habéis demostrado por vuestras palabras de ternura y actos bondadosos que le amabais y deseabais salvarle? Mientras tratabais a aquellos que vacilaban y se tambaleaban bajo la carga de sus propias flaquezas de disposición y de sus hábitos defectuosos, ¿los habéis dejado pelear sus batallas solos, cuando podríais haberles ayudado? ¿No habéis estado como Caín listos para decir: “¿Soy yo guarda de mi hermano?” Génesis 4:9. ¿Cómo debe considerar la obra de vuestra vida la gran Cabeza de la iglesia? ¿Cómo mira vuestra indiferencia para con los que se extravían del buen camino, Aquel para quien toda alma es preciosa, como comprada por su sangre? ¿No teméis que él os deje como los habéis dejado a ellos? Tened por seguro que el verdadero Centinela de la casa del Señor ha notado toda negligencia.” Testimonios para la Iglesia, Tomo V, pág. 575

“Los niños que carecen de padres y madres son depositados en los brazos de la iglesia, y Cristo dice a sus seguidores: “Tomad estos niños destituidos; criadlos en mi lugar, y recibiréis vuestro salario”. He visto mucho egoísmo manifestado en estos casos. A menos que haya alguna evidencia especial de que ellos mismos se van a beneficiar si adoptan en el seno de sus familias a los que necesitan hogares, algunos se apartan y responden: No. Parece que no saben si los tales se salvarán o se perderán, ni les preocupa tampoco. Eso, según creen, no es asunto de ellos. Con Caín dicen: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” Génesis 4:9. No están dispuestos a incomodarse ni a hacer ningún sacrificio en favor de los huérfanos, y con indiferencia los arrojan en los brazos del mundo que a veces está más dispuesto a recibirlos que los profesos cristianos. En el día de Dios, aquellos a quienes el Cielo dio la oportunidad de salvar tendrán que rendir cuenta. Pero prefirieron excusarse y no estuvieron dispuestos a dedicarse a esta buena obra a menos que les reportara algún beneficio. Se me ha mostrado que los que rehusan estas oportunidades de hacer el bien, escucharán estas palabras de labios de Jesús: “Cuando no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis”. Mateo 25:45.” Testimonios para la Iglesia, Tomo II, págs. 31-32

La señal de Caín

“Dios ha dado a cada hombre su obra y si cualquiera se aparta de la obra que Dios le ha dado, para hacer la obra de Satanás, para mancillar su propio cuerpo o guiar a otros al pecado, la obra de este hombre está mancillada y se coloca sobre él, la marca de Caín. La ruina de su víctima clamará a Dios como lo hizo la sangre de Abel.” Review and Herald 6 de marzo de 1894

“Cualqueir hombre, ya sea ministro o laico, que procura forzar o regir la razón de cualquier otro hombre, se convierte en un instrumento de Satanás para hacer su obra y lleva la señal de Caín, ante la vista del universo celestial.” Manuscrito 29 de 1911