Mes: octubre 2015

Ceviche de hongos

ceviche de hongosIngredientes:

  • 200 gr de hongos finamente picados
  • 1/2 rábano mediano rallado
  • 2 zanahorias medianas ralladas
  • ½ pepino finamente picado, con cáscara
  • 1 rama de apio finamente picada
  • ½ taza de jugo de limón
  • 1 cebolla pequeña finamente picada
  • 1 taza de culantro desinfectado y picado
  • 1 taza de salsa tomate tipo ketchup casera (sin vinagre)
  • 5 limones (jugo)
  • 3 cds de aceite de oliva
  • 1 aguacate cortado en cubos (opcional)
  • Sal al gusto

Preparación:

  1. Mezclar la salsa de tomate con el limón, el aceite de oliva y el vinagre
  2. Agregar el resto de los ingredientes excepto el aguacate y revolver hasta homogeneizar la mezcla
  3. Agregar el aguacate a la mezcla de manera envolvente.
  4. Agradezca a Dios y disfrute.

Queso vegano para derretir

queso

Ingredientes:
– Una taza de agua.
– 1/4 taza de levadura de cerveza.
– 2 cucharadas de harina de maíz (masa).
– 1 cucharada de harina de trigo.
– 1 cucharadita de jugo de limón.
– 1/2 cucharadita de ajo en polvo.
– 1/4 cucharadita de sal.
– 2 cucharadas de aceite.

Preparación:

  1. Mezclar todos los ingredientes, menos el aceite y batir.
  2. Calentar en una olla hasta que burbujee unos 30 segundos (espesa mucho).
  3. Añadir el aceite y una cucharada más de agua.
  4. Volver a batir.
  5. Dejar enfriar y guardar en el refrigerador hasta una semana.
  6. Invite a alguien que necesite compañía a compartir esta receta y háblele del amor de Dios.

Queso mozarella vegano

mozarella

Ingredientes:
2 ½ tazas de agua o leche vegetal.
2/3 taza de levadura de nutricional en copos.
½ taza de avena instantánea.
¼ taza de tahini (pasta que se elabora con semillas de ajonjolí).
¼ taza de maicena.
3 o 4 cucharadas de jugo de limón.
1 cucharada de cebolla o ajo en polvo.
1 cucharadita de sal.

Preparación:

  1. Untar un molde de aproximadamente 800 ml de capacidad con aceite o ponerle papel encerado.
  2. Licuar todos los ingredientes durante 3 minutos.
  3. Colocar la mezcla en una olla pequeña a fuego medio y mezclar constantemente para que no se queme hasta que quede muy espeso y uniforme.
  4. Verter la mezcla en el molde y dejar enfriar sin tapar en el refrigerador.
  5. Una vez frío, cubrir y dejar enfriar durante toda la noche para que solidifique.
  6. Para servir cortar con un cuchillo humedecido en agua o aceite para evitar que se pegue.
  7. No se olvide de agradecerle a Dios y de compartir con los demás, las comidas saludables que ÉL nos regala.

Notas:
Este queso derrite muy bien y se conserva durante aproximadamente una semana.
Para que tenga un sabor menos agrio y más suave al paladar, poner menos levadura de cerveza.

¿Santos en el cielo, pecadores en la tierra?

Hno. José Solano, misionero@reformistas.orgpecado-in

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9

Esta es una clara referencia al proceso de arrepentimiento y una buena definición de lo que es la justicia imputada de Cristo: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8

“Cuando el pecador penitente, contrito ante Dios, reconoce la expiación de Cristo en su favor y acepta esta expiación como su única esperanza para esta vida y la futura, sus pecados son perdonados. Esta es la justificación por la fe.”—The S.D.A. Bible Commentary 6:1070.

Sin embargo, debemos recordar que es la primera etapa de la salvación, la aceptación de que somos pecadores y que necesitamos un Salvador, por lo tanto vamos en nuestra condición lamentable al Señor y él nos recibe así. La segunda etapa consiste en la santificación, el carácter de Cristo se empieza a desarrollar en nuestras vidas, para que “como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” I Pedro 1:15

“Como nuestro ejemplo tenemos a Uno que es todo y entre todos, el principal entre diez mil, Uno cuya excelencia escapa a toda comparación. ¿Qué dice el divino Maestro?: “Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Mateo 5:48. ¿Quiere Cristo atormentarnos requiriéndonos lo que es imposible? ¡Nunca, nunca! ¡Qué honor nos confiere, al pedirnos que seamos santos en nuestra esfera de acción, como el Padre es santo en su esfera! Mediante su poder, somos capaces de hacer esto, porque él declara: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Mateo 28:18. Es vuestro privilegio y el mío reclamar este poder ilimitado.—Carta 20, 1902.” Nuestra Elevada Vocación, pág. 110

Por eso la Mensajera del Señor nos dice: “La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda, nuestra idoneidad para el cielo.”—Mensajes para los Jóvenes, 32.

LA SEGUNDA ETAPA: LA JUSTICIA IMPARTIDA
El plan de la salvación incluye no sólo el perdón del pecado, sino la restauración completa. La salvación del pecado es más que el perdón del pecado. Lógicamente, el perdón presupone el pecado, y se lo da a condición de que rompamos con él. La santificación es apartarse del pecado e indica la liberación de su poder y la victoria sobre él. El primero es un medio de neutralizar el efecto del pecado; la segunda es una restauración del poder para obtener la victoria completa.

“No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias” Romanos 6:12

“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:23). “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14). “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” (1 Tes. 4:3). La palabra griega hagios con sus diversas formas se traduce “santificar”, “santo”, “santidad”, “santificado”, “santificación”. Es la misma palabra que se usa para designar los dos departamentos del santuario, y significa lo que ha sido puesto aparte para Dios. Una persona santificada es una persona cuya vida entera está dedicada a él.

“La santificación del alma por la obra del Espíritu Santo es la implantación de la naturaleza de Cristo en la humanidad. La religión del Evangelio es Cristo en la vida—un principio vivo y activo. Es la gracia de Cristo revelada en el carácter y desarrollada en las buenas obras. Los principios del Evangelio no pueden separarse de ninguna fase de la vida práctica. Todo aspecto de la vida y de la labor cristiana debe ser una representación de la vida de Cristo.” Palabras de Vida del Gran Maestro 316

¿Podemos realmente vencer el pecado?

El adventismo del séptimo apóstata ha sido influenciado por la teoría evangélica de la justificación de la fe, que parte de dos premisas: 1. Cristo es nuestro ejemplo simbólico, porque nosotros no podemos ser iguales a él. 2. No se puede obedecer la ley y seguiremos pecando hasta llegar al cielo.

Si develamos la realidad de esos dos puntos, podremos comprender la voluntad de Dios en todos sus extremos para nuestras vidas.

La naturaleza humana de Cristo

“En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (1 Juan 4:2 y 3)

“Jesús asumió la naturaleza humana para dejar a la humanidad un modelo completo y perfecto. Es su intención hacernos como él es, leales en todo propósito, sentimiento y pensamiento: leales de corazón, alma y vida. Esto es cristianismo. Nuestra naturaleza caída ha de ser purificada, ennoblecida, y consagrada mediante la obediencia a la verdad. La fe cristiana nunca armonizará con los principios mundanos; la integridad cristiana se opone a todo engaño y fingimiento. El que alberga más el amor de Cristo en el corazón, el que refleja la imagen del Salvador más perfectamente, es a la vista de Dios la persona más leal, más noble y honorable sobre la faz de la tierra.” Testimonios para la Iglesia, tomo 5, pág. 218

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” Juan 1: 14

Tan importante es este punto que el Espíritu de Profecía manifiesta: “La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la áurea cadena eslabonada que une nuestras almas con Cristo, y mediante Cristo con Dios” (MS 67, 1898).

¿Qué naturaleza tomó Cristo?

“Como cualquier hijo de Adán, aceptó los efectos de la gran ley de la herencia. Y la historia de sus antepasados terrenales demuestra cuáles eran aquellos efectos. Mas él vino con una herencia tal” (El Deseado de todas las gentes, p. 32).

“Tenía la misma naturaleza que el pecador” (Manuscript Releases, vol. X, p. 176)

“¡El Rey de gloria dispuesto a humillarse descendiendo hasta el nivel de la humanidad caída! Colocaría sus pies en las pisadas de Adán. Tomaría la naturaleza caída del hombre y entraría en combate para contender con el poderoso enemigo que triunfó sobre Adán” (“Redemption, o The Temptation of Christ”, p. 15).

“¡El Rey de gloria dispuesto a humillarse descendiendo hasta el nivel de la humanidad caída! Colocaría sus pies en las pisadas de Adán. Tomaría la naturaleza caída del hombre y entraría en combate para contender con el poderoso enemigo que triunfó sobre Adán” (“Redemption, o The Temptation of Christ”, p. 15).

“Pensad en la humillación de Cristo. Tomó sobre sí la naturaleza caída y doliente del hombre, degradada y contaminada por el pecado. Tomó nuestros dolores, llevó nuestro pesar y nuestra vergüenza. Soportó todas las tentaciones con las que es acosado el hombre. Unió la humanidad con la divinidad; un espíritu divino moraba en un templo de carne. Se unió a sí mismo con el templo. ‘Aquel Verbo fue hecho carne; y habitó entre nosotros’, porque al hacer eso podía relacionarse con los pecaminosos y dolientes hijos e hijas de Adán” (Youth Instructor, 20 diciembre 1900).

“El Redentor –en quien se unían tanto lo humano como lo divino- estuvo en el lugar de Adán y soportó un terrible ayuno de casi seis semanas. La duración de ese ayuno es la más poderosa evidencia de los alcances de la pecaminosidad y el poder del apetito depravado sobre la familia humana” (RH, 4 agosto 1847).

¿Realmente como nosotros?
“Muchos sostienen que era imposible para Cristo ser vencido por la tentación. En tal caso, no podría haberse hallado en la posición de Adán… Pero nuestro Salvador tomó la humanidad con todo su pasivo. Se vistió de la naturaleza humana, con la posibilidad de ceder a la tentación” (DTG, 92).

“Me han llegado cartas afirmando que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza del hombre, porque si la hubiera tenido, habría caído bajo tentaciones similares. Si él no hubiese tenido la naturaleza humana, no podría ser nuestro ejemplo. Si no participó de nuestra naturaleza, no habría podido ser tentado como lo es el hombre. Si no le fuese posible ceder a la tentación, no podría ser nuestro ayudador. Fue una solemne realidad que Cristo vino a pelear las batallas como un hombre, en beneficio del hombre. Su tentación y victoria nos dicen que la humanidad debe copiar al Modelo; el hombre debe ser hecho participante de la naturaleza divina” (Review and Herald, 18 febrero 1890).

“Cristo no tomó sobre sí una humanidad sólo aparente. Tomó la naturaleza humana y vivió la naturaleza humana… Él tomó nuestras debilidades. No sólo fue hecho carne, sino fue hecho a semejanza de carne de pecado…” (Carta 106, 1896).

“A ese mundo donde Satanás pretendía dominar, permitió Dios que bajase su Hijo, como niño impotente, sujeto a la debilidad humana. Le dejó arrostrar los peligros de la vida en común con toda alma humana, pelear la batalla como la debe pelear cada hijo de la familia humana, aun a riesgo de sufrir la derrota y la pérdida eterna” (DTG, 33).

“Fue al desierto en la carne humana para ser tentado por el enemigo. Sabe lo que es tener hambre y sed. Conoce las debilidades y flaquezas de la carne. Fue tentado en todo como nosotros somos tentados” (MS 76, 1903).

“Cuando le damos a su naturaleza humana un poder que no es posible que tenga el hombre en sus conflictos con Satanás, destruimos la integridad de su humanidad” (MS 1, 1892).

“Satanás mostró su conocimiento de los puntos débiles del corazón humano, y puso en acción su poder hasta el máximo para aprovecharse de las debilidades de la humanidad que Cristo había tomado para vencer sus tentaciones en lugar del hombre” (Review and Herald, 1 abril 1875).

“Las tentaciones a las cuales fue sometido Cristo eran una terrible realidad. Como persona libre fue puesto a prueba, con la libertad para ceder a las tentaciones de Satanás y obrar en desacuerdo con los propósitos de Dios. Si eso no hubiera sido así, si no hubiera sido posible para él caer, no podría haber sido tentado en todo punto como es tentada la familia humana” (Youth Instructor, 26 octubre 1899).

“Cuando Adán fue asaltado por el tentador, no pesaba sobre él ninguno de los efectos del pecado. Gozaba de una plenitud de fuerza y virilidad así como del perfecto vigor de la mente y el cuerpo… No sucedía lo mismo con Jesús cuando entró en el desierto para luchar con Satanás. Durante cuatro mil años, la familia humana había estado perdiendo fuerza física y mental, así como valor moral; y Cristo tomó sobre sí las flaquezas de la humanidad degenerada. Únicamente así podía rescatar al hombre de las profundidades de su degradación” (DTG, 91 y 92).

Cristo “derrotó a Satanás con la misma naturaleza sobre la cual Satanás obtuvo la victoria en el Edén. El enemigo fue vencido por Cristo en la naturaleza humana. El poder divino del Salvador estaba oculto. Él venció en la naturaleza humana, confiando en el poder de Dios. Este es el privilegio de todos” (Youth Instructor, 25 abril 1901).

“Cristo cargó los pecados y las enfermedades de la raza tal cual existieron cuando él vino a la tierra para ayudar al hombre… Tomó la naturaleza humana y cargó las enfermedades de la raza degenerada” (The Temptations of Christ, 30-31).

“La voluntad humana de Cristo nunca lo habría llevado al desierto de la tentación… no lo habría llevado a sufrir la humillación, burla, reproche, aflicción y muerte. Su naturaleza humana rehuía todas esas cosas tan decididamente como lo hace la nuestra” (Signs of the Times, 29 octubre 1894).

“Experimentando en sí mismo la fuerza de las tentaciones de Satanás” (Review and Herald, 18 marzo 1875).

¿Dónde reside la fuerza de las tentaciones de Satanás? “Sus [nuestras] tentaciones más poderosas vendrán del interior, ya que debe batallar contra las inclinaciones del corazón natural” (Christ Tempted As We Are, p. 11).

“Si tuviéramos que soportar algo que Jesús no soportó, en este detalle Satanás representaría el poder de Dios como insuficiente para nosotros. Por lo tanto, Jesús fue ‘tentado en todo punto, así como nosotros’ (Heb. 4:15). Soportó toda prueba a la cual estemos sujetos” (El Deseado de todas las gentes, p. 15 y 16).

“Las dudas asaltaron al moribundo Hijo de Dios” (Joyas de los Testimonios, vol. I, p. 226). Cristo fue tentado por sus propios pensamientos a dudar –a no creer- las promesas de su Padre.

“Bendijo a niños que poseían pasiones como las de él mismo” (Signs of the Times, 9 abril 1896). ¿Poseen todos los niños deseos heredados hacia el egoísmo? Cristo estuvo afectado por pasiones “como las de” ellos.

“En su humanidad, el Hijo de Dios luchó con las mismísimas terribles y aparentemente abrumadoras tentaciones que asaltan al hombre: tentaciones a complacer el apetito, a aventurarse atrevidamente donde Dios no nos conduce, y a adorar al dios de este mundo, a sacrificar una eternidad de bienaventuranza por los placeres fascinadores de esta vida” (Mensajes Selectos, vol. I, p. 111 y 112).

“¿Quién conoce la intensidad de las inclinaciones del corazón natural?” (Testimonies, vol. V, p. 177). ¿Cómo las conoce Cristo? “Conoce por experiencia… dónde radica la fuerza de nuestras tentaciones” (Ministry of Healing, p. 71).

En Getsemaní sucedió que “le abandonaron su depresión y desaliento” (El Deseado, p. 643). ¿No fueron sus propios pensamientos e inclinaciones naturales los que lo habían llevado al desaliento?

Pero sin pecado
“Entonces Cristo venció en lugar del pecador, cuatro mil años después de que Adán dio la espalda a la luz de su hogar. La familia humana, separada de la presencia de Dios, se había apartado más y más, generación tras generación, de la pureza original, de la sabiduría y el conocimiento que Adán poseía en el Edén. Cristo llevó los pecados y las debilidades de la raza humana en la condición en que ésta se encontraba cuando él vino a la tierra para socorrer al hombre. En favor de la raza humana y con las debilidades del hombre caído sobre sí, debía resistir las tentaciones de Satanás en todos los puntos en los cuales sería atacado el hombre…” (Review and Herald, 28 julio 1874).

¿Se puede obedecer la ley y vivir sin pecado?

Decir que no es aceptar la acusación de Satanás: “Satanás, el ángel caído, había declarado que ningún hombre podía guardar la ley de Dios después de la desobediencia de Adán. Y él afirmaba que toda la raza humana estaba bajo su dominio.” Mensajes selectos, Tomo 3: 154

“Todo el que comete pecado, es esclavo del pecado” (Juan 8:34).

Decir que no, es negar el poder del Evangelio en Jesucristo.

“Así, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, a saber, al diablo. Y librar a los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre” (Heb. 2:14 y 15).

“El Espíritu del Señor, el Eterno, está sobre mí, porque me ungió para predicar buenas nuevas a los pobres. Me envió a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos abertura de la cárcel” (Isa. 61:1).

Cristo dice: “Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois realmente mis discípulos. Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”. “Así, si el Hijo os liberta, seréis realmente libres” (Juan 8:31, 32 y 36).

1 Pedro 2:21 y 22: “Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca”.

“Envió a su Hijo al mundo para que llevase la penalidad del pecado, y para mostrar al hombre cómo vivir una vida sin pecado” (Reflecting Christ, p. 37).

“No necesitamos colocar la obediencia de Cristo, por sí misma, como algo para lo cual él estaba adaptado particularmente debido a su naturaleza especial y divina, pues estaba delante de Dios como representante del hombre y fue tentado como sustituto y fiador del hombre. Si Cristo hubiese tenido un poder especial del cual no dispone el hombre, Satanás le hubiera sacado provecho” (MS 1, 1892).

“¡En qué contraste se halla el segundo Adán cuando entra en el sombrío desierto para hacer frente a Satanás sin ayuda alguna! La raza humana había ido disminuyendo en estatura y vigor físico desde la caída, y hundiéndose más y más en la balanza del valor moral, hasta el momento en que Cristo vino a la tierra. Y Cristo debía llegar hasta donde estaba el hombre caído, para levantarlo. Tomó la naturaleza humana y llevó las debilidades y la degeneración de la raza. El que no conoció pecado se convirtió en pecado por nosotros. Se humilló hasta las mayores profundidades de la miseria humana a fin de poder estar calificado para llegar hasta el hombre y elevarlo de la degradación en que lo había sumido el pecado” (Review and Herald, 28 julio 1874).

“Vino a este mundo y vivió una vida sin pecado, para que en su poder su pueblo pudiera también vivir vidas sin pecado” (Review and Herald, 1 abril 1902).

“Nos ha colocado en un terreno ventajoso, en el que podemos vivir vidas puras y sin pecado” (Signs of the Times, 17 junio 1903).

“Todo aquel que por la fe obedece los mandamientos de Dios alcanzará la condición de impecabilidad en la que vivió Adán antes de su transgresión” (Signs of the Times, 23 julio 1902).

“Cristo nos ha dejado un ejemplo perfecto, en el cual no encontramos pecado. Sus seguidores deben caminar en sus pisadas” (Hijos e hijas de Dios, p. 296).

“La vida de Cristo es una revelación de aquello en lo que pueden convertirse los caídos seres humanos, mediante la unión y compañerismo con la naturaleza divina” (Manuscript Releases, vol. 18, p. 331).

“El Salvador llevó sobre sí los achaques de la humanidad y vivió una vida sin pecado, para que los hombres no teman que la flaqueza de la naturaleza humana les impida vencer. Cristo vino para hacernos ‘participanters de la naturaleza divina’, y su vida es una afirmación de que la humanidad, en combinación con la divinidad, no peca. El Salvador venció para enseñar al hombre cómo puede él también vencer” (El Ministerio de curación, p. 136).

“Dios hizo por nosotros lo mejor que podía hacer, cuando envió del cielo a un Ser impecable para manifestar a este mundo de pecado lo que han de ser en carácter quienes han de ser salvos: puros, santos e incontaminados” (Manuscript Releases, vol. 9, p. 125).

“Cristo vino a la tierra… para mostrar en la controversia con Satanás que el hombre, tal como Dios lo creó, conectado con el Padre y con el Hijo, puede obedecer todo requerimiento divino” (Signs of the Times, 9 junio 1898).

“Al tomar nuestra naturaleza caída, mostró lo que ésta podría llegar a ser” (Mensajes selectos, vol. 3, p. 151).

“Hermanos y hermanas, necesitamos la reforma que han de tener todos cuantos hayan de ser redimidos, mediante la purificación de la mente y corazón de toda mancha de pecado” (Counsels on Health, p. 633).

“Somos limpiados de todo pecado, de todo defecto de carácter. No necesitamos retener ni una sola propensión pecaminosa” (Review and Herald, 24 abril 1900).

“Toda tendencia hereditaria y cultivada hacia el pecado debe ser reconocida, subyugada y limpiada” (Signs of the Times, 18 julio 1895).

“Aborrecerán el pecado y la iniquidad, así como Cristo aborreció el pecado” (Fe y obras, p. 119).

“Cuando conozcamos a Dios como es nuestro privilegio conocerle, nuestra vida será una vida de continua obediencia. Si apreciamos el carácter de Cristo y tenemos comunión con Dios, el pecado llegará a sernos odioso” (El Deseado de todas las gentes, p. 621).

“Odiarán al pecado con un odio perfecto” (Fundamentals of Christian Education, p. 291).

EL PECADO SE DEBE VENCER ANTES DE QUE TERMINE LA OBRA DEL JUICIO INVESTIGADOR: Creer que no se puede vencer el pecado en esta tierra, conduce a la perdición eterna.

“Además, estas parábolas enseñan que no habrá más tiempo de gracia después del juicio. Una vez concluida la obra del Evangelio, sigue inmediatamente la separación de los buenos y los malos, y el destino de cada clase de personas queda fijado para siempre” –Palabras de Vida del Gran Maestro, págs. 93, 94.

“Al salir Jesús del lugar santísimo, oí el tintineo de las campanillas de su túnica. Una tenebrosa nube cubrió entonces a los habitantes de la tierra. Ya no había mediador entre el hombre culpable y un Dios ofendido. Mientras Jesús estuvo interpuesto entre Dios y el pecador, tuvo la gente un freno; pero cuando dejó de estar entre el hombre y el Padre, desapareció el freno y Satanás tuvo completo dominio sobre los finalmente impenitentes. Era imposible que fuesen derramadas las plagas mientras Jesús oficiase en el santuario; pero al terminar su obra allí y cesar su intercesión, nada detiene ya la ira de Dios que cae furiosamente sobre la desamparada cabeza del culpable pecador que descuidó la salvación y aborreció las reprensiones” –Primeros Escritos, pág. 280.

“En el tiempo de angustia que vendrá inmediatamente antes de la venida de Cristo, los justos serán resguardados por el ministerio de los santos ángeles; pero no habrá seguridad para el transgresor de la ley de Dios. Los ángeles no podrán entonces proteger a los que estén menospreciando uno de los preceptos divinos” –Dios nos Cuida, pág. 364.

“Cuando Jesús se levante en el lugar santísimo y ponga a un lado sus vestiduras de Mediador y se revista con las vestiduras de venganza en lugar del atavío sacerdotal, habrá terminado la obra en favor de los pecadores. Habrá llegado entonces el momento en que se dará la orden: ‘El que es injusto, sea injusto todavía:… y el que es justo, sea todavía justificado: y el santo sea santificado todavía. Y he aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra’ (Apocalipsis 22:1112)” –Testimonios para la Iglesia, tomo 2, pág. 608.

“En aquel terrible momento, después de cesar la mediación de Jesús, a los santos les toca vivir sin intercesor en presencia del Dios santo. Había sido decidido todo caso y numerada cada joya” –Primeros Escritos, pág. 280.

¿Qué debemos hacer?

“Hemos de ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor, pues Dios es el que obra en nosotros así el querer como el hacer su buena voluntad. Con nuestras facultades limitadas hemos de ser tan santos en nuestra esfera como Dios es santo en la suya.” Maranatha, pág. 225

“La santificación no es obra de un momento, una hora, o un día, sino de toda la vida. No se la consigue por medio de un feliz arranque de los sentimientos, sino que es el resultado de morir constantemente al pecado y vivir cada día para Cristo. No pueden corregirse los males ni producirse reformas en el carácter por medio de esfuerzos débiles e intermitentes. Solamente venceremos mediante un prolongado y perseverante trabajo, penosa disciplina, y duro conflicto.”—Los Hechos de los Apóstoles, 402.

“La santificación no es una mera teoría, una emoción o un conjunto de hermosas palabras, sino un principio activo y viviente entretejido en la vida cotidiana. Requiere que nuestros hábitos en el comer, beber y vestir, sean tales que aseguren la conservación de la salud física, mental y moral, de modo que podamos presentar al Señor nuestros cuerpos, no como una ofrenda corrompida por hábitos errados, sino como ‘un sacrificio vivo, santo y agradable.’”—The Review and Herald, 25 de enero de 1831.

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