Muchos sienten que el pecado, les ha llevado muy lejos de Dios y que nuestro Padre Celestial, los considera un caso perdido y que deben conformarse con seguir con su estilo de vida y esperar su condenación. Pero hay buenas noticias, Dios te ama y desea que regreses a su lado.

Dios es un Dios de amor y un Dios justo a la vez.

Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Usted y yo, merecemos morir, porque pecamos y deshonramos a Dios. Pero, nuestro Padre celestial nos ama tanto, que buscó una manera de que pudiéramos a la vez, cumplir con el pago por la transgresión de las leyes divinas y tuviéramos un mecanismo de escape.

Juan 3:16, 17: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.”

2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

“El plan de la redención supera en mucho la comprensión de la mente humana. La gran condescendencia de Dios es un insondable misterio para nosotros. No puede comprenderse completamente la grandeza del plan [de redención], ni la Sabiduría infinita podía idear un plan que lo superara…. Por medio de este plan el grande y terrible Dios puede ser justo, y ser aún el que justifica a todo el que cree en Jesús y que lo recibe como a su Salvador personal.”—Comentario Bíblico ASD [Comentarios de E. G. de White], tomo 5, pág. 1107.

Cristo nuestro Hermano Mayor, se entregó para que pudiéramos regresar al hogar.

Juan 15:13: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Romanos 5:6–8: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Efesios 2:12-13: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

“¡Oh, admirable condescendencia! La Majestad del cielo, por amor y compasión hacia el hombre caído, propuso ser su sustituto y garante. Él llevaría la culpa del hombre. Tomaría sobre sí la ira de su Padre, que de otro modo habría caído sobre el hombre a causa de su desobediencia.”—The Review and Herald, 24 de febrero de 1874.

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